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viernes, 9 de octubre de 2026

La lección de una santa del siglo XV para una sociedad obsesionada con mostrarse y buscar aprobación

Luis Javier Moxó recupera la sorprendente vida de una mujer que cambió la corte por el silencio y convirtió sus heridas en una obra fecunda.

La nueva biografía recorre el camino de la fundadora concepcionista desde la corte portuguesa hasta la fundación nacida en Toledo

La nueva biografía recorre el camino de la fundadora concepcionista desde la corte portuguesa hasta la fundación nacida en Toledo


    Una nueva biografía de la fundadora de las concepcionistas, Santa Beatriz de Silva, recupera la figura de una mujer que transformó la herida, la espera y la vida escondida en un carisma vivo para toda la Iglesia.

    Santa Beatriz de Silva dejó el esplendor de la corte, atravesó una profunda prueba personal conservada por la tradición concepcionista y vivió largos años de retiro y maduración espiritual en Toledo. 

    De aquella vida escondida nació la Orden de la Inmaculada Concepción, una familia religiosa que, desde la ciudad del Tajo, alcanzaría proyección universal.

    Luis Javier Moxó Soto, colaborador de Religión en Libertad, publica ahora Santa Beatriz de Silva. Vida y carisma de la fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, editado por Xerión, editorial de Carlos García Costoya y prologado por Fr. Santiago Cantera Montenegro, O.S.B. 

    El autor combina investigación histórica, atención a las fuentes y reflexión espiritual para acercar al lector a una santa que interpela directamente a una época marcada por la exposición constante, la prisa y la necesidad de reconocimiento.

    Licenciado en Ciencias Religiosas y profesor de Religión Católica, Moxó es también autor de Enredados por Cristo. Presencia, misión y propuestas de la Iglesia en internet (Digital Reasons, 2019). 

    La presentación del libro será el 28 de octubre, a las 18:00h, en el Monasterio de la Inmaculada Concepción, en la calle Concepción, 1, 45001 Toledo.

    En esta entrevista explica por qué Toledo resulta decisivo para comprender a Beatriz, cómo ha abordado el conocido episodio del baúl de Tordesillas y qué puede decir hoy la vida contemplativa a una sociedad que mide casi todo por la utilidad y el rendimiento.

    —¿Por qué era necesario publicar hoy un libro sobre santa Beatriz de Silva?

    — Porque es una figura de enorme profundidad espiritual e histórica y, sin embargo, todavía merece ser mucho más conocida. Muchas personas han oído hablar de las concepcionistas, de la devoción a la Inmaculada o del episodio del baúl de Tordesillas, pero no siempre conocen el itinerario completo de una mujer que dejó la corte, atravesó una experiencia de vulnerabilidad, vivió largos años de silencio y oración en Toledo y acabó fundando una Orden religiosa con presencia universal.

    El libro nace del deseo de acercar su vida al lector actual sin simplificarla. No quería hacer solamente una biografía devota ni una reconstrucción académica reservada a especialistas. He querido combinar los datos históricos, la tradición conservada por la Orden y una reflexión espiritual que permita descubrir qué puede decir santa Beatriz al hombre y la mujer de nuestro tiempo.

    Su historia tiene una fuerza especial porque no es la de alguien que triunfa desde el poder o desde la visibilidad. Es la historia de una mujer que aprende a esperar, que deja que Dios transforme la herida y que descubre que una vida aparentemente escondida puede llegar a ser profundamente fecunda.

    —El título habla de “vida” y “carisma”. ¿Por qué era importante mantener unidas esas dos dimensiones?

    —Porque no se puede entender el carisma de santa Beatriz como una idea abstracta ni como una devoción desconectada de su experiencia personal. El carisma nace de una vida concreta: de una historia, de una herida, de una forma de rezar, de una mirada sobre la Virgen y de una respuesta confiada a Dios.

    La vida de Beatriz tiene además elementos que deben tratarse con cuidado. Contamos con documentos, con tradiciones hagiográficas y con una memoria espiritual custodiada durante siglos por las concepcionistas. No todos esos materiales tienen el mismo valor histórico ni permiten afirmar exactamente lo mismo. Por eso he procurado distinguir los planos con respeto: señalar aquello que está documentado, recoger la tradición como tradición y mostrar el sentido espiritual que la familia concepcionista ha descubierto en ella.

