miércoles, 29 de marzo de 2017

10 buenos hábitos que harán más placentero el día a día

Cada día puede ser único y más hermoso que el anterior. ¡No esperes las ocasiones especiales para disfrutar del momento! ¡Plantéalas!

10 buenos hábitos que harán más placentero el día a día




Mathilde Dugueyt, aleteia
A veces no los apreciamos. Son insignificantes, involuntarios, triviales. Sin embargo, pueden cambiar nuestra vida cotidiana y el bienestar. Pequeños gestos, hábitos, costumbres como caminar haciendo estiramientos, beber un vaso de agua con zumo de limón por la mañana o hacer las tareas domésticas acompañadas de música… Descubre algunos pequeños placeres que vale la pena disfrutar cada día para romper con la rutina. Cada día, tanto como sea posible, porque dan sus frutos.
  1. Introduce el orden

Trata de mantener tu espacio en orden y con el menor número de objetos que no sirven para nada y contaminan el medio ambiente. No permitas que en la mesa del comedor se crea imperceptiblemente el desorden y se acumulen los objetos como en un puesto de un bazar. Todas las cosas, objetos, deben tener su lugar. Entonces se encuentran fácilmente y no perturban la armonía de los miembros del hogar.
  1. Anda descalza/o sobre la hierba fresca

Cuando haga más calor, deja el ordenador, sal a pasear por el parque y anda un momento con los pies descalzos. Y cuando el sol caliente de verdad, incluso acuéstate en la hierba. Tal contacto con la naturaleza tiene un efecto beneficioso: ayuda a calmarse, a ordenar y organizar los pensamientos, y a centrarse en lo importante.
  1. Cambia la programación

Trata de salir de la rutina dando otro ritmo a los próximos días. Esto te da la oportunidad de ver la vida y tus asuntos desde una perspectiva algo diferente. Levántate temprano para tener tiempo para desayunar tranquilamente o hacer ejercicio. Encuentra un momento para recoger a los niños de la escuela. Con este tipo de cambios, el día a día cada vez tendrá un sabor diferente.
  1. Por la mañana tómate un vaso de agua con zumo de limón

Después de despertarte, en lugar de café, bebe un vaso de agua tibia con limón (el zumo de medio limón se puede mezclar con ¾ de vaso de agua mineral y el resto se complementa con el agua hirviendo). Esto es bueno para la piel, la digestión, aporta la vitamina C y los antioxidantes, desacidifica el cuerpo. Como resultado, ayuda a fortalecer el sistema inmunológico y… reduce un poco el apetito. No ingiriendo a toda prisa cualquier cosa, te prepararás tranquilamente un desayuno saludable y decente.
  1. Mira hacia el exterior

Recuerda hacer pequeños descansos regulares en el trabajo, especialmente si pasas la mitad del día delante del ordenador. Sal de la oficina por un momento, siente el viento, el olor de la primavera, el sol. Céntrate por un momento en estos sentimientos. “Ventilarás” la mente.
  1. Toma nota de los pequeños placeres y momentos de alegría

Cómprate un cuaderno especial o un bloc de notas en el que irás anotando las cosas agradables y sorprendentemente que te han pasado ese día – momentos efímeros y gestos que te son fuente de alegría para ti, pero que acontecen sin querer y tienden a ser rápidamente olvidados. ¡Ves volviendo a ellos! Los días son más hermosos gracias a esos momentos, por lo que vale la pena repetirlos. Involucra a los niños en este juego. Antes de ir a la cama repasad juntos la lista de las alegrías diarias.
  1. Transforma el trabajo en placer

Cada actividad rutinaria puede servir de oportunidad para añadir a ella un pequeño placer. Lavando los platos se puede escuchar música o un audio libro, para cocinar se puede invitar al hijo y aprovechar la ocasión para hablar con él, el tedioso balance de gastos es más fácil de hacer con un té bien preparado. En lugar de centrarse únicamente en la tarea, es mejor centrarse en el bienestar.
  1. Estírate como un gato

Nos olvidamos de este reflejo natural. Si tienes un gato, mira, cómo lo hace. Después de despertarse siempre se estira lentamente. Es la manera perfecta para relajar el cuerpo y liberar la tensión acumulada. Antes de levantarte de la cama por la mañana y poner el pie en el suelo, estírate a conciencia como un niño. Y comienza el día con una sonrisa. Es un simple gesto. ¡Acuérdate de él también durante el día y repítelo!
  1. Mánchate las manos

