sábado, 16 de noviembre de 2019

Operación “ordenar la casa”


Aprender a ordenar también es aprender a no desperdiciar


MATKA SPRZĄTA ZABAWKI
Shutterstock
UN GRAN DÍA PARA ORDENAR. Organiza de vez en cuando ─por ejemplo, antes de un cumpleaños o una celebración─ un gran día para ordenar. Será el momento de ordenar todas las cosas y decidir de qué deshacerse para siempre. Explica bien a tu hijo este sabio principio: cuando un objeto nuevo entre en casa, tendrá que renunciar a otro antiguo para dejar paso al recién llegado y evitar así acumular trastos. Explícale que los juguetes con los que ya no juega porque es mayor harán muy feliz a algún niño más pequeño. También, anímalo a preparar una caja de cartón con cosas limpias y en buen estado para donarlas a una asociación que haga buen uso de ellas para otros niños. No olvides felicitarlo con solemnidad. ¡Una lección de empatía que tu querida cabecita morena no olvidará!


¿Tropiezas constantemente con los juguetes de tus hijos, la ropa está en el suelo y las cosas de todos están en todas partes? Se acabó. Alto. ¡Utiliza esta pequeña guía de almacenamiento y pon a tu familia en orden!
Invite a tu familia a mirar la casa con una nueva mirada. Te aseguro que tiene más capacidad y espacio de almacenamiento del que todos creen. Sin embargo, el desorden o los imperativos de la vida cotidiana no facilitan las cosas…
  • Empieza por recordar a tu tribu que el almacenamiento vacío siempre es efectivo.
  • Asegúrate de que los objetos de uso habitual están al alcance de la mano.
  • Coloca más alto, lo que se use de forma excepcional y en el suelo los objetos más pesados.
  • Si faltan espacios de almacenamiento, mira hacia arriba: las paredes vacías y los rincones pueden permitir la colocación de estantes. Tres tablas y unos pocos soportes no cuestan nada, y multiplican las posibilidades de almacenamiento (recuerde ocupar el máximo de anchura y de altura).
  • No tes olvide de la parte de abajo de las camas y la parte de detrás de los muebles. Estos espacios se pueden optimizar gracias a los diferentes accesorios de almacenamiento.
  • Las cajas de madera apiladas, los cofres, las cajas de cartón cerradas, los compartimentos de cajones, etc., proporcionan unos servicios valiosos. Permiten organizar y dividir el espacio, facilitar la clasificación y mantener el orden. Las cajas de plástico, por ejemplo, tienen la ventaja de ser resistentes al tiempo, a los golpes y al polvo.

DRAWER
Shutterstock-Kostikova Natalia

Organiza el ropero (o armario) y di “no” a las cosas mal guardadas

En cuanto a la ropa, ¿estás segura de que todos los miembros de la familia usan todo lo que hay en sus armarios? Pruébales la ropa, elimina lo que está desgastado, rasgado y deja a un lado lo que es demasiado pequeño o demasiado grande, porque, tal vez otro hijo lo necesite más adelante. Deja a un lado aquello que no te gusta, simplemente. Seguramente a otra persona le guste y se lo puedas regalar.
  • Guárdalos en una bolsa, maleta o caja de cartón que se pueda identificar fácilmente. No dude en mencionar el contenido en una etiqueta, esto le evitará tener que buscarlos cuando los necesite de nuevo. Manten en los armarios solo lo que se usarás durante la próxima temporada.
  • Sé racional en tu almacenamiento si quieres que tus hijos sean un poco más ordenados. Establece una lógica de almacenamiento que ellos entiendan.
  • Ayuda a los niños más pequeños a respetar las pilas y a archivar con etiquetas de colores, dibujos pegados a tablas, cajas u otros accesorios.
  • Considera la opción de colocar calcetines, medias, cinturones o bragas en el interior de las puertas y armarios.
  • Para los más pequeños, los espacios de almacenamiento deben ser accesibles y, si es posible, divertidos: percheros divertidos, ganchos con la efigie de sus héroes, percheros personificados para pijamas….

Shutterstock

¡Ordene los armarios y haga una buena acción!

  • Aprender a ordenar también significa aprender a dar lo que hay de sobra, lo que no se utilizará durante  los próximo años. Familias amigas, primos y organizaciones benéficas se alegrarán.
  • Si recopilas en una caja grande aquello que no quieres, cada uno podrá escoger lo que quiera.
  • ¿Por qué no crear una red entre las familias interesadas? Todo el mundo lo aprovecha y una vez que las cosas dejan de ser útil, se transmiten a los demás…

