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jueves, 28 de mayo de 2026

Evangelio del día - Fiesta de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote

 


Lectura del Evangelio

Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y dijo a sus discípulos: ‘Sentaos aquí, mientras yo voy allí a orar’. Tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo: ‘Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo.’

Y yendo un poco más adelante, se postró sobre su rostro y oró, diciendo: ‘Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz; pero no sea como yo quiero, sino como tú’. Vino a los discípulos y los encontró durmiendo. Y dijo a Pedro: ‘¿No podías velar conmigo una hora? Velad y orad para que no entréis en tentación. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil’. Otra vez, por segunda vez, se fue y oró: ‘Padre mío, si esto no puede pasar si yo no lo bebo, hágase tu voluntad.’

Reflexión sobre el icono ruso

La fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, es una adición relativamente reciente al calendario litúrgico. Fue establecida en 1987 por la Congregación para el Culto Divino para su celebración en España, y poco a poco fue adquiriendo un reconocimiento más amplio en toda la Iglesia universal. Actualmente se celebra en muchas diócesis de todo el mundo el primer jueves después de Pentecostés, momento propicio que sigue a la efusión del Espíritu Santo y refleja la misión permanente de la Iglesia bajo el sacerdocio eterno de Cristo.

La fiesta dirige nuestra atención al Oficio Sacerdotal de Cristo, que es a la vez sacrificio y sacerdote. Sirve de poderoso modelo para todos los bautizados (ya que por nuestro bautismo todos somos sacerdote, profeta y rey) y, de modo particular, para el sacerdocio ordenado. Como sacerdotes actúan in persona Christi (en la persona de Cristo) están llamados a reflejar el amor abnegado del Sumo y Eterno Sacerdote. Hoy se nos recuerda que debemos rezar por nuestros sacerdotes, para que sus vidas reflejen cada vez más la santidad, la humildad y la compasión de Cristo.

Nuestro icono del siglo XVII de Cristo entronizado como Sumo Sacerdote pertenece a una larga y profunda tradición teológica que surgió muy pronto en el arte bizantino y se extendió después por el mundo ortodoxo eslavo y ruso. La imagen se inspira especialmente en la Carta a los Hebreos, donde se describe a Cristo como Sumo Sacerdote eterno (Heb 3:1-10:39): Él, porque permanece para siempre, tiene un sacerdocio que no pasa'. A diferencia de los sacerdotes de la Antigua Alianza, cuyos sacrificios debían repetirse continuamente, Cristo se ofrece a sí mismo de una vez por todas. Por ello, los artistas bizantinos comenzaron a representar a Jesús no sólo como Pantocrátor (el soberano de toda la creación), sino también vestido con los ornamentos litúrgicos de un sumo sacerdote, sentado en un trono celestial con autoridad divina. Esta iconografía se desarrolló especialmente entre los siglos XII y XIII en Bizancio, antes de extenderse hacia el norte, a Rusia.

En nuestro icono, Cristo está sentado de frente en el trono, con inmensa quietud y autoridad. Su mirada es directa, penetrante, casi intemporal. Bendice con una mano mientras sostiene el Evangelio con la otra, recordándonos que es a la vez sacerdote y maestro, sacrificio y Palabra. Sus vestiduras están cargadas de simbolismo. Lleva vestiduras sacerdotales parecidas a las de un obispo o patriarca bizantino. El omophorion (estola) que lleva sobre los hombros simboliza al pastor que lleva a casa a la oveja perdida. En la teología bizantina, la liturgia terrenal se entendía como participación en la liturgia celestial. Así, Cristo aparece aquí no sólo como una figura histórica del pasado, sino como el eterno celebrante de los misterios celestiales.

Flanquean a Cristo dos grandes serafines, los misteriosos seres de seis alas descritos en la visión del profeta Isaías. Estas ardientes criaturas celestiales rodean el trono de Dios cantando “Santo, Santo, Santo”. Sus seis alas simbolizan tradicionalmente la abrumadora santidad de la presencia divina: con dos alas se cubren el rostro, incapaces de contemplar plenamente la gloria de Dios; con dos se cubren los pies en humildad; y con dos vuelan en perpetua adoración. El contraste de colores también es simbólico. El serafín rojo evoca el fuego divino, el amor ardiente, la energía celestial y la purificación. El serafín más oscuro, casi negro, sugiere el misterio, la trascendencia y el aspecto incognoscible de Dios, más allá de la comprensión humana.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Señor, Jesucristo, nuestro magnífico y supremo Sacerdote.

