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sábado, 31 de diciembre de 2022

La bondad: un antídoto contra algunas patologías sociales. Palabras del Papa para concluir 2022

Conclusión Del Año Civil En El Vaticano. Foto: Vatican Media

Homilía del Papa en ocasión de las vísperas de la solemnidad de María, madre de Dios.

(ZENIT Noticias / Ciudad del Vaticano, 31.12.2022).- A las 17 horas de este sábado 31 de diciembre, el Papa Francisco presidió en la basílica de San Pedro, las primeras Vísperas de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, a las que siguieron la exposición del Santísimo Sacramento, el tradicional canto del himno «Te Deum», como conclusión del año civil, y la Bendición Eucarística. Al final de la celebración, el Papa Francisco visitó el Belén instalado en la Plaza de San Pedro. Ofrecemos la traducción al español de la homilía del Papa que giró en torno a la gentileza como virtud cívica.

***

«Nacido de mujer» (Gal 4:4).

Cuando, en la plenitud de los tiempos, Dios se hizo hombre, no vino al mundo bajando en picado del cielo; nació de María. No nació en una mujer, sino de una mujer. Esto es esencialmente diferente: significa que Dios quiso tomar carne de ella. No la utilizó, sino que le pidió su «sí», su consentimiento. Y con ella inició el lento camino de la gestación de una humanidad libre de pecado y llena de gracia y de verdad, llena de amor y de fidelidad. Una humanidad bella, buena y verdadera, a imagen y semejanza de Dios, pero tejida con nuestra carne ofrecida por María; nunca sin ella; siempre con su consentimiento; en libertad, en gratuidad, en respeto, en amor.

Este es el camino que Dios ha elegido para entrar en el mundo y en la historia, este es el camino. Y este camino es esencial, tan esencial como el hecho mismo de que haya venido. La maternidad divina de María -la maternidad virginal, la virginidad fecunda- es el camino que revela el respeto extremo de Dios por nuestra libertad. Quien nos creó sin nosotros no quiere salvarnos sin nosotros (cf. San Agustín, Sermo CLXIX, 13).

Este camino de su venida para salvarnos es el camino por el que Él también nos invita a seguirle, a continuar junto a Él tejiendo la humanidad nueva, libre y reconciliada. Es un estilo, una forma de relacionarnos de la que derivan las muchas virtudes humanas de la buena y digna convivencia. Una de estas virtudes es la bondad, como forma de vida que fomenta la fraternidad y la amistad social (cf. Enc. Fratelli tutti, 222-224).

Y hablando de bondad, en este momento, nuestro pensamiento se dirige espontáneamente a nuestro querido Papa emérito Benedicto XVI, que nos ha dejado esta mañana. Con emoción recordamos su persona tan noble, tan bondadosa. Y sentimos tanta gratitud en el corazón: gratitud a Dios por haberle dado a la Iglesia y al mundo; gratitud a él, por todo el bien que ha realizado, y especialmente por su testimonio de fe y de oración, sobre todo en estos últimos años de su vida retirada. Sólo Dios conoce el valor y la fuerza de su intercesión, de sus sacrificios ofrecidos por el bien de la Iglesia.

Esta tarde quisiera volver a proponer la bondad también como virtud cívica, pensando en particular en nuestra Diócesis de Roma.

[Amabilidad: un factor de la cultura del diálogo]

La amabilidad es un factor importante de la cultura del diálogoy el diálogo es indispensable si queremos vivir en paz, como hermanos, que no siempre se llevan bien -es normal- pero que, sin embargo, hablan entre sí, se escuchan e intentan comprenderse y encontrarse. Basta pensar «qué sería del mundo sin el diálogo paciente de tantas personas generosas que han mantenido unidas a familias y comunidades». El diálogo persistente y valiente no aparece en los titulares como los enfrentamientos y los conflictos, y sin embargo ayuda discretamente al mundo a vivir mejor» (ibíd., 198). La amabilidad forma parte del diálogo.  No es sólo una cuestión de «etiqueta»; no es una cuestión de «etiqueta», de formas galantes… No, no es esto a lo que nos referimos al hablar de cortesía. Por el contrario, es una virtud que hay que recuperar y ejercitar cada día, para ir contracorriente y humanizar nuestras sociedades.