    La crítica histórica no disminuye la santidad. Al contrario: la protege de los adornos innecesarios y permite contemplar mejor su verdadera grandeza. La grandeza de Beatriz está en que, desde una circunstancia dolorosa o profundamente recordada como tal por la tradición, nace una vida totalmente entregada a Dios.

    Portada del libro de Luis Javier Moxó sobre santa Beatriz de Silva publicado en Xerión

    Portada del libro de Luis Javier Moxó sobre santa Beatriz de Silva publicado en XeriónReL

    —El episodio del baúl de Tordesillas es el más conocido y también el más difícil. ¿Cómo lo has abordado?

    —Con una doble actitud: prudencia histórica y respeto espiritual. La tradición concepcionista narra que Beatriz, vinculada a la corte de Isabel de Portugal, fue encerrada en un cofre o baúl debido a los celos de la reina. Es un relato de enorme fuerza, presente en la memoria de la Orden, en la iconografía y en la devoción a la santa.

    Sin embargo, no poseemos documentación contemporánea que permita verificar todos sus detalles: ni la motivación exacta, ni la duración del encierro, ni las circunstancias precisas de la liberación. Era importante decirlo con claridad, porque la honestidad no debilita el relato; lo sitúa en su verdadero lugar.

    Para las concepcionistas, aquel baúl no es un simple pasaje dramático. Es el símbolo de una prueba radical, de una noche oscura, de una entrega confiada a la Virgen. Puede leerse como un lugar de muerte y renacimiento: el espacio en el que una mujer amenazada y vulnerable comienza a recibir una misión nueva.

    La santidad no consiste en convertir una vida en leyenda. Consiste en descubrir que la gracia puede abrir un camino incluso allí donde parece que todo se ha cerrado. En Beatriz, la herida no tiene la última palabra; la tiene Dios.

    Luis Javier Moxó, autor de la biografía de Santa Beatriz de Silva, fundadora de la de la Orden de la Inmaculada Concepción.

    Luis Javier Moxó, autor de la biografía de Santa Beatriz de Silva, fundadora de la de la Orden de la Inmaculada Concepción. 

    —Toledo ocupa un lugar decisivo en el libro. ¿Por qué es imposible comprender a santa Beatriz sin esta ciudad?

    —Porque Toledo no es un escenario de fondo: es la ciudad en la que su vocación maduró y su obra tomó cuerpo. Tras dejar la corte, Beatriz vivió durante muchos años en el ámbito de Santo Domingo el Real, acogida como seglar por las dominicas. Fue una larga etapa de retiro, oración, penitencia y maduración interior.

    Ese dato resulta muy revelador para nuestra época. Tendemos a medir una vida por sus resultados visibles y rápidos. Pero santa Beatriz pasó décadas en una existencia aparentemente retirada. No fueron años vacíos ni una espera inútil. Allí se fue formando la mujer que más tarde daría origen a una familia religiosa llamada a extenderse por diversos países y continentes.

    También fue en Toledo donde la fundación pudo concretarse. La bula Inter universa, promulgada por Inocencio VIII el 30 de abril de 1489, confirma que Isabel la Católica había concedido a Beatriz una casa con iglesia dedicada a Santa Fe, donde ella y otras mujeres vivían ya en comunidad. Una inspiración personal se convirtió entonces en una obra eclesial: hizo falta una casa, una comunidad, una protección, una regla y una forma estable de vida.

    —¿Puede el libro ayudar a redescubrir en Toledo los lugares relacionados con la memoria de la santa?

    —Ese sería uno de los frutos más hermosos. El libro no pretende quedarse en una lectura individual ni reducirse a una mera publicación editorial. Aspira a favorecer el conocimiento de santa Beatriz, a animar la conversación y a poner en relación la historia, la espiritualidad y la vida concreta de la Iglesia.

