sábado, 11 de julio de 2020

¿Qué puede hacer una pareja para evitar la indiferencia?

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La indiferencia se instala a menudo en la pareja de manera progresiva pero implacable. Para evitar llegar a ello, hay que seguir esta regla: mostrar siempre al cónyuge hasta qué punto es valioso.  

Sin duda habrás notado que cuando haces saber a tu cónyuge lo importante que es para ti en seguida vuestra relación cambia. Una palabra amable, un gracias, una sonrisa, incluso un beso u otro gesto de ternura. Esta actitud de escucha atenta y de mirada amante es una regla en el matrimonio de Pierre y Marie después de una gran crisis que por poco se lleva por delante su vida de pareja.

Cuando el aislamiento conduce a la indiferencia

Él dirige una empresa, ella es auditora con clientes dispersos geográficamente. Tienen tres niños que criar y educar y hasta ahora habían vivido en su propia burbuja de ocupaciones, intentando asumir solos los problemas. Con buena intención pretendían no molestar al otro con «sus temas» pero esta actitud, estas preocupaciones no confesadas, podrían minaron su relación. Entonces, decidieron buscar ayuda, viendo que su pareja iba a la deriva.
El aislamiento en el cual se había encerrado cada uno les estaba volviendo, poco a poco, casi indiferentes hacia el otro. Al buscar mayor contacto, tanto para compartir sus vivencias personales como para incrementar su intimidad amorosa, pudieron tejer de nuevo estrechos y calurosos lazos que aligeraban la carga tan pesada de sus responsabilidades recíprocas y conjuntas. 

Estar presente para el otro en los detalles

La cuestión no está en resolver los problemas del otro, sino en ofrecerle un apoyo. Que la pareja sepa que estás ahí, que la amas y que puede contar contigo. A menudo, el hecho de sentir la cercanía del cónyuge, con una presencia amante y bondadosa, ayudará a pasar el bache del difícil momento.
Volver la atención hacia la esposa, hacia el esposo, en vez de ignorarse o incluso distanciarse, establece y mantiene el vínculo afectivo, conserva la relación amorosa. Y cada gesto hacia el otro, como la cosecha en otoño, colma el cesto que permitirá afrontar eventualmente la mala estación de los periodos difíciles.
Por otra parte, estar presente el uno por el otro en los detalles, por humildes que sean, de la vida cotidiana, ancla sólidamente la relación y cimienta el amor para el futuro.
Denis Sonet, Edifa - Aleteia
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Pronto casarse será cosa sólo de ricos o de muy religiosos: ¿qué puede hacer la Iglesia?

El sociólogo Mark Regnerus propone ayudar a la nupcialidad con comunidades de fe «medianas»

Cada vez son más las personas que desisten de casarse - no creen en ello, no encuentran la pareja, exigen demasiado, o tienen miedo
Cada vez son más las personas que desisten de casarse - no creen en ello,
 no encuentran la pareja, exigen demasiado, o tienen miedo

