¿Cómo distinguir un acompañamiento sano de un abuso de conciencia?
Red flag, una bandera roja, señal de alarma
Vamos a abrir un tema delicado hoy, y habrá que desarrollarlo y seguir profundizando en él más adelante. Quiero hablarte sobre algunas red flags que pueden aparecer en la dirección espiritual. Obras y palabras que nunca deberían darse en un acompañamiento, pero que a veces suceden y causan daño.
¿Cómo distinguir un acompañamiento sano de un abuso de conciencia?
Lo primero de todo, el abuso de conciencia en la dirección espiritual ocurre cuando quien te acompaña usa su posición de autoridad para controlar tus decisiones, tu libertad o tu relación con Dios, en lugar de ayudarte a discernir por ti mismo lo que el Señor quiere de ti.
Cuando esto pasa, deja de ser dirección espiritual y se convierte en manipulación con lenguaje religioso.
La inmensa mayoría de curas te van a escuchar y ayudar muy bien. Pero si algo te encierra en vez de liberarte, no es de Dios. Te dejo unas claves para un buen discernimiento.
1. Si te dice: “No hables esto con ningún otro sacerdote, solo conmigo”. RED FLAG. El aislamiento nunca es de Dios. Un buen director espiritual te abre a la Iglesia, no te encierra en él mismo.
2. Si te dice:“Me tienes que contar esto sí o sí”. RED FLAG. El buen director espiritual no hurga en las heridas, ni fuerza la libertad. Hacerlo es romper la conciencia de la persona, es una violación espiritual.
3. Si te dice: “Deja de hablar con este sacerdote y empieza a hablar conmigo”. RED FLAG. Un buen director espiritual no te quita libertad para discernir. Nunca teme que hables con otros, al contrario, te anima a contrastar y a no escuchar una sola voz.
4. Si te dice: “Tienes que venir a verme cada semana, si no, te desestabilizas”. RED FLAG. El objetivo de una buena dirección espiritual es que cada vez necesites ir menos, no más. Un buen dirección te lleva a Cristo, no a sí mismo para que dependas de él.
5. Si te dice: “Eres mi hijo/a espiritual predilecto, no se lo digas a los demás”. RED FLAG. La dirección espiritual sana no crea vínculos de favoritismo ni de dependencia emocional, al contrario, sana las relaciones desordenadas que la persona pueda tener con otros.
6. Si te dice: “No puedes hacer esto si no hablas primero conmigo".RED FLAG. Quien convierte su permiso en condición para vivir tu propia vida y tomar tus decisiones no te está ayudando con dirección espiritual, te está tutelando.
7. Si te dice: “Si te pasa algo malo, es porque no me hiciste caso”.RED FLAG. Desconfía de quien utilice el dolor ajeno para reforzar su autoridad. un buen director espiritual te ayudará a levantarte si te encuentras caído, no te lo echará en cara.
8. Si te dice: “Tú lo que tienes que hacer es hacerte monja/cura”. RED FLAG. Un buen director espiritual sabe que tu fuero interno es sagrado, por eso lo respeta y no lo fuerza. Puedes tener vocación consagrada pero si te fuerzan en esto te rompen.
9. Si te dice: “Si de verdad confiaras en Dios, confiarías en mí”. RED FLAG. Esto es un chantaje espiritual. Un buen director espiritual no fusiona su propia persona con la acción de Dios sino que señala a Dios, abre caminos, quita obstáculos…
10. Si te dice: “Me has defraudado porque no has hecho lo que te he dicho”. RED FLAG. También chantaje espiritual y hace mucho daño. Un buen director espiritual no te trata diferente según lo que hagas. Dios no lo hace pero si se recibe así la persona piensa que Dios ya no le va a querer.
La Iglesia y la buena dirección espiritual son un regalo inmenso: nos ayudan a no caminar solos. Pero precisamente porque es un don tan grande, merece cuidado. Los sacerdotes hemos de ser muy cuidadosos, el alma de las personas es tierra sagrada.
Giovanni Gigliozzi, periodista muy devoto y afín a él, lo reflejó en un libro sobre las cosas que escuchó al santo capuchino.
