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viernes, 30 de junio de 2023

La Iglesia alemana perdió en 2022 medio millón de fieles: 44% más que en 2021... ¿cuál es el motivo?

Análisis: una administración colosal...
cuyos ingresos por el «kirchensteur» caen en picado


Los defensores del Camino Sinodal alemán están utilizando estas cifras para justifica una adaptación moral de la Iglesia a los vaivenes de los tiempos. Sin embargo, la iglesia luterana desmontaría estos intentos

El abandono de la fe en la sociedad occidental, sobre todo en Europa, está siendo una constante en los últimos años. Pero, si hay un país en el que estas cifras se están agudizando ese es Alemania. En el año 2022, unos 522.821 alemanes abandonaron oficialmente la Iglesia Católica. El portal National Catholic Register analiza a fondo estos datos hechos públicos recientemente por la Conferencia Episcopal Alemana.

Esta cifra indica que se trata de un 44% más que el año anterior, cuando abandonaron la Iglesia alemana 360.000 personas. En otras palabras, el 2,4% de todos los católicos alemanes dejaron de serlo en 2022. Actualmente la Iglesia cuenta con 20,94 millones de personas (su mínimo histórico), muy lejos de los 28,3 millones que llegó a tener en 1990.

El Camino Sinodal reinterpreta las cifras

El medio millón de bajas, además de suponer un drama para la vida espiritual de todas estas personas y del conjunto de la Iglesia, tiene graves consecuencias económicas. Los agujeros millonarios en las cuentas de la institución hacen peligrar su sostenimiento.

Aunque la sangría tiene varias causas, la marcha de medio millón de fieles solo en un año subraya los serios desafíos a los que se enfrenta el catolicismo alemán. Precisamente, los defensores del llamado "camino sinodal" están utilizando estas cifras para defender una adaptación moral de la Iglesia a los vaivenes de los tiempos.

Irme Setter-Karp, presidenta del Comité Central de Católicos Alemanes (ZdK), dijo que estaba "triste, pero no sorprendida" y afirmó que "necesitamos urgentemente reformas en la Iglesia". El obispo Bätzing, presidente de la Conferencia Episcopal alemana y del Camino Sinodal, compartió una interpretación similar: "La mayoría de nosotros hemos encontrado respuestas y queremos promover el cambio".

Cifras Alemania La Iglesia está muy lejos de los 28,3 millones de miembros que llegó a tener en 1990.

Respuestas que, como apuntan los críticos al Camino Sinodal, ya han sido utilizadas en la liberal iglesia luterana durante años, sin un efecto aparente en el incremento de sus miembros. Esta iglesia perdió 390.000 miembros en 2017. Solo en el norte de Alemania ha perdido el 18,5 % de sus miembros en los últimos 10 años. 

En este punto es interesante conocer quiénes son esos católicos que están dejando la Iglesia y por qué se trata de cifras "oficiales". Lo primero que hay que decir es que la inmensa mayoría ya no eran estrictamente católicos pertenecientes a la Iglesia como realidad espiritual. Puede que abandonaran la fe hace años pero seguían figurando en los registros.

Esta cifra del medio millón de marchas obedece a la cantidad de personas que en Alemania están registradas oficialmente como católicas ante el Estado. Un estatus civil que tiene consecuencias sacramentales y espirituales muy importantes.

Hay que recordar que es a partir de la Constitución de Weimar, posterior a la Primera Guerra Mundial, cuando el Estado alemán exige que las organizaciones religiosas sean financiadas por sus propios miembros. Por lo tanto, los católicos alemanes están obligados por ley a pagar un impuesto a la Iglesia.

¿En qué consiste el impuesto eclesiástico?

El llamado kirchensteur o impuesto eclesiástico se trata de un 8%-9% más de lo que paga un católico alemán en impuestos sobre la renta. Además, la cifra varía según la región a la que se pertenezca. A un católico, por ejemplo, que viva en Berlín, con un salario medio anual de 43.722 euros y pagando de renta 5.981 euros, el Gobierno le quitará 538,29 euros cada año para entregárselo a la archidiócesis de Berlín.

Este proceso de retenciones es automático. Cuando un alemán es bautizado, no solo la Iglesia lo registra sino también el Gobierno local. En el momento en el que esta persona comience a pagar impuestos, el Estado le retirará automáticamente el impuesto y se lo enviará a su diócesis. Cobrando una pequeña "tarifa" para facilitar la transacción.

Por lo tanto, la única forma de no pagar el impuesto eclesiástico sería dejar de pertenecer a la Iglesia Católica como entidad reconocida por el Estado alemán. Esto se puede lograr presentándose ante un juez local y declarar públicamente que uno ya no es católico.

graficoPuedes ver aquí una comparativa entre cifras de católicos y de protestantes. 