El matrimonio pierde interés para la mayoría de la población en todo el mundo, se presenta como algo complicado e irrelevante (según lo ven las clases bajas) o un premio para los triunfadores, el culmen del éxito en vez del inicio de una aventura optimista, algo muy complicado y exigente, para las clases altas. Son pocos los varones interesados y resultan muy preciados para las mujeres, más numerosas, que competirán por ellos... o desistirán. 
En las próximas décadas, y muy rápido, el matrimonio va a ser cosa sólo de ricos y triunfadores, o bien, de personas muy religiosas, señala el sociólogo Mark Regnerus, tras un estudio a partir de 200 entrevistas en profundidad y repasar datos estadísticos, que expone en la revista Christianity Today.
"El matrimonio rápidamente se está convirtiendo en en un acuerdo voluntario, de consumo y para la élite, que se decide más tarde que antes en la vida. Los aventajados ahora consolidan su riqueza casándose, mientras los desaventajados [que no se casan] se quedan incluso sin esa ayuda mutua", explica Regnerus.
Lo que la Iglesia puede hacer
Es ya tarde para que la Iglesia o los Estados intenten hacer atractivo el matrimonio a la población en general, considera Regnerus, pero la Iglesia -y en general todas las comunidades religiosas que creen en el matrimonio- sí deben promover e impulsar esta institución entre sus miembros, facilitando que los solteros con fe se conozcan y den el paso.
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El sociólogo Mark Regnerus
Regnerus señala que para ello hay que fomentar comunidades de tamaño intermedio: no basta "la parroquia", demasiado grande, donde no se conoce la gente ni se consiguen novios; ni el "grupo pequeño", de 6 o 10 miembros, donde hay pocos candidatos para encontrar pareja. Lo que funciona son los grupos medianos, como los movimientos eclesiales o universitarios y postuniversitarios, y menciona específicamente el Camino Neocatecumenal, que nombran varios entrevistados en su estudio.
Recomienda fomentar comunidades de fe y una fe fuerte, viva, de cierto tamaño... ahí sí se encuentran chicos y chicas interesados en crecer en santidad, casándose.
Matrimonio, ¿palabra fea y tabú?
Don Browning, un experto en ética ya fallecido, decía que para muchos académicos la palabra "matrimonio" ya se consideraba una palabra fea, innombrable, un tabú.
Un ejemplo lo vemos en España, en el País Vasco, donde el informe del departamento de educación para las escuelas "Skolae Creciendo en Igualdad" (aquí en PDF) dedicaba 100 páginas a hablar de afectividad, relaciones e igualdad para instruir a los niños: mencionaba 9 veces la palabra "pareja" y muchas cosas gays, pero ni una sola vez la palabra "matrimonio", "boda", "esposo" o "cónyuge".
En España -país con una natalidad y una nupcialdiad especialmente mala- los varones se casaban en 2019 con una media de casi 39 años de edad (38,7) y las mujeres con casi 36 años (35,9). La tasa de nupcialidad bruta se ha desplomado y se desplomará más.
Año - Bodas - Tasa bruta de nupcialidad
2018 - 162.743 - 3,54‰
2008 - 194.022 - 4,25‰
1998 - 207.041 - 5,10‰
1988 - 219.027 - 5,61‰
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Escepticismo y miedo a cualquier cosa
Regnerus comenta el caso de un médico español de 25 años, cristiano, con fe y comunidad, que lleva 6 años de novio con otra doctora. Pero tiene miedo del matrimonio. Regnerus le presiona para que intente especificar sus miedos.
¿Miedo de qué? "De no ser libre, de estar atado, del compromiso, de cosas que no sabes que desconoces, de estar bien ahora y no después. Podrían aparecer diferencias entre nosotros, que el otro sea distinto a lo que pensabas". ¿Seis años de noviazgo no bastan para conocerse? "Siento que no la conozco bien", dice él.
Regnerus lo pone como ejemplo: muchos sienten este miedo bastante absurdo, y a muchos les paraliza y demora.
Para Regnerus, hay un mix letal contra el matrimonio -incluso entre novios o jóvenes cristianos- compuesto por:
- muchas opciones
- más tentaciones
- expectativas altísimas
- ansiedad consistente
- incertidumbre endémica
Los jóvenes no piensan que casarse les dé más seguridad
La Iglesia suele recordar en las bodas el texto de Eclesiastés 4, 9-12: "Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro. Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir".
El apoyo mutuo, el ser más fuertes y resistentes al contar uno con el otro, siempre ha sido un motivo para casarse. Pero Regnerus dice que, en sus 200 entrevistas, "en ningún país escuché una descripción consistente del matrimonio como una forma de combatir o mitigar la incertidumbre social, material o psicológica".
De hecho, ha encontrado lo opuesto: el soltero actual, más o menos, gana para mantenerse, o vive con sus padres. En cambio, le da miedo casarse porque piensa que ganará en fragilidad, que tendrá que mantener a su cónyuge o hijos, que vivir juntos traerá quizá problemas, que el otro podría llegar a ser inestable, problemático...
Casarse ya no es un inicio, sino un culmen, un triunfo
Tradicionalmente, las parejas se casaban bastante pobres y bastante jóvenes, con algunos ahorros y alguna ayuda de parientes, esperando mejorar manteniendo sus empleos y una economía austera. Casarse, quizá a los 22 o los 24 años, era entrar en la vida adulta, empezar en la vida adulta. Casi todo el mundo se casaba: era una apuesta optimista.
Ahora, casarse se da bastante más tarde, y a menudo después de experiencias de cohabitación, algunos desastres románticos, o después de esperar mucho al cónyuge "perfecto".
Como hemos dicho, las mujeres en España se casan con 36 años, y los hombres con 39. Casarse es el culmen de su éxito, la cima: no están empezando la vida adulta, están demostrando que han triunfado profesional y económicamente en la vida adulta. Eso requiere casarse con una gran boda, mucho dinero, mostrando su éxito. Y convierte el casarse en cosa de ricos y triunfadores.
Una chica de 27 años dice a Regnerus: "tienes la década de los veintipico años para centrarte en ti, y después ya puedes intentar ayudar a los otros".
Pero Regnerus comenta: "esta visión, común en la gente de su edad, es mala preparación para el matrimonio: la capacidad de autosacrificio es un comportamiento aprendido, no un regalo que te dan al cumplir 30 años".