De hecho, los daños del individualismo consumista están a la vista de todos. Y el daño más grave es que los demás, las personas que nos rodean, se perciben como obstáculos a nuestra tranquilidad, a nuestra comodidad. Otros nos «incomodan», nos molestan, nos quitan tiempo y recursos para hacer lo que nos gusta. Las sociedades individualistas y consumistas tienden a ser agresivas, porque los demás son competidores con los que hay que competir (cf. ibíd., 222). Sin embargo, dentro de estas mismas sociedades nuestras, e incluso en las situaciones más difíciles, hay personas que demuestran que «todavía es posible elegir la bondad» y así, con su estilo de vida, «se convierten en estrellas en medio de la oscuridad» (ibíd.).

San Pablo, en la misma Carta a los Gálatas de la que está tomada la Lectura de esta liturgia, habla de los frutos del Espíritu Santo, y entre ellos menciona uno con la palabra griega “chrestotes” (cf. 5,22). Esto es lo que podemos entender por «bondad»: una actitud benévola, que apoya y reconforta a los demás evitando toda dureza y aspereza. Modo de tratar al prójimo, cuidando de no herir con palabras o gestos; procurando aligerar las cargas de los demás, animar, consolar, confortar; sin humillar, mortificar o despreciar nunca (cf. Hermanos Todos, 223).

[La bondad: un antídoto contra patologías sociales]

La bondad es un antídoto contra algunas patologías de nuestras sociedades: contra la crueldad, que desgraciadamente puede introducirse como un veneno en el corazón e intoxicar las relaciones; contra la ansiedad distraída y el frenesí que nos hacen centrarnos en nosotros mismos y cerrarnos a los demás (cf. ibíd., 224).

Estas «enfermedades» de nuestra vida cotidiana nos vuelven agresivos e incapaces de pedir «permiso», o «perdón», o simplemente decir «gracias». Y así, cuando en la calle, o en una tienda, o en una oficina nos encontramos con una persona amable, nos asombramos, nos parece un pequeño milagro, porque desgraciadamente la amabilidad ya no es muy común. Pero, gracias a Dios, todavía hay personas amables, que saben dejar de lado sus propias preocupaciones para prestar atención a los demás, regalar una sonrisa, una palabra de ánimo, escuchar a alguien que necesita confiar, desahogarse (cf. ibíd.).

Queridos hermanos y hermanas, creo que recuperar la bondad como virtud personal y cívica puede ayudar en no poca medida a mejorar la vida en las familias, las comunidades, las ciudades. Por eso, ante el nuevo año en la ciudad de Roma, quiero desear a todos los que vivimos en ella que crezcamos en esta virtud: la bondad. La experiencia nos enseña que si se convierte en un modo de vida, puede crear una convivencia sana, puede humanizar las relaciones sociales disolviendo la agresividad y la indiferencia (cf. ibid.).

Veamos el icono de la Virgen Madre. Hoy y mañana, aquí, en la Basílica de San Pedro, podemos venerarla también en la efigie de Nuestra Señora del Carmen, en Avigliano, cerca de Potenza. No demos por sentado el misterio de la maternidad divina. Dejémonos asombrar por la elección de Dios, que podría haber aparecido en el mundo de mil maneras mostrando su poder, y en cambio quiso ser concebido con plena libertad en el seno de María, quiso ser formado durante nueve meses como cualquier niño, y finalmente nacer de ella, nacer como mujer. No pasemos deprisa, detengámonos a contemplar y meditar, pues aquí está una parte esencial del misterio de la salvación. Y tratemos de aprender el «método» de Dios, su respeto infinito, su «bondad» por así decirlo, porque en la maternidad divina de la Virgen está el camino hacia un mundo más humano.

Traducción del original en lengua italiana realizada por el director editorial de ZENIT
























Doce características de los discípulos de Jesús: la primera es cosa de Él; la última, solo nuestra


La iniciativa del discipulado siempre es de Dios; la respuesta, nuestra.
E implica una cruz.

Catholic Missionary Disciples [Discípulos Misioneros Católicos] es una iniciativa de formación de líderes católicos para la Nueva Evangelización, en la línea de trabajar el discipulado, esto es, la consolidación del cristiano como seguidor público de Cristo.