Sin embargo, esta medida no anula el bautismo de esa persona, "simplemente" impide que pueda recibir la Eucaristía y otros sacramentos, incluso el ser enterrado de forma cristiana. Así lo defienden los obispos alemanes, que reforzaron este sistema con un decreto de 2012. Dejar de estar "afiliado" a la Iglesia se describe como una "autoexcomunión de facto".

El sistema kirchensteur es bastante polémico, también entre los católicos que cuestionan la deriva del Camino Sinodal.  En los últimos tiempos han llegado quejas incluso al Vaticano para que se modifique. La respuesta ha sido clara: dejar de estar afiliado no debe considerarse "apostasía", pero para ser miembro de la Iglesia hay que pagar este impuesto. 

Otro de los temas importantes en la pérdida de fieles de la Iglesia alemana son las causas por las que se van. Mientras una pequeña minoría puede ser gente contraria al Camino Sinodal, lo cierto es que el resto lo hace por muy diferentes razones.

Los estudios señalan que la mayoría dejó de pertenecer a la Iglesia porque no quería seguir pagando a una entidad religiosa en la que ya no confiaban o que representaba una fe en la que ya no creían ni practicaban. Un informe de 2021 de CNA Deutsch señaló que uno de cada tres católicos en Alemania estaba considerando abandonar la Iglesia.

Otras razones para marcharse pueden ser también el manejo de la Iglesia en la crisis de abusos sexuales o la obligación misma de pagar el impuesto eclesiástico. Todos los analistas coinciden en que la causa más profunda es la ola de secularismo que invade Europa, Alemania, y especialmente Alemania del Este.

Una estudio de 2021 asegura que el 42 % de los alemanes no creen en nada, frente al 30% en 2010. En 1950, solo del 4 % no era católico ni protestante. Las cifras de asistencia a misa dominical tampoco son muy esperanzadoras, cayeron por debajo del 5 % a nivel nacional incluso antes de la COVID-19.

Pérdidas millonarias a medio plazo

Los analistas creen que el número de católicos alemanes que pagará el kirchensteur en 2060 se reducirá a la mitad. Algo realmente nefasto, ya que el medio millón de bajas de la Iglesia en 2022 significa la pérdida de cientos de millones de euros en ingresos.

La Iglesia alemana recibió en 2022 unos 7.320 millones de euros a través del impuesto eclesiástico. El católico alemán promedio está pagando alrededor de 350 euros al año. Según esta cifra, la pérdida de 520.000 miembros de la iglesia que pagaban impuestos lleva a un déficit anual de casi 183 millones de euros.

Mapa de porcentaje de católicos alemanes por estados.

Mapa de porcentaje de católicos alemanes por estados.

Una cifra nada insignificante, especialmente para el Camino Sinodal. De hecho, cuatro obispos bloquearon recientemente los fondos de la Iglesia destinados al llamado Comité Sinodal, un organismo transitorio destinado a implementar las resoluciones acordadas en las asambleas. Esto significa que los otros 23 obispos restantes que respaldan al Comité Sinodal deberán aportar los millones que cuesta este proceso.

El impacto del medio millón de bajas varía según la diócesis. Por ejemplo, Berlín, Hamburgo y Múnich experimentaron tasas más altas que el promedio nacional: 3,4, 3,7 y 3,2 %, respectivamente. Mientras que la diócesis de Gorlitz perdió solo el 1,4 % de sus miembros, la cifra más baja de cualquiera de las diócesis alemanas.

Estas cifras auguran un panorama desolador. Un informe estima que 40,000 parroquias, monasterios y otras estructuras católicas en Alemania deberán cerrarse para 2060. Continuar empleando a las aproximadamente 800.000 personas que actualmente trabajan para la Iglesia Católica en Alemania parece claramente insostenible.

"El sacristán es alguien contratado, con una nómina y una jornada de trabajo bien delimitada. Lo mismo ocurre con el trabajo de oficina de la parroquia; e incluso con trabajos más pastorales, como la catequesis o la formación. Igualmente ocurre con el tema del cuidado de la Iglesia, mantenimiento, arreglos, limpieza...", comentaba un sacerdote español a ReL en 2018. Una administración colosal, además, que no siempre prioriza la fe.

"Para trabajar así no es relevante tener una fe más o menos viva y comprometida. Es muy bueno tenerla, por supuesto, pero eso es un añadido, algo que te dirán que pertenece al ámbito de lo privado. Lo que importa para realizar estas tareas es tener la preparación adecuada y ser responsable con el propio trabajo. Tampoco consideran relevante el pertenecer a ningún movimiento o asociación laical", añadía.

Sin embargo, muchos creen que el colapso del sistema actual puede ser justo lo que necesite la Iglesia para liberarse de la influencia desmesurada de estas grandes organizaciones de empleo asociadas a la Iglesia. La pérdida de miembros podría llevar a optar también por no participar en el kirchensteur, para depender menos de la financiación obligatoria y más de las donaciones voluntarias, de los más comprometidos con la vida católica en Alemania.