    Toledo es el lugar natural para ello. Sería especialmente significativo poder presentar el libro en la Casa Madre de las concepcionistas, porque allí no se hablaría solo de una fundadora del pasado, sino de un carisma que continúa vivo. Una presentación en ese contexto tendría una dimensión eclesial muy particular: permitiría acercarse a la memoria de Beatriz desde la continuidad real de la Orden que nació de su vocación.

    También sería muy valioso hacerlo en la parroquia de Santa Beatriz de Silva. Una parroquia que lleva su nombre manifiesta que la santa no pertenece únicamente a la clausura ni a la historia religiosa de finales de la Edad Media. Puede hablar hoy a familias, jóvenes, catequistas, profesores y fieles que buscan modelos concretos de vida cristiana.

    Ojalá estas posibles presentaciones se conviertan en algo más que actos culturales: en encuentros de memoria, oración, reflexión y comunión eclesial. 

    La historia de Beatriz permite unir investigación, identidad local, espiritualidad mariana y una renovada valoración de la vida contemplativa.

    —La tradición afirma que Beatriz cubría su rostro con un velo. ¿Qué sentido tiene ese gesto en una sociedad de exposición permanente?

    —Tiene una actualidad sorprendente. La tradición presenta a Beatriz como una mujer de gran belleza y vincula esa belleza con la crisis vivida en la corte. Después, ella opta por cubrir su rostro y vivir bajo otra mirada: la de Dios.

    No se trata de desprecio del cuerpo ni de rechazo del mundo. Tampoco es una invitación a desaparecer. Es la decisión de no quedar definida por la apariencia, por la opinión ajena o por la necesidad de aprobación. En ese sentido, el velo de Beatriz puede resultar profundamente liberador.

    Vivimos en una cultura que exige mostrarse continuamente. La imagen, la comparación y la búsqueda de reconocimiento pueden acabar convirtiéndose en una forma de esclavitud. Santa Beatriz recuerda que la persona posee una dignidad que no depende de su éxito, de su visibilidad ni de la mirada fluctuante de los demás.

    Ella no se oculta porque desprecie quién es, sino porque quiere ser contemplada ante todo por Dios. Esa intuición tiene una enorme fuerza para cualquier persona que sienta que su vida está sometida a la presión de tener que exhibirse, justificarse o competir de manera constante.

    —La Orden de la Inmaculada Concepción nació antes de la definición dogmática de la Inmaculada, en 1854. ¿Cómo debe entenderse esa relación?

    —Hay que explicarla con precisión. Santa Beatriz no formuló por anticipado una definición dogmática, ni la fundación de la Orden surgió en un vacío teológico. La devoción a la Concepción de María ya estaba muy extendida en la piedad cristiana y poseía una especial intensidad en el ámbito franciscano.

    Lo que hicieron Beatriz y sus hijas espirituales fue vivir, celebrar y encarnar de un modo muy profundo ese misterio mariano que la Iglesia definiría solemnemente siglos después. La Inmaculada expresa para ellas la belleza de una vida enteramente disponible para Dios, la gracia que precede y sostiene toda vocación y la victoria de Dios sobre el pecado.

    La configuración jurídica de la Orden fue también gradual. La comunidad recibió inicialmente una aprobación en un marco cisterciense; después fue orientada hacia la Regla de santa Clara y vinculada a los franciscanos observantes; finalmente, Julio II concedió una regla propia mediante la bula Ad statum prosperum, del 17 de septiembre de 1511.

    —El libro defiende que la vida contemplativa sigue siendo necesaria. ¿Por qué?

    —Porque una sociedad que solo reconoce lo útil, lo rentable o lo visible termina empobreciendo su idea del ser humano. La vida contemplativa recuerda que hay realidades decisivas que no se pueden medir: la oración, la gratuidad, el silencio, la adoración, la fraternidad, la esperanza y la apertura a la eternidad.

    Las contemplativas no son una reliquia del pasado ni una evasión del mundo. Su vida constituye una forma profunda de presencia. Mientras el mundo afirma que solo vale lo que produce resultados inmediatos, ellas proclaman que Dios merece ser buscado por sí mismo y que el ser humano necesita un horizonte más alto que el consumo, el rendimiento o la imagen.