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Lo mismo pasa entre muchos jóvenes cristianos actuales. "La mayoría de los jóvenes cristianos que hemos entrevistado articulaban altísimas expectativas para su matrimonio y baja tolerancia a sacrificarse. Francamente, no querían entregarse mucho", señala Regnerus.
¿Cómo mantenerse virgen cuando los hombres son escasos y presionan?
En ambientes cristianos, hay menos hombres jóvenes que mujeres jóvenes. Y en el "mercado para casarse" (la gente soltera que está dispuesta a casarse) también hay bastantes más mujeres y pocos hombres.
Los hombres casaderos son escasos y valiosos y saben que pueden ponerse exigentes, incluso reclamando relaciones sexuales a las chicas, también entre cristianos. Muchas cristianas que buscan un buen marido se plantean: "¿me acuesto prematuramente con un hombre que parece bastante prometedor, o le digo que no y me arriesgo a que me deje y vaya con una que sí acepte?"
Es agobiante buscar al cónyuge perfectísimo
Antiguamente, los jóvenes no ponían demasiadas expectativas en su cónyuge. Quizá en los años 30 en España ella esperaba que él fuera trabajador, que aportara dinero a casa, que fuera fiel, que no fuera borracho ni violento, y si además era cariñoso y guapo, mejor. Ellos esperaban que ellas fueran cariñosas y hacendosas, que llevaran la casa y los niños, y si eran guapas, mejor.
Ahora, en cambio, se pide mucho más. Se supone que cada cónyuge ha de sacrificar bastantes cosas no por la felicidad del hogar, sino por la carrera profesional o vocacional del otro cónyuge; además se busca un reparto exquisitamente equitativo de las cargas domésticas; que el cónyuge escuche mucho, dé apoyo moral; que además de amante y cónyuge sea un gran amigo. Y bastantes cosas más.
El psicólogo Eli Finkel lo llama un "modelo sofocante" de matrimonio. Tim Keller, autor de The Meaning of Marriage, escéptico, dice: "la gente simplemente espera demasiado de su cónyuge".
Esperando al "cónyuge perfecto" muchos -sobre todo chicas- simplemente, no llegan a casarse.
Sí, el matrimonio es un intercambio de necesidades
Un cónyuge es bueno en unas cosas, otro en otras, y se reparten tareas de forma complementaria, no equitativa. La demógrafa Valerie Oppenheimer escribió: "si la base del matrimonio es la especialización y el intercambio, parece una forma social cada vez más anacrónica".
Regnerus considera que quizá sea anacrónica, pero es lo que es el matrimonio: él necesita lo que ella tiene; ella necesita lo que él tiene.
Quien cree que lo tiene todo y no necesita nada, no se casará.
El matrimonio no va a cambiar porque es así. Puede convertirse en una opción muy minoritaria (y eso sería malo para hombres, mujeres, niños, ancianos y la sociedad en general) pero no puede modificarse. "En una era de opciones crecientes, tecnología, igualdad de género, sexo barato y secularización, menos gente -incluyendo menos cristianos- querrá de verdad lo que el matrimonio es; esa es la clave", declara Regnerus.
El matrimonio será cosa de gente religiosa... ¿cómo aprovecharlo?
En todos los países estudiados, los que van a la iglesia regularmente se casan más y se casan antes. En Estados Unidos, el 50% de los hombres que no van a la iglesia regularmente están casados a los 35 años; pero entre los que sí van regulamente son un 72%.
Incluso si la diferencia de nupcialidad entre religiosos y no religiosos es de apenas 8 o 12 puntos cada año, el acumulado en un par de décadas es mucho. Así, el matrimonio pronto será cosa de cristianos conservadores, judíos ortodoxos y musulmanes, es decir, de la gente religiosa practicante.
La Iglesia ha de entender que "es demasiado tarde para reparar todo pero no es tarde para reparar algo", comenta Regnerus. Es posible para la Iglesia defender el matrimonio, si se centra sobre todo en proponerlo y facilitarlo a aquellos que están dispuestos: los más religiosos. Y debe conseguir que haya más religiosos mediante la evangelización.
Primera tarea: fomentar las comunidades de fe medianas
Muchísimos jóvenes cristianos han probado ya en sitios de citas cristianas en Internet, para encontrar pareja, pero su eficacia es bastante limitada. Lo que de verdad permite encontrar pareja es conocer a mucha gente de las edades adecuadas en persona. La misa o la parroquia en sí no sirve: es demasiada gente y no se conocen. Los grupos muy pequeños tampoco valen.
En cambio, grupos medianos, como los movimientos de Iglesia, sí sirven para encontrar novios. "Atraen a los adultos jóvenes por su característica cristiana, a veces contracultural. Estos grupos post-universitarios de tamaño medio se hacen cada vez más importante para la suerte marital", escribe el sociólogo.
Pone el ejemplo de un movimiento de juventud de los dominicos en Polonia, un ministerio de estudiantes baptistas, el movimiento ecuménico Intervarsity y el Camino Neocatecumenal, citado por sus entrevistados en España, Líbano y Polonia.
Quien acude a estos movimientos buscando fe y servir a Dios, probablemente encontrará pareja. Pero, cuidado, quien acuda sólo buscando pareja, no encontrará ni una cosa ni otra, advierte Regnerus.
Segunda tarea: que los matrimonios cristianos den buen ejemplo
Los hijos, si ven que sus padres se aman en un matrimonio cristiano, querrán algo similar. Hay gente incapaz de soñar con el matrimonio porque nunca han visto un buen matrimonio. Cuando lo ven, pueden envidiarlo y desearlo y empezar a buscarlo.
Tercera tarea: no idolatrar ni idealizar el matrimonio
Regnerus recuerda que el matrimonio en un invento de Dios para aplicar aquí en la Tierra, no en el Cielo. "Es una herramienta para mejorar materialmente y un vehículo para el progreso espiritual que da oportunidades cada día, incluso cada hora, de mostrar amor encarnado y sacrificado", escribe.
Pero no hay que caer en las expectativas "estratosféricas" que muchos querrían esperar del matrimonio o del cónyuge.
Como sociólogo, Regnerus tiene claro que el matrimonio beneficia a la sociedad y que al debilitarse la sociedad quedará muy dañada. Occidente aún vive de las rentas de los matrimonios esforzados y firmes de generaciones pasadas.
"El matrimonio es una obra corporal y espiritual de caridad no sólo hacia tu esposo e hijos, sino hacia el mundo más allá de tu hogar. El éxito de Occidente se construyó sobre esta estructura social, y desmantelarla nos dejará mucho más vulnerables y psicológicamente desasidos de lo que nos damos cuenta", escribe. Es tarea de los cristianos fortalecerlo desde la fe.
Pablo J. Ginés/ReL



