Aquí podemos ofrecerle sólo algunas aspectos de las mil maravillas de la Santa Misa
Muchas almas salen del Purgatorio y vuelan al cielo.
Por cada Santa Misa que se dice, muchas almas salen del Purgatorio y vuelan al cielo.
San Jerónimo Doctor de la Iglesia
El más poderoso sufragio a las almas del Purgatorio.
La Santa Misa procura el más poderoso sufragio a las almas del Purgatorio. La que más apacigua la encendida cólera de Dios en contra de los pecadores y la que proporciona a los hombres en la tierra mayor cúmulo de bienes.
San Alfonso María de Ligorio Doctor de la Iglesia La Misa Atropellada
Una sola Santa Misa en vida.
Una sola Santa Misa ofrecida y oída en vida con devoción, por el bien propio, puede valer más que mil Misas celebradas por la misma intención, después de la muerte.
San Anselmo Doctor de la Iglesia
La Santa Misa por los difuntos.
Quien por los difuntos oye la Santa Misa y ora, por sí mismo trabaja.
San Agustín Doctor de la Iglesia
Ni un solo día dejaríamos de ir a la Santa Misa.
¡Ah! Si las almas del Purgatorio pudieran volver a este mundo, ¡qué no harían por asistir a una sola Misa! Si pudierais vosotros mismos comprender su excelencia, sus ventajas y sus frutos, ni un solo día querríais pasar sin participar en ella.
San Pedro Julián Eymard Obras Eucarísticas
La Santa Misa y las almas del Purgatorio.
Cuando se celebra la Santa Misa por un alma del Purgatorio, aquel fuego tan abrasador suspende su acción, y el alma cesa de sufrir todo el tiempo que dura la celebración del Santo Sacrificio.
San Jerónimo Doctor de la Iglesia
Una sola Santa Misa en vida.
Una sola Misa ofrecida y oída en vida con devoción, por el bien propio, puede valer más que mil Misas celebradas por la misma intención, después de la muerte.
La Sabiduría es luminosa y nunca pierde su brillo: se deja contemplar fácilmente por los que la aman y encontrar por los que la buscan.
Ella se anticipa a darse a conocer a los que la desean.
El que madruga para buscarla no se fatigará, porque la encontrará sentada a su puerta.
Meditar en ella es la perfección de la prudencia, y el que se desvela por su causa pronto quedará libre de inquietudes.
La Sabiduría busca por todas partes a los que son dignos de ella, se les aparece con benevolencia en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos.
Salmo 63(62),2.3-4.5-6.7-8.
Señor, tú eres mi Dios,
yo te busco ardientemente;
mi alma tiene sed de ti,
por ti suspira mi carne
como tierra sedienta, reseca y sin agua.
Sí, yo te contemplé en el Santuario
para ver tu poder y tu gloria.
Porque tu amor vale más que la vida,
mis labios te alabarán.
Así te bendeciré mientras viva
y alzaré mis manos en tu Nombre.
Mi alma quedará saciada
como con un manjar delicioso,
y mi boca te alabará
con júbilo en los labios.
Mientras me acuerdo de ti en mi lecho
y en las horas de la noche medito en ti,
Veo que has sido mi ayuda
y soy feliz a la sombra de tus alas.
Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 4,13-18.
No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza.
Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él.
Queremos decirles algo, fundados en la Palabra del Señor: los que vivamos, los que quedemos cuando venga el Señor, no precederemos a los que hayan muerto.
Porque a la señal dada por la voz del Arcángel y al toque de la trompeta de Dios, el mismo Señor descenderá del cielo. Entonces, primero resucitarán los que murieron en Cristo.
Después nosotros, los que aún vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos al cielo, sobre las nubes, al encuentro de Cristo, y así permaneceremos con el Señor para siempre.
Consuélense mutuamente con estos pensamientos.
Evangelio según San Mateo 25,1-13.
Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite,
mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.
Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'.
Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos',
pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.
Oh Amor, estable, fuerte y siempre victorioso, que tu obrar me enseñe a amar a Jesús con constancia invencible y a servirlo con inquebrantable perseverancia. Despiértame, sacúdame, con el fin que esté siempre listo cuando el Señor llegará, en la primera o segunda vigilia. Que yo no esté aletargado ni adormecido cuando una fuerte voz se escuche a medianoche, sino que bajo tu impulso y tu guía, entre dignamente a las Bodas con el Cordero. Entonces, por gracia, haz que mi lámpara se encuentre plena del aceite de la caridad (Mt 25,4), plena del fuego del amor, plena de la luz espléndida de las obras producto de una fe viva, con el fin que yo pueda poseer las delicias de la vida eterna.