    Decir que hacen falta monjas no es expresar nostalgia por una época idealizada ni ignorar las dificultades vocacionales actuales. Es afirmar que una Iglesia misionera necesita también un corazón contemplativo. La misión exterior, la caridad, la cultura y la evangelización necesitan raíces de oración.

    Santa Beatriz de Silva muestra precisamente esa fecundidad escondida. La obra nacida de su vida retirada llegó a extenderse mucho más allá de Toledo y sigue recordando que el silencio, cuando está habitado por Dios, nunca es estéril.

    —Eres colaborador habitual de Religión en Libertad, donde escribes artículos, entrevistas, reseñas y crónicas de actualidad eclesial. ¿Qué relación tiene ese trabajo con este libro?

    —El trabajo en ReL me permite acercarme diariamente a la vida de la Iglesia: libros, testimonios, iniciativas apostólicas, actualidad, autores, directores de películas católicas, comunidades y acontecimientos que muestran una realidad mucho más rica de lo que a veces aparece en los grandes titulares.

    Las entrevistas y las crónicas exigen atención a la actualidad, capacidad de escucha y claridad para explicar. El libro, en cambio, responde a otro ritmo: pide más tiempo, documentación, contraste de fuentes y una inmersión prolongada en una figura y en su contexto. Pero no veo ambas tareas como separadas.

    En los dos casos se trata de servir a la verdad, de ayudar a comprender mejor la vida eclesial y de mostrar que la fe sigue siendo capaz de generar cultura, esperanza, caridad y formas concretas de santidad. La comunicación católica debe informar, pero también debe ofrecer memoria, contexto y razones para la esperanza.

    Mi primer libro, Enredados por Cristo. Presencia, misión y propuestas de la Iglesia en internet —publicado por Digital Reasons en 2019— reflexionaba sobre la misión de la Iglesia en el espacio digital. 

    Este nuevo trabajo se detiene en una santa del siglo XV, marcada por el silencio y la clausura. Puede parecer un salto muy grande, pero hay un mismo hilo: comunicar a Cristo exige estar presentes en el mundo, pero también beber de una vida interior profunda. No hay evangelización sólida sin oración, verdad y raíces.

    —¿Qué te gustaría que el lector encontrase al terminar el libro?

    —Me gustaría que se encontrara verdaderamente con santa Beatriz de Silva. Que no la viera solo como una figura lejana, como una estampa piadosa o como un nombre ligado a una Orden religiosa, sino como una mujer real que atravesó la fragilidad, conoció la espera y respondió a Dios con una confianza extraordinaria.

    Me gustaría también que el lector comprendiera mejor la riqueza del carisma concepcionista y mirara con gratitud a las comunidades contemplativas. 

    La vida de Beatriz ayuda a formular preguntas muy actuales: qué hacemos con nuestras heridas, dónde buscamos nuestra identidad, cómo vivimos la espera, qué lugar concedemos al silencio y si creemos de verdad que Dios puede hacer fecundo aquello que parece oculto o estéril.

    Si el libro consigue despertar interés por la santa, gratitud hacia las concepcionistas y deseo de conocer mejor los lugares de Toledo ligados a su vida, habrá cumplido ampliamente su propósito.

    Alex Rosales, ReL

    Ver también    Reflejo del Amor de Dios y Ejemplo para nosotros




    Evangelio del día sábado 27a semana del tiempo ordinario

     


    Carta de San Pablo a los Gálatas 3,7-14.

    Hermanos:
    Reconozcan, entonces, que los verdaderos hijos de Abraham son los que tienen fe.
    La Escritura, previendo que Dios justificaría a los paganos por la fe, anticipó esta buena noticia a Abraham, prometiéndole: En ti serán bendecidas todas las naciones.
    De esa manera, los que creen son los que participan de la bendición de Abraham, el creyente.
    En efecto, todos los que confían en las obras de la Ley están bajo una maldición, porque dice la Escritura: Maldito sea el que no cumple fielmente todo lo que está escrito en el libro de la Ley.
    Es evidente que delante de Dios nadie es justificado por al Ley, ya que el justo vivirá por la fe.
    La Ley no tiene en cuenta la fe, antes bien, el que observa sus preceptos vivirá por ellos.
    Cristo nos liberó de esta maldición de la Ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, porque también está escrito: Maldito el que está colgado en el patíbulo.
    Y esto, para que la bendición de Abraham alcanzara a todos los paganos en Cristo Jesús, y nosotros recibiéramos por la fe el Espíritu prometido.