El Padre Pío levanta la mano para bendecir, en una fotografía que se le atribuye a Federico Abresch como tomada en 1947, el año en que sucedieron los hechos aquí referidos.
A última hora de la tarde del 16 de julio de 1947, una lancha motora partió de Albenga, localidad ribereña del Mar de Liguria, en dirección a la cercana y bella isla Gallinara, en el noroeste de Italia.
El objetivo era enseñársela, como formación y diversión, a 84 niños, en su mayor parte huérfanos por la recién concluida Segunda Guerra Mundial.
La tragedia
Al poco de empezar la travesía, la nave chocó contra un poste de hierro y acabó hundiéndose. Hubo 48 víctimas mortales, 44 de ellas pequeños.
La imagen de sus cuerpecitos alineados conmocionó a todo el país. Y aún hoy continúan siendo homenajeadas las víctimas con coronas de flores y discursos públicos institucionales.
Las decenas de féretros de los niños, en un momento de su traslado para el funeral y entierro, en una foto recogida por Croce Bianca Albenga.
Uno de los periodistas que cubrió entonces aquella dura información fue Giovanni Gigliozzi (1919-2007). En aquel momento dirigía un programa radiofónico en la RAI.
Giovanni Gigliozzi, en ambos extremos de esta combinación de fotos, conversa en la de la izquierda con el actor Fiorenzo Fiorentini y en la de la derecha con el músico Dante Alderighi.Wikipedia
Como es comprensible, lo que vivió de aquella desgracia le marcó profundamente. Gigliozzi era, eso sí, un hombre de activa fe y además hijo espiritual del Padre Pío.
¿Qué piensa el santo?
De hecho, pocos días después de esta tragedia acudió a visitar, como solía hacer, al ya célebre capuchino. Y atribulado como tantos por aquel hecho que había costado tantas vidas incipientes e inocentes, le preguntó cómo es que Dios había permitido algo así, tan horrible y sin explicación comprensible.
Fue entonces cuando el Padre Pío formuló una de sus propuestas espirituales más conocidas. Y de las más valoradas, pues nos permite entender el sentido del mal que vivimos cada día en nuestra vida o que vemos en la vida ajena.
La explicación figura en el libro donde el propio Gigliozzi recogió numerosas experiencias que compartió con aquel santo. De ahí el título,…y el Padre Pío me dijo…, presentado como "vida y mensaje del religioso de Pietrelcina a través del impactante testimonio de uno de los hombres más cercanos a él".
Una obra de dos volúmenes que publica testimonios directos sobre el Padre Pío por parte de un personaje del mundo de la información y gran seguidor suyo, Giovanni Gigliozzi.
“Imagina a una madre bordando”, comenzó la respuesta del Padre Pío a Gigliozzi ante aquella cuestión: “Su hijo pequeño está sentado enfrente sobre un taburete que le permite ver el reverso, la parte de abajo de cuanto ella cose. El niño lo ve todo al revés, solo aprecia nudos horribles e hilos entremezclados. Así que le dice a su madre: ‘Mamá, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué tu labor es tan incomprensible?’".
Para ilustrar esta historia del Padre Pío, he aquí un ejemplo muy claro. Éste es el reverso de un bordado...Stitching Sabbatical / Facebook
"Entonces", continúa el Padre Pío, "su madre baja el bordado y enseña a su hijo el otro lado de su trabajo, el anverso, la parte de arriba: el lado bello. Cada color se encuentra en su lugar, y la totalidad de los hilos ofrecen una composición clara y armónica”.
...y éste es el anverso del anterior bordado.Stitching Sabbatical / Facebook
El santo explicó enseguida Gigliozzi lo que quería transmitir con esta doble escena: “Aquí abajo, en este mundo, solo vemos el reverso del bordado. Somos como el hijo sentado en ese pequeño taburete”.