Mi dulcísimo Jesús, Esposo muy amado, despierta ahora en ti a mi espíritu adormecido, en tu muerte, otórgame una vida vivida sólo para ti. Otórgame una existencia que responda dignamente al precio de tu sangre. Dame un espíritu que te guste, un corazón que te sienta, un alma que comprenda tu voluntad, una virtud que cumpla tus deseos, la estabilidad para perseverar contigo. Y, por gracia, a la hora de mi muerte, ábreme sin tardar la puerta de tu bondadoso corazón. Que por ti merite penetrar sin obstáculos en la cámara nupcial de tu vivo amor, en la que gozaré de ti y te tendré a ti, verdadera alegría de mi corazón. Amen
(EDD)
Reflexión sobre la lámpara de aceite
Solemos dar por hecho que la novia llega un poco tarde a su boda. Pero en el Evangelio de hoy, ¡es el novio quien hace esperar a todo el mundo! No podemos estar del todo seguros de cómo se desarrollaba exactamente la ceremonia nupcial en tiempos de Jesús. Parece que era costumbre que el novio se dirigiera primero a la casa de la novia a primera hora de la tarde (a menudo cuando ya había anochecido) y que luego se llevara a su novia, en procesión, a su propia casa para celebrar un banquete. Aunque no podemos reconstruir con certeza todos los detalles de estas costumbres, las jóvenes de la parábola desempeñan un papel importante: encabezar la procesión con sus lámparas y, luego, dar la bienvenida al novio en su propia casa cuando llegara la comitiva. Necesitaban mucho aceite para mantener encendidas sus lámparas durante toda la ceremonia. Sus lámparas habrían aportado tanto luz práctica como un resplandor festivo a la oscuridad. Podemos imaginar la emoción a medida que se acercaban aquellas llamas, anunciando que la celebración estaba a punto de comenzar. Pero una llama necesita combustible, y cinco de las mujeres no han traído ninguna reserva de aceite. Están preparadas para una boda que se desarrolla según lo previsto; pero no están preparadas para la larga espera.
El novio representa a Cristo, cuya llegada esperan sus seguidores. Es una imagen preciosa en la que vale la pena detenerse: Jesús describe nuestro encuentro con él a través de la alegría y la cercanía de una boda. Él viene para atraernos a la comunión con él. Sin embargo, la demora es importante. La fe conlleva momentos en los que Dios parece distante, las oraciones parecen no ser escuchadas y nuestro entusiasmo inicial empieza a desvanecerse. Curiosamente, las diez mujeres se quedan dormidas durante la larga espera. La diferencia entre ellas radica en la preparación que han llevado a cabo. Jesús sabe que nos cansamos. Su pregunta es si estamos cuidando la relación que nos sostendrá durante la espera.
Jesús no nos da una definición precisa del aceite, pero podemos ver en él el alimento constante de una vida orientada hacia Dios: la oración, la bondad, el perdón y el hábito silencioso de hacer lo correcto. Estos elementos mantienen viva la llama cuando los sentimientos por sí solos ya no pueden sostenerla. Los demás pueden animarnos, pero no pueden vivir esa relación en nuestro lugar. La puerta cerrada de nuestra lectura confiere a la historia su carácter urgente: no podemos seguir posponiendo nuestra respuesta a Dios. ¡Hoy es una oportunidad para rezar, para hacer las paces, para ofrecer bondad y abrir de par en par la puerta!
Nuestra pequeña lámpara de aceite de arcilla se fabricó en el norte de África en el siglo IV. Es pequeña y cabe en la palma de la mano. Aunque data de varios siglos después de Jesús, forma parte de la misma larga tradición de lámparas de aceite utilizadas en todo el Mediterráneo antiguo. Además, encierra una historia bíblica: su decoración representa al rey Nabucodonosor entronizado, un busto del rey erigido sobre una columna y a los tres jóvenes, Sadrac, Mesac y Abednego, que se negaron a adorar su imagen de oro. Así, un objeto cotidiano del hogar se convierte en un recordatorio de la fidelidad ante la adversidad. Podemos imaginar cómo el hecho de encender una lámpara como esta podría haber llevado esa historia a la rutina cotidiana de un hogar. Sí, el arte ya se utilizaba para contar la historia de la Salvación.
