La cultura abortista es profundamente irracional y manipuladora y se nota con claridad en el vídeo pro-aborto que difunde el Gobierno español y también en la respuesta de la Ministra de Sanidad a la pregunta de una periodista al respecto.
"La única conclusión posible", te dice la narradora del Gobierno, es que "decidas lo que decidas o sientas lo que sientas, todo estará bien", porque "tienes derecho a abortar".
Por supuesto, hay mil formas de refutar esto. Por ejemplo, si uno se arrepiente de haberse divorciado, puede volver con su cónyuge, pero si uno de arrepiente de haber abortado... ¿cómo recupera el hijo? El aborto es matar y no hay retorno de la muerte. No "estará bien".
Quizá se tomó la decisión con miedo ("sientas lo que sientas"), bajo un trauma, bajo presiones, imaginando horrores inexistentes...
Lo peculiar del aborto, como de cualquier otro homicidio, es que no permite marcha atrás.
Alejandro Bo comenta el vídeo y también la intervención de la Ministra de Sanidad, que supuestamente es anestesista pero parece desconocer todos los avances sobre dolor fetal de las últimas décadas.
El comentarista también repasa las cifras de aborto en España, un país bastante rico, con buena sanidad pública, buen sistema de Seguridad Social y donde ningún niño va a morir simplemente porque su madre le rechace (muchas otras familias le pueden acoger), pero muchos mueren porque son abortados. [21 min]
Catequesis - Los documentos del Concilio
Vaticano II. IV. Constitución
pastoral Gaudium et spes 5. La misión de la Iglesia en el mundo
contemporáneo (GS, 40-45)
Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Retomando la reflexión sobre la Constitución
concicliar Gaudium et spes (GS),
hoy consideramos el cuarto capítulo de la primera parte dedicado a la misión de
la Iglesia en el mundo contemporáneo.
Ante todo, el Concilio
recuerda que la Iglesia no está “por encima de” o “junto” al mundo, sino que
está injertada en él. «Mundus reconciliatus Ecclesia», escribía San
Agustín (Sermón 96): la Iglesia es un mundo ya reconciliado con Dios;
somos peregrinos en la tierra y con este mundo compartimos la fragilidad y la
belleza (cf. GS,
40).
Como el Hijo de Dios se encarnó para dar la vida al mundo y
reconciliarlo con el Padre, así la Iglesia habita en el mundo como señal de la
encarnación de Dios para manifestar su plan de hacernos a todos hijos suyos en
una única gran familia humana. Por ello, la Iglesia camina en la historia en
medio de las gentes y de las culturas y «este entrelazamiento de vida con los
pueblos le hace comprender cada vez más que su misión tiene un alcance
histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las
relaciones sociales» (Carta
enc. Magnifica humanitas, 19).
La primera misión de la Iglesia es la de ayudar a las
personas a prestar atención a las preguntas profundas de la vida: aquellas
sobre nuestro origen y nuestro destino, así como aquellas sobre el sentido del
amor y del dolor (cf. GS,
41). La lógica del beneficio a toda costa y la manipulación de la información
corren el riesgo de ejercer una presión indebida para que las personas se
adapten a un estilo de vida centrado en el consumo de bienes materiales, pero
nuestro corazón está hecho para mirar hacia lo alto.
Los Padres del Concilio
recuerdan que la misión de la Iglesia se realiza también al contribuir a la
construcción de la ciudad terrenal. Sin embargo, sus métodos y su finalidad no
son principalmente de carácter político, sino que consisten en el testimonio de
la fe y de la caridad, junto con el compromiso por la justicia, la paz, la
fraternidad. Adorando a Cristo, el Justo que murió por los injustos, el
creyente no puede aceptar la opresión de los pequeños y de los pobres, ni
tampoco aquellas estructuras injustas que perpetúan las condiciones de
dependencia y de injusticia. La Doctrina social de la Iglesia orienta la acción
de los cristianos, que colaboran con todas las personas de buena voluntad al
promover el bien común. La Iglesia, por lo tanto, «nada desea tanto como
desarrollarse libremente, en servicio de todos, bajo cualquier régimen político
que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los
imperativos del bien común» (GS,
42).