Los analistas concluyen que intentar remitir estas cifras mediante "el juego de los números", a base de reformas de despacho, no va a tener mucho éxito. En cambio, como argumentan muchos, quizás el mejor enfoque sea abrazar una nueva fidelidad a la fe católica.

J.M.C., ReL

Vea también       La Misión de la Iglesia y nuestra Misión: Fundamento eclesiológico de la Misión



















 

Pensamiento MSC del día































Evangelio del día


 

Libro de Génesis 17,1.4-5.9-10.15-22.

Cuando Abrám tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció y le dijo: "Yo soy el Dios Todopoderoso. Camina en mi presencia y sé irreprochable.
"Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones.
Y ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones.
Después, Dios dijo a Abraham: "Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones."
Y esta es mi alianza con ustedes, a la que permanecerán fieles tú y tus descendientes; todos los varones deberán ser circuncidados.
También dijo Dios a Abraham: "A Sarai, tu esposa, no la llamarás más Sarai, sino que su nombre será Sara.
Yo la bendeciré y te daré un hijo nacido de ella, al que también bendeciré. De ella suscitaré naciones, y de ella nacerán reyes de pueblos".
Abraham cayó con el rostro en tierra, y se sonrió, pensando: "¿Se puede tener un hijo a los cien años? Y Sara, a los noventa, ¿podrá dar a luz?".
Entonces Abraham dijo a Dios: "Basta con que Ismael viva feliz bajo tu protección".
Pero Dios le respondió: "No, tu esposa Sara te dará un hijo, a quien pondrás el nombre de Isaac. Yo estableceré mi alianza con él y con su descendencia como una alianza eterna.
Sin embargo, también te escucharé en lo que respecta a Ismael: lo bendeciré, lo haré fecundo y le daré una descendencia muy numerosa; será padre de doce príncipes y haré de él una gran nación.
Pero mi alianza la estableceré con Isaac, el hijo que Sara te dará el año próximo, para esta misma época".
Y cuando terminó de hablar, Dios se alejó de Abraham.


Salmo 128(127),1-2.3.4-5.

¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.

Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.

¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:

que contemples la paz de Jerusalén.


Evangelio según San Mateo 8,1-4.

Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud.
Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: "Señor, si quieres, puedes purificarme".
Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado". Y al instante quedó purificado de su lepra.
Jesús le dijo: "No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022)
monje griego
Himno 30


«Jesús lo tocó diciendo: ¡quiero, queda limpio!»

Antes que brillara la luz divina,
no me conocía a mí mismo.
Viéndome entonces en las tinieblas y en la prisión,
encerrado en un lodazal,
cubierto de suciedad, herido, mi carne hinchada...,
caí a los pies de aquél que me había iluminado.
Y aquél que me había iluminado toca con sus manos
mis ataduras y mis heridas;
allí donde su mano toca y donde su dedo se acerca,
caen inmediatamente mis ataduras,
desaparecen las heridas, y toda suciedad.
La mancha de mi carne desaparece...
de tal manera que la vuelve semejante a su mano divina.
Extraña maravilla: mi carne, mi alma y mi cuerpo
participan de la gloria divina.
Desde que he sido purificado y liberado de mis ataduras,
me tiende una mano divina,
me saca enteramente del lodazal,
me abraza, se echa a mi cuello,
me cubre de besos (Lc 15,20).
Y a mi que estaba totalmente agotado
y que había perdido mis fuerzas
me pone sobre sus hombros (Lc 15,5),
y me lleva lejos de mi infierno...
Es la luz que me arrebata y me sostiene;
me arrastra hacia una gran luz...
Me hace contemplar por que extraño remodelaje
él mismo me ha rehecho (Gn 2,7) y me ha arrancado de la corrupción.
Me ha regalado una vida inmortal
y me ha revestido de ropa inmaterial y luminosa
y me ha dado sandalias, anillo y corona
incorruptibles y eternas (Lc 15,22). (EDD)

Oración

(Repasar lo de Simeón)
























jueves, 29 de junio de 2023

Las Hermanas MSC llegan al Perú 1938 30 de junio


 A pedido del gobierno del Perú, en 1938 llegaron seis hermanas de Alemania quienes asumieron en Ancón la dirección de un Escuela-hogar para niños muy pobres y de familias quebrantadas                       

Sea amado en todas partes del Sagrado Corazón de Jesús                

Pensamiento MSC del día


 







El libro «El Rosario para Niños», con 112 páginas hermosamente ilustradas, tiene «algo más»


Un buen libro puede ayudar mucho a un niño a crecer en la fe

Cuando se piensa en un librito para enseñar el rosario a niños pensamos en algún folleto, pero desde hace un par de años circula en España, México y otros países hispanos un libro peculiar, "El Rosario para Niños", con 112 páginas, ilustraciones hermosas y simpáticas en cada página, juegos y mucho más. Suele entregarse con un rosario de plástico. 