La conclusión era clara: durante nuestra vida, rodeados por el reverso de las cosas, no podemos ver el anverso del bordado, que es el que responde a la voluntad de Dios. Pero sabemos que ese anverso existe y ofrece a tanto horrible reverso que nos hace sufrir un sentido y una belleza que veremos en el cielo... Allí llegaremos si confiamos en que hay un anverso y en que es Nuestro Señor quien lo teje.
Dios es amor
Comentando esta historia, Bret Thoman, piloto casado y con dos hijos pero miembro de la rama franciscana seglar, explica que un sufrimiento ('reverso') como el referido por el Padre Pío “solo tiene sentido según la enseñanza divina sobre la esencia de Dios, de que ‘Dios es amor’”, como sentenció San Juan Evangelista (1 Jn 4, 16) porque relacionaba “la profundidad del amor de Dios... con el misterio del dolor y de la muerte”.
“El Padre Pío comprendió esta realidad”, concluye Thoman: “No solo él comprendió el valor potencial y la importancia del sufrimiento, del que la mayoría de la gente intenta naturalmente escapar, sino que, al contrario, fue más lejos y, como los grandes santos, lo pidió y lo deseó [el sufrimiento]”. Millones de personas fueron testigos mientras vivió el santo de cómo lo asumía él, sangrando incluso.
Porque el Padre Pío y los santos, como tantos buenos cristianos que aceptan los sufrimientos que viven asumiéndolos como parte de un plan de Dios que ignoran… asumen como propios no solo los sufrimientos, sino dicho plan. Esto forma parte de la fe y sabemos que tendrá su premios porque el Señor lo agradece.
Es la gran lección y la gran esperanza de los cristianos, y la que quiso explicar el Padre Pío tras aquella cruda tragedia colectiva de 1947.
⁷ Por eso supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de la sabiduría. ⁸ La preferí a los cetros y a los tronos, y en comparación con ella tuve en nada la riqueza. ⁹ No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y la plata, en su presencia, cuenta como barro. ¹⁰La amé más que a la salud y a la hermosura, y preferí tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso.
[...]
¹⁵ Que Dios me conceda hablar según él quiere, y tener pensamientos dignos de los dones recibidos, porque él es el guía de la sabiduría y el que corrige a los sabios. ¹⁶ En sus manos estamos nosotros y nuestras palabras, y también toda la prudencia y la pericia en los oficios. ¹⁷ Porque él me dio un conocimiento verdadero de las cosas: para conocer la estructura del mundo y las propiedades de los elementos; ¹⁸ el comienzo, el fin y el medio de los tiempos; la sucesión de los solsticios y el cambio de las estaciones.
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 12, 32-34
“No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.
Escocia ha experimentado un aumento en el número de
conversos al catolicismo en 2026, y estas cifras auguran un buen futuro
A principios de este año, mientras las iglesias de toda
Escocia celebraban la Vigilia Pascual, el país fue testigo de la increíble
cifra de 549 personas que se incorporaron a la Iglesia. Esto representa un
espectáculo espiritual sin precedentes.
En la archidiócesis de St. Andrew's y Edimburgo, la iglesia
jesuita del Sagrado Corazón recibe a unos 100 jóvenes adultos en la misa
dominical vespertina, y existe un foro de WhatsApp con más de 200 miembros. Si
bien esto demuestra el interés de los jóvenes de la ciudad por el catolicismo
romano, en todo el país hay muchos conversos recientes.
La edición de Aleteia en inglés entrevistó a dos jóvenes de
la Generación Z que explicaron qué los atrajo a la Iglesia y qué creen que
ofrece el catolicismo.
De Agustín a la Presencia Real
Aaron Johnstone, de 27 años y originario de Aberdeen,
Escocia, fue bautizado y recibido en la Iglesia en 2024. Con una formación
laica, no estaba familiarizado con la Misa ni con las tradiciones católicas,
pero en su adolescencia encontró su vocación en la filosofía. La lectura de las
obras de San Agustín fue el catalizador de su conversión a la
fe. Posteriormente, los escritos de Santo Tomás de Aquino lo inspiraron a
asistir a Misa. A partir de ahí, se inscribió en el Rito de Iniciación
Cristiana de Adultos (RICA) [ahora conocido como la Orden de Iniciación
Cristiana de Adultos (OCIA)]. Luego, Aaron asistió a la Exposición del
Santísimo Sacramento. Dijo:
“Llegué a la conclusión de que, en efecto, se trataba de
Cristo en la custodia”.