Para cumplir con eficacia la misión evangélica es necesario
que cada bautizado se comprometa a cooperar con la gracia del Espíritu Santo,
para que su fe sea viva y se exprese en comportamientos coherentes. De hecho,
como recuerdan los Padres conciliares, la separación entre la fe profesada y la
vida diaria «debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra
época» (GS,
43).
Gaudium
et spes reserva una mención particular (cf. ibid.) a la misión de los
fieles laicos, los cuales, en virtud del Bautismo, están llamados a animar el
mundo con el espíritu cristiano y la visión del Evangelio. Lugares principales
de esta acción, que bien puede definirse como sacerdotal, son indudablemente la
familia y la actividad laboral, pero se extiende a todos los ámbitos de la
vida.
Por último, la Iglesia siempre está atenta a lo que en la
sociedad sucede y se desarrolla (cf. GS,
44). Es tarea de todo el Pueblo de Dios, sobre todo de los pastores y de los
teólogos, discernir lo que en las culturas de nuestro tiempo es digno de
consideración, teniendo siempre como supremo criterio de discernimiento la
Palabra de Dios y la Tradición de la Iglesia. Esto requiere un ánimo
equilibrado y libre de las modas culturales, capaz de mirar al mundo en un modo
positivo y, al mismo tiempo, firme en la custodia y la presentación del mensaje
evangélico en su integralidad. De hecho, «Ciertamente, no es diluyendo los
contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el
cristianismo» (Discurso
a la Plenaria del Dicasterio para la Evangelización – Sección cuestiones
fundamentales de la evangelización del mundo, 28 de mayo de 2026).
Queridos, la Iglesia, mientras está en camino en la
historia, «sólo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la
salvación de toda la humanidad» (GS,
45). Con este fin, se orienta sobre todo a través de la santidad personal y el
amor fraternal. Escribía San Pablo VI: «Sin
esta marca de santidad, nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el
corazón de los hombres de este tiempo. Corre el riesgo de hacerse vana e
infecunda» (Exhort.
ap. Evangelii nuntiandi, 76). Por lo tanto, hagámonos dóciles a la
acción del Espíritu Santo, para que nos ayude a vivir en santidad y caridad,
para que el mundo pueda creer y tener esperanza.
_________________
Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los
animo a ser dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo, para que cada uno,
desde su propio estado de vida, colabore a fin de que se instaure el Reino de
Dios en el mundo y toda la humanidad reciba la salvación obtenida mediante el
sacrificio de Cristo. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.
__________________
Resumen leído en español por el Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas:
En esta catequesis, para retomar la reflexión sobre la Constitución
pastoral Gaudium et spes, les propongo el tema de la misión
de la Iglesia en el mundo contemporáneo. Así como el Hijo de Dios se ha
encarnado para dar vida al mundo y reconciliarlo con el Padre, la Iglesia
peregrina en el mundo como signo de esa encarnación de Dios. Por eso, el Concilio
nos recuerda que nuestra tarea es ayudar a las personas a estar atentas a las
preguntas profundas sobre el origen y el destino, así como el sentido del dolor
y del amor. La Iglesia no puede desentenderse de la realidad terrenal, sino que
contribuye a construirla mediante el testimonio de la fe y la caridad, y el
compromiso por la justicia, la paz y la fraternidad. En este sentido, todos los
miembros del Pueblo de Dios, con la fuerza del bautismo, están llamados a dar
vida al mundo mediante el espíritu cristiano y la visión del Evangelio, es
decir, discernir aquello que en las culturas y en el mundo contemporáneo es
digno de consideración.
Gálatas insensatos, ¿quién los ha seducido a ustedes, ante quienes fue presentada la imagen de Jesucristo crucificado?
Una sola cosa quiero saber: ¿ustedes recibieron el Espíritu por las obras de la Ley o por haber creído en la predicación?
¿Han sido tan insensatos que llegaron al extremo de comenzar por el Espíritu, para acabar ahora en la carne?
¿Habrá sido en vano que recibieron tantos favores? ¡Ojalá no haya sido en vano!
Aquel que les prodiga el Espíritu y está obrando milagros entre ustedes, ¿lo hace por las obras de la Ley o porque han creído en la predicación?
Evangelio según San Lucas 1,69-70.71-72.73-75.
¡Bendito sea el Señor!
Nos ha dado un poderoso Salvador
en la casa de David, su servidor,
como lo había anunciado mucho tiempo antes
por boca de sus santos profetas.
