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jueves, 20 de agosto de 2026

La interpretación que hace un padre de familia numerosa cuando le recriminan que tenga tantos hijos

 

Tim Clark, su esposa y sus ocho hijos, por los que muchas veces le han pedido 'explicaciones'.

Tim Clark, su esposa y sus ocho hijos, por los que muchas veces le han pedido 'explicaciones'.


    Tim Clark es programador informático y padre de ocho hijos. En numerosas ocasiones ha tenido que escuchar muestras de incredulidad, cuando no recriminaciones abiertas, ante ese hecho, que la cultura ambiente considera -ya desde números muy inferiores- algo imposible de manejar.

    A modo de respuesta a esas críticas, pero sobre todo como reflexión y ayuda para quienes, como miembros de familias numerosas, compartan esa desasosegante experiencia de críticas ajenas, Tim ha escrito una interesante entrada en su blog Between the Paws:

    No es a ti a quien están juzgando

    No hace mucho, conversando con la madre de varios niños pequeños, me confió que estaba dudando si visitar o no a unos familiares, a causa de las opiniones negativas que en ocasiones le manifestaban sobre su decisión de tener “tantos” niños.

    “No me gusta que me juzguen”, dijo. Sé exactamente a qué se refería y quise introducirla en el secreto sobre esos juicios, que yo descubrí por mí mismo. Así que le dije: “No te juzgan a ti. Se juzgan a sí mismos”.

    Tantos como Dios decida

    Recuerdo muchas conversaciones con extraños o conocidos a lo largo de estos años.

    “¿Ya dos niños? ¡Eres tan joven...!”

    “¡Tres! ¿Tan pronto? ¿¡Será el último...!?”

    “¿Cuatro? Ahora sí es el último, ¿no?”

    “¡¿Cinco?! ¡¿Vas a tener más?!”

    Mi respuesta era casi siempre la misma: “Ya veremos con cuántos decide Dios bendecirnos”.

    Y luego sucedía algo curioso. Esa persona a quien acababa de conocer, o a quien conocía solo superficialmente por cuestiones de trabajo, inevitablemente decía algo como “Mi mujer y yo decidimos que pararíamos tras el primero” o “Me hice una vasectomía cuando tuvimos el segundo”. Es una información demasiado profundamente personal como para compartirla con alguien a quien apenas conoces.

    Al principio, no podía comprender por qué esas personas me participaban sus costumbres y procedimientos de planificación familiar. La clave me la dio lo que inevitablemente me decían después: “No podíamos asumir más”.

    Comprendí que la forma de decirlo era menos una afirmación que una pregunta dirigida a mí: “¿No piensas tú también que eran todos los que podíamos asumir?”

    ¿Hijos o productos?

    Por favor, no me malinterpreten. Hay familias de todos los tipos y tamaños, y es absolutamente verdad que, para algunas familias, uno o dos niños son realmente todo lo que pueden asumir por graves razones de salud o económicas. Sin embargo, estas razones son generalmente atípicas.

    La razón principal por la que la tasa de fertilidad es de 1,7 niños por mujer en Estados Unidos y 1,4 en Canadá es porque nuestra sociedad ha aceptado la mentira de que los bienes fundamentales son aquellos que se pueden comprar o vender. La carrera profesional o la capacidad para ganar dinero que uno tiene se veneran por encima de cualquier otra actividad, porque nos capacitan para comprar el último 'producto-que-hay-que-tener' e inmolarlo en el altar del consumismo. De la maternidad y la paternidad se habla sobre todo -si es que se habla- para recordarnos cómo evitarlas. La sociedad le dice a madres y padres: “No debéis tener más hijos, os impedirán comprar todo lo que tenemos que ofreceros. Además, no solo no debéis tener más, es que no podéis tener más. ¡No podéis manejar más de uno o dos!”

    “¿No piensas tú también que eran todos los que podíamos asumir?”

    Eso es lo que estaban diciendo en realidad. A veces, en su mesa de trabajo descubría una foto de sus hijos. Nunca un coche. Nunca una televisión. Nunca un nuevo iPhone. Lo que querían tener presente es aquello que les produce mayor alegría.

    “¿No piensas tú también que eran todos los que podíamos asumir?”

