jueves, 13 de diciembre de 2018

«Hijo latinoamericano, sin miedo, canta y camina como lo hizo tu Madre»: el Papa, por la Guadalupana


El Papa presidió la Eucaristía por la fiesta de la Virgen de Guadalupe en la Basílica de San Pedro
El Papa presidió la Eucaristía por la fiesta de la Virgen de Guadalupe en la Basílica de San Pedro
El Papa Francisco presidió este miércoles en la basílica de San Pedro una Eucaristía en honor a la Virgen de Guadalupe, cuya fiesta se celebra este 12 de diciembre. Recordando las palabras del Magnificat, el Papa recordó en su homilía que “María nos enseña que, en el arte de la misión y de la esperanza, no son necesarias tantas palabras ni programas, su método es muy simple: caminó y cantó”.
Según el Papa María se convirtió en la primera “pedagoga del evangelio” que “recuerda las promesas hechas a nuestros padres y nos invita a cantar la misericordia del Señor”.
‘¿No estoy aquí yo, que soy tu madre?’
Francisco explicó que “la Virgen María caminó al Tepeyac para acompañar a Juan Diego y sigue caminando el Continente cuando, por medio de una imagen o estampita, de una vela o de una medalla, de un rosario o Ave María, entra en una casa, en la celda de una cárcel, en la sala de un hospital, en un asilo de ancianos, en una escuela, en una clínica de rehabilitación … para decir: ‘¿No estoy aquí yo, que soy tu madre?’. Ella más que nadie sabía de cercanías. Es mujer que camina con delicadeza y ternura de madre, se hace hospedar en la vida familiar, desata uno que otro nudo de los tantos entuertos que logramos generar, y nos enseña a permanecer de pie en medio de las tormentas”.
“Escuela de María”, dijo en varias ocasiones el Pontífice. En ella, aseguró, “aprendemos a estar en camino para llegar allí donde tenemos que estar: al pie y de pie entre tantas vidas que han perdido o le han robado la esperanza”.
Francisco prosiguió su homilía incidiendo en que “en la escuela de María aprendemos a caminar el barrio y la ciudad no con zapatillas de soluciones mágicas, respuestas instantáneas y efectos inmediatos; no a fuerza de promesas fantásticas de un seudo-progreso que, poco a poco, lo único que logra es usurpar identidades culturales y familiares, y vaciar de ese tejido vital que ha sostenido a nuestros pueblos, y esto con la intención pretenciosa de establecer un pensamiento único y uniforme”
En esta escuela mariana, volvió a insistir el Papa, “aprendemos a caminar la ciudad y nos nutrimos el corazón con la riqueza multicultural que habita el Continente; cuando somos capaces de escuchar ese corazón recóndito que palpita en nuestros pueblos y que custodia —como un fueguito bajo aparentes cenizas— el sentido de Dios y su trascendencia, la sacralidad de la vida, el respeto por la creación, los lazos de solidaridad, la alegría del arte del buen vivir y la capacidad de ser feliz y hacer fiesta sin condiciones, ahí llegamos a entender lo que es la América profunda”.
La Virgen “brinda coraje”
La Virgen María “brinda coraje, enseña a hablar y sobre todo anima a vivir la audacia de la fe y la esperanza”, agregó Francisco. De esta manera “ella se vuelve trasparencia del rostro del Señor que muestra su poder invitando a participar y convoca en la construcción de su templo vivo. Así lo hizo con el indiecito Juan Diego y con tantos otros a quienes, sacando del anonimato, les dio voz, les hizo conocer su rostro e historia y los hizo protagonistas de esta, nuestra historia de salvación”.
El Señor no busca el aplauso egoísta o la admiración mundana. Su gloria está en hacer a sus hijos protagonistas de la creación. Con corazón de madre, ella busca levantar y dignificar a todos aquellos que, por distintas razones y circunstancias, fueron inmersos en el abandono y el olvido.
En María, dijo el Santo Padre, el Señor desmiente “la tentación de dar protagonismo a la fuerza de la intimidación y del poder, al grito del más fuerte o del hacerse valer en base a la mentira y a la manipulación. Con María, el Señor custodia a los creyentes para que no se les endurezca el corazón y puedan conocer constantemente la renovada y renovadora fuerza de la solidaridad, capaz de escuchar el latir de Dios en el corazón de los hombres y mujeres de nuestros pueblos”.
Por ello, el Papa explicó que María, “pedagoga del evangelio», caminó y cantó “nuestro Continente y, así, la Guadalupana no es solamente recordada como indígena, española, hispana o afroamericana. Simplemente es latinoamericana: Madre de una tierra fecunda y generosa en la que todos, de una u otra manera, nos podemos encontrar desempeñando un papel protagónico en la construcción del Templo santo de la familia de Dios”.
“Hijo y hermano latinoamericano, sin miedo, canta y camina como lo hizo tu Madre”, concluyó Francisco.
Publicado originariamente en Cari Filii News







miércoles, 12 de diciembre de 2018

Rechazaron la ideología de género y ahora son perseguidos y discriminados [VIDEOS]


Testimonio de quienes rechazan la ideología de género en las escuelas / Foto: Unidad ProVida Neuquén-Alto Valle


Unidad ProVida Neuquén-Alto Valle (Argentina) publicó una serie de videos testimoniales que relatan la persecución que viven alumnos, padres, apoderados y docentes que alzan la voz contra la imposición de la ideología de género en los centros educativos. 
Desde octubre de 2006 está vigente la Ley de Educación Sexual Integral (ESI). Pero es en 2018, luego del rechazo a la legalización del aborto por parte del Senado de Argentina, cuando la discusión y presión para implementar la ideología de género en las escuelas fue en aumento.
En mayo de 2018 el Consejo Federal de Educación emitió una resolución que obliga a las jurisdicciones a implementar la ESI en todos los niveles escolares bajo los ejes conceptuales de “cuidar el cuerpo y la salud, valorar la afectividad, garantizar la equidad de género, respetar la diversidad y ejercer nuestros derechos”, describe el anexo. 
En estos meses, algunos alumnos, docentes, padres y apoderados han rechazado las prácticas que se contraponen a una verdadera educación sexual y en cambio, imponen la ideología de género. 