CLEAN
Yuganov Konstantin - Shutterstock

Ayuda a tus hijos que necesitan almacenamiento

Arregla el lugar de trabajo de sus hijos. En cada habitación, defina un área de trabajo y un área de juego que esté lejos de la primera: de esta manera se facilitará la concentración… Las habitaciones ocupadas por varios niños son más difíciles de organizar. Las literas permiten un verdadero ahorro de espacio.
Para los juegos y juguetes, no pidas a tus hijos que los guarden y los cuiden sin darles los medios para hacerlo.
Debemos tener un amor ordenado por todo”, dijo Santa Teresa de los Andes. Procura que a tus hijos les guste mantener sus habitaciones limpias. Hasta los 10 o 12 años de edad, los niños necesitan ser acompañados y guiados para ser eficaces.
Cartones, estantes, cajas, identificados también, les ayudarán a ser más cuidadosos. Recurre a los colores, la transparencia o la forma de los envases para identificarlos.
Para que estas sesiones de almacenamiento no sean demasiado aburridas, subraya tu propósito: despejar el espacio para un despacho, para un nuevo estante, para dar a una familia o a una asociación que lo necesite…
Clasifica y recupera, antes de precipitarte a las tiendas. En el fondo de los armarios, ¿cuántos cuadernos sin terminar, bloques de hojas en blanco, bolígrafos utilizables? Cree una papelera familiar con lo que se recuperará. Aquí también, organízate: rotuladores en una maceta, lápices de colores en otra, cuadernos en una caja… ¡Aprender a ordenar también es aprender a no desperdiciar!
Una vez que este gran arreglo se haya completado, “asegúreta de mantener el orden y el orden la mantendrá”, San Bernardo de Clairveaux.
Bénédicte Drouin, Edifa


Alma Misionera

Oswaldo Mazorra y Arce Torres, Premio ReL 2019 en la categoría Música Católica, interpretan Alma misionera, el célebre tema compuesto en 1993 por el hoy sacerdote mexicano Enrique García Vélez cuando era seminarista.

Mirar a la muerte y ver el cielo

Cuando es la luz del cielo la que ilumina mi muerte parece que hay más vida,
una vida eterna y el cementerio lleno de colores


Miro a la muerte cara a cara. La muerte tiene algo frío y oscuro que me desconcierta. Falto de color y de vida.
Pero súbitamente observo hoy colores, canciones, luces. Y pienso que en este cementerio de México la muerte tiene más vida, hay más esperanza, hay más luz.


DAY OF THE DEAD
Wikipedia

El canto eleva el ánimo y me recuerda que estoy hecho para amar, para vivir, para soñar. Pienso en los que ya no están y brota de mi alma el agradecimiento.
Y recuerdo con cariño y nostalgia a todos los que forman parte de mi historia y ya no caminan conmigo aquí en la tierra. En la película Coco escucho:
Sólo se muere cuando se olvida. Y yo nunca te olvido”.
Eso es lo que le digo hoy a los que no olvido. Recuerdo su paso amable por mi vida. Recuerdo agradecido sus gustos y pasiones. Su amor entregado, su sonrisa. Repaso las fotos que hacen brotar la nostalgia en el alma.
Y sé que recordar a los muertos los mantiene vivos en mi alma. Nunca los olvido. Guardo el tesoro heredado como algo sagrado. Guardo lo aprendido para no olvidarme.
En este tiempo de desgarros he decidido quedarme con lo importante en la vida. Con lo fundamental. Con el color, más que con los grises. Con el canto, más que con los silencios tristes.
Y en este recordar lo que vale la pena pienso que ahora tengo menos cosas. Me siento más libre, más pobre, más de Dios tal vez.
Y también sé cuáles son las cosas más importantes y cuáles las que no importan. Entiendo que tengo que sufrir por lo que merece la pena. Dejando de lado esos apegos enfermizos que me quitan la alegría.
No quiero llorar por nimiedades, esas que a veces me preocupan y angustian. Decido sufrir por lo que merece la pena dar la vida. Le doy valor a lo que vale. Y se lo quito a lo que no importa tanto.
Tengo quizá menos miedos que antes a perder la vida. Menos cosas que guardar obsesivamente. Pero sí brotan miedos concretos que se hacen de pronto más visibles. Y le pido a Dios la confianza para que me permita vivir cada día mirando el cielo. Hoy escucho:
“Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el Rey del universo nos resucitará para una vida eterna”.
Mirando el cielo abierto ante mis ojos todo se ve distinto. Cuando es la luz del cielo la que ilumina mi muerte parece que hay más vida, una vida eterna y el cementerio lleno de colores.


CEMETERY
Saturnine-(CC BY-ND 2.0)

Pienso en el cielo lleno de santos que ya están con Jesús, a su lado. Entonces el corazón se ensancha. Desaparece el miedo a perderlo todo. Y de golpe brota la esperanza. Me siento libre para perder la propia vida. Miro a los mártires:
“Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se tiene la esperanza de que Dios mismo nos resucitará”.
Esa esperanza que me habla de la vida eterna me hace libre. ¿No es cierto que se despierta la esperanza en mi alma?
Carlos Padilla Esteban, Aleteia