Aaron afirma que estar ante la Presencia Real “nos une
sacramentalmente al Calvario y a la eternidad”, y que encuentra un sentido de
comunidad en la Misa dominical y en los días de precepto, ya que, por
necesidad, todos se reúnen como un solo Cuerpo. Cree que los jóvenes se acercan
al catolicismo romano porque las tradiciones milenarias, las leyes sociales,
morales y teológicas les brindan respuestas y un marco de referencia para la
vida.
Amplió su discurso hablando sobre el impacto de los medios
digitales en la salud mental: "Podemos encender la televisión o leer los
titulares del periódico", señaló, "y siempre hay un desfile de cosas
terribles sucediendo en el mundo. Los teléfonos inteligentes lo empeoran. La
gente necesita un salvador".
Johnstone expresó su esperanza de que la Iglesia en Escocia
continúe prosperando.
Parte de algo más grande
Corey Morrison es un joven de 21 años originario de
Inverness, ciudad conocida popularmente como la "Capital de las Tierras
Altas Escocesas". Fue recibido en la Iglesia Católica durante la Vigilia
Pascual de 2026 en Exeter, Inglaterra, pero su devoción católica comenzó en
Escocia. De niño, no era religioso; sin embargo, en Inverness, la Iglesia Libre
de Escocia tenía una presencia destacada. En la escuela, participaba en las
festividades cristianas, pero fue al crecer cuando su fe se fortaleció. Asistió
a su primera misa en la iglesia de San Aidan en Aviemore, a unos 50 kilómetros
al sur de Inverness.
“Era una misa de rito latino”, relató. “No entendía lo que
decía el sacerdote, pero tenía una fuerza especial... Recibí una bendición y me
sentí en paz”.
Corey explicó que el catolicismo romano le atrajo porque en
esa fe se encuentra un sentido de comunidad y compañerismo. La confesión
regular le ha sido útil, ya que le ayuda a ser responsable de sus actos y
encuentra consuelo al recibir orientación espiritual sin prejuicios.
Considerando importante la camaradería, compartió que los
jóvenes de la Generación Z también necesitan encontrarla:
"[Al unirse a una iglesia católica], el joven encuentra
una familia más amplia y se integra a algo más grande que él mismo",
afirmó. Corey añadió que, después de la escuela, es especialmente importante
encontrar un nuevo lugar al que pertenecer, y que la Iglesia ofrece esto a
todos los que lo buscan.
Corey animó a los jóvenes a "darle una oportunidad al
catolicismo" y afirmó que cree que le espera un futuro brillante a la
Iglesia Católica en Escocia.
El futuro católico de Escocia
Los jóvenes de la Generación Z encuentran un hogar en la
Iglesia Católica Romana. Ya sea por encuentros con Cristo Resucitado ante el
Santísimo Sacramento, por una comunidad que los fortalece y les brinda alimento
espiritual, o por respuestas a las dificultades de la vida, los jóvenes buscan
consuelo en la Madre Iglesia.
En la actualidad, gracias al optimismo que muestran los
jóvenes escoceses, el futuro de la Iglesia Católica en el país se presenta
prometedor. Queda por ver si esta tendencia positiva se mantiene y cómo la
Iglesia puede aprovechar las nuevas conexiones con la juventud. Si el número de
conversos de la Generación Z continúa creciendo, es razonable suponer que el
futuro de la espiritualidad escocesa dará buenos frutos.
Del 17 al 19 de septiembre, la Universidad Pontificia Comillas-ICADE en Madrid acoge a gente a la vez creativa e inteligente... y un sondeo insólito.
Mesa redonda sobre libertad y determinismo en el IV Congreso de la Sociedad de Científicos Católicos, en San Pablo CEU, en 2025, Madrid
Del 17 al 19 de septiembre, la Universidad Pontificia Comillas-ICADE en Madrid alberga el V Congreso de la Sociedad de Científicos Católicos de España (SCCE).
