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lunes, 5 de octubre de 2026

Apuñalado y con la cabeza vendada, vuelve al altar dos días después: «Recen por nuestro agresor»

El padre Adrian Mantykiewicz sobrevivió al ataque de Jarosław, donde murió otro sacerdote. Dos días después volvió al altar y perdonó al agresor.

El padre Adrian Mantykiewicz, de la abadía de Jarosław, en Polonia, sufrió una agresión que le pudo costar la vida.

El padre Adrian Mantykiewicz, de la abadía de Jarosław, en Polonia, sufrió una agresión que le pudo costar la vida.


    Dos días después de resultar herido en el brutal ataque con cuchillo ocurrido en la abadía de Jarosław, en Polonia, el padre Adrian Mantykiewicz regresó al altar. Lo hizo con la cabeza y una mano vendadas y con las heridas todavía visibles en el rostro. Pero sus primeras palabras no fueron de rabia ni de condena. Fueron de perdón.

    «Perdonamos y pedimos que recéis por nosotros, pero de manera particular os pido que recéis por nuestro agresor y por la gracia de su conversión: él es quien más necesita esta oración», afirmó ante los fieles.

    El sacerdote presidió el sábado 26 de septiembre la primera Misa celebrada en la iglesia rectoral de San Nicolás Obispo después del ataque que, dos días antes, había acabado con la vida del padre Stanisław Zbojnowicz, de 67 años.

    Según informan Fides y AgenSIR, el ataque tuvo lugar el jueves 24 de septiembre en el complejo de la abadía de Jarosław, en el sureste de Polonia. Cinco personas —tres sacerdotes y dos laicos— fueron atacadas con un cuchillo.

    «Nosotros perdonamos»

    El padre Mantykiewicz sufrió heridas de menor gravedad y, después de recibir atención médica, pudo regresar a la abadía. Cuando la iglesia reabrió sus puertas, quiso que su primera celebración tuviera también un mensaje inequívocamente cristiano.

    «Desde este lugar, como discípulo de Jesucristo, quiero decir muy claramente, en mi nombre, en el nombre del padre Marek y en el nombre del padre Stanisław, que nosotros perdonamos», aseguró.

    Y añadió una petición especialmente significativa: rezar por el hombre que los había atacado.

    «No respondamos al mal con el mal», pidió el sacerdote.

    El presunto agresor es un ciudadano ucraniano de 31 años, identificado como Ihor M. Tras ser detenido, la Fiscalía de Przemyśl le imputó delitos de asesinato, tentativa de asesinato y lesiones graves. Un tribunal decretó tres meses de prisión preventiva, que deberá cumplir en condiciones hospitalarias debido a su estado de salud.

    Los especialistas que lo examinaron detectaron síntomas psicóticos graves que dificultaban su participación en las actuaciones judiciales.

    «El mal ha sido cometido por una persona concreta»

    Mantykiewicz quiso además evitar que el crimen provocara una reacción contra los ciudadanos ucranianos, especialmente significativa en una comunidad que desde el comienzo de la guerra ha trabajado intensamente en la acogida y asistencia a refugiados.

    «Os pido que no culpéis a la nación de origen del culpable, porque el mal ha sido cometido por una persona concreta, una persona concreta que tiene un nombre, una vida propia y es responsable de sus actos», afirmó.

    El sacerdote pidió que años de ayuda a los ucranianos no quedaran empañados por la actuación de un solo hombre.

    Murió intentando detener al agresor

    La peor parte del ataque se la llevó el padre Stanisław Zbojnowicz. El sacerdote, de 67 años, sufrió graves heridas cuando trató de detener al agresor y falleció pese a recibir asistencia médica.

    También resultó gravemente herido el padre Marek Pieńkowski, director del Centro de Cultura y Formación Cristiana situado en el complejo. Tuvo que ser hospitalizado y sometido a dos operaciones. Pieńkowski se había distinguido precisamente por su ayuda a los refugiados ucranianos.