"Lo bonito es que es un libro que ayuda a transmitir la fe en la familia", explica a ReL Javier Amate, coordinador del grupo Monte Tabor, que edita el libro.

"Conocemos el caso de una madre que se llevó el libro a casa para usarlo en la preparación de su hijo para la Primera Comunión. Como el pequeño estaba interesado, su hermano mayor también se interesó, le llamó la atención el contenido. Y después interesó al padre, que así se acercó más a la fe. Esto nos lo ha contado un párroco de Leganés", detalla Amate.

Un niño siempre necesitará el acompañamiento de un adulto para la fe, sea un padre, abuelo o catequista, pero este libro, con sus dibujos y juegos (uno por misterio del Rosario, y más aún) puede enganchar a los niños, a la vez que ofrece en realidad bastante doctrina para los padres.

"Es un libro para ir de menos a más. Un niño, o una familia, puede empezar con lo más sencillo, y luego adoptar más oraciones. Se adapta a la familia. Aprendes el Rosario, y si se quiere se pueden aprender otras oraciones, más datos de doctrina, o el calendario litúrgico", explica Amate.

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Consiga aquí El Rosario para Niños: 112 páginas con juegos, dibujos y audios en QR.

"Está escrito en un lenguaje que entienda un niño. Su autor, el padre Humberto José Pro, lo hizo revisar por una pedagoga, y se reescribió pensando en niños de 7 a 9 años", explica. El padre Humberto es doctor en Teología por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma, y sacerdote desde 1993.

Como peculiaridad tecnológica, el libro tiene unos códigos QR para cada uno de los misterios del Rosario, que activan unos audios leídos con mucha simpatía por niños de 9 y 10 años, describiendo el misterio en lenguaje sencillo. "A los niños les encantan esos audios", comenta Amate.

El libro se editó poco antes de la pandemia pero no se difundió mucho hasta que esta se superó. "En 2021 y 2022 se ha difundido más y tiene una aceptación buena, pero tiene un potencial aún por descubrir", considera Amate.

Para familias o para grupos de catequesis infantil

Puede ser una buena ayuda para la catequesis infantil en grupo, para hacer un poco de oración al inicio o al final de la sesión, quizá usando también sus juegos y dibujos (hay laberintos, sopas de letra, mapas atractivos, dibujos para recortar...). Un ejemplar vale menos de 8 euros, pero comprando 21 o más (por ejemplo, para un colegio o parroquia) se venden a 5,95 euros.

"Decía Juan Pablo II que el Rosario es un compendio del Evangelio, y este libro lo cumple, es una herramienta de evangelización potente", añade Amate. Uno podría pensar -como él ha visto- en niños de países pobres o de misión, que quizá tengan este libro como su único libro de oración infantil. Pero lo mismo podría decirse de niños de familia desahogada pero no muy devota. Por eso, el libro no es solo para rezar y jugar, sino para transmitir conocimientos si se despierta la curiosidad y un mayor quiere profundizar más. "Es un libro de oraciones, con un un núcleo doctrinal y un refuerzo para la catequesis y formación", añade.

El libro puede conseguirse en librerías religiosas o aquí en MonteTabor.es. También es posible pedirlo dentro de un pack de libros religiosos para niños (5 libros por 30 euros).

P.J.Ginés, ReL

Vea  también      Libro de Oración de los niños católicos
(para descargar)





















12 retablos religiosos que hay que ver una vez en la vida

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Pierre Paul Rubens (1577-1640), La descente de la Croix, huile sur toile, 420 x 320 cm, Anvers, Cathédrale Notre-Dame © DR

Del Renacimiento italiano al arte contemporáneo, Aleteia ha seleccionado estas obras para ti

Antiguo y Nuevo Testamento, santos y mártires, son temas abundantes en estas obras de encargo o de devoción personal. Realicemos un paseo estético y espiritual a través de los siglos para descubrir o redescubrir a los grandes maestros de la pintura religiosa.

  1. La coronación de la Virgen, de Fra Angélico

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Este impresionante retablo fue pintado por el año 1430 por Fra Angélico para el convento dominico de San Domenico en Fiesole, cerca de Florencia. La coronación de la Virgen es una escena descrita en los evangelios apócrifos y fue un tema popular durante el siglo XIII tras la publicación de La leyenda dorada, de Santiago de la Vorágine. Fra Angélico representa aquí a la Virgen María arrodillada ante su hijo, rodeada de un coro celestial de ángeles y santos, sobre todo dominicos. Se reconoce a san Pedro mártir por su cráneo ensangrentado, a santo Tomás de Aquino que sujeta sus escritos teológicos, mientras que santo Domingo va acompañado de una estrella roja y una flor de lis. Más tarde, Fra Angélico se convertiría en prior de este mismo convento. El cuadro se puede admirar en las salas de pintura italiana del Museo del Louvre.