Actúa en Estados Unidos bajo la dirección de Marcel LeJeune, un laico casado y padre de cinco hijos con amplia experiencia en el ministerio cristiano universitario. Graduado en Teología Pastoral, ha trabajado durante años en la A&M University y la Tech University de Texas.

Marcel LeJeune es el fundador y director de Catholic Missionary Disciples.
Marcel LeJeune es el fundador y director de Catholic Missionary Disciples.

Esta iniciativa cuenta con el respaldo de dos obispos, David Konderla, de Tulsa (Oklahoma), y Michael J. Sis, de San Angelo (Texas), y trabaja en colaboración con otros proyectos católicos como LifeTeen, Focus on the Family o la Universidad franciscana de Steubenville.

En uno de sus posts más celebrados, Catholic Missionary Disciples presenta doce características del discípulo de Jesús

Las principales señales que distinguen a un discípulo de Jesús son, por supuesto, los sacramentos. Tres marcan de forma indeleble: el bautismo, la confirmación y el orden sacerdotal. Están llamados a transformar enteramente nuestra vida.

Pero, además de los sacramentos, la vida de discipulado tiene otros distintivos que sirven para identificar a los seguidores de Cristo.

El principal de ellos es que el discípulo ha vivido con su Maestro (como un aprendiz) y ha convivido con Él, a sus pies, caminando con Él, y le ha visto vivir sus enseñanzas: Jesús es, ante todo, el Maestro con el que se convive, con quien se aprende, en quien los ojos están fijos para ver cómo hace las cosas.

Y eso se puede plasmar en estos doce puntos señalados por Catholic Missionary Disciples:

1. Los discípulos son llamados

Lucas 5, 111 ilustra esto perfectamente. ¡Dios siempre da el primer paso! Jesús se acercó a los pescadores y les invitó. Solo después de esta invitación al discipulado interviene nuestra decisión. Jesús nos ha llamado a cada uno de nosotros. El siguiente paso es… 

2. Los discípulos responden conscientemente a la llamada de Jesús

¡Una vez que somos llamados, un discípulo debe responder positivamente a la llamada! Si Pedro no hubiese abandonado sus redes y seguido a Jesús, no sería un discípulo. ¡No puedes seguir si no tomas una decisión! ¡El discipulado nunca es heredado ni accidental! 

3. El discípulo ama

Ésta es la primera señal de un discípulo. El amor a Dios y el amor a los demás. Jesús dice que los demás sabrán que somos sus discípulos por nuestro amor al prójimo (Jn 13, 35). 

4. Los discípulos dan fruto

De hecho, Jesús dice que dar fruto demuestra que eres su discípulo. “La gloria de mi Padre consiste en que deis fruto abundante, y así seréis mis discípulos” (Jn 15, 8). 

5. Los discípulos son obedientes

Avanza un poco más en Juan 15 y encontrarás el versículo 14: “Sois mis amigos si hacéis lo que yo ordeno”. Atención: no podemos ser amigos íntimos de Jesús y ser desobedientes. Es imposible.

Un hombre reza al atardecer ante una cruz.

6. Los discípulos son enseñados

En las Escrituras encontramos constantemente a los discípulos de Jesús aprendiendo de Él. Ellos escuchan y luego aplican sus enseñanzas en su vida (o al menos lo intentan). Tenemos que seguir ese modelo. La vida de un discípulo cristiano es una vida de aprendizaje durante toda la vida. 

7. Los discípulos siguen

La palabra “discípulo” significa “seguidor”. Nuestra vida de discipulado comienza siguiendo a Jesús. Debemos hacer lo que Él hizo. Amar como Él amó. Elegir lo que Él eligió. “Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce” (Lc 8, 1). 

8. Los discípulos tienen su mirada puesta en el Cielo

Nuestra vida actual no es nuestro hogar definitivo. Hemos sido creados para vivir con Dios para siempre una felicidad eterna. Este hogar celestial lo determinan nuestras decisiones en esta vida. El premio del Cielo es un regalo en el que debemos tener puestos los ojos, para que no perdamos la perspectiva eterna de Dios. 

9. Los discípulos cargan con cruces

El discipulado no es fácil. Jesús lo dijo así: “El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y sígame” (Lc 9, 23). Nunca deberíamos olvidar que el sufrimiento es parte del discipulado. No se trata solamente de emociones para sentirse bien ni de pasar buenos ratos.