    Tras conocer la tragedia, el arzobispo de Przemyśl, Adam Szal, pidió oraciones por el sacerdote asesinado, por los heridos y también por la conversión del atacante. Asimismo, reclamó que lo sucedido no fuera utilizado para alimentar el odio o los enfrentamientos.

    El último adiós al padre Zbojnowicz

    Las exequias por el padre Zbojnowicz comenzaron el lunes en Jarosław con el rezo del Rosario y una Misa presidida por el arzobispo Szal.

    El funeral se celebró este martes 29 de septiembre en la parroquia de la Exaltación de la Santa Cruz de Grzęska, localidad natal del sacerdote, y fue presidido por el obispo auxiliar Stanisław Jamrozek.

    Zbojnowicz había nacido en 1958 y fue ordenado sacerdote en 1986. Desarrolló su ministerio en distintas parroquias y en el hospital provincial de Krosno. Desde 2010 estaba vinculado a la iglesia de San Nicolás Obispo y a la abadía de Jarosław.

    En sus últimos años se había dedicado especialmente al sacramento de la confesión. Su muerte y el regreso al altar de uno de los sacerdotes heridos han dejado ahora una última imagen de lo ocurrido en Jarosław: frente a la violencia sufrida, una petición de perdón y de oración por quien la provocó.

    ReL

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    en 2003




    La Francia laica no esperaba esto: un país dividido se pregunta qué está pasando con la fe

    La visita de León XIV desborda las previsiones y abre un intenso debate en Francia: creyentes, ateos e intelectuales discuten qué está pasando.

    Una de las imágenes que ha dejado este viaje es la del papamóvil paseando por los Campos Elíseos.

    Una de las imágenes que ha dejado este viaje es la del papamóvil paseando por los Campos Elíseos.


      Andrianarison Matriniaha toca la armónica, vive en la región de París y es protestante. El sábado se plantó en los Campos Elíseos para ver pasar a León XIV y le confesó a Le Monde su sorpresa: no sabía que en París hubiera tantos creyentes.

      Su tía había volado desde Madagascar solo para asistir a la gran misa que celebró el pontífice en la Plaza de la Concordia. Grababa con el móvil una multitud que agitaba banderas blancas y amarillas, maravillada de ver juntas a personas de todos los orígenes, algo muy poco habitual en su isla.

      La anécdota resume mejor que cualquier encuesta lo que ha pasado en Francia estos cuatro días. Un país conocido por su laicismo, en el que cualquier símbolo religioso está terminantemente prohibido en todo lo que tenga que ver con lo público o el estado, descubrió de pronto que Dios sí tenía algo que decir en él. El descubrimiento no se celebró en silencio sino que el debate se ha formado especialmente en la opinión pública.

      Unos números espectaculares

      Según el Vaticano, 800.000 personas asistieron a la misa de la Concordia. Le Monde, conocido por su tendencia liberal de izquierda, tituló su crónica con dos adjetivos que en Francia valen el doble: un Papa tranquilo y unificador. Hubo 17.000 voluntarios, 15.000 policías y gendarmes y un presupuesto de 27 millones de euros.

      Ni uno de estos euros salió de las arcas públicas, sino que lo aportaron los fieles y en última instancia la Conferencia Episcopal. En su homilía, ante católicos fervientes, curiosos y varios candidatos a la presidencia de la República, el Papa habló de la sed de trascendencia, pero también de la defensa de la vida.

      La presencia de esos candidatos no es un detalle menor. Faltan siete meses para las elecciones presidenciales, y en la política francesa nadie se deja ver en una misa por casualidad, especialmente en un país en el que el propio Macron solo participó en lo estrictamente necesario, como marcan las reglas de un país que evita ante toda costa el término confesional.

      «Justa», no «verdadera»

      El viernes en el Elíseo, después de escuchar a Emmanuel Macron, León XIV subió al mismo atril y puso las bases de lo que repetiría los siguientes días por activa y pasiva: la justa laicidad no consiste en excluir la religión del espacio público ni de la educación, sino en que el Estado y las instituciones religiosas dialoguen y unan fuerzas al servicio del bien común.

