viernes, 20 de octubre de 2017

La lección más importante que aprendí como padre, la aprendí en la cruz

En los últimos 32 años, Dios me ha enseñado algo

Este mes de junio hizo 32 años que fui padre por primera vez. Antes de volver a casa aquella noche increíble, reflexioné sobre los acontecimientos de aquel día y, con un poco de temor, me di cuenta de que no tenía ni idea de cómo ser padre.
No sabía nada de pañales ni de cepillar pelo rizado ni de vestir muñecas Barbie. No sabía cómo ayudar a alguien a leer y hacer cálculos, cómo dar con un bate a una pelota de béisbol y patear una de fútbol, cómo manejar una situación de ruptura con un novio o una novia.
(Por suerte, la primera hija y los tres hermanos que la siguieron tienen a una madre que resolvió la mayoría de esas cosas rápidamente o que, al menos, fingió muy bien saber lo que hacía hasta que de hecho encontraba la solución).
Pero yo… ni idea. Y temía que jamás aprendería.
Así que, aquella primera noche, de pie observando el moisés de hospital donde dormía mi pequeña mientras mi esposa disfrutaba de unos merecidos momentos de sueño al lado, extendí mis manos sobre Jessica, cerré los ojos y recé algo casi exactamente así:
“Dios, me has hecho padre. Estoy seguro de que tienes buenas razones para hacerlo… pero no siento ninguna confianza en esta función que me has concedido. Así que lo único que puedo hacer es entregarte a Jessica. Enséñame cómo quererla. Enséñame cómo guiarla. Dios, ya siento tantísimo amor por ella que apenas puedo contenerlo. No creo que pudiera soportarlo si la viera lastimada o sufriendo. De modo que, por favor, ¿puedo hacer un trato contigo? Si le espera algún sufrimiento, por favor, ponme a mí en su lugar. Que mi cuerpo reciba los golpes que la vida le aguarde. Que mi corazón experimente las desdichas. Muéstrale la felicidad y desvía todo el dolor hacia mí”.
Pronuncié básicamente la misma oración tres veces más en el nacimiento de mis otros hijos.
De hecho, no dejé de susurrar la oración cuando salí del hospital los días de sus nacimientos. Normalmente, por entonces no llegaba a casa de trabajar hasta bastante tarde, mucho después de que todo el mundo se hubiera ido ya a dormir. Cuando eran niños o incluso adolescentes, solía observarles desde la puerta de sus dormitorios o acercarme a sus camas. Disfrutaba de su paz y daba gracias a Dios por ellos. Extendía mis manos y repetía la misma oración.
“Señor, toma toda herida dirigida a su corazón y dirígela al mío en su lugar”.
¿Era la oración de un padre amoroso? Más o menos. Pero también era errónea.
Todo lo que tenemos que hacer es mirar al crucifijo para darnos cuenta de que mi deseo de asumir los sufrimientos de mis hijos es un eco del propio deseo de Dios. Y en Su divinidad, Él, de hecho, puede hacerlo. Sufrió y murió para que nosotros no tuviéramos que hacerlo, al menos no eternamente.
Pero al mismo tiempo, en la fuerza y creatividad de Su sabiduría y en Su respeto a nuestro libre albedrío, también logra extraer bien del sufrimiento que hemos traído sobre nosotros mismos con el pecado original y todo lo que siguió. Así que quizás mi oración debió haber sido algo más parecido a: “Cuando mi hija se enfrente a los desafíos de esta vida, por favor, garantiza que sepa que estás con ella, que nunca sufrirá sola”.
Cuando recuerdo los desafíos de mi propia vida, sé que eso es lo que ha hecho Dios. Mi fe relativamente débil, torpe y todavía creciente ha encontrado su mayor progreso durante los momentos difíciles. Muertes de amigos y abuelos. Inseguridad laboral y económica. Esperar los resultados de análisis médicos de alguien o seguir hasta el hospital a una ambulancia con una hija dentro. Cada vez que mi esposa sufría de cualquier manera. Cada vez que mi estrés no me permitió compartir cómodamente el tiempo con familiares o amigos o cuando el rugiente león de la depresión me empujó a espacios aterradores. En cada situación y otras muchas otras, supe que había un único lugar de gracia al que recurrir.
A veces, intenté hacerlo yo solo, con resultados pésimos. Otras veces, invoqué a Dios y le supliqué que me amara a través de mis oscuras circunstancias. En estos casos, emergí con una fe y un amor mayores hacia mi Señor.
Así que he dejado de decir la oración que recé en el nacimiento de mi primera hija. Ya no la rezo para mis nietos. En vez de eso, digo: “Hágase Tu voluntad”.
Quizás, a veces Dios permita que una gran cantidad de dolor y pena abrume a mis hijos. Después de todo, así es la vida en este mundo caído. Y yo sufriré con ellos cuando lo vea. Pero tengo que recomponerme y percatarme del resto de la voluntad de Dios: Él permite que sufran Sus hijos porque Él sabe que los acompañará de esa forma amorosa e increíble que solo Dios puede.
Resulta que Dios puede enseñar incluso a un hombre torpe como yo a ser un padre lleno de fe.
Mike Eisenbath, aleteia