Por tu Muerte y Resurrección te hemos reconocido
como el Cordero sacrificial, mediador entre el Padre y nosotros mismos.

Nos llamas a participar en tu Muerte y Resurrección.

.

Nos llamas a participar en tu Muerte y Resurrección
por los sacramentos del Bautismo y Confirmación,
para unirnos en el ofrecimiento del sacrificio de Ti mismo
por la participación de tu Sacerdocio en la Eucaristía.

Así pertenecemos a tu Reino en la tierra, haciéndonos tu pueblo santo.

Señor Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote,
concédenos tu Espíritu de Amor y Vida que nos una a ti,
Sacerdote y Víctima, para que el plan de salvación
para todos los pueblos se establezca dentro de nosotros.


Señor, Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote,
concédenos tu Espíritu de Sabiduría y unión,
que a todos nos unifique en tu Cuerpo Místico,
la Iglesia, para ser tus testigos en el mundo.


Señor, Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote,
tu cruz remedie nuestros males, tu Resurrección nos renueve,
tu Espíritu Santo nos santifique, tu Realeza nos glorifique
y nos redima tu Sacerdocio, para que podamos unirnos contigo
como tú lo estás con el Padre en el Espíritu Santo.


Señor, Jesús, reúnenos a todos en tu Persona –Víctima,
Sacerdote, Rey– por el banquete salvador de la Eucaristía
que tú y nosotros ofrecemos en el altar del Sacrificio,
ahora y durante todos los días de nuestra peregrinación por este mundo.

Cuando nos llames a tu Reino celestial, entonces podamos participar
con todos los santos de tu gloria, amor y vida en unión
con el Padre y el Espíritu Santo por toda la eternidad.

Amén.

(ACI)



miércoles, 27 de mayo de 2026

Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote - Laudes y Vísperas


 

Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote

(Jueves después de Pentecostés) 

Laudes

(Cuando es la primera oración del día:)

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Ant A Cristo, sacerdote eterno, démosle gloria.

--Salmo 94--

Se recita la antífona que corresponda y la asamblea la repite.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Se repite la antífona

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Se repite la antífona

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Se repite la antífona

Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras."

Se repite la antífona

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."

Se repite la antífona

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Se repite la antífona

 

(Cuando no es la primera oración del día se inicia aquí)

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya..

 

HIMNO

Eres tú nuestro pontífice,
oh Siervo glorificado,
ungido por el Espíritu,
de entre los hombres llamado.

Eres tú nuestro pontífice,
el que tendiste la mano
a la mujer rechazada
y al ciego desamparado.

Eres tú nuestro pontífice;
el culto de los cristianos,
tu palabra que acontece
y el cuerpo santificado.

Eres tú nuestro pontífice;
morías en cruz clavado
y abrías la senda nueva
detrás del velo rasgado.

Eres tú nuestro pontífice,
hoy, junto al Padre, sentado;
hoy por la Iglesia intercedes,
nacida de tu costado

Eres tú nuestro pontífice;
¡Cristo, te florificamos!
¡Que tu santo rostro encuentre
dignos de ti nuestros cantos! Amén.

SALMODIA

Ant. 1 Por la sangre de la cruz de Cristo, Dios re-
concilió consigo todas las cosas, así las del cielo
como las de la tierra.

- Salmo 62 -

¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansias de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a las sombras de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1 Por la sangre de la cruz de Cristo, Dios re-
concilió consigo todas las cosas, así las del cielo
como las de la tierra.

Ant. 2 Todo fue creado por Cristo y para Cristo.

Cántico.
Dn. 3,57-88. 56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Angeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieve, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzadlo, por los siglos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2 Todo fue creado por Cristo y para Cristo.

Ant. 3 Dios constituyó a Cristo cabeza del cuerpo
de la Iglesia y sometió todas las cosas bajo sus pies.

-Salmo 149-

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3 Dios constituyó a Cristo cabeza del cuerpo
de la Iglesia y sometió todas las cosas bajo sus pies.

LECTURA BREVE

Hb 10, 5-10

Cristo, al entrar en este mundo, dice: "No quisiste
sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un
cuerpo; no te complaciste en holocaustos ni en sacri-
ficios por el pecado; entonces yo exclamé: Ya estoy
aquí, oh Dios, para cumplir tu voluntad --pues así
está escrito de mí en el rollo de la ley--." Dice lo
primero: "No quisiste sacrificios, ni ofrendas, ni ho-
locaustos, si sacrificios por el pecado, ni en ellos te
complaciste", a pesar de que todos ellos son ofrecidos
según la ley. Pero en seguida dice: "Ya estoy aquí
para cumplir tu voluntad." Con esto abroga lo prime-
ro y establece lo segundo. En virtud de esta voluntad,
quedaremos nosotros santificados por la oblación del
cuerpo de Jesucristo, ofrecida una vez y para siempre.