      En España se ha traducido como «verdadera laicidad», pero el Papa dijo juste, «justa». No enmendaba la totalidad a la República; le proponía un punto de equilibrio. Es la diferencia entre corregir a alguien y ofrecerle una alternativa.

      Macron escuchó, recibió al Papa con todos los honores y después no acudió a la misa de la Concordia ni a ninguna otra celebración religiosa del viaje, a excepción de a Metz, donde saludó a algunos de los fieles presentes en la catedral. La laicidad también tiene sus propias liturgias y normas.

      Lourdes: el aplauso más incómodo

      El tono subió en Lourdes. Por la mañana, ante los obispos, el Papa defendió que la palabra de la Iglesia tiene pleno derecho a participar en el debate público francés. Por la tarde, ante enfermos y personas con discapacidad, dijo que es imposible considerar normal dar la muerte y que lo legal no es necesariamente moral. Los aplausos fueron largos.

      El destinatario tenía nombre y fecha: la ley que reconoce un derecho a la ayuda para morir, aprobada por el Parlamento francés el 15 de julio. Era la segunda vez en tres días que el Papa cargaba contra ella, después de su encuentro con Macron. Olivier Falorni, el exdiputado que impulsó el texto, dijo no sorprenderse.

      La guerra de los platós

      Aquí empieza lo interesante. Porque si algo ha dejado la visita, además de fotos, es una opinión pública muy dividida.

      En un lado están los conversos del momento, aunque no a la fe, sino a la evidencia. Estelle Denis, presentadora de Estelle Midi en RMC Story, había debatido en antena si se estaba exagerando con el Papa. Ella pensaba que sí. Después de la vigilia escribió en la red social X que se había equivocado totalmente.

      No es creyente, explicó, pero se dejó arrastrar por aquella alegría contagiosa. El JDD recopiló reacciones parecidas de no creyentes, agnósticos, ateos y fieles de otras religiones: les había sentado de maravilla, habían palpado algo universal, una bocanada de paz, decían. Otro presentador, Mohamed Bouhafsi, insistió también en una emoción que desbordaba a los católicos y que se contagiaba a las calles de la capital.

      En el otro lado, los que se niegan a dejarse impresionar. Patrick Cohen, editorialista político de France Inter, la radio pública, redujo a los asistentes a una minoría practicante. La respuesta llegó desde el programa de Pascal Praud en Europe 1, donde el exdiputado Georges Fenech preguntó qué placer encuentra Cohen en herir a los católicos.

      El propio Praud había escrito el día anterior que los católicos están ahí y, con ellos, una cierta idea de Francia. Y fue más lejos: el espacio mediático, dijo, no refleja la realidad en muchos terrenos. Sin embargo, más de un millón de personas no quisieron perderse este acontecimiento, en cualquiera de sus citas.

      Tampoco faltaron los escépticos de oficio. Jean-Loup Adenor, redactor jefe adjunto de Charlie Hebdo, muy crítico y ácido con la Iglesia, admitió que ver a gente confesándose en los Campos Elíseos le inquietaba. Por otro lado, Bernadette Sauvaget, especialista en religión de Libération, calificó de «cutre» el decorado de la vigilia del Stade de France.

      Merece la pena fijarse en lo que discuten unos y otros. Los críticos cuestionan la escenografía, el gasto y la cercanía entre Iglesia y Estado. Sin embargo, casi nadie cuestiona la afluencia y el impacto, al menos mediático, en el país.

      Los que intentan entenderlo

      ¿Y qué piensan los intelectuales? El politólogo Olivier Roy explicó en Mediapart que los jóvenes de entre 16 y 25 años no viven la religión como una identidad que defender, sino como una búsqueda de sentido y de espiritualidad.

      El historiador Jean-François Colosimo, en el programa C Ce Soir de France 5, describió la visita como un paréntesis encantado en una Francia llena de divisiones, hostilidad e inestabilidad. A su juicio, León XIV defiende el Estado de derecho y un mundo en el que todavía podemos hablarnos.