261 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Sacramento del matrimonio


261. ¿Cómo se lleva a cabo el sacramento del Matrimonio?


El SACRAMENTO del Matrimonio se lleva a cabo mediante una promesa hecha ante Dios y ante la Iglesia, que es aceptada y sellada por Dios y se consuma por la unión corporal de los esposos. Dado que es Dios mismo quien anuda el vínculo del matrimonio sacramental, este vínculo une hasta la muerte de uno de los contrayentes. [1625-­1631]

El sacramento del Matrimonio se lo confieren el hombre y la mujer recíprocamente. El PRESBÍTERO o el DIÁCONO invoca la  BENDICIÓN de Dios sobre la pareja y es únicamente el testigo cualificado de que el matrimonio se celebra en las condiciones adecuadas y de que la promesa se da completa y en público. El matrimonio sólo tiene lugar cuando hay un consentimiento matrimonial, es decir, cuando el hombre y la mujer, libremente y sin temor o coacción quieren el matrimonio y cuando no están impedidos para contraerlo por otros compromisos naturales o eclesiales (matrimonio ya contraído, promesa del celibato).



 Sacramento del matrimonio

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* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido.

jueves, 19 de octubre de 2017

260 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

 hombre y mujer el uno para el otro

260. ¿Por qué ha hecho Dios al hombre y a la mujer el uno para el otro?
Dios ha hecho al hombre y a la mujer el uno para el otro para que «ya no sean dos, sino una sola carne» (Mt 19,6): de esta forma deben vivir el amor, ser fecundos y así convertirse en signo del mismo Dios, que no es otra cosa que amor desbordante. [1601- 1605


  hombre y mujer el uno para el otro


* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido.

Los consejos de santa Teresita de Lisieux para soportar a la gente antipática

Como ella misma fue una persona difícil, 
la “pequeña flor” dominaba el arte de la empatía.

Santa Teresa de Lisieux tiene reputación de haber sido una mujer tranquila y modesta. Esta descripción se ajusta perfectamente a ella: después de todo, no se apoda “pequeña flor” a alguien que difunde insultos por Twitter o que reparte críticas con ligereza contra los demás.
No, santa Teresita desarrolló la habilidad de tratar con gente desagradable con tanta dulzura que estas personas pensaban, erróneamente, que ella les tenía un cariño especial. Todos tenemos personas antipáticas en nuestras vidas con las que, sencillamente, no nos llevamos bien, que quizás nos dan la impresión de que solo existen para molestarnos o que nos hacen rechinar los dientes.
Siempre está esa persona que nos hace resoplar cuando nos enteramos de que estará en la misma fiesta que nosotros o con quien evitamos cualquier contacto visual cuando nos cruzamos con ella y sacamos de repente nuestro teléfono para fingir que miramos unos mensajes importantísimos.
No podemos escapar completamente de esas personas porque, como muestra la experiencia de santa Teresa, están por todas partes, incluso en conventos llenos de monjas. Santa Teresa dominó rápidamente el arte de tratar con estas personas difíciles y aprendió a mostrar empatía por ellas. Tal vez fue porque la propia Teresita fue una persona difícil en su juventud.
Contrariamente a su reputación, santa Teresa de Lisieux nació con una naturaleza violenta. Su madre decía de ella: “coge unas rabietas terribles cuando las cosas no salen a su gusto y se revuelca por el suelo como una desesperada pensando que todo está perdido. Hay momentos en que es más fuerte que ella, y se le corta la respiración”.
Ella misma asegura en su autobiografía Historia de un alma que, de no haber tenido unos padres tan buenos que la ayudaron a remediar este defecto de carácter, fácilmente podría “salido muy mala”.
Cuando hacía poco que era religiosa, escribió: “Todo en este convento me ha encantado”, pero rápidamente aprendió que, al igual que tenía tendencias antipáticas y debía progresar, pasaba lo mismo con las otras mujeres con las que vivía.
Sobre todo, tuvo problemas con su nueva superiora, la priora, que era severa con ella. “No podía cruzarme con ella sin tener que besar el suelo”, cuenta Teresa, que afirma que el simple acto de hacer la limpieza se convertía en una ocasión para ser humillada: “Una vez, recuerdo que había dejado en el claustro una telaraña y me dijo delante de toda la comunidad: ‘¡Pensaba que nuestros claustros los había barrido una niña de quince años!’”.
Esta humillación pública es parte de una larga serie de acusaciones de pereza, y la priora a menudo proclamaba: “¡Esta niña no hace absolutamente nada!”. Sin embargo, Teresa tuvo que aprender a vivir con la priora porque, para bien o para mal, pasaron la mayor parte de sus vidas la una junto a la otra. Antes de que la situación mejorara, empeoró, y santa Teresa dice que las cosas empeoraron tanto que le preocupaba tener un problema imposible de resolver. Con el tiempo, se dio cuenta de que el problema no era su culpa y que tendría que aprender a vivir con una persona antipática en su vida. Aquí están sus consejos.