Para salvarnos de nuestros enemigos
y de las manos de todos los que nos odian.
Así tuvo misericordia de nuestros padres
y se acordó de su santa Alianza,
Se acordó del juramento que hizo a nuestro padre Abraham
de concedernos que, libres de temor,
arrancados de las manos de nuestros enemigos,
lo sirvamos en santidad y justicia
bajo su mirada, durante toda nuestra vida.
Evangelio según San Lucas 11,5-13.
Jesús dijo a sus discípulos:
"Supongamos que alguno de ustedes tiene un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: 'Amigo, préstame tres panes,
porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle',
y desde adentro él le responde: 'No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos'.
Yo les aseguro que aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.
También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá.
Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.
¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente?
¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan!".
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Rabano Mauro (c. 784-856) abad benedictino, obispo Tres libros a Bonosio, libro 3,4; PL 112, 1306
«Le dará todo lo que necesite»
No debes desconfiar de Dios ni desesperar de su misericordia... Canta al Señor estas palabras del profeta: «Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores, como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia. Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios (Sl 122, 2-3)... Si estamos saturados de desprecio y cubiertos de ultrajes por numerosos pecados, nuestros ojos deben, sin embargo, seguir mirando al Señor nuestro Dios hasta que se apiade de nosotros. En efecto, es propio del alma constante y tenaz no dejarse apartar de la perseverancia en la oración por desesperar de ser escuchada, sino que persiste incansablemente en la oración hasta que Dios le hace misericordia.
Y para que no se te ocurra pensar que ofendes al Señor por seguir importunándole con tus oraciones cuando no mereces ser oído, recuerda la parábola del Evangelio; en ella descubrirás que los que oran a Dios con importuna perseverancia le son agradables, pues dice: «Si no se levanta a dárselo por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite» (Lc 11,8). Comprende, pues, que el diablo es quien nos sugiere desesperar de ser escuchados, a fin de que se nos retire esta esperanza en la bondad de Dios, que es el ancla de nuestra salvación, el fundamento de nuestra vida, el guía del camino que conduce al cielo. El Apóstol dice: «En esperanza fuimos salvados» (Rm 8, 24). (EDD)
Reflexión sobre la máquina
tragaperras antigua
Hay muchas formas diferentes de rezar. Rezamos para alabar a Dios,
rezamos para darle las gracias, rezamos para pedir perdón, rezamos para
ponernos en sus manos, rezamos para que haga buen tiempo, rezamos para
sacar buenas notas en los exámenes, rezamos para encontrar trabajo,
rezamos por la gente de Gaza... Sin embargo, quizá la forma de oración
que nos sale de forma más instintiva es la oración de petición. ¡Nos
gusta pedirle cosas a Dios! A menudo, sin darnos cuenta, nos encontramos
diciendo: ‘Señor, por favor, ayúdame, necesito esto’. Hay algo
profundamente humano en esa oración de petición. La petición comienza con
el reconocimiento de que no podemos hacerlo todo por nosotros mismos. Eso
es muy bueno en sí mismo.
Encontramos este tipo de
oración de petición a lo largo de toda la Escritura. El Antiguo
Testamento está repleto de instances en las que el pueblo de Israel le
pide a Dios cosas que le gustaría recibir. Jesús, en la lectura del
Evangelio de hoy, nos anima a recurrir a las oraciones de petición: esa
misma apertura que se refleja en el Evangelio de hoy: ‘¡Pide!… ¡Busca!…
¡Llama!’. Seguid pidiendo… la repetición es importante. Se nos invita no
solo a pedir una vez y rendirnos, sino a seguir presentando nuestras
necesidades ante Dios. La oración de petición es, por lo tanto, también
una profunda expresión de confianza: seguimos llamando a la puerta porque
creemos que hay Alguien al otro lado que realmente puede ayudarnos.
Sin embargo, la súplica es
también una de las formas de oración que más profundamente puede poner a
prueba nuestra fe. Todos hemos pedido a Dios algo que no se ha cumplido.
Rezamos para que alguien se recupere, y su estado sigue empeorando.
Rezamos para que se restablezca una relación, y sigue rota. Rezamos para
que se abra una puerta concreta, y permanece firmemente cerrada. En
momentos así, la promesa de Jesús de que nuestras peticiones serán
escuchadas puede parecer difícil de conciliar con nuestra experiencia.