RESPONSORIO BREVE

V. Aquí estoy, Dios mío, para hacer tu voluntad.
R. Aquí estoy, Dios mío, para hacer tu voluntad.

V. Llevo tu ley en las entrañas.
R. Para hacer tu voluntad.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Aquí estoy, Dios mío, para hacer tu voluntad.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Padre, que todos sean uno, para que el mundo crea
que tú me has enviado.

Cántico de Zacarías
Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con
nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Padre, que todos sean uno, para que el mundo crea
que tú me has enviado.

PRECES.

Acudamos a Cristo, sacerdote del santuario verda-
dero, siempre dispuesto a interceder por nosotros, y
digámosle confiados:

Escúchanos, Señor.

Jesús, Hijo de Dios vivo,

condúcenos a la luz de tu verdad.

Cristo, Verbo de Dios, que estás con el Padre desde
siempre y hasta siempre,

consagra a tu Iglesia en la unidad.

Jesús, ungido del padre en el Espíritu Santo,

santifica a tu Iglesia en la verdad.

Cristo mediador de la nueva alianza,

reviste de tu santidad a los sacerdotes para gloria
del Padre.

Cristo, sabiduría de Dios, paz y reconciliación nues-
tra,

que todos seamos un solo corazón y una sola
alma en tu Iglesia.

Cristo, sacerdote eterno, glorificador del Padre,

que nuestra oblación sea en ti alabanza de gloria
eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Unidos a Cristo nuestro gran sacerdote, pidamos
al Padre que su nombre sea siempre santificado:

Padre nuestro .............

ORACIÓN.

Dios nuestro, que para gloria tuya y salvación de
todos los hombres constituiste sumo y eterno sacer-
dote a tu Hijo, Jesucristo, concede a quienes él ha
elegido como ministros suyos y administradores de
sus sacramentos y de su Evangelio la gracia de ser
fieles en el cumplimiento de su ministerio. Por nues-
tro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.


VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO
Sólo el amor halló tal sacerdocio:
el vino de la copa ya no es vino,
el pan es hoy la entrega de su cuerpo,
y en su nombre consagran sus ministros.

No quiso recibir aquella unción
que hacía sacerdotes interinos;
no se purificó, no entró en el templo
con la san re de extraños sacrificios.

No vistió la esplendente vestidura,
puesto en cruz, sin honor y malherido;
ni dio la bendición con gesto augusto
desde el altar, muriendo entre bandidos.

El rito fue el amor y la obediencia,
la ofrenda fue la Pascua de sí mismo;
viviendo entre nosotros fue pontífice
y de sus días hizo su servicio.

Gloria a ti, Jesucristo, nuestro hermano,
que fuiste sacerdote compasivo;
intercede glorioso ante tu Padre,
con quien vives y reinas por los siglos. Amén.

SALMODIA
Ant. 1.
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote».

Salmo 109, 1-5. 7
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»

Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.

En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote».

Ant. 2. Dios, que es rico en misericordia, nos vivificó con Cristo.

Salmo 110
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman.

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su poder,
dándoles la heredad de los gentiles.

Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud.

Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible.

Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dios, que es rico en misericordia, nos vivificó con Cristo.

Ant. 3 Cristo es imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura.

Cántico
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Cristo es imagen de Dios invisible, primogénito de toda creatura.

LECTURA BREVE

Hb 10, 19-23
En virtud de la sangre de Cristo, tenemos plena seguridad y confianza para entrar en el santuario. Éste es el camino nuevo y lleno de vida, que ha inaugurado él para nosotros pasando por el velo, es decir, por su condición de sumisión a la muerte. Tenemos, pues, un gran sacerdote al frente de la casa de Dios. Acerquémonos, por lo tanto, con sinceridad de corazón, con plenitud de fe, purificados los corazones de toda mancha de que tengamos conciencia y lavado el cuerpo con agua pura. Mantengamos firmemente la profesión de nuestra esperanza (porque fiel es Dios que nos hizo las promesas).

RESPONSORIO BREVE

V. Estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.
R. Estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

V. Y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de los hijos de Dios.
R. Por medio de nuestro Señor Jesucristo.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Padre, yo ruego por ellos, porque son tuyos, y yo por ellos me santifico, para que también ellos sean santificados en la verdad.

