Entradas populares

viernes, 20 de marzo de 2026

¿Cómo acompañar a Jesús en el Santísimo? 15 maneras concretas para vivir la Hora Santa


 

¿Te cuesta concentrarte en la Hora Santa o cuando estás frente al Santísimo Sacramento? Aquí tienes 15 acciones concretas que te ayudarán a aprovechar mejor tu momento de adoración y vivir un encuentro más profundo con Jesús.

Desde su cuenta de Instagram “Rosa y Verbo”, la comunicadora mexicana Paulina señala que muchas veces pensamos que la Hora Santa es solo un periódo de tiempo que tenemos que llenar; sin embargo, no nos damos cuenta de que, en realidad, “se trata de dejarnos llenar por la presencia de Cristo”.

Si sientes que no estás viviendo bien estos momentos, ella propone 15 opciones prácticas para acompañar a Jesús en el Santísimo, ya sea en la custodia o en el Sagrario. 

1. Reconoce que Jesús está realmente ahí

Al empezar tu tiempo de oración, puedes decirle: “Señor, creo firmemente que estás presente en el Santísimo Sacramento”, o simplemente repetir: “Señor mío y Dios mío”.

2. Dedica un tiempo a agradecer

Agradece a Jesús no solo por tu vida, por tu familia o por esas cosas lindas que viviste en el día, sino también por haber muerto en la cruz por ti. No olvides agradecer por las pruebas y las dificultades que te acercan más a Él.

3. Abre tu corazón

Puedes decirle: “Señor, mi corazón está abierto, entra en él; te permito que entres y lo transformes”. Además, puedes contarle todo lo que llevas dentro: entrégale tus cargas, tus heridas, tus miedos, tus alegrías, todo.

4. Alaba a Dios

Puedes usar tus propias palabras, cantar un himno como el “Tantum Ergo” o repetir jaculatorias; decir, por ejemplo: “Sea por siempre bendito y alabado mi Jesús Sacramentado”. Repetir es reconocer quién es Él y entregarle toda nuestra vida.

5. Haz oración contemplativa o de silencio

Haz silencio de todo lo que ocupa tu mente y elige una palabra o una frase corta que no le pida nada a Jesús ni contenga juicio. Respira profundo y ánclate en la repetición de esa palabra o frase.

6. Lee tu Biblia.

Medita con la Palabra; pregúntate qué te dice Jesús con ese pasaje.

7. Reza por los demás

Reza por tus amigos, por tus enemigos y por quienes sufren. Reza por quienes están a tu alrededor y por todos los presentes. No olvides pedir por la Iglesia, por el Papa y por los sacerdotes.

8. Ofrécele ese momento a Jesús como reparación

Dile al Señor: “Quiero reparar tu Sagrado Corazón, las heridas que te hemos causado. Te pido perdón por las fallas cometidas, por lo que pude haber hecho mejor”, y con esta oración consuélalo por tus pecados y los de todo el mundo.

9. Adora a Jesús de la mano de María

Puedes rezar un misterio o un rosario completo; contemplar el Ave María meditando en la Anunciación y en el saludo de su prima Isabel. Pídele que te enseñe a amar más a su Hijo.

10. Haz un propósito

Después de adorarlo, Jesús nos envía a dar testimonio. Pídele ser luz para los demás; incluso le puedes preguntar en tu oración: “¿Cómo puedo salir a servirte después de adorarte?”. ¿Qué vas a cambiar en ti después de este ratito con Jesús? Ponte una meta.

11. Contempla la cruz

Mírala, observa cada una de las llagas y contempla la mirada de Jesús.

12. Pon música que te ayude a orar

Canta o llévate unos audífonos para escuchar música religiosa que favorezca el recogimiento.

13. Haz una oración de abandono

Repite: “Señor, yo no puedo, tú sí puedes, me abandono en ti”, o simplemente: “Jesús, confío en ti”. Pídele que aumente tu esperanza y tu confianza en Él, y la gracia de creer en su providencia.