Como en las cuatro ediciones anteriores, los temas son de lo más variado y estimulan la imaginación y las hipótesis (y a veces sus refutaciones).
Habrá sesiones dedicadas a los orígenes medievales de la ciencia moderna, a figuras históricas como Hipatia o el médico embarcado Francisco Javier Balmis, la historia de las mujeres de fe en la Ciencia, la mecánica cuántica, la cosmología, la muerte y la eternidad, la inteligencia artificial o el software libre desde la doctrina social católica.
Además, el congreso contará con mesas redondas sobre la presencia de la ciencia y la fe en el cine, las redes sociales y la divulgación científica.
Lo nunca visto: un estudio sobre creencia de los científicos españoles
Pero lo más especial es la presentación de algo hasta ahora insólito en España: sendos estudios sociológicos sobre la religiosidad de los científicos españoles y sobre las opiniones de alumnos de ciencias acerca de la relación ciencia-religión.
¿Qué piensan los jóvenes? ¿Y qué creencias religiosas tienen, estadísticamente, los hombres y mujeres que hacen ciencia en España? Nunca antes se habían hecho sondeos serios al respecto. Se presentarán el viernes a la una y media de la tarde.
La Sociedad de Científicos Católicos
La Sociedad de Científicos Católicos cuenta con unos 2.500 investigadores de más de 60 países y una organización central en Estados Unidos, donde se gestó la asociación. Pero España es la segunda nación en número de miembros y cuenta con una sección propia, es decir, con una organización interna para realizar diversas actividades.
La sección española ha multiplicado sus labores de formación, divulgación y presencia pública, con docenas de charlas cada año en parroquias y colegios, además de cursos de formación para profesores de religión, filosofía y ciencias.
La sección española mantiene diversos grupos de trabajo dedicados a temas como inteligencia artificial y robótica, bioética, cuidado del medio ambiente, Sábana Santa, indicios científicos de la existencia de Dios, biografías de científicos católicos españoles, mujer científica, epistemología, vida después de la muerte, milagros, así como un grupo específico dedicado a jóvenes investigadores.
Este 11 de septiembre llega a los cines españoles la película Sagrado Corazón, que atrajo medio millón de espectadores en Francia.
Cuenta la historia de las apariciones del Sagrado Corazón a Santa Margarita María en el siglo XVII y las enlaza con testimonios actuales del amor ardiente de Dios que transforma a las personas, a menudo ligados al mismo lugar de las apariciones hoy. Es una película hermosa y edificante, un docudrama con partes de recreación.
Este segundo tráiler (vea aquí el primero) hace alusiones a la promesa del Sagrado Corazón al beato Bernardo de Hoyos: "Reinaré en España", pero lo cierto es que la película solo se centra en testimonios y episodios en Francia, sin alusión a otros países (con una excepción: El Salvador). [1 min 46 seg]
En China, junto con dos compañeras musulmanas devotas, comenzó a interrogarse en serio sobre Dios y el cristianismo... y Dios respondió.
Ainara es de Madrid, y, aunque había recibido la fe en su familia, su encuentro con Dios sucedió en una temporada en China en la que hizo amistad con dos chicas musulmanas. 07:58
Esta historia es la de una joven de Madrid que tenía la fe en su propia casa, en su barrio y en el colegio, pero que sin embargo, tuvo que ir al fin del mundo para encontrarse con Dios.
La conversión de Ainara Santín Torrecilla empezó con un formulario de un gobierno comunista para obtener una beca con la que estudiar en China. En un apartado, el gobierno pide declarar la religión que se profesa, ya que en el país está prohibido todo culto fuera de los lugares exclusivamente registrados para ello. Ainara en un primer momento escribió "atea".
Era lo más honesto: llevaba años sin confesarse y solo iba a misa por el miedo al qué dirán en su familia. Le estuvo dando vueltas varios días, con la solicitud a medio enviar, hasta que borró la palabra y puso "católica", pensando en sus raíces culturales y lo que había recibido en su familia, pero no en lo que ella creía.