    Necesitaban que alguien les dijera que habían hecho lo correcto, porque en lo más profundo de su interior se sentían incómodos con la mentira. Recordaban la alegría de tener a un hijo en brazos y escuchar sus primeras palabras, o la alegría y el amor que sentían ahora por sus hijos. Su trabajo, su automóvil o su televisor les gustaban, pero a sus hijos los amaban.

    A pesar de que sentían todo eso, lo que se les decía era: “No querrás tener eso de nuevo, ¿verdad?” Su instinto natural era decir: “¿Más alegría? ¿Más amor? ¡Por supuesto que lo quiero!

    “No puedes manejar más de uno o dos.”

    Ellos no conocían a nadie más que tuviese más de uno o dos hijos. Así que sucumbieron a la mentira. Y ahora, más que nada, lo que querían es que alguien les dijese que habían tomado la decisión correcta... mientras los rostros de los niños a quienes nunca conocerían desfilaban ante sus ojos.

    Pío XII y la terrible verdad

    No, incluso cuando esas personas te decían cosas del tipo “Sabes lo que te va a pasar, ¿no?”, estaban emitiendo un juicio, pero no sobre ti, sino sobre ellos mismos. Y un juicio terrible. Te verán amontonándote en tu furgoneta de 12 pasajeros, imaginando la caótica escena que debe ser tu hogar, para luego volver sombríamente al suyo propio, ahora vacío, y preguntarse: "¿Y si yo hubiera...?

    Es un juicio terrible, una terrible verdad.

    El Papa Pío XII escribió en una ocasión: "Donde el número de hijos no es más que uno, la intimidad serena que da valor a la vida tiene un toque de melancolía o de palidez; no dura tanto, puede ser más incierta y con frecuencia está nublada por temores secretos y remordimientos. Es muy diferente a la serenidad de espíritu hallada en padres rodeados de una rica abundancia de vidas jóvenes. El gozo que viene de las abundantes bendiciones de Dios rompe de mil maneras y no hay miedo de que termine. Las frentes de estos padres y madres pueden estar cargadas de cuidados, mas nunca hay señal de alguna sombra interior que delate ansiedad de conciencia o miedo de un irreparable regreso a la soledad. Mientras la dulce fragancia de una cuna permanezca en el hogar, mientras las paredes de la casa den eco a las voces argentinas de hijos y nietos, su juventud nunca parecerá desvanecerse.

    “Temores secretos y remordimientos”. Realmente, un juicio terrible.

    ¿Qué hacer?

    Cuando le escuchamos a otros juicios como los antedichos, mi consejo es doble.

    Por un lado, compadécete de esas almas. En un sentido muy real, están de luto por sus propios hijos. No caigas en la tentación de responder de la misma forma a sus palabras. Al revés, simplemente afirma el bien de la vida y el bien de los hijos. Mi propia esposa es un gran ejemplo de este tipo de caridad. Cuando algún extraño le dice, señalando a nuestros hijos, “Debe ser una tarea muy dura”, ella simplemente sonríe y responde: “Sí, pero es muy divertido. Y a veces duro. Pero eso es lo que lo hace grande”.

    En segundo lugar, en vez de entender esas palabras como un reproche, deberíamos entender que ese alguien, aunque involuntariamente, está afirmando las grandes bendiciones que Dios nos ha concedido. Da gracias a Dios por que te dio la gracia de resistir a las mentiras del mundo. Y da gracias a Dios por todas y cada una de las bendiciones que puso en tus brazos.

    Porque sí que creo que ese extraño, ese compañero de trabajo y ese familiar formula un juicio. Solo que no se expresa en palabras, sino desde lo profundo de sus almas, y sentencia: “Ahí va una de las personas más felices que he conocido”.

    Traducción de Carmelo López-Arias.

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    «¿Por qué ya no hacemos toples?» La respuesta de Ana Iris Simón vuelve a incendiar las redes

    Pocos días después de generar un debate en todo España con la polémica del «Adults only», la autora de Feria vuelve abordando el creciente abandono del topless.

    El topless ha perdido presencia entre las nuevas generaciones, en un contexto marcado por una mayor exposición y vigilancia del cuerpo femenino.

    El topless ha perdido presencia entre las nuevas generaciones, en un contexto marcado por una mayor exposición y vigilancia del cuerpo femenino.