14. Lleva alguna lectura espiritual

Puedes escoger un librito de oración o alguna lectura que te ayude a profundizar en tu vida de fe.

15. Ve este momento como un anticipo del cielo

Ve a disfrutar y a descansar en el Señor; alábalo desde ese encuentro, dejándote llenar por el Espíritu de Dios y reposando en su presencia.

Paulina también señaló que, si dedicáramos al menos tres minutos a cada una de estas prácticas, tendríamos casi una hora completa de oración.

Sin embargo, animó a no vivirlo como una lista rígida, sino a probar y combinar estas alternativas según lo que más ayude al encuentro con Dios.

“No se trata de ir tachando puntos de una lista, sino de probar cuáles de estas maneras te ayudan más a encontrarte con Él, a disfrutar de su compañía y a dejar que su amor transforme tu corazón”, resaltó. 

Además, subrayó que lo importante es “elegir aquellas que te permitan vivir un encuentro verdadero con Cristo y crecer en la oración”.

¿Qué otras formas de pasar este tiempo con Jesús conoces?

Harumi Suzuki, churchpop

Vea también   Tesoro escondido en el Sacratísimo Corazón de Jesús...



10 claves para vivir a fondo el final de la Cuaresma y preparar el corazón para la Semana Santa

Jesús

Un camino práctico de conversión con diez propuestas concretas
para aprovechar los últimos días antes de la Pascua


A medida que la Cuaresma se acerca a su fin, muchos fieles se preguntan si han sabido aprovechar verdaderamente este tiempo de gracia. Los cuarenta días de preparación no solo invitan al sacrificio exterior, sino sobre todo a una transformación interior que disponga el corazón para el encuentro con Cristo en la Pascua.


En este contexto, diversas propuestas espirituales recuerdan que aún estamos a tiempo de intensificar la oración, el ayuno y la caridad. Inspirados en prácticas tradicionales y reflexiones espirituales, surgen diez claves concretas para vivir con mayor intensidad estos últimos días cuaresmales.



Se trata de orientaciones accesibles para todos, que ayudan a redescubrir el sentido auténtico de este tiempo litúrgico: la conversión sincera y el regreso al Señor.


“Los últimos días de la Cuaresma son una oportunidad única para volver el corazón a Dios con mayor profundidad y verdad.”

Diez claves para aprovechar al máximo el final de la Cuaresma


1. Amplía tu oración hacia los demás
No limites tu oración a tus propias necesidades. Intercede por la Iglesia, por quienes sufren, por los más vulnerables y por quienes atraviesan situaciones difíciles. La oración por otros ensancha el corazón y lo hace más semejante al de Cristo.


2. Aprende a agradecer también en las pruebas
No solo des gracias por lo bueno. Haz el ejercicio de reconocer la presencia de Dios incluso en los momentos difíciles, confiando en que todo puede tener un sentido dentro de su plan.


3. Ofrece tus dificultades uniéndolas a Cristo
Las contrariedades, el cansancio o el dolor pueden convertirse en ofrenda si los unes a la Pasión del Señor. Así, el sufrimiento deja de ser estéril y se transforma en camino de gracia.


4. Dedica tiempo a contemplar la Pasión
Busca un momento para meditar el camino de la Cruz, ya sea participando en el Vía Crucis o realizándolo en casa. Contemplar el amor de Cristo ayuda a vivir con mayor profundidad estos días.


5. Reza por quienes te cuesta amar
Incluye en tu oración a aquellas personas con las que tienes dificultades. Pedir por ellas es un paso concreto hacia el perdón y la sanación del corazón.


6. Renuncia a lo que te aleja de Dios
Más allá de la comida, identifica actitudes, hábitos o distracciones que te apartan del Señor y decide dejarlos de lado. Este ayuno interior es clave para crecer espiritualmente.