Una madre y su hijo rezan ante unas velas.

10. Los discípulos emplean tiempo con Jesús en la oración

Si hacemos lo que Jesús hizo, entonces necesitamos vivir en relación íntima con Dios. “Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos»” (Lc 11, 1). 

11. Los discípulos aman y sirven a Dios (y al prójimo)

Piensa en las numerosas veces que los discípulos son llamados a servir. Jesús ordena a sus Doce que sirvan a la masa en la multiplicación de los panes y los peces, que sanen a los enfermos, que expulsen los demonios, etc. ¡La vida de un discípulo no va de uno mismo

12. Los discípulos hacen otros discípulos

Por último, tenemos que hacer lo que Jesús hizo, lo que significa “hacer discípulos”. Fue su último mandato y el único del que no podemos evadir el cumplirlo personalmente.

ReL

Vea también      La Misión de la Iglesia y nuestra Misión



























Peter Seewald: «Benedicto XVI es un santo. Le echaré de menos»

 

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Entrevista exclusiva de Aleteia al periodista alemán que más compartió con Joseph Ratzinger/Benedicto XVI: «Triste sobre todo que haya tenido que sufrir tanto».


«Todo en Benedicto XVI parecía modesto, sin pretensiones, accesible. Yo había dejado la Iglesia, pero me impresionó la forma en que Ratzinger hablaba del amor.» Peter Seewald (1954) llevaba más de un cuarto de siglo acompañando periodísticamente al cardenal Joseph Ratzinger/ Benedicto XVI, primer Papa emérito en siglos.

En esta entrevista exclusiva para Aleteia, el periodista  alemán destacó la valentía del Papa emérito para defender la fe, sin importarle la popularidad o los compromisos. Genio amado y odiado. «Benedicto XVI es un santo. Le echaré muchísimo de menos.».  «Su obra permanecerá». Según el Papa Francisco, el magisterio de Benedicto XVI es indispensable para el futuro de la Iglesia», afirmó Seewald, autor de Benedicto XVI. Una vida (Ed. Mensajero, p.1150, 2020). 

 ¿Qué sentimientos y reflexiones despiertan en usted estos últimos días en la vida de Benedicto XVI? 

«Por un lado, me entristeció mucho que el Papa emérito terminara su vida terrenal. Triste sobre todo que haya tenido que sufrir tanto. Por otra parte, le deseé una buena muerte para su «vuelta a casa» en la eternidad, que él deseaba desde hacía mucho tiempo.

Por mi mente también pasaron escenas de nuestros numerosos encuentros. Como antiguo comunista y autor de Spiegel, no me sentía especialmente cercano a Joseph Ratzinger. Por eso me sorprendió tanto más conocer en nuestro primer encuentro, en noviembre de 1992, a un hombre que no tenía nada de príncipe de la Iglesia, y menos aún de «Panzerkardinal».

Todo en él parecía modesto, sin pretensiones, accesible. Yo había dejado la Iglesia, pero me impresionó la forma en que Ratzinger hablaba del amor. Cómo demostró que la religión y la ciencia, la fe y la razón no son opuestas.

Su forma de enseñar me recordaba a la de los maestros espirituales que no convencen con lecciones vanas, sino con gestos tranquilos, alusiones veladas y mucho sufrimiento. Sobre todo, a través de su propio ejemplo, que incluye integridad, fidelidad, valentía y una buena dosis de voluntad de sufrir.

Me pareció especialmente impresionante su valentía para defender sus convicciones. Incluso a costa de la popularidad. Y resistir a todos los intentos de convertir el mensaje de Cristo en una religión acorde con las necesidades de la «sociedad civil». «La Iglesia tiene su luz de Cristo», dijo, «si no capta esa luz y la transmite, no es más que un trozo de tierra sin brillo».

También me gustó su serenidad, su actitud noble, su humor. Benedicto XVI es un santo. Le echaré muchísimo de menos.»

Peter Seewald AND POPE BENEDICT XVI

– ¿Cómo será recordado Benedicto XVI?

«Eso depende enteramente de nosotros y de la evolución de la Iglesia. En cualquier caso, Joseph Ratzinger ha dejado una obra en la que aporta importantes respuestas a los problemas de una sociedad que perdió el sentido de Dios y de una Iglesia que está perdiendo la fe.

