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lunes, 30 de marzo de 2026

Dios acoge con los brazos abiertos al pecador arrepentido

Aunque nos cueste ir a confesarnos y decir nuestros pecados, Dios está ahí, esperándonos, deseando volver a abrazarnos

Cuando pecamos, a menudo nos sentimos tentados a alejarnos de Dios. Puede que haya una serie de ideas erróneas que adoptamos casi sin darnos cuenta, permitiendo que nos impidan volver a Dios.

Esas líneas de pensamiento son precisamente las que a Satanás le gusta utilizar en su beneficio. Cada vez que pecamos, nos hunde en la desolación. Puede que nos diga que el pecado no es nada de lo que preocuparse, o todo lo contrario: que somos horribles y que no merecemos ser amados. Utilizando diversas estrategias, intenta abrir una brecha entre nosotros y Dios, tratando de convencernos de que somos seres humanos terribles.

La verdad es exactamente lo contrario, ya que Dios nos mira con amor, incluso cuando pecamos, y nos recibe con los brazos abiertos cuando nos arrepentimos.

Dios acoge al pecador arrepentido

San Máximo, el confesor, escribe sobre esta verdad espiritual en una carta que se lee en el Oficio de las Lecturas durante la Cuaresma. Explica cuán ansioso está Dios por acogernos en su hogar:

"La voluntad de Dios es salvarnos, y nada le complace más que nuestro regreso a Él con verdadero arrepentimiento… Así fue como Cristo proclamó que había venido a llamar a los pecadores al arrepentimiento, no a los justos, y que no eran los sanos quienes necesitaban un médico, sino los enfermos".

A continuación, cita otras parábolas de los Evangelios que ponen de relieve esta realidad:

"Declaró que había venido a buscar la oveja perdida, y que había sido enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Hablando de forma más críptica en la parábola de la moneda de plata, nos dice que el propósito de su venida era recuperar la imagen real, que había quedado cubierta por la suciedad del pecado. 'Podéis estar seguros de que hay alegría en el cielo', dijo, 'por un solo pecador que se arrepiente'."

Convéncete del amor de Dios

Aunque hayamos oído estas historias una y otra vez, no solemos detenernos a reflexionar sobre ellas ni dejamos que nos lleguen al corazón. En el cielo hay gran alegría cuando nos arrepentimos.

Por mucho que hayamos pecado en esta vida, Dios nunca nos cerrará la puerta si nos acercamos a él con arrepentimiento. Él nos mira con amor y nos invita a volver a su redil.

Si alguna vez te sientes indigno del amor de Dios, debes rechazar esa mentira e ir a confesarte para recibir su amor derramado sobre ti.

Dios te ama, un hecho que a menudo olvidamos o decidimos ignorar.

Philip Kosloski, Aleteia

Vea también     Para su conversión: Razones  para confesarse



Reza en familia este Viacrucis que tus hijos pueden entender

oración en familia

Esta Semana Santa, unámonos en familia para orar juntos a través del rezo del Viacrucis, con las siguientes reflexiones para que tus hijos también participen

Hay momentos del año en los que todo parece pensado para nuestros hijos. En Navidad, por ejemplo, Internet se llena de ideas: manualidades, cuentos dulces, videos que explican con ternura el nacimiento del Niño Jesús. Todo invita a acercarles la fe desde lo amable, lo luminoso, lo fácil. Sin embargo, cuando llega la Semana Santa, a veces —con la mejor intención— evitamos mostrarles la Cruz. Como si el dolor no pudiera explicarse. Como si el amor llevado hasta el extremo no fuera también para ellos.

Sin embargo, lo es. Solo necesita ser traducido a su medida. Aquí te mostramos un Viacrucis en familia.

Un Viacrucis para orar en familia

Durante esta Semana Santa, Aleteia te invita a unirte en oración con tu familia a través de este Viacrucis reflexivo adaptado para que los más pequeños del hogar puedan entenderlo y, a la vez, unirse en oración. Además, las reflexiones son bastante cortas, por lo que no será difícil que mantengan la atención.

ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

Viacrucis-hijos-familia

A Jesús le acusan de algo que no ha hecho. ¿Te ha pasado alguna vez? Ese nudo en la garganta, esa rabia por dentro… Jesús lo sintió, pero mucho más fuerte. Y aun así, perdonó.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

ESTACIÓN: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

Jesús carga con una Cruz que no es suya. Es nuestra. Como cuando tú recoges algo que no rompiste o aceptas un castigo que no merecías.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

Se cae. Está cansado. Pero se levanta. Porque lo importante no es no caer, sino volver a levantarse siempre.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

Entre tanta gente, solo María se acerca de verdad. Pero hay algo aún más grande: cuando todos fallan, siempre hay alguien que no se va y no se va a ir nunca. Es el mismo Jesucristo. Él sabe lo que duele. Él nunca te va a fallar.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA A JESÚS

Un hombre ayuda a Jesús a llevar la Cruz. Tú también puedes hacerlo con pequeños gestos: ayudar en casa, obedecer, compartir.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

ESTACIÓN: LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

Verónica no tiene miedo. Se acerca, aunque otros se rían. Ser valiente es hacer el bien, aunque cueste. Y tú puedes serlo también hoy en el patio del colegio, defendiendo a un amigo o a alguien con el que están siendo injustos.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

Vuelve a caer. Duele más. Pero el amor le hace fuerte. Jesús sigue por ti.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS MUJERES

Hay días para llorar. No pasa nada. Pero recuerda: la felicidad completa no está aquí, está en el cielo.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

Otra vez al suelo. Como cuando tropiezas siempre en lo mismo. Pero Jesús se levanta. Y tú también puedes hacerlo con Él.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

10ªESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Le quitan todo. Pasa vergüenza. Cada vez que pecamos, le volvemos a humillar, le volvemos a hacer pasar vergüenza, le volvemos a hacer daño.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

11ªESTACIÓN: JESÚS ES CRUCIFICADo

Jesús ya no puede moverse. Está clavado. Pero su vida sigue teniendo todo el sentido. Escucha bien esto: la vida no vale por lo mucho que te mueves o por lo bien que te lo pasas. Una persona en una silla de ruedas o en una cama tiene el mismo valor, un valor de redención infinito.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

12ªESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Jesús muere. Pero antes de morir, te deja a su Madre. Para que nunca estés solo. Porque cuando estás al lado de tu madre sabes que has llegado a casa.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

13ªESTACIÓN: JESÚS ES DESCENDIDO DE LA CRUZ

Todo queda en silencio. A veces, en el silencio, es cuando mejor podemos escuchar a Dios.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

14ªESTACIÓN: JESÚS ES SEPULTADO

Dan sepultura al Señor. Todo parece oscuro. Pero María no se queda en la oscuridad. Ella mira con la luz de la fe, esa luz que le hace ver más allá. Tú también puedes hacerlo: no quedarte solo con lo malo que ves, sino confiar en Dios.

Lector: Señor, pequé.

Todos: Ten piedad y misericordia de mí.

Este camino no termina aquí. Aunque ahora no lo veas, la historia continúa. Y tú formas parte de ella.

Mar Dorrio, Aleteia

Vea también    Vía Crucis: En Compañía de los Santos