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miércoles, 10 de junio de 2026

León XIV explica ante los voluntarios el don de la gratuidad

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Ante 15 mil voluntarios que prestaron su servicio durante la estancia del Papa en Madrid, León XIV reocrdó que el cristiano tiene un llamado a la generosidad

"Los cristianos estamos llamados a llevar al mundo la levadura de la generosidad", dijo el Papa León XIV a los voluntarios en Madrid el 9 de junio de 2026, cuarto día de su visita a España. Antes de partir hacia Barcelona al mediodía, agradeció efusivamente a los donantes y voluntarios que habían contribuido durante su estancia, considerándola un modelo de "desarrollo humano integral".

I.Media, Aleteia

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Una marea de esperanza inunda el Bernabéu con el Papa: «Habéis hecho un golazo para siempre»

León XIV se reunió con la comunidad diocesana de Madrid en un evento para la historia.

"De aquí tiene que salir un lema: ¡Contigo, León, un solo corazón!", propuso Christian Gálvez, que presentó el encuentro.


    Está claro que este 8 de junio el Bernabéu no saltó y vibró por un fuera de juego ni por una de esas míticas remontadas, tan propias de este estadio, en el minuto noventa. Este lunes, el crujido general fue otro bien distinto. 

    El murmullo eléctrico de cerca de setenta mil almas era porque había venido el Papa, nada más y nada menos que el Vicario de Cristo en la tierra, y eso no pasa todos los días.

    Una historia más grande

    Sobre el escenario, Jorge Blass comenzó recreando con una baraja de cartas el asombro cotidiano de la fe. Esta vez, no había bastos ni espadas: el juego llevaba el rostro coronado de la Virgen de la Almudena. —Hay momentos en la vida donde formamos parte de una historia más grande —dijo el mago, y la frase quedó como flotando en el aire. A su lado, Patricia Pardo, la presentadora, lucía un traje de riguroso "amarillo vaticano".

    Un gran estadio daba acogida al gran pueblo de Dios. —El rostro cercano que vamos a recibir nos demuestra que estamos más unidos que nunca: ¡Madrid con el Papa! —apuntó su pareja, Christian Gálvez, el de Pasapalabra.

    Un niño peruano saluda al Papa en el Bernabéu.

    Un niño peruano saluda al Papa en el Bernabéu.VATICAN MEDIA

    Y el Bernabéu estalló por primera vez. Un grito profundo, que no era el típico grito del hincha desesperado que pide un gol; sino el del que quiere ver al Papa para que le confirme en la fe.

    Se mencionó a las diócesis hermanas de Getafe y Alcalá de Henares, y el estadio se fragmentó en varios sectores de júbilo. Los jóvenes de la periferia sur y del corredor del Henares saltaron sobre sus asientos, agitando pancartas y banderas, demostrando que Madrid, en la fe, no se acaba en la M-30.

    Justo este lunes, la Providencia había querido algo genial. En unas horas, las selecciones de España y Perú se iban a medir en un amistoso previo al Mundial, de hecho, la franja de los voluntarios recordaba tanto a la equipación del país sudamericano, del que León XIV también tenía nacionalidad.

    Y Quintero cantó para Dios

    El ritmo en el estadio cambió de velocidad cuando la megafonía dio paso a los más pequeños. Salieron niños que contaban cómo vivían a Dios en las aulas, entre exámenes y recreos. Uno de ellos confesó que era monaguillo. "Y gracias a ello —explicó—, estoy mucho más atento a lo que pasa en el altar". El chaval terminó con un resuelto: "¡Viva el Papa!". Y hasta las mujeres del orden soltaron una irrefrenable sonrisa de ternura.

    En las pantallas aparecieron los Hermanitos del Cordero. Y, en el escenario, cantó la familia Valiván. El grupo invocó al Espíritu Santo: "Ven, ven, ven", y el estadio, con el techo cerrado, se convirtió en una inmensa caja de resonancia. Invitaron al público a aplaudir. La gente se sabía todas, y sacaron sus muñecos... haciendo que todos los católicos, por un momento, regresaran a la infancia.

    El Papa aplaude a los sacerdotes que entonaron el himno del Convivium.

    El Papa aplaude a los sacerdotes que entonaron el himno del Convivium.VATICAN MEDIA

    Hasta que, de pronto, el color lo inundó todo. Apareció una comitiva de señoras y señores ataviados con trajes típicos de todos los países de Hispanoamérica, y de otros tantos países europeos, como de Rumanía o Polonia, lugares de procedencia de muchos de los inmigrantes que viven en Madrid.

    Y la iluminación pareció concentrarse en un único punto del inmenso escenario. Íñigo Quintero se situó en el centro. Estaba solo, como metáfora, tantas veces, de la existencia humana. Arrancó con los primeros acordes de su canción Si no estás, ese tema que nació en las redes sociales, para Dios, y que terminó convirtiéndose en todo un himno mundial.

    Entonces, las pantallas conectaron en directo con la Catedral de la Almudena. Allí, el Papa cumplió con un gesto histórico: la entrega de la Rosa de Oro a la patrona de la archidiócesis. Fue un momento, digamos, de alta densidad devocional.

    "¡Contigo, León, un solo corazón!"

    Mientras, en el estadio, los pasos de Jesús de Medinaceli y el de la Virgen de la Almudena comenzaron a ser bailados por sus anderos. Lo hacían bajo los sones de una música moderna que no terminaba de encajar. Además, los grupos folclóricos se unían al baile en el césped. Quizá habría sido mejor separar ambos mundos un poco más en el tiempo, otorgándole una solemnidad que, a juicio de algunos, quedó un tanto desdibujada.