Quizás la clave esté en
reconocer que una oración respondida no siempre equivale a recibir
exactamente lo que hemos pedido. Jesús no promete que Dios nos conceda
todo lo que pedimos. Pero sí nos asegura que el Padre nos escucha y nos
dará lo que, en última instancia, es bueno. Puede que no obtengamos lo
que pedimos, pero recibamos algo más valioso a cambio: podemos pedir que
el sufrimiento desaparezca y, en su lugar, recibir la fuerza para
soportarlo. Puede que pidamos que se elimine un problema y descubramos
que alguien nos acompaña en ese camino. Puede que llamemos a una puerta
concreta y descubramos, mucho más tarde, que Dios estaba abriendo otra en
silencio. De forma casi imperceptible, la oración siempre nos transforma.
Hablé del peligro de tratar
la oración como si fuera una máquina tragaperras: introducir nuestra
oración, tirar de la palanca y esperar que Dios nos dé el resultado que
queremos. La ilustración de hoy nos ofrece una imagen quizás un tanto
divertida de esa tentación. Se trata de la famosa Liberty Bell de Charles
Fey, fabricada en San Francisco en 1898 y considerada generalmente como
la máquina que sentó las bases del modelo de las máquinas tragaperras
modernas. Fey, un mecánico e inventor de origen alemán, llevaba ya casi
una década experimentando con máquinas de juego que funcionaban con
monedas cuando ideó esta máquina de tres rodillos que tuvo un éxito
extraordinario. El jugador introducía una moneda, tiraba de la palanca y
observaba cómo giraban los rodillos mostrando herraduras, estrellas,
símbolos de naipes y, lo más memorable, la propia «Liberty Bell». Tres
campanas daban el premio más alto. Solo se fabricaron unas cien «Liberty
Bells» originales de Fey, y se sabe que hoy en día solo se conservan siete.
La máquina tragaperras es
totalmente transaccional: meto algo porque espero obtener algo a cambio,
preferiblemente más de lo que he aportado. La oración de petición puede
caer fácilmente en esa misma mentalidad. Introducimos nuestros «Padres
Nuestros» y «Ave Marías», tiramos de la palanca espiritual y esperamos
con ilusión a que se alineen las tres campanas: que se cure la
enfermedad, que se resuelva el problema, que se abra la puerta. Cuando no
es así, podemos preguntarnos si la oración ha fallado de alguna manera.
Pero Dios no es una máquina tragaperras divina, y la oración no es un
juego de azar. Lo extraordinario de la oración no es que siempre
recibamos exactamente lo que pedimos, sino que la oración siempre hace
algo en nuestro interior. ¡Cada vez que nos dirigimos a Dios, estamos
cambiando y el Señor siempre nos responde de alguna manera!
by Padre Patrick van der Vorst
Oración
Señor, dame el don de la oración.
Dame el don de organizar mi tiempo para poder rezar,
El don del silencio y la soledad necesaria para buscarte.
Ayúdame a escuchar tu voz silenciosa.
Dame el don de reconocer tu voluntad.
El don de permanecer en la oración cuando no tenga ganas o haya mucho que hacer.
El don de la confianza en ti por encima de todo.
El don de la sencillez de corazón para aceptar que eres tú quien pones los tiempos y las formas para decirte.
Dame la humildad para saber dar gracias y saber pedir.
La edición italiana correrá a cargo de la Libreria Editrice Vaticana, mientras que las versiones en español, inglés y portugués serán distribuidas por Penguin Random House.
Maria Voce con el Papa Francisco en un encuentro en 2018
Los lectores de todo el mundo podrán adentrarse como nunca antes en el universo espiritual y humano del Papa Francisco gracias a la publicación de El Diario personal del Papa Francisco, una obra que recogerá las anotaciones privadas que Jorge Mario Bergoglio escribió durante más de treinta años.
El volumen será presentado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y uno de los colaboradores más cercanos del Pontífice argentino.
Comprender mejor al Papa
La publicación está prevista para el 24 de noviembre de 2026 y llegará simultáneamente a 94 países en cinco idiomas, en una de las operaciones editoriales más ambiciosas impulsadas por la Santa Sede en los últimos años.
La edición italiana correrá a cargo de la Libreria Editrice Vaticana, mientras que las versiones en español, inglés y portugués serán distribuidas por Penguin Random House. La edición francesa será publicada por Albin Michel.