“Mi postura no fue respetada”, dijo Guillermina, quien se sintió agredida y discriminada por decir que está a favor de la vida.
La joven decidió exponer su situación a los directivos del colegio pero no tuvo respuesta. Por eso decidió manifestar su molestia por las redes sociales ya que “los episodios de agresión eran continuos. No soporté más esa situación”.
Luego de esa campaña en las redes sociales, las autoridades del colegio se comprometieron a “respetar” sus ideas pero en la práctica continuaron los rechazos, denunció la joven.
Por su parte, Romina, apoderada de una niña de jardín de la localidad de Allen, Río Negro, se enteró que la maestra leyó a los niños un cuento que hablaba de que los juguetes no tenían género.
Ella manifestó por escrito a la directiva del jardín que se debe “leer ESI sin ideología de género”, pero estos le respondieron que “no estaban de acuerdo” con su postura.
Si bien la directora se comprometió a mostrar el contenido de los talleres ESI, “todavía estamos esperando el material”, aseguró Romina.
El otro caso es de Ricardo Castro, jefe de departamento de matemáticas en una escuela de Neuquén. 
En julio de este año, el director del establecimiento le insistió que debía planificar sus clases integrando la ideología de género. “Yo le dije que no, porque va contra mis convicciones personales y cristianas”, señaló.
Ricardo debió manifestar su negativa por escrito y el asunto fue dirigido a su supervisor, luego a la dirección de medios del colegio. Aseguró que allí le dijeron que él “era del siglo pasado” y que desconocía los derechos del niño.
Castro en todo momento objetó en conciencia, porque los contenidos de la ideología de género “no tienen nada que ver con las matemáticas” y “va en contra de la ciencia que biológicamente dice que existe hombre y mujer”. 
La directiva insistió que Castro no puede “hacer cuestionamientos a dicha ideología” y que debe “enseñar y pasar los contenidos porque atraviesan a todas las áreas educativas”. “Yo sentí que esto es totalitario y una persecución” que dura hasta hoy con constantes llamados a la dirección, denunció el docente. 





JMJ 2019: Panamá espera la participación de más de 258.000 jóvenes

De más de 155 países



 A 41 días del comienzo de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Panamá, el Arzobispo de Panamá Mons. José Domingo Ulloa Mendieta y una delegación panameña han presentado los últimos datos oficiales de la JMJ, que se celebrará del 22 al 27 de enero de 2109 en Panamá.
“Como país y como Iglesia, estamos preparados para recibir a los miles de peregrinos” ha asegurado el prelado panameño. En la primera fase, hay 258.000 jóvenes pre-inscritos (unos 200.000 procedentes de otros países y el resto de Panamá), ha explicado el presidente de la Jornada Mundial de la Juventud 2019 (JMJ).
47.000 jóvenes, de los 5 continentes –provenientes de más de 155 países– ya están inscritos oficialmente para participar en la JMJ de Panamá. En la fase segunda, cuentan con 168.000 jóvenes a punto de concluir su inscripción para ser partícipes de este evento.
Barco-escuela de Polonia
En esta 34ª Jornada Mundial de la Juventud colaborarán más de 37.000 voluntarios, la mayoría de Panamá, muchos de Colombia, y otros tantos de Brasil, Polonia, Francia, Honduras, Costa Rica, Ecuador, México y Estados Unidos.
Como anécdota, Mons. Ulloa ha anunciado que muchos jóvenes de Polonia llegarán a Panamá en un barco-escuela.
1.700 periodistas
Asimismo, los organizadores de la JMJ han ofrecido la cifra de que trabajarán más de 1.700 periodistas en el evento, y 400 obispos de otros países.
La presentación ha tenido lugar esta mañana, martes, 11 de diciembre de 2018, en un café de trabajo, celebrado en el hotel NH Centro de Roma, organizado por el periodista Manuel Fandila Sánchez, responsable de la Oficina de Información del Opus Dei en Italia.
Acompañando a Mons. José Domingo Ulloa en la mesa de presentación, han estado presentes Ana María León, Embajadora de Panamá en Italia; Miroslava Rosas, Embajadora de Panamá ante la Santa Sede; Danubia Allard, del Ministerio de Relaciones Exteriores en Panamá y la Jornada; Giancarlos Candanedo, director de comunicación de la Jornada Mundial de la Juventud (Gobierno de Panamá); y el Padre Rómulo Aguilar, Coordinador de las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Del mismo modo, ha participado en la presentación Ricardo Achurra, encargado de protocolo de la Arquidiócesis de Panamá y de la Jornada Mundial de la Juventud 2019.
¿Por qué Panamá?
“¿Por qué una Jornada Mundial en la región centroamericana y por qué Panamá?” ha planteado D. José Domingo Ulloa a los periodistas y medios de comunicación presentes en la reunión.
El Papa Francisco nos ha dicho que “precisamente para ilusionar a los miles de jóvenes que viven esa cruda realidad centroamericana y del área, jóvenes que se ven forzados a emigrar, jóvenes que muchas veces caen en manos del narcotráfico y de tantas realidad que vive nuestra juventud, pero jóvenes que también están ilusionados y que lo que están esperando es oportunidades”.
“Gran cantidad de estos jóvenes centroamericanos están ya preparados y están inscritos para venir a Panamá”, ha relatado el pastor panameño. “Y entre esos jóvenes yo quisiera destacar una cifra que para nosotros es maravilloso: Más de 451 jóvenes van a estar participando en esta JMJ”.
Presupuesto
“Mucho más de 54 millones de dólares” es el presupuesto con el que cuentan los organizadores para llevar a cabo la Jornada Mundial de Panamá, en enero de 2019.
¿Cómo se financia? Mons. Ulloa Mendienta ha aclarado que esta cifra ha sido obtenida a través de las inscripciones y los sponsor. El gobierno también aporta en “infraestructuras, seguridad y logística”, ha añadido.
“Con mucho esfuerzo estamos todavía tocando los corazones” de algunas personas, sobre todo para que puedan participar en la JMJ el mayor número de jóvenes posible, ha indicado el presidente de la Jornada Mundial. “No queremos que ningún joven se quede sin participar de este evento”, ha señalado.
Baile sorpresa
Al final del evento, han entrado en el salón 3 parejas de panameños vestidos con unos bellos trajes típicos, las mujeres de blanco con bordados de colores y cintas coloridas recogiendo su cabello, y los hombres con pantalón y camisa blanca, y sombrero en la cabeza.
Con sonrisas de ilusión, han bailado algunas canciones populares del folclore centroamericano y finalmente han sacado a bailar a algunos periodistas a la pista.