      No obstante, los encuentros no estuvieron libres de sombras. El encuentro del Papa con siete víctimas de abusos sexuales generó tensiones, y sus matices posteriores sobre el carácter sistémico de esos abusos y las heridas que han producido. También, durante los días previos a la visita, este fue un tema candente en los medios y la conversación sobre la visita del pontífice.

      «Buscan algo»

      El propio León XIV parecía tan sorprendido como sus anfitriones con los resultados de la visita. En el Instituto Católico de París se declaró maravillado por el número de personas que hoy llaman a la puerta de la fe, como es el caso de la explosión de nuevos catecúmenos que vive hoy Francia. En el avión de vuelta, con los periodistas, al recordar a los 80.000 jóvenes del Stade de France, lo resumió sencillamente: buscan algo.

      Quizá esa sea la frase que mejor explica la guerra de los platós. Unos han visto en la calle una minoría ruidosa; otros, una mayoría silenciosa que por fin hablaba. Pero todos la han presenciado. En la Francia de la laicidad, que Dios vuelva a ser motivo de pelea en horario de máxima audiencia ya es, en sí mismo, una noticia.

      Diego Peralta, ReL

      Vea también    Convertidos: De regreso a Casa, a la Iglesia católica




      Evangelio del día lunes 27a semana del tiempo ordinario

       


      San Bartolomé Longo , San Lito de OrléansMás...

      Carta de San Pablo a los Gálatas 1,6-12.

      Hermanos:
      Me sorprende que ustedes abandonen tan pronto al que los llamó por la gracia de Cristo, para seguir otro evangelio.
      No es que haya otro, sino que hay gente que los está perturbando y quiere alterar el Evangelio de Cristo.
      Pero si nosotros mismos o un ángel del cielo les anuncia un evangelio distinto del que les hemos anunciado, ¡que sea expulsado!
      Ya se lo dijimos antes, y ahora les vuelvo a repetir: el que les predique un evangelio distinto del que ustedes han recibido, ¡que sea expulsado!
      ¿Acaso yo busco la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿Piensan que quiero congraciarme con los hombres? Si quisiera quedar bien con los hombres, no sería servidor de Cristo.
      Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, porque
      yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.


      Salmo 111(110),1-2.7-8.9.10c.

      Doy gracias al Señor de todo corazón,
      en la reunión y en la asamblea de los justos.
      Grandes son las obras del Señor:
      los que las aman desean comprenderlas.

      Las obras de sus manos son verdad y justicia;
      todos sus preceptos son indefectibles:
      están afianzados para siempre
      y establecidos con lealtad y rectitud.

      Él envió la redención a su pueblo,
      promulgó su alianza para siempre:
      Su Nombre es santo y temible.
      ¡El Señor es digno de alabanza eternamente!


      Evangelio según San Lucas 10,25-37.

      Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?".
      Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?".
      El le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo".
      "Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida".
      Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?".
      Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
      Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
      También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
      Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
      Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
      Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: 'Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver'.
      ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?".
      "El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera".

      Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


      Bulle

      San Gregorio de Nisa (c. 335-395)
      monje, obispo
      Homilía 15 sobre el Cantar de los Cantares; PG 44, 1085-1087

