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miércoles, 18 de febrero de 2026

El santuario que cautiva a León XIV: está en Extremadura y acogió a 32.000 peregrinos en 2025

Desde el 29 de enero, el Papa León XIV ya cuenta con el nuevo documental sobre el suceso, «Una luz en España. Chandavila… Aquello sucedió»

José Rodríguez Carballo, arzobispo de Mérida-Badajoz, bendiciendo en 2025 los terrenos que acogerían una casa para peregrinos del santuario de La Codosera.

José Rodríguez Carballo, arzobispo de Mérida-Badajoz, bendiciendo en 2025 los terrenos que acogerían una casa para peregrinos del santuario de La Codosera

El 22 de agosto de 2024, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó “Una luz en España”. Un documento dirigido a Monseñor José Rodríguez Carballo y firmado por el prefecto Víctor Manuel Fernández y el mismo Papa Francisco, en el que se reconocía la “riqueza espiritual” del santuario de Chandavila (Badajoz, España). Un lugar que apenas 80 años antes había sido el lugar donde la Virgen María se habría aparecido a Marcelina Barroso Expósito, una humilde niña de 10 años que escuchó atónita la pregunta de la “Señora luminosa”: “¿Te quieres venir conmigo?”.

Lejos de encontrarse en el olvido, los relatos de las apariciones se encuentran en una dinámica de interés creciente. Especialmente tras la aprobación vaticana y el más reciente estreno del documental “Una luz en España Chandavila, aquello… sucedió”, que en los últimos días habría captado el interés el mismo Papa León XIV.

Hasta el punto capta el interés de los peregrinos que, de los 64.783 peregrinos que en 2025 visitaron los ocho lugares jubilares decretados en la archidiócesis de Mérida-Badajoz, cerca del 50% lo eligieron: con cerca de 32.000 visitantes, Chandavila se ha consolidado como el destino de mayor devoción y afluencia, duplicando el impacto del resto de templos de la región.

Según se desprende del propio documental, todo comenzó el 27 de mayo de 1945, cuando la joven Marcelina Expósito y su prima, Agustina González, se dirigían al caserío del Marco, a unos 3 km de La Codosera.

De camino, Marcelina observó un bulto en un castaño. Si bien al principio le restó importancia, a la vuelta vio a la Virgen de los Dolores elevada sobre el castaño, mirando hacia el pueblo.

Marcelina acudió al día siguiente a Chandavila, acompañada por varios vecinos. Ese día no vio nada. Al día siguiente, la joven volvió y cayó en un profundo éxtasis. Hasta el 4 de junio, Marcelina estuvo viendo a la Virgen todos los días. En las alturas llevaba un manto de Dolorosa cuajado de estrellas y una corona en la que lucían tres estrellas.

Tras presentir que debía volver para escuchar un importante mensaje, la niña volvió a Chandavila y durante la mañana el día 4, la Virgen se apareció y pospuso la cita a las 3 de la tarde, encomiando a Marcelina a postrarse de rodillas y desplazarse así hasta el castaño cercano.

Al llegar, entró en éxtasis. “He visto una capilla blanca, pequeñita, con un altar y una imagen de la Virgen… Era bellísima.” La Virgen le pidió que hicieran allí una ermita y que dentro de tres meses se celebrara una misa. Le mostró lo que había de construirse, como quien revela los planos de una obra divina.

Durante el camino, la joven se desplazaba milagrosamente, sin hacerse daño en las rodillas pese a los castaños y las piedras afiladas del camino. Ella declaró que la Virgen le había colocado una alfombra de hierba para que no se haría daño.

Cuando volvió, los vecinos le preguntaron por lo que acababan de ver “Ay, Marcelina, hija mía, ¿cómo traerás las rodillas, cariño?” “Ay, no, no, no. Si yo iba por una alfombrita toda verdita, tan fresquita”, respondía la niña.

"El resplandor era tal que creía asfixiarme"

Llegado el momento anunciado, comenzó la aparición ante la exclusiva mirada de Marcelina. Nadie salvo ella lo vio, relatando posteriormente que se formó una nube misteriosa y se partió quedando la Virgen sobre el firmamento.