7. Practica un sacrificio concreto y consciente
Elige una forma de ayuno que te ayude a ejercitar la voluntad: comer con sencillez, evitar caprichos o reducir excesos. Estos pequeños sacrificios fortalecen el espíritu.


8. Pide a Dios que te muestre a quién ayudar
Mira a tu alrededor con atención y pide al Señor que te haga descubrir a las personas que necesitan de ti. La caridad comienza muchas veces en lo cercano.


9. Convierte tus renuncias en ayuda para otros
Aquello a lo que renuncias puede transformarse en un bien para los demás. Destina ese ahorro o ese esfuerzo a quienes viven en necesidad.


10. Implica tu vida en obras de caridad
Busca formas concretas de colaborar con iniciativas solidarias: apoyar a instituciones, ayudar a personas necesitadas o participar en proyectos que promuevan la dignidad humana.



Un camino hacia la Pascua

Estos diez pasos no son metas inalcanzables, sino pequeños gestos que pueden transformar el corazón en este tramo final de la Cuaresma. Vividos con sinceridad, ayudan a preparar el alma para la Semana Santa, permitiendo que la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo no sea solo un recuerdo, sino una experiencia viva.


Porque, en definitiva, la Cuaresma no termina en el calendario, sino en un corazón renovado que vuelve a Dios con mayor fe, esperanza y amor.

EWTN

Vea también    Vivir la Cuaresma cada día (de los 40)



Evangelio del día - Viernes de la 4. Semana de Cuaresma


 

Libro de la Sabiduría 2,1a.12-22.

Los impíos se dicen entre sí, razonando equivocadamente:
«Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida.
El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor.
Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar y su sola presencia nos resulta insoportable,
porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes.
Nos considera como algo viciado y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias. El proclama dichosa la suerte final de los justos y se jacta de tener por padre a Dios.
Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final.
Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos.
Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia.
Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará.»
Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido.
No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad, ni valoran la recompensa de las almas puras.


Salmo 34(33),17-18.19-20.21.23.

El Señor está cerca del que sufre.

El Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra.
Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias.

El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
El justo padece muchos males,
pero el Señor lo libra de ellos.

El cuida todos sus huesos,
no se quebrará ni uno solo.
Pero el Señor rescata a sus servidores,
y los que se refugian en El no serán castigados.


Evangelio según San Juan 7,1-2.10.25-30.

Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.
Se acercaba la fiesta judía de las Chozas,
Sin embargo, cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.
Algunos de Jerusalén decían: "¿No es este aquel a quien querían matar?
¡Y miren cómo habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías?
Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es".
Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó: "¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen.
Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió".
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Bernardo (1091-1153)
monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón 24 sobre el Cántico


“Cada árbol se conoce por sus frutos”

Si vosotros creéis en Cristo, haced las obras de Cristo, para que se avive vuestra fe; el amor animará esta fe, la acción será la prueba. Vosotros que pretendéis permanecer en Cristo Jesús, os es necesario caminar a su mismo `paso. Si vosotros queréis encontrar la gloria, si envidiáis a los dichosos de este mundo, si decís mal de los ausentes y devolvéis mal por mal, son cosas que Cristo no ha hecho. Decís que conocéis a Dios, pero vuestros actos lo niegan... “Este hombre me honra con los labios, dice la Escritura, pero su corazón está lejos de mí” (Is 29,13). (...)
Ahora bien la fe recta, no basta para hacer un santo, un hombre recto, si no obra el amor. Quien está sin amor es incapaz de amar a la Esposa, la Iglesia de Cristo. Y las obras, aún realizadas en la rectitud no llegan sin la fe a hacer un corazón justo. No se puede atribuir la rectitud a un hombre que no agrada a Dios; ahora bien, dice la epístola a los Hebreos: “Sin la fe, es imposible agradar a Dios”(Hb 11,6). Aquel que no agrada a Dios, no puede agradarle. Pero aquel a quien Dios agrada no podrá desagradar a Dios. Y aquel a quien Dios no agrada, la Iglesia-Esposa tampoco le agrada. Como pues podría ser recto, aquel que no ama a Dios ni a su Iglesia, a la cual se ha dicho: “los justos saben amarte” (Ct 1,3 Vulgata).
Al santo, no basta la fe sin obras, ni las obras sin la fe, para hacer justa al alma. Hermanos, nosotros que creemos en Cristo nos es necesario procurar seguir una vía recta. Elevemos a Dios nuestros corazones y nuestras manos juntas, afin de ser encontrados enteramente rectos confirmando con hechos de rectitud, la rectitud de nuestra fe, amando a la Iglesia- Esposa, y amados del Esposo, nuestro Señor Jesucristo, bendito por Dios en los siglos.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