Una cosa es cierta: con Benedicto XVI, el mundo pierde una personalidad excepcional. No es casualidad que se le considerara uno de los intelectuales más importantes del siglo y el mayor teólogo que ha ocupado la silla papal. Muchos le consideran el Doctor de la Iglesia de la era moderna. En cada uno de sus escritos queda clara su actitud básica: la Iglesia y la fe no pueden ser hechas por uno para sí mismo.

Si existe Dios, si existe la revelación, si existe el fundamento de Jesús, entonces esto no viene de nosotros, sino que viene donado.
Para sus adversarios, puede que siga siendo el terrible «cardenal acorazado», pero millones de católicos de todo el mundo ven en él la luz en la montaña, un icono de la ortodoxia en el que orientarse. Su obra permanecerá.

Me complace unirme a su sucesor en esta valoración. Según el Papa Francisco, el magisterio de Benedicto XVI es indispensable para el futuro de la Iglesia. En efecto, «aparecerá cada vez más grande y poderoso de generación en generación”.»

¿Cuál es su último recuerdo de Benedicto XV?

«Llevaba mucho tiempo postrado en una silla de ruedas. El espíritu estaba bien despierto, pero últimamente su voz se había vuelto tan débil que apenas era inteligible. En nuestro último encuentro, el 15 de octubre, lo que más se palpaba era el sufrimiento que llevaba a cuestas, el profundo dolor por lo que ocurría en el mundo y la crisis de la Iglesia, especialmente en su patria.

«¿Por qué no ha encontrado la muerte, Papa Benedetto?», le había preguntado al Papa emérito. Su respuesta fue que tenía que quedarse. Como una «señal». Un signo del rumbo que defendía; del mensaje de Jesús, a cuya transmisión sin adulterar había dedicado toda su vida. 

«La próxima vez nos veremos en el cielo», se despidió de mí con la mano. Sabía exactamente hacia dónde se dirigía el viaje y lo que le esperaba en su destino. La promesa de vida eterna de Cristo era uno de sus temas favoritos. «Si pertenecer a la Iglesia tiene algún significado», dijo una vez, «es que nos da la vida eterna y, por tanto, la vida justa y verdadera. Todo lo demás es secundario.” »
















Especialmente para los que NO suelen ir a Misa los Domingos: Para que vean lo que están perdiendo

 Aquí podemos ofrcerle sólo unos pocos aspectos d
e las mil maravillas de la Santa Misa

Nada puede compararse con la Eucaristía.

Quisieras saber quién es más agradable al Señor. "Ven a la Eucaristía". No hay oraciones, asambleas o ceremonias que puedan igualar la oración y el sacrificio de Cristo en la Cruz.

Siervo de Dios Cardenal F. X. Nguyen van Thuan
Mil y un pasos en camino de la Esperanza

Mi Dios y mi Todo.

El cielo mismo no posee más. Aquel único tesoro está aquí, ¡es Dios!, verdaderamente, sí, verdaderamente: Mi Dios y mi Todo.

Beata María Cándida


La prueba más acabada de su amor infinito.

La Hostia Consagrada
es un milagro de amor
es una maravilla de amor
es un prodigio de amor
es un complemento de amor
y es la prueba más acabada
de su amor infinito hacia mí
hacia mí, hacia ustedes, hacia el hombre.

Beato José Gabriel Brochero
El máximo amor.

Darse a sí mismo como alimento es signo del máximo amor.

San Alberto Magno
Doctor de la Iglesia


La Eucaristía nos lo da todo.

Si os faltan fuerzas, la Eucaristía os las da; si andáis cansados, ella os descansa: es esencialmente un socorro proporcionado a las necesidades de cada cual.

San Pedro Julián Eymard

Renazco en cada hostia consagrada.

Yo nací una vez; pero ese nacimiento me hace nacer continuamente, renazco en cada hostia consagrada, renazco cada vez que la criatura vuelve a mi gracia; mi primer nacimiento me dio lugar para hacerme nacer siempre.

S.D. Luisa Piccarreta
Diario Vol XIX, Feb 1 1926

No podemos olvidar a María, Madre y modelo de la Iglesia.

Si queremos descubrir en toda su riqueza la relación íntima que une Iglesia y Eucaristía, no podemos olvidar a María, Madre y modelo de la Iglesia.

San Juan Pablo II
Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia n. 53



























Adiós a Benedicto XVI, humilde trabajador de la viña del Señor


El Papa emérito, de 95 años, falleció este sábado, 31 de diciembre,
a las 9:34 horas, en el Monasterio Mater Ecclesiae del Vaticano.

Vatican News

Benedicto XVI ha vuelto a la Casa del Padre. La Oficina de Prensa del Vaticano ha anunciado hace unos minutos que el fallecimiento se ha producido a las 9:34 horas, en la residencia del Monasterio Mater Ecclesiae del Vaticano, que el Papa emérito, de 95 años, había elegido como residencia tras renunciar al ministerio petrino en 2013.

“Con pesar doy a conocer que el Papa emérito Benedicto XVI ha fallecido hoy a las 9:34 horas en el Monasterio Mater Ecclesiae del Vaticano. Apenas sea posible se proporcionará mayor información”, se lee en la nota de prensa del Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, dada a conocer esta mañana.

El deterioro de las condiciones

Desde hacía ya varios días el estado de salud del Papa emérito había ido empeorando debido al avance de la edad, tal y como había informado la Oficina de Prensa actualizando la evolución de la situación.

El propio Papa Francisco había querido compartir públicamente la noticia sobre el empeoramiento del estado de salud de su predecesor al final de la última audiencia general del año, el pasado 28 de diciembre, cuando invitó a rezar por el Papa emérito, "muy enfermo", para que el Señor le consuele y le sostenga "en este testimonio de amor a la Iglesia hasta el final". Y en todos los continentes se multiplicaron inmediatamente las iniciativas de oración con mensajes de solidaridad y cercanía también desde el mundo no eclesial.

 

















Evangelio del día


 

Evangelio según San Juan 1,1-18.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo".
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Clemente de Alejandría (150-c. 215)
teólogo
Homilía «¿Cuál es el rico que puede ser salvado?», 37


«A cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre»

Contempla los misterios del amor y verás «el seno del Padre» que sólo «el Hijo único nos lo ha contado» (Jn 1,18). Dios mismo es amor (1Jn 4,8) y por eso mismo se ha dejado ver por nosotros. En su ser indecible, es Padre; en su compasión para con nosotros, es Madre. Es amando que el Padre se nos presenta también femenino.
La prueba más asombrosa es Aquél que él engendra de sí mismo. Y este Hijo, fruto del amor, es amor. Es por causa de ese mismo amor que él mismo descendió. Por causa de este amor ha revestido nuestra humanidad. Por causa de este amor, libremente, sufrió todo lo que libera la condición humana. Así, haciéndose según la medida de nuestra debilidad, a nosotros, a los que amaba, nos ha dado, a cambio, la medida de su fuerza. Hasta el punto de ofrecerse a sí mismo como sacrificio y dándose él mismo como precio de nuestra redención, nos dejó un testamento nuevo: «Os doy mi amor» (cf Jn 13,24; 14,27). ¿Cuál es este amor? ¿Qué valor tiene? Por cada uno de nosotros «ha entregado su vida» (1Jn 3,16), una vida más preciosa que el universo entero. (EDD)

Oración

Dios, Padre nuestro,

te agradecemos por ser nuestro padre,

por llamarnos a ti y desear estar con nosotros.

Te agradecemos poder encontrarte con la oración.

Líbranos de todo lo que sofoca nuestro corazón,

aviva nuestro deseo de estar contigo.

Libéranos del orgullo y el egoísmo,

despierta nuestro profundo deseo de conocerte.

Perdónanos si a menudo nos alejamos de ti

y si te culpamos por nuestro sufrimiento y nuestra soledad.

Te imploramos, Señor Nuestro,

También oramos por aquellos que cerraron sus corazones,

que apartaron de ti porque están bien ahora,

pero también oramos por aquellos

que cerraron sus corazones porque están sufriendo.

Abre nuestros corazones a tu amor

para que, en este mundo,

a través de tu Hijo Jesucristo,

podamos ser testigos de tu amor.

Amén.

(brainly)





















viernes, 30 de diciembre de 2022

¿Has acabado el año con adoración o misa alguna vez?

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Una manera distinta de celebrar la noche de fin de año propuesta por el Directorio vaticano sobre la Piedad Popular y la Liturgia

Mucha gente celebra la Nochevieja con fiestas y otros eventos sociales, reuniéndose con amigos y familiares para celebrar el comienzo del año nuevo.

No tiene nada de malo, pero una forma alternativa de terminar el año es hacerlo en adoración eucarística o yendo a misa.

El Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia del Vaticano sugiere estas dos tradiciones como posibilidades a la hora de recibir el Año Nuevo.

En algunos lugares, sobre todo en comunidades monásticas y en asociaciones laicales marcadamente eucarísticas, la noche del 31 de diciembre tiene lugar una vigilia de oración que se suele concluir con la celebración de la Eucaristía.

Se debe alentar esta vigilia, y su celebración tiene que estar en armonía con los contenidos litúrgicos de la Octava de Navidad, vivida no sólo como una reacción justificada ante la despreocupación y disipación con la que la sociedad vive el paso de una año a otro, sino como ofrenda vigilante al Señor, de las primicias del nuevo año.

¿Una nueva tradición?

La mayoría de las parroquias no están familiarizadas con tal celebración. Pero si suficientes feligreses están interesados ​​en ofrecer a Dios el Año Nuevo de esta manera, es posible que una nueva tradición pueda comenzar en la comunidad.

Alternativamente, si un pastor no está interesado en quedarse despierto hasta tarde para ofrecer misa a la medianoche, algunos lugares ofrecen adoración eucarística perpetua y podrías terminar tu año con una hora santa ante Jesús.

La visita al Santísimo Sacramento es una «prueba de gratitud, un signo de amor y un deber de adoración hacia Cristo, nuestro Señor» , dice el Catecismo de la Iglesia Católica.

Hagas lo que hagas, considera terminar tu año en oración, ofreciéndole todo a Dios.


Philip Kosloski, Aleteia

Oración de Fin de Año

Para poder renovar mi vida desde dentro

Señor, antes de entrar en el bullicio
y el aturdimiento del fin de año,
quiero esta tarde encontrarme contigo
despacio y con calma.

Señor, yo te necesito.
Ya ha pasado un año más.
Esta noche comenzaremos un nuevo año
y deseo poder renovar mi vida desde dentro.
Encontrar en mí una alegría nueva, una fuerza
diferente para vivir cada día. Cambiar, ser mejor
conmigo mismo y con todos.

Vos estás dentro de
mí y yo ando casi siempre fuera de mí mismo. Vos
estás conmigo y yo ando perdido en mil cosas.

Señor, graba bien en mi corazón que Vos hacia
mí sólo sentís amor y ternura.
Recuérdame desde dentro que me aceptas tal
como soy, con mi mediocridad y mi pecado, y
que me querés incluso aunque no cambie.

Ésta noche
yo no te pido cosas. Sólo que despiertes mi fe
lo suficiente para creer que Vos estás siempre
cerca y me acompañas

Que a lo largo de este año nuevo no me aleje de Vos

Que sepa encontrarte en mis sufrimientos
y mis alegrías. Y así, sin duda,
Será un año nuevo.

Amén.

Autor Anónimo

Oración originalmente publicada por Oleada Joven

Vea también       "Vamos a poner guerra y discordia entre los demonios...." -  San Francisco Javier

















Pensamiento MSC del día

P. Miguel Ángel

Esta es la oración para las familias católicas que proponen los obispos españoles


Un belén en la calle ante la catedral de la Almudena en Madrid
hace visible a la Sagrada Familia a los viandantes

 

Con motivo de la Navidad y el Día de la Sagrada Familia, este viernes 30 de diciembre, la Conferencia Episcopal Española ha difundido una propuesta de oración para hacer en las familias con hijos, especialmente ante el pesebre familiar y acompañándose con villancicos si se puede. Incluye oraciones para el 24 de diciembre, 30 de diciembre (Día de la Familia), 1 de enero y Epifanía. La oración principal, que puede rezarse cada día, es esta:

"Oh, Dios, te damos gracias porque nos permitiste participar de tu paternidad divina al darnos como don y regalo a nuestros hijos. Son tuyos y a ti te los ofrecemos.

Te pedimos que nunca se aparten de ti: líbralos de todo mal, llévalos por el camino de la vida, protégelos al abrigo de tu corazón, cuídalos y consérvalos buenos, firmes en la fe y sanos en su alma y en su cuerpo. Dales luz para conocer tu proyecto de amor para ellos y la fuerza de tu Espíritu que los haga valientes para cumplirlo.

Y a nosotros, concédenos ser buenos padres para que a través de nosotros ellos descubran el amor que les tienes. Que nuestra familia sea Betania donde tu corazón descanse, “iglesia doméstica” en que se alimente y cuide la vida de santidad, y semillero de vocaciones de los distintos estados de la vida cristiana.

A la Sagrada Familia de Nazaret confiamos nuestro hogar: guardadnos en vuestro amor y guiadnos siempre hasta el hogar del cielo. Amén".

Descarga aquí en PDF el folleto completo para orar en familia (textos, ideas, canciones).

La Fiesta de la Sagrada Familia

La Iglesia celebra esta fiesta el domingo que se celebra entre la Natividad del Señor (25 de diciembre) y María, Madre de Dios (1 de enero). Sin embargo, en algunos años estas fiestas caen en domingo y en esos casos la fiesta de la Sagrada Familia se traslada al 30 de diciembre.

La historia de Jesús y sus padres, de su infancia y adolescencia, figura en los Evangelios de Mateo y Lucas, pero no en los de Juan y Marcos.

La Iglesia anima a rezar en familia ante el pesebre en casa

Reflexionar sobre la vocación: ¿matrimonio, sacerdocio...?

Este año, la Iglesia celebra la fiesta con el lema “La familia, cuna de la vocación al amor”.

En los materiales que han difundido los obispos españoles, se anima a reflexionar sobre la "vocación", que puede ser a la vida religiosa, sacerdotal, a fundar una familia cristiana... pero siempre implica, para todos, sentirse llamados a amar.

Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia reflexionan sobre la familia cristiana actual en un documento con motivo de la fiesta (aquí en PDF).

Las cuentas sociales de muchas entidades de iglesia recuerdan la fiesta de la Sagrada Familia

Las cuentas sociales de muchas entidades de iglesia recuerdan la fiesta de la Sagrada Familia.

El texto reconoce que en España “en estos momentos atravesamos un invierno vocacional”, no sólo al sacerdocio o la vida religiosa, sino al matrimonio cristiano. "No queremos instalarnos en una queja estéril", dice el texto, porque “estamos convencidos de que la felicidad de cada persona pasa por el descubrimiento y vivencia en plenitud de la vocación que Dios ha soñado para ella desde toda la eternidad”.

Es la familia -padres, hermanos, seres queridos- la que ayuda a formar la fe y la conciencia y enseña a discernir la vocación. Por eso, los obispos avisan de que "cualquier intromisión en este ámbito sagrado [de formar la conciencia] debe ser denunciada porque vulnera el derecho que tienen los padres de trasmitir a sus hijos una educación conforme a sus valores y creencias”.

Los obispos españoles reflexionan también sobre la familia cristiana a partir de la exhortación del Papa Francisco 'Christus vivit'. Invitan a cuidar la formación en las virtudes “para que los llamados puedan dar su sí generoso al Señor y mantenerse fieles a este sí”. Entre estas virtudes, destacan la fortaleza, “para poder ir contracorriente frente a la sociedad del bienestar”. En esta formación se incluye “la afectividad y la sexualidad en el ámbito más amplio del amor verdadero”.

Además, frente al "zapping constante, navegar en dos o tres pantallas" simultáneamente e interactuar al mismo tiempo en diferentes escenarios virtuales, exhortan a vivir la experiencia de encuentro con Cristo, “escuchar su Palabra y a reconocer su voz por medio del discernimiento”.

Eso implica "instaurar una cultura vocacional", porque "no se puede amar lo que no se conoce" (aunque no concretan mucho como una familia -o una parroquia- puede instaurar esa cultura).

Y a los clérigos y agentes pastorales, el documento les anima a atender también “a las familias que viven la marginación y la pobreza; tener muy presentes a las familias migrantes; no dejar a un lado a las familias que han sufrido la separación y el divorcio”.

ReL

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