El libro ofrece acceso a los apuntes personales que Bergoglio mantuvo entre el 20 de diciembre de 1992 y el 18 de agosto de 2024, un periodo que abarca etapas decisivas de su vida: desde su ministerio episcopal en Argentina hasta su pontificado al frente de la Iglesia católica, iniciado el 13 de marzo de 2013 y concluido con su fallecimiento el 21 de abril de 2025.
Según explican los responsables de la publicación, la obra no se limita a reproducir las anotaciones del Pontífice, sino que también las contextualiza y comenta a través de la mirada del cardenal Fernández. El propósito es ayudar al lector a comprender mejor los pensamientos, inquietudes espirituales y procesos de discernimiento que acompañaron a Francisco durante buena parte de su trayectoria eclesial.
Andrea Tornielli, director editorial del Dicasterio para la Comunicación, ha destacado el valor único de este material para quienes desean conocer más profundamente la figura del Papa argentino. A su juicio, las páginas permiten acercarse a una dimensión más personal e interior de quien marcó una época en la Iglesia contemporánea por su insistencia en la misericordia, la cercanía pastoral y la atención a las periferias.
Por su parte, Lorenzo Fazzini, responsable editorial de la Libreria Editrice Vaticana, subrayó que la misión de la editorial vaticana consiste en difundir internacionalmente el pensamiento de los Papas. En este sentido, recordó que la institución también ha impulsado recientemente la publicación de escritos de Robert Francis Prevost, hoy Papa León XIV, anteriores a su elección pontificia.
La expectativa en torno al volumen es elevada, ya que son escasos los documentos personales de esta naturaleza que llegan al gran público. Las anotaciones privadas pueden ofrecer una perspectiva inédita sobre los acontecimientos, decisiones y momentos clave vividos por Francisco durante décadas de servicio pastoral y de gobierno de la Iglesia.
Antes de su lanzamiento oficial, la Libreria Editrice Vaticana presentará la obra a editores internacionales durante la Feria del Libro de Fráncfort, que se celebrará del 7 al 11 de octubre de 2026. Ese encuentro servirá como escaparate para una publicación llamada a convertirse en una referencia imprescindible para estudiosos, creyentes y lectores interesados en comprender más de cerca la vida interior del primer Papa hispano de la historia.
La Iglesia celebra estos días la Virgen del Rosario, haciendo memoria de la Batalla de Lepanto, que por intercesión de María, se ganó a los turcos, al Imperio Otomano, en el 1571.
Hoy quiero dar testimonio de una experiencia entorno al rosario que ha cambiado mi vida, mi fe y mi oración.
Estos días he podido asistir a la misa de exequias del padre de un amigo. Su padre tuvo una vida muy fecunda. Fue un hombre de fe, que la transmitió a su familia y sus hijos. También, este padre rezaba las 4 partes del rosario. Todo ello, en la eucaristía a mi me tocaba el corazón, hacía arder mi alma y todo mi ser. El sacerdote en la misa dijo, que cuantas avemarías y padrenuestros habría rezado su padre. Todo ello me dejaba conmovida. No había vivido estos sentimientos en otros funerales, de familiares de amigos, que también tienen fe. Pero, lo de ese día era especial, es como si Dios me estaba invitando a algo nuevo y distinto. Un cambio de mirada. Un nuevo giro en la vida: vivir mi primera misión como virgen consagrada: el ministerio de la oración. Hacer de mi vida una continúa ofrenda al Padre por todos, en la intercesión por esta humanidad, por los míos, por todos, y por los que se han alejado de Dios. Vivir en constante oración.
En esa misa, Dios hacía conmigo un camino nuevo.
Por la tarde, fui a la parroquia y me puse ante el Santísimo, pidiendo la intercesión del padre de mi amigo, por mi familia. Después como había escuchado las palabras del sacerdote sobre el rosario, me dije: cuantos padrenuestros y avemarías me he perdido yo. Así, que he empezado a rezar el rosario. Rezo sus cuatro partes desde ese día. Las rezo con gusto, desgranando cada avemaría. Puedo considerar los misterios de la vida del Señor. Ofrezco los misterios por las necesidades de los demás. El rezo del rosario acompaña mi día a día, mis viajes. Va jalonando la jornada.