      Desde su salto a la fama con Feria, Ana Iris Simón se ha convertido en una de las voces menos temerosas a la hora de abordar asuntos políticamente incorrectos. Muestra de ello fue su reciente artículo Adults only, donde cuestionaba frontalmente el incremento de establecimientos en España que prohíben el acceso a menores de edad.

      Mientras la polémica continúa vigente en medios y redes sociales, la escritora ha vuelto a dar que hablar con un artículo no menos provocador, esta vez sobre el retroceso del toples en playas y piscinas. Para Ana Iris, la explicación no se encuentra tanto en un supuesto regreso del puritanismo como en un fenómeno mucho más profundo: la sexualización extrema del cuerpo y la permanente necesidad de someterlo a examen, comparación y mejora.

      La escritora plantea así una paradoja de nuestro tiempo: cada vez se enseñan menos los pechos al mismo tiempo que cada vez más mujeres pasan por el quirófano para modificarlos. Y formula una pregunta incómoda: ¿por qué preocupa más un supuesto regreso del pudor que la normalización de intervenciones cada vez más agresivas para adaptar el cuerpo a determinados cánones de belleza?

      Es la tesis que desarrolla Ana Iris Simón en su última columna de El País, de la que recopilamos algunos fragmentos: 

      Una práctica en retroceso

      "El toples, esa práctica presuntamente liberadora, está en retroceso. Resulta que, tras unos años intentando desexualizar los pechos femeninos, reivindicando que un torso de hombre y uno de mujer eran equivalentes, la gente no se lo ha tragado… La nueva derecha es más liberal que conservadora, en ella puede convivir el rechazo al inmigrante con la defensa de las libertades sexuales y de vestimenta. Por eso habitualmente las usan como ariete contra, por ejemplo, los musulmanes".

      Sexualización extrema

      "El fenómeno es multicausal. Es probable que las mujeres hayamos dejado de hacer toples por miedo a ser fotografiadas o juzgadas. Pero también y sobre todo por la sexualización extrema y la autoobservación neurótica a la que nos invita nuestro tiempo".

      Una seguridad inalcanzable

      "Tampoco los enseñamos por el escrutinio al que nos somete el mundo y nosotras mismas, redes sociales e industrias de moda y belleza mediante. Podría parecer paradójico: el tiempo en el que más mujeres se operan es también en el que menos las enseñan en playas y piscinas. Porque la que las tiene operadas no se piensa perfecta —tuvo que invertir dinero, le quedaron cicatrices en cuerpo y quizá en alma y no quiere que se le noten—, y la que no ha pasado por el quirófano tampoco siente que lo sea porque se compara con la que sí".

      Sexualización voraz

      "Quizá lo que debería alarmarnos no es el auge de un presunto puritanismo que nos hace cubrirnos sino una sexualización tan voraz que nos ha llevado a normalizar que miles de mujeres se metan en un quirófano y se sometan a una anestesia general para arrancarse los pezones y colocarse unos implantes. Porque, si somos serios, tendremos que reconocer que eso es mucho más violento —y está más generalizado— que cualquier mirada de desaprobación en la playa".

      ReL

      Vea también    Católicos devotos tienen
      mejor vida sexual




      Tiene más de 70 años, es sacerdote y recibe 60 WhatsApp al día: ya ha unido a 1.280 solteros

      No usa algoritmos ni aplicaciones de citas: con WhatsApp, unas pocas preguntas y mucha Providencia, este cura español ya ha unido a 1.280 solteros.

      El padre Fernando Cuevas, conocido como el

      El padre Fernando Cuevas, conocido como el "cura Tinder" por sus dones para poder unir a jóvenes católicos en matrimonio.


        El padre Fernando Cuevas tiene más de 70 años, es sacerdote del Opus Dei y desde hace tres lustros desarrolla un apostolado tan peculiar que algunos ya le han bautizado como el «sacerdote de Tinder». 

        Pero su método está muy lejos de los algoritmos de las aplicaciones de citas: un cuestionario, WhatsApp, algunos criterios básicos y, sobre todo, una gran confianza en la Providencia.

        El resultado no es pequeño. Según ha explicado al periodista Nicolás de Cárdenas de la agencia ACI Prensa, en los últimos 15 años ha ayudado a 1.280 personas solteras a encontrar pareja y casarse.