Rosa Die Alcolea, ZENIT
Vea también una catequesis sobre la JMJ



















México: 8 millones de encuentros con la Virgen de Guadalupe

487 aniversario de las apariciones en el Tepeyac



Peregrinación al Santuario de la Virgen de Guadalupe © María Langarica

 En vísperas de la gran fiesta mariana dedicada a la Madre de América, la Virgen de Guadalupe, se espera en la Basílica del Tepeyac la llegada de 8 millones de peregrinos mexicanos, latinoamericanos y de otros países del mundo.
Detrás de esos 8 millones de visitantes, que caminan durante el día y la noche hacia el lugar consagrado a la Guadalupana, hay 8 millones de historias diferentes, únicas e irrepetibles de encuentro personal con la Virgen.
Miles y miles de personas, de toda condición, lo dejan todo estos días para ir a ver el rostro de la Virgen, para rezarle, para cantarle, para bailarle. En México, la Señora de Guadalupe es la Madre de todos, y los devotos se desviven por ella, llevando plegarias y ofrendas de todos los colores al cerro de las famosas apariciones, ocurridas el 12 de diciembre de 1531, de la Virgen al autóctono Juan Diego.
El santuario mariano más visitado
La Basílica de Santa María de Guadalupe es el santuario mariano más visitado del mundo, por encima de los de la Virgen de Lourdes, en Francia, y de la Virgen de Fátima, en Portugal, que reciben entre 6 y 7 millones de peregrinos al año, respectivamente.
El semanario mexicano Desde la fe recoge muchas de estas historias de encuentro personal con la Virgen. Reproducimos la de Jeny, que con los ojos llenos de lágrimas y vestida con el traje típico de los Matachines de Monterrey, llega con sus catorce compañeras de la Peregrinación “Rosas de María”, y comienzan su danza de agradecimiento y veneración en la Basílica de Guadalupe.
Esta mexicana y sus compañeras son parte de los 20 millones de visitantes anuales –64% nacionales y 36% internacionales– que acuden a la casa de la guadalupana.
“Quienes van a ver a la Virgen lo hacen con fe. Muchos turistas llegan solo para verla, pero terminan en un encuentro con Cristo, porque tal es su acercamiento con la Guadalupana que se quedan a Misa, se animan a confesarse y comulgan”, asegura para Desde la fe, el presbítero Horacio Hernández de la Torre, secretario de la Dimensión para Pastoral de la Movilidad Humana y de Turismo, de la Comisión Episcopal par la Paz Social.
Momento histórico para la paz
La Guadalupana nos recuerda –indica Desde la fe– que, pese a las diferencias políticas y sociales, como pueblo mayoritariamente cristiano tenemos un patrimonio común: nuestra fe en Jesucristo y nuestra veneración a Ella.
Particularmente en este momento histórico, con un nuevo gobierno, Santa María de Guadalupe nos dice, a través de su mensaje de amor, que es de su mano como podremos reconstruir el tejido social y encontrar la paz, dos anhelos que sólo pueden hacerse realidad mediante la colaboración de todos los que habitamos estas tierras, unidos en el encuentro con su hijo Jesucristo.
La Virgen de Guadalupe debe ser icono y paradigma para la nueva etapa política de nuestro país. Su acción conciliadora a través de Juan Diego para impulsar la unión de un pueblo naciente es un ejemplo vigente para encontrar un camino para todos, aún cuando existen profundas diferencias.
“México cristiano, corazón guadalupano”
“México cristiano, corazón guadalupano”, es la frase que sintetiza la identidad de este noble pueblo que, por desgracia, ha conocido incontables episodios adversos como consecuencia del desprecio a los más altos valores evangélicos.
Hoy más que nunca, Guadalupe es un estandarte para encontrar la paz en una nación con muchas heridas, pero en la que Ella ha querido quedarse para siempre.


Rosa Die Alcaloha, zenit

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martes, 11 de diciembre de 2018

Nuestra Señora de Guadalupe, ruega por nosotros.

En Homenaje a la Patrona de las Américas y de Filipinas

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Un sábado de 1531 a principios de diciembre, un indio llamado Juan Diego, iba muy de madrugada del pueblo en que residía a la ciudad de México a asistir a sus clases de catecismo y a oír la Santa Misa. Al llegar junto al cerro llamado Tepeyac amanecía y escuchó una voz que lo llamaba por su nombre.
Él subió a la cumbre y vio a una Señora de sobrehumana belleza, cuyo vestido era brillante como el sol, la cual con palabras muy amables y atentas le dijo: "Juanito: el más pequeño de mis hijos, yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios, por quien se vive. Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y en Mí confíen. Ve donde el Señor Obispo y dile que deseo un templo en este llano. Anda y pon en ello todo tu esfuerzo".