Lo interesante de esta historia no es que alguien redescubra la fe, sino dónde: en una ciudad de once millones de habitantes, casi el triple que Madrid, con una sola iglesia católica y gracias a la amistad de dos compañeras musulmanas.
"Lo que más sorprende a la gente es que fuera en China", dice ella. "Y para mí es lo menos sorprendente: yo necesitaba empezar de cero, donde nadie me dijera absolutamente nada de por dónde debo tirar."
Y es que Dios muchas veces es capaz de ir al fin del mundo con tal de buscar a la oveja perdida.
Una fe, en España, "más cultural que real"
Ainara se crió en un ambiente católico de manual: misa los domingos, catequesis y colegio concertado. Iba, aunque participaba tímidamente. Lo resume con una frase que retrata una gran parte de la sociología española: "Me he criado rodeada de una fe que era más cultural que real. Nunca llegué a interiorizar lo que creía”.
Cuando tuvo que elegir qué iba a estudiar, no sabía qué haría, pero sí que quería salir de su casa. Acabó en Sevilla estudiando sobre Asia Oriental, sola.
Cuando se encontraba inmersa en un ambiente ateo o prácticamente anticlerical, "no tenía una base consolidada, no tenía fuerza para contestar a los argumentos que sacaban cuando atacaban la religión", cuenta.
Cortó con la fe, definitivamente, en tercero de carrera, con un intercambio en Taiwán. Viajó con dos chicas abiertamente contrarias a la Iglesia y dejó de ir a misa, primero por pereza y después por vergüenza.
"Allí dio la casualidad de que había una iglesia a quince minutos, pero no iba porque no quería que se enteraran o por pura pereza”, recuerda.
Mantener la imagen ante su familia practicante
Cuando volvió a España de Taiwán, comulgaba sin confesarse. Iba a misa cuando estaba su familia delante, "por mantener la imagen", como cuenta ella misma.
Una Navidad, tomando chocolate con ellos en una cafetería, su madre le preguntó si seguía yendo a misa. Dijo que sí, aunque no era verdad. "Me sentí tan mal que el resto del curso empecé a ir otra vez, porque estaba decepcionando a mis padres. Ahora en perspectiva veo que solo hacía eso por no sentirme juzgada."
Terminó la carrera y pasó un año en Madrid sin trabajo, sin estudios y sin ganas: días enteros vacíos, sentada en el sofá. “Cuando digo que me perdí es que literalmente no tenía motivación para nada."
Solo una: la beca del Gobierno chino, trece plazas en toda España. Se la dieron. "Yo estaba huyendo, llevaba seis años huyendo, de mi vida, de mi casa, de todo lo que había recibido en definitiva."
Una Biblia del revés y dos compañeras musulmanas
Entre el formulario y el avión pasó otra cosa que describe como providencial: metió la Biblia en la maleta. Iba justa de peso —"pesa un montón y pensaba, ¿a dónde voy yo llevando esto?"— y aun así la cargó. Al llegar la colocó en la estantería dada la vuelta, con el lomo hacia dentro, para que nadie supiera que la tenía. No la abrió hasta meses después.
Lo único que se propuso fue ir a misa los domingos. Ni confesarse, ni rezar, ni buscar comunidad: mantener el hábito por pura costumbre, ya que tenía el recuerdo agridulce de lo sola y perdida que se había sentido en Taiwán.
Sin haberlo planeado, el hostal donde se alojó los primeros días en una ciudad de millones de habitantes ¡estaba justo al lado de la única iglesia católica de la ciudad!
Con el jet lag se despertó a las cinco de la mañana y vio que había misa a las seis – en China el culto religioso es a horas intempestivas para no colisionar con el resto del día– y se sentó en los bancos de atrás.
Lo que encontró le desmontó algo: chinos arrodillados en el suelo, rezando con devoción, y mucha más gente de la esperada. "Aquí el catolicismo no es la norma. La gente que viene es porque se lo cree de verdad. A mí eso me sorprendía: aquí tiene que haber algo. Y más en un país profundamente ateo donde la religión se mira con lupa y con recelo"
El segundo golpe llegó en clase. Eran siete alumnos y dos eran musulmanas, una yemení y otra marroquí. Ainara, que llegó con prejuicios y con miedo a ofenderlas; se encontró con dos mujeres que rezaban sin esconderse, que llevaban velo en un país donde está mal visto y que hablaban de Dios en voz alta.