    Salmo 111(110),1-2.3-4.5-6.

    ¡Grandes son las obras del Señor!

    Doy gracias al Señor de todo corazón,
    en la reunión y en la asamblea de los justos.
    Grandes son las obras del Señor:
    los que las aman desean comprenderlas.

    Su obra es esplendor y majestad,
    su justicia permanece para siempre.
    Él hizo portentos memorables,
    el Señor es bondadoso y compasivo.

    Proveyó de alimento a sus fieles
    y se acuerda eternamente de su alianza.
    Manifestó a su pueblo el poder de sus obras,
    dándole la herencia de las naciones.


    Evangelio según San Lucas 11,15-26.

    Habiendo Jesús expulsado un demonio, algunos de entre la muchedumbre decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios".
    Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
    Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
    Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
    Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
    Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
    Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
    pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
    El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
    Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa: 'Volveré a mi casa, de donde salí'.
    Cuando llega, la encuentra barrida y ordenada.
    Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio".

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    San Nersés Shnorhalí (1102-1173)
    patriarca armenio
    Jesús, Hijo Único del Padre, II (SC 203. Cerf, 1973), trad. sc©evangelizo.org


    ¡Haz habitar en mí al Espíritu Santo!

    Con la Fuente sagrada de la pureza
    En la que me haz de nuevo creado,
    Los demonios del mal salieron de mí,
    Esos que habían entrado con la serpiente.
    Ellos, paseándose por lugares áridos,
    En las almas exentas de vicios,
    No encontraron lugar de reposo,
    Ya que ahí, tranquilos no estaban.
    Pero, porque la fuente de la enfermedad del pecado
    Siempre surge en mi sin fin,
    Y mi alma está bien arreglada
    Como casa y alojamiento para él,
    Habiendo tomado siete compañeros,
    Los más malvados por su moral depravada,
    El primer demonio los adosó a sí
    Y volvió con ellos a la morada de mi alma.
    Mi último estado era peor
    Que el primero, en maldad,
    Ya que no puedo más purificarme en la fuente,
    Si no con ascesis y mortificación.
    Pero él, que es muy ladino,
    Después de ocupar la fortaleza,
    La dominó por segunda vez,
    Siguiendo la antigua táctica.
    Tú, recházalo de nuevo
    Hacia el desierto de los abismos,
    Mismo si no he seguido la Ley,
    Sino según tu abundante Gracia.
    Y en vez de siete malos espíritus
    Que rechazarás como Adversarios,
    Haz habitar en mí al Espíritu
    Con los siete dones de tu Gracia.
    (EDD)

    Oración

    (la anterior)

    Reflexión sobre el cuadro

    San Juan Enrique Newman (1801-1890) fue una de las grandes figuras intelectuales y espirituales de la Inglaterra del siglo XIX. Nacido en Londres, fue ordenado inicialmente sacerdote anglicano y se convirtió en una de las voces más destacadas del Movimiento de Oxford, que pretendía recuperar las raíces católicas de la Iglesia de Inglaterra. Su profundo estudio de los primeros Padres de la Iglesia le llevó gradualmente a la plena comunión con la Iglesia católica en 1845. Más tarde fue ordenado sacerdote católico y fundó el Oratorio de San Felipe Neri en Birmingham, dedicando gran parte de su ministerio a la predicación y a la escritura.

    Los escritos de Newman sobre la conciencia, la fe y el desarrollo de la doctrina siguen marcando el pensamiento católico en la actualidad. En 1879, el papa León XIII lo nombró cardenal, y en 2019 el papa Francisco lo canonizó en la plaza de San Pedro. Yo había comenzado el seminario apenas un mes antes y tuve la suerte de estar allí para la canonización: ¡un día verdaderamente hermoso e inolvidable!