También, mi vida de oración por la Iglesia, se concreta en el rezo de la liturgia de las horas. Cada momento del día es acompañado por la oración que se me presentó el día de mi consagración. La eucaristía diaria va transformando mi vida. Y como no, los ratos largos de oración ante el sagrario, al que presento y entrego mi existencia, mis miedos y mis preocupaciones.
La vida se ha vuelto una existencia orante. Así, el servicio que hago a la Iglesia y a la sociedad, se vuelve fecundo y lleno de vida. Por la intercesión del padre de mi amigo, los días cunden el doble, y puedo hacer el doble o muchas más cosas de las que hacía en casa o fuera de ella, en el servicio que realizo cada día.
Al final, puedes ir a una misa de exequias acompañando a la familia. Algo que hice, rezando y cuidando a mi amigo y su familia, pero puedes dejar que lo que allí veas te transforme el corazón y toda la existencia.
De la misma manera, eres capaz de respetar el duelo de quien sufre por la pérdida de un ser querido, con un silencio orante, que acompaña con la oración. Todo es un milagro del Señor.
Dios se vale de todo y siempre nos está esperando.
Cuenta la tradición que, en la segunda mitad del siglo XV, la Virgen María se le apareció al Beato dominico Alano de la Rupe, quien escribió el famoso libro “De Dignitate Psalterii” (De la dignidad del Salterio de María), en el cual relata cómo la Virgen pide a Santo Domingo de Guzmán que propague el rezo del Santo Rosario.
Según el Beato Alano, estas son las promesas de Nuestra Señora para quienes rezan frecuentemente y con devoción la oración mariana:
1. Aquellos que recen con enorme fe el Rosario recibirán gracias especiales.
2. Prometo mi protección y las gracias más grandes a aquellos que recen el Rosario.
3. El Rosario es un arma poderosa para no ir al infierno: destruye los vicios, disminuye los pecados y nos defiende de las herejías.
4. Se otorgará la virtud y las buenas obras abundarán, se otorgará la piedad de Dios para las almas, rescatará a los corazones de la gente de su amor terrenal y vanidades, y los elevará en su deseo por las cosas eternas. Las mismas almas se santificarán por este medio.
5. El alma que se encomiende a mí en el Rosario no perecerá.
6. Quien rece el Rosario devotamente, y lleve los misterios como testimonio de vida no conocerá la desdicha. Dios no lo castigará en su justicia, no tendrá una muerte violenta, y si es justo, permanecerá en la gracia de Dios, y tendrá la recompensa de la vida eterna.
7. Aquel que sea verdadero devoto del Rosario no perecerá sin los Sagrados Sacramentos.
8. Aquellos que recen con mucha fe el Santo Rosario en vida y en la hora de su muerte encontrarán la luz de Dios y la plenitud de su gracia, en la hora de la muerte participarán en el paraíso por los méritos de los Santos.
9. Libraré del purgatorio a a quienes recen el Rosario devotamente.
10. Los niños devotos al Rosario merecerán un alto grado de Gloria en el cielo.
11. Obtendrán todo lo que me pidan mediante el Rosario.
12. Aquellos que propaguen mi Rosario serán asistidos por mí en sus necesidades.
13. Mi hijo me ha concedido que todo aquel que se encomiende a mí al rezar el Rosario tendrá como intercesores a toda la corte celestial en vida y a la hora de la muerte.
14. Son mis niños aquellos que recitan el Rosario, y hermanos y hermanas de mi único hijo, Jesús Cristo.
15. La devoción a mi Rosario es una gran señal de profecía.
(Nota: Según el leccionario de otras comunidades o parroquias también se pueden proclamar las lecturas de Gálatas 2, 1-2. 7-14 y Lucas 11, 1-4 [index:0.6.5].)
Lectura del Día
Hechos 1, 12-14
Después de la ascensión de Jesús a los cielos, los apóstoles
regresaron a Jerusalén desde el monte de los Olivos, que dista de la ciudad lo
que se permite caminar en sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron al
piso alto de la casa donde se alojaban, Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe
y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago (el hijo de Alfeo), Simón el cananeo y
Judas, el hijo de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración,
junto con María, la madre de Jesús, con los parientes de Jesús y algunas
mujeres.
Evangelio del Día
Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una
ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la
estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se
preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a
concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y
será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su
padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no
tendrá fin”.
