El papa León XIV y una procesión a la luz de las velas
dieron inicio a la misa en la Basílica de San Pedro que celebró la trigésima
Jornada Mundial de la Vida Consagrada. La misa tiene lugar en la Fiesta de la
Presentación del Señor, con la bendición de las velas, destinadas a simbolizar
la luz de Cristo que llega al nuevo año.
Por ello, esta fiesta recibió el apodo de Candelaria, debido a la tradicional
procesión de miles de velas bendecidas.
Durante la homilía de este año, el papa León XIV destacó la santidad de toda
vida, especialmente en sociedades que no logran reconocer la dignidad inherente
de todo ser humano.
LEÓN XIV
En una sociedad en la que la fe y la vida parecen alejarse cada vez más, en
nombre de una concepción falsa y reductiva de la persona humana, ustedes están
llamados a dar testimonio de que Dios está presente en la historia como
salvación para todos los pueblos (cf. Lc 2,30–31). A dar testimonio de que los
jóvenes, los ancianos, los pobres, los enfermos y los encarcelados, sobre todo,
tienen su lugar sagrado en su Altar y en su Corazón.
El papa León también habló de la perseverancia de las personas consagradas,
animándolas a continuar su labor y a mantener su fe, incluso en zonas afectadas
por el conflicto o la violencia.
Estas comunidades no abandonan a su gente ni huyen;
permanecen, a menudo despojadas de toda seguridad, como un recordatorio vivo
—más elocuente que las palabras— del carácter sagrado e inviolable de la vida
en sus condiciones más vulnerables, incluso allí donde rugen las armas y
parecen prevalecer la arrogancia, el interés propio y la violencia.
En su homilía, el papa León también citó reflexiones del papa Francisco y del
papa Benedicto XIV sobre la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, una jornada
iniciada por el papa san Juan Pablo II en 1997.
Finalmente, el papa León concluyó agradeciendo a todas las personas consagradas
por la dedicación de sus vidas, antes de cerrar la misa con la bendición de los
fieles presentes.
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