viernes, 15 de noviembre de 2019

Tailandia: El Papa agradece su “promoción de la armonía” y la paz

Video Mensaje Del Papa A Los Tailandeses Antes De Su Visita. Captura De Pantalla

Video en la víspera del viaje

Así lo señala el Papa Francisco en un video mensaje dirigido a los fieles del país, en la víspera de su viaje apostólico, que comenzará el próximo martes, 19 de noviembre, en el que saluda “con todo afecto” a quienes aguardan a su llegada, a través de un video mensaje, difundido hoy, 15 de noviembre, por la Santa Sede.
“Altentarlos en la fe”
“En este mundo que con demasiada frecuencia experimenta discordia, división, exclusión –indica Francisco–, este compromiso de forjar una unidad respetuosa de la dignidad de todo hombre, mujer y niño puede servir de inspiración para los esfuerzos que las personas de buena voluntad en todo el mundo llevan a cabo para promover un desarrollo grande, verdadero de nuestra familia humana en solidaridad, en justicia y viviendo en paz”. 
“Son tailandeses y deben trabajar por su patria”, les dice. Durante su viaje, el Papa tendrá la oportunidad de reunirse con la comunidad católica de Tailandia para “alentarlos en la fe” y “en el aporte que ellos hagan a toda la sociedad”, aclara.
Hermanos budistas
El Santo Padre afirma en este mensaje que espera “fortalecer los lazos de amistad que compartimos con numerosos hermanos y hermanas budistas que dan testimonio elocuente de los valores de la tolerancia y de la armonía que son tan características de vuestro pueblo”.
Así, confía en que su visita contribuya a poner de relieve “la importancia del diálogo interreligioso”, señala, “el entendimiento mutuo” y “la cooperación fraterna”, especialmente en el servicio a los pobres, a los más necesitados y en el servicio a la paz: “en este momento necesitamos trabajar tanto por la paz”, ha destacado.
Por último, el Papa no ha querido dejar de agradecer a las personas que preparan su visita: “En estos días, los llevo a todos, queridos amigos, en mis oraciones. Pido por ustedes, por sus familias, por su patria; y por favor les pido que también recen por mí. Muchas gracias”. 
 Rosa Die Alcolea, Zenit

¿Cómo conseguir que un niño sea disciplinado y un adolescente sereno?


En este artículo, detallaremos cómo podemos ayudarles a desarrollar esta capacidad para conseguir una vida ordenada, prudente y templada.


HOMEWORK

En este artículo, detallaremos cómo podemos ayudarles a los niños y a los adolescentes a desarrollar esta capacidad para conseguir una vida ordenada, prudente y templada.  



PARENTING
Shutterstock-Motortion Films

1. El papel de los adultos: familia y escuela

Una de las claves en la educación es el ejemplo de los adultos que rodean al niño, que atienden al niño o adolescente. Son los padres, cuando son modelo; son los profesores ejemplares; son los monitores o entrenadores de tiempo libre (a menudo deportivo) con liderazgo; etc. Y también los tíos, los abuelos y los hermanos mayores.
La clave está en que estos niños vivan atentos a las pautas que ofrecen sus mayores para conducirse en los retos que plantea la vida.
Y el primer reto es que la casa avance, que en el hogar se desempeñen las tareas, que la familia cumpla las funciones que favorecen  la felicidad y la paz para cada miembro.
Y el segundo reto es la escuela: seguir las pautas del centro escolar y prosperar en el aprendizaje que es casi lo mismo que obedecer a los maestros.
En estos dos retos está claro que obedecer es fundamental para:
  • para autogobernarse,
  • para autorregularse,
  • para inhibir el impulso,
  • para estar atento y
  • para recordar las normas.



BRAZIL


El niño obediente va a crear el mejor clima en el hogar y va sacar más partido de la escuela.
El liderazgo, la batuta, el criterio lo tienen los mayores que deben estar atentos en apoyar y modelar al menor: el niño no aprende solo. El niño debe ser atenta y cuidadosamente dirigido, andamiado diría el gran psicólogo ruso Vygotsky.
La tendencia del niño, del adolescente, desde bien pequeño es el capricho y satisfacer sus deseos en la medida que los mayores no plantean pautas. Tan atento debe estar el mayor como el pequeño.
Más aún, el niño, en los primeros años, no lleva el ritmo, sigue a los mayores en función de la calidad de las actividades que estos mayores planteen, propongan y organicen. Se ve muy claro en la escuela, y no tanto en casa. 
En casa hay muchas tareas, encargos, orden, higiene, horario del sueño, reglas del tiempo libre que el niño debe desarrollar para seguir a sus padres y cuidadores.
En la escuela estarán las lecciones, los ejercicios, los dictados, los juegos en la clase de educación física. Y los deberes en casa. Y ahí los padres y los maestros se han de hacer entender. Han de explicarse bienlenta y clara y positivamente.
Han de invitar serenamente a la obediencia y no pueden ser tutores crispados y gritones, ni funcionar a base de amenazas.
El padre y la madre o el maestro han de ser líderes para el niño de tal forma que seguirlos sea comprensible, agradable, satisfactorio. Sin olvidar que es agradable seguir a quien nos manda bien –cuando somos niños- aunque esta tarea agradable esté basada en la exigencia.




