miércoles, 16 de agosto de 2017

Diez formas en las que puedes herir a tu esposa sin darte cuenta: la Biblia advierte de ellas


Diez formas en las que puedes herir a tu esposa sin darte cuenta: la Biblia advierte de ellas

Puede no haber mala intención, pero son pequeños detalles fácilmente corregibles 
para que no minen la confianza mutua.

C.L. / ReL
"Antes de profundizar en este tema, es importante saber algo: una mujer debe comprender que, por encima de todo, ella es hermosa a los ojos de su Creador. Aunque quiera superar el examen de su esposo, ante todo «se prendará el Rey de tu belleza» (Sal 44, 12).

Es la reflexión con la que Molly Parker, tras 22 años de matrimonio (tiene tres hijos y vive en California), comenta en Crosswalk diez formas con las que un hombre puede hacer sentir "fea" a su mujer (en un sentido que va más allá de la condición física) sin decir una sola palabra y sin intención alguna de hacerlo. No es que Molly diga que hay todas deben evitarse siempre... pero tampoco deben quedar todas sin evitar nunca. Y el caso es que de todas ellas, de una forma u otra, nos previene la Biblia.

1. Escatima los cumplidos
Una mujer desea que se le preste atención, y si su marido (aquel cuya opinión es más importante) no es capaz de dedicarle un cumplido, ella empezará a preguntarse si hay algo que falla en ella. Si se ha arreglado y está atractiva, si asombra a su marido con su capacidad para la multi-tarea, si prepara unas comidas excelentes, "ella quiere que él se lo diga" y "él debe hacérselo saber".

"La ansiedad en el corazón deprime al hombre, pero una palabra buena le causa alegría" (Prov 12, 25).

2. No tiene en ningún lado una foto de su mujer
"Una vez visité a mi marido en el trabajo y vi algo hermoso: ¡Yo! Ahí estaba, sobre su mesa, dentro de un pequeño marco que todos podían ver. Me sentí honrada y querida y, si he de ser sincera, algo coqueta. No tienes bastante de mí fuera de casa, ¿eh, machote?", cuenta Molly, quien ofrece como alternativa... un fondo de pantalla en el ordenador.

"Que en las puertas la alaben sus obras" (Prov 31, 31).

3. Mira frecuentemente a otras mujeres
Por cada marido que mira como no debe en la playa o en la calle, "hay una esposa que se siente poco deseable e insuficiente", que puede llegar a pensar "que no es lo bastante buena". Y si el hombre no se reprime de esos "exámenes de arriba abajo" a otras mujeres, "él llegará a pensar lo mismo". Molly explica por qué: "Mirar de esa manera en público puede conducir fácilmente a mirar de esa manera en privado", ya sea con una relación extraconyugal o mediante la pornografía.

"Todo el que mira a una mujer para codiciarla, ya en su corazón cometió adulterio con ella" (Mt 5, 28).

4. Nunca le regala nada
"Nunca olvidaré", recuerda Molly, "lo bien que me sentí el día en el que mi marido me compró una blusa escogida por él mismo. ¿Por qué? Porque él pensó que me sentaría bien. Y entonces me lo imaginé en la tienda diciéndose a sí mismo: 'Me gustaría verla con esto puesto'. Eso le hizo atractivo para mí, y me hizo sentirme atractiva a mí. Ambos ganamos". Porque el mejor regalo de un hombre a una mujer es él mismo, añade.

"El alma generosa será saciada, y quien riega también él mismo será regado" (Prov 11, 25).

5. Siempre está mirando su teléfono móvil
Los tiempos de juntarse en un sofá, o en el coche, o en un restaurante, sin la compañía del celular, puede que hayan pasado para siempre: "Pero el día que un hombre hace el primer movimiento y apaga el móvil, mirándote a los ojos como si fuera la primera cita... sin distracciones... su mujer está segura de que es vista y escuchada... todo lo contrario de sentirse fea".

"Vosotros, hombres, tratad a conciencia con la mujer, dándole el debido honor como coheredera de la gracia de la vida" (I Pe 3, 7).

6. Acurrucarse no le basta
Molly confiesa lo mucho que le gustan que su marido le haga cosquillas en la espalda. O disfrutar de un helado estirando las piernas sobre las de su marido. Sin más pretensiones. "Por eso, cuando un hombre quiere sexo y solo sexo, su mujer se siente usada como un electrodoméstico", dice, "como si él la viese solo cual alguien con una función".

"Que el marido dé a su mujer el débito, y la mujer de igual modo al marido" (I Cor 7, 3).

[En realidad esta referencia neotestamentaria que aduce Molly alude precisamente al débito conyugal {debitum, dice la Vulgata}, esto es, al sexo, y asi la hemos transcrito. Lo que pasa es que la autora cita por la versión protestante de la Biblia conocida como King James o Rey Jacobo, que utiliza "benevolence" {versión antigua} o "affection" {versión nueva} en vez de "débito" ("El marido dé a su mujer cariño", transcribe Molly). Sin embargo, todo el contexto de los versículos 1 a 7 de esa carta de San Pablo, incluso en la versión protestante, alude a la relación propiamente carnal. En cualquier caso, que el versículo aducido por Molly no case bien con la idea que ella quiere apoyar no quita fuerza a la idea misma de la importancia de las muestras de cariño más allá del sexo.]

7. Se come la última magdalena para que no lo haga ella
"Cuando un hombre se come la última magdalena para 'ayudar' a su mujer a perder peso, o le pone estratégicamente las zapatillas de deporte a los pies de la cama, ella se va a sentir fea. Y aunque él cree que es sutil, ella sabe exactamente lo que está pasando", advierte Molly: " Es importante que un hombre muestre afecto hacia su esposa ahora, esté o no en plena forma".

"Regocíjate con la mujer de tu juventud" (Prov 5, 18).

8. Prefiere las cosas de hombres
Molly ve bien que los hombres necesiten su espacio y su momento para sus cosas y sus amigos. "Pero cuando su lugar de esparcimiento se parece más a un lugar de escape, su mujer puede preguntarse por qué él ya no busca su compañía", incluso hasta temer que alejarse de algún vicio, como el alcohol, implique alejarse también de ella.

"Goza de la vida con la mujer que ames todos los días de tu vida fugaz" (Eclesiatés 9, 9).

9. No le importa que otros hombres dediquen atención a su mujer
No todos los celos son pecaminosos, recuerda Molly: "Sin un marido ve que otro hombre intenta seducir a su esposa, tiene derecho a estar celoso; debe estar celoso". Así que "para honrar y defender a su mujer y no descuidar su compromiso con ella,  un hombre debe estar ojo avizor. Ese toque de saludables celos no solo protegerá su matrimonio, sino que hará que su mujer se sienta deseable".

"Yahvé tiene por nombre Celoso. Un Dios celoso es" (Éx 34, 14).

10. Habla mejor de otras mujeres que de la suya propia
Si una mujer oye a su marido calificativos respecto a otras mujeres que nunca oye respecto a ella (da igual que sean valoraciones físicas que intelectuales), se sentirá cualquier cosa menos bien, "lo cual es especialmente verdad si Doña Guapísima o Doña Brillante son conocidas de la pareja, no meras estrellas de Hollywood". Porque toda mujer tiene algo hermoso que ofrecer al mundo, pero es dentro del matrimonio donde ha de sentirse única entre un millón.

"Única es mi paloma, única mi perfecta" (Cantar de los Cantares 6, 8).

232: ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.


Resultado de imagen de Partes de la confesión
Después  cumplir con la penitencia impuesta


232. ¿Qué debo hacer en una confesión?
Pertenecen a toda confesión el examen de
conciencia, la contrición o arrepentimiento, el propósito de enmienda, la confesión y la penitencia. [1450-1460, 1490-1492, 1494]

El examen de conciencia debe ser a fondo, pero nunca puede ser exhaustivo. Sin verdadero arrepentimiento, basado en una confesión de los labios, nadie puede ser absuelto de sus pecados. Igualmente es imprescindible el propósito de no cometer ese pecado nunca más en el futuro. El pecador debe necesariamente declarar el pecado ante el confesor, es decir, hacer una confesión del mismo. Finalmente pertenece a una confesión la reparación o penitencia que impone el confesor al pecador para reparar el daño cometido.

Resultado de imagen de Partes de la confesión
No se olvide de hacer antes un buen examen de conciencia


* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

martes, 15 de agosto de 2017

Eucaristía Milagro de Amor

Nadie puede amar lo que no conoce. Le invitamos a que usted examine sus conocimientos respecto a la Eucaristía. Con las preguntas y respuestas del youcat (Catecismo para Jóvenes) a lo mejor usted encontrará unas lagunas a rellenar y así podrá, en el futuro, participar más profundamente de este sacramento  que es fundamento y culmen de la vida cristiana. Por si acaso, al final de cada respuesta (con la letra en negrita) encontrará unos números (los números colorados) que lo llevarán al Catecismo de la Iglesia Católica donde se le instruirá más ampliamente aun.


Resultado de imagen de Celebración de la Eucaristía Neocatecumenal



208. ¿Qué es la Sagrada Eucaristía?

209. ¿Cuándo instituyó Jesús la Eucaristía?

210. ¿Cómo instituyó Jesús la Eucaristía?

211. ¿Cuál es la importancia de la Eucaristía para la Iglesia?

212. ¿Qué nombres hay para el banquete de Jesús con nosotros y qué significan?

213. ¿Qué elementos forman parte necesariamente de la Santa Misa?

214 ¿Cómo está estructurada la Santa Misa?

215. ¿Quién preside la celebración eucarística?

216. ¿De qué modo está presente Cristo cuando se celebra la Eucaristía?

217. ¿Qué sucede con la Iglesia cuando celebra La Eucaristía?

218. ¿Cómo debemos venerar correctamente al Señor presente en la Eucaristía?

219. ¿Con qué frecuencia debe participar un católico en la Eucaristía?

220. ¿Cómo debo prepararme para poder recibir La sagrada Eucaristía?

221. ¿Cómo me transforma la sagrada Comunión?

222 ¿Puede darse la Eucaristía también a los cristianos no católicos?

223.¿De qué modo es la sagrada Eucaristía una anticipación de la vida eterna?


 Celebración de la Eucaristía Neocatecumenal

231: ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Resultado de imagen de Confesión


231. ¿Cuáles son los dos requisitos esenciales que se deben dar en un cristiano para que se le perdonen los pecados en el sacramento de la Penitencia?
Los requisitos para el perdón de los pecados son la persona que se convierte y el  PRESBÍTERO (= sacerdote), que, en nombre de Dios, le concede la absolución de sus pecados. [1448]



Papa Francisco se confiesa: Confesión



* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

Cómo «no» luchar contra la tentación: seis consejos realistas para no caer de nuevo en la trampa

Cómo «no» luchar contra la tentación: seis consejos realistas para no caer de nuevo en la trampa
Contra las tentaciones hay que luchar, pero... hay que luchar bien,
 o la lucha puede ser contraproducente

Herido por el pecado original, el hombre se enfrenta cotidianamente a tres enemigos: el demonio, el mundo y la carne. Y tras la "crítica" decisión de seguir a Cristo, en seguida se descubre que la vida cristiana se parece mucho al deporte: para perfeccionar el juego hay que entrenar mucho más de lo que parecía.

Es la comparación a la que recurre un joven sacerdote para ofrecer unos buenos consejos para la vida espiritual. Clayton Thompson es vicario en la parroquia de San Bonifacio en Lafayette (Indiana, Estados Unidos) y fue ordenado en 2013.



En un artículo en Those Catholic Men explica que luchar contra el pecado y la tentación que conduce a él es complicado en ocasiones, pero que "son las cosas pequeñas las que, con la gracia de Dios, nos llevan a la victoria".

Siguiendo las pautas de un "gigante espiritual" como San Francisco de Sales (1567-1622) y su Introducción a la vida devota el padre Thompson desmonta seis estrategias equivocadas y propone las contrapuestas. Traducimos, con algunas adaptaciones, sus propuestas (las citas de San Francisco de Sales son todas de la Parte IV: Los avisos necesarios contra las tentaciones más ordinarias; el número indica el capítulo del que están tomadas).

1. No ames la tentación.
Parece obvio, ¿no? Pero, asumámoslo, incluso después de romper con ciertos pecados, la tentación hacia ellos aún puede hacernos sentir bien. Cuando un tipo ha apartado de su vida la rabia y la ira, regodearse en el pensamiento de lo que le diría a la gente que le ha hecho mal puede darle una gran sensación de victoria. Un hombre que nunca traicionaría a su mujer puede sentirse muy a gusto dándole vueltas a la idea de hacer una visita a esa chica de la oficina que le mira con buenos ojos.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
"La complacencia sirve, ordinariamente, de paso para llegar al consentimiento” (3).

2. No te pongas en tentación.
Esto es un asunto tanto de previsión como de honestidad. Primero, requiere previsión: si sé que cada vez que converso con esas personas a la hora de comer terminamos hablando de asquerosidades y cotilleando de los demás, es culpa mía si caigo en murmuraciones y deshonestidades. Al mismo tiempo, requiere honestidad: a menudo, cuando nos ponemos en situaciones porque nos decimos s nosotros mismos que estamos “por encima” de ciertos pecados. Esto puede ser verdad, pero es menos frecuente de lo que nos gusta pensar. Si me he dado cuenta de que me gustan ciertas tentaciones, tengo que ser honesto en evitar las situaciones que me conducen a ellas. Es lo que se llama “evitar la ocasión de pecado”.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“Ocurre, a veces, que la sola tentación es pecado, porque somos causa de ella” (6).

3. No te angusties.
La tentación no es pecado (punto 1) siempre que no seamos causa de la tentación poniéndonos en la situación que la genera (punto 2). Si quiero algo que no es mío y siento el impulso de llevármelo cuando nadie me ve, mientras sea un sentimiento se queda solo en una tentación molesta. Las cosas empiezan a ir mal cuando nos ponemos histéricos por sentirnos tentados. Cuando perdemos la paz, empezamos a creernos la gran mentira del Tentador de que nunca superaremos el sentimiento de una lucha cuesta arriba… hasta que nos rindamos. Y cuando esa mentira se instala en nuestra mente, el siguiente paso es la caída.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“La inquietud es el mayor mal que puede sobrevenir a un alma, fuera del pecado” (11).

4. No escuches a la tentación.
San Francisco de Sales distinguía entre tentaciones mayores y menores: por ejemplo, la tentación de matar a alguien y la de enfadarse con él; la de robar algo y la de codiciarlo; la de cometer perjurio y la de decir una mentira; la de cometer adulterio y la de no guardar la vista. Mientras que contra las grandes tentaciones tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas, con las tentaciones pequeñas dice San Francisco de Sales que nuestra principal tarea es simplemente dejarlas pasar: deshacernos de ellas tranquilamente y no dejar que nos roben la paz. Es el viejo truco del elefante rosa: cuando más intentamos no pensar en elefantes rosas, más ocupan nuestra conciencia. Cuando surjan las tentaciones y las reconozcas como tales, recházalas y sigue tu camino, no dedicándoles ni solo pensamiento más. Si no, se hacen abrumadoras.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“Desprecia, pues, estos pequeños ataques… No hagas otra cosa que alejarlos sencillamente, sin combatirlos ni responderlos de otra manera que con actos de amor a Dios” (9).


Elefantes rosas... la pesadilla de Dumbo.

5. No conviertas la tentación en una cuestión de voluntad.
Cuando un hombre está intentando superar un cierto pecado en su vida, con frecuencia se descorazona por su debilidad al luchar contra las tentaciones hacia ese pecado. Muchas veces, el problema es de perspectiva. Si mi aproximación a la vida moral es decir “le voy a demostrar a Dios lo bueno que soy no pecando”, en vez de “amo a Dios y por tanto odio el pecado y quiero dominarlo porque perjudica mi relación con Él”, no hay que sorprenderse si Dios me permite caer: pensaría que soy mi propio salvador. La confianza en uno mismo es una de las principales causas de la caída. Cuando vienen las tentaciones, la claves está en confiar más intensamente en la gracia de Dios, humillarse ante Él y amarle más.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“Espera tu liberación más de la bondad y providencia de Dios que de tu industria y diligencia; si buscas tu liberación por amor propio, te inquietarás y acalorarás en pos de los medios, como si este bien dependiese más de ti que de Dios” (11).

6. No te calles. 
Quizá una de las verdades más importantes que recordar al hablar del pecado y de la tentación es que no estamos solos en esta lucha. Dios está ahí, pero también el Maligno. El Maligno no es un cuento de brujas: es real e influye en tu vida. Aunque una buena parte de las tentaciones provienen del desorden en nuestras almas, Satán y los espíritus malignos son también intensamente activos. Uno de los mayores peligros es intentar luchar por tu cuenta contra una inteligencia-angélica-entregada-al-mal. Comenta con otras personas tus luchas: ten otras personas a quienes rendir cuentas, un confesor habitual que conozca tu alma y comprenda las tretas de Satanás. Esa apertura y honestidad es esencial para vencer los pecados que nos conducen a la desgracia.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“El gran remedio contra todas las tentaciones, grandes y pequeñas, es desahogar el corazón y comunicar a nuestro director todas las sugestiones, sentimientos y afectos que nos agitan. Fíjate en que la primera condición que el Maligno pone al alma que quiere seducir es el silencio” (7).

* * *

"Son las pequeñas cosas las que cuentan en la vida", concluye el padre Thompson: "Así que haz caso a San Francisco de Sales y lucha contra las tentaciones en la forma correcta".