Pasamos la mayor parte del tiempo frente a la pantalla, con las manos en el teclado… ¡Da a tus manos otro trabajo! Amasa la masa para un pastel, coloca un ramo de flores, pinta un cuadro, planta las flores. Juega un poco con esto, como un niño. Estos “trabajos manuales” no sólo relajan, sino también nos hacen sentir despreocupados como en la infancia, y ¡ayudan a pensar!
  1. Disfruta preparando sorpresas

Para que cada día sea único, piensa de qué manera agradable puedes sorprender a tus seres queridos: a tus hijos, a tu marido / a tu esposa, y también a ti misma/o. Es la manera de cuidar con más mimos de la familia. Preparar una buena comida, planear el fin de semana, una película para la noche. ¡No esperes las ocasiones especiales! ¡Plantéalas!
El texto fue publicado en la edición francesa de Aleteia

La receta infalible contra las tentaciones que alejan de Dios

¡Quiero una vida contigo, Jesús!



La receta infalible contra las tentaciones que alejan de Dios




Juan Barbudo Sepúlveda, aleteia
El desierto es un lugar para experimentar el silencio, la aridez, la soledad. Todo desierto impone porque no hay absolutamente nada a tu alrededor y percibes lo frágil y pequeña que es tu naturaleza en medio de ese inmenso mar de arena. También percibes la grandeza de Dios en el silencio y el abandono del desierto. No hay nada que te distraiga. Toda esa aridez habla de nuestra única fuente que es Dios.
El desierto es un lugar privilegiado para encontrarse con Dios cara a cara. Son muchos los hombres y las mujeres que a lo largo de la historia se han retirado al desierto para estar a solas con Dios y vivir allí una vida exclusivamente dedicada a Él, sólo a Él, sin distracciones, sin cosas banales ni superfluas. Solo Dios basta.
El desierto también es un lugar de tentaciones. Es allí donde también surgen antiguos fantasmas que intentan alejarnos de nuestro centro y hacernos renegar de nuestra esencia más profunda.
Tal vez sea por la cercanía tan especial con Dios, o tal vez también por los sacrificios que implica aguantar las adversidades de un desierto. La dureza del desierto hace que surja con fuerza la tentación que se nos presenta bajo forma de bien: “¿Qué necesidad tienes de sufrir cuando estarías más cómodo en tu casa? ¿Estás seguro de qué es Dios a quien te has encontrado, no es una sugestión? Si fuese Dios de verdad, no te dejaría sólo y abandonado en un desierto”.
Esta misma tentación la tuvo el pueblo de Israel, que habiendo sido liberado de la esclavitud y recibiendo la promesa y el regalo de Dios de habitar una tierra prometida, empieza a dudar de esa promesa cuando se ve en medio del desierto y tiene que soportar el hambre y otras adversidades.
Aparecen los fantasmas de la duda y la desconfianza de Dios. Surge la tentación de hacer su propio plan, de volver atrás aunque ello implique volver a la esclavitud.
La tentación es siempre un engaño. Se nos presenta un mal, una actitud de rebeldía hacia Dios, bajo forma de bien y de felicidad.
El que cae en la tentación normalmente no tiene la intención de hacer el mal que no desea, sino que, simplemente, se ha dejado arrastrar por una felicidad o un bien que no es real y que está fuera de la órbita de Dios.
Lo que está en el fondo de la tentación es un apartarse de Dios y poner en el centro otras cosas, tal vez urgentes, pero superfluas e innecesarias al final.
Somos mucho más tentados de lo que creemos. El mayor tentador es el demonio. No le interesa que estemos cerca de Dios. No nos quiere bien y por eso su mayor afán es apartarnos del amor de Dios y hacernos caer en el pecado.
Jesús deja al descubierto las intenciones del demonio. Éste lo que quiere es seducirnos con los bienes materiales y convencernos de súper poderes inexistentes. Intenta presentarnos un mundo mejor y más feliz pero por nuestra cuenta, sin Dios.
Aquí está la receta frente a las tentaciones: estar muy unidos al Espíritu Santo. Implorar su ayuda para dilucidar y ver el engaño y la falacia en tantos argumentos, aparentemente buenos, que nos presenta nuestro mundo.
Tenemos que contar siempre con la ayuda de Jesús que vence todas las tentaciones y al que las provoca. No en vano, una de las frases que reza Jesús dirigiéndose al Padre es la de: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos de todo mal.”
No quiero hacer mi propio plan, no quiero trazar un camino paralelo a Dios. ¡Quiero una vida con Dios! Señor, ¡no me dejes caer en la tentación!