A veces pensamos que sabemos más de lo que realmente sabemos. No siempre somos lo suficientemente humildes en nuestro conocimiento. Lo que entendemos es sólo una pequeña fracción de lo que realmente podemos saber. Esto es cierto de cada persona que conocemos y de cada situación con la que nos encontramos. Todos estamos limitados en nuestro conocimiento. Sólo vemos una parte, nunca el todo. Y esto es aún más cierto cuando se trata de cuestiones de fe. Como admite bellamente San Pablo en su Primera Carta a los Corintios: “Ahora sólo conozco en parte”. La fe exige, pues, humildad: una profunda conciencia de que siempre hay más por descubrir, más por comprender, más por conocer... y más por recibir.

En el Evangelio de hoy, los habitantes de Jerusalén dicen confiadamente de Jesús: “Sabemos de dónde viene este hombre”. Suponen que le entienden porque saben que viene de Nazaret. Una visión muy estrecha del conocimiento. Sin embargo, su certeza les ciega ante una verdad más profunda. Jesús les revela con delicadeza que su verdadero origen está en otra parte: “No he venido por mi cuenta; hay Uno que me ha enviado”. En otras palabras, aunque la gente cree conocer a Jesús, se han perdido la parte más importante de la historia. Y tal vez esa sea la lección silenciosa para nosotros hoy: cuando se trata de Cristo, siempre somos discípulos, siempre aprendemos, siempre buscamos. Siempre hay más profundidad en su misterio, más belleza por descubrir.

Se cuenta la historia de Tomás de Aquino, uno de nuestros más grandes teólogos. Su obra maestra, la Suma Teológica, es una de las obras de teología más importantes jamás escritas, un intento vasto y cuidadosamente estructurado de explicar los misterios de la fe utilizando tanto las Escrituras como la razón. Sin embargo, hacia el final de su vida ocurrió algo extraordinario. El 6 de diciembre de 1273, mientras celebraba misa, el Aquinate tuvo una profunda experiencia espiritual durante la oración. A partir de ese momento, dejó de escribir. Cuando su secretario Reginaldo de Piperno le instó a seguir trabajando en la Suma, Aquino respondió con estas palabras: “No puedo escribir más. Todo lo que he escrito parece paja comparado con lo que he visto y lo que se me ha revelado.” El hombre que había escrito algunas de las teologías más brillantes de la historia cristiana se dio cuenta de repente de lo pequeñas que son las palabras humanas ante el misterio de Dios. El Aquinate no rechazaba su obra, sino que reconocía que, por mucho que aprendamos sobre Dios, la realidad de Dios siempre será infinitamente mayor que nuestra comprensión. La verdadera sabiduría, por tanto, siempre va acompañada de humildad y asombro.