2. Obedecer para llegar a auto-obedecerse

Y si es así como el niño, progresivamente, irá de la dependencia a la autonomía. De las normas exteriores obedecidas porque sí, a las reglas que ha hecho propias y las sigue porque las acepta y las considera razonables tal como demostró Kohlberg el psicólogo del desarrollo moral.
Si un niño de tres años obedece porque su papá lo dice un chico de trece lo hará porque su padre le ha convencido.  Y entonces sucederá que esta convicción, el adolescente, la hará propia y la llevará en su corazón y en su cabeza.
Consecuentemente, si las dinámicas han sido de confianza y el trato ha sido afable, amable y exigente el niño, el adolescente más aún, se sentirá seguro, realizado, capaz y resuelto para resolver los retos (también los morales) que se le pongan por delante.
Las actividades, en casa y en la escuela, han de ser claras, atractivas, bien estructuradas. Un par de ejemplos: en casa es el orden de la habitación y en la escuela es el de la libreta bien ordenada, con buena presentación. Otro ejemplo que hoy es vital: un cabal uso de las nuevas tecnologías (TICs). Tanto en casa como en la escuela.



BOY, SMILE, DOOR
Sergey Novikov | Shutterstock

3. El papel de las virtudes humanas

Es crucial vivir siempre lejos de un clima de malas caras, estrés, desorden y caos. Al contrario, conviene siempre apostar por un clima de relaciones humanas satisfactorias, llenas de energía y de retos porque son muchos los premios que todo ello comporta: paz, satisfacción, reconocimiento, afecto, alegría. 
Se logra autocontrol al desarrollar los hábitos acertados y al llenar el corazón de deseos de realizar acciones buenas que hacen a todos la vida más agradable. Y estos hábitos buenos hechos propios tras la práctica continuada son las virtudes.
El conjunto bien tramado de virtudes constituye un buen carácter. Es decir la práctica de las virtudes cardinales tan clásicas y tan actuales como necesarias:
  • la fortaleza,
  • la justicia,
  • la prudencia
  • y la templanza
Unas virtudes cardinales que cuentan con muchas otras virtudes emparentadas como:
  • la humildad,
  • la gratitud
  • y el perdón, etc.



SOCCER
Shutterstock | matimix

4. Deporte, dieta y sueño 

El ejercicio físico intenso, proporcionado a la edad, es un asunto importante. Los niños, con la familia y la escuela, no solo deben ir al monte y alcanzar pequeñas cimas. Progresivamente los niños y los adolescentes deben desplegar un deporte, una actividad física saludable. 
Lo mismo se puede decir de una disciplina alimentaria sana: en lo que se come, cuándo se come y en qué cantidad.
Y lo mismo debe decirse de la higiene y las horas de sueño para lograr que este sea de calidad. Hay que obedecer a las normas familiares y escolares. 
Con los años los niños, en su camino hacia la adolescencia, irán viendo la conveniencia de estas normas e, insistimos, la convicción interior de que son buenas reglas hará que la auto-obediencia infantil y adolescente sea cada vez más libre e inteligente.



young man, arms to the sky,
By bunyarit klinsukhon|Shutterstock

5. Responder a los retos progresivamente más exigentes

A los niños, a los adolescentes sobretodo, se les demandará tareas, retos, iniciativas cada vez más creativas, más exigentes y que precisan de mayor responsabilidad y autonomía. Esa debe ser la dinámica.
Aminorar el estrés y la tensión y acentuar las zonas de desafío para salir paulatinamente de las sucesivas zonas de confort.
La cabeza del padre y del maestro irán siendo sustituidas por la propia cabeza del niño, y sobretodo del adolescente, que cada vez se siente más seguro y emprendedor. 
Y no lo olvidemos: este proceso no llega a buen puerto si los padres y los maestros no gozan de un autorizado liderazgo, de una autoridad de prestigio que invita, en su coherencia y calidad, a ser seguida.
Ignasi de Bofarull, Aleteia 