El obispo no lo tomó en serio y le sugirió que volviese otra vez al lugar a ver si sus  ojos no le habían traicionado.
De regreso a su pueblo Juan Diego se encontró de nuevo con la Virgen María y le explicó lo ocurrido. La Virgen le pidió que al día siguiente fuera nuevamente a hablar con el obispo y le repitiera el mensaje. Esta vez el obispo, luego de oír a Juan Diego, le dijo que debía ir y decirle a la Señora que le diese alguna señal que probara que era la Madre de Dios y que era su voluntad que se le construyera un templo.
De regreso, Juan Diego halló a María y le narró los hechos. La Virgen le mandó que volviese al día siguiente al mismo lugar pues allí le daría la señal. Al día siguiente Juan Diego no pudo volver al cerro pues su tío Juan Bernardino estaba muy enfermo. La madrugada del 12 de diciembre Juan Diego marchó a toda prisa para conseguir un sacerdote a su tío pues se estaba muriendo. Al llegar al lugar por donde debía encontrarse con la Señora prefirió tomar otro camino para evitarla. De pronto María salió a su encuentro y le preguntó a dónde iba.
El indio avergonzado le explicó lo que ocurría. La Virgen dijo a Juan Diego que no se preocupara, que su tío no moriría y que ya estaba sano. Entonces el indio le pidió la señal que debía llevar al obispo. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro donde halló rosas de Castilla frescas y poniéndose la tilma, cortó cuantas pudo y se las llevó al obispo.
Una vez ante Monseñor Zumarraga Juan Diego desplegó su manta, cayeron al suelo las rosas y en la tilma estaba pintada con lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe. Viendo esto, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio.
Pio X la proclamó como "Patrona de toda la América Latina", Pio XI de todas las "Américas", Pío XII la llamó "Emperatriz de las Américas" y Juan XXIII "La Misionera Celeste del Nuevo Mundo" y "la Madre de las Américas".
La imagen de la Virgen de Guadalupe se venera en México con grandísima devoción, y los milagros obtenidos por los que rezan a la Virgen de Guadalupe son extraordinarios.

Puede enviar electrónicamente una oración a la Virgen de Guadalupe

y

Una hermosa serenata a Nuestra Señora de Guadalupe: Bella Mujer



ACI


















lunes, 10 de diciembre de 2018

Una guía minuto a minuto para una Hora Santa de Adoración

Todo lo que necesitas es un tabernáculo con la lámpara del santuario encendida, una Biblia y quizás un Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica…

ADORATION CHAPEL
Julian Kumar | Godong
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Todo lo que necesitas es un tabernáculo con la lámpara del santuario encendida, una Biblia y quizás un Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica…

Para rezar una hora santa de Adoración de la Eucaristía, todo lo que necesitas es un tabernáculo con la lámpara del santuario encendida, una Biblia y quizás un Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica (disponible en Internet).

Tres reglas

1. Silencio. No recites mecánicamente las oraciones o revises en silencio el estrés de tu vida. Mantén un silencio y una calma en tu exterior e interior.
2. Atención. No es una mera hora de lectura; leer debería ser un punto de entrada a la oración.
3. Buena disposición. Siéntate, ponte de pie o arrodíllate, pero con respeto. Consejo rápido: si sientes somnolencia, ¡ponte de pie!

Minuto a minuto

No hay una única forma de hacer una hora santa. La siguiente estructura podría ayudarte si te pierdes durante la hora, pero tienes libertad para reconfigurarla como mejor se adapte a tus necesidades.
:00-:05 – Inicio 
Primeros 5 minutos: Pide al Espíritu Santo que te ayude, luego haz actos de fe, esperanza y caridad. Di a Dios cómo crees, confías y sientes amor por Él. Pide más fe, esperanza y amor.
Consejo rápido: Hay estupendas oraciones al Espíritu Santo y Actos de Fe, Esperanza y Amor en el Compendio.
:05-:15 – Adoración
Próximos 10 minutos: Adora a Dios. Él sostiene el universo como una semilla en la palma de su mano. Él es todopoderoso, todo bondad, más hermoso de lo que podemos imaginar y más real que las pequeñas cosas que percibimos tan fácilmente. Imagina a Cristo sentado a tu lado.
Y dile: “Oh Dios mío, adoro tu divina grandeza desde la profundidad de mi pequeñez; eres tan grande y yo tan pequeño”; o reza el Gloria Patri. Repite cuantas veces creas necesario.
Consejo rápido: Prueba el Te Deum que está en el Compendio. Otras ayudas de la Escritura para la adoración: Éxodo 33,18-23; Cantar de los cantares 2,8-17; Mateo 2,1-11; Juan 1,1-18; Colosenses 1,15-20; Filipenses 2,6-11.
:15-:25 – Contrición
Próximos 10 minutos: Ofrece reparación. Lo que salva no es tu amor por Dios, sino Su amor por ti. Examina tu conciencia. Ofrece reparación por los pecados del mundo. Reza: “Oh Jesús mío, lo siento mucho. Perdóname”. (Imagina a Jesús en la cruz; besa cada llaga).
Consejo rápido: Escrituras para contrición: 1 Corintios 13,4-7; Colosenses 3,5-10; 1 Timoteo 1,12-17; Santiago 3,2-12; 1 Juan 1,5 y 2,6; Salmos penitenciales: 6, 32, 38, 51, 102, 130, 142.
:25-:40 – Meditación
Próximos 15 minutos: Contempla la acción de Dios. Quizás quieras rezar meditativamente las Estaciones de la Cruz o un Rosario. O también:
Meditación de la Escritura. Lee un pasaje breve del Evangelio. Imagina la escena. Fíjate en las reacciones de Cristo. Piensa en tres formas en que ese pasaje se pueda aplicar a tu propia vida. Medita sobre cada línea.
Meditación doctrinal. Lee pasajes de la Escritura o del Catequismo que se apliquen a una doctrina de la Iglesia. Valora el plan de Dios y encuentra formas en que se aplique a ti. (Quizás: domingo, Resurrección; lunes, Encarnación; martes, Misericordia/Confesión; miércoles, Espíritu Santo; jueves, Eucaristía; viernes, Pasión; sábado, María).
Meditación vital. Observa tu propia vida profundizando en tu examen de conciencia. ¿En qué tipo de orgullo sueles caer más? Egoísmo (valorarte a ti por encima de todo), Vanidad (valorar por encima de todo las opiniones de los demás), Sensualidad (valorar primero la comodidad). Reza por las virtudes opuestas: Caridad (servir primero a los demás), Fidelidad (poner primero la opinión de Cristo), Disciplina (aceptar tus cruces).
:40-:50 – Acción de gracias
Próximos 10 minutos: Expresa gratitud por todos los dones de Dios. No te creó solamente a ti, sino que sostiene tu existencia por amor en cada momento.
Agradécele literalmente todo y sé específico: comida, techo, ropa, salud, familia, amigos, maestros, colegas de trabajo y, sobre todo, los dones espirituales: fe, esperanza, amor, este momento de oración, la fe católica, los discípulos que te llegaron.
Da gracias a Dios por las respuestas a la oración. Agradécele las cruces. Agradécele haberte creado y preocuparse tanto por ti que murió por ti.
Consejo rápido: Escrituras para agradecimiento: Génesis 1; Génesis 8,15-22; Job 1,13-22; Daniel 3,46 ss.; Mateo 6,25-34; Lucas 17,11-19; Salmos: 8, 65, 66, 100, 111.
:50-:55 – Petición a Dios
Próximos 5 minutos: Pide a Dios por tus necesidades y las de otros. Él es el rey del universo. Él lo controla todo, incluso cuando no resulta tan obvio. Reza por la Iglesia, por las intenciones del Papa, por aquellos que sufren, por los sacerdotes y obispos, por los religiosos y religiosas, por las vocaciones, por tu país, por tu familia, por lo que más necesites en tu vida espiritual. Reza por la paz y la protección de la institución de la familia. Reza por quienes te han pedido oraciones.
:55-1:00
Finales 5 minutos: Haz una resolución de actuar a la luz del Espíritu Santo que has recibido: algo realizable y comprobable.
Pide a la Santa Madre que te ayude, quizás con oraciones marianas del Compendio.