        «Hay mucha gente que anhela el amor verdadero y eterno en Cristo», asegura el sacerdote, natural de Ibiza y actualmente destinado en Valencia. Una labor que comenzó casi de manera circunstancial y que ha terminado transformando su propio ministerio. «Esto ha cambiado mi vida por completo», reconoce.

        Hasta 60 mensajes de WhatsApp al día

        Además de ejercer como capellán en dos colegios próximos a Valencia y colaborar con dos clubes juveniles, Cuevas dedica buena parte de su tiempo a atender a católicos que buscan formar una familia.

        Y las peticiones no son pocas. En una jornada normal puede recibir hasta 60 mensajes de WhatsApp de personas interesadas en encontrar pareja.

        El sacerdote establece de entrada dos condiciones: tener más de 25 años y acudir a misa los domingos. Después pregunta por la edad, el lugar de residencia y el grado de implicación en la vida de la Iglesia, procurando contrastar la información siempre que puede.

        No existe un complejo algoritmo. Cuevas intenta aplicar criterios prácticos y de sentido común. La cercanía geográfica es uno de los primeros factores que tiene en cuenta, porque facilita que las personas puedan conocerse. También procura que el hombre sea algo mayor que la mujer y presta especial atención a la afinidad espiritual.

        Precisamente este último elemento es uno de los que considera decisivos: que ambos compartan una fe vivida y quieran colocar a Cristo en el centro de su futuro matrimonio.

        «Confío plenamente en la Providencia»

        El sacerdote atiende a personas de edades muy diferentes, aunque reconoce que existe un desequilibrio entre hombres y mujeres en algunas franjas. Tiene pocos varones de treinta y tantos años, más candidatos en la cuarentena y nuevamente menos a partir de los cincuenta.

        Pese a los resultados obtenidos, Cuevas rechaza atribuirse una capacidad especial.

        «No tengo ningún don especial», asegura. Su explicación es mucho más sencilla: «Soy sacerdote; confío plenamente en la Providencia».

        Para Cuevas, la búsqueda de esposo o esposa debe entenderse desde la vocación cristiana. Está convencido de que Dios tiene un proyecto concreto para cada persona y de que el matrimonio constituye una auténtica llamada a la santidad.

        Por eso rechaza considerar esta vocación como algo de menor categoría respecto al sacerdocio o la vida religiosa. El matrimonio, explica, es también «un llamado a la entrega total».

        Cuando un número equivocado acaba bien

        Después de tantos años ejerciendo de improvisado casamentero, Cuevas acumula también historias sorprendentes.

        En una ocasión se produjo una confusión al intercambiar los números de teléfono y uno de los candidatos terminó contactando con una persona diferente de aquella con la que inicialmente debía hablar.

        Ambos decidieron encontrarse y cenar juntos. Pronto comprobaron que las fotografías y algunos detalles no coincidían con la información que esperaban, pero aquello no impidió que surgiera la conexión.

        «No sé qué pasó, pero es perfecto», terminó escribiéndole uno de ellos al sacerdote.

        De Valencia a Hispanoamérica… e incluso la India

        Lo que comenzó ayudando a personas del entorno de la Archidiócesis de Valencia ha terminado desbordando todas las fronteras.

        Cuevas recibe ahora solicitudes desde numerosos países, especialmente de Hispanoamérica. El volumen ha crecido tanto que cuenta con la colaboración de otro sacerdote, el padre Vicente Huerta, que dedica muchas noches a hablar con candidatos de Argentina, México, Colombia o Perú.

        Incluso han recibido peticiones procedentes de lugares tan alejados como la India.

        La experiencia de estos 15 años ha llevado al padre Cuevas a una conclusión que contrasta con la crisis del matrimonio y de la familia que atraviesa España.

        «La gente busca el amor verdadero. Existe un anhelo, una enorme necesidad de amar», afirma. Y asegura que entre quienes acuden a él aparece repetidamente una prioridad: encontrar a alguien que comparta su fe.

        «No me importa si tiene ojos azules, es muy guapo o muy inteligente. Si no tiene a Cristo en el centro de su vida, olvídalo», resume el sacerdote al explicar lo que muchos candidatos le transmiten.

        Para Cuevas, esa respuesta revela algo importante: pese a la secularización y al desplome de los matrimonios, siguen existiendo numerosos jóvenes y adultos que desean formar una familia y entienden el matrimonio como un camino cristiano de entrega y santidad.