El cardenal George Pell detalla su vivencia de 13 meses de cárcel: ¿cómo le trataban los presos?

«Muchas veces prediqué antes que Jesús estuvo preso, ahora eso me consolaba»

El cardenal Pell explica su vivencia en 13 meses de cárcel en un artículo
El cardenal Pell explica su vivencia en 13 meses de cárcel en un artículo

El cardenal George Pell, prefecto emérito de asuntos económicos en el Vaticano, pasó 13 meses en prisión en Australia considerado culpable de abusos sexuales a 2 menores, hasta que por unanimidad los 7 jueces del Tribunal Supremo australiano decretaron que no había pruebas para mostrar su culpabilidad.
El caso era asombroso: la condena se basaba sólo en la palabra del denunciante, que aseguraba algo más que extraño; que el cardenal se abalanzó sobre él completamente revestido, después de su primera o segunda misa en una catedral a la que acababa de llegar, en la sacristía y con la puerta abierta, cuando lo común tras una misa es que todo tipo de gente pase por la sacristía a saludar o comentar cosas con el celebrante, y más si es obispo.
Ahora, en un artículo en la influyente revista de pensamiento cristiano First Things, Pell ha detallado cómo vivió su paso por prisión.
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La celda y los otros presos
"Me impresionó la profesionalidad de los guardianes, la fe de los prisioneros y la existencia de un sentido moral incluso en los sitios más oscuros", escribe Pell.
Condenado en diciembre de 2018, pasó 10 meses en una prisión de Melbourne y 3 en la prisión de Barwon (en esta, dice con humor, el uniforme permitía "el color rojo brillante de un cardenal").
La celda, explica, tenía 8 metros de largo y dos de ancho, con un colchón "no muy grueso" y dos mantas, estanterías bajas, una tetera, televisión, una ducha con "buena agua caliente" y una lámpara sobre la cama "eficiente para leer". Se ayudaba de un bastón porque le habían operado ambas rodillas, y le permitían tener unas sillas especiales por esa situación.
No llegó a ver a los otros 11 presos de su pabellón, aunque los oía. Algunos, afectados por la droga (sobre todo cristal), se ponían a patear puertas y paredes durante horas. A veces los guardias venían con gas o perros a controlar algún alborotador.
Opiniones divididas: un preso le escupió
"Yo estaba aislado por mi protección, como otros condenados por abusos sexuales a niños, especialmente clérigos, que son vulnerables a ataques físicos y violencia en prisión. Se me amenazó de esta manera sólo una vez", detalla. A través de un tabique con un espacio abierto, un preso le escupió y empezó a insultar, llamándole "araña negra" y otras cosas. El cardenal dijo a los guardianes que no saldría a ese espacio mientras estuviera este preso, pero un día después le dijeron que lo habían trasladado porque había hecho "algo peor" a otro preso.
De las 16.30 de la tarde a las 7.15 de la mañana, cuando todos permanecían confinados, a veces los presos debatían desde su celda a favor o en contra de la inocencia del cardenal, con intensidad. Algunos lo insultaban con grosería. "La opinión sobre mi inocencia estaba divida entre los presos, igual que en la mayor parte de la sociedad australiana, aunque la prensa, con algunas excepciones espléndidas, me era agriamente hostil".
"Alguien que me escribió y había pasado décadas en prisión me decía que era la primera vez que oía que un sacerdote encarcelado tuviera algo de apoyo entre los presos. Y sólo recibí amabilidad y amistad de mis tres compañeros presos en la Unidad 3 de Barwon. La mayoría de guardianes en ambas prisiones reconocían que yo era inocente".
La moralidad y la religiosidad entre los presos
La ferocidad de los presos contra los violadores de niños hace reflexionar a Pell sobre los impulsos morales del hombre. Lo considera "un interesante ejemplo de la ley natural que emerge a través de la oscuridad. Todos nosotros estamos tentados de despreciar a los que definimos como peores que nosotros. Incluso los asesinos comparten el desdén hacia los que violan a jóvenes. Aunque sea irónico, este desdén no es del todo malo, ya que expresa la creencia en la existencia del bien y del mal, que a veces aflora en las cárceles por vías sorprendentes".
En todo este tiempo, y estando aislado, Pell sólo pudo ir a misa en 5 ocasiones, y lamentó que no pudo hacerlo en Navidad ni Pascua. Le llevaban la comunión cada semana y rezaba cada día con su breviario (aunque era de la temporada equivocada).
Muchas mañanas, pero no todas, escuchaba la oración matinal salmodiada de los presos musulmanes. "El lenguaje en prisión era grosero y repetitivo, pero casi no se oían blasfemias y maldiciones. Consulté eso con un preso que me dijo que era un signo de creencia en Dios, no de su ausencia. Sospecho que los prisioneros musulmanes, por su parte, no toleraban las blasfemias", detalla.
Mucho correo y charlas con guardianes
Muchos presos escribían al cardenal, algunos con regularidad. A menudo eran presos que habían recibido sus visitas en cárceles. Uno, por ejemplo, se declaraba hundido en la oscuridad y perdido. ¿Podía recomendarle un libro? Pell le recomendó el Evangelio de Lucas y la Primera Carta de San Juan.
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Un preso que le escribió le dijo que había un consenso entre los criminales de carrera de que el cardenal era inocente y lo habían "enmarronado", añadiendo que era curioso que los criminales pudieran reconocer la verdad y los jueces no.
Pell, como clérigo, había hablado antes en muchas ocasiones con presos, y no le sorprendía mucho todo esto. En cambio, sí le sorprendió que casi todos los guardianes en ambas prisiones, excepto un par de ellos, estaban convencidos de su inocencia. Podía hablar con ellos, lo que era una forma de socializar. La hermana Mary O'Shannasy, religiosa responsable de la capellanía penitenciaria en Melbourne, hablaba bien de los funcionarios de la Unidad 8, y Pell lo corrobora.
La apelación y la liberación
Pell explica que cuando perdió su apelación en el Tribunal Supremo de Victoria, se desanimó y pensó en dejar de apelar: "si los jueces iban simplemente a cerrar filas entre ellos, no tenía yo que cooperar en una farsa cara", pensaba. Pero el jefe de la prisión de Melbourne le insistió en que perseverara y apelara al Tribunal Supremo australiano. Pell lo agradece, porque allí los 7 jueces por unanimidad le dieron la razón.
Finalmente, la televisión anunció la sentencia que le liberaba, con "un joven reportero sorprendido en Canal 7, y más perplejo por la unanimidad de los 7 jueces. Los otros 3 presos en mi unidad me felicitaron y pronto fui liberado a un mundo confinado por el coronavirus". Un par de helicópteros de prensa le siguieron un par de días por cientos de kilómetros mientras él acudía a Sydney.
La fuerza de la fe
"La vida en prisión me quitó cualquier excusa de estar demasiado ocupado para rezar y mi horario de oración regular me apoyó", explica. "Mi fe católica me sostuvo, especialmente entender que mi sufrimiento no tenía por qué ser inútil sino que podía unirse a los de Cristo Nuestro Señor", escribe, quizá pensando en muchos lectores de First Things que son cristianos no católicos y no conocen este enfoque de ofrecimiento del dolor.
"Nunca me sentí abandonado, sabiendo que el Señor estaba conmigo, aunque no entendía que hacía Él durante la mayor parte de estos 13 meses. Por muchos años yo había enseñado acerca del sufrimiento y dolor del Hijo de Dios en sus pruebas en esta tierra, y ahora eso mismo me consolaba. Así, oré por amigos y enemigos, por los que me apoyaban, por mi familia, por las víctimas de abusos sexuales y por mis compañeros presos y guardianes", concluye.
P.J.G./ReL

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Entrevista exclusiva al esposo de Abby Johnson sobre la fama de «Unplanned»


ABBY AND DOUG JOHNSON

Kimberly Cook, de Aleteia, habla con Johnson sobre su camino de fe y sobre cómo él y su mujer Abby, antigua directora de un centro abortivo de Planned Parenthood, se convirtieron en defensores de la vida  