Estas lámparas funcionaban de forma muy sencilla. Se vertía aceite, normalmente aceite de oliva, a través de un orificio de llenado en el cuerpo hueco (los dos orificios de la parte superior). Una mecha hecha de fibras vegetales descansaba en el aceite, con un extremo que sobresalía por una abertura en la boquilla. La mecha absorbía el aceite y lo conducía de forma constante hacia la llama. Para mantener la luz encendida era necesario reponer el combustible y cuidar la mecha. Estas lámparas eran pequeñas, portátiles, ideales para procesiones, y por eso se quedaban sin aceite rápidamente. Por muy cuidadosamente fabricada o bellamente decorada que estuviera una lámpara, no puede cumplir su propósito sin combustible. También nuestra fe necesita alimento si queremos llevar la luz de Cristo a las vidas que nos rodean.
Sus padres apenas practicaban la fe, pero Martina, enferma de cáncer, comenzó a hablarles de Jesús y la Virgen. Su historia conmueve hoy a Italia.
Martina Kluzer, la niña de siete años que convirtió a sus padres
Martina Kluzer tenía apenas siete años cuando murió víctima de un cáncer especialmente agresivo. Pero antes de fallecer, el 7 de junio de 2007, esta niña italiana dejó tras de sí una historia extraordinaria que, casi veinte años después, está conmoviendo a miles de personas en Italia.
Sus padres no eran católicos practicantes. Apenas iban a misa y nunca habían hablado a su hija de cuestiones religiosas. Sin embargo, durante su enfermedad, Martina comenzó a hablar de Jesús, de la Virgen María y del cielo con una naturalidad que desconcertaba a quienes la rodeaban.
Aseguraba que veía a Jesús y a la Virgen, consolaba a otros enfermos y llegó a decirle a su madre que no tuviera miedo de su muerte porque en el cielo la esperaba la Virgen.
Su historia acaba de ser recuperada en el libro Martina, il Cuore e la Rosa (Ediciones Ares), escrito por su madre, Giovanna Pupillo Kluzer, junto al periodista Riccardo Caniato.
Publicaciones italianas como Avvenire, Gente, Credere, Città Nuova y Diva e Donna se han hecho eco de esta sorprendente historia de fe.
Una familia que vivía alejada de la Iglesia
Martina nació el 8 de noviembre de 1999 en Trezzano sul Naviglio, cerca de Milán. Sus padres, Giovanna y Claudio, eran jóvenes trabajadores que llevaban una vida completamente normal.
«Éramos creyentes absolutamente tibios y no practicantes», reconoce Giovanna.
La pequeña era alegre, cariñosa y especialmente sensible al sufrimiento ajeno. Le preocupaban los niños pobres y decía que de mayor quería ser médica para curarlos.
Todo cambió en 2005, cuando comenzó a sufrir fuertes dolores. Tras meses de pruebas y diagnósticos contradictorios, los médicos confirmaron que padecía un rabdomiosarcoma alveolar metastásico, un tumor muy agresivo.
La noticia destrozó a sus padres. Pero fue precisamente Martina quien comenzó a consolarlos.
«No estés triste, mamá, yo soy fuerte», le repetía.
Mientras avanzaba la enfermedad, ocurrió algo que sus padres todavía consideran inexplicable: Martina comenzó a mostrar un profundo interés por la oración, la misa y la Virgen María.
Martina Kluzer, la niña que convirtió a sus padres Martina Kluzer, la niña que convirtió a sus padres Martina Kluzer nació en una familia que no tenía fe, a los seis años enfermó y empezó a decir y hacer cosas que nadie le había enseñado jamás...
«Mamá, he soñado con la Virgen»
En marzo de 2006, una conocida de la familia regaló a Martina una estampa de María Rosa Mística, venerada en el santuario de Montichiari, cerca de Brescia.
La niña pidió insistentemente a sus padres que la llevaran allí. Desde entonces comenzaron a acudir al santuario todas las semanas, mientras su salud se lo permitió.
