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domingo, 1 de marzo de 2026

Cuaresma, momento perfecto para vencer tus deseos egoístas

OBŻARSTWO

Cuanto más conquistemos nuestros deseos egoístas, más probable será que podamos dirigir nuestros pensamientos hacia Dios. La Cuaresma nos ayuda a vencerlos

Sea cual sea nuestra tendencia a los deseos egoístas, la Cuaresma sigue siendo un momento perfecto para trabajar en esas cualidades menos nobles de nuestra personalidad y esforzarnos por centrar nuestra atención más en Dios.

A pocos nos gusta admitir que somos egoístas. Tendemos a mantener una imagen impecable de nosotros mismos, pensando que en realidad no somos tan malas personas.

Aunque no seamos asesinos ni ladrones, es probable que nos sintamos tentados a ser orgullosos y, a veces, pensemos que nuestra forma de actuar es la mejor posible.

Vencer nuestros demonios internos durante la Cuaresma

San León Magno expone en una homilía sus razones por las que debemos aprovechar la Cuaresma como un tiempo de renovación espiritual personal:

"Porque tenemos muchos encuentros con nosotros mismos: la carne desea una cosa en contra del espíritu, y el espíritu otra cosa en contra de la carne. Y en este desacuerdo, si los deseos del cuerpo son más fuertes, la mente perderá vergonzosamente su dignidad propia, y será muy desastroso que sirva a lo que debería haber gobernado".

A menudo olvidamos que somos seres compuestos de cuerpo y alma, lo que significa que lo que hacemos con nuestro cuerpo afecta a nuestra alma. Si somos egoístas en nuestros deseos y dejamos que estos nos dominen, nuestra alma sufrirá y nos costará mucho resistir la tentación.

San León Magno explica a continuación que, si somos capaces de dominar nuestras pasiones internas, podremos vencer esas tentaciones y ordenar correctamente nuestras vidas:

"Pero si la mente, sometida a su Gobernante y deleitándose en los dones de lo alto, ha pisoteado los atractivos de los placeres terrenales y no ha permitido que el pecado reine en su cuerpo mortal, la razón mantendrá una supremacía bien ordenada, y ninguna estrategia de maldad espiritual derribará sus fortalezas: porque el hombre solo tiene verdadera paz y verdadera libertad cuando la carne está gobernada por el juicio de la mente, y la mente está dirigida por la voluntad de Dios".

Servir al Señor

A continuación, escribe:

"Al acercarnos, queridos hermanos, al comienzo de la Cuaresma, que es un tiempo para servir al Señor con mayor diligencia, porque estamos, por así decirlo, entrando en una especie de competición de buenas obras, preparemos nuestras almas para luchar contra las tentaciones y comprendamos que cuanto más celosos seamos por nuestra salvación, más decididos serán los ataques de nuestros adversarios".

Si vamos a hacer algo durante la Cuaresma, procuremos erradicar nuestras tendencias egoístas ordenando correctamente nuestras vidas, dejando que Dios reine sobre nosotros con su amorosa compasión.

Philip Kosloski, Aleteia

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¿A dónde llega el dinero de las cestas de misa? La Iglesia da una respuesta

La Iglesia católica gestiona muchas donaciones para ayudar a los más necesitados, entre ellas las monedas que se aportan tras cada homilía.

El dinero que se recoge en las misas tiene normalmente su destino en la propia parroquia.

El dinero que se recoge en las misas tiene normalmente su destino en la propia parroquia.

¿A qué se destina el dinero que se recoge durante la misa, normalmente los domingos?

Un significado litúrgico

La "colecta", como se denomina, no tiene una finalidad meramente económica. Forma parte de la misma liturgia

Es un rito que se celebra al comienzo de la Liturgia Eucarística, durante el ofertorio. La propia Instrucción General del Misal Romano señala que, mientras se prepara la oferta del pan y el vino que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, "también pueden recibirse dinero u otros dones para los pobres o para la iglesia, traídos por los fieles o recolectados en la iglesia, los cuales se colocarán en el sitio apropiado, fuera de la mesa eucarística" (n. 73).

Se trata de una tradición secular que tiene un doble significado:

  • por un lado, ayudar a las necesidades materiales de la comunidad parroquial;
  • por otro, expresar de forma concreta y palpable la caridad entre sus miembros.

¿A dónde va el dinero?