Por el padre Juan

martes, 28 de marzo de 2017

173 Necesidad de los sacramentos

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.


Necesidad de los sacramentos


173. ¿Y para qué necesitamos en realidad los sacramentos?
Necesitamos los SACRAMENTOS para transformar nuestra pequeña vida humana y por medio de Jesús llegar a ser como Jesús: hijos de Dios en libertad y esplendor. [1129]

En el Bautismo los hijos perdidos de los hombres se convierten en hijos protegidos de Dios mediante la CONFIRMACIÓN los débiles se convierten en fuertes; mediante la Confesión los culpables se convierten en reconciliados; mediante la EUCARISTÍA los hambrientos se convierten en pan para otros; mediante el Matrimonio y mediante el Orden sacerdotal los individualistas se convierten en servidores del amor; mediante la Unción de los enfermos los desesperados se convierten en hombres con confianza.
El sacramento de todos los sacramentos es Cristo mismo. En él podemos dejar la perdición del egoísmo y entramos en la verdadera vida, que no cesa nunca.
Necesidad de los sacramentos


* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

¿Qué es el perdón apostólico

Reservado para quienes se encuentran en su lecho de muerte, puede ser un gran momento de gracia


perdón apostólicoPhilip Kosloski, aleteia
Cuando una persona está cerca del umbral de la muerte, hay una bendición en particular que la Iglesia reserva para este momento tan sagrado: el perdón apostólico. Es un perdón que puede ser dado por cualquier sacerdote, y que tiene el poder especial de quitar todas las penas temporales del pecado.
La Enciclopedia Católica explica exactamente lo que es el perdón apostólico y los requisitos para celebrarlo.
“La unción [de los enfermos] suele realizarse con el otorgamiento de la bendición apostólica, o “última bendición”, como se llama comúnmente. A esta bendición se agrega una indulgencia plenaria, que se obtiene, sin embargo, sólo a la hora de la muerte, es decir, se le da nunc pro tunc. Se confiere en virtud de una facultad especial concedida a los obispos y por ellos delegada en general a sus sacerdotes. Las condiciones necesarias para obtenerlo son la invocación del Santo Nombre de Jesús, al menos mentalmente, actos de resignación por los cuales el moribundo profesa su disposición a aceptar todos sus sufrimientos en reparación de sus pecados y se somete por entero a la voluntad de Dios … . Las palabras de san Agustín lo explican: “Por muy inocente que haya sido su vida, ningún cristiano debe aventurarse a morir en ningún otro estado que el del penitente”.
El perdón apostólico es precedido normalmente por el sacramento de la penitencia, siempre que la persona moribunda esté en condiciones de participar en él. El sacerdote reza entonces la “última bendición”.
Por los santos misterios de nuestra redención,

que Dios todopoderoso te libere
de todos los castigos en esta vida
y en la vida futura.
Que te abra las puertas del paraíso
y te dé la bienvenida a la alegría eterna.
R. Amen.
O como se rezaba tradicionalmente en tiempos pasados, añadiendo algún contexto adicional de la Biblia:
Que nuestro Señor Jesucristo, que dio a su bendito apóstol Pedro el poder de atar y desatar, acepte misericordiosamente tu confesión y restaure tu inocencia bautismal. Y yo, por el poder que me ha dado la Santa Sede, te concedo una indulgencia plenaria y la remisión de todos los pecados; En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Por los misterios sagrados de la salvación de la humanidad, que Dios Todopoderoso te perdone las penas de la vida presente y de la vida venidera, y que Él te abra las puertas del Paraíso y te admita a la felicidad eterna.
Es una bella oración y está destinada a acelerar el paso del alma penitente a las puertas del cielo, perdonando el castigo del pecado que ya se ha confesado o, al menos, del que se ha arrepentido completamente en sus corazón. No garantiza que alguien vaya directamente al cielo, pero despeja los obstáculos de la carretera, por así decirlo, para que el alma pueda elegir libremente correr hacia los brazos de Jesús.
La oración es un acto supremo de misericordia y tiene un gran poder, aprovechando la autoridad dada a san Pedro para “atar y desatar” (Mateo 16, 19). Es un regalo para un alma en su lecho de muerte y tiene el beneficio añadido de dar paz a la familia y amigos, asegurándoles que han hecho todo lo posible para acercar su alma a las puertas del Paraíso.