Según relata Giovanna, Martina empezó a contarle que veía a la Virgen y que hablaba con ella.
En una ocasión le dijo: «Mamá, he soñado con la Virgen. Me ha preguntado si quería irme con ella».
Su madre, angustiada ante la posibilidad de perderla, le preguntó qué había respondido.
Martina explicó que había puesto una condición: quería que también estuvieran con ella sus padres, su hermana y sus abuelos.
En otra conversación, la pequeña pronunció unas palabras que Giovanna nunca olvidaría: «Aquí en la tierra te tengo a ti, que eres la mamá más buena del mundo, y en el cielo tengo a la Virgencita que me espera. Cuando vaya al Paraíso, ella será mi mamá».
Son experiencias relatadas por la familia, que las interpreta desde la fe.
Las experiencias religiosas de Martina no se limitaron a la Virgen.
Durante algunas misas, aseguraba que podía ver a Jesús caminando junto al sacerdote mientras este llevaba el Santísimo Sacramento.
Según su madre, la niña describía cómo Jesús se acercaba a las personas y las bendecía.
En una ocasión, incluso preguntó: «¿Ha pasado Jesús? ¿Habéis sentido su perfume?».
Lo sorprendente para sus padres era que Martina hablaba de cuestiones religiosas que, según ellos, nadie le había enseñado.
También comenzó a ofrecer sus sufrimientos por los demás. Cuando aparecieron dolorosas heridas provocadas por su inmovilidad, recordó a su madre las llagas de Cristo.
«Jesús no está lejos, aunque todo vaya mal», decía.
Su actitud impresionaba a médicos, enfermeras y familiares. Mientras su cuerpo se debilitaba, seguía preocupándose por los demás.
En febrero de 2007, cuando su enfermedad estaba muy avanzada, Martina consiguió permiso médico para viajar con sus padres a Lourdes.
Allí rezó por los niños hospitalizados, sus compañeros de colegio, sus profesores y todas las personas que le habían pedido oraciones.
A su regreso protagonizó una escena que su madre recuerda especialmente.
La pequeña quiso repartir agua de Lourdes entre los enfermos del hospital. Recorrió las habitaciones acompañada de Giovanna y pidió a quienes recibían el agua que rezaran un avemaría.
Según el testimonio materno, nadie se negó.
Martina estaba convencida de que la oración podía ayudar a quienes sufrían, incluso cuando no llegaba la curación física.
«No lloréis por mí»
En sus últimas semanas, el cáncer había provocado graves secuelas. Martina quedó paralizada y necesitaba permanecer en cama.
El 24 de mayo de 2007, apenas dos semanas antes de morir, recibió la Primera Comunión y la Confirmación.
Su madre cuenta que la niña rechazaba en ocasiones la morfina porque deseaba permanecer lúcida para rezar y, según decía, estar con Jesús y la Virgen.
Martina falleció el 7 de junio de 2007, con siete años y medio.
Antes había pedido a sus padres que no contemplaran su muerte únicamente con tristeza, sino también con la esperanza cristiana del encuentro con Dios.
La niña que había nacido en una familia alejada de la práctica religiosa terminó convirtiéndose en el principal motivo de su acercamiento a la Iglesia.
Casi veinte años después, Giovanna y Claudio continúan hablando de su hija y de la transformación que provocó en sus vidas.
Su testimonio ha despertado interés entre numerosas familias, especialmente entre quienes han perdido un hijo o atraviesan una enfermedad grave.
Según Giovanna, algunas personas les escriben para pedir oraciones y contarles cómo la historia de Martina les ha ayudado a recuperar la fe.
El periodista Riccardo Caniato, coautor del libro, resume así lo que considera el primer gran fruto de esta historia: «El primer milagro de Martina fue reunir a su familia alrededor de Cristo».
Para sus padres, aquella niña que parecía necesitar toda su protección terminó enseñándoles algo que nunca habían descubierto por sí mismos: a confiar en Dios incluso en medio del sufrimiento.
Y hay una petición de Martina que su madre sigue intentando cumplir: «Mamá, tienes que decirles a todos que Jesús y la Virgen los quieren».
El anuncio de que el Papa León XIV deberá someterse a una cirugía para extirpar un nódulo pulmonar ha vuelto a poner el foco en la salud de los pontífices y en los desafíos médicos que pueden afrontar durante su servicio al frente de la Iglesia Católica.