      El buen Samaritano

              “Así es mi amado, mi amigo, muchachas de Jerusalén.” (Cant 5,16) La Esposa del Cantar señala a aquel que busca cuando dice: “Éste es el que yo busco, aquel que para hacerse hermano nuestro subió de Judá. Se hizo amigo de aquel que cayó en manos de los bandoleros,  curó sus heridas con  aceite y vino y las vendó. Luego lo montó en su cabalgadura, lo llevó al mesón y cuidó de él. Dio dos denarios al mesonero, prometió pagar a su vuelta lo que hiciera falta". Todos estos detalles tienen su significado.
              El doctor de la Ley tentó al Señor queriendo estar por encima de los demás. En su orgullo hace caso omiso de toda igualdad con los demás, diciendo: “¿Quién es mi prójimo?” El Verbo le expone luego en forma de narración toda la historia santa de la misericordia: cuenta como baja el hombre a Jericó, la emboscada de los bandoleros, el despojo del vestido de la incorruptibilidad, las heridas del pecado, la amenaza de la muerte para la mitad de nuestra naturaleza (pues nuestra alma sigue inmortal), el paso inútil por la Ley (pues ni el sacerdote ni el levita se cuidaron de las heridas de aquel que había caído en manos de los bandoleros).
              Era realmente imposible que la sangre de toros y de machos cabríos expiase el pecado (Hb 9,13). Sólo lo podía hacer aquel que se ha revestido de toda la naturaleza humano--- de los judíos, los samaritanos, los griegos---, en una palabra, de toda la humanidad. Con su cuerpo, que es la montura, se fue al lugar de la miseria humana. Ha curado las heridas de la humanidad, se la ha cargado sobre su montura e hizo de su misericordia un hostal para ella, para que todos aquellos que gimen bajo el peso de infortunios encuentren descanso. (cf Mt 11,28)
      (EDD)

      Reflexión sobre el cuadro

      Una de las formas más bonitas de rezar con los Evangelios es situarnos dentro de la escena. En lugar de limitarnos a quedarnos al margen de la historia y observar lo que sucede, podemos adentrarnos en ella y preguntarnos: ¿dónde estoy yo en esta historia? ¿Con qué personaje me identifico? Lo maravilloso de las parábolas de Jesús es que son tan ricas que debemos fijarnos en todos los diferentes personajes que forman parte de cada historia. En un momento dado, una parábola puede hablarnos a través de un personaje; en otra etapa de nuestra vida, puede que de repente nos reconozcamos en alguien completamente diferente. El mismo Evangelio permanece inalterable, pero, de alguna manera, sigue encontrando nuevas formas de dirigirse a nosotros.

      Normalmente interpretamos la parábola de hoy como una invitación a ser como el buen samaritano: a fijarnos en la persona necesitada, a detenernos en lugar de pasar de largo y a dejar que la compasión interrumpa nuestros planes. Pero quizá hoy podamos situarnos en otro lugar de la escena. Quizá seamos nosotros el viajero herido que yace al borde del camino. Todos sabemos algo de lo que significa estar herido. La enfermedad puede dejarnos físicamente vulnerables; la decepción o el dolor pueden rompernos el corazón; la ansiedad y el agotamiento pueden dejarnos mentalmente agotados. Todos hemos sido ese viajero herido.

      Lo que debió de resultar especialmente sorprendente para el viajero judío herido fue la identidad de la persona que finalmente se detuvo. El sacerdote pasó de largo. El levita pasó de largo. Fue un samaritano —alguien a quien él podría haber mirado con recelo— quien se arrodilló a su lado, le curó las heridas y lo llevó a un lugar seguro. Jesús parece decirnos que la compasión de Dios no siempre llega vestida como esperamos. La ayuda puede llegar a través de una persona insospechada, tal vez incluso a través de alguien a quien nosotros mismos nunca hubiéramos elegido. Por eso, en nuestros momentos de vulnerabilidad, debemos tener la humildad de dejarnos ayudar por quien menos esperábamos.

      Lo que llama la atención de nuestro cuadro de hoy, «El buen samaritano», pintado hacia 1615-16 por el gran artista barroco flamenco Jacob Jordaens, es que el samaritano no es, en realidad, el centro visual de la composición en absoluto. Nuestra mirada se dirige primero hacia el enorme cuerpo, casi a tamaño real, del viajero herido. Desnudo, indefenso y agotado, se inclina hacia delante de forma tan dramática que parece que va a salirse del cuadro y entrar en nuestro propio espacio. Detrás de él, el samaritano, ricamente ataviado y con un turbante, se esfuerza por levantarlo y sostenerlo. Jordaens nos ha acercado extraordinariamente a la acción: hay poco paisaje que nos distraiga, ninguna distancia cómoda desde la que observar la historia. En cambio, nos enfrentamos al peso y a la vulnerabilidad de este cuerpo humano herido. Quizás, por eso, Jordaens nos ayuda a adentrarnos en el Evangelio de hoy a través del personaje al que con demasiada facilidad pasamos por alto.