Doug Johnson es un padre amo de casa y marido de la activista y oradora provida Abby Johnson, de Estados Unidos. Ha sido interpretado en la pantalla por el actor Brooks Ryan en la recientemente estrenada película Unplanned, que narra el viaje de Abby desde su escalada por los rangos de Planned Parenthood hasta la defensa de la vida del no nato. Juntos, Doug y Abby tienen ocho hijos.
Doug se tituló en la Universidad Sam Houston en 2006 con un grado en Kinesiología y el plan de trabajar en un gimnasio, pero su camino terminó llevándolo a la enseñanza. Después de enseñar en un instituto de educación especial durante cinco años, los Johnson se mudaron a la zona de Austin y decidieron que convenía que Doug se quedara en casa con su hija, Grace. Por aquel entonces, dada la carrera de Abby en la clínica de abortos Planned Parenthood, ella no quería más hijos y utilizaba un DIU como método de prevención del embarazo desde el nacimiento de Grace. ¡No tenían ni idea de lo completamente diferentes que serían sus vidas en unos pocos años!
Doug y Abby se unieron a la Iglesia católica en la Pascua de 2012. En los últimos años, han dado la bienvenida a cuatro chicos más a su familia. Doug se abre a Aleteia sobre su labor como amo de casa y la crianza de los hijos y cómo ha tenido que redefinir su papel como pilar y cabeza de familia. También comparte ideas personales en su blog “Doug on Tap.”
A continuación puedes leer nuestra entrevista con Doug Johnson:
Kimberly Cook: Doug, en tu blog “Doug on Tap”, donde compartes tus experiencias e ideas sobre la vida como padre amo de casa con (casi) 8 hijos y como marido de la activista provida y antigua directora de Planned Parenthood Abby Johnson. ¿Puedes explicar tu papel como amo de casa, algo para lo que muchos hombres se apresurarían a declararse incapaces? ¿Cómo ha puesto a prueba o fortalecido tu confianza como sostén familiar y cabeza de familia?
Doug Johnson: Al principio fue difícil, porque tuve que redefinir mi papel en la contribución a la familia. Me criaron para creer que los hombres sostienen a su familia saliendo de casa y trayendo el pan. Tenías que tener una nómina y estar dispuesto a trabajar duro. Cuando tuvimos a nuestra primera hija, Grace, en cierto momento llegué a tener tres trabajos, así que no temo el trabajo duro. Cuando empecé mi época de papá amo de casa, no sabía muy bien qué hacer conmigo mismo. Solamente teníamos una hija por entonces. (¡Ni se me pasaba por la cabeza que terminaríamos adelantando a todos nuestros conocidos al pasar de una familia de tres a una de nueve en seis años!). Me enredé en más ocio y diversión del conveniente y no ofrecí a mi familia lo que necesitaba, es decir, un hogar estable, disciplina, comidas y hacer de la casa un lugar que Abby pudiera llamar hogar, con la tranquilidad de saber que, mientras ella trabajaba, todo estaba bajo control. A Abby y a mí nos hicieron falta unos pocos años para establecer las expectativas entre nuestras funciones, y que yo redefiniera lo que significaba para mí mi contribución a la familia. No se trataba de traer dinero a casa. Se trataba de mostrar a mis hijos lo que significa servir a los demás sirviéndoles a ellos. Es una situación que se ha desarrollado con el tiempo y ahora solo busco la alegría que puede aportar cada día. 
“Nos hicieron falta unos pocos años para establecer las expectativas y que yo redefiniera lo que significaba para mí mi contribución a la familia. No se trataba de traer dinero a casa. Se trataba de mostrar a mis hijos lo que significa servir a los demás sirviéndoles a ellos”.
KC: Asististe a un instituto cristiano y en tu último año dedicasteis seis semanas a la cuestión del aborto, incluso visteis el célebre documental provida El grito silencioso. Al graduarte, te considerabas “muy provida”. Ahora avanzamos a tu amistad con Abby. Lo que la mayoría no sabe es que lo cierto es que tú fuiste un invitado en su primera boda, un matrimonio durante el cual se produjeron sus dos abortos. El segundo aborto con la píldora RU-486 le causó hemorragias y una grave pérdida de sangre. Afirmaste que probablemente tú fuiste el único amigo en que ella pudo apoyarse y el único que sabía sobre el aborto. Describe la escena en que llegaste a su apartamento a medianoche y cómo las convicciones provida de tu pasado se enfrentaron a la realidad.
DJ: No sé de qué manera lo afrontaron mis convicciones porque yo estaba concentrado en cuidar de una de mis mejores amigas, que estaba justo delante de mí y merecía dignidad y respeto y alguien que la cuidara. Cuando llegué a su apartamento, la encontré en la cama blanca como un fantasma por la pérdida de sangre. Me dijo lo que había sucedido y fui al cuarto de baño. Aunque había hecho un trabajo bastante bueno limpiando, era como la escena de un crimen de la serie CSI. Había salpicaduras de sangre en los rodapiés y todavía no había vaciado el agua de la bañera. Había sangre alrededor del retrete donde había estado sentada. Siempre me he sentido horrible por aquella noche y por el hecho de que yo estaba fuera con unos amigos que hacía mucho que no veía y no respondí tan rápido a las insinuaciones de necesidad de atención de Abby. Ojalá ella hubiera sido un poco más directa sobre lo que estaba sucediendo. Durante unos meses después de aquello no fue la misma Abby. Sin duda aquello la cambió. Todavía lidiaba con el dolor y con coágulos pasajeros. Llamó a Planned Parenthood y le recomendaron un paño caliente e ibuprofeno.
KC: Viendo la película Unplanned, desde los ojos de alguien que ya está convencida del derecho a la vida de los no natos y de los horrores de Planned Parenthood, encontré que lo que más me desconcertaba eran las diferencias en vuestros principios éticos fundamentales como pareja casada. ¿Cómo fuiste (como la parte provida) capaz de aceptar que el aborto pagara vuestro salario familiar, además de los episodios en que vuestra hija pequeña era expuesta a juguetes sexuales dentro de Planned Parenthood y se percataba de la sangre en los zapatos de su madre después del trabajo? ¿Cómo lograsteis permanecer espiritualmente unidos Abby y tú a través de todo eso?
DJ: Cuando Abby y yo empezamos a salir, yo estaba en lo más bajo de mi camino cristiano. No quería ir a la iglesia. En parte era porque sabía dónde trabajaba Abby y lo que implicaba y lo que la iglesia pensaba de eso. No me sentía cómodo y Abby tampoco. Muchos de los feligreses que conocíamos intentaron convencer a Abby para que dejara de trabajar en Planned Parenthood y, en el fondo, yo esperaba que tuvieran más éxito que yo porque, viniendo de mí, intentar convencer a Abby para dejar Planned Parenthood era como cuando un cónyuge le dice al otro cómo tiene que perder peso… nunca sale bien. Había mucho de “seguir la corriente para llevarnos bien”. Teníamos discusiones y, de vez en cuando, yo lograba transmitir mi opinión al respecto. Pero ella también llegaba a casa con el ideario de Planned Parenthood, que era muy efectivo y a veces me hacía pensar que podría apoyar su misión para reducir el aborto. Al llegar a casa nunca me hablaba de los abortos por conveniencia, sino que eran siempre las historias duras de las de llorar. No sé si se me pasó por la cabeza que el salario de Abby lo pagaban los abortos. Quizás decidí ignorarlo porque teníamos facturas que pagar y pensaba en el mantenimiento de la familia más que en de dónde venía el dinero. Abby pensaba de verdad que era una defensora de las mujeres y pensaba que estaba facilitando la excepcionalidad del aborto. Nunca le incomodó la forma en que se ganaba la vida, hasta que un día llegó a casa y dijo que su clínica acababa de ganar 25.000 dólares en un día… solamente con abortos. Aquello me asqueó. No me gustaba el movimiento provida porque habíamos recibido amenazas de muerte, pero tampoco me gustaba el aborto. Creo que también empezó a asquear a Abby, porque comenzaba a entender de verdad el asunto. Ella intentaba ser un buen soldado en Planned Parenthood y, al mismo tiempo, rectificar aquello con la verdad. Hubo momentos en que Abby dijo que creía que tendría que explicar a Dios lo que había hecho. La película dio en el clavo con la parte en que Grace vio la sangre en los zapatos de Abby yo respondí diciendo: “¿Estás contenta contigo misma?”. Su rostro (el del personaje de Brooks Ryan) expresa exactamente lo que sentía yo. También estuvo la vez en que Grace estaba en el trabajo con Abby y tenía un juguete sexual en la mano. No podía creer que a Abby le pareciera bien exponer a Grace a aquello. Por aquel entonces, Abby y yo fuimos también a una charla de un pastor pro-elección sobre el apoyo al aborto. Recuerdo que dijo que la vida empieza cuando la madre dice “Te quiero y voy a tenerte”. Me pregunté si pensaba que era una especie de truco de magia, pero Abby se aferró a aquello porque el que defendía el aborto era un pastor y un hombre de Dios.