Busca tu auténtica valía

Las personas antipáticas son incansablemente negativas. Encuentran algo que no les gusta, sea cierto o no, y se concentran en ello. La priora, por ejemplo, había decretado que Teresa era perezosa y se lo recordaba continuamente. Después de algún tiempo, es imposible no preguntarse si todas estas críticas estarán justificadas, porque se repiten todo el tiempo, y aunque sean totalmente falsas, eres víctima de este constante torrente de negatividad. Teresa resolvió este problema dejando de dar importancia a lo que su detractora pensara y buscando su verdadera valía interior.
Decidió hacer su trabajo silenciosamente y sin llamar la atención, para satisfacer su propia estima y honrar a Dios. En realidad, a menudo daba el crédito de su trabajo a otros porque sabía que les alegraría. Cuando dejó de preocuparse por si la priora había apreciado su trabajo o si la había calificado de vaga, de repente se liberó de la negatividad.

No desperdicies tu energía en vano

Con esto, Teresa no quiere decir que debamos ser indolentes, sino que cuando nos acusan o encasillan erróneamente, no debemos dejarnos atrapar en la batalla. Cuando la priora constantemente acusaba a Teresita de ser perezosa, ella podría haber contestado y comenzado un altercado verbal, pero sabía que nada de lo que podría haber dicho cambiaría la situación.
Por ejemplo, cuenta la anécdota de que apareció un vaso roto en el convento y que se le acusó erróneamente de no haber recogido los pedazos. Se dio cuenta de que no importaba quién lo había dejado allí en realidad y que no valía la pena el esfuerzo de probar su inocencia por un vaso roto, así que no dijo nada y lo recogió. Con el tiempo, las acciones dicen más que las palabras, e incluso las personas antipáticas quedan persuadidas por la consistencia de una persona que despliega su energía para desafiar las expectativas.

Perfecciona tu capacidad para amar

Es fácil amar a tu familia y amigos, pero es difícil amar pase lo que pase a una persona que no parece tener ninguna capacidad de redención. Teresa habla de una monja por la que sentía una aversión natural y de cómo se dio cuenta de que, porque el amor es un acto y no un sentimiento, esta monja iba a enseñarle a amar mejor. Recuerda, Teresa misma había cambiado gracias al amor y la paciencia de sus padres, así que ella conocía el poder de amar a alguien que parecía detestable.
Según dijo: “Trataba de prestarle todos los servicios que podía; y cuando sentía la tentación de contestarle de manera desagradable, me limitaba a dirigirle la más encantadora de mis sonrisas”. Después de cierto tiempo, confiesa que sus sentimientos comenzaron a cambiar de verdad. En definitiva, una persona difícil únicamente puede hacernos daño si nosotros se lo permitimos. Como ha demostrado Teresa, siempre hay una alternativa. Quizás sea difícil e incluso puede parecer imposible, pero su propio ejemplo nos revela que incluso la persona más antipática tiene el potencial de convertirse en santa.
MICHAEL RENNIER, aleteia

miércoles, 18 de octubre de 2017

¿Quiénes son los “campeones” del Rosario?