lunes, 27 de marzo de 2017

Crisis, ruptura, crecimiento: eres adolescente

Algunos consejos que me hubiera gustado escuchar para esta irrepetible etapa

Chicas, ¡ánimo!
Resultado de imagen de adolescente


La adolescencia es una época difícil para cada niña que se vuelve mujer. Es un tiempo de encuentro, de sueños. Un tiempo que no se volverá a vivir otra vez…
No recuerdo haber vivido una época más tormentosa y revuelta que la adolescencia. Una época que se caracteriza por momentos de angostura y otros de anchura; de altos y bajos; de autonomía e inseguridad. Una época como no habrá otra en tu vida, pues estrenarás y descubrirás lo que es la libertad.
El terremoto en ti
¿Conoces los terremotos?, ¿Sabes lo que es un maremoto? ¿Has visto el espectáculo que se produce al ver un volcán en erupción? Nadie sabe lo que está pasando en las entrañas de la tierra hasta que se sacude, se levantan las olas gigantescas o bajan correntadas de lava y fuego de lo alto de un volcán. La tierra entonces se plantea una modificación de su superficie, un desplazamiento del mar, un volcán más hermoso.
Es momento de fracturar, romper, de explotar para dar paso a algo más, quizá más sólido o más hermoso. La misma naturaleza, pero con una nueva identidad. Para esto es necesario que haya una crisis, pues sin crisis no se puede crecer y coronar. Eso es la adolescencia.
La adolescencia es una crisis de hormonas y emociones: sacudidas de terremoto y arrastradas de maremoto. Experiencia de un volcán que con fuerza hace erupción y arrastra todo a su paso, como tú que eres joven y tienes vigor, energía y sueños recién estrenados.
Como tú que tienes miedo pues no tienes experiencia y te estás abriendo a una recién estrenada identidad. Por eso esta etapa de tu vida será labor de conocerte, de hacerte a ti misma, de controlar tus sentimientos, de superar tus límites, de aprender a pensar realmente en serio para que no te des golpes y para que cuando te caigas o te boten no te duela tanto y así no tengas que curar tantas heridas.
Te habla la voz de la experiencia, créeme lo que te digo. Te tiene que doler dejar de ser niña para saber lo que es aprender a valerte por ti misma.
¿Que descubrirás?
Que eres libre y que la libertad es la fuerza creadora para conducir tu vida hacia tu propio destino. ¿Qué quieres que haya en tu destino?
Que tienes más autonomía. Esto quiere decir, que ya no necesitarás todo el tiempo de tus padres para decidir. Es el momento de elegir lo que te pones, quiénes serán tus amigos y el tipo de profesional que querrás ser.
Es también un tiempo de riesgo, pues puedes cerrarte a la experiencia de los otros (de tus padre, maestros, abuelos) al sentirte autosuficiente. Es una época de autonomía, pero también en la que conocerás nuevo límites que no tenías como niña.
Que eres insegura. Esto no suena a positivo, pero tengo que decirte que todo adolescente es inseguro ya que no te conoces, apenas estás aprendiendo a aceptar el nuevo cuerpo que tienes y muchas veces te rechazas. No juzgues lo que ves en el espejo, acéptalo. Acoge esas espinillas y sé feliz en esta etapa de tu vida, disfrútala y concéntrate en vencer esas inseguridades que lo único que hacen es impedirte crecer.
¡Cómo me hubiera gustado a mí saberlo o que por lo menos que alguien me lo dijera! Entonces no hubiera estado tan pendiente de cambiarme hasta tres veces en el día, de sentirme fea y poco popular. ¡Qué pérdida de tiempo es estar tan concentrada buscando todo eso que nos hace rechazarnos a nosotras mismas! ¡Qué poco desarrollo de la inteligencia y gobierno de la voluntad!
La adolescencia es un tiempo de retos, de aprendizaje, de conocerte más, y es una época en la que puedes comenzar a tomar decisiones que podrían cambiar tu vida, y no siempre para bien. Las amistades que eliges, los lugares a donde vas, la ropa que usas, los chicos con los que sales.
Parecen decisiones simples, muchas veces sin importancia. Y sin embargo un día te das cuenta de que una sola de esas decisiones puede desencadenar toda una serie de eventos.
También es un momento muy importante, querida amiga, para que entiendas que ante tus inseguridades, tus miedos e incluso tu autosuficiencia, tu temeridad, no estás sola.
Esta es una etapa de tu vida especialmente importante para entender y creer en Dios. Te darás cuenta de que muchas cosas de tu vida no puedes solucionarlas, que están fuera de tu alcance. Aquel chico que te gusta y que te mueres por salir con él, aquella mala pasada que te hicieron tus amigas, ese regaño de tu madre por la ropa que te pusiste, todos son momentos difíciles en los que puedes sentirte sola, como si estuvieras desnuda. Y es ahí donde precisamente debes recordar que Jesús es el amigo que no traiciona.
La gran revolución que es la adolescencia es también un momento en el que puedes decidir darle la espalda a Dios, o seguir tras Él. Si hay un tiempo precioso para acercarse a Dios es en la adolescencia, porque creer en Él, hacer oración ya no es una obligación, sino algo que haces por tu propia voluntad.
Y así como tu cuerpo cambia, así como tu mente tiene nuevas prioridades, es momento de pensar que no solo eres cuerpo, sino también alma, y que tu alma también se está transformando en algo nuevo.
Para terminar, querida amiga, quiero decirte que ¡es hermoso ser adolescente! aunque sean años cargados de incertidumbre, miedo, ansiedad y también tristeza.
También son años cargados como nunca de sinceridad, de autenticidad, de encuentro con los ideales y los sueños, de ser generoso y de tener amigos del alma. Años en que como nunca el corazón palpita y se expresa. Años que no se volverán a vivir otra vez.
Fragmento de un artículo originalmente publicado por encuentra.com