Cántico de María
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Padre, yo ruego por ellos, porque son tuyos, y yo por ellos me santifico, para que también ellos sean santificados en la verdad.

PRECES
Elevemos nuestras peticiones a Cristo, nuestro intercesor ante el Padre, y puesta en él nuestra confianza digamos:

Óyenos, con fe te lo pedimos.

Cristo, tú que eres la Palabra del Padre, pon en nuestros labios lo que hemos de pedir.
 

Cristo, sacerdote, pan de vida, que tus elegidos vivan el don de su sacerdocio consumando su oblación en ti.

Cristo glorioso, que intercedes siempre por nosotros ante tu Padre celestial, danos fidelidad en la oración por tu Iglesia.

Cristo Señor, enviado del Padre, que todos encuentren en ti la vida y el del Reino.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Hijo de Dios vivo, que con tu muerte venciste la muerte, que la oblación última de nuestros difuntos los lleve al gozo eterno de tu gloria.

Terminemos nuestras preces con la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro...

ORACIÓN
Dios nuestro, que para gloria tuya y salvación de todos los hombres constituiste sumo y eterno sacerdote a tu Hijo, Jesucristo, concede a quienes él ha elegido como ministros suyos y administradores de sus sacramentos y de su Evangelio la gracia de ser fieles en el cumplimiento de su ministerio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.





San Felipe Neri te da la receta para vivir en alegría

San Felipe Neri

Todos los santos se caracterizan por llevar el amor y la alegría de Cristo a quienes los rodean... y un santo muy alegre es san Felipe Neri, ¡conócelo!

San Felipe Neri es conocido por ser el "santo de la alegría" por manifestar una actitud alegre y positiva siempre, incluso en las adversidades. De tal manera que propiciaba esa felicidad a los corazones de la gente con quienes convivía. 

Este piadoso y santo sacerdote vivió con alegría incluso en la enfermedad. Cuando su médico le dijo "nunca lo había visto tan feliz" él respondió: "Me alegré cuando me dijeron vayamos a la casa del Señor". 

Por ello, te presentamos estas maravillosas herramientas que te ayudarán a ver la vida con alegría y, sobre todo, a compartirla con los demás como lo hacía san Felipe. Dicen las escrituras: "La boca habla de lo que hay en el corazón" (Mt 15, 18-19). 

happy friends

1Dios lo es todo

El gozo y la alegría de san Felipe nacen del fuerte amor por Cristo, pues Él es la fuente de vida inagotable, por lo tanto, también de alegría. Muchos se preguntan, ¿por qué los santos eran alegres aún en las adversidades? Y la respuesta la tiene este santo: "La alegría es el signo de un corazón que ama sinceramente a Dios".

Este sacerdote se deleitaba diariamente en el amor eterno de Dios, constantemente lo alababa y daba gracias a Él por cada situación y persona que le ponía en el camino.

Si quieres empezar a ver las cosas con entusiasmo y sobre todo a vivir una verdadera alegría cristiana, empieza a confiarle a Dios cada situación y cada día. 

2Las amistades

San Felipe, siempre estaba rodeado de gente y, por supuesto, aconsejaba tener buenas amistades porque estas te llevan al cielo. De esta forma es que logró entablar buenas relaciones, de las que sacaba el mayor provecho, compartiendo con ellas y transmitiéndoles la fe y el amor de Cristo. 

3El servicio y la caridad

Es cierto que hay más felicidad en el dar que en el tener y este santo nunca se mostró ajeno a ello. Realizaba obras de caridad y también organizaba a las personas para ir a visitar a los enfermos o a los más necesitados. Dedicaba su tiempo a cada persona que lo necesitara y no se lo pensaba dos veces, pues en la ayuda está el gozo.

4El poder de la risa y el humor

Según estudios, una persona que ríe libera endorfinas, dopamina y adrenalina, por lo que la risa ayuda a combatir el estrés y la ansiedad, convirtiéndose así en un buen aliado para mantenerte con actitud positiva. 

San Felipe Neri era el alma de la fiesta; a cualquier lugar donde llegaba lo seguían por su buen humor. Pasar tiempo con él era pasar un tiempo agradable y alegre. 

San Felipe Neri nos enseña que la santidad y la alegría pueden ir de la mano, y que una vida cristiana vivida con amor y buen humor puede ser una poderosa fuerza de atracción hacia la fe. Su ejemplo y sus consejos siguen siendo relevantes y pueden inspirarnos a vivir con más alegría y gratitud en nuestra vida diaria.

Karen Hutch, Aleteia

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- Papa Benedicto XIV