  1. Lamentación sobre Cristo muerto, de Andrea Mantegna

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Esta obra atípica, realizada por Andrea Mantegna hacia el 1480, es conocida por su ajustado encuadre en torno a una espectacularmente resumida perspectiva del cuerpo de Cristo. Acostado sobre una cama de mármol, el Hijo de Dios se presenta al espectador en una posición poco habitual, inquietante. La cercanía del cuerpo difunto permite contemplar con facilidad los estigmas de manos y pies. Dos mujeres lloran desde el margen la muerte de Cristo, son su madre y María Magdalena, además del apóstol Juan. Estos personajes quedan relegados a una esquina del lienzo, poco visibles, y ni siquiera se muestran sus rostros completos, lo cual dirige más la atención sobre el protagonista de la imagen. También nos recuerdan la Pasión y contribuyen a dar más humanidad a la muerte de Cristo, fijo en una atmósfera helada. Para contemplar esta obra, que no parece haber sido fruto de un encargo, diríjase a la Pinacoteca de Brera, en Milán.

  1. La última cena, de Leonardo da Vinci

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Obra imprescindible, este fresco de Leonardo para el refectorio del convento dominico de Santa Maria delle Grazie está fechado entre los años 1494-1498. Fue un encargo del duque de Milán, Ludovico Sforza, de ahí que figure su escudo de armas en la parte superior de la obra, junto a las insignias de su esposa Beatrice de Este. El proyecto del duque era hacer de Santa Maria delle Grazie el mausoleo de la familia Sforza. Leonardo da Vinci continúa la tradición medieval de representar la última cena de Cristo en los refectorios monásticos. El artista ilustra con gran precisión el momento en que Jesús pronuncia la frase: “En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me traicionará”, lo que motiva diversas reacciones entre los doce apóstoles. Tómese el tiempo necesario para observar este fabuloso fresco en la iglesia de Santa Maria delle Grazie de Milán.

  1. La Virgen con Jesús niño y el pequeño san Juan Bautista, de Rafael

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Más conocida con el nombre de La Bella Jardinera, esta obra de Rafael Sanzio fue pintada en 1507 o 1508, al final de su estancia en Florencia. Dentro de una composición piramidal, la Virgen rodeada de su Hijo y de san Juan Bautista niño se yerguen ante un paisaje campestre. En primer plano, la presencia de las flores no es trivial: las violetas aluden a la humildad de la Virgen, mientras que las aguileñas refieren a la Pasión de Cristo. De esta forma contribuyen a la atmósfera bucólica que se desprende en la obra. No se contente con fotografías, vaya a disfrutar de la obra por usted mismo al Museo del Louvre.

  1. Las bodas de Caná, de Veronese

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Una escenografía increíble, con trajes suntuosos, colores brillantes y esplendorosos: Las bodas de Caná es un cuadro difícil de olvidar. Encargada para el refectorio benedictino de San Giorgio Maggiore, el conocido como Veronés pinta la obra en 1562-1563. Puesto que el artista llevaba en Venecia ya diez años, se tomó la libertad de transformar el episodio bíblico en un fastuoso banquete veneciano, mezclando alegremente lo profano con lo sagrado. Encontrará esta obra en el Museo del Louvre, colgada justo en frente de La Gioconda.

  1. El martirio de san Mauricio, de El Greco

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Pintado para el palacio de El Escorial del rey Felipe II de España, El martirio de san Mauricio ha suscitado intensos debates. El Greco ejecutó esta obra entre 1580 y 1582 sin ser fiel a los dogmas del Concilio de Trento, según la Inquisición. En efecto, sólo Dios es adorado, los santos por sí mismos no pueden ser venerados. Sin embargo, los ángeles que flotan en el cielo coronan al santo, sugiriendo una naturaleza divina inaceptable. La historia de san Mauricio se remonta a finales del siglo III bajo el emperador romano Diocleciano. Junto a sus compañeros de armas, Mauricio fue martirizado por negarse a perseguir a los cristianos y por rechazar el culto del emperador. La leyenda cuenta también que había encontrado la lanza del soldado Longino. Para disfrutar de este cuadro, visite el monasterio real de San Lorenzo de El Escorial, cerca de Madrid.