“La Señora fue bajando dulcemente hasta colocarse encima del castaño. Al llegar a él, vi cómo se abriría y al fondo vi una capilla bastante grande con su coro, lámparas, retablo y a la Virgen bajando del altar mayor. Se acercó a mí y me preguntó: “¿Te quieres venir conmigo?” “Sí, señora”, le dije. La Virgen se sonrió y me besó. Sentí su calor al acercarse a mí. La Virgen tenía cuerpo como nosotros y sentí que al acercarme y besarme me hizo cosquillas con la puntilla que tenía alrededor de su cara”, expresaría la niña.

El día 5 volvió a ver a la Virgen, también al Señor en diversos momentos de la Pasión y cargando con la cruz, ante la incredulidad de no pocos vecinos.

Algunas personas eran escépticas, entre ellas Afra Brígido, que entonces tenía 17 años. Afra manifestaba su incredulidad siempre que tenía ocasión. El día del Corpus, mientras se mofaba de las apariciones, cayó en éxtasis durante 10 minutos.

Al recobrar la conciencia afirmó: “He visto a la Santísima Virgen de los Dolores. Aparecía de perfil con el rostro volviendo hacia la derecha y luego descendió hacia mí, tan cerca que decidí ir hacia ella, cayendo desmayada. El resplandor que traía creía que me asfixiaba”.

Desde entonces, según se relata en el portal de Chandavila, Afra vivió una vida marcada por los estigmas de Cristo que aparecieron en su cuerpo. Sangraban cada viernes y en fechas señaladas. Su vida fue de silencio, penitencia, y reparación. “Un alma escondida, elegida por Dios para mostrar el rostro doliente del amor”, se dice de ella.

Milagros y episodios extraordinarios 

Durante semanas y meses, cientos de personas presenciaron hechos extraordinarios:

• El sol giraba y descendía, como ocurrió en Fátima.

• Se vieron luces celestiales, ángeles y cruces luminosas.

• Una imagen de piedra de la Virgen cobró vida ante un médico escéptico.

• Una joven quedó ciega al burlarse… y, tras su conversión, recuperó la vista.

• Se escuchaban cánticos sin fuente visible.

• Algunos vieron la Sagrada Custodia suspendida en el aire.

Y junto a ello, se pone especial énfasis en testimoniar el cambio en las almas: “Se multiplicaban las confesiones, las conversiones, las vocaciones. La madre de Marcelina, profundamente conmovida, regresó a la fe y donó el primer sagrario del futuro santuario”.

El milagro del sol y los estigmas permanentes

El primer sábado de julio, tanto Marcelina como Afra volvieron a tener visiones. Aquel día también se sucedió un prodigio que ya se había producido en Fátima: la danza del sol. El sol comenzó a girar vertiginosamente y el valle tomó distintos matices.

El gran signo que la Virgen realizaría sería la estigmatización permanente en las manos, pies y costado de Afra.

Fue en la ermita de la Virgen de la Ribera, en la vecina población de Villar del Rey, durante el rezo del cuarto Misterio doloroso del Santo Rosario.

El reconocimiento eclesial

Los apariciones de la Virgen y de la Pasión de Cristo se repitieron durante el verano, como consta en los archivos que se custodian en el santuario.

El obispo de Badajoz, Monseñor José María Alcaraz y Alenda, autorizó que se levantara un gran santuario en el lugar de la aparición.

Afra vivió en Madrid hasta su muerte, dedicó su vida a los pobres y necesitados. Falleció el 23 de agosto de 2008 y sus cenizas descansan en el santuario. Marcelina consagró su vida en la congregación de las Hermanas de la Cruz.

Chandavila ha sido desde entonces uno de los santuarios más visitados de la archidiócesis de Mérida-Badajoz.