        ReL

        Vea también     El Matrimonio en el Plan de Dios




        Evangelio del día Jueves 20a. Semana TO - Memoria de San Bernardo

        Libro de Ezequiel 36,23-28.

        Yo santificaré mi gran Nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que yo soy el Señor -oráculo del Señor- cuando manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes.
        Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo.
        Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos.
        Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.
        Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes.
        Ustedes habitarán en la tierra que yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios.


        Salmo 51(50),12-13.14-15.18-19.

        Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
        y renueva la firmeza de mi espíritu.
        No me arrojes lejos de tu presencia
        ni retires de mí tu santo espíritu.

        Devuélveme la alegría de tu salvación,
        que tu espíritu generoso me sostenga:
        yo enseñaré tu camino a los impíos
        y los pecadores volverán a ti.

        Los sacrificios no te satisfacen;
        si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
        mi sacrificio es un espíritu contrito,
        tú no desprecias el corazón contrito y humillado.


        Evangelio según San Mateo 22,1-14.

        Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
        El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
        Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.
        De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'.
        Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;
        y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
        Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.
        Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.
        Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'.
        Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.
        Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.
        'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio.
        Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'.
        Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.


        Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



        Bulle

        San Gregorio de Nisa (c. 335-395)
        monje, obispo
        Vestida con virtudes (La Colombe et la Ténèbre, Cerf, 1992), trad. sc©evangelizo.org


        Vestido de bodas

        “La fragancia de tus vestimentas son como el aroma del incienso” (Ct 4,11). El sentido profundo de esas palabras enseña a los hombres hacia qué fin se torna la vida virtuosa. Porque el fin de la vida virtuosa es la semejanza con Dios. Por eso, las almas virtuosas se aplican a adquirir la pureza del alma y a librarse de los apegos sensuales, con el fin de mostrar la marca de la naturaleza divina en ellas por la excelencia de sus vidas.
        Pero la vida virtuosa no presenta un solo aspecto ni una sola forma. Lo mismo que la fabricación de telas para hacer una vestimenta se realiza con numerosos hilos, unos tendidos verticalmente y otros horizontalmente, la vida virtuosa es tejida con la colaboración de muchos elementos. Son esos hilos que enumera el Apóstol cuando describe lo que concurre para el tejido de obras puras y habla de “amor, alegría, paz, longanimidad, bondad” (Gal 5,22). También nombra otras virtudes que forman la vestimenta del que se ha despojado de la vida corruptible y terrestre, para revestir la incorruptibilidad celestial (cf. 1 Cor 15,53). (…)
        Tal es el sentido de esas palabras del Cantar. Cómo si dijese: “En ti, mi Esposa, el revestimiento de virtudes es una imitación de la beatitud divina, que te asimila al ser inaccesible, por la pureza y liberación de pasiones”. 
        (EDD)

        Reflexión sobre el cuadro

        San Bernardo de Claraval (1090-1153) fue una de las figuras más influyentes de la Edad Media. Nacido en el seno de una familia noble cerca de Dijon, en Francia, ingresó en la recién fundada Orden Cisterciense a la edad de veintidós años. Apenas unos años después fundó la abadía de Clairvaux, que bajo su dirección se convirtió en uno de los mayores centros monásticos de Europa. Bernardo era famoso por su santidad, su poderosa predicación y su profundo amor por Cristo. Asesoró a papas y reyes, escribió extensamente sobre la vida espiritual y, finalmente, fue declarado Doctor de la Iglesia debido a la importancia perdurable de sus enseñanzas.

        Uno de los episodios más famosos de la vida de Bernardo tuvo lugar en Vézelay en 1146, el momento que se representa en nuestro cuadro. A petición del papa Eugenio III, Bernardo predicó en apoyo de lo que se conoció como la Segunda Cruzada. La cruzada se puso en marcha después de que el condado de Edesa, uno de los estados cruzados de Tierra Santa, cayera en manos de las fuerzas musulmanas en 1144, lo que provocó una gran alarma en toda la Europa cristiana. Bernardo creía que la expedición ayudaría a defender las comunidades cristianas y a salvaguardar el acceso a los lugares sagrados relacionados con la vida de Cristo. La multitud reunida en Vézelay era tan numerosa que hubo que construir una tribuna al aire libre para que él pudiera predicar. Nuestro lienzo de Émile Signol, pintado hacia 1880, lo representa de forma magnífica.