  1. La decapitación de san Juan Bautista, de Caravaggio

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Encargo del gran maestro de la Orden de San Juan de Jerusalén para la capilla de novicios. Este cuadro de Caravaggio descansa desde 1608 en la Catedral de San Juan de La Valeta, en Malta. El pintor de origen lombardo representa un momento preciso del episodio bíblico: el golpe final del verdugo para desprender la cabeza del cuerpo de san Juan Bautista. La bandeja ya está lista en las manos de Salomé, que se inclina hacia su víctima. La sangre brota, un grito silencioso escapa de los labios entreabiertos del prisionero, con los ojos cerrados. Esta obra maestra está –hecho bastante raro– firmada por el artista. Una firma ensangrentada, trazada con la sangre del santo, donde se lee “F Michel Angelo”, que podría aludir a la reciente entrada de Caravaggio entre los caballeros de la Orden de Malta.

  1. El descendimiento de la cruz, de Peter Paul Rubens

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Pierre Paul Rubens (1577-1640), La descente de la Croix, huile sur toile, 420 x 320 cm, Anvers, Cathédrale Notre-Dame © DR

En la catedral de Notre-Dame de Amberes, el tríptico magistral de Rubens pintado en torno a 1616 deslumbra a fieles y visitantes. La obra, encargo de una hermandad de maestros arcabuceros, constituye una réplica a La elevación de la cruz, realizada por el mismo artista. Las tres partes del tríptico son, de izquierda a derecha: la visitación, el descenso de la Cruz y la presentación de Jesús en el templo. Influido por el arte veneciano, Rubens nos entrega una obra conmovedora donde el Cristo muerto, con su deslumbrante blancura y en su manto inmaculado, anuncia ya su inminente Resurrección.

  1. El martirio de san Erasmo, de Nicolas Poussin

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Nicolas Poussin (1594-1665), El martirio de san Erasmo, óleo sobre lienzo. 320 x 186 cm, Roma, Pinacoteca Vaticana © Pinacoteca Vaticana

El martirio de san Erasmo, pintado por Nicolas Poussin en el siglo XVII, es un cuadro desgarrador. Erasmo de Formia, santo patrón de los marineros, fue martirizado en el 303, en tiempos de Diocleciano, por no haber querido someterse al culto pagano. El pintor ilustra el suplicio con veracidad: el verdugo que extrae los intestinos del santo y los enrolla alrededor de un árgano de marinero. La imagen se construye en torno a la oposición del cuerpo del mártir y de la estatua de oro de Hércules, ambos desnudos, uno sufriendo y el otro victorioso. Diríjase a la Pinacoteca Vaticana en Roma, lugar de conservación del cuadro.

  1. El retorno del hijo pródigo, de Rembrandt

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Obra principal de la Edad de Oro neerlandesa. Rembrand ejecutó El retorno del hijo pródigo hacia 1668. Lejos de representar las festividades y el banquete que acompañaron el retorno del hijo, el artista se concentra en la relación entre el padre y el hijo. El perdón y la contrición son el auténtico tema de esta emotiva obra. Puede admirar este cuadro en el Museo del Hermitage de San Petersburgo.

  1. El Cristo muerto con dos ángeles, de Edouard Manet

Working Title/Artist: The Dead Christ with Angels Department: European Paintings Culture/Period/Location: HB/TOA Date Code: Working Date: 1864 photography by mma, Digital File DT856.tif retouched by film and media (jn) 12_22_15

Presentado por Manet al Salón de Arte de París en 1864, El Cristo muerto es una obra que “hizo mucho ruido”. Los críticos denunciaron con virulencia el cuerpo cadavérico de Cristo, que juzgaban demasiado realista. Sin embargo, hoy en día este Cristo interpela a un espectador que no puede más que sucumbir conmovido ante la imagen. Las palmas abiertas y estigmatizadas, los ojos entreabiertos elevados al cielo, el costado herido por la lanza: el hijo de Dios se ofrece para salvar a la humanidad. Descubra este cuadro en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.

  1. La tentación de san Antonio, de Salvador Dalí

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Obra del pintor español de los bigotes extravagantes, La tentación de san Antonio se realizó en 1946 en Nueva York. Arrodillado en el desierto, san Antonio desnudo trata de alejar a los demonios surrealistas blandiendo una cruz. Esas tentaciones asumen unas formas sorprendentes: elefantes de largas patas, un caballo triunfal enajenado, formas fálicas, una seductora mujer desnuda, un obelisco de oro. Una obra cuya visita es imperativa en los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, en Bruselas.

Marie Fournier, Aleteia

Vea también     La Vocación del Artista
























 

«Encontré un libro tirado del que no me pude separar»: el joven converso que burló al régimen iraní

Rahbar, fraile franciscano: «Cambiaba letra por letra
para que no me descubrieran»


"Llevar un Evangelio o una Biblia en Irán equivale a llevar seis kilos de heroína. No sé quién dejó este libro tirado en la calle aquel día. Pero este libro cambió mi vida", comenta el franciscano André Marie Rahbar.