KC: Abby explica que, al principio, sentía que “una y no más” después del parto de la pequeña Grace. Pasaron cinco años hasta que llegó vuestro segundo bebé y luego llegaron seis más. ¿Qué cambió en vuestros corazones para querer recibir tantos hijos en vuestra familia y cómo respondes a los que critican vuestras decisiones en esta cuestión?
DJ: Mi número siempre fue cinco. El número de Abby siempre fue uno. Si me preguntaras lo que quería ser de mayor cuando era joven, siempre pensé que podría hacer cualquier trabajo, pero lo que tenía claro es que quería ser padre y marido. Cuando Abby empezó a trabajar en Planned Parenthood, me di cuenta de que su carrera iba a despegar y que quizás con uno era suficiente. Ya me sentía bendecido y afortunado por criar a uno. Al menos podía ser padre. El divorcio nunca fue una opción, nosotros siempre tuvimos la actitud de “hacer que funcione”. En cuanto te enamoras de alguien, ya pasas el punto de los factores excluyentes, simplemente haces que funcione. Una vez dejó Planned Parenthood y nos abrimos paso en la Iglesia católica, la doctrina de la Iglesia sobre la contracepción nos impresionó y abrió los ojos. El descubrir toda la escritura que la apoyaba y las historias que cuentan nuestros cuerpos… caminamos por la vida con estos milagros que damos por sentado. Abby todavía tenía su DIU por entonces y no estaba lista para retirárselo. Un día, en misa, estaba mirando alrededor a todos los bebés y dijo que quería quitarse el DIU. Los médicos no dejaban de preguntarle que por qué quería quitárselo. Nosotros queríamos aumentar nuestra familia de inmediato, pero pasamos por dos años de infertilidad debido a los estragos que el DIU había causado en su cuerpo, que lo dejó totalmente desincronizado. Nuestra fertilidad es el único sistema de nuestro cuerpo que no “queremos” que funcione a la perfección. Es como decir “Mi corazón late demasiado bien”. Después de tener a nuestro segundo hijo, Abby decidió convertirse en profesora de planificación familiar natural.
KC: ¿Qué voz legítima tienen los hombres en la oposición al aborto y para esas mujeres que deciden trabajar en las clínicas? ¿Dónde están los hombres en la ecuación “mi cuerpo, mi decisión”?
DJ: No abortas tu propio cuerpo. Es un problema de derechos humanos. Las mujeres son las únicas que abortan. Los hombres no abortan. Las mujeres deberían estar en la primera línea cambiando la narrativa. El aborto dice que ser madre es difícil y que no eres lo bastante fuerte. Las mujeres tienen que decir que no necesitan el aborto para empoderarse, para tener carreras profesionales, para ser madres y tener control sobre su destino, incluso cuando viene una sorpresa. Son lo bastante fuertes como para afrontarlo. En cuanto a los hombres, lo que tenemos que hacer es empezar a formar a la próxima generación de hombres para que dé un paso al frente. Tenemos que decir a los hombres que deberían ser un apoyo, una buena compañía, y hacer sentir a las mujeres que no necesitan un aborto porque siempre tendrán el sistema de apoyo que necesitan de ellos. Incluso los padres: si mi hija entrara en una relación abusiva y se encontrara en una crisis de embarazo, se mudaría con nosotros y cuidaríamos de ella y la ayudaríamos con la situación, fuera cual fuera. Así se vive el Evangelio, dando ejemplo, mostrando el camino a las personas y, como hombres, estando en la verja de la clínica abortiva rezando. Muchas mujeres en la clínica esperan que el hombre cambie de opinión y se comprometa a apoyarlas.
KC: Tu familia se unió a la Iglesia católica en la Pascua de 2012. ¿Qué os trajo al catolicismo y qué opinión tenéis del arrepentimiento? ¿Cómo habéis afrontado la culpa con Abby y encontrado libertad?
DJ: Para Abby, el hablar con otros que han pasado por lo mismo (abortos/industria abortiva) le resultó útil para sanar. Ambos caminábamos con la carga de una apabullante culpa. Yo también era cómplice. Yo la apoyé en su trabajo en Planned Parenthood y pagamos nuestras facturas con ese dinero, aceptando nuestro estilo de vida sin cuestionarlo demasiado. En ese mundo hay muchos caminos que recorres y que van en contra de cómo te criaron. Con la entrada en la Iglesia, lo que estábamos impacientes por recibir era la Eucaristía. Lo que más temíamos era la primera confesión. Lo hermoso que tiene la primera confesión como adulto es que el Espíritu Santo está ahí para recordarte que ya no tienes que seguir cargando con tus pecados. Puede depositarlos a los pies de Cristo.
La primera confesión era algo enorme tanto para Abby como para mí, pero más para Abby. Fuimos a un servicio de penitencia en Pascua con largas colas y seis sacerdotes. Abby se sentó, miró al sacerdote y directamente empezó a llorar. No sé cuántos pañuelos gastó. Fue divertido también porque yo fui justo después de ella y le dije al pobre sacerdote que yo era su marido. Al criarme protestante, solía ir a campamentos de la iglesia y los niños solían “rebautizarse” y “resalvarse”, y ahora pienso, “si hubieran tenido la confesión… Si hubieran tenido ese momento para restablecer su relación con Cristo”. La confesión fue un punto de inflexión para nosotros. Aún te queda lamentar la pérdida de los niños que abortaste, pero no puedes mortificarte. Algunos retiros posaborto enseñan a las mujeres a llorar durante el resto de su vida. Abby tuvo que sanar en público, delante de la cámara, y su historia es muy diferente a la de las demás. De aquello Abby aprendió a ayudar a los demás, a hombres y mujeres, a seguir adelante con sus vidas y recibir una curación apropiada. A veces, el movimiento provida se apresura a hacer de estas personas trofeos en los banquetes, pero no todas las personas fueron hechas como Abby. Abby nació para esto.
“Con la entrada en la Iglesia, lo que estábamos impacientes por recibir era la Eucaristía. Lo que más temíamos era la primera confesión”.
KC: ¿Qué deseas para tus propias hijas y qué mensaje tienes para las mujeres sin una sólida figura paternal, quizás incluso para aquellas heridas directamente por el aborto?
DJ: Nuestra hija Grace ahora tiene 12 años y quiere ser una oradora provida. Abby y yo alquilamos un cine para que la escuela de Grace viera Unplanned y Grace hizo un trabajo estupendo presentando la película. La escena del aborto guiado por ultrasonidos hizo llorar a Grace al instante y le cubrimos los ojos. Sin embargo, la escena que de verdad hirió sus sentimientos fue cuando Abby queda embarazada de Grace en la película y va al cuarto de baño y su jefa le dice “Sabes que podemos encargarnos de eso por ti”. No esperaba que aquello afectara a Grace tan profundamente. Abby estaba impaciente por superar el límite de 16 semanas en su embarazo, porque se sintió enormemente aliviada por que terminaran las bromas y el acoso.
A las mujeres sin una figura paternal sólida les diría que buscaran mujeres que sí tuvieron la sólida figura de un padre para que sean sus mentoras. Una mujer que sabe por lo que estás pasando pero que tuvo el ejemplo de un hombre fuerte en su educación. También tenéis ejemplos en los santos y, sobre todo, en san José: por cómo cuidó de María, cómo dijo “sí”. Se dice poco de él en la Biblia, pero lo que se dice es muy poderoso. Él aceptó criar a Jesús y enseñarle el camino como padre. A esas mujeres que no han tenido ese ejemplo en su juventud, buscad una mentora y buscad en los hombres cualidades que sean lo contrario a las que tuvisteis como ejemplo. No es malo que un hombre te abra la puerta o te ofrezca la silla para sentarte, solo intenta cuidar de ti y mostrarte respeto. No está diciendo que seas débil o que no puedas hacerlo tú misma. Solo dice “Te quiero tanto que quiero hacer todo lo que pueda por ti”. A él lo crió un cierto tipo de hombre. Busca ciertas cualidades y ten claro lo que quieres para criar a una familia en el futuro.
Kimberly Cook, Aleteia