Por hoy, un sencillo y hermoso cuadro de Camille Pisarro, de 1899, sobre montones de paja o heno.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

"Padre Celestial, te reconozco como Dios soberano, creador del universo y amoroso Padre. Confieso que deseo conocerte profundamente y no solo saber de ti.
Perdóname si me he distraído con las cosas del mundo y he descuidado mi relación contigo. Abre los ojos de mi corazón y revela tu verdad en mi vida. Ayúdame a comprender tu Palabra y a discernir tu voluntad, que es buena, agradable y perfecta.
Jesús, guíame por el camino de la vida, tómame de la mano y enséñame a caminar en comunión contigo. Espíritu Santo, toma el control de mis pensamientos y transforma mi mente.
Tengo el deseo de buscarte por encima de todas las cosas. Te entrego mis planes y proyectos, confiando en que tú tienes el control. Que mi vida sea un reflejo de tu luz y tu amor.
En el nombre de Jesús, Amén.

jueves, 19 de marzo de 2026

Acudid a José

 La teología y el magisterio de la Iglesia son constantes en exponer las razones que justifican una intensa devoción.

'San José con el Niño Jesús' de Guido Reni (c. 1620, detalle): una escena que muestra el amor mutuo.

'San José con el Niño Jesús' de Guido Reni (c. 1620, detalle): una escena que muestra el amor mutuo.Museo Hermitage de San Petersburgo (Rusia) - Wikipedia

17.03.2026 | 07:17

Actualizado: 

Los tiempos en los que vivimos, parafraseando a León XIII, son deplorables para la religión cristiana. Vemos la fe, raíz de todas las virtudes cristianas, disminuir en muchas almas; vemos la caridad enfriarse; vemos a gran parte de la sociedad detentar costumbres y puntos de vista depravados y a la Iglesia de Jesucristo atacada, abiertamente por fuera y, con gran astucia por dentro. 

Ante circunstancias tan infaustas y problemáticas, los remedios humanos son insuficientes, y se hace necesario, como único recurso, suplicar el auxilio de Dios Todopoderoso. Y a fin de que Dios sea más favorable a nuestras oraciones, y para que Él venga con misericordia y prontitud en nuestro auxilio, debemos invocar, con gran piedad y confianza, junto con la Santísima Virgen, a su casto esposo, el bienaventurado San José, lo cual seguramente será del mayor agrado de la Virgen misma.

San Bernardo afirmó: 

  • "De María nunca hay suficiente [De Maria numquam satis]", ya que jamás se podrá decir bastante de las extraordinarias e incomparables prerrogativas de la Madre de Dios. 

Y de José dijo: 

  • “Aquel a quien muchos profetas desearon ver y no vieron, desearon oír y no oyeron, le fue dado a José no sólo verlo y oírlo, sino llevarlo en sus brazos, guiarle los pasos y apretarlo contra su pecho. Cubrirlo de besos, alimentarlo y velar por él. Imagina qué clase de hombre fue José y cuánto valía. Imagínalo de acuerdo con el título con que Dios quiso honrarlo, que fuese llamado y tomado por padre de Dios, título que en verdad dependía del plan redentor”.

De ahí que, como señalase León XIII, podemos esperar muchísimo de su tutela y patrocinio, debido a que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús:

  • “De estas fuentes ha manado su dignidad, su santidad, su gloria. Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; mas, porque entre la Santísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que, a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro” (encíclica de León XIII Quamquam pluries sobre la devoción a San José del 15 de agosto de 1889).

Además, como explica San Agustín, José es padre del Niño Dios, no por obra de la carne, sino por la del amor:

  • “Pero el Señor no nació de la sangre de José, aunque así se pensara; sin embargo, a la piedad y caridad de José le nació de la Virgen María un hijo, Hijo a la vez de Dios”. 

Así, José no solo debe ser considerado padre, sino incluso padre en grado sumo. Porque su paternidad era tanto más sólida cuanto más casta (San Agustín, Sermón 51).

Asimismo, varios Padres y Papas de la Iglesia afirman que San José fue prefigurado por el José del Antiguo Testamento, hijo del patriarca Jacob. El José de quien, en los tiempos de la gran hambruna que asoló a Egipto y a los pueblos vecinos, el Faraón se fiaba tanto que dijo a su pueblo que clamaba por alimento: "Id a José y haced lo que él les diga" (Gén 41, 55).