Tom Hoops, Aleteia



















“¡Dios existe!”: Primera predicación de Adviento 2018



© Vatican Media
© Vatican Media

El tema de sus reflexiones en preparación a la Navidad fue el versículo del Salmo que reza: “Mi alma tiene sed del Dios vivo”.
A continuación, ofrecemos el texto completo de la meditación del Padre Cantalamessa.
***
Introducción
En la Iglesia estamos tan presionados por tareas, problemas que afrontar, retos a los que responder, que corremos el riesgo de perder de vista, o dejar como en el trasfondo, el «porro unum necessarium» del Evangelio, es decir, nuestra relación personal con Dios. Además de todo, sabemos por experiencia que una relación personal auténtica con Dios es la primera condición para abordar todas las situaciones y problemas que se presentan, sin perder la paz y la paciencia.
He pensado, pues, venerables Padres, hermanos y hermanas, dejar de lado, en estas predicaciones de Adviento, cualquier referencia a problemas de actualidad. Trataremos de hacer lo santa Ángela de Foligno recomendaba a sus hijos espirituales: «Recogernos en unidad y abismar nuestra alma en el infinito que es Dios»[1]. Hacer un baño matutino de fe, antes de comenzar la jornada de trabajo.
El tema de estas predicaciones de Adviento (y, si Dios lo quiere, también de la Cuaresma) será el versículo del Salmo: «Mi alma tiene sed del Dios vivo» (Sal 42,2). Los hombres de nuestro tiempo se apasionan buscando señales de la existencia de seres vivos e inteligentes en otros planetas. Es una búsqueda legítima y comprensible aunque muy incierta. Pocos, sin embargo, buscan y estudian señales del Ser vivo que ha creado el universo, que entró en él, en su historia, y vive en él. «En Él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17,28) y no nos damos cuenta. Tenemos al Viviente real en medio de nosotros y lo descuidamos para buscar seres vivientes hipotéticos que, en el mejor de los casos, podrían hacer muy poco por nosotros, ciertamente no salvarnos de la muerte.
Cuántas veces nos vemos obligados a decir a Dios, con san Agustín: «Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo»[2]. Al contrario que nosotros, en efecto, el Dios viviente nos busca, no hace otra cosa desde la creación del mundo. Sigue diciendo: «Adán, ¿dónde estás?» (Gén 3,9). Nosotros nos proponemos captar señales de este Dios viviente, responder a su llamamiento, «llamar a su puerta», para entrar en un contacto nuevo, vivo, con él.
Nos apoyamos en la palabra de Jesús: «Buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Mt 7,7). Cuando se leen estas palabras, se piensa inmediatamente que Jesús promete darnos todas las cosas que le pedimos y nos quedamos perplejos porque vemos que esto rara vez se realiza. Sin embargo, Él trataba de decir, sobre todo, una cosa: «Buscadme y me hallaréis, llamad y os abriré». Promete darse a sí mismo, más allá de las cosas pequeñas que le pedimos, y esta promesa se mantiene siempre infaliblemente. Quien lo busca, lo encuentra; a quien llama, Él abre y una vez que lo ha encontrado, todo lo demás pasa a un segundo plano.
El alma que tiene sed del Dios viviente lo encontrará infaliblemente y con él y en él encontrará todo, como nos recuerdan las palabras de santa Teresa de Jesús: «Nada te turbe, nada te espante; todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta». Con estos sentimientos comenzamos nuestro camino de búsqueda del rostro de Dios vivo.
¡Volver a las cosas! 
La Biblia está salpicada de textos que hablan de Dios como del «vivo». «Él es el Dios vivo», dice Jeremías (Jer 10,10); «Yo soy el viviente», dice Dios mismo en Ezequiel (Ez 33,11). En uno de los salmos más bellos del salterio, escrito durante el exilio, el orante exclama: «Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo» (Sal 42,2). Y también: «Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo» (Sal 84, 3). Pedro, en Cesarea de Filipo, proclama a Jesús «Hijo del Dios vivo» (Mt 16,16).
Se trata evidentemente de una metáfora sacada de la experiencia humana. Israel se ha resignado a usarla para distinguir a su Dios de los ídolos de las gentes que son divinidades «muertas». En contraste con ellos, el Dios de la Biblia es «un Dios que respira» y su respiración o soplo (ruah) es el Espíritu Santo.
Tras el largo predominio del idealismo y el triunfo de la «idea», en tiempos más cercanos a nosotros, también el pensamiento secular ha advertido la necesidad de un regreso a la «realidad» y lo ha expresado en el grito programático: «¡Volver a las cosas!»[3]. Es decir: no detenerse en las formulaciones dadas de la realidad, en las teorías construidas sobre ella, a lo que comúnmente se piensa en torno a ella, sino apuntar directamente a la realidad misma que está a la base de todo; quitar las diferentes capas de tierra arrastrada y descubrir la roca subyacente.