      by Padre Patrick van der Vorst

      Oración

      "Señor Jesús, tú que te hiciste el prójimo de todos al acercarte al herido y al olvidado con compasión, te pido que transformes mi corazón. [1]

      Quítame la indiferencia, el egoísmo y la tentación de elegir a quién amar o a quién ignorar. Dame ojos para ver el dolor de los que me rodean, manos dispuestas a servir sin esperar nada a cambio, y labios que construyan y edifiquen en lugar de herir. [1, 2, 3]

      Enséñame a amar no solo con palabras, sino con hechos y en verdad, cargando con un poco de las cargas de mi hermano y reflejando tu amor en lo cotidiano. [1]

      Amén."


      domingo, 4 de octubre de 2026

      La conciencia de lo sagrado

      Recientemente en Córcega han vandalizado y profanado una imagen de la Virgen

      Recientemente en Córcega han vandalizado y profanado una imagen de la Virgen

      04.10.2026 | 07:47

      Actualizado:

      El odio es una pasión que actúa a modo de reflejo manifiesto de algo que permanece oculto en los repliegues de nuestra alma. De ahí que el odio religioso sea el más habitual –y el más pujante– de todos los odios: puesto que el ser humano es, por naturaleza, un ser religioso, la represión de su identidad religiosa azuza el odio; o cuando menos un sentimiento de pesadumbre íntima que se suele mitigar abrazando los más diversos sucedáneos idolátricos: utopías ideológicas, afanes mundanos, concupiscencias plutónicas o venéreas, etcétera.

      Con frecuencia, tales placebos logran hacer creer al hombre que la represión de su identidad religiosa es auténtica “indiferencia”; pero a veces también ocurre que tales placebos idolátricos enardecen su odio religioso: así ha sucedido siempre, en los sucesivos ocasos de la Historia, y así sucede hoy, aunque las utopías políticas en boga se emperifollen de “libertad religiosa”.

      Para derruir una cruz o profanar una iglesia es preciso odiar algo que, en lo más secreto de nuestras entretelas, forma parte de nosotros; hace falta –como diría la Epístola de Santiago– “creer y temblar”. Pues alguien que, simplemente, fuese ­descreído no sentiría irritación alguna ante una cruz, ni querría despelotarse ante un sagrario; le parecerían objetos tan triviales o absurdos como a mí me lo parecen los amuletos o las estatuillas de Buda.

      Es cierto que las idolatrías sustitutorias en boga pueden travestirse, mediante una suerte de “coraza civilizatoria”, de indiferentismo religioso; y que muchos forofos de tal o cual utopía ideológica, afán mundano o concupiscencia plutónica logran pasar ante una iglesia fingiendo que no se inmutan. Pero no es menos cierto que, con frecuencia, tales idolatrías sustitutorias no hacen sino hurgar en la llaga abierta del odio religioso. Para arrancar la cruz de la cima de una montaña o quitarse el sostén ante un sagrario es preciso “creer y temblar”, es preciso ser un creyente invertido. Ni siquiera podemos confundir estas reacciones con actos de mera “barbarie”, pues el salvaje actúa de forma instintiva o impulsiva; y quienes perpetran estas irreverencias y profanaciones lo hacen muy calculadamente, en volandas de consignas ideológicas, azuzados (o siquiera jaleados) por las biliosas alfalfas que les suministraron en los medios de cretinización de masas y en las aulas académicas. Es, pura y simplemente, odium fidei, salpimentado con su dosis azufrosa de utopía ideológica en boga.