San Bernardo lo expone así: 

  • “El mismo significado de su nombre, que vale tanto como aumento, manifiesta con toda evidencia quién y qué clase de hombre fue José. No se redujo a llevar el nombre del gran Patriarca vendido en Egipto, sino que atesoró su castidad, su inocencia y sus gracias. (…) El ministro del Faraón conserva los frutos recolectados no para sí, sino para el pueblo; el Esposo de María recibe en custodia el Pan vivo descendido del cielo para él y para el orbe todo. No cabe dudar que el fiel y bondadoso José con quien estuvo desposada la Madre del Salvador fue el siervo fiel y prudente a quien constituyó el Señor en consuelo de su Madre, en nutricio de su humanidad, y en el único ser fidelísimo coadjutor del gran Consejo en la tierra”.

Pues, como lo señalase el Papa Pío IX

  • "Del mismo modo que Dios constituyó al otro José, hijo del patriarca Jacob, gobernador de toda la tierra de Egipto para que asegurase al pueblo su sustento, así al llegar la plenitud de los tiempos, cuando iba a enviar a la tierra a su unigénito para la salvación del mundo, designó a este otro José, del cual el primero era un símbolo, y le constituyó señor y príncipe de su casa y de su posesión y lo eligió por custodio de sus tesoros más preciosos. La inmaculada Virgen María, de la cual por obra del Espíritu Santo nació nuestro señor Jesucristo, tenido ante los hombres por hijo de José, al que estuvo sometido" (decreto Quemadmodum Deus de proclamación de San José como Patrono de la Iglesia, 1870).

Por su parte, el Papa León XIII explicó en el lugar que hemos citado:

  • "Así como José (hijo de Jacob) fue elegido por Dios para salvar a Su pueblo, San José fue el hombre elegido por Dios para servir, como padre terrenal, al Salvador del Mundo. Y así como el primer José fue causa de la prosperidad del reino de su amo, el Faraón, a quien brindó grandes servicios, también el segundo debe ser tenido como el protector y el defensor de la Iglesia, que es verdaderamente la casa del Señor y el reino de Dios en la tierra. Estas son las razones por las que hombres de todo tipo y nación han de acercarse con confianza a la tutela del bienaventurado José".

Pío XI, en 1938, declaró: 

  • “La intercesión de María es la de la madre, no vemos qué es lo que su divino Hijo podría negarle a tal madre. La intercesión de José es la del esposo, la del padre putativo, la del jefe de familia; no puede dejar de ser todopoderosa, pues nada pueden negarle Jesús y María a José, que les consagró toda su vida y a quien realmente debieron los medios de su existencia terrestre”.

Por éstas, y muchas otras razones, acudamos a San José con la plena confianza de que no seremos defraudados

Y, en estos tiempos tan convulsos y confusos, oremos con León XIII

  • “Aleja de nosotros, oh padre amantísimo, toda mancha de error y corrupción. (…) Asístenos propicio desde el cielo en esta lucha contra el poder de las tinieblas (…) y, como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad. (…) Protege a cada uno de nosotros con tu incesante protección para que, imitando tu ejemplo y apoyados por tu ayuda, podamos vivir una vida buena, morir santamente y alcanzar la felicidad eterna en el Cielo. Amén".

Oración a San José (encíclica "Quamquam Pluries" de León XIII)

A ti, oh Bendito José, recurrimos en nuestras tribulaciones, y al implorar la ayuda de tu Santísima Esposa, invocamos también con confianza tu patrocinio. Por el amor que te unió a la Virgen Inmaculada, Madre de Dios, y por el afecto paternal con que abrazaste al Niño Jesús, te suplicamos humildemente que tengas en cuenta la herencia que Jesucristo adquirió con su Sangre y que nos ayudes en nuestras necesidades, por tu poderosa intercesión.