        La historia, sin embargo, nos recuerda que las Cruzadas fueron un fenómeno profundamente complejo. Aunque muchos de sus participantes creían sinceramente que estaban defendiendo a otros cristianos y protegiendo a los peregrinos, las Cruzadas también trajeron consigo un inmenso sufrimiento, violencia y divisiones duraderas entre los pueblos. La Segunda Cruzada, por sí misma, terminó en fracaso. Hoy en día, la Iglesia reconoce tanto los sinceros motivos religiosos de muchos de los que participaron como las trágicas consecuencias que acompañaron a estas campañas militares. Siguen constituyendo un capítulo importante de nuestra historia cristiana, que nos invita a reflexionar sobre los retos que supone vivir la fe, la justicia y la paz en un mundo caído.

        El mayor legado de Bernardo no reside en las Cruzadas, sino en sus escritos espirituales. Enseñó que la vida cristiana comienza y termina con el amor a Dios. Sus sermones sobre el Cantar de los Cantares siguen figurando entre las obras maestras del misticismo cristiano, ya que describen la relación amorosa del alma con Cristo. Bernardo también sentía una profunda devoción por la Santísima Virgen María, lo que contribuyó a profundizar la espiritualidad mariana en toda la Iglesia. San Bernardo también influyó de manera singular en las artes. Creía que la belleza debía conducir al alma hacia Dios, en lugar de distraerla. Por esta razón, criticó la decoración excesiva que se encontraba en algunas iglesias monásticas de su época, argumentando que los monjes no debían distraerse con una ornamentación fastuosa. Las abadías cistercienses, por lo tanto, favorecían la sencillez. Bernardo no rechazaba la belleza; más bien, buscaba una belleza arraigada en la sencillez para fomentar la oración, el silencio y la contemplación.

        by Padre Patrick van der Vorst

        Oración 

        Padre Celestial, en el nombre de Jesús, por el poder del Espíritu Santo, te pido que me ayudes a usar la armadura de Dios, la armadura completa de la vida cristiana, tal como se describe en Efesios 6, 10-17.

        Mi cintura está ceñida con la Verdad, porque he decidido imitar a Jesús que es el Camino, la Verdad y la Vida. Yo crezco en mi comprensión de la Verdad al estudiar tu Palabra y las enseñanzas de la Iglesia. Espíritu Santo, ayúdame a mejorar continuamente en mi habilidad para reconocer la Verdad y vivir en la Verdad.

        Me visto con la coraza de la Justicia, porque Jesús murió por mis pecados y, al hacerlo, Él me dio su Justicia. Espíritu Santo, ayúdame a identificar mis pecados para que así me pueda arrepentir y pueda ser restaurado plenamente en la Justicia que Jesús nos ha dado. Rezo pidiendo tu ayuda para seguir el ejemplo de vida santa de Jesús para que mi Justicia sea evidente a todas las personas a mi alrededor.

        Me pongo las sandalias de la evangelización; ayúdame a estar disponible en todo momento para difundir el Evangelio de la Paz por la manera en que llevo mi vida. Deja que otros te vean, Oh Señor, en mí, mientras les sirvo en sus necesidades y les doy tu amor incondicional.

        Llevo la Fe como mi escudo para protegerme de la tentación. Espíritu Santo, Tú me has dado la Fe como un don, y por eso tengo la misma Fe que Tú tienes. Ayúdame a utilizar esta Fe para permanecer en el camino de la rectitud y de la evangelización. Deja que tu Fe me mantenga fuerte en tiempos de tribulación

        Mi mente está protegida por el casco de la Salvación, porque por mi bautismo he recibido la mente de Cristo que murió por mi y me salvó de ser destruido a causa de mis pecados. Haz que siempre tus pensamientos sean cada vez más claros para mí.

        Llevo y empuño la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Espíritu Santo, ayúdame a conocer la Palabra tan profundamente que la pueda utilizar correctamente para derrotar al enemigo y sus planes y llevar adelante el proyecto del Reino de Dios.

        Gracias, Señor, por toda esta armadura que me has dado. ¡Amen!

        © 1997 por Terry A. Modica