Debemos aplicar este programa también al ámbito de la fe. Sobre la fe, en efecto, santo Tomás de Aquino escribió que «no termina en los enunciados, sino en las cosas»[4]. Cuando se trata de la «cosa» suprema en el ámbito de la fe, es decir de Dios, «volver a las cosas» significa volver al Dios vivo; romper, por así decirlo, el terrible muro de la idea que nos hemos hecho de él y correr, como con los brazos abiertos, al encuentro de Dios en persona. Descubrir que Dios no es una abstracción, sino una realidad; que entre nuestras ideas de Dios y el Dios vivo existe la misma diferencia que entre un cielo pintado sobre una hoja de papel y el cielo verdadero.
El programa: «¡Volver a las cosas!» tuvo una aplicación justamente famosa: la que llevó al descubrimiento de que las cosas… existen. Vale la pena releer la famosa página de Sartre:
«Hace un rato estaba yo en el jardín público. La raíz del castaño se hundía en la tierra, justo debajo de mi banco. Yo ya no recordaba que era una raíz. Las palabras se habían desvanecido, y con ellas la significación de las cosas, sus modos de empleo, las débiles marcas que los hombres han trazado en su superficie. Estaba sentado, un poco encorvado, baja la cabeza, solo frente a aquella masa negra y nudosa, enteramente bruta y que me daba miedo. Y entonces tuve esa iluminación. Me cortó el aliento. Jamás había presentido, antes de estos últimos días, lo que quería decir “existir”. Era como los demás, como los que se pasean a la orilla del mar con sus trajes de primavera. Decía como ellos: “el mar es verde”, “aquel punto blanco, allá arriba, es una gaviota”, pero no sentía que aquello existía, que la gaviota era una “gaviota-existente”; de ordinario la existencia se oculta. Está ahí, alrededor de nosotros, en nosotros, ella es nosotros, no es posible decir dos palabras sin hablar de ella y, finalmente, queda intocada…. Y de golpe estaba allí, clara como el día: la existencia se descubrió de improviso»[5].
El filósofo que hizo este «descubrimiento» se declaraba ateo y por eso no fue más allá de la constatación de que yo existo, que el mundo existe, que las cosas existen. Pero nosotros no podemos partir de esta experiencia y convertirla en el trampolín de lanzamiento para el descubrimiento de otro Existente, la chispa que hace posible otra iluminación. Lo que fue posible con la raíz del castaño, ¿por qué no debería ser posible con Dios? ¿Acaso Dios, para la mente del hombre, es menos real de cuanto lo es la raíz de castaño para su ojo? Los padres no dudaban en poner al servicio de la fe las intuiciones de verdad presentes en los filósofos paganos, incluso de aquellos cuya autoridad venía gustosamente adoptada contra los cristianos. Nosotros debemos imitarlos y hacer lo mismo en nuestro tiempo.
¿Qué podemos, pues, considerar de la «iluminación» de aquel filósofo? Ninguna aplicación directa, o de contenido, sino solo una indirecta y de método. Leído ese relato con una cierta disposición de ánimo favorecida por la gracia, parece hecho a propósito para sacudirnos de la costumbre, para suscitar en nosotros primero la sospecha, luego la certeza de que existe un conocimiento de Dios que todavía nos es desconocido. Que, quizás, antes de ahora, ni siquiera nosotros hemos intuido nunca lo que quiere decir que «Dios existe», que él es un Dios-existente, o, como dice la Biblia, un Dios vivo. Que tenemos, pues, una tarea ante nosotros, un descubrimiento que realizar: descubrir que Dios «existe», hasta el punto de que tener, también nosotros, por un instante, ¡la respiración cortada! Sería la aventura de la vida.
Nos ayuda a comprender de qué se trata la experiencia de algunos convertidos, a los cuales la existencia de Dios se les revela repentinamente, en un cierto momento de la vida, después de haberla ignorado o negado tenazmente.
Uno de ellos fue el periodista francés Andrè Frossard, muerto el 2 de febrero de 1995. Así describe su vida antes de la conversión:
«Dios no existía. Su imagen, en fin, las imágenes que evocan su existencia o aquellas de lo que podría llamarse su descendencia histórica, los santos, los profetas, los héroes de la Biblia, no figuraban en parte alguna de nuestra casa. (…) Éramos ateos perfectos, de esos que ni se preguntan por su ateísmo. Los últimos militantes anticlericales que todavía predicaban contra la religión en las reuniones públicas nos parecían patéticos y un poco ridículos, exactamente igual que lo serían unos historiadores esforzándose por refutar la fábula de Caperucita Roja».
En una jornada de verano, cansado de esperar al amigo con el que se había citado, el joven Frossard entra en la iglesia cercanaobserva su arquitectura y mira a las personas que rezan en ella. Y he aquí cómo narra lo que sucedió:
«Antes que nada, se me sugieren estas palabras: vida espiritual. No se me dicen, no las formo yo mismo, las escucho como si fuesen pronunciadas cerca de mí, en voz baja, por una persona que vería lo que yo no veo aún. La última sílaba de este preludio murmurado alcanza apenas en mí la orilla de lo consciente, que comienza una avalancha al revés.[…] ¿Cómo describirlo con estas palabras huidizas, […] un mundo distinto de un resplandor y de una densidad que despiden al nuestro a las sombras frágiles de los sueños incompletos. Él es la realidad, él es la verdad, la veo desde la ribera oscura donde aún estoy retenido. Hay un orden en el universo, y en su vértice, más allá de este velo de bruma resplandeciente, la evidencia de Dios; la evidencia hecha presencia y la evidencia hecha persona de Aquel mismo a quien yo habría negado un momento antes.[…] Su irrupción desplegada, plenaria, se acompaña de una alegría que no es sino la exultación del salvado».