"Nací en una ciudad donde todo el mundo era musulmán. No había cristianos. Nací en una familia que ni siquiera creía en Dios, eran ateos. Hasta los 13 años fui un niño que jugaba en la calle, que iba a la escuela y al que no le interesaba Dios ni la religión", comenta el fraile franciscano André Marie Rahbar.

El iraní ha ofrecido su impresionante testimonio en la XXI Convención General de la Comunidad Magnificat, que se ha celebrado en Chianciano Terme, en la provincia de Siena (Italia). "Hace 22 años conocí a una persona llamada Jesucristo. ¿Dónde? En Irán, en la ciudad de Tabriz, que es famosa por sus alfombras persas", añade.

Encuentro con "aquel libro"

El futuro franciscano era todavía pequeño cuando encontró tirado en la calle algo que le cambiaría la vida. "Un día, camino del colegio, tendría 12 o 13 años, encontré un libro en el suelo. Por curiosidad, lo cogí y ponía: 'Evangelio de Jesucristo'. Era algo muy extraño. ¿Quién era Jesús? ¿qué era el Evangelio?, me preguntaba", explica Rahbar.

Abrió aquel libro y empezó a leer el Evangelio de San Mateo. Al principio le pareció aburrido pero, poco a poco, se fue desatando su interés. "Llegué a unas páginas que eran las bienaventuranzas. 'Bienaventurados los pobres'. Todos sabemos lo que es la pobreza, y también la vemos. Cuanto más avanzaba, más interesante se volvía este Jesús. Era la primera vez que oía que los pobres eran bienaventurados, al igual que los tristes", asegura.

André estaba a punto de leer algo realmente impactante. "Por primera vez oía que había que rezar por nuestros enemigos. Digo esto porque, para vosotros, es más normal, habéis crecido en una sociedad cristiana. Pero, en nuestra sociedad, eso no existía", explica.

Pero aquellas enseñanzas le iban a acarrear muchos problemas con su familia. Rahbar devoraba la Biblia día y noche sin parar. "Aún hoy, este libro está prohibido en mi país. Llevar un Evangelio o una Biblia equivale a llevar seis kilos de heroína. No sé quién dejó este libro en la calle aquel día. Pero este libro cambió mi vida", asegura.

André iba a descubrir que ese mismo libro había cambiado la vida de muchas otras personas en el mundo. Su familia, mientras, le seguía haciendo la vida imposible. "Me decían que eran cuentos, palabras que tenían 2000 años, que no me rompiera el cerebro con esas tonterías. Pero, yo no podía, la persona que encontré en aquel libro hablaba del amor. Después de 22 años no puedo explicar lo que sentí, sólo puedo decir que Jesús estaba cerca de mí, lo sentí y percibí su presencia", relata fray André.

Rahbar estaba descubriendo en su corazón que Jesús existía de verdad. Aunque su familia seguía sin entenderlo. Hasta el punto de que decidieron llevarlo al psicólogo. Su padre optó directamente por romper el libro, pero André no se rindió. Con el dinero que le daba su padre cada mañana para pagar el transporte a la escuela, el joven prefirió tener que caminar y gastarse ese dinero en buscar el libro por toda la ciudad, para comprarlo de nuevo.

El padre del futuro fraile católico no aceptaba la presencia de aquel "objeto" en su casa. Sin embargo, cuantas más veces lo hacía desaparecer, más veces lo volvía a comprar el joven André. Quien, de camino a la escuela, rezaba siempre mirando al cielo, convencido de estar hablando con "nuestro Padre que está en los cielos".

Rahbar'Por primera vez oí que había que rezar por nuestros enemigos', comenta Rahbar.

Las oportunidades de encontrarse con el libro de nuevo se iban reduciendo. Un día el librero le dijo a André que ya no tenía más ejemplares y, a la par, su padre, le comentó que ya no le daría más dinero, que le entregaría nada más que el billete para ir al colegio. Así que el niño decidió vender los billetes y comprar aquel último Evangelio que quedaba. Para resguardar ese último ejemplar, André tuvo que idear algo brillante.

"A menudo iba a la biblioteca cercana a mi escuela para leer el Evangelio, sobre todo cuando era invierno", comenta el fraile. Y, entonces, para proteger el libro, pensó que sería mejor donarlo a la biblioteca. El encargado, que no sabía muy bien que se trataba de un libro prohibido, lo cogió agradecido, le puso el sello de la biblioteca y le preguntó al joven si quería algo más. André le dijo que quería en préstamo el libro que le acababa de entregar.