Protege, oh providentísimo Guardián de la Sagrada Familia, a los hijos escogidos de Jesucristo; aleja de nosotros, oh amantísimo Padre, toda mancha de error y corrupción; ayúdanos benignamente desde el Cielo, oh poderoso protector, en nuestra lucha contra los poderes de las tinieblas; y así como en un tiempo rescataste al Niño Jesús de un peligro inminente para su vida, así ahora defiende a la Santa Iglesia de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad.

Protege a cada uno de nosotros con tu incesante protección para que, imitando tu ejemplo y apoyados por tu ayuda, podamos vivir una vida buena, morir santamente y alcanzar la felicidad eterna en el Cielo. Amén

Ángelica Barragan, ReL

Vea también    Los sueños de José





Evangelio del día - Solemnidad de San José



Segundo Libro de Samuel 7,4-5a.12-14a.16.

Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos:
«Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor:
Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza.
El edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real.
Seré un padre para él, y él será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre.»


Salmo 89(88),2-3.4-5.27.29.

Su descendencia permanecerá para siempre.

Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho:
«Mi amor se mantendrá eternamente,

mi fidelidad está afianzada en el cielo.»
Yo sellé una alianza con mi elegido,
hice este juramento a David, mi servidor:
«Estableceré tu descendencia para siempre,

mantendré tu trono por todas las generaciones.»
El me dirá: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le aseguraré mi amor eternamente,

y mi alianza será estable para él.


Carta de San Pablo a los Romanos 4,13.16-18.22.

Hermanos:
En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe.
Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común,
como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.
Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia.
Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.


Evangelio según San Mateo 1,16.18-21.24a.

Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".
Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Compartir el Evangelio en Facebook


Bulle

San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975)
presbítero, fundador
Homilía del 19/03/63. Es Cristo que pasa.


La vocación de José

Para san José, la vida de Jesús fue un continuo descubrimiento de la propia vocación. Recordábamos antes aquellos primeros años llenos de circunstancias en aparente contraste: glorificación y huida, majestuosidad de los Magos y pobreza del portal, canto de los Ángeles y silencio de los hombres. Cuando llega el momento de presentar al Niño en el Templo, José, que lleva la ofrenda modesta de un par de tórtolas, ve cómo Simeón y Ana proclaman que Jesús es el Mesías. Su padre y su madre escuchaban con admiración, dice San Lucas. Más tarde, cuando el Niño se queda en el Templo sin que María y José lo sepan, al encontrarlo de nuevo después de tres días de búsqueda, el mismo evangelista narra que se maravillaron.
José se sorprende, José se admira. Dios le va revelando sus designios y él se esfuerza por entenderlos. Como toda alma que quiera seguir de cerca a Jesús, descubre en seguida que no es posible andar con paso cansino, que no cabe la rutina. Porque Dios no se conforma con la estabilidad en un nivel conseguido, con el descanso en lo que ya se tiene. Dios exige continuamente más, y sus caminos no son nuestros humanos caminos. San José, como ningún hombre antes o después de él, ha aprendido de Jesús a estar atento para reconocer las maravillas de Dios, a tener el alma y el corazón abiertos.
Pero si José ha aprendido de Jesús a vivir de un modo divino, me atrevería a decir que, en lo humano, ha enseñado muchas cosas al Hijo de Dios...
José ha sido, en lo humano, maestro de Jesús; le ha tratado diariamente, con cariño delicado, y ha cuidado de Él con abnegación alegre. ¿No será ésta una buena razón para que consideremos a este varón justo, a este Santo Patriarca en quien culmina la fe de la Antigua Alianza, como Maestro de vida interior? 
(EDD)
La voz de los Papas