      Pero el caso es que este tipo de profanaciones empieza a hacerse frecuente en nuestro Occidente terminal. Y aquí deberíamos preguntarnos si el caldo de cultivo que las alimenta no será la falta de ardor de los creyentes, la tibieza de nuestra fe, la languidez de nuestras devociones. El ultraje de lo sagrado sólo adquiere su plena dimensión monstruosa cuando se tiene conciencia de lo que significa lo sagrado.

      En este sentido, el odiador que arranca la cruz de la cima de un monte o la odiadora que se despelota en una iglesia tienen mucha más conciencia de lo sagrado que muchos creyentes rutinarios que pasan ante el sagrario como quien pasa ante un armatoste, o que se quedan como estafermos en la consagración, o que comulgan de forma frívola e indigna. Y mucha más conciencia también, por cierto, que los prelados que permiten que muchedumbres de turistas estivales se paseen en pantalón corto por las iglesias, como se pasearían por una verbena de pueblo o una feria de productos agropecuarios. Esta pérdida del significado de lo sagrado entre los propios creyentes es un triunfo mucho más jubiloso para los que “creen y tiemblan” que todas las irreverencias y profanaciones de los exaltados.

       Juan Manuel de Prada, ReL

      Vea también   Consagrar el día con la Liturgia de las Horas




      Las 2 virtudes de San Francisco de Asís que pueden cautivar al hombre de hoy 800 años después

      Este domingo 4 de octubre se cumplen 800 años de la muerte de San Francisco de Asís. Los franciscanos ensalzan su figura en un jubileo que da la vuelta al mundo.

      Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa por las calles de Jerusalén.

      Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa por las calles de Jerusalén.


        Este domingo se cumplen 800 años de la muerte de San Francisco de Asís, uno de los santos que más ha influido en el catolicismo a lo largo de la historia. Su legado es palpable ocho siglos después y la Iglesia Católica no se entendería sin su figura, especialmente en Tierra Santa, donde la Custodia franciscana ha protegido los santos lugares desde entonces.

        De cara a esta fecha tan redonda, la Custodia de Tierra Santa entrevista a fray Cesar Viani, fraile franciscano y uno de los mayores expertos en el santo de Asís:

        ¿Qué significa celebrar los 800 años del tránsito de San Francisco?

        Creo que los centenarios son siempre una ocasión para volver a las fuentes, a los orígenes. Y por eso los 800 años marcan un momento importante para volver a esta fuente y traducirla en el presente. Esta ocasión no es celebrada solamente por nosotros, los frailes, que evidentemente estamos un poco más interesados e implicados, sino en muchos niveles, en ámbitos un tanto inesperados. Y esta es una prueba de la actualidad de Francisco, que atrae a las personas por su dimensión mística, religiosa, pero también por su dimensión fraterna de atención a la Creación. Esta amistad social que se extiende a cada persona, que el Papa Francisco evocó con su encíclica "Fratelli tutti".

        Son aspectos diferentes de la persona de Francisco, y es fácil que alguien absolutice uno solo de ellos o vea solamente ese. Pero quizá también está bien así, cada uno capta los elementos que siente más cercanos a su propia sensibilidad. Creo que Francisco tiene algo que decir al hombre y a la mujer de nuestro tiempo, ofreciendo una solución que fascina por su sencillez, por su pobreza, por la posibilidad de traducirse en la práctica sin emplear grandes medios humanos, sino con esa intensidad del corazón y de la mente que cada uno de nosotros puede poner en lo que hace.

        ¿Qué aspectos de la propuesta franciscana pueden atraer a un joven hoy?

        Creo que existen tipos muy diferentes de jóvenes hoy. Como siempre, por otra parte, pero en particular las nuevas generaciones tienen sensibilidades y expectativas diferentes que no sé si una persona anciana como yo puede comprender hasta el fondo. Creo que un elemento que todavía puede fascinar a un joven es el de la libertad y la pobreza. Y relaciono libertad y pobreza porque hablo de esa libertad que nace de una pobreza, de una concentración consciente en lo esencial.