Durante 800 años, muchos santos lo rezaron y cambiaron el mundo.
Descubre quiénes son

Al sacerdote estadounidense Donald Calloway (1972) le encanta el Rosario. De hecho, confiesa, en un reciente artículo publicado en Catholic Exchange que nunca podrá decir lo suficiente “sobre el poder y la maravilla de las benditas cuentas de Nuestra Señora”.
Por este amor al Rosario, el padre Calloway –quien pertenece a la Congregación de Padres Marianos de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María– pasó tres años investigando todo lo referente a esta oración mariana por excelencia, para escribir el libro Campeones del Rosario. La Historia y los Héroes de esta Arma Espiritual.
En este libro, el sacerdote cuyos libros favoritos son La Verdadera Devoción a María (San Luis de Montfort), El Primer Amor del Mundo (Fulton J. Sheen ) y el Diario de Santa Faustina, realiza una historia completa del Rosario, sugerencias útiles sobre cómo rezarlo y enlista a quienes él considera son los 26 más grandes campeones del Rosario.
¿Quiénes son estos campeones? Son los que se destacan en los 800 años de historia del Rosario como los principales promotores y héroes de la forma preeminente con la que la Iglesia presenta la más alta devoción a Nuestra Señora.

De Santo Domingo a Santa Teresa de Calcuta

El primer campeón fue Santo Domingo. Es el fundador del Rosario, de la Orden de los Predicadores (Dominicos), y de la Cofradía del Rosario. “Era un sacerdote muy santo y Nuestra Señora le confió la poderosa espada espiritual del Rosario. Después de él, han habido muchos otros que han defendido esta devoción y han ayudado a extenderla hasta los confines de la tierra”, escribe el padre Calloway.
Los “campeones papales del Rosario” son el Papa Pío V; el Papa León XIII y San Juan Pablo II. El Papa Pío V defendió con el Rosario a la civilización occidental de la conquista islámica; León XIII escribió once encíclicas sobre el Rosario, y San Juan Pablo II insertó el jueves el rezo de los Misterios Luminosos.
En lo que respecta a los santos, el padre Calloway apunta dos nombres, principalmente: San Luis de Montfort y San Antonio María Claret. “San Luis de Montfort escribió uno de los libros más grandes jamás escritos en el Rosario, y San Antonio María Claret ordenó que cada sacerdote de su diócesis rezara el Rosario con sus feligreses los domingos y solemnidades”.
Entre los santos modernos, contemporáneos, señala a San Josemaría Escrivá, San Pío de Pietrelcina y Santa Teresa de Calcuta quienes “daban testimonio de las benditas cuentas por casi siempre tener un Rosario en la mano”.

Campeones curiosos

El padre Calloway narra en su libro y en su artículo de Catholic Exchange la historia del Beato Bartolo Longo. Napolitano que regresó al catolicismo por el Rosario, tras ser “ordenado” sacerdote satánico. Fue el fundador del santuario de Nuestra Señora del Rosario en Pompeya. “Su amor por Jesús y María no conocía límites y también inició muchas obras de misericordia para ayudar a huérfanos, viudas y enfermos”.
Luego está el Siervo de Dios Frank Duff, fundador del mayor apostolado mariano del mundo, la Legión de María. Exigió a todos los miembros de la Legión que rezaran el Rosario; Mao Tse-tung, el líder comunista y padre de la República Popular de China, una vez se refirió a la Legión de María como “Enemigo Público Número Uno”, dice el padre Calloway.
Habla de la Hermana Lucia Dos Santos, Sierva de Dios y vidente de Fátima, quien “fue instruida explícitamente por Nuestra Señora para aprender a leer y escribir para promover el Rosario en el mundo”.
Y narra la que, quizás, sea una de las historias “más inspiradores en la larga letanía de los promotores del Rosario: la del Siervo de Dios Patrick Peyton. Este santo sacerdote reunió a más personas para rezar el Rosario que cualquier otra persona en la historia de la Iglesia” en las calles de Brasil, Colombia y Filipinas para rezar el Rosario “y vencer pacíficamente, dice el sacerdote estadounidense, dictadores políticos y regímenes ideológicos; incluso reunió a medio millón de personas en un parque en San Francisco para rezar el Rosario en 1961”.