«La Virgen vivió todo dolor humano en intensidad y plenitud incomparables»

La cercanía de la Semana Santa nos invita a contemplar a la Virgen unida a su Hijo y unirnos a ella




cf. ReL
-¿Cuál es el origen la devoción de los Siete Dolores?

-En realidad, se puede decir que el origen está en 
los mismos evangelios, como no podía ser de otra
 manera, ya sea porque cada Dolor de la Virgen
 se encuentra recogido en ellos, ya porque San Juan, 
al pie de la cruz, es el primer «devoto» de la 
Virgen dolorosa. De hecho, la Madre dolorosa
 es encomendada por Cristo a su cuidado y 
San Juan «la acogió como algo 
propio» (Jn 19,27). Puntualicemos que 
la palabra «devoción», hoy denostada como 
si fuera algo accidental, arbitrario o incluso 
trasnochado, en latín tiene un rico contenido 
semántico de entrega, dedicación, consagración


-¿Cómo llegó hasta nuestros días?
-Fue en el siglo XIII cuando realmente floreció,
 se «sistematizó» y se extendió. Los siete 
santos fundadores servitas, devotos de nuestra 
Señora, recibieron de la Virgen el Viernes Santo de 
1239, el deseo de que fundaran una Orden que 
practicara y difundiera esta Devoción.

-¿En qué consiste? 
-Esta forma de devoción mariana hace que el cristiano se asocie y viva con María los momentos que ella pasó de dolor en su existencia. Nada de lo humano le es ajeno a la Virgen, tampoco el dolor.



Los Siete Dolores de Nuestra Señora son:

  1. La profecía del anciano Simeón (le anuncia que una espada le traspasará el alma: Lc 2, 34-35)
  1. La huida a Egipto (María tuvo que emigrar por la amenaza de Herodes: Mt 2,13)
  1. El Niño Jesús perdido (María vive un «infierno» con la pérdida de su hijo adolescente que se había quedado en el Templo entre los doctores: Lc 2,48; cf. Cant 3,3)

  1. El encuentro de María con Jesús en el camino al Calvario (María no dejó a su Hijo en el momento del dolor y aunque la escena no es referida en los evangelios no hay duda de que ella estuvo a su lado camino del Calvario, ya que estuvo al pie de la cruz).
  1. La Crucifixión y muerte de Jesús (María está al pie de la Cruz con el discípulo amado y otras mujeres: Jn 19, 25)
  1. La lanzada que traspasó el Corazón de Jesús y su descendimiento de la cruz (María contempló la lanzada del soldado sobre el cuerpo de Cristo: Jn 19,34)
  1. La sepultura de Jesús (a petición de José de Arimatea, Pilato concedió que Cristo fuera sepultado en una tumba nueva y María tuvo que estar allí en las tareas de embalsamamiento y sepultura: Jn 19,38).
 los siete dolores de la Virgen Maria