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El Evangelio de hoy




Mateo 19:27-29 Fiesta de San Benito
 
 
Pannonhalma Arch-abbey, Renovación arquitectónica de John Pawson (nacido en 1949), Proyecto de restauración 2006-2012, © John Pawson Design
Pedro habló con Jesús. "¿Y nosotros?", dijo. "Hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué vamos a tener, entonces? Jesús le dijo: 'Os digo solemnemente que cuando todo sea hecho nuevo y el Hijo del Hombre se siente en su trono de gloria, vosotros mismos os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o tierras por causa de mi nombre, será recompensado cien veces, y también heredará la vida eterna".

ChristianArt

viernes, 10 de julio de 2020

Amenazas y prohibiciones a los sacerdotes y al obispo: persecución a la Iglesia «subterránea» china

Los católicos chinos llevan décadas sufriendo la persecución del régimen comunista
Los católicos chinos llevan décadas sufriendo la persecución del régimen comunista


sobre la persecución que el régimen comunista chino está realizando contra los católicos, pese al acuerdo provisional, y que debe renovarse en breve, entre el Vaticano y el país asiático.
En este caso las denuncias provienen de Jiangxi, donde la Iglesia subterránea se encuentra asfixiada por la persecución y tanto al obispo como a los sacerdotes se les ha prohibido realizar actividades pastorales.
Dos motivos que acentúan la persecución
Pedro Jiang, católico de aquella diócesis, ha escrito a AsiaNews para hablar de esta persecución. En su opinión, esta situación de extrema gravedad se debe a dos motivos especialmente.
El primero sería la actuación de los Nuevos Reglamentos sobre las actividades religiosas, que exigen el registro del personal y de los lugares de asamblea. Tales reglamentos, promulgados en febrero del 2018, tienen por objetivo erradicar las comunidades subterráneas y lograr el control total sobre la vida de la Iglesia. La segunda causa, según Jiang, es el Acuerdo provisional entre China y el Vaticano, firmado en septiembre del 2018, que ha envalentonado aún más al gobierno, al punto de exigir el registro antedicho, dado que – según dice – “el Vaticano está con nosotros”.
La cuestión del registro gira totalmente en torno a la orden de adherirse a una “Iglesia independiente”, sometida al Partido Comunista chino, término que para China significa “independiente de la Santa Sede”, pese a que el Vaticano ha atenuado esta interpretación.
Otro aspecto que preocupa enormemente a los fieles de esta diócesis es la experiencia de “reconciliación” que llega desde Mindong. Allí el obispo monseñor Guo Xijin, que era subterráneo, aceptó tras los acuerdos ser degradado a obispo auxiliar para ser sustituido por el prelado hasta entonces excomulgado por Roma. Sin embargo, una vez aceptado el cambio, el régimen chino tampoco aceptó a monseñor Guo como obispo auxiliar.
La diócesis de Yujiang, que hasta el 2014 estuvo guiada por Mons. Tomás Zeng Jingmu, un mártir de la fe, cuenta con alrededor de 20.000 fieles. Sin embargo, no está reconocida por el gobierno, que ha reestructurado las tradicionales diócesis, unificando cinco en una sola diócesis: Nanchang.
Amenazas y expulsiones
Para la iglesia subterránea de Yujiang (Jiangxi), las asperezas han ido en aumento. Ahora ya han prohibido a todo el clero subterráneo realizar actividades pastorales de cualquier tipo, inclusive predicar. La situación ha empeorado y se ha vuelto más escabrosa y desigual que en el pasado.
En los últimos dos años, muchas iglesias subterráneas y lugares de encuentro fueron clausurados. Los fieles reciben amenazas si se atreven a alojar actividades religiosas. El gobierno incluso ha expulsado a algunos sacerdotes, para sustituirlos por curas oficialistas. Sin embargo, los parroquianos de las comunidades subterráneas no concuerdan con esta reorganización del gobierno y se niegan a participar en las ceremonias religiosas presididas por sacerdotes aprobados por el gobierno.  El hecho de que se nieguen a participar en las misas también es fuente de problemas para la Iglesia oficial.
ReL
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¿Es el ‘Slow sex’ el camino para la satisfacción sexual del hombre y de la mujer?