Sin casa y entrada en prisión

El joven volvía a casa cada tarde pero pasaba las noches sin su libro, por lo que no paraba de llorar. "Tenía celos de este libro, en él había encontrado la luz", comenta. André no podía mantenerse alejado mucho tiempo de aquel libro y, como no siempre podía ir a la biblioteca, decidió escribir y copiar los 27 libros del Nuevo Testamento. Para que no le descubriera su familia, aprendió alfabeto armenio y fue sustituyendo cada letra persa por letras en armenio. "Fue una obra del Espíritu Santo", asegura.

"Sin embargo, no era posible llevar conmigo siempre los casi 30 cuadernos en los que había copiado el Nuevo Testamento, así que le pregunté a Jesús lo que debía hacer y me dijo: 'Tienes que vivir el Evangelio, no tienes solo que leerlo. Si tú vives el Evangelio tendrás la luz en tu interior, no en tu bolsillo'. Este fue el gran punto revolucionario de mi vida: el Señor abrió otra ventana delante de mí", explica.

Pasaron dos años de aquel primer encuentro con el libro y, por fin, André descubrió una iglesia en la capital, a 800 kilómetros de su ciudad, que era pentecostal. "Hice un camino de casi siete años para llegar a recibir el Bautismo", comenta el franciscano.

A partir de ese momento, de esa decisión, se iban agravar todos los problemas para André. Su familia le echó de casa y tuvo muchos conflictos con la Policía. A los 16 años lo metieron incluso en la cárcel y, tras 15 años de preparación, recibió la Primera Comunión. "Estoy contando toda una vida, que fue difícil pero bellísima", explica el fraile.

Después de todas estas dificultades y presiones sufridas en sus propias carnes, el joven empezó a preguntarse por qué había tanta persecución contra los cristianos en Oriente. Y, mientras todo esto sucedía, maduraba en él la semilla de la vocación.

Puedes ver aquí el testimonio completo de fray André Marie Rahbar.

"He visto una luz y esa luz es precisamente el Evangelio de Jesús. He decidido seguirla como los pastores siguieron a la estrella", relata. Cuando hizo su primera profesión, André y sus compañeros recibieron una carta del Papa Francisco: "Entre las cosas que escribió, la frase que más me impactó fue que el mundo necesitaba nuestra sonrisa". "Yo soy fruto de las oraciones de personas que, como tú, han rezado por mí", concluye el franciscano.

J.C.M., ReL

Vea también    El Sagrado Corazón de Jesús -
Libro del P. Julio Chevalier (resumen)

























Evangelio del día: Solemnidad de San Pedro y San Pablo


 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 12,1-11.

Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos.
Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan,
y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de "los panes Acimos".
Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua.
Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.
La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre dos soldados, atado con dos cadenas, y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión.
De pronto, apareció el Angel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Angel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: "¡Levántate rápido!". Entonces las cadenas se le cayeron de las manos.
El Angel le dijo: "Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias" y Pedro lo hizo. Después le dijo: "Cúbrete con el manto y sígueme".
Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Angel, sino que creía tener una visión.
Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Angel se alejó de él.
Pedro, volviendo en sí, dijo: "Ahora sé que realmente el Señor envió a su Angel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío".


Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.

Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en El se refugian!


Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 4,6-8.17-18.

Querido hermano:
Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima:
he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe.
Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su Manifestación.
Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Evangelio según San Mateo 16,13-19.

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".
Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".
"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Máximo de Turín (¿-c. 420)
obispo
Sermón CC 1; PL 57, 403-404


«Te daré las llaves del Reino de los cielos»

     El Señor ha reconocido en Pedro el intendente fiel al cual ha confiado las llaves del Reino, y en Pablo a un maestro cualificado a quien ha dado el encargo de enseñar a la Iglesia. Para permitir encontrar la salvación a los que han sido formados por Pablo, era necesario, para su descanso, que Pedro los acogiera. Cuando Pablo predicando habrá abierto los corazones, Pedro abre a las almas el Reino de los cielos. Es pues algo semejante a una llave lo que Pablo ha recibido de Cristo, la llave del conocimiento que permite abrir a los corazones endurecidos, la fe hasta lo más profundo de ellos mismos; seguidamente, en una revelación espiritual, hace que lo que estaba escondido en el interior se vea iluminado por la gran luz del día. Se trata de una llave que deja escapar de la conciencia la confesión del pecado y en la que se encierra para siempre la gracia del misterio del Salvador.
Los dos, pues, han recibido unas llaves de mano del Señor; llave del conocimiento para uno, llave del poder para el otro; éste es el dispensador de las riquezas de la inmortalidad, el otro distribuye los tesoros de la sabiduría. Porque hay los tesoros del conocimiento, como está escrito: «Este misterio es Cristo, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer» (Col 2,3). (EDD)

Oración

Escucha, Señor, la plegaria de tu pueblo y haz que nuestro Papa , Vicario de Cristo en la tierra, confirme en la fe a todos los hermanos, para que toda la Iglesia se mantenga en comunión con él por el vínculo de la unidad, el amor y la paz.