En efecto, las cantidades recolectadas durante la misa se destinan para dos finalidades principales:

  • una, el mantenimiento del templo (reparaciones, mejoras) y el propio coste de las celebraciones litúrgicas (luces, velas, ornamentos, limpieza, etc.);
  • dos, las necesidades de los miembros más pobres de la parroquia.

El dinero que se da en la iglesia, por tanto, es directamente administrado por el párroco o la comunidad religiosa a cargo del templo y sirve a sus fines. No va dirigido a las arcas de otras instituciones de la Iglesia. 

La conferencia episcopal, por ejemplo, establece que, "con carácter general, no es destinataria de fondos de aportaciones de fieles", ni de esa procedencia ni de otras, salvo "alguna ayuda puntual", pues "cuando alguien solicita dar un donativo, se reorienta a la diócesis correspondiente". Por ejemplo: en los presupuestos de la Conferencia Episcopal Española para 2025, solo recibió 14.500 euros de aportaciones de los fieles, para un total de ingresos de 6.011.163 euros: es decir, un 0,24%.

Dos tipos de colectas

Hay dos tipos de colectas, las ordinarias y las imperadas:

  • Las ordinarias son las que obedecen al propósito general antedicho y no tienen un fin concreto o determinado, aunque el párroco puede anunciar alguna colecta particular para la restauración de una imagen del templo o la reparación de una estructura y motivar así a los fieles;
  • Las imperadas o especiales sí tienen un destino específico, pero externo a la comunidad, y normalmente responden a peticiones de la Santa Sede o a campañas ordenadas por las diócesis para bien de entidades particulares, como el Día del Seminario, Infancia Misionera, Manos Unidas, el Óbolo de San Pedro, el Domund o el Día de la Iglesia Diocesana.

Reflejo contable

Estas donaciones voluntarias de los fieles, aunque no se hacen contra recibo (por razones operativas y por su mencionado significado litúrgico), se contabilizan de forma transparente

Las parroquias suelen tener protocolos instados por los distintos obispados, según los cuales:

  • Periódicamente (una vez a la semana, por ejemplo) se cuenta el dinero recabado por esa vía;
  • Se apunta esa cantidad en un documento firmado por dos o más miembros del equipo parroquial;
  • Se da entrada a esa cantidad en la contabilidad parroquial;
  • En su caso, si la cantidad es grande, se hace un ingreso bancario.

De esta forma, en los presupuestos parroquiales lo recaudado en las colectas de misa queda diferenciado de otros donativos individuales (de los que sí se extiende recibo, nominal o anónimo) o de otros ingresos provenientes de la diócesis o de servicios prestados (alquiler de locales, cursos, etc.).

ReL

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Ángelus del Papa 1 de marzo 2026


PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Domingo, 1 de marzo de 2026

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El Evangelio de la liturgia de hoy compone para todos nosotros un icono lleno de luz, narrando la Transfiguración del Señor (cf. Mt 17,1-9). Para representarlo, el evangelista sumerge su pluma en la memoria de los apóstoles, pintando a Cristo entre Moisés y Elías. El Verbo hecho hombre se encuentra entre la Ley y la Profecía; él es la Sabiduría viviente, que lleva a cumplimiento cada palabra divina. Todo lo que Dios ha mandado e inspirado a los hombres encuentra en Jesús su manifestación plena y definitiva.

Como en el día del bautismo en el Jordán, también hoy escuchamos la voz del Padre en el monte, que proclama: «Este es mi Hijo muy querido», mientras el Espíritu Santo cubre a Jesús con una «nube luminosa» (Mt 17,5). Con esta expresión, realmente singular, el Evangelio describe el estilo de la revelación de Dios. El Señor, cuando se manifiesta, nos revela su magnificencia; frente a Jesús, cuyo rostro brilla «como el sol» y cuyas vestiduras se vuelven «blancas como la luz» (cf. v. 2), los discípulos admiran el esplendor humano de Dios. Pedro, Santiago y Juan contemplan una gloria humilde, que no se exhibe como un espectáculo para las multitudes, sino como una confidencia solemne.

La Transfiguración anticipa la luz de la Pascua, acontecimiento de muerte y de resurrección, de tinieblas y de luz nueva que Cristo irradia sobre todos los cuerpos flagelados por la violencia, sobre los cuerpos crucificados por el dolor, sobre los cuerpos abandonados en la miseria. En efecto, mientras el mal reduce nuestra carne a una mercancía o a una masa anónima, precisamente esta misma carne resplandece con la gloria de Dios. El Redentor transfigura así las llagas de la historia, iluminando nuestra mente y nuestro corazón. ¡Su revelación es una sorpresa de salvación! ¿Aún nos atrae? El verdadero rostro de Dios, ¿encuentra en nosotros una mirada de admiración y de amor?