        Esto es la pobreza, no es solo la renuncia a los bienes, sino un uso de las cosas y de los bienes sin ese vínculo que hace difícil su gestión. Un desapego interior que permite disfrutar de las cosas buenas y bellas, pero sin apropiarse de ellas. Esta dimensión, creo, es una dimensión esencial de la espiritualidad franciscana y es también algo que puede fascinar a los jóvenes, como creo que puede fascinar a toda persona.

        ¿Y es esta, por tanto, la libertad?

        En este desapego de las cosas existe una gran libertad, porque el vínculo, que es lo contrario de la libertad, es precisamente este espíritu de posesión y apropiación, que nos hace esclavos de aquello que creemos poseer y que, al final, posee nuestro corazón.

        Imaginemos a Francisco de Asís entrando hoy en una comunidad franciscana, ¿qué nos pediría que verificáramos de nuestra vida? ¿Qué buscaría y qué encontraría?

        Al final de su vida, hay una frase muy hermosa de Francisco, que, ya moribundo, se dirige a sus frailes: "Yo he hecho mi parte, la vuestra que os la enseñe Cristo."

        Lo que Francisco nos dice es, por una parte, su testimonio, que está situado hace 800 años, en su propio recorrido de vida, y, por otra, nos invita a dirigirnos a Cristo, es decir, a encontrar nosotros mismos las soluciones o, en cualquier caso, las propuestas que puedan ser útiles para el mundo de hoy. No creo que sea posible encontrarlas mediante una aplicación directa de la experiencia de Francisco a nuestro tiempo, que es tan diferente, pero creo que su invitación es a convertirnos nosotros en protagonistas de las opciones de hoy.

        Y las opciones que quizá están más en sintonía con él son también aquellas que se encuentran en el nombre que eligió para sí mismo y para sus hermanos, hermanos y menores, es decir, fraternidad y minoridad. Una fraternidad que es un vínculo de cercanía, de igualdad, de proximidad con cada persona, incluso con todas las criaturas, pero desde la minoridad, por tanto, desde una condición de pequeños, con atención a quien es más pequeño, pero también con la voluntad de no ser más grandes que aquellos junto a los cuales estamos.

        Esto es, en el fondo, lo que pone a cada persona a gusto al acercarse a San Francisco, no lo ve como alguien que está sobre un pedestal, sino como alguien que va y camina a su lado como hermano y menor.

        ¿Qué une tan profundamente a Francisco con Tierra Santa? ¿Y qué significa hoy custodiar la intuición franciscana de venir aquí, a este lugar?

        El vínculo de Francisco con Tierra Santa está relacionado sobre todo con aquel viaje suyo a Oriente, cuando también se encuentra con el Sultán. Y propone a los hermanos dos maneras de estar en estos lugares.

        Las dos maneras son de una total actualidad también hoy. La primera es que no entablen litigios ni disputas, sino que estén sometidos a toda criatura humana y confiesen que son cristianos. La primera manera, por tanto, es la de una presencia humilde, sumisa, como hermanos y menores precisamente, confesando que son cristianos. La segunda manera dice, cuando le plazca al Señor, por tanto, no de cualquier manera y siempre, sino cuando comprendas que ha llegado el momento adecuado, anunciar la palabra del Señor.

        Creo que es concretamente la manera de estar todavía hoy en estos países, con una presencia ante todo silenciosa y sumisa y con una palabra, cuando es posible, explícita y de anuncio explícito del Evangelio. Y es la manera, me parece, con la que también los frailes han interpretado durante 800 años su presencia en estos Santos Lugares. Al mismo tiempo, sin embargo, también está la cercanía a las personas, actividades de apoyo y ayuda a las personas que están aquí y custodia de estos lugares. Una custodia vinculada a la importancia de la encarnación en la espiritualidad franciscana. El Dios que se hace carne en lugares concretos, en situaciones específicas. Y aquí los frailes custodian desde hace 800 años los lugares en los que vivió el Señor, precisamente en esta memoria de su humanidad y de su encarnación.

        ReL

        Vea también   San Francisco: Paráfrasis del Padrenuestro