La vocación matrimonial, “escultura viviente” de Dios – Catequesis completa

Ciclo de los Hechos de los Apóstoles


 El Papa se dirigió a los casados, indicándoles que escuchen cuál es su vocación, que debe ser “la verdadera escultura viviente” de Dios “que derrame su Espíritu sobre todos los matrimonios cristianos para que “abran las puertas de sus corazones a Cristo y a sus hermanos y hermanas y transformen sus hogares en iglesias domésticas”.
Hoy, 13 de octubre de 2019, el Santo Padre ha continuado con el ciclo de catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles, centrando su reflexión en el pasaje “Áquila y Priscila lo tomaron consigo” (Hechos 18:26) Una pareja al servicio del Evangelio. (Hechos de los Apóstoles 18, 1-3).
La audiencia general de este miércoles ha tenido lugar en la plaza de San Pedro, donde el Papa se ha encontrado con los grupos de peregrinos y fieles de todo el mundo. No obstante, antes de salir a la plaza, el Papa ha saludado a los enfermos reunidos en el Aula Pablo VI debido al mal tiempo.
Domus ecclesiae
Sobre Áquila y Priscila, Francisco resaltó cómo practicaron el “arte cristiano de la hospitalidad”. Cuando Pablo llegó a Corinto, ciudad a la que ambos se habían trasladado al ser expulsados de Roma por ser judíos, hospedaron no “solo al evangelizador, sino también al anuncio que lleva consigo: el Evangelio de Cristo, que es ‘una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree’ (Rm 1,16)”.
Además, el hogar de este matrimonio abrió sus puertas a todos los cristianos, convirtiéndose en una ‘casa de la Iglesia’, una ‘domus ecclesiae’”, lugar de escucha de la Palabra de Dios y de celebración de la Eucaristía”, explicó el Papa. Y subrayó que también actualmente en algunos países sin libertad religiosa “los cristianos se reúnen en una casa, algo escondidos, para rezar y celebrar la Eucaristía”.
El papel de los laicos
Pablo dejó Corinto tras un año y medio y Priscila y Áquila también se trasladaron a Éfeso, donde su casa también fue “un lugar de catequesis”, describió el Pontífice. En este sentido, apuntó: “¡Cuántas familias en tiempos de persecución se juegan la cabeza para esconder a los perseguidos! Este es el primer ejemplo: la hospitalidad familiar, también en los momentos difíciles”.
El Obispo de Roma reiteró que Priscila y Áquila suponen un modelo de “vida conyugal” y nos recuerdan que “gracias a la fe y al compromiso de evangelización de tantos laicos como ellos, el cristianismo ha llegado hasta nosotros”.
Esto ocurre porque, efectivamente, “para arraigar en la tierra del pueblo, para desarrollarse ampliamente, era necesario el compromiso de estas familias. Pensad que el cristianismo desde el principio lo predicaron los laicos”, explicó el Papa Francisco, agregando que “también vosotros, laicos, sois responsables por vuestro bautismo, de llevar adelante vuestra fe”.
A continuación, reproducimos la catequesis completa del Papa Francisco.
***
Catequesis del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Esta audiencia se hace con dos grupos: los enfermos están en el Aula Pablo VI –yo he estado con ellos, les he saludado y bendecido; serán alrededor de doscientos cincuenta. Allí estarán más cómodos a causa de la lluvia – y nosotros aquí. Pero ellos nos miran gracias a la pantalla gigante. Vamos a saludarnos, los dos grupos, con un aplauso.
Los Hechos de los Apóstoles narran que Pablo, como evangelizador incansable que es, después de su estancia en Atenas, caracterizada por la hostilidad continúa la carrera del Evangelio en el mundo. La nueva etapa de su viaje misionero es Corinto, capital de la provincia romana de Acaya,  una ciudad comercial y cosmopolita, gracias a la presencia de dos importantes puertos.
Como leemos en el capítulo 18 de los Hechos, Pablo encuentra hospitalidad con un matrimonio, Áquila y Priscila (o Prisca), obligados a mudarse de Roma a Corinto después de que el emperador Claudio decretase la expulsión de los judíos (cf. Hechos 18:2).  Me gustaría hacer un paréntesis. El pueblo judío ha sufrido tanto en la historia. Ha sido expulsado, perseguido… Y, el siglo pasado, hemos visto tantas cosas, tantas brutalidades cometidas contra el pueblo judío y todos estaban convencidos de que se hubiera acabado. Pero hoy, empieza a renacer aquí y allí la costumbre de perseguir a los judíos. Hermanos y hermanas, esto no es ni humano ni cristiano. ¡Los judíos son hermanos nuestros! Y no hay que perseguirlos ¿entendido? Estos esposos demuestran que tienen un corazón lleno de fe en Dios y generoso con los demás, capaz de dar cabida a quienes, como ellos, experimentan la condición de forasteros. Su sensibilidad los llevó a olvidarse de sí mismos para practicar el arte cristiano de la hospitalidad (cf. Rm 12,13; Hb 13,2) y a abrir las puertas de su casa para acoger al apóstol Pablo. Así hospedan no sólo al evangelizador, sino también al anuncio que lleva consigo: el Evangelio de Cristo, que es “una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree” (Rm 1,16). Y desde ese momento en adelante su casa se impregna del perfume de la Palabra “viva” (Heb 4,12) que vivifica los corazones.
Áquila y Priscila también comparten con Pablo su actividad profesional, es decir, la fabricación de lonas. Pablo, en efecto, tenía en gran estima el trabajo manual y lo consideraba un espacio privilegiado para el testimonio cristiano (cf. 1 Cor 4, 12), así como una manera justa de mantenerse sin ser una carga para los demás o para la comunidad.
La casa de Áquila y Priscila en Corinto abre sus puertas no sólo al Apóstol sino también a los hermanos y hermanas en Cristo. En efecto, Pablo puede hablar de la “comunidad que se reúne en su casa” (1 Co 16,19), que se convierte en una “casa de la Iglesia”, una  “domus ecclesiae”, lugar de escucha de la Palabra de Dios y de celebración de la Eucaristía. También hoy en algunos países donde no hay libertad religiosa y no hay libertad para los cristianos, los cristianos se reúnen en una casa, algo escondidos, para rezar y celebrar la Eucaristía. También hoy existen estas casas, estas familias que se convierten en un templo para la Eucaristía,
Después de un año y medio en Corinto, Pablo dejó la ciudad junto con Áquila y Priscila, que se quedan en Éfeso. También allí su casa se convierte en un lugar de catequesis (cf. Hch 18,26). Finalmente, el matrimonio regresará a Roma y recibirá un espléndido elogio que el Apóstol inserta en su Carta a los Romanos. Tenía el corazón agradecido, y así escribía Pablo de estos dos esposos en la Carta a los Romanos, escuchad: “Saludad a Prisca y Áquila, colaboradores míos en Cristo Jesús. Ellos expusieron sus cabezas para salvarme. Y no soy yo solo en agradecérselo, sino también todas las Iglesias de la gentilidad” (16:4) ¡Cuántas familias en tiempos de persecución se juegan la cabeza para esconder a los perseguidos! Este es el primer ejemplo: la hospitalidad familiar, también en los momentos difíciles.
Entre los numerosos colaboradores de Pablo, Áquila y Priscila, emergen como “modelos de una vida conyugal responsablemente comprometida al servicio de toda la comunidad cristiana.” y nos recuerdan que, gracias a la fe y al compromiso de evangelización de tantos laicos como ellos, el cristianismo ha llegado hasta nosotros. En efecto, “para arraigar en la tierra del pueblo, para desarrollarse ampliamente, era necesario el compromiso de estas familias. Pensad que el cristianismo desde el principio lo predicaron los laicos. También vosotros, laicos, sois responsables por vuestro bautismo, de llevar adelante vuestra fe. Era el compromiso de tantas familias, de estos esposos, de estas comunidades cristianas, de fieles laicos que ofrecieron el “humus” al crecimiento de la fe. Y sólo así crece siempre la Iglesia. “(Benedicto XVI, Catequesis 7 de febrero de 2007). Es hermosa esta frase del Papa Benedicto XVI: los laicos ofrecen el humus al crecimiento de la fe.
Pidamos al Padre, que ha elegido hacer de los esposos su “verdadera escultura viviente” (Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, 11). Creo que aquí hay recién casados: escuchad cual es vuestra vocación, debéis ser la verdadera escultura viviente, que derrame su Espíritu sobre todos los matrimonios cristianos para que, a ejemplo de Aquila y Priscila, abran las puertas de sus corazones a Cristo y a sus hermanos y hermanas y transformen sus hogares en iglesias domésticas. Hermosa palabra: una casa es una iglesia doméstica, donde vivir la comunión y ofrecer el culto de la vida vivida con fe, esperanza y caridad. Tenemos que rezar a estos dos santos: Áquila y Prisca, para que enseñen a nuestras familias a ser como ellos: una iglesia doméstica donde hay humus para que la fe crezca.