26 Campeones del Rosario

Los hombres y mujeres mencionados arriba son sólo una muestra de los grandes campeones del Rosario del nuevo libro del padre Calloway: 26 Campeones del Rosario: La Guía Esencial de los Grandes Héroes del Rosario . Sin embargo, es importante, dice el autor del texto, que este nuevo libro se lea no solo acerca de estos “héroes”, sino que cada uno puede serlo.
Hace cien años, recuerda el padre Calloway, Nuestra Señora vino a Fátima, Portugal, y pidió a los tres pastorcitos que oraran diariamente el Rosario por la conversión y la paz en el mundo. Durante la última aparición del 13 de octubre de 1917, María se refirió específicamente a sí misma como “La Dama del Rosario”.
“El Rosario está en el corazón del mensaje de Fátima y necesitamos el Rosario en nuestras vidas, hoy más que nunca”, termina diciendo el padre. Donald Calloway, quien es actualmente Vicario Provincial y Director de Vocaciones de la Congregación de Padres Marianos de la Inmaculada Concepción, en Estados Unidos.
Jaime Septién, aleteia

4 hábitos poderosos que todo Cristiano necesita practicar a diario

Necesitamos incorporar gradualmente estos hábitos en nuestras vidas
para asegurar el éxito

Aproximadamente al mismo tiempo que descubrí que necesitaba un retiro anual para rejuvenecer mi vida de oración, me topé con un artículo del padre John McCloskey llamado “Los siete hábitos diarios de la gente santa y apostólica”. Me impactó y me dio el empujón y la motivación para comprometerme a la oración diaria. Supe que debía incorporar más la oración en mi vida diaria, pero no sabía cómo.
Los siete hábitos diarios de la gente santa y apostólica fueron la clave para que yo me abriera a un nuevo mundo de oración.
Sin embargo, los siete hábitos que el padre McCloskey sugiere pueden ser desalentadores a veces. Es por eso que les sugiero comenzar con cuatro hábitos diarios que considero que todo Cristiano necesita para adaptarse a vivir bajo la sombra de Dios.
Recuerda, Roma no fue conquistada en un día; necesitamos incorporar gradualmente estos hábitos en nuestras vidas para asegurar el éxito. He aquí los esenciales:
Ofrecimiento de las mañanas
15 Minutos de lectura espiritual
15 Minutos de oración mental
Examen de conciencia por las noches
Estos hábitos (junto con los tres adicionales que mencionaré más adelante) buscan profundizar nuestra relación con Dios. Esta relación, de la misma manera que cualquier amistad o matrimonio, sufrirá si no se fortalece con momentos de conversación regular. Nunca hubiese podido casarme con mi esposa, si no le hubiese hablado. Es simplemente sentido común, si quieres llegar a conocer a alguien, debes pasar tiempo con él o ella.

Lo mismo sucede con Dios

Si queremos crecer en nuestra relación con Dios, debemos dedicar tiempo regularmente a conversar con Él. Cuando lleguemos las puertas del paraíso Celestial, queremos que nuestra experiencia sea una reunión entre viejos amigos y no un encuentro entre extraños.

¿Qué significan cada uno de estos hábitos? Examinemos cada uno de ellos:

1.- Ofrecimiento de las Mañanas
El padre McCloskey describe el ofrecimiento de la mañana como “arrodillarse y usar tus propias palabras, o una fórmula, para ofrecer el día que está por comenzar para la gloria de Dios”. Puedes escoger la oración de ofrecimiento que quieras. Yo personalmente uso el “Serviam” en cuanto me despierto. Es sencilla pero muy poderosa.
Una oración de ofrecimiento muy popular es la de Santa Teresa de Lisieux:
“Dios mío, te ofrezco todas las acciones que hoy realice por las intenciones del Sagrado Corazón y para su gloria. Quiero santificar los latidos de mi corazón, mis pensamiento y mis obras más sencillas uniéndolo todo a Sus méritos infinitos, y reparar mis faltas arrojándolas al horno ardiente de Su amor misericordioso.
Dios mío, te pido para mí y para todos mis seres queridos la gracia de cumplir con toda perfección Tu voluntad y aceptar por Tu amor las alegrías y lo sufrimientos de esta vida pasajera, para que un día podamos reunirnos en el cielo por toda la eternidad. Amén”.
Al realizar una oración de ofrecimiento en la mañana, le dedicas el resto del día a Dios; lo que te prepara a la vez para enfrentar cualquier cosa que se venga ese día.
2.- 15 Minutos de lectura espiritual
Esto es “unos pocos minutos de lectura sistemática del Nuevo Testamento para identificarnos a nosotros mismos con las palabras y acciones de nuestro Salvador, y el resto del tiempo dedicarlo a la lectura de un libro clásico de espiritualidad Católica – preferiblemente recomendado por tu consejero espiritual. Como decía San Josemaría Escrivá:
“No descuides tu lectura espiritual. La lectura ha formado muchos santos” (El Camino, 116).
Una manera de cumplir con esto es leer la lectura del Evangelio del día y luego encontrar un libro espiritual que te ayudará a crecer en tu relación con Dios.
3.- 15 Minutos de oración mental
La oración mental es muy sencilla, aunque no se da sin distracciones. Consiste en un momento “corazón a corazón” con Dios, dejando tiempo para hablar y escuchar. Dios está extremadamente interesado en qué te perturba y qué sucede en tu vida. De forma similar a como un padre se interesa en el día de sus hijos después de la escuela. Dios quiere conocer (aunque Él ya conoce) todo acerca de tu vida.
La razón por la que Él quiere conocer tus más profundos deseos es porque eso te atrae hacia Él. Como en cualquier relación, cuando le revelas a otra persona tus sentimientos empiezas a compartir este lazo invisible que puede durar toda una vida.
4.- Examen de conciencia por las noches
El padre McCloskey explica cómo hacer un examen de conciencia antes de ir a la cama:
– Te sientas, llamas al Espíritu Santo para que te ilumine y repasas por algunos minutos tu día en la presencia de Dios preguntándote si te has comportado como un hijo de Dios en casa, en el trabajo, con tus amigos.
– También debes ver esa área particular que has identificado con ayuda de la dirección espiritual en la que sabes debes mejorar para convertirte en santo.
– Puedes, además, dar un vistazo y ver si has sido fiel a esos hábitos diarios que hemos discutido en este artículo.
– Luego, haces una acción de gracias por todo lo bueno que has hecho y un acto de contrición por todas las áreas donde has fallado deliberadamente.
– Ahora es tiempo de tu merecido descanso, por el que luchas para que sea santo por medio de tu diálogo interior con la Santísima Trinidad y tu madre María mientras eres empujado al sueño.
Esto es importante y ayuda a prepararse para la próxima confesión. Es muy saludable examinar tus faltas y fracasos y pedir la ayuda de Dios para superarlos. El Divino Doctor sanará cualquier cosa que le digamos que está mal con nuestra alma. En ocasiones, Su medicina no será fácil de digerir, pero Él nos da el remedio que nos ayuda a avanzar más rápido en el camino hacia la Vida Eterna.
Los otros tres hábitos diarios que el padre McCloskey sugiere son: la Misa diaria, el Santo Rosario y orar con el Ángelus. Sugiero comenzar con los cuatro primeros antes de intentar estos últimos tres. Son un poco más difíciles de cumplir dependiendo de nuestro estado en la vida.
 Philip Kosloski, aleteia


259 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.


 sacerdocio común de los fieles

259. ¿En qué se diferencia el sacerdocio común de los fieles del sacerdocio ordenado?

Por el Bautismo Cristo nos ha convertido en un reino de «sacerdotes para Dios, su Padre» (Ap 1,6). Por el sacerdocio común, todo cristiano está llamado a actuar en el mundo en nombre de Dios y a transmitirle su bendición y su gracia. Sin embargo, en el Cenáculo y en el envío de los APÓSTOLES, Cristo ha dotado a algunos con un poder sagrado para el servicio de los creyentes; estos sacerdotes ordenados representan a Cristo como pastores de su pueblo y cabeza de su Cuerpo, la Iglesia. [1546­-1553, 1592]

La misma palabra «sacerdote» usada para expresar dos realidades relacionadas, pero con una diferencia «esencial y no sólo en grado» (Concilio Vaticano II, LG), lleva a menudo a confusión. Por un lado tenemos que darnos cuenta con gozo de que todos los bautizados somos sacerdotes, porque vivimos en Cristo y participamos de todo lo que él es y hace. ¿Por qué entonces no pedimos constantemente BENDICIONES para este mundo? Por otra parte tenemos que descubrir de nuevo el don de Dios a su Iglesia, que son los sacerdotes ordenados, que representan entre nosotros al mismo Señor.


sacerdocio ministerial y sacerdocio común de los fieles
* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido.