lunes, 29 de abril de 2019

Cámara de Diputados de México
El Vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Mons. Carlos Garfias, presentó a los diputados del país las “Bienaventuranzas del político”, propuestas por el Cardenal vietnamita François-Xavier Nguyên Van Thuan, cuya causa de beatificación está en proceso.

En su alocución ante los diputados al presentar el plan de prevención de apoyo a las víctimas de la violencia, el también Arzobispo de Morelia dijo el 23 de abril que “merece la pena recordar las ‘bienaventuranzas del político’, propuestas por el cardenal vietnamita François-Xavier Nguyen Van Thuan, fallecido en el año 2002, y que fue un fiel testigo del Evangelio”.

Las bienaventuranzas son las siguientes:

“Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel.
Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.
Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.
Bienaventurado el político que permanece fielmente coherente.
Bienaventurado el político que realiza la unidad.
Bienaventurado el político que está comprometido en llevar a cabo un cambio radical.
Bienaventurado el político que sabe escuchar.
Bienaventurado el político que no tiene miedo”.

El Prelado alertó a los diputados que la búsqueda de poder a cualquier precio “lleva al abuso y a la injusticia. La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción”.


“La función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo”, resaltó.

Mons. Garfias afirmó que “la política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad”.

Tras alentar a los diputados a ser artesanos de la paz, el Arzobispo dijo que se dirigía a ellos “desde mi vocación y responsabilidad de Pastor. Siempre el deseo es enviar un mensaje de esperanza y de aliento, un mensaje en el cual sin importar el papel, grupo o creencia que desempeñemos en la sociedad seamos capaces de construir una sociedad más vigorosa y un país más fuerte, es esperanza en el Señor, que transforma el mal en bien y la muerte en vida”.

El Arzobispo de Morelia también participó en la proyección del documental “Tragedia y crisol del sacerdocio en México” que presenta la investigación del Centro Católico Multimedial (CCM) sobre la persecución y asesinatos de presbíteros.

Solamente entre 2012 y 2018 se registraron 26 asesinatos de sacerdotes en México, la mayoría de estos impunes. Uno de los crímenes que más ha marcado al país es el del Arzobispo de Guadalajara, Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, ocurrido hace casi 26 años sin que se haya detenido a una sola persona.

Sufrió por la situación política:

El Cardenal Van Thuan

El Cardenal François-Xavier Nguyen Van Thuan nació en Hue (Vietnam), el 17 de abril de 1928. Fue Obispo de Nhatrang durante ocho años y por unos meses Obispo coadjutor de Saigón. El 23 de abril de 1975 el ejército comunista tomó la ciudad de Saigón y se hizo con el control del país.

Tras la subida de los comunistas al poder, el Obispo Van Thuân fue arrestado el 15 de agosto de 1975, día de la Asunción de la Virgen, acusado de formar parte de un complot entre el Vaticano y el “imperialismo” para luchar contra el régimen comunista.

En prisión siguió el ejemplo de San Pablo y escribió cartas a sus fieles. También suscitó el aprecio de sus captores, a quienes enseñaba idiomas.

Después de 13 años de cárcel, nueve de los cuales pasó en una celda de aislamiento, fue liberado y desterrado del país. Llegó a Roma y empezó a trabajar en la Curia Romana. En 1998 fue nombrado Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz.

En la Cuaresma del año 2000 fue invitado por San Juan Pablo II a predicar los ejercicios espirituales de la Curia del Vaticano.

Cuando el Papa peregrino lo recibió en privado para felicitarlo por el retiro, el Arzobispo le dijo: “Hace 24 años estaba celebrando Misa con tres gotas de vino y una de agua en la palma de mi mano. Nunca hubiera pensado que el Santo Padre me recibiera de esta manera. ¡Qué grande es nuestro Señor, y qué grande es su amor!”.

En febrero de 2001 fue creado cardenal por el Papa Wojtyla. Falleció el 16 de septiembre de 2002. El 4 de mayo de 2017 el Vaticano dio a conocer que el Papa Francisco firmó el decreto que reconoce las virtudes heroicas del Purpurado.
























La práctica de la humildad (III)



S.S. León XIII

La práctica de la humildad (III)
XXVI
Nunca anheles ser amado de manera singular. Puesto que el amor depende de la voluntad, y la voluntad está inclinada hacia el bien por naturaleza, ser amado, y ser amado como bueno, es una misma cosa; ahora bien, el afán de ser estimado por encima de los demás es inconciliable con una sincera humildad. ¡Qué gran fruto obtendrás si obras así! Tu alma, no mendigando ya el amor de las criaturas, se refugiará en las sagradas llagas del Salvador; allí, en el Corazón adorable de Jesús, experimentarás las indecibles dulzuras divinas, y habiendo renunciado generosamente por Él al amor de los hombres, podrás gustar en abundancia la miel de los consuelos divinos, que le serían negados si hubiese sido presa del dulzor falso y mentiroso de los consuelos terrenos; porque los consuelos divinos son tan puros y sinceros, que no pueden ser mezclados con los consuelos de aquí abajo, y somos inundados por aquéllos en la medida en que nos vaciamos de éstos. Por otra parte, tu alma podrá volverse libremente hacia Dios y reposar en Él con el pensamiento de su presencia y de sus perfecciones infinitas. Por último, no habiendo cosa más dulce que amar y ser amado, si te privas de este placer por amor de Dios, y Dios se posesiona de tu corazón, no dividido por el amor de otra criatura, ofrecerás un sacrificio muy acepto a Dios, y no temas que obrando así se vaya a enfriar tu amor al prójimo pues no le amarás por interés, por seguir tu inclinación, sino tan sólo por dar gusto a Dios, haciendo lo que sabes le agrada.
XXVII
Haz todas las cosas, por pequeñas que sean, con mucha atención y con el máximo esmero y diligencia; porque el hacer las cosas con ligereza y precipitación es señal de presunción; el verdadero humilde está siempre en guardia para no fallar aun en las cosas más insignificantes. Por la misma razón, practica siempre los ejercicios de piedad más corrientes y huye de las cosas extraordinarias que te sugiere tu naturaleza; porque así como el orgulloso quiere singularizarse siempre, así el humilde se complace en las cosas corrientes y ordinarias.
XXVIII
Convéncete de que no eres buen consejero de ti mismo, y por eso, teme y desconfía de tus opiniones, que tienen una raíz mala y corrompida. Con esta persuasión, aconséjate, en lo posible, de hombres sabios y de buena conciencia, y prefiere ser gobernado por uno que sea mejor que tú a seguir tu propio parecer.
XXIX
Por alto que sea el grado de gracia y de virtud a que hayas llegado, por grande que sea el don de oración que Dios te haya concedido, aunque hayas vivido durante mil años en la inocencia y en el fervor de la devoción, debes caminar siempre con temor y desconfiar de ti mismo, especialmente en materia de castidad: no olvides que llevas dentro de ti un horno inextinguible y una fuente inagotable de pecados, y piensa que eres todo debilidad, inconstancia, infidelidad. Está siempre en guardia sobre ti mismo; cierra los ojos para no ver ni sentir lo que podría manchar tu alma; huye siempre de las ocasiones peligrosas; evita todas las conversaciones inútiles con personas del otro sexo, y en las necesarias mantente en la más escrupulosa modestia y contención; finalmente, puesto que sin la gracia de Dios no puedes hacer nada bueno, pídele continuamente que tenga misericordia de ti y que no te deje solo en ningún momento.
XXX
¿Has recibido de Dios grandes talentos? ¿O eres, por ventura, un grande del mundo? Esfuérzate en conocerte tal y como eres y procura convencerte de tu debilidad, de tu incapacidad y de tu nada; debes hacerte más pequeño que un niño; no andes tras las alabanzas de los hombres, ni ambiciones los honores; antes bien rechaza aquéllas y éstos.
XXXI
Si te hacen alguna injuria o te ocasionan algún grave disgusto, en vez de indignarte con quien te ha ofendido, alza los ojos al cielo y mira al Señor, que con su infinita y amable providencia lo ha dispuesto así para hacerte expiar tus pecados, o para destruir en ti el espíritu de soberbia, obligándote a hacer actos de paciencia y de humildad.
XXXII
Cuando se te presente la ocasión de prestar algún servicio bajo y abyecto al prójimo, hazlo con alegría y con la humildad con que lo harías si fueras el siervo de todos. De esta práctica sacarás tesoros inmensos de virtud y de gracia.
XXXIII
No te preocupes por aquellas cosas que no están a tu cuidado y de las que no tienes que rendir cuenta ni a Dios ni a los hombres; porque el ocuparse en ellas es signo de secreta soberbia y de vana presunción de sí mismo, alimenta y hace crecer la vanidad y es causa de mil preocupaciones, inquietudes y distracciones. Por el contrario, si atiendes sólo a ti mismo y a tu deber, hallarás un manantial de paz y de tranquilidad, según las palabras de la Imitación de Cristo: No te entrometas en lo que no te han encomendado; así podrá ser que pocas veces o muy de tarde en tarde te turbes.
XXXIV
Si haces alguna mortificación extraordinaria, procura preservarte del veneno de la vanagloria, que destruye a menudo todo su mérito; hazla tan sólo porque desdeciría de un pecador que viviera según su propio capricho, y también por tantas deudas como tienes que saldar ante la justicia divina. Piensa que los actos de penitencia te son tan necesarios para detener la violencia de las pasiones y mantenerte dentro de los límites del deber, como la brida y el freno para domar un impetuoso caballo.
XXXV
Cuando sientas el aguijón de la impaciencia y seas presa de la tristeza en tus tribulaciones y humillaciones, resiste fuertemente esa tentación, acordándote de tantos pecados, por los que has merecido castigos mucho más duros de los que estás sufriendo. Adora la justicia infinita de Dios y recibe respetuosamente sus golpes, que son para ti fuentes de misericordia y de gracia. Si pudieses comprender cuan saludable es ser herido en esta miserable vida por la mano de un Padre tan dulce como es Dios, te abandonarías por completo en sus manos. Repite a menudo con San Agustín: Quema y arranca de mí en esta vida todo lo que quieras, no perdones nada ni me ahorres ningún sufrimiento, como tal que me perdones y me los ahorres todos en la eternidad. Rehusar las tribulaciones es rebelarse contra la saludable justicia de nuestro Dios, es rechazar el cáliz que misericordiosamente nos brinda, y en el que el mismo Jesucristo, aunque inocente, ha querido beber el primero.
XXXVI
Si cometes alguna falta que es motivo para que te desprecie quien la presenció, siente un vivo dolor de haber ofendido a Dios y de haber dado un mal ejemplo al prójimo, y acepta la deshonra como un medio que Dios te envía para hacerte expiar tu pecado y para hacerte más humilde y virtuoso. Si, por el contrario, el verte deshonrado te atormenta y te contrista, es que no eres verdaderamente humilde y que estás todavía envenenado por la soberbia. Pide entonces al Señor con mucha insistencia que te cure y te libre de ese veneno, porque si Dios no se apiada de ti caerás en otros abismos.
XXXVII
Si entre los que te rodean hay alguno que te parece despreciable, obrarás sabia y prudentemente si en vez de publicar y censurar sus defectos te fijas en las buenas cualidades naturales y sobrenaturales de que Dios le ha dotado, y que le hacen digno de respeto y honor. Al menos, ve siempre en él a una criatura de Dios, formada a su imagen y semejanza, rescatada con la sangre preciosa de Jesucristo, un cristiano marcado con la luz del rostro de Dios, un alma capaz de verle y poseerle por toda la eternidad, y quizá un predestinado por el consejo secreto de su adorable providencia. ¿Sabes tú, acaso, las gracias que el Señor ha derramado sobre él, o las que va a derramar? Pero sin entrar en más averiguaciones, quizá lo mejor sería rechazar inmediatamente todos esos pensamientos de desprecio como venenosas inspiraciones del tentador.
XXXVIII
Cuando te alaben, en vez de llenarte de vanagloria, piensa si aquellas alabanzas no serán la recompensa de lo poco bueno que has hecho. Evoca interiormente tu miseria merecedora del desprecio de los demás, y procura cortar la conversación, no para cosechar más alabanzas, como los soberbios que fingen ser humildes, sino con tal tacto y discreción, que no se vuelvan a acordar de ti. Y si no lo consigues, refiere a Dios todo el honor y toda la gloria, diciendo con Baruch y Daniel: A ti, Señor, toda honra y gloria y a nosotros, la vergüenza y el oprobio.
XXXIX
En la misma proporción en que deben causarte disgusto las alabanzas a ti dispensadas, debes experimentar alegría por los elogios y honores a los demás y, por tu parte, debes contribuir a honrarles en la medida en que la franqueza y la verdad te lo permitan. Los envidiosos no saben soportar las glorias del prójimo, porque estiman que van en disminución de las propias; precisamente por esto deslizan hábilmente en las conversaciones ciertas palabras ambiguas o frases de doble sentido, dirigidas a menguar o a hacer dudosos los méritos que, con resentimiento por su parte, adornan a los demás. Tú no debes obrar así porque alabando a tu prójimo, alabas simultáneamente al Señor y le agradeces los dones que distribuye y los beneficios que se pueden obtener para Su servicio.
La práctica de la humildad I

La práctica de la humildad II









































domingo, 28 de abril de 2019

Regina Caeli: Jesús se aparece trayendo tres dones: la paz, la alegría y la misión apostólica

Regina Caeli del 28 abril 2019, Papa Francisco,

En este segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia, el Papa Francisco se asoma a la ventana de su estudio del Palacio Apostólico del Vaticano para dirigirse a los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza San Pedro para rezar el Regina Caeli.
Palabras del Papa antes del Regina Caeli
Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
El evangelio de hoy (Juan 20: 19-31) nos dice que en el día de Pascua Jesús se aparece a sus discípulos en el Cenáculo, trayendo tres dones: la paz, la alegría y la misión apostólica.
Las primeras palabras que dice son: “La paz sea contigo” (v. 21). El Señor Resucitado trae auténtica paz, porque a través de su sacrificio en la cruz ha logrado la reconciliación entre Dios y la humanidad y ha vencido el pecado y la muerte, esta es la paz. Sus discípulos eran los primeros que necesitaban esta paz, porque después de la captura y la sentencia de muerte contra el Maestro, habían caído en el desconcierto y el miedo. Jesús se aparece vivo entre ellos y mostrando sus heridas en el cuerpo glorioso, da la paz como fruto de su victoria. Pero esa tarde el apóstol Tomás no estuvo presente. Informado de este evento extraordinario, él, incrédulo ante el testimonio de los otros apóstoles, pretende verificar personalmente la verdad de lo que ellos afirman. Ocho días después, como hoy, se repite la aparición: Jesús se encuentra con la incredulidad de Tomás y le invita a tocar sus heridas. Son la fuente de la paz, porque son el signo del inmenso amor de Jesús, quien derrotó a las fuerzas hostiles del hombre, es decir, el pecado, el mal y la muerte. Invita a tocar las heridas, es una enseñanza para nosotros, como si Jesús nos dijera a cada uno de nosotros: “Si tu no estás en paz, toca mis heridas”.
Tocar las heridas de Jesús, que están en los problemas, en las dificultades, en las persecuciones, en las enfermedades, en tanta gente que sufre. ¿Tu no estás en paz?, Ve, ve a visitar a alguien que es símbolo de la herida de Jesús, toca la herida de Jesús. De esas heridas sale la misericordia. Por eso hoy es el domingo de la misericordia. Un santo decía que el cuerpo de Jesús crucificado es como un saco de misericordia, que a través de las heridas venía hacia todos nosotros. Todos nosotros necesitamos de la misericordia, lo sabemos. acerquémonos a Jesús y toquemos  sus heridas, en nuestros hermanos que sufren. Las heridas de Jesús son un tesoro: de ahí surge la misericordia. seamos valerosos y toquemos las heridas de Jesús. Con estas heridas Él está delante del Padre y nos hace ver al Padre, como si dijera. “Padre, este es el precio, estas heridas son lo que yo he pagado por mis hermanos”. Con las heridas Jesús intercede ante el Padre. Nos da la misericordia y nos acerca e intercede por nosotros. No olviden nunca las heridas de Jesús.
El segundo don que Jesús resucitado trae a los discípulos es la alegría. El evangelista informa que los discípulos se regocijaron al ver al Señor “(v. 20). Hay un versículo que dice que “no podían creer por la alegría que tenían”, no lo podían creer.  A nosotros cuando nos pasa algo increíble demasiado bello, nos viene de dentro decir: “¡No lo podemos creer, que esto no es verdad!” y así decían los discípulos, no lo podían creer por tanta alegría que sentían. Y esa es la alegría que nos da Jesús. Si tu estás triste, si no estás en paz, mira a Jesús crucificado a Jesús resucitado, mira sus heridas y recibe su alegría.
Y además de la paz y la alegría, Jesús da a sus discípulos una nueva misión: “Así como el Padre me envió, yo también os envío” (v. 21). y La resurrección de Jesús es el inicio de un nuevo dinamismo  de amor capaz de transformar el mundo con la presencia del Espíritu Santo.
En este segundo domingo de Pascua, estamos invitados a acercarnos a Cristo con fe, abriendo nuestros corazones a la paz, la alegría y la misión, pero no nos olvidemos las heridas de Jesús, que de ahí surge la paz, la alegría y la fuerza par la misión.
Confiamos esto a la intercesión de materna de la Virgen María, Reina del Cielo y de la Tierra.






La práctica de la humildad (II)


S.S. León XIII


La práctica de la humildad (II)
XI
Reprime con todas tus fuerzas la curiosidad vana e inútil; por eso, no te afanes demasiado por ver esas cosas que los mundanos tienen por bellas, raras y extraordinarias; esfuérzate, en cambio, por saber cuál es tu deber y lo que puede aprovecharte para tu salvación.
XII
Muestra siempre un gran respeto y reverencia a tus superiores, una gran estima y cortesía a tus iguales y una gran caridad a los inferiores; persuádete que el obrar de otra manera sólo puede ser efecto de un espíritu dominado por la soberbia.
XIII
Conforme a la máxima del Evangelio, busca siempre el lugar más bajo, en la sincera persuasión de que precisamente por serlo es el que más te conviene. Asimismo, en las necesidades de la vida, no apuntes demasiado alto en tus deseos y en tus preocupaciones; conténtate con cosas sencillas y modestas, que son las que más se compadecen con tu poquedad.
XIV
Si te faltan los consuelos temporales y Dios te quita los espirituales, piensa que has tenido siempre más de los que merecías; conténtate con lo que el Señor te envía.
XV
Cultiva siempre en tu interior la santa costumbre de acusarte, reprenderte y condenarte. Sé juez severo de todas tus acciones, que van siempre acompañadas de mil defectos y de las continuas pretensiones del amor propio. Concibe a menudo un justo desprecio por tí mismo al verte en tus acciones tan falto de prudencia, de sencillez y de pureza de corazón.
XVI
Evita como un mal gravísimo el juzgar los hechos del prójimo; antes bien, interpreta benignamente sus dichos y hechos, buscando con industriosa caridad razones con que excusarlos y defenderlos. Y si fuera imposible la defensa, por ser demasiado evidente el fallo cometido, procura atenuarlo cuanto puedas, atribuyéndolo a inadvertencia o a sorpresa, o a algo semejante, según las circunstancias; por lo menos, no pienses más en ello, a no ser que tu cargo te exija que pongas remedio.
XVII
No contradigas nunca a nadie en la conversación cuando se trate de cosas dudosas, que pueden tomarse por el sí o por el no (en un sentido o en otro). En las discusiones no te acalores, y si tu opinión la estiman falsa o menos buena, cede modestamente y permanece en un humilde silencio. Cede también y observa igual proceder en las cosas que no tienen importancia, aun cuando estés cierto de la falsedad de la opinión contraria. En las demás ocasiones en que sea necesario defender la verdad, actúa con energía, pero sin furor ni despecho, y está seguro de que obtendrás más éxito con la dulzura que con el ímpetu y con el desdén.
XVIII
No ocasiones molestias a nadie, por ínfimo que sea, ni de palabra, ni de obra, ni con tu comportamiento, a no ser que te lo exijan el deber, la obediencia o la caridad.
XIX
Si alguien te fastidia con frecuencia y te mortifica de intento en muchas ocasiones con injurias y con ultrajes, no te aires, considéralo más bien como un instrumento del que se sirve para tu bien la misericordia de Dios, que quiere curar de este modo la llaga inveterada de tu orgullo.
XX
La ira es un vicio aborrecible en toda clase de personas, y máxime en las espirituales, que debe su violencia al orgullo que las sustenta; esfuérzate, pues, en acumular un caudal de dulzura, para que cuando te ultrajen, por honda que sea la herida de la injuria, seas capaz de conservar la calma. En esas ocasiones no alimentes ni guardes en tu corazón sentimientos de aversión o de venganza para quien te ofendió; antes bien, perdónale de corazón, convencido de que no hay mejor disposición que ésta para alcanzar de Dios el perdón de las injurias que le has hecho. Este humilde sufrimiento te cosechará muchos méritos para el cielo.
XXI
Sufre con paciencia los defectos y la fragilidad de los otros, teniendo siempre ante los ojos tu propia miseria, por la que has de ser tú también compadecido de los demás.
XXII
Muéstrate manso y humilde con todos, y más aún con aquellos hacia los que sientes una cierta repugnancia y aversión; no digas como algunos: “Dios me libre de sentir odio hacia aquella persona, pero no quiero verla a mi lado, ni tener tratos con ella”. Esta repugnancia tiene su origen en la soberbia y en no haber vencido con las armas de la gracia la orgullosa naturaleza y el amor propio; porque si se abandonaran a las mociones de la gracia, sentirían esfumarse a impulsos de una verdadera humildad todas las dificultades que encuentran y soportarían con paciencia aún las naturalezas más duras y salvajes.
XXIII
Si te sobreviene alguna contradicción, bendice al Señor, que dispone las cosas del mejor de los modos; piensa que la has merecido, que merecerías más todavía, y que eres indigno de todo consuelo; podrás pedir con toda simplicidad al Señor que te libre de ella, si así le place; pídele que te dé fuerzas para sacar méritos de esa contrariedad. En las cruces no busques los consuelos exteriores, especialmente si te das cuenta que Dios te las manda para humillarte y para debilitar tu orgullo y presunción. En medio de ellas debes decir con el Rey Profeta: ¡Cuán bueno ha sido para mí Señor, que me hayas humillado, porque así he aprendido tus mandatos!
XXIV
En la comida no debes sentir disgusto cuando los alimentos no sean de tu agrado; haz, más bien, como los pobrecitos de Jesucristo, que comen de buen grado lo que les dan, y dan las gracias a la Providencia.
XXV
Si alguien, por error, te reprende y te dice malas palabras, o si censura tu conducta uno que es inferior a ti o más merecedor que tú de reprensión, y que debería más bien ocuparse de sus cosas, no desprecies sus indicaciones, ni rechaces los consejos que te da, ni dejes de examinar con calma y a la luz de Dios tu conducta, y todo ello con la íntima persuasión de que caerías a cada paso si la gracia de Dios no te preservara.

ReL
La práctica de la humildad I
















































sábado, 27 de abril de 2019

La Coronilla a la Divina Misericordia

















LA PRÁCTICA DE LA HUMILDAD ( I )



S. S. León XIII

LA PRÁCTICA DE LA HUMILDAD ( I )
Es una verdad incontrovertible que no habrá misericordia para los soberbios, que para ellos permanecerán cerradas las puertas de los cielos, y que el Señor sólo las abrirá a los humildes.
Para convencerse, basta abrir las Sagradas Escrituras, que continuamente nos enseñan que Dios resiste a los orgullosos, que humilla a los que se ensalzan, que hay que hacerse semejantes a los niños para entrar en su gloria, que quien a ellos no se asemeje será excluido, y, por último, que Dios sólo otorga su gracia a los humildes.
Nunca estaremos bastante convencidos de lo importante que es para los cristianos, y especialmente para los que han emprendido la carrera eclesiástica, el esforzarse en practicar la humildad y el arrojar del espíritu toda presunción, toda vanidad, todo orgullo. No hay que ahorrar esfuerzo ni fatiga para salir airosos en una empresa tan santa; y como es cosa que no se puede lograr sin la gracia de Dios, hay que pedirlo insistentemente, sin cansarse nunca.
Todo cristiano ha contraído en el bautismo la obligación de seguir las huellas de Jesucristo, que es el modelo al que debemos conformar nuestra vida. Ahora bien, este divino Salvador ha vivido la humildad hasta el extremo de hacerse el oprobio de la tierra, para abajar lo más elevado y curar la llaga de nuestro orgullo, enseñándonos con su ejemplo el único camino que lleva al cielo. Esta es, para hablar con propiedad, la lección más importante del Salvador: Discite a me.
Tú, pues, oh discípulo de este divino Maestro, si quieres adquirir esta perla preciosa, que es la prenda más segura de santidad y la señal más cierta de predestinación, recibe dócilmente los avisos que te voy a dar y ponlos fielmente en práctica.
I
Abre los ojos de tu alma, y considera que no tienes nada tuyo de que gloriarte. Tuyo sólo tienes el pecado, la debilidad y la miseria; y, en cuanto a los dones de naturaleza y de gracia que hay en tí, solamente a Dios, de quien los has recibido como principio de tu ser, pertenece la gloria.
II
Concibe un profundo sentimiento de tu nada y hazlo crecer continuamente en tu corazón a despecho del orgullo que te domina. Persuádete en lo más íntimo de ti mismo que no hay en el mundo cosa más vana y ridícula que querer ser estimado por dotes que has recibido en préstamo de la gratuita liberalidad del Creador; puesto que, como dice el Apóstol, si las has recibido, ¿Por qué te glorías como si no las hubieses recibido?
III
Piensa a menudo en tu debilidad, en tu ceguera, en tu bajeza, en tu dureza de corazón, en tu sensualidad, en la insensibilidad por Dios, en tu apego a las criaturas y en tantas otras inclinaciones viciosas que nacen en tu naturaleza corrompida; y que esto te lleve a abismarte de continuo en tu nada y a ser muy pequeño y muy bajo a tus ojos
IV
Imprime en tu espíritu el recuerdo de los pecados de tu vida pasada; persuádete de que el pecado de soberbia es un mal tan abominable, que cualquier otro en la tierra y en el infierno es muy pequeño en comparación con él; este pecado fue el que hizo prevaricar a los ángeles en el cielo y los precipitó a los abismos; el que corrompió a todo el género humano y desencadenó sobre la tierra la multitud infinita de males que durarán lo que dure el mundo, lo que dure la eternidad. Por otra parte, un alma cargada de pecados es sólo digna de odio, de desprecio, de tormento; mira, pues, qué estima puedes tener de tí mismo, después de tantos pecados de que te has hecho culpable.
V
Considera, además, que no hay delito. por enorme y detestable que sea, al que no se incline tu malvada naturaleza y del que no puedas hacerte reo; y que sólo por la misericordia de Dios y por el auxilio de su gracia te has librado hasta el presente de cometerlo (según aquella sentencia de San Agustín, que no hay pecado en el mundo que el hombre no pueda cometer si la mano que hizo al hombre dejara de sostenerlo) Lamenta interiormente un estado tan deplorable y resuelve firmemente reputarte entre los más indignos pecadores.
VI
Piensa a menudo que más pronto o más tarde has de morir, y que tu cuerpo se pudrirá en la sepultura; ten siempre ante los ojos el tribunal inexorable de Jesucristo, ante el cual todos necesariamente hemos de comparecer; medita en los eternos dolores que esperan a los malos en el infierno, y especialmente a los imitadores de Satanás, que son los soberbios. Considera seriamente que el velo impenetrable que esconde al ojo mortal los juicios divinos te impide saber si serás o no del número de los réprobos, que en compañía de los demonios serán arrojados eternamente a aquel lugar de tormentos para ser víctima eterna de un fuego encendido por el soplo de la ira divina. Esta incertidumbre te servirá para mantenerte en una extrema humildad y para inspirarte un saludable temor.
VII
No creas que vas a adquirir la humildad sin las prácticas que le son propias, como son los actos de mansedumbre, de paciencia, de obediencia, de mortificación, de odio a ti mismo, de renuncia a tu propio juicio, a tus opiniones, de arrepentimiento de tus pecados y de tantos otros; porque éstas son las armas que destruirán en ti mismo el reino del amor propio, ese terreno abominable donde germinan todos los vicios y donde se alinean y crecen a placer tu orgullo y presunción.
VIII
Mientras te sea posible, mantente en silencio y recogimiento; mas que esto no sea con perjuicio del prójimo, y cuando tengas que hablar hazlo con contención, con modestia y con sencillez. Y si sucediera que no te escuchan, por desprecio o por otra causa, no des muestras de disgusto; acepta esta humillación y súfrela con resignación y con ánimo tranquilo.
IX
Evita con todo cuidado las palabras altaneras, orgullosas o que indiquen pretensiones de superioridad; evita también las frases estudiadas y las palabras irónicas; calla todo lo que pueda darte fama de persona graciosa y digna de estimación. En una palabra, no hables nunca sin justo motivo de ti mismo y evita todo aquello que pueda cosecharte honras y alabanzas.
X
En las conversaciones no te mofes ni zahieras a los demás con palabras y sarcasmos; huye de todo lo que huela a espíritu del mundo. De las cosas espirituales no hables como un maestro que da lecciones, a no ser que tu cargo o la caridad te lo impongan; conténtate con preguntar a persona avisada que pueda aconsejarte; porque el querer dárselas de maestro sin necesidad es echar leña al fuego de nuestra alma, que se consume ya en humo de soberbia.

ReL



























Un año de oración y formación en un monasterio: preparados, estos jóvenes evangelizan en plena calle

Los jóvenes deciden dedicar un año de su vida a Dios para formarse para ser evangelizadores callejeros
Los jóvenes deciden dedicar un año de su vida a Dios para formarse para ser evangelizadores callejeros

Después de resucitar, Jesucristo se apareció a sus discípulos en Galilea. Allí, según recoge el Evangelio de Mateo, Cristo les dio este mandato: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.
Así comenzó la evangelización que ha proseguido hasta nuestros días y que ha llevado el Evangelio hasta los últimos rincones del mundo. Y precisamente el tiempo pascual es propicio para este anuncio. Así lo ha entendido la comunidad Sentinelle del Mattino di Pasqua (Centinelas de la Mañana de Pascua), una escuela de evangelización situada en un monasterio junto a Florencia donde jóvenes se forman durante un año para prepararlos para anunciar a Cristo resucitado en las calles, las plazas, los centros comerciales, las playas...
gianni-castorani
El padre Castorani creó la Escuela de Evangelización en 2007
Este grupo fue fundado por el ahora sacerdote Gianni Castorani, llevando a Italia la experiencia original que él mismo vivió en Francia y que le cambió la vida. En 1984, el religioso Daniel Ange, una de las figuras más queridas del catolicismo francés, creó la Escuela de Evangelización para jóvenes Jeunesse Lumière, lo que le convirtió en un pionero de la nueva evangelización.
Una pregunta que le abrió la mente
Este benedictino francés fue misionero en África durante muchos años, después vivió como ermitaño en Suiza, y se quedó impresionado por la tristeza de los jóvenes del rico Occidente. ¿Qué podía hacer? Entonces, el padre Ange vio la necesidad urgente de formar a jóvenes como misioneros de su propio entorno para que fueran capaces de llevar a sus compañeros y amigos un mensaje de amor y esperanza.
Entre aquellos discípulos se encontraba un joven Gianni Castorani. Durante muchos años vivió alejado completamente de Dios. Experimentó grandes periodos de rebelión e ira hasta que tuvo un impresionante encuentro con Cristo. Durante años estuvo con Daniel Ange en la fraternidad de Jeunesse Lumière hasta que regresó a Florencia ya con una llamada vocacional e ingresó en el seminario.
Responder a sus inquietudes desde el Evangelio
Fue entonces cuando decidió llevar a Italia la experiencia que él mismo había vivido en Francia y creó esta comunidad de los Centinelas de la Mañana de Pascua. En el origen de todo, explica al semanario Credere, había un deseo: “Hablar con los jóvenes, responder a sus preguntas, al miedo del mañana, a las inquietudes y preocupaciones, proponiendo el Evangelio como respuesta”.
Resultado de imagen de Sentinelle del Mattino di Pasqua
Toda la actividad consiste en el primer anuncio: salir a la calle, a las puertas de las discotecas, a las playas, a los colegios… Allí jóvenes hablan a otros jóvenes de un mensaje del que muchos no han oído hablar en su vida.
Antes de la misión, la oración y la formación
Pero antes de la misión, estos jóvenes evangelizadores necesitan oración, contemplación y formación. Para ello están un año en el monasterio del Espíritu Santo, cerca de Florencia. En este lugar, convertido en una Escuela de Evangelización, algunos jóvenes pueden decidir dedicar a Dios un año de sus vidas.
Los cuatro pilares en los que se basa esta experiencia son similares a lo que hacían y vivían las primeras comunidades cristianas: oración (marcada por la Liturgia de las Horas), la formación, la vida comunitaria y la misión.
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Una fuente de vocaciones
Quienes eligen asistir a esta Escuela de Evangelización residiendo en el monasterio aceptan vivir ese año una “castidad con alegría, pobreza con alegría, obediencia con alegría”. Se trata de un periodo de discernimiento marcado por la entrega. Una de las consecuencias es que un porcentaje de estos jóvenes no sólo se convierten en evangelizadores formados sino que además se dan “frutos vocacionales”.
El padre Gianni confirma que “algunos jóvenes que han asistido a la Escuela hoy son sacerdotes o monjas”. Pero también otros fortalecen su vocación al matrimonio. Es el caso de Carolina, una joven de 22 años. Esta separación temporal fortaleció el amor con su novio, que se quedó en su casa. “Nuestra relación es más hermosa e intensa, la distancia y la oración aumentan en nosotros el amor mutuo”, explica.
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Una ayuda para muchos jóvenes
Tras varias experiencias religiosas, esta joven asegura que en esta comunidad encontró lo que estaba buscando: ritmo en la oración, una meditación diaria de la Palabra, el “desierto” del viernes, dedicado al silencio. En la Escuela también recibe “lecciones”: reuniones con maestros y personas con distintas experiencias que pasan unos días con ellos para hablar sobre temas teológicos, espirituales, bíblicos o antropológicos. Por ejemplo, uno de los temas tratados es precisamente el de la pureza, tema que a ella le ha ayudado especialmente.
Otro de los jóvenes que participa es Matteo, de 23 años. Afirma que la Escuela le ha ayudado a superar la timidez, la inseguridad y la pereza. En las misiones de evangelización asegura que ha aprendido a lanzarse con coraje.
Tomar esta decisión de dedicar un año a Dios no ha sido fácil para él: “Mis padres no son creyentes y no lo entendieron. A ellos les parecía que escapaba del mundo. Pero me dijeron: ‘te vemos feliz, está bien’”.
J. Lozano, ReL











































“Un documento transformador” – 15 años del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

“Fue motivo de alegría para la Iglesia”

El Papa Francisco, en la audiencia general



Biotecnologíaclonación y economicismo, son palabras que parecen sacadas de informes científicos y financieros, o del periodismo especializado. Sin embargo, también hay otros términos tales como minoríasusura y violencia que, sumados a los anteriores, están muy presentes en los discursos de jefes de Estado y analistas en foros internacionales.

Cabe precisar que todo esto no es asunto exclusivo del léxico de las naciones, ni de la prensa internacional. La Iglesia católica también los ha recopilado y definido, con el fin de facilitar a los creyentes, estudiosos y gobernantes una mirada crítica, pero a la vez propositiva de aquellos temas con raigambre en las sagradas escrituras.
Un jubileo social
Fue motivo de alegría para la Iglesia y toda la comunidad internacional, la reciente celebración de los quince años del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI), publicado en abril de 2004.
Este documento, que “se propone sostener la acción de los cristianos en el campo social”, en palabras del cardenal Renato Martino, presidente emérito del Pontificio Consejo Justicia y Paz, fue un encargo muy especial de san Juan Pablo II. El fin fue recoger la mayoría de voces que, iluminadas por el magisterio y la tradición de la Iglesia, pudieran acompañar, advertir y aconsejar a gobernantes y dirigentes de todos los sectores, en lo que se refiere al irrestricto respeto y promoción de la dignidad humana.
Son ocho los papas que han escrito para su tiempo, acerca de los acontecimientos y cambios sociales por los que pasó la humanidad desde fines del siglo XIX. Esto es, empezando por León XIII con Rerum Novarum en 1891, hasta Francisco con la aplaudida Laudato si’ en 2015; aunque ya el papa Pío IX en 1864 condenaba el socialismo y el liberalismo económico con su encíclica Quanta Cura.
Voces permanentes
El CDSI, que fue desarrollado por el entonces Pontificio Consejo Justicia y Paz, tiene doce capítulos conformados por diversas definiciones, las cuales son muy utilizadas en escritos, lecciones y homilías, sea dentro como fuera de la Iglesia; sin embargo, ¿cuánto han calado estas en el estilo de vida de los cristianos, especialmente, en quienes tienen a cargo las decisiones a favor de las personas?
El documento nos introduce a conceptos básicos para una sana convivencia y la construcción de la ansiada “civilización del amor”, de la que nos hablaba el santo papa Pablo VI.
Hay por lo tanto ideas fijas y claras, que van desde el aborto, hasta lo participativa y alternada que debe ser la democracia. Asimismo, interpela sobre el escándalo que conlleva el que algunos pasen hambre, sea por carestía o por un poder adquisitivo desigual.
Podemos sumar otras voces inamovibles como son el trato a los refugiados, el derecho a la tierra, el cuidado del medio ambiente y hasta la pena de muerte, que al haber sido declarada inaceptable por el papa Francisco meses atrás, demandará de todos modos una modificación en la esperada siguiente edición del CDSI, hoy a cargo del nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.
Entre lo breve y lo ausente
No era fácil que este documento, elaborado en la década de los noventa y publicado en los inicios del año 2000, pudiera contener en amplitud la definición de algunos términos, que hoy en día han pasado a ser ‘temas candentes’ para la humanidad.
Es por ello que podrían ser actualizados determinados conceptos allí incluidos, como son la abusiva contaminación ambiental, el discurso hedonista sobre la demografía, el flagelo cómplice del consumo de las drogas, o la instalación sustitutoria y progresiva del laicismo en nuestra sociedad.
También podrían ponerse al día los elementos referidos a la limosna (vista esta como parte de la solidaridad), los derechos inalienables a favor de la minusvalidez, los riesgos del nihilismo y su vacío desencantador.
Se espera también más energía acerca del derecho a la objeción de conciencia, el dolor y la segregación que trae el racismo, y lo precaria que es la vida para los sin techo, términos estos que aparecen tal cual en el CDSI.
Si quiere sumarse a la celebración, conociendo y difundiendo el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, puede descargar una versión electrónica gratuita aquí. Allí también está a disposición la versión para jóvenes del CDSI, titulado “DoCat – ¿Qué hacer?”, con prólogo del papa Francisco.
Profeta de la enseñanza social católica
Hay que destacar la participación del venerable cardenal vietnamita François Văn Thuận, en la elaboración del CDSI durante su periodo como vicepresidente y luego presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, entre los años 1994 a 2002.

José Antonio Varela Vidal, zenit











viernes, 26 de abril de 2019

Respuesta a los argumentos de los ateos

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DINESH D'SOUZA

Primero, varios ateos sostuvieron que no puede hacerse una comparación real entre los delitos de los regímenes cristianos del pasado y los de regímenes ateos del siglo veinte.

Un representante de la American Humanist Association advirtió que los niveles de población eran mucho más bajos durante la Inquisición que, digamos, durante el período en que ocurrieron las purgas de Stalin o Mao. Este fue un tema que señalé en mi artículo original. Sin embargo, nuestro amigo humanista también advirtió que la tecnología del homicidio es mucho más letal en una era de armas de destrucción masiva. No importa que ni Stalin ni Mao hayan utilizado esas armas. Contaban con técnicas primitivas para matar, como por ejemplo, reasentamientos forzados, trabajo forzado e inanición forzada. Además, las advertencias de nuestro colega humanista difícilmente modifiquen los cálculos globales. Las mejores estimaciones indican que entre 5.000 y 10.000 personas murieron en manos de la Inquisición española, en comparación con los 100 millones de personas que fueron asesinadas en las purgas ateas del siglo veinte. Cien millones de personas es en verdad una cifra baja, dado que tiene en cuenta las modestas estimaciones que sólo incluyen a la cantidad de personas que asesinaron Stalin y Mao y dejan afuera a un grupo de tiranos menos ateos, tales como Pol Pot y Enver Hoxha. Aún así, basándonos en esta estimación conservadora, si hacemos un cálculo rápido llegamos a la conclusión de que los regímenes ateos asesinaron diez mil veces más personas en el espacio de unas pocas décadas que las que la Inquisición española consiguió asesinar durante un período de más de dos siglos.

En segundo lugar, varios escritores ateos sostuvieron que los crímenes de Stalin y Mao no pueden atribuirse al ateísmo ya que el ateísmo no es en verdad una creencia, sino que la ausencia de una creencia.

Como lo dice un autor, líderes tales como Stalin y Mao persiguieron a grupos religiosos, no en un intento de expandir el ateísmo, sino que como una manera de centrar el odio de la gente en aquellos grupos para consolidar su propio poder. Desde ya que estoy de acuerdo en que los regímenes sangrientos, ya sean cristianos o ateos, en general buscan fortalecer su posición. Si consideramos que los regímenes cristianos son responsables de los delitos cometidos en nombre del cristianismo, los regímenes ateos también deben considerarse responsables de los delitos cometidos en nombre del ateísmo. ¿Quién puede negar que Stalin y Mao, sin mencionar a Pol Pot y muchos otros, cometieron atrocidades en nombre de la ideología comunista que era explícitamente atea? ¿Quién puede discutir que cometieron esos actos sangrientos arguyendo que estaban instituyendo una utopía del hombre nuevo y sin religión? Aquellos fueron asesinatos en masa que se llevaron a cabo con el ateísmo como núcleo de su inspiración ideológica, no se trató de asesinatos en masa a cargo de personas que simplemente resultaron ser ateas.

Tercero, muchos ateos insistieron con ira en que Hitler no era ateo, ¡que de hecho fue cristiano durante toda su vida! (Todos los días se aprende algo nuevo.)

Desde 1937, las políticas del gobierno de Hitler se volvieron abiertamente y cada vez más antirreligiosas. En particular, repudiaban lo que percibían como valores cristianos de igualdad, compasión y debilidad y ensalzaban las nociones ateas del superhombre de Nietzsche y de una nueva sociedad basada en la voluntad de poder.
Aquí descubrí que los ateos estaban hurgando en varios sitios de Internet ateos que parecen haberse preparado en el tema Hitler. Una carta decía que Hitler había sido criado como católico romano. Otra citaba un discurso de Hitler a principios de la década del treinta en el que manifestaba que estaba cumpliendo con la obra del Señor. Otra ofrecía un extracto de uno de los discursos de Hitler elogiando a Cristo como un valiente opositor de los judíos. El mensaje de los ateos era que Hitler no era uno de ellos, sino que uno de los nuestros.

??La pobreza del argumento ateo se hace evidente tras un breve análisis. ¿Qué prueba nos aporta decir que Hitler fue criado como católico? Stalin fue criado en la Iglesia ortodoxa. Mao fue criado como budista. Mucha gente repudia su crianza religiosa. Hitler rechazaba vehementemente el cristianismo tradicional en el que fue criado. Durante el período de su ascenso al poder, necesitaba el respaldo de los alemanes, la mayoría de los cuales eran cristianos, principalmente luteranos, y algunas veces utilizaba la retórica habitual de que estaba cumpliendo con la obra del Señor para intentar asegurar ese respaldo. Esta retórica, debe destacarse, es un dispositivo retórico común entre los autores ateos. Nietzsche, por ejemplo, solía compararse con Jesús, y hasta incluso llegó a ponerle a una de sus obras el título de Ecce Homo (aquí tienen al hombre, una referencia bíblica a Cristo). Sin embargo, ningún lector inteligente de Nietzsche puede dudar de que era un ateo feroz, al igual que Hitler. Uno no debería confundir oportunismo político con convicción personal. No resulta sorprendente que Hitler haya invocado la muerte de Cristo en manos de los judíos para captar el respaldo de los cristianos en pos de su empresa antisemita (secular y racial, pero no religiosa).

??Sin embargo, una vez que Hitler y los Nazis subieron al poder denunciaron al cristianismo y emprendieron un despiadado camino para dominar y debilitar al cristianismo tradicional. Desde 1937, las políticas del gobierno de Hitler se volvieron abiertamente y cada vez más antirreligiosas. En particular, repudiaban lo que percibían como valores cristianos de igualdad, compasión y debilidad y ensalzaban las nociones ateas del superhombre de Nietzsche y de una nueva sociedad basada en la voluntad de poder. Los asesores principales de Hitler, como Goebbels, Heydrich y Bormann, eran ateos salvajemente hostiles con la religión. Varios de sus asociados sostenían que las visiones personales del Führer eran profundamente anti-cristianas. Una vez más, la hostilidad de Hitler con la religión en general, y con el cristianismo en particular, no era inherente a la violencia que caracterizaba a su régimen. Era parte de la ideología nazi, una ideología secular que deificaba a la raza por sobre el credo y ayudaba a justificar los horrores de la exterminación y del holocausto. Como Stalin y Mao, Hitler ilustra el tema que plantearon Dostoievski y antes John Locke: cuando se excluye a Dios, no ha de sorprendernos que se sacrifique la moralidad propiamente dicha en el proceso y se desate el caos y el horror en el mundo. Eso fue lo que sucedió en nuestro tiempo y todas las estratagemas que utilizan los ateos de hoy no pueden cambiar lo que sus colegas antirreligiosos hicieron, no pueden modificar los hechos nefastos de la historia.




Preguntas de un ateo  y la respuesta



jueves, 25 de abril de 2019

Una mujer víctima del terrorismo nos enseña a perdonar


Fuente: Charla Irene Villa BBVA y El Pais
En estos tiempos violentos de atentados contra muchas religiones y países, sobre todo nosotros que somos parte de una Iglesia en crisis, muchos nos preguntamos si se es posible perdonar.
Para algunos, esta posibilidad se hace más remota cada vez más. Sin embargo, en octubre del 2018, una periodista y psicóloga llamada Irene Villa se hizo famosa por su testimonio al respecto.
Fue víctima a los 12 años de un atentado en Madrid perpetrado por la banda terrorista ETA. Ellos colocaron una bomba en su carro, explotando justo cuando ella y su madre se dirigían a su colegio. Ambas sobrevivieron, pero su madre perdió un brazo y una pierna, mientras que ella perdió ambas piernas.
Cuando ella se encontraba en el hospital su madre le dijo unas palabras que nunca olvidaría:
“Hija, esto es lo que tenemos, y con esto vamos a tener que vivir toda la vida. Tenemos 2 opciones: Vivir amargadas, sufriendo y maldiciendo a los terroristas, que tienes todo el derecho del mundo por lo que nos ha pasado… o decidir que tu vida empieza hoy y que vas a luchar por tener la vida lo más parecida a la vida que tú tenías”.
En una charla grabada para el banco BBVA dijo: “Yo creo que el perdón es la base de tener una vida plena y feliz”.
¿Nos atrevemos a perdonar? Ya lo dijo Cristo a San Pedro cuando este le preguntó cuántas veces tenemos que perdonar: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mateo 18, 21-22).     
ChurhPOP



































El Sacramento del Matrimonio y su maravillosa realidad espiritual

Repase todos estos aspectos del sacramento con el catecismo  
El Sacramento del Matrimonio

260. ¿Por qué ha hecho Dios al hombre y a la mujer el uno para el otro?
Dios ha hecho al hombre y a la mujer el uno para el otro para que "ya no sean dos, sino una sola carne" (Mt 19,6): de esta forma deben vivir el amor, ser fecundos y así convertirse en signo del mismo Dios, que no es otra cosa que amor desbordante. [1601- 1605] 
261. ¿Cómo se lleva a cabo el sacramento del Matrimonio?
El SACRAMENTO del Matrimonio se lleva a cabo mediante una promesa hecha ante Dios y ante la Iglesia, que es aceptada y sellada por Dios y se consuma por la unión corporal de los esposos. Dado que es Dios mismo quien anuda el vínculo del matrimonio sacramental, este vínculo une hasta la muerte de uno de los contrayentes. [1625-­1631]
El sacramento del Matrimonio se lo confieren el hombre y la mujer recíprocamente. El PRESBÍTERO o el DIÁCONO invoca la BENDICIÓN de Dios sobre la pareja y es únicamente el testigo cualificado de que el matrimonio se celebra en las condiciones adecuadas y de que la promesa se da completa y en público. El matrimonio sólo tiene lugar cuando hay un consentimiento matrimonial, es decir, cuando el hombre y la mujer, libremente y sin temor o coacción quieren el matrimonio y cuando no están impedidos para contraerlo por otros compromisos naturales o eclesiales (matrimonio ya contraído, promesa del celibato).
262. ¿Qué se requiere necesariamente para poder casarse por la Iglesia?
Para que haya matrimonio sacramental se requieren necesariamente tres elementos: a) el consentimiento expresado en libertad, b) la aceptación de una unión exclusiva y para toda la vida y c) la apertura a los hijos. Pero lo más profundo en un matrimonio cristiano es la conciencia de la pareja de ser una imagen viva del amor entre Cristo y su Iglesia. [1644-­1654, 1664]
La exigencia de la unidad y la indisolubilidad se dirige en primer lugar contra la POLIGAMIA, en la que el cristianismo ve una clara vulneración del amor y de los derechos humanos; también se dirige contra lo que se podría denominar "poligamia sucesiva": una sucesión de relaciones amorosas no vinculantes, que no alcanzan un único y gran "sí" que ya no se puede echar atrás. la exigencia de la fidelidad conyugal contiene la disposición a un compromiso para toda la vida, que excluye relaciones amorosas al margen del matrimonio. la exigencia de la apertura a la fecundidad quiere decir que un matrimonio cristiano está abierto a los hijos que Dios les quiera conceder. las parejas que no pueden tener hijos están llamadas a ser "fecundas" de otra manera. Un matrimonio en cuya celebración se excluya cualquiera de estos elementos no es válido.
263. ¿Por qué es indisoluble el matrimonio?
El matrimonio es indisoluble por tres razones.
Por un lado porque corresponde a la esencia del amor el entregarse mutuamente sin reservas; luego porque es una imagen de la fidelidad incondicional de Dios a su creación; y es también indisoluble, finalmente, porque representa la entrega de Cristo a su Iglesia, que llegó hasta la muerte en Cruz [1605, 1612-­1617, 1661]
En un tiempo en el que en muchos sitios se rompen 50% de los matrimonios, cada uno que perdura es un gran signo, en definitiva un signo de Dios. En esta tierra en la que tantas cosas son relativas, los hombres deben creer en Dios, el único absoluto. Por eso todo lo que no es relativo es tan importante: alguien que dice absolutamente la verdad o es absolutamente fiel. La fidelidad absoluta en el matrimonio no es tanto un testimonio del logro humano como de la fidelidad de Dios, que siempre está presente, aun cuando a todas luces le traicionamos y le olvidamos. Casarse por la Iglesia quiere decir confiar más en la ayuda de Dios que en la propia provisión de amor.
264. ¿Qué es lo que amenaza a los matrimonios?
Lo que amenaza realmente al matrimonio es el pecado; lo que lo renueva es el perdón; lo que lo fortalece es la oración y la confianza en la presencia de Dios. [1606-­1608]
El conflicto entre hombres y mujeres, que precisamente en los matrimonios llega en ocasiones al odio recíproco, no es una señal de la incompatibilidad de los sexos; tampoco hay una disposición genética a la infidelidad o una limitación psíquica especial ante compromisos para toda la vida. Ciertamente muchos matrimonios están en peligro por la falta de una cultura del diálogo o la falta de respeto. A ello se añaden problemas económicos y sociales. El papel decisivo lo tiene la realidad del pecado: celos, despotismo, riñas, concupiscencia, infidelidad y otras fuerzas destructoras. Por ello el perdón y la reconciliación forman parte esencial de todo matrimonio, también a través de la confesión.
 265. ¿Todas las personas están llamadas al matrimonio?
No todo el mundo está llamado al matrimonio. A algunas personas Jesús les muestra un camino particular; les invita a vivir renunciando al matrimonio "por el reino de los cielos" (Mt 19,12). También las personas que viven solas por otros motivos distintos pueden tener una vida plena. [1618­-1620]
No pocas veces Jesús llama a algunas personas también a una cercanía especial con él. Éste es el caso cuando experimentan en su interior el deseo de renunciar al matrimonio "por el reino de los cielos". Esta vocación no supone nunca un desprecio del matrimonio o de la sexualidad. El celibato voluntario sólo puede ser vivido en el amor y por amor, como un signo poderoso de que Dios es más importante que cualquier otra cosa. El célibe renuncia a la relación sexual, pero no al amor; sale anhelante al encuentro de Cristo, el esposo que viene (Mt 25,6). Muchas personas que viven solas por otros distintos motivos sufren por su soledad, la experimentan únicamente como carencia y desventaja. Pero una persona que no tiene que preocuparse de una pareja o de una familia, disfruta también de libertad e independencia y tiene tiempo de hacer cosas importantes y llenas de sentido para las que no tendría tiempo una persona casada. Quizás sea voluntad de Dios que se ocupe de personas por las que nadie más se preocupa.
266 ¿Cómo se celebra la boda por la Iglesia?
Una boda debe celebrarse ordinariamente de modo público. Los contrayentes son preguntados por su deseo de contraer matrimonio. El PRESBÍTERO o el DIÁCONO bendice los anillos. Los contrayentes intercambian los anillos y se prometen mutuamente "fidelidad en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe", diciéndose el uno al otro de modo solemne: "Yo prometo amarte, respetarte y honrarte todos los días de mi vida". El celebrante confirma el enlace y otorga la bendición. [1621­1624, 1663]
De la forma siguiente la Iglesia pregunta, en el rito del matrimonio, primero al esposo y luego a la esposa, o a ambos. Celebrante: N. y N., ¿venís a contraer matrimonio sin ser coaccionados, libre y voluntariamente? Esposo/ Esposa: Sí, venimos libremente. Celebrante: ¿Estáis decididos a amaros y respetaros mutuamente, siguiendo el modo de vida propio del Matrimonio, durante toda la vida? Esposa/Esposa: Sí, estamos decididos. Celebrante: ¿Estáis dispuestos a recibir de Dios responsable y amorosamente los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia? Esposa/Esposa: Sí, estamos dispuestos.
267. ¿Qué se hace cuando un católico quiere casarse con un cristiano no católico?
En este caso, para la celebración del matrimonio hay que solicitar un permiso expreso de la autoridad eclesiástica. Porque el matrimonio llamado mixto (entre católico y bautizado no católico) exige por ambas partes una fidelidad especial a Cristo, de forma que el escándalo, aun sin remedio, de la separación de los cristianos no se continúe en pequeño y lleve quizás incluso al abandono de la práctica religiosa. [1633-1637]
268 ¿Puede casarse un católico con alguien de otra religión?
Para los católicos puede ser difícil, para la propia fe y para la de los futuros hijos casarse y vivir con una pareja que pertenece a otra RELIGIÓN. Por responsabilidad ante los fieles, la Iglesia católica ha establecido el impedimento para contraer matrimonio con disparidad de culto. Por eso un matrimonio de este tipo sólo puede contraerse válidamente si antes del enlace se obtiene la DISPENSA de este impedimento. Este matrimonio no es sacramental. [1633-­1637]

269. ¿Pueden separarse cónyuges que están peleados?
La Iglesia tiene un gran respeto ante la capacidad que tiene una persona para mantener una promesa y para comprometerse en fidelidad para toda la vida. Ella le toma la palabra. Cualquier matrimonio puede correr peligro a causa de alguna crisis. El diálogo, la oración (en común), a veces también la ayuda especializada, pueden ayudar a salir de la crisis. Y en especial, el recuerdo de que en todo matrimonio sacramental hay un tercero en la unión, Cristo, puede encender de nuevo la esperanza. Pero a quien su matrimonio se ha vuelto insoportable, o a quien está expuesto a violencia psíquica o física, le está permitido separarse. Esto se denomina una "separación de mesa y cama", que debe ser comunicada a la Iglesia. Aunque en estos casos se ha roto la convivencia, el matrimonio sigue siendo válido. [1629,1649]
Ciertamente también hay casos en los que la crisis de un matrimonio se debe atribuir en último término a que uno de los cónyuges o ambos no eran capaces de contraer matrimonio en el momento del enlace o no aportaban una voluntad plena de contraerlo. Entonces el matrimonio es inválido en el sentido jurídico. En estos casos se puede instruir un proceso de nulidad ante los tribunales eclesiásticos.
270. ¿Qué actitud tiene la Iglesia con los divorciados casados de nuevo?
Siguiendo el ejemplo de Cristo, los acoge con amor. Pero quien, después de un matrimonio canónico se divorcia y, en vida del cónyuge, establece una nueva unión, se coloca ciertamente en contradicción con la clara exigencia de Jesús respecto a la indisolubilidad del matrimonio. Esta exigencia no puede ser suprimida por la Iglesia. La ruptura de la fidelidad está en contradicción con la EUCARISTÍA, en la que la Iglesia celebra precisamente la irrevocabilidad del amor de Dios. Por eso no puede acceder a la sagrada COMUNIÓN quien vive en una situación tan contradictoria. [1665, 2384]
Lejos de tratar por igual todos los casos concretos, el papa Benedicto XVI habla de una "situación dolorosa" y exhorta a los pastores a "discernir bien las diversas situaciones, para ayudar espiritualmente de modo adecuado a los fieles implicados" (Sacramentum Caritatis, 29). 
271 ¿Qué quiere decir que la familia es una "iglesia doméstica"?
Lo que la Iglesia es en lo grande, es la familia en lo pequeño: una imagen del amor de Dios en la comunión de las personas. Todo matrimonio se perfecciona en la apertura a otros, a los niños que son don de Dios, en la acogida mutua, en la hospitalidad, en la disponibilidad para otros. [1655-­1657]
Nada en la Iglesia primitiva fascinaba más a los hombres en el "nuevo camino" de los cristianos que las "iglesias domésticas". Con frecuencia alguien "creyó en el Señor con toda su familia; también otros muchos corintios ... creían y se bautizaban" (Hch l8,8). En un mundo no creyente surgían islotes de fe vivida, lugares de oración, de compartir, de hospitalidad cordial. Roma, Corinto, Antioquía, las grandes ciudades de la Antigüedad, quedaron pronto inundadas de iglesias domésticas como si fueran puntos de luz. También hoy en día las familias, en las que Cristo se encuentra en su casa, son el gran fermento de renovación de nuestra sociedad. 

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