El Santo Padre comunicó la noticia el 11 de octubre de 2026, un año, cinco meses y tres días después de su elección. Al igual que él, sus tres predecesores también experimentaron problemas de salud durante sus respectivos pontificados, aunque de distinta naturaleza y gravedad.
Desde un atentado que puso en peligro la vida de San Juan Pablo II hasta una caída que provocó una fractura a Benedicto XVI, estos episodios recuerdan que los Papas también deben afrontar situaciones de salud mientras cumplen con sus responsabilidades pastorales.
San Juan Pablo II: un atentado que conmocionó al mundo
El 13 de mayo de 1981, cuando llevaba dos años y medio como Pontífice, San Juan Pablo II fue víctima de un atentado en la Plaza de San Pedro. El Papa, que tenía 60 años, resultó gravemente herido por los disparos de Mehmet Ali Ağca.
Las imágenes del Pontífice herido y de los peregrinos que presenciaron el ataque recorrieron el mundo, convirtiendo aquel día en uno de los episodios más impactantes de su pontificado.
El atentado puso en peligro su vida y marcó profundamente su historia personal y su ministerio al frente de la Iglesia.
Benedicto XVI: una fractura durante sus vacaciones
En julio de 2009, Benedicto XVI sufrió una caída mientras disfrutaba de sus vacaciones en los Alpes italianos. El accidente le provocó una fractura en la muñeca derecha y requirió una intervención quirúrgica.
La operación se realizó el 17 de julio, cuando habían transcurrido algo más de cuatro años desde su elección como Papa, el 19 de abril de 2005.
La intervención duró aproximadamente 20 minutos y se llevó a cabo con anestesia local. Posteriormente, el Pontífice utilizó un yeso durante cerca de un mes.
A diferencia de otros problemas médicos que pueden afectar a los pontífices, en este caso se trató de una lesión accidental.
Francisco: un resfriado que modificó su agenda
El 15 de noviembre de 2013, ocho meses después de su elección, el Papa Francisco canceló sus reuniones de la mañana debido a un resfriado.
A pesar del malestar, aquella misma tarde presidió una Misa de ordenación episcopal, por lo que su agenda solo se vio parcialmente alterada.
Aunque fue un episodio menor en comparación con otros problemas de salud que afrontaría durante su pontificado, se convirtió en uno de los primeros contratiempos médicos de su etapa como sucesor de Pedro.
León XIV: un nódulo pulmonar detectado a tiempo
El 11 de octubre de 2026, después de rezar el Ángelus en la Plaza de San Pedro, León XIV anunció que deberá someterse a una intervención quirúrgica para extirpar un nódulo pulmonar.
El Pontífice, que cumplió 71 años el pasado 14 de septiembre, explicó que el nódulo fue detectado en una fase temprana y se encuentra bien localizado. Siguiendo la recomendación de sus médicos, decidió proceder con la intervención.
Según la información difundida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, la operación está prevista para esta semana en el Hospital Policlínico Gemelli de Roma. Las primeras previsiones apuntan a que el Papa necesitará aproximadamente una semana de recuperación hospitalaria.
Por el momento, no se ha anunciado ninguna modificación del viaje apostólico previsto aUruguay, Argentina y Perú, del 6 al 17 de noviembre de 2026.
El anuncio ha suscitado muestras de cercanía y oraciones por el Santo Padre, quien continúa desempeñando su misión pastoral mientras se prepara para la intervención.
Una oración por la salud del Papa León XIV
Ante la próxima cirugía, los fieles están invitados a encomendar al Papa a la protección de Dios y a pedir por quienes estarán a cargo de su atención médica.
Los Franciscan Missionaries of the Eternal Word, congregación fundada por la Madre Angélica, comparten la siguiente oración:
Señor Jesús, Buen Pastor, te damos gracias por el Papa León, a quien has confiado el cuidado amoroso de tu rebaño.
Te rogamos que concedas tu guía y bendición al personal médico encargado de atenderlo.
Concede también buena salud, una pronta recuperación y paz a nuestro Santo Padre, el Papa León.
José María Contreras explica los errores que destruyen el amor y las claves para construir una relación sólida, feliz y duradera.