María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo
permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre
ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va
a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que
a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que
llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo
soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se
retiró de su presencia.
Las palabras de los Papas
«No tengáis miedo». Este es el elemento constitutivo de la
vocación: porque el hombre teme. (…) No temáis, porque habéis hallado la
Gracia, no temáis a la vida, no temáis a la maternidad, no temáis al
matrimonio, no temáis al sacerdocio, porque habéis hallado la Gracia. Esta
certeza, esta conciencia, nos ayuda como ayudó a María. (…) Y he aquí que todos
los hombres nacen a vuestro sí. Esto debe saberse: tal sí, a imitación de
María, tal sí crea alegría, una nueva vida, un aliento, una bendición. (…) Y así,
análogamente, en debida proporción, vuestro sí, vuestra fidelidad —esposo,
esposa, joven, médico, profesor— vuestros diferentes síes crean alegría, el
mundo renace; y la vida humana —en sus diferentes dimensiones, en la dimensión
social, en diferentes entornos, familia, parroquia, nación— se vuelve más
humana, gracias a tal sí. (San Juan Pablo II - Discurso al Pontificio Seminario
Mayor Romano, 25 de marzo de 1982)
(vatican.va)
Cuentas del Rosario
Reflexión sobre las cuentas
del rosario
Hoy celebramos la Memoria de Nuestra Señora del Rosario. El Catecismo
de la Iglesia Católica, en el párrafo 2682, expresa esta devoción de
forma maravillosa: ‘Debido a la singular colaboración de María con la
acción del Espíritu Santo, a la Iglesia le encanta rezar en comunión con
la Virgen María, alabar con ella las grandes cosas que el Señor ha hecho
por ella y encomendarle sus súplicas y alabanzas.’Eso es precisamente
lo que ocurre cuando rezamos el rosario. No nos limitamos a repetir
oraciones» a María, estamos rezando con María, permitiéndole que nos guíe
a través de los grandes misterios de la vida de su Hijo. Cuenta a cuenta,
década a década, contemplamos a Cristo.
La obra de arte que nos ocupa
hoy es una cuenta de rosario. Esta diminuta cuenta de rosario flamenca,
fabricada entre 1525 y 1550 aproximadamente, está tallada en madera de
boj y encerrada en una funda exterior de plata dorada. Cuando está
cerrada, mide solo 6,7 centímetros de diámetro. Sin embargo, al abrirla,
aparece en su interior un asombroso mundo en miniatura. Los artesanos de
Flandes alcanzaron gran fama por este tipo de microtallado virtuoso. El
boj resultaba especialmente adecuado para esta tarea, ya que su veta fina
y excepcionalmente blanda permitía a los artistas tallar detalles a una
escala casi increíble.
Esta cuenta en concreto es
inusual porque la escena que esconde en su interior resulta bastante
inquietante. En ella se representan la vida y la muerte una junto a la
otra. En la mitad inferior vemos a un grupo de personas disfrutando de
una comida. Están reunidas alrededor de la mesa cuando, de repente, la
Muerte irrumpe entre ellas. Todo cambia en un instante. Un comensal se
echa atrás, una jarra se vuelca en medio del alboroto y otro hombre ya
está exhalando su último aliento. Por encima de este drama tan terrenal
se cierne el Juicio Final: los ángeles hacen sonar sus trompetas mientras
se anuncia el fin de los tiempos. Alrededor de la escena hay una
inscripción tomada de Mateo 24:42: ‘Velad, porque no sabéis a qué hora
vendrá vuestro Señor’. Esta diminuta cuenta se convierte, por tanto, en
un memento mori: no una fascinación morbosa por la muerte, sino un
recordatorio de que hay que vivir bien porque nuestro tiempo es precioso
y su duración es desconocida.
Quizás este pequeño y
extraordinario objeto sea una obra de arte muy adecuada para la fiesta de
hoy. Una cuenta del rosario es diminuta, pero los misterios que nos
invita a contemplar son inmensos. Lo mismo ocurre cada vez que tomamos un
rosario corriente entre nuestras manos. Las cuentas pueden estar hechas
de madera, cristal, plástico o metal precioso; materialmente son muy
pequeñas. Sin embargo, al pasar por entre nuestros dedos, ¡pueden
llevarnos de Nazaret a Belén, de Caná al Calvario, del sepulcro vacío a
la gloria del cielo!