Amarse de forma plena y consciente. ¿Es el último mantra de moda o una práctica sexual milenaria?

Hoy en día, un gran número de terapias recomiendan vivir “con plena consciencia”. Para disfrutar plenamente el instante presente y disminuir así las fuentes de estrés, se invita a meditar con plena consciencia, a comer con plena consciencia, a hacer turismo con plena consciencia, a dar a luz con plena consciencia… e incluso a amarse con plena consciencia.
Esta última es la idea que han desarrollado durante veinte años Diana y Michael Richardson con el nombre de slow sex. Se trata de vivir de otra forma la sexualidad que permite al hombre y a la mujer unirse, esperarse, pero que comporta también una serie de límites.

Estar presente en la experiencia del momento

El slow sex invita a tomarnos nuestro tiempo, a conectar con nuestro cuerpo y con el de la otra persona, a estar atentos a nuestras sensaciones corporales interiores, con el objetivo de amarnos mejor.  Esta forma de sexualidad “parte del principio de que el deseo, la fantasía, la excitación con vistas a un orgasmo, son proyecciones en un futuro o en un pasado que no permiten estar presentes enteramente en la experiencia del momento”, explica Cécile de Williencourt, matrona autora del libro Trésors de femme (“Tesoros de mujer”, editorial Mame).
“La práctica del slow sex permite a cada miembro de la pareja conectar con su cuerpo, pero también estar atento a los deseos de cada uno para acceder juntos al placer. Se trata de ubicar nuestra atención en lo que vive el cuerpo, renunciando a lo mental que imagina, recuerda o espera”.
Lo mental que espera el orgasmo, por ejemplo, considerado a veces como el objetivo que alcanzar. Pero el amor con plena consciencia no tiene ningún objetivo más que el de estar plenamente presentes en la relación.
“La búsqueda del orgasmo a cualquier precio nos aleja de lo que vivimos en el instante”, precisa Cécile de Williencourt.
Presencia, lentitud, delicadeza… son palabras clave para aprender esta forma de sexualidad compartida, vivida en los dos, al mismo ritmo. Lo que cuenta es crear un vínculo, no lograr el éxtasis. De ahí la importancia de los preliminares, de las palabras, de las miradas… para convertir la experiencia en una auténtica intimidad conyugal.

El slow sex, ¿una respuesta a la manera en que Dios creó al hombre y la mujer?

El ritmo de la sexualidad masculina no se ajusta siempre al de la sexualidad femenina. Este desajuste ha dado materia de reflexión a los esposos y terapeutas cristianos John y Stasi Eldredge: “Fijémonos en que Dios creó la sexualidad de la mujer de forma tal que su crescendo sexual exige a menudo –no siempre, pero sí a menudo– más tiempo que el del hombre. (…) ¿Por qué hizo Dios las cosas así? (…). El fuerte contraste entre nuestros dos modos de deseo y de orgasmos debe tener un motivo. (…) Dios pide al hombre que dedique tiempo –para cortejar, amar, ser delicado previamente– para que la mujer pueda conocer el mismo arrebatamiento que élEso exige una ausencia de egoísmo por parte de él”, escriben en su obra de referencia Amor y guerra. Seducir, amar, ser delicados… Estas son otras nociones que ha vuelto a poner de moda el slow sex. Sin embargo, ¿la armonía de los cuerpos basta para la realización conyugal plena?

Los límites del slow sex

La primera trampa del slow sex estaría en hacer de ello un absoluto. Luchar contra toda forma de presión se convierte finalmente en una presión en sí misma. La deriva estaría en erigir las sensaciones corporales, la lentitud y la plena consciencia como objetivos que conseguir, incluso cuando el slow sex se reivindica como una práctica alejada de la carrera del rendimiento.
Otra deriva es que el slow sex antepone el hecho de que gracias a la intimidad de los cuerpos la pareja logra una cierta intimidad espiritual. La perspectiva cristiana, en cambio, promete lo contrario: es primero la intimidad de los corazones la que permite acceder de manera libre, consentida y dichosa a la intimidad de los cuerpos.
La intuición de Juan Pablo II, registrada en sus catequesis sobre la teología del cuerpo, precisa bien que la unión sexual de los cuerpos presupone la unión de los corazones. Y cuanto mayor intimidad espiritual haya entre los cónyuges, más natural y fácil será la armonía de los cuerpos.
Así que si queremos tender hacia una sexualidad conyugal más intensa, ¡más vale comenzar por cuidar la relación con la pareja en su globalidad (corazón, cuerpo y mente) que hacer entrenamientos de slow sex!
Siempre según una visión cristiana, la sexualidad es ante todo una cuestión de entrega mutua, a través de los cuerpos. El hombre “no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”, leemos en Gaudium et Spes.
Lo que importa en la unión sexual de los esposos no es poner en práctica todo lo posible para experimentar sensaciones corporales agradables, sino más bien aflorar plena y totalmente ese deseo de entregarse gratuitamente el uno al otro.
Por último, el slow sex, por sus orígenes tántricos e hinduistas, está alejado de Dios. Según sus adeptos, el amor es generado por la armonía perfecta entre dos cuerpos.
Para los cristianos, la fuente de amor no es un adecuado rendimiento físico y sexual, sino que es Dios solo. Y es Dios quien preparó al ser humano para el don de la sexualidad.
“Dios mismo creó la sexualidad, que es un regalo maravilloso para sus creaturas”, subraya el papa Francisco en Amoris Laetitia. “¡Coman, amigos míos, beban, y embriáguense de amor!” (Ct 5,1) canta el estribillo de Cantar de los cantares.
Por tanto, practiquemos la consciencia plena, sin duda, pero ante todo la que sitúa la sexualidad como un regalo y un proyecto de Dios para las personas.
Mathilde De Robien, Aleteia
Vea también La Misión de la Familia Cristiana en el Mundo de hoy -  Busque El Designio de Dios