José María Carrera, ReL

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Hay varios tipos de silencio, pero hay dos que destacan

 

Mężczyzna na tle ceglanej ściany udaje, że zamyka sobie usta.
El silencio es una actitud que puede presentarse de dos tipos diferentes y que pueden dañar o beneficiar, según se utilicen y el momento en el que surjan

Hay un silencio negativo, que es el de la persona enfadada, descontenta con todo, que cuando abre la boca, parece una bomba atómica.

"Nadie le hace caso y esta persona se encierra en sí misma, no habla con nadie. Sus gestos, su mirada, su forma de caminar o de cerrar la puerta dicen todo sobre la rabia que lleva dentro".

Este silencio es terrible, y cuando estas personas se aíslan, no sabemos qué vendrá cuando salgan de su silencio… prepara el paraguas, que vienen tormentas. Debemos huir de este aislamiento de miedo, de agresividad. Es como el perro, cuando tiene miedo se esconde en la perrera, esperando el contraataque.

Sin embargo, también existe un silencio positivo, que es el silencio del amor, de la comprensión y de la atención al otro. Cerca de los hospitales hay una señal que prohíbe tocar el claxon, ¿por qué? Para no molestar a los enfermos. O, después de cierta hora, se prohíbe el ruido para permitir que los residentes descansen; o en la iglesia, que es el lugar preferido para el silencio, para que la gente pueda rezar.

Una lección del Papa

No respetar el silencio es una falta de educación. Pero en Gaudete et exultate, el Papa Francisco quiere llamarnos la atención sobre el "aislamiento", que hoy en día es señal de una inadaptación a la convivencia humana. Los medios de comunicación se están convirtiendo en medios de "descomunicación".

Jóvenes o menos jóvenes, que pasan todo el día encerrados en su habitación frente al ordenador, viajando mentalmente o en red por todo el mundo, creando dependencia y construyendo para sí mismos un mundo de ilusiones que no favorece la verdadera comunicación.

Debemos tener mucho cuidado y saber discernir cuándo el silencio es negativo y cuándo es positivo.

Silencio y oración

En realidad, el silencio es el corazón de la oración. Lo necesitamos para tomar decisiones, para encontrarnos con nosotros mismos, para reequilibrar los momentos de nuestra fragilidad. En este caso, no es un silencio que nos aleja ni de los problemas de los demás ni de nuestra cooperación en la construcción del reino de Dios.

Los monjes, los ermitaños, las monjas de clausura no buscan el silencio para aislarse, sino para crear una red espiritual de comunicación con toda la humanidad. Para vivir bien la vida de comunión necesitamos momentos de gran silencio.

Paulo Teixeira, Aleteia

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La fe ilumina los Juegos de invierno de Milán-Cortina 2026: «Estoy aquí para dar gloria a Dios»

En los Juegos que se celebran del 6 al 22 de febrero, son muchos los atletas que hacen gala pública de su fe y práctica religiosa. 

Jadin O'Brien, Sam Morse o Maxim Naumov, algunos de los atletas que comparten su fe durante los Juegos de invierno de este 2026.

Jadin O'Brien, Sam Morse o Maxim Naumov, algunos de los atletas que comparten su fe durante los Juegos de invierno de este 2026

Desde el pasado 6 de febrero y hasta el próximo 22, las ciudades italianas de Milán-Cortina d'Ampezzo acogen una nueva edición de los esperados Juegos de Invierno. Tanto esta como los Paralímpicos -del 6 al 15 de marzo de 2026- concentran buena parte de la atención mundial de medios e instituciones. Y como recoge Lauretta Brown, no pocos atletas emplean esta ocasión para hacer gala de una fe y virtud que impulsa su exigencia, superación e inconformismo.

Es en caso de Britta Curl-Salemme, jugadora de hockey de Minnesota Frost, que a sus 25 años no duda en remarcar su vida de fe como algo imprescindible.

“Creo que mi vida sería bastante caótica y estresante si no tuviera algo estable y constante a lo que recurrir y que me fortalezca, y eso es mi fe católica. Solo la rutina de por la mañana: me levanto y lo primero que hago es leer la Biblia”.