    El lema de Newman, “Cor ad cor loquitur” —«El corazón habla al corazón»—, refleja a la perfección su concepción de la fe. El cristianismo nunca fue simplemente un conjunto de ideas que debían entenderse de forma intelectual. En última instancia, era un encuentro: el corazón de Cristo hablando directamente al corazón humano.

    Nuestro retrato fue pintado por John Everett Millais en 1881, cuando Newman tenía casi ochenta años, y fue encargado por el duque de Norfolk, uno de sus grandes mecenas. Millais no intenta ocultar la edad de Newman. Tiene los hombros caídos, el cuerpo se hunde ligeramente en la silla y las vestiduras cardenalicias parecen casi demasiado grandes para la frágil figura que las lleva. Hay algo maravillosamente humano en él. No hay libros que pongan de manifiesto su inmenso intelecto, ni grandiosa arquitectura, ni elaborados símbolos de poder eclesiástico. Fíjate especialmente en sus manos, casi como las de un niño, que descansan tranquilamente en su regazo.

    Pero es su rostro lo que nos cautiva. Pálido, surcado de arrugas y pensativo, transmite a la vez una inteligencia formidable y una gran dulzura. Son los rasgos de un hombre que había reflexionado profundamente, luchado con ahínco y cambiado el rumbo de su vida a costa de un enorme sacrificio personal para seguir lo que creía que era verdad. Quizá por eso el retrato de Millais se adapta tan bien a Newman. No se limita a pintar al gran teólogo, al famoso converso o al cardenal. Pinta al hombre que se esconde tras todos esos títulos. Las vestiduras nos dicen en qué se convirtió Newman; el rostro nos dice quién era.

    by Padre Patrick van der Vorst


    León XIV: no debemos diluir el Evangelio para hacer atractivo el cristianismo

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    En su Audiencia, León XIV animó a los cristianos a "tener una visión positiva del mundo" sin dejar de ser "firmes" al "presentar el mensaje del Evangelio"


    León XIV exhortó a los cristianos a "tener una visión positiva del mundo" sin diluir el mensaje del Evangelio, durante la audiencia general en la Plaza de San Pedro el 7 de octubre de 2026. Se les invitó a "animar al mundo con el espíritu cristiano", especialmente en "la familia" y en el "mundo del trabajo".

    Tras una pausa la semana pasada para reflexionar sobre su viaje apostólico a Francia, León XIV retomó este miércoles su ciclo de catequesis sobre los textos del Concilio Vaticano II. Ante una nutrida congregación de peregrinos bajo un cielo nublado, se centró en el cuarto capítulo de Gaudium et spes, dedicado a «la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo».

    La Iglesia no está ni "por encima" ni "al lado" del mundo, sino que está "arraigada" en él, afirmó León XIV. "Habita el mundo" para mostrar a los hombres la voluntad de Dios de "hacernos a todos sus hijos dentro de una gran familia humana".

    Su primera misión es "ayudar a las personas a reflexionar sobre las preguntas profundas de la vida", afirmó el pontífice. "La lógica del lucro a cualquier precio y la manipulación de la información" empujan a las personas a adoptar un "estilo de vida centrado en el consumo", mientras que "nuestros corazones están hechos para mirar hacia el cielo", enfatizó.

    Luchar contra "la opresión de los más débiles y los pobres"

    León XIV recordó que el concilio había exhortado a la Iglesia a contribuir a la "construcción de la ciudad terrenal". Esto no significaba involucrarse en política, sino dar testimonio de la "fe" y la "caridad", y comprometerse con la "justicia, la paz y la fraternidad". Los cristianos "no pueden aceptar la opresión de los humildes y los pobres", declaró.

    El Papa número 267 exhortó a que la doctrina social de la Iglesia guíe las acciones de los cristianos para promover el bien común. Subrayó la importancia de los fieles laicos en esta misión: "Por su bautismo, están llamados a vivificar el mundo con el espíritu cristiano". Afirmó que los principales ámbitos de acción son la familia y el mundo laboral.

    "La Iglesia siempre está atenta a lo que sucede y se desarrolla en la sociedad", continuó el Papa. Esto requiere "discernir qué, en las culturas de nuestro tiempo, merece ser tomado en consideración" y tener "una mente equilibrada, libre de cualquier moda cultural".