 Larissa I. López, Zenit



jueves, 14 de noviembre de 2019

Seis razones para leer (más)

Leer es un lujo, un privilegio, un regalo.

WOMAN, BOOK, PARK

No soy partidario de esa frase que, desde que vamos al colegio, hemos oído repetida como un mantra una y otra vez: “hay que leer”. Leer no es una obligación: que lea quien quiera. Leer no es un deber, sino un verdadero lujo, un privilegio, un regalo.
Leer es una actividad original, creativa y cool. Para leer, además, hay que tener personalidad, porque en esta sociedad de pantallas y tuits leer es una actividad casi revolucionaria y contracultural. No sé si lees, si alguna vez leíste o si te gustaría empezar a leer. Lo que me gustaría es que, al terminar este artículo, te entrara el gusanillo de leer. Y, si ya lees, de leer más.
Aquí van las seis razones, no por las que “hay que leer”, sino por las cuales pienso que leer sigue siendo una de las mejores formas de emplear el tiempo, por las que la lectura es una afición absolutamente genial.
Galería fotográfica 

1. Leer es muy divertido

Este es el primer motivo por el que recomiendo leer: es divertidísimo. Como es lógico, para divertirse leyendo es imprescindible tener un mínimo de hábito, de costumbre. Pero bueno, nada que no se necesite para divertirse haciendo footing, jugando al rugby o al monopoly.
Al principio los hobbies sofisticados requieren un poco de práctica, antes de empezar a disfrutar. Si uno se rinde pronto, y no es capaz de coger costumbre, solo se divertirá con ocupaciones bastante simplonas y fáciles, como vídeos de risa de youtube o videojuegos de matar marcianos. Diversiones que no están mal, pero que no nos hacen mejores.
Las aficiones más divertidas e interesantes no son tan inmediatas, y requieren un poco de esfuerzo: subir una montaña, tocar un instrumento musical, practicar un deporte muy técnico… innegablemente no es fácil. Pues con la lectura pasa un poco lo mismo.
Ahora bien, superada la primera dificultad, sostenido el esfuerzo, la recompensa es total. Como dijo una vez Walt Disney, “Hay más tesoros en los libros que en todo el botín de la Isla del Tesoro”.
Leer es una fuente inagotable de diversión y entretenimiento.