Buscando modelos a seguir en su fe, se inspiró en el ejemplo de la “fe tranquila” de su madre que es evidente en “la forma en que vive”, y el ejemplo de los santos, especialmente Santa Teresita de Lisieux, quien “reavivó” su fe en la universidad y “fue la primera santa a la que realmente me apegué”.

Lejos de mirar su fe solo como una práctica de la que servirse, reconoce incluir la faceta evangelizadora entre su vocación y quehaceres olímpicos y deportivos de alto nivel.

“Ha sido genial que Dios me haya dado esta oportunidad para salir y hablar de mi fe o incluso ser un ejemplo”, mencionó. “No soy de las que necesitan hablar de ello abiertamente todo el tiempo, pero creo que mis compañeros me ven yendo a misa con regularidad y, con suerte, demostrando virtud y siendo una buena compañera, y creo que eso abre la puerta a muchas conversaciones”.

La fe renovada de Jadin O'Brien

Otra de las atletas más destacadas de la selección estadounidense es Jadin O'Brien, especializada en la disciplina de bobsleigh. Ya desde su infancia fortaleció su fe al enfrentarse a una enfermedad rara, por la que una infección estreptocócica le hizo desarrollar trastornos neuropsiquiátricos que la sumieron, según ella misma, en un oscuro estado que llevó a sus padres a consultar incluso a un exorcista.

Finalmente la infección remitió. “Lo describiría como si volviera a tener una luz”, recordó. “Pude mirar la vida e interesarme por las cosas, sonreír y charlar con la multitud y, de hecho, pensar sin estar absolutamente aterrorizado por todo”.

Al hablar de su carrera en el atletismo, declaró al Milwaukee Catholic Herald en 2023: «Mi fe es lo que me mantiene tranquila antes y durante las grandes competiciones. El atletismo me ha ayudado a fortalecer mi fe, poniéndome en situaciones donde puedo poner en práctica mis creencias».

“Antes de cada competencia de atletismo, me pongo agua bendita en el pulgar y me persigno en cada lugar donde voy a competir”, añadió. “El atletismo ha fortalecido mi fe porque confío mucho en ella antes y durante la competición”.

A sus 23 años, Jadin O'Brien es la integrante más joven del equipo femenino de bobsleigh de Estados Unidos que compite en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026.

A sus 23 años, Jadin O'Brien es la integrante más joven del equipo femenino de bobsleigh de Estados Unidos que compite en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026.JADIN O'BRIEN.

De cara a sus primeros Juegos Olímpicos, dijo en una entrevista reciente que su fe es parte de su enfoque. "Como en cualquier gran competición en la que he participado, he tenido la misma mentalidad: eliminar las distracciones, sumergirme en mi fe y luego simplemente dejar de pensar y simplemente actuar", dijo. "Es entonces cuando doy lo mejor de mí".

Meyers Taylor, en busca de "una vida como la de Cristo"

También miembro integrante del equipo de bobsleigh femenino es Elana Meyers Taylor, la atleta negra más condecorada en la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno, con tres medallas de plata y dos de bronce en sus anteriores Juegos Olímpicos.

La atleta ha reconocido primar su fe y su familia sobre la ansiada medalla de oro, como hizo en 2024: “Dios me puso aquí por una razón específica, y no creo que sea solo para ganar medallas. Al final, estoy en este deporte para glorificar a Dios, así que si eso significa quedar en último lugar o ganar la medalla de oro, eso es lo que haré”.

Meyers Taylor, de 41 años, es madre de dos hijos con su esposo, el también atleta de bobsledder Nicholas Taylor. Sus hijos, Nico y Noah, nacieron sordos, y el primero de ellos, nacido en 2020, tiene síndrome de Down.

“Rezo antes de cada carrera, cada vez que llego a la meta”, dijo en una entrevista de 2022 con The Wall Street Journal . “Trabajo a diario para vivir una vida como la de Cristo”.