    Y sonó el clásico Ven con nosotros a caminar, rebautizado por la megafonía con un compás más actual, mientras el humorista Santi Rodríguez intentaba rebajar la tensión de la espera haciendo bromas desde el estrado sobre los yogures sin lactosa y otras cotidianidades.

    La alegría del Papa con la comunidad diocesana de Madrid.

    La alegría del Papa con la comunidad diocesana de Madrid.VATICAN MEDIA

    —¡Su Santidad ya está pisando el Bernabéu! —anunció de pronto Christian Gálvez, contagiado por el entusiasmo del público.—De aquí tiene que salir un lema: ¡Contigo, León, un solo corazón!—, propuso el presentador.

    León XIV apareció. Esta vez no lo hacía en el papamóvil sino subido a un pequeño buggy "artesanal". Al Santo Padre se le notó pronto un gesto de prudente recelo, quizá tenía algo de miedo ante el balanceo de aquel pequeño cochecito.

    La marea humana se abalanzó sobre él. Al Papa se le ofrecían niños en volandas, por encima de las vallas, como en la mítica escena de El Rey León. Y, entre la multitud, destacó un chavalín, con la camiseta del Real Madrid, que sostenía con las dos manos un cartel donde se podía leer: "Chiclayo, Perú".

    Daniel Diges, la voz prodigiosa de Diana Navarro y un entregado David Bustamante entonaron el himno oficial Alza la mirada. La música envolvió al Papa mientras las gradas entonaban el cántico de los cánticos en las jornadas juveniles: "¡Esta es... la juventud del Papa!".

    El Papa saludó y los presentes quisieron aceptar el enorme reto de superar el histórico aplauso que había recibido en su reciente visita al Congreso. Estaba claro, la grada tenía que ganar a los políticos. El estruendo era atronador.

    Imagen para el recuerdo.

    Imagen para el recuerdo.VATICAN MEDIA

    En una de las esquinas del estadio, la improvisada "grada de animación católica" lideró la fiesta con cánticos futboleros adaptados para la ocasión: "¡Oé, oé, oé!".

    Y el cardenal José Cobo tomó la palabra. —Esta es la Iglesia de Madrid —dijo, y las gradas volvieron a venirse abajo. Cobo hiló la historia de la villa con el bautismo, con una bella analogía conectándolo con el viejo acuífero subterráneo que corre bajo el subsuelo de Madrid.

    Tras sus palabras, el estrado se llenó de sotanas y alzacuellos. Un nutrido grupo de sacerdotes interpretó el himno del Convivium, la reunión diocesana de curas madrileños celebrada este año en la ciudad. Al terminar, rompieron filas y corrieron en masa, emocionados, hacia el Santo Padre.

    "Porque hoy la fe no entiende de pitidos finales", dijo Gálvez. Y, de repente, en la megafonía se escuchó a los narradores del FIFA, sí, el videojuego de toda la vida. El personal sacó de la nada dos porterías y comenzaron a lanzar y meter goles. Era la pasión del deporte unida a la fe y a la alegría del Evangelio.

    Como una Biblia abierta

    Una familia subió al estrado. —Somos de Perú —dijeron, y el estadio volvió a estallar en una ovación que abrazó las dos orillas del Atlántico. Quizá, pensarían muchos, gracias a este viaje a España, al Papa se le había permitido lo que, seguramente, más le hubiera gustado seguir haciendo toda su vida: ser un simple misionero. La familia peruana tomó el micrófono para dar las gracias a España. "Por habernos hecho sentir tan acogidos".

    Pero, uno de los aplausos más grandes de la noche se lo llevó Álvaro. El año pasado se bautizó, recibió la primera comunión, se confirmó y, por si fuera poco, anunció que se casaría en nada

    Y sonó de fondo Iglesia peregrina de Dios, pero con más flow. El viaje de León XIV estaba sirviendo, al menos en Madrid, para escuchar toda una panoplia de revivals de los míticos cantos de misa de parroquia pero muchísimo más animados

    Y se hizo el silencio. El Papa se acercó al micrófono. Mientras, hasta Real Madrid Televisión retransmitía en directo la señal para todo el planeta. Llegó el momento más esperado, el más natural y humano. El Papa "alzó la mirada", y dijo improvisando, rompiendo el guión:

    —Creo que hacer un gol aquí tiene que ser algo increíble... pues bien, hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo para siempre—.

    Ya metido en su discurso, León XIV invitó a la Iglesia madrileña a vivir la unidad como una "polifonía" capaz de integrar diferencias, defendiendo una comunidad que transforme la diversidad en riqueza y no en división. El Papa insistió en que la alegría cristiana debía ser un modo estable de vivir, afirmando que "vuestra alegría será contagiosa si se convierte en un modo estable de ser"

    Reivindicó, además, la misión en la gran ciudad y el discernimiento comunitario, alertando contra una vida eclesial convertida en rutina sin Espíritu. Pidió a los católicos ser "como una Biblia abierta" para quienes los rodean, recordando que el amor sigue siendo el lenguaje universal que hace que todos se sientan en casa.

    La gran tarde en el Bernabéu llegaba a su fin. León XIV se colocó la estola roja sobre los hombros para bendecir. El ambiente festivo se transformó en un gran templo de recogimiento. Todos se pusieron en pie, rezaron un padrenuestro y bajaron la cabeza. Era casi de noche y las notas del himno de la Almudena volvieron a sonar. El partido había terminado, ahora tocaba seguir entrenando... hasta la próxima vez.

    Juan Cadarso, ReL