"Yo, que había puesto la Biblia del revés nada más llegar, de repente me encontré a gente súper abierta con su religión, que compartía con naturalidad lo que vivía y que lo hacía desde el corazón y con convicción. Me pintaban una imagen de Dios en la que realmente deseaba crear, aunque no sabía todavía cómo."
Una noche de viaje, la yemení se puso a rezar en la habitación, ya que en China está prohibido rezar en espacios públicos. Ainara sintió el impulso de rezar algo, lo que fuera, y así acompañarla y hacer algo mientras tanto. Buscó cómo rezar el rosario en el móvil porque no se lo sabía. Rezaron a la vez, cada una lo suyo. "Sentí con ellas una libertad de ir encontrando lo que yo quería."
El ayuno, la promesa y el tren cancelado
Las tres amigas se fueron de viaje por toda la costa este china. En una iglesia de Qingdao, las musulmanas le señalaron una estatua. ¿Quién es este?, preguntaron "Creo que es San José", dijo ella. Y no supo defender nada más.
"Me supuso un gran impacto no saber responder. Se suponía que tenía una infancia y educación católicas y no sabía responder nada sobre san José, ellas conocían mejor su historia incluso".
Esa tarde abrió la Biblia en el móvil para buscar la historia. Fue la primera vez que leía algo relacionado con la fe de manera voluntaria. Este fue el primer gran cambio de Ainara: descubrir que realmente nunca se había parado a profundizar en aquello que decía crear (aunque fuese solo culturalmente).
El rosario por teléfono y debates sobre religión
A partir de ahí todo se aceleró. Una amiga del colegio, también alejada de la fe, le escribió desde España transformada después de hacer un retiro de Effetá y empezaron a rezar el rosario juntas por teléfono todos los días salvando la diferencia horaria: mediodía en España y por la noche en China. Las llamadas de quince minutos acabaron durando dos horas.
Los debates con sus amigas musulmanas subían de nivel —la venganza, la pena de muerte, la misericordia— y Ainara empezó a formarse por su cuenta para sostener lo suyo. "Sentía un fuego interior y mucha sed", defiende.
Llegó la Cuaresma, cuatro días después del comienzo del Ramadán aquel año, y las conversaciones derivaron al ayuno. Escuchando cómo ayunaban ellas, sintió rechazo por lo poco que se le pedía a ella con solo dos ayunos en todo ese tiempo litúrgico (Miércoles de Ceniza y Viernes Santo).
"Sentí una llamada muy fuerte a hacer un ayuno en condiciones, y sobre todo a hacerlo por el Señor". Y aquí hay algo que ella insiste en que se diga: llevaba ocho años luchando contra la bulimia, y el ayuno había sido siempre parte del problema, no de la solución, lo que hacía este propósito un poco más complicado debido a una relación problemática con la comida a la que ella todavía no había puesto nombre.
Le pidió ayuda a su compañera de habitación que le escondiera la báscula y que no la dejara pesarse ni un solo día. Sustituyó las horas de comer por rezar, leer la Biblia y pasear. Cuenta que llegó a hacer ayunos completos durante varios días seguidos, pero que en este caso su única motivación era la mortificación y unirse más a Dios.
Ainara en varios de los destinos que visitó durante su año en China.cedida a rel
Ella seguía hablando a diario con su amiga en España y con sus dos amigas musulmanas en China. En medio de un debate en el que ella defendía la confesión, oía como se decía a sí misma en su interior: “Llevas cuatro años sin confesarte, estás hablando como una hipócrita”.
Ella era consciente de que no estaba en gracia y no podía seguir comulgando sin antes hacer una buena confesión.