Al regresar a los Juegos Olímpicos, dijo que quiere demostrar lo que es posible como madre de un niño con necesidades especiales. "Quiero que la gente vea a Nico y la alegría que tenemos en nuestras vidas. Puede ser difícil, pero también quiero demostrar que se puede lograr. No cambiaría nuestra trayectoria por nada del mundo", declaró.

Naumov, con la cruz "pase lo que pase"

Otra poderosa historia de fe es la que protagonizó y difunde Maxim Naumov, patinador artístico del equipo de Estados Unidos de raíces familiares rusas. Sus padres, Evgenia Shishkova y Vadim Naumov, fallecieron el pasado 2025 en un accidente aéreo. Un impacto que Naumov solo pudo superar gracias a otros deportistas y compañeros. Especialmente a Spencer Howe, que le ayudó a enfrentar el dolor con su fe cristiana y la práctica religiosa.

“Siento mucho respeto y mucho cariño por mi hermano porque podría haber tomado el camino contrario”, declaró Howe, que aspira a ser capellán del Ejército tras su carrera como patinador, a The New York Times sobre Naumov. “Lo que más me enorgullece es ver que, a pesar de toda esta tragedia, busca el lado positivo en lugar de dejar que lo destroce por dentro”.

Maxim Naumov compite en el programa libre masculino durante el Campeonato de Patinaje Artístico de EE. UU. de 2026 en el Enterprise Center de San Luis el 10 de enero.

Maxim Naumov compite en el programa libre masculino durante el Campeonato de Patinaje Artístico de EE. UU. de 2026 en el Enterprise Center de San Luis el 10 de enero.OSV NEWS.

Las muestras públicas de fe del patinador han sido destacadas a lo largo de su carrera deportiva. Especialmente cuando habló de la importancia de la fe y de la cruz después de que esta última se le desprendiese de la cadena en plena celebración de su incorporación al equipo olímpico.

"Es mi cruz, es algo que llevo siempre, pase lo que pase. La llevo conmigo y siento que me protege, y aunque se desprendió, el hecho de que siguiera en mi hombro, patinando conmigo, agarrándola y sujetándola así, fue un momento increíble", declaró entonces.

Sam Morse: “Mi fe es mi vida”

En el mundo del esquí, un atleta cristiano que se dirige a los Juegos Olímpicos por primera vez es Sam Morse, quien se clasificó para los eventos de descenso y alpino Super G después de una década en el equipo nacional de esquí.

En 2019, Morse cofundó Sam Morse FAST Camp – Faith And Ski Training – un campamento cristiano de carreras de esquí en Oregón para adolescentes con la misión de “no solo hacer que nuestros atletas sean más rápidos, sino también sintonizarnos con esa alegría y paz interior que viene con saber que somos parte de algo más grande” con “entrenamiento de carrera de día y entrenamiento de fe de noche”.

Mi fe es mi vida”, dijo en una entrevista de 2017. “Es el pegamento que lo mantiene todo unido. Mi meta es ser un servidor leal de mi Salvador y proclamar su nombre desde las montañas más altas”.

La identidad en Cristo de Paul Schommer

Otro esquiador cristiano y vocal es Paul Schommer, quien compite en sus segundos Juegos Olímpicos con el equipo de biatlón. Schommer se graduó del Colegio de Scholastica en Duluth, Minnesota, una escuela benedictina donde entrenó con el entrenador principal y ex miembro del equipo de biatlón de EE. UU., Chad Salmela.

En 2018, Schommer, de 33 años, le dijo a la Comunidad de Atletas Cristianos: “Mi identidad no proviene de mis resultados ni de la afirmación de los demás, sino de mi identidad en Cristo, porque él es quien me da mi significado”.

Añadió que la oración es fundamental en su vida porque implica comunicarse constantemente con Dios. Me ayuda a tener la mentalidad adecuada y a tener una buena perspectiva de las cosas. En mi caso, muchas veces veo que empeora cuando uno empieza a pedirle a Dios en lugar de abrir esa comunicación bidireccional y escucharlo de verdad. La oración más importante para mí es simplemente callarme y escuchar a Dios". 

ReL

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