Al salir de la iglesia, su amigo, viendo que algo había sucedido, le pregunta: «¿Que te pasa?» — Responde: «Soy católico», y, como si temiera no haber sido suficientemente explícito, añadió: «apostólico y romano».
La expresión que expresa mejor este acontecimiento es: darse cuenta de Dios. «Darse cuenta» indica un repentino abrirse de los ojos, un sobresalto de la conciencia, por el que empezamos a ver algo que estaba allí también antes, pero que no veíamos.
Probemos a releer, sobre la ola de la «iluminación» descrita por Sartre, el episodio de la zarza ardiente. Nos servirá, entre otras cosas, para constatar cómo también el pensamiento moderno «existencial» nos puede ayudar a descubrir, en la Biblia, algo nuevo, que el pensamiento antiguo, todo el orientado en sentido ontológico, aun con toda su riqueza, no era capaz de captar.
La página de la Biblia que narra la zarza ardiente (Éx 3,1ss.) es ella misma una zarza ardiente. Arde, pero no se consume. A distancia de milenios no ha perdido nada de su poder de transmitir el sentido de lo divino. Muestra, mejor que cualquier discurso, qué sucede cuando se encuentra realmente al Dios vivo. «Moisés pensó: “Quiero acercarme…”». Todavía piensa y quiere. Es dueño de sí; él es quien conduce (o cree conducir) el juego. Pero he aquí que lo divino irrumpe con su ser e impone su ley. «¡Moisés, Moisés! No te acerques. Yo soy el Dios de tu padre». Todo cambió de repente. Moisés se hace dócil de golpe, sumiso. «¡Heme aquí!», responde y se cubre el rostro, como los serafines se cubrían los ojos con las alas (cf. Is 6, 2). Lo numinoso está en el aire. Moisés entra en el misterio.
En esta atmósfera Dios revela su nombre: «Yo soy el que soy». Trasplantada en el terreno cultural helénico, ya con los Setenta, esta palabra fue interpretada como una definición de lo que Dios es, el Ser absoluto, como una afirmación de su esencia más profunda. Pero semejante interpretación, dicen hoy los exégetas, es «completamente ajena al modo de pensar del Antiguo Testamento». La frase significa: «Yo soy aquel que estoy; o, más simplemente todavía: «¡Yo estoy (o yo estaré) para vosotros!»[6]. Se trata de una afirmación concreta, no abstracta; se refiere más a la existencia de Dios que a su esencia, más a su «estar», que no a lo «que es». No estamos lejos del «Yo vivo», «Yo soy el viviente», que Dios pronuncia en otras partes de la Biblia.
Aquel día, pues, Moisés descubrió algo muy simple, pero capaz de poner en marcha y apoyar todo el proceso de liberación que seguirá. Descubrió que el Dios de Abraham, Isaac y Jacob existe, está, es una realidad presente y operante en la historia, uno con el que se puede contar. Esto era, por lo demás, lo que Moisés tenía necesidad de saber en ese momento, no una abstracta definición de Dios.
Hay algo que une la experiencia del filósofo ante la raíz del castaño y la de Moisés ante la zarza ardiente. Ambos descubren el misterio del ser: el primero, el ser de las cosas, el segundo, el Ser de Dios. Pero mientras que descubrir que Dios existe es fuente de valor y de alegría, descubrir solo que las cosas existen no produce, según dice ese mismo filósofo, más que «náusea».
Dios, sentimiento de una presencia
«Qué significa y cómo se define el Dios vivo? Por un momento he acariciado el propósito de responder a esta pregunta, trazando un perfil del Dios vivo, a partir de la Biblia, pero luego he visto que sería una gran tontería. Querer describir al Dios vivo, trazar su perfil, aun basándose en la Biblia, es recaer en el intento de reducir el Dios vivo a idea del Dios vivo.
Lo que podemos hacer, incluso respecto del Dios vivo, es superar «los tenues signos de reconocimiento que los hombres han trazado sobre su superficie», romper las pequeñas cáscaras de nuestras ideas de Dios, o las «vasijas de alabastro» en las que lo tenemos encerrado, de modo que su perfume se expanda y «llene la casa». En esto nos es maestro san Agustín. El santo nos ha dejado una especie de método para elevarnos con el corazón y la mente al Dios vivo y verdadero. Consiste en repetirnos a nosotros mismos, después de cada reflexión sobre Dios: «¡Pero Dios no es esto, pero Dios no es esto!» Piensa en la tierra, piensa en el cielo, piensa en los ángeles o en cualquier cosa o persona; piensa, finalmente, en lo que tú mismo piensas de Dios, y repite cada vez: «¡Sí, pero Dios no es esto, Dios no es esto!» «Busca por encima de nosotros», responden, una a una, todas las criaturas preguntadas[7]. ¡Debemos creer en un Dios que está más allá del Dios en el que creemos!