    Por lo tanto, los cristianos deben ser capaces de "tener una visión positiva del mundo" sin dejar de ser "firmes" al "presentar el mensaje del Evangelio". "Ciertamente, no es diluyendo los contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo", insistió el pontífice estadounidense.

    I.Media, Aleteia

    Vea también     Testimonios de fe y de conversión



    jueves, 8 de octubre de 2026

    Alejandro Bo responde al vídeo pro aborto del Gobierno y al comentario anticiencia de la Ministra

     

      La cultura abortista es profundamente irracional y manipuladora y se nota con claridad en el vídeo pro-aborto que difunde el Gobierno español y también en la respuesta de la Ministra de Sanidad a la pregunta de una periodista al respecto.

      "La única conclusión posible", te dice la narradora del Gobierno, es que "decidas lo que decidas o sientas lo que sientas, todo estará bien", porque "tienes derecho a abortar".

      Por supuesto, hay mil formas de refutar esto. Por ejemplo, si uno se arrepiente de haberse divorciado, puede volver con su cónyuge, pero si uno de arrepiente de haber abortado... ¿cómo recupera el hijo? El aborto es matar y no hay retorno de la muerte. No "estará bien".

      Quizá se tomó la decisión con miedo ("sientas lo que sientas"), bajo un trauma, bajo presiones, imaginando horrores inexistentes...

      Lo peculiar del aborto, como de cualquier otro homicidio, es que no permite marcha atrás.

      Alejandro Bo comenta el vídeo y también la intervención de la Ministra de Sanidad, que supuestamente es anestesista pero parece desconocer todos los avances sobre dolor fetal de las últimas décadas.

      El comentarista también repasa las cifras de aborto en España, un país bastante rico, con buena sanidad pública, buen sistema de Seguridad Social y donde ningún niño va a morir simplemente porque su madre le rechace (muchas otras familias le pueden acoger), pero muchos mueren porque son abortados. [21 min]

      ReL

      Vea también   Como ser una familia provida




      Catequesis del Papa León XIV

       

      LEÓN XIV

      AUDIENCIA GENERAL

      Plaza de San Pedro
      Miércoles, 7 de octubre de 2026


      ___________________________________

      Catequesis - Los documentos del Concilio Vaticano II. IV. Constitución pastoral Gaudium et spes 5. La misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo (GS, 40-45)

      Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

      Retomando la reflexión sobre la Constitución concicliar Gaudium et spes (GS), hoy consideramos el cuarto capítulo de la primera parte dedicado a la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo.

      Ante todo, el Concilio recuerda que la Iglesia no está “por encima de” o “junto” al mundo, sino que está injertada en él. «Mundus reconciliatus Ecclesia», escribía San Agustín (Sermón 96): la Iglesia es un mundo ya reconciliado con Dios; somos peregrinos en la tierra y con este mundo compartimos la fragilidad y la belleza (cf. GS, 40).

      Como el Hijo de Dios se encarnó para dar la vida al mundo y reconciliarlo con el Padre, así la Iglesia habita en el mundo como señal de la encarnación de Dios para manifestar su plan de hacernos a todos hijos suyos en una única gran familia humana. Por ello, la Iglesia camina en la historia en medio de las gentes y de las culturas y «este entrelazamiento de vida con los pueblos le hace comprender cada vez más que su misión tiene un alcance histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las relaciones sociales» (Carta enc. Magnifica humanitas, 19).

      La primera misión de la Iglesia es la de ayudar a las personas a prestar atención a las preguntas profundas de la vida: aquellas sobre nuestro origen y nuestro destino, así como aquellas sobre el sentido del amor y del dolor (cf. GS, 41). La lógica del beneficio a toda costa y la manipulación de la información corren el riesgo de ejercer una presión indebida para que las personas se adapten a un estilo de vida centrado en el consumo de bienes materiales, pero nuestro corazón está hecho para mirar hacia lo alto.