Mateo, dirigiéndose sobre todo a los judeocristianos, parte de Abraham para llegar a José, definido «el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo» (1,16). (…) El evangelista Mateo nos ayuda a comprender que la figura de José, aunque aparentemente marginal, discreta, en segunda línea, representa sin embargo una pieza fundamental en la historia de salvación. José vive su protagonismo sin querer nunca adueñarse de la escena. (…) Él nos recuerda que todos aquellos que están aparentemente escondidos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. El mundo necesita a estos hombres y a estas mujeres: hombres y mujeres en segunda línea, pero que sostienen el desarrollo de nuestra vida, de cada uno de nosotros, y que, con la oración, con el ejemplo, con la enseñanza nos sostienen en el camino de la vida. (…) Una sociedad como la nuestra, que ha sido definida “líquida”, porque parece no tener consistencia. Yo corregiré a ese filósofo que acuñó esta definición y diré: más que líquida, gaseosa, una sociedad propiamente gaseosa. Esta sociedad líquida, gaseosa encuentra en la historia de José una indicación bien precisa sobre la importancia de los vínculos humanos. De hecho, el Evangelio nos cuenta la genealogía de Jesús, además de por una razón teológica, para recordar a cada uno de nosotros que nuestra vida está hecha de vínculos que nos preceden y nos acompañan. El Hijo de Dios, para venir al mundo, ha elegido la vía de los vínculos, la vía de la historia: no bajó al mundo mágicamente, no. Hizo el camino histórico que hacemos todos nosotros. (Papa Francisco, Audiencia general, 24 de noviembre de 2021)

Reflexión sobre el cuadro

El cuadro de hoy, de 1890, pintado por Benjamin Constant, es probablemente una de mis representaciones favoritas de San José. José es representado aquí como un hombre de mediana edad, tranquilamente sentado, con una sierra de carpintero apoyada a sus pies, simple recuerdo de su oficio. A su lado hay un lirio, símbolo tradicional de pureza, que alude a su esposa María, también presente simbólicamente en la escena. De este modo sutil, el artista evoca a toda la Sagrada Familia, aunque sólo José y Jesucristo sean físicamente visibles.

A lo largo de la historia del arte, la mayoría de los cuadros muestran a San José dormido, soñando, o con el niño Jesús en brazos. Aquí no. En su lugar, José está sentado tranquilamente junto a su Hijo, que es representado como un muchacho en su adolescencia temprana. No se miran el uno al otro, sino que ambos miran a lo lejos. Es un detalle poderoso. El padre terrenal y el Hijo comparten el mismo horizonte. El mismo enfoque. El cuadro sugiere una tranquila comunión de destino. José no fue un mero espectador en el desarrollo del plan de salvación de Dios. Se le confió un papel en él. Aquí está sentado junto a su Hijo; no delante de él, ni detrás de él... sino fielmente a su lado, acompañándole en el camino que tienen por delante.

Lo que hace que San José sea tan extraordinario en los Evangelios es que nunca dice una sola palabra. Las Escrituras no conservan ni una sola frase suya. Y, sin embargo, su vida lo dice todo. José es el guardián silencioso de la Sagrada Familia, el hombre que protege fielmente a María y a Jesucristo, guiándoles a través del peligro, proveyéndoles con el trabajo de sus manos de carpintero y confiando en Dios incluso en los grandes momentos de inseguridad. La última vez que José aparece en los Evangelios es durante el episodio del Hallazgo de Jesús en el Templo, cuando Jesús tiene doce años. Después de ese momento, José desaparece de la narración evangélica. Este silencio ha llevado a muchos a creer que José murió probablemente en algún momento de la juventud de Jesús, lo que significa que Jesús pudo haber conocido el dolor de perder a su padre terrenal siendo todavía un adolescente. No lo sabemos con certeza. Pero lo que sí sabemos es que la presencia silenciosa de José debió de dejar una profunda huella en la vida de Jesús: un modelo de amor fiel y humilde que no habla con palabras, sino con acciones amorosas.

by Padre Patrick van der Vorst


Oración

Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal. Amén.

(Papa Francisco, Patris Corde)