"Debemos oponernos a la muerte del matrimonio con la misma firmeza con que nos oponemos a la muerte de los no nacidos".
¿Por qué hay matrimonios que, después de treinta años, siguen disfrutando de estar juntos mientras otros terminan en una separación dolorosa? ¿Por qué algunas parejas consiguen superar las crisis y otras convierten su convivencia en un campo de batalla? ¿Es cuestión de suerte, de haber elegido bien o existe algún secreto que explique la diferencia?
José María Contreras está convencido de que el éxito o el fracaso en el amor no depende únicamente de haber encontrado a la persona adecuada. Hay comportamientos, actitudes y errores que pueden determinar el futuro de una relación.
Esta es la cuestión que aborda en su nuevo curso de Aula Mucha Vida, titulado Por qué unos fracasan y otros tienen éxito en el amor, una propuesta para quienes desean fortalecer su matrimonio, superar una crisis o aprender a construir relaciones afectivas más maduras.
Un matrimonio felizCANDICE PICARD
El gran error: buscar a la persona perfecta
Uno de los principales obstáculos para alcanzar la felicidad en pareja es, paradójicamente, una idea que el cine, las novelas y la cultura romántica llevan siglos alimentando: la existencia de la media naranja.
Creemos que en algún lugar existe una persona perfectamente compatible con nosotros, capaz de comprendernos sin palabras, anticiparse a nuestras necesidades y no decepcionarnos nunca.
Pero esa persona no existe.
«No fracasamos porque elegimos mal; fracasamos porque esperamos algo que no existe», se explica en la presentación de esta formación.
El problema comienza cuando descubrimos que nuestra pareja tiene defectos, manías, inseguridades y limitaciones. Entonces, lo que antes parecía una historia de amor perfecta puede transformarse en una sucesión de reproches y frustraciones.
La alternativa consiste en aceptar que amar a alguien implica también aceptar su imperfección.
Por qué unos fracasan y otros tienen éxito en el amor, un curso de José María Contreras en Aula Mucha VidaREL
Las parejas felices no son las que no discuten
Después de muchos años hablando con matrimonios y parejas, Contreras ha llegado a una conclusión que resume buena parte de su propuesta:
«Las parejas felices no son las que no tienen problemas. Son las que han aprendido a afrontarlos de otra manera».
Esta diferencia resulta fundamental.
Mientras algunas parejas interpretan cada desacuerdo como una amenaza para su relación, otras han aprendido a discutir sin destruirse, a escuchar antes de responder y a comprender que ceder no significa necesariamente perder.
En el curso se plantean dos caminos: el llamado Ciclo del Fracaso, alimentado por expectativas irreales, y el Ciclo del Éxito, basado en el realismo, el autoconocimiento y la inteligencia emocional.
El objetivo no es enseñar a encontrar una pareja perfecta, sino descubrir qué comportamientos permiten que una relación funcione.
Contreras propone herramientas concretas que pueden ayudar a transformar la convivencia.
La primera consiste en dejar de exigir al otro que satisfaga todas nuestras expectativas. Pretender que nuestra pareja sea al mismo tiempo amante, mejor amigo, confidente y solución a todos nuestros problemas puede convertirse en una fuente permanente de frustración.
La segunda es aprender a comunicar nuestras necesidades sin recurrir a los gritos, los reproches o los silencios castigadores. Esperar que el otro adivine lo que sentimos es uno de los errores más frecuentes.
Y la tercera es comprender que el amor no es solamente un sentimiento, sino una habilidad que se aprende y se entrena.
En este sentido, el curso propone un ejercicio sorprendente: elaborar nuestro propio «manual de usuario», explicando a la pareja cuáles son nuestras debilidades, inseguridades y necesidades emocionales.
La respuesta de Contreras es afirmativa. En su curso profundiza en cuestiones como la gestión de los conflictos, el deseo a largo plazo, la comunicación y la manera de convertir el hogar en un verdadero refugio afectivo.
Su planteamiento invita a cambiar una pregunta habitual. En lugar de preguntarnos continuamente si estamos con la persona adecuada, quizá deberíamos preguntarnos qué podemos hacer nosotros para amar mejor.
Porque, como sostiene la propuesta formativa, el secreto para pasar del fracaso al éxito no siempre está en cambiar de pareja, sino en cambiar nuestra manera de mirar y tratar a quien tenemos al lado.