El Dios vivo, en cuanto vivo, se puede intuir vagamente, tener de él una especie de sensación o pre-sentimiento. Se puede suscitar su deseo, la nostalgia. Más no. No se puede encerrar la vida en una idea. Por esto se puede tener de él más fácilmente el sentimiento, o la sensación, que la idea, porque la idea circunscribe la persona, mientras que el sentimiento revela su presencia, dejándola en su totalidad e indeterminación. San Gregorio de Nisa habla de la más alta forma de conocimiento de Dios como un «sentimiento de presencia»[8].
Lo divino es una categoría absolutamente distinta de cualquier otra, que no puede ser definida, sino solo aludida; se puede hablar de ella solo por analogías y contraposiciones. Una imagen que en la Biblia nos habla así de Dios es la roca. Pocos títulos bíblicos son capaces de crear en nosotros un sentimiento tan vivo de Dios —sobre todo de lo que Dios es para nosotros— como este de Dios-roca. Tratemos también nosotros de libar, como dice la Escritura, «miel de la roca» (cf. Dt 32,13).
Más que un simple título, roca aparece, en la Biblia, como una especie de nombre personal de Dios, hasta el punto de que es escrito, a veces, con letra mayúscula. «Él es la Roca, perfecta es su obra» (Dt 32,4); «El Señor es una roca eterna» (Is 26, 4). Pero para que esta imagen no nos infunda miedo y sujeción por la dureza y la impenetrabilidad que evoca, la Biblia agrega enseguida otra verdad: él es «nuestra» Roca, «mi» roca. Es decir, una roca para nosotros, no contra nosotros. «El Señor es mi roca» (Sal 18,3), la «roca de mi defensa» (Sal 31, 4), la «roca de nuestra salvación» (Sal 95,1).
Los primeros traductores de la Biblia, los Setenta, se asustaron ante una imagen tan material de Dios que parecía abajarlo y sustituyeron sistemáticamente el concreto «roca» con abstractos, como «fuerza», «refugio», «salvación». Pero, con razón, todas las traducciones modernas han restituido a Dios el título original de roca.
Roca no es un título abstracto; no dice sólo lo que Dios es, sino también qué debemos ser nosotros. La roca está hecha para ser escalada, buscar refugio en ella, no sólo para ser contemplada desde lejos. La roca atrae, apasiona. Si Dios es roca, el hombre debe convertirse en un «escalador». Jesús decía: «Aprended del dueño de casa»; «Mirad a los pescadores»; Santiago continúa diciendo: «Mirad a los agricultores». Nosotros podemos añadir: «¡Mirad a los escaladores!». Si cae la noche o viene una tormenta, no cometen la imprudencia de intentar bajar, sino que se agarrán aún más a la roca y esperan a que pase la tormenta.
La insistencia de la Biblia sobre el Dios-roca tiene como objetivo infundir confianza en la criatura, arrojando los miedos de su corazón. «No temamos si tiembla la tierra, si se derrumban los montes en el fondo del mar», dice un salmo; y el motivo que se aduce es: «Nuestra roca es el Dios de Jacob» (Sal 46, 3.8).
¡Dios existe y eso basta!
El primer biógrafo de san Francisco de Asís, Tomás de Celano, describe un momento de oscuridad, y casi de desánimo, que el santo vivió hacia el final de su vida, a causa de las desviaciones que veía, en torno a sí, del primitivo estilo de vida de sus hermanos.
Estando turbado —escribe— por los malos ejemplos, y habiendo recurrido un día, tan amargado, a la oración, se sintió amonestado de este modo por el Señor: ¿Por qué tú, insignificante, te turbas? ¿Acaso te he establecido pastor de mi Orden de manera que olvidaras que yo sigo siendo el patrón principal? […] No te turbes, pues, sino espera tu salvación, porque si la Orden se redujera incluso a sólo tres frailes, permanecerá mi ayuda siempre estable»[9].
El estudioso franciscano francés P. Eloi Leclerc, el que mejor de todos ha expuesto esta fase atormentada de la vida de Francisco, dice que el santo fue tan reanimado por las palabras de Cristo que iba repitiendo dentro de sí una exclamación: «Dieu est, et cela suffit». ¡Francisco, Dios existe y eso basta! ¡Dios existe y eso basta!»[10].
Aprendamos a repetir también nosotros estas sencillas palabras cuando, en la Iglesia o en nuestra vida, nos encontremos con situaciones similares a las de Francisco y muchas nubes se desvanecerán.

© Traducido del original italiano por Pablo Cervera Barranco
[1] Santa Ángela de Foligno.
[2] San Agustín.
[3] «Zu den Sachen selbst»: es el programa de la Escuela fenomenológica de Husserl.
[4] Santo Tomás de Aquino, S.Th. II-IIae, q.1,a.2, 2.
[5] J.-P. Sartre, La nausea (Mondadori, Milán 1984) 193s [trad. esp. La náusea (Alianza, Madrid 2016).
[6] Cf.G. von Rad, Theologie des alten Testaments, I (Múnich 1966) 194 [tras. Esp. Teología del Antiguo Testamento(Sígueme, Salamanca 92002).
[7] San Agustín, Comentario al Salmo 85, 12: CCL 39, 1136); cf. también Confesiones, X, 6, 9.
[8] San Gregorio de Nisa, Cant. XI,5,2: PG 44,1001.
[9] Celano, Vida Segunda CXVII, 158: Fuentes Franciscanas, n. 742.
[10] Eloi Leclerc, Sagesse d’un Pauvre(Editions Franciscaines, París 1959) 75-78 [tras. esp. Sabiduría de un pobre(Encuentro, Madrid 2007)].
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