woman reading book
By Maria Evseyeva|Shutterstock

2. Leer te amplía el mundo

Excepción hecha del viejo Matusalén, que según la biblia vivió varios cientos de años, la vida humana es corta y limitada. Nuestro rango de experiencias personales es siempre pequeño: vivimos en un tiempo y en un lugar concretos; nos relacionamos con un conjunto de personas relativamente reducido; y nuestras capacidades personales son limitadas.
Pues bien, a través de los libros podemos romper todas esas limitaciones, y ampliar infinitamente nuestras experiencias vitales: conocer otras vidas, otras épocas, otros lugares, otros mundos.
Leer no alarga la vida, pero sin duda la ensancha. La lectura, como decía Mary Schmich, es un ticket de descuento a todas partes. Como es lógico, la lectura no es la única forma de ampliar nuestras experiencias: también ver una buena película, una serie interesante o un documental bien hecho puede ayudarnos a tener una visión más rica del mundo. La ventaja de la lectura es que participamos en esas otras vidas de forma más activa, imaginativa y personal: el lector siempre es más protagonista que el espectador.

AMACA READING BOOK
Di wavebreakmedia - Shutterstock

3. Leer te hace más inteligente

Como se ha escrito, “la lectura es a la inteligencia lo que el ejercicio es al cuerpo”. Leer nos hace más inteligentes por dos razones. En primer lugar, leer enriquece nuestro vocabulario, lo que nos permite pensar con más profundidad, riqueza y rigor. No es lo mismo poder decir, por ejemplo, que un plato de comida está “súper bueno” –porque no se tienen más palabras-, que poder elegir entre los adjetivos rico, sabroso, suculento, delicioso o exquisito. Cuantas más palabras se tienen, mejor puede asimilarse -¡y disfrutarse!- la realidad.
Además, la lectura también nos hace más inteligentes porque nos da la posibilidad de dialogar con otras visiones e ideas acerca del ser humano y del mundo, lo que sin duda amplía nuestra perspectiva de la realidad. Las personas “leídas” son menos manipulables y tienen un mayor espíritu crítico. No resulta llamativo, así, que la mayoría de las dictaduras, para trasmitir una idea monocroma del mundo y terminar con las discrepancias, prohíban la lectura de ciertos autores o de determinados libros.

WOMAN, BOOK, GRASS
Black Salmon | Shutterstock

4. Leer enseña a estar solo y a valorar el silencio

Quizá la primera condición para llevar una vida feliz sea tener una buena relación con uno mismo. Pues bien, pienso que esta relación se construye en tiempos de soledad, de silencio y de tranquilidad. Quien se pasa el día atolondrado, corriendo de aquí para allá como un pollo sin cabeza, es difícil que consiga conocerse a fondo y llevarse bien consigo mismo.
Pues bien, la lectura es un medio magnífico para conseguir esa tranquilidad, para aprender a estar solo y valorar el silencio. En el frenesí ruidoso de nuestra sociedad hiperconectada y estresada, un libro puede ser un verdadero salvavidas para defender nuestra capacidad de reflexión y serenidad.
Como ha escrito José Jiménez Lozano, es probable que de cada rato de lectura lo mejor que saquemos sea precisamente eso: el rato de soledad y silencio. Coger un buen libro, encender una luz cálida, ponerse unas zapatillas y sentarse a leer: placer de personas maduras y libres.

young woman reading
By Branislav Nenin/Shutterstock

5. Leyendo se hacen amigos

Leer no es, para nada, una actividad solitaria. Como escribió Descartes, “la lectura de todos los buenos libros es como una conversación con las mejores personas de los siglos pasados”. Y es verdad: leer es, en esencia, conversar y compartir.
La literatura universal nos ofrece miles de amigos a quienes admirar, con quienes compartir aventuras, con los que hablar. Estos amigos pueden ser tanto los personajes de una novela -¿quién no ha sentido verdadera complicidad con Bilbo Bolsón, Harry Potter o Kurt Wallander?-, como los propios escritores, con quienes uno va tejiendo una relación de afecto cálido, no por misteriosa menos real.
Estas relaciones, casi mágicas, adoptan las formas más insospechadas: pueden entablarse con escritores coetáneos, pero también con autores fallecidos hace siglos, y con personajes de otra época, históricos o inventados, con elfos, magos, brujas o incluso extraterrestres. Así, “sabes que has leído un buen libro cuando volteas la última página y sientes como si hubieses perdido un amigo” (Paul Sweeney). O como si lo hubieses ganado, añado yo.
A la amistad –u odio eterno- con los autores y protagonistas de los libros, hay que añadir la complicidad que se urde entre personas que han leído los mismos libros, o que comparten gustos literarios y se recomiendan lecturas de forma habitual.
Leyendo, no cabe duda, se hacen muchos y muy buenos amigos, que pueden estar ahí y a quienes se puede volver siempre, a lo largo de toda nuestra vida.