El Padre responde a la desesperación del ateísmo con el don del Hijo Salvador; el Espíritu Santo nos rescata de la soledad agnóstica ofreciéndonos una comunión eterna de vida y de gracia; frente a nuestra fe débil, se encuentra el anuncio de la resurrección futura. Esto es lo que los discípulos habían visto en el fulgor de Cristo, pero para comprenderlo se necesita tiempo (cf. Mt 17,9). Tiempo de silencio para escuchar la Palabra, tiempo de conversión para gustar de la compañía del Señor.

Mientras experimentamos todo esto durante la Cuaresma, pidamos a María, Maestra de oración y Estrella de la mañana, que custodie nuestros pasos en la fe.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Sigo con profunda preocupación lo que está sucediendo en Oriente Medio y en Irán en estas horas dramáticas. La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable.

Ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones, hago un llamamiento encarecido a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. Que la diplomacia recupere su papel y se promueva el bien de los pueblos, que anhelan una convivencia pacífica, basada en la justicia.

En estos días llegan además noticias preocupantes de enfrentamientos entre Pakistán y Afganistán. Elevo mi súplica por un urgente retorno al diálogo. Recemos juntos para que prevalezca la concordia en todos los conflictos del mundo. Solo la paz, don de Dios, puede sanar las heridas entre los pueblos.

Estoy cerca de la población del estado brasileño de Minas Gerais, afectada por violentas inundaciones. Rezo por las víctimas, por las familias que han perdido sus hogares y por todos los que participan en las operaciones de socorro.

Saludo con afecto a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países, en particular al grupo de cameruneses que viven en Roma, acompañados por el presidente de la Conferencia Episcopal de ese país, que, si Dios quiere, tendré la alegría de visitar en el mes de abril.

Doy la bienvenida a los fieles de la diócesis de Iaşi, en Rumanía; a los de Budimir cerca de Košice, en Eslovaquia; a los de Massachusetts, en Estados Unidos; y a la Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, de Jaén, en España.

Saludo a los fieles de Nápoles, Torre del Greco y Afragola, de Caraglio y Valle Grana, de Comitini, Crotone, Silvi Marina y de la parroquia de San Luigi Gonzaga en Roma; así como a los jefes scouts del grupo “Val d'Illasi”, cerca de Verona, y a los jóvenes de Faenza que han recibido la Confirmación.

¡A todos les deseo un buen domingo!

 (vatican.va)





Evangelio del día - Domingo 2 de Cuaresma A - ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa Dominical presencial?

 


Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 

Génesis 12, 1-4a

En aquellos días, dijo el Señor a Abram: “Deja tu país, a
tu parentela y la casa de tu padre, para ir a la tierra que
yo te mostraré. Haré nacer de ti un gran pueblo y te bendeciré.
Engrandeceré tu nombre y tú mismo serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan.
 En ti serán bendecidos todos los pueblos de la tierra”. Abram partió,
como se lo había ordenado el Señor.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 

2 Timoteo 1, 8b-10

Querido hermano: Comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios. Pues Dios es quien nos ha salvado y nos ha llamado a que le consagremos nuestra vida, no porque lo merecieran nuestras buenas obras, sino porque así lo dispuso él gratuitamente.

Este don, que Dios nos ha concedido por medio de Cristo Jesús desde toda la eternidad, ahora se ha manifestado con la venida del mismo Cristo Jesús, nuestro Salvador, que destruyó la muerte y ha hecho brillar la luz de la vida y de la inmortalidad, por medio del Evangelio.

Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Mateo

Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.