No había sacerdotes occidentales en su ciudad. Rezando, se acordó de que cuando había estado en Pekín, escuchó que en algún lugar había una misa en castellano. Montó un plan de película para el siguiente fin de semana, que además coincidía que era Domingo de Ramos: cogería un tren nocturno de dieciséis horas a Pekín, la distancia que separaba su ciudad de la capital, buscaría la iglesia el sábado, se confesaría y volvería directa en otro tren de dieciséis horas para las clases del lunes.
La semana se le vino encima: le cambiaron las clases y le encargaron un montón de trabajos que no podía hacer en el tren. Agobiada, salió al balcón de la residencia, se sentó en un taburete azul y le hizo a Dios una promesa que sabía que no debía hacer: "De aquí a tres días estoy confesada". Volvió a la habitación, miró el móvil y leyó: por razones desconocidas, el tren de mañana a Pekín queda cancelado.
"Mi primera reacción fue enfadarme. '¡Acabo de prometerte que me voy a confesar y me estás quitando las posibilidades!' El cabreo me duró treinta segundos." Después vino una paz que no supo explicar. Preparó la confesión en inglés con la app de notas del móvil y el domingo se plantó una hora antes en su iglesia, vacía, a preguntar en la tienda de artículos religiosos si alguien conocía a un sacerdote angloparlante.
"En media hora llega uno que habla inglés y viene a confesar", le dijeron. Se confesó allí, sin tren y sin dieciséis horas de viaje. Salió con el ramo bendecido y con una sensación de paz indescriptible.
¡Jesús es el Señor!
Sin embargo, quedaba un muro por derribar: creía en Dios Padre con naturalidad, pero no terminaba de ver a Jesús como Dios. Escuchando una canción de alabanza que decía «Cristo es Rey» le chirrió tanto que llamó a su amiga para despotricar.
En mitad de la llamada, mirándose al espejo del baño de los dormitorios, tuvo una imagen mental muy nítida: un camino de arena, gente a los lados y alguien acercándose hacia ella. "Supe que era Jesús, y tuve la certeza absoluta de que era Dios. En esa imagen caí de rodillas delante de Él." Hubo dos segundos de silencio al teléfono e inmediatamente comenzó a alabar a Cristo como Hijo de Dios.
Ainara pasó la Semana Santa en la basílica de Sheshan, en Shanghái, uno de los grandes lugares de peregrinación de Extremo Oriente.
Y al volver ocurrió lo que no había pedido: entró a una tienda a por su atracón de comida habitual y salió sin nada.
Ya en España, después de cenar, sacó las galletas y se quedó cinco minutos mirándolas. "De repente entendí cosas como que cuando estás lleno dejas de comer, que es algo que no entendía antes".
Ocho años de enfermedad desaparecieron en un instante. Hasta el día de hoy afirma que no ha vuelto a sentir la necesidad de repetir los comportamientos que tanto le habían hecho sufrir. "Ese es mi milagro, mi sanación." Y lo subraya: solo había pedido ayuda para llevar bien los ayunos de Cuaresma.
Contarlo en casa le daba algo de respeto.
Sus padres, que habían sido durante muchos años coordinadores nacionales de Encuentro Matrimonial, un movimiento eclesial para matrimonios, ni siquiera sabían que había perdido la fe ni que estaba enferma. Se lo contó todo este verano de 2026. "Me dijeron que les daba pena no haber sido participes de mi vida, pero se llevaron una gran alegría".
Hoy vive en Madrid, ha empezado dirección espiritual, ha sido monitora en un campamento, tiene una comunidad parroquial que buscó a propósito porque sabía que sola volvería a perderse, y un novio que no entraba en ningún plan.
También reconoce que hay bajones. "El impulso inicial ya no lo tengo. Y me da rabia, porque cuando la gente me pide testimonio lo cuento y digo: ¿cómo es posible que ahora haya cambiado tanto todo, si he vivido todo esto en mi propia piel?".
"La conversión es algo constante. Es una decisión, es un decir sí", entiende hoy. Y tiene una advertencia: no hay que rendirse en los momentos de menos fe, vale la pena sostener lo básico, y aceptar de vez en cuando que el Señor te cancele el tren.