Book - Reading
© Beeboys

6. Leer impulsará tu carrera profesional

No quiero terminar sin referirme a una última razón por la que es bueno leer, y es que la lectura beneficia indudablemente tu carrera. Es verdad que no se aman los libros porque resulten útiles, pero no hay duda de que lo son.
Las habilidades que se desarrollan leyendo –comprensión lectora, facilidad de palabra, léxico amplio, ortografía cuidada, redacción fluida, amplitud de temas de conversación- resultan innegablemente ventajosas en el ámbito académico y profesional.
Termino el artículo con una cita del presidente estadounidense Harry S. Truman: “No todos los lectores son líderes, pero todos los líderes son lectores”.
Juan M. Otero, Aleteia

Cuando llegue al cielo

Una esperanza que da fuerzas para vivir la vida en el mundo presente

LOVE

Ahora me detengo a mirar al cielo. Pienso en esa vida que anhelo, porque mi corazón está hecho para la eternidad. Y mis sueños son infinitos. Y mi nostalgia es de paraíso. Eso lo sé. Por eso pienso en el cielo.
Pienso en María. Sé que Ella me espera al final de mi camino. Me animan por eso las palabras del santo Cura de Ars:
“No se entra en una casa sin hablar antes con el portero. La Virgen será la portera del cielo”.
María me cuida en cada paso y además me estará esperando. Dice la Biblia:
“Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor. Mis pies estuvieron firmes en tus caminos y no vacilaron mis pasos. Yo te invoco porque Tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme”.
Al final de mi camino descansaré. Mientras, en la tierra me dejaré la vida hecha jirones en el corazón de los hombres. No temeré el cansancio, ni la pérdida, ni el fracaso. Porque mi vida está hecha para Dios. Y allí María me espera para consolarme y saciarme. Esa confianza es la que me da alas para vivir el presente.
No quiero que llegue el cielo ahora. Pero sé que cuando llegue descansaré en su regazo. No tengo miedo de su mirada. Sabe lo que hay en mi corazón. Conoce mi verdad, mi fragilidad. Sabe de mis miserias, se las he entregado ya tantas veces…
Y me promete una felicidad sin límites. Aquí en la tierra experimento las deficiencias de mi carne humana. En el cielo todo será pleno. Este domingo Jesús quiere que mire mi vida con esperanza:
“En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para Él todos están vivos”.
Soy hijo de la resurrección. Y sé que un día todo aquello a lo que me ha tocado renunciar en la tierra Dios me lo dará para siempre, plenamente. Entonces seré yo, con todos mis deseos colmados, con todos mis anhelos.
Creo que para cada uno el cielo será según sus sueños. Dios es así. Estaré con aquellos a los que amo. Y serán del todo ellos conmigo. Y los abrazaré, y descansaré en ellos como aquí lo hago.
Y allí pasearé por los campos que me recordarán los campos aquí hollados. Y amaré la vida tanto como ya la amaba aquí, pero más todavía. Allí no sufriré, tampoco aquellos a los que amo.
Seré abrazado como un niño, en el regazo de María. Y reiré, como aquí en la tierra, pero más, a carcajadas y siempre. Veré la luz sin sombras.
Creo también que la misión que Dios me ha dado seguirá de otra forma en el cielo. Seguiré cuidando a mis hijos, a los que Dios me ha confiado. No sé bien cómo será, pero creo en ello.
Cuidaré desde allí a todos los que amo. Porque creo que el amor que he dado y recibido estará más vivo que nunca allí, entre mis dedos.
Cada uno de los momentos bonitos vividos, allí no pasarán, aquí sé que son caducos. Y las cosas que me han costado, herido, dolido, estarán perdonadas y amadas para siempre.
Cuando llegue al cielo, la Virgen, Jesús y mis seres queridos saldrán a recibirme. Todos mis sueños serán allí verdad en un abrazo. No sé bien cómo, pero lo creo. Eso nadie me lo puede quitar.
Y aun así, sé bien que todo será todavía mejor que mis palabras. Dios se dedica a prepararme el mejor cielo para mí. Quiere que sea feliz.
Pienso en cada momento bueno que he vivido. En cada cosa que he soñado. Todo eso en el cielo lo viviré con los que amo. En intimidad. Para siempre.
El cielo para mí se vuelve más cercano cuando sé que están allí las personas que amo y me han amado. Se viste mi cielo de rostros concretos, de recuerdos guardados, de historias sagradas.
Sé que la vida ahora en la tierra es para darla. Tengo aún mucho por delante, mucho que dar. No temo que sea largo mi camino.
Sé que aquí entre los hombres viviré el desgarro, el dolor y el vacío. Y también viviré la alegría, el amor verdadero y la paz honda. Y en el cielo será todo pleno.
No me lo puedo ni imaginar. Allí el amor no conocerá el odio. Y la presencia no sabrá de la ausencia. Allí la risa no se mezclará con el llanto. Y la paz será plena, sin atisbo de guerra.
Allí seré quien de verdad soy plenamente. No tendré miedos y abrazaré el presente eterno sin turbarme. Allí mi vida será totalmente cielo.
Carlos Padilla Esteban, Aleteia