Las palabras de los Papas

La “luminosidad” que caracteriza este evento extraordinario simboliza el objetivo: iluminar las mentes y los corazones de los discípulos para que puedan comprender claramente quién es su Maestro. Es un destello de luz que se abre de repente sobre el misterio de Jesús e ilumina toda su persona y toda su historia. (…) Jesús transfigurado sobre el monte Tabor quiso mostrar a sus discípulos su gloria no para evitarles pasar a través de la cruz, sino para indicar a dónde lleva la cruz. Quien muere con Cristo, con Cristo resurgirá. Y la cruz es la puerta de la resurrección. Quien lucha junto a Él, con Él triunfará. Este es el mensaje de esperanza que la cruz de Jesús contiene, exhortando a la fortaleza en nuestra existencia. La Cruz cristiana no es un ornamento de la casa o un adorno para llevar puesto, la cruz cristiana es un llamamiento al amor con el cual Jesús se sacrificó para salvar a la humanidad del mal y del pecado. En este tiempo de Cuaresma, contemplamos con devoción la imagen del crucifijo, Jesús en la cruz: ese es el símbolo de la fe cristiana, es el emblema de Jesús, muerto y resucitado por nosotros. Hagamos que la cruz marque las etapas de nuestro itinerario cuaresmal para comprender cada vez más la gravedad del pecado y el valor del sacrificio con el cual el Redentor nos ha salvado a todos nosotros.  (Francisco - Angelus, 12 de marzo de 2017)

(vatican.va

Reflexión sobre la acuarela

Puede parecer casi sorprendente que la Iglesia ponga ante nosotros el radiante misterio de la Transfiguración en el corazón de la Cuaresma. Estamos ayunando, haciendo limosna, caminando con paso firme hacia la Cruz, y de repente nos vemos bañados por la luz. Pero quizá sea ése precisamente el sentido. Antes de llegar al Calvario, vislumbramos la gloria. En el Evangelio, Jesús conduce a Pedro, Santiago y Juan lejos de las orillas familiares de Galilea y a una alta montaña. Las montañas en las Escrituras nunca son accidentales; siempre son lugares de revelación. Y allí, en ese momento luminoso, Pedro suelta lo que muchos de nosotros sentiríamos: “Señor, es maravilloso que estemos aquí”. Es el grito instintivo del corazón cuando el cielo parece estar muy cerca. Me encantan las reacciones de Pedro en esta lectura.

Profundamente conmovido, Peter quiere actuar de inmediato. Quiere hacer algo. Quiere construir tres tiendas, preservar el momento, ayudar, contribuir. Es una respuesta muy humana. Cuando la gracia nos toca, queremos asegurarla, organizarla, tal vez incluso controlarla. Pero lo que Pedro presenció en la montaña no fue un momento de construcción; es un momento de contemplación. Antes de que Pedro pudiera siquiera empezar a construir, la voz del Padre interrumpe: “Este es mi Hijo, el Amado... escúchale”. Algunos encuentros con Dios no son para pasar a la acción, simplemente están ahí para saborearlos, para disfrutarlos. Cuando renunciamos al impulso de querer siempre 'hacer algo' y tomar las riendas, cuando simplemente nos quedamos en silencio maravillados, algo puede cambiar dentro de nosotros. La luz puede asentarse más profundamente en la quietud. Y ese corazón que escucha en silencio es lo que nos sostendrá cuando la montaña dé paso al camino que lleva a Jerusalén... ese es nuestro viaje cuaresmal...

Nuestra acuarela de David Roberts muestra este viaje a Jerusalén. Vemos peregrinos a la izquierda en lo alto de una colina, mirando hacia la ciudad sagrada. Sus tejados y agujas brillan en la distancia. Desde esta posición elevada, el camino parece claro y atractivo, pero el camino a Jerusalén no es recto y atraviesa llanuras lisas. Atraviesa valles, serpentea alrededor de ríos y sortea terrenos rocosos, recordándonos que la peregrinación de la fe exige esfuerzo, resistencia y confianza. Al igual que estos viajeros en la ladera de la colina deben dejar la comodidad de la cima y abrirse camino hacia abajo, hacia los desafíos de abajo, así nuestro viaje cuaresmal nos llama no sólo a admirar la luz prometida de la Pascua, sino a caminar por los valles del arrepentimiento, la oración y la transformación que nos llevan hasta allí.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración  

"...Señor, es bueno estar contigo, pero mejor aún, Señor, es tener la certeza de que estás conmigo en la vida por tu gracia, por tu amor. Es bueno estar seguro de que también mi rostro ha de ser un rostro transfigurado, iluminado, resplandeciente en la medida en que tú me vas transformando. Libremente, alegremente, jubilosamente te suplico que yo me vaya identificando cada vez más contigo hasta el punto de poder decir con los apóstoles: "Qué bien estamos aquí Señor. Danos la fuerza de entrar contigo en el camino hacia el calvario". Amén."

(cf. P. Ignacio Larrañaga)