      Los Padres del Concilio recuerdan que la misión de la Iglesia se realiza también al contribuir a la construcción de la ciudad terrenal. Sin embargo, sus métodos y su finalidad no son principalmente de carácter político, sino que consisten en el testimonio de la fe y de la caridad, junto con el compromiso por la justicia, la paz, la fraternidad. Adorando a Cristo, el Justo que murió por los injustos, el creyente no puede aceptar la opresión de los pequeños y de los pobres, ni tampoco aquellas estructuras injustas que perpetúan las condiciones de dependencia y de injusticia. La Doctrina social de la Iglesia orienta la acción de los cristianos, que colaboran con todas las personas de buena voluntad al promover el bien común. La Iglesia, por lo tanto, «nada desea tanto como desarrollarse libremente, en servicio de todos, bajo cualquier régimen político que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los imperativos del bien común» (GS, 42).

      Para cumplir con eficacia la misión evangélica es necesario que cada bautizado se comprometa a cooperar con la gracia del Espíritu Santo, para que su fe sea viva y se exprese en comportamientos coherentes. De hecho, como recuerdan los Padres conciliares, la separación entre la fe profesada y la vida diaria «debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época» (GS, 43).

      Gaudium et spes reserva una mención particular (cf. ibid.) a la misión de los fieles laicos, los cuales, en virtud del Bautismo, están llamados a animar el mundo con el espíritu cristiano y la visión del Evangelio. Lugares principales de esta acción, que bien puede definirse como sacerdotal, son indudablemente la familia y la actividad laboral, pero se extiende a todos los ámbitos de la vida.

      Por último, la Iglesia siempre está atenta a lo que en la sociedad sucede y se desarrolla (cf. GS, 44). Es tarea de todo el Pueblo de Dios, sobre todo de los pastores y de los teólogos, discernir lo que en las culturas de nuestro tiempo es digno de consideración, teniendo siempre como supremo criterio de discernimiento la Palabra de Dios y la Tradición de la Iglesia. Esto requiere un ánimo equilibrado y libre de las modas culturales, capaz de mirar al mundo en un modo positivo y, al mismo tiempo, firme en la custodia y la presentación del mensaje evangélico en su integralidad. De hecho, «Ciertamente, no es diluyendo los contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo» (Discurso a la Plenaria del Dicasterio para la Evangelización – Sección cuestiones fundamentales de la evangelización del mundo, 28 de mayo de 2026).

      Queridos, la Iglesia, mientras está en camino en la historia, «sólo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la salvación de toda la humanidad» (GS, 45). Con este fin, se orienta sobre todo a través de la santidad personal y el amor fraternal. Escribía San Pablo VI: «Sin esta marca de santidad, nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el corazón de los hombres de este tiempo. Corre el riesgo de hacerse vana e infecunda» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 76). Por lo tanto, hagámonos dóciles a la acción del Espíritu Santo, para que nos ayude a vivir en santidad y caridad, para que el mundo pueda creer y tener esperanza.
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      Saludos

      Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los animo a ser dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo, para que cada uno, desde su propio estado de vida, colabore a fin de que se instaure el Reino de Dios en el mundo y toda la humanidad reciba la salvación obtenida mediante el sacrificio de Cristo.  Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

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      Resumen leído en español por el Santo Padre

      Queridos hermanos y hermanas:

      En esta catequesis, para retomar la reflexión sobre la Constitución pastoral Gaudium et spes, les propongo el tema de la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo. Así como el Hijo de Dios se ha encarnado para dar vida al mundo y reconciliarlo con el Padre, la Iglesia peregrina en el mundo como signo de esa encarnación de Dios. Por eso, el Concilio nos recuerda que nuestra tarea es ayudar a las personas a estar atentas a las preguntas profundas sobre el origen y el destino, así como el sentido del dolor y del amor. La Iglesia no puede desentenderse de la realidad terrenal, sino que contribuye a construirla mediante el testimonio de la fe y la caridad, y el compromiso por la justicia, la paz y la fraternidad. En este sentido, todos los miembros del Pueblo de Dios, con la fuerza del bautismo, están llamados a dar vida al mundo mediante el espíritu cristiano y la visión del Evangelio, es decir, discernir aquello que en las culturas y en el mundo contemporáneo es digno de consideración.