Entradas populares

domingo, 11 de octubre de 2026

Ángelus del Papa León XIV comentando el Evangelio del día


PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo, 11 de octubre de 2026

___________________________________

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy, en el Evangelio, Jesús habla de la fiesta de bodas que un rey prepara para su hijo (cf. Mt 22,1-14).

El matrimonio de un hijo es un momento especial para cada familia, y este padre, feliz, quiere compartir su alegría con todos. Ofrece un banquete e invita a muchas personas. Santo Tomás de Aquino dice, al respecto, que el bien tiende por naturaleza a difundirse: «Bonum dicitur diffusivum sui» (Summa theologiae, I, q. 5 a. 4, ad 2). También la imagen de nuestro relato, en el contexto concreto de una experiencia cotidiana, nos habla de esta realidad. Cuando sucede algo bueno, se enciende una luz que lleva a incluir a los demás en la propia felicidad.

Sin embargo, ante un ofrecimiento tan hermoso, los invitados, en vez de unirse a la fiesta, dan un paso atrás y prefieren seguir ocupándose de sus propios asuntos. Es más, algunos, molestos, insultan e incluso matan a los mensajeros del rey. Lamentablemente, esto también sucede: el bien que ofrecemos no siempre es comprendido, reconocido o apreciado; a veces incluso es malinterpretado y rechazado. Pero eso no debe desanimarnos. El rey, frente al rechazo, no suspende la boda ni cancela los festejos; es más, extiende su invitación a un número aún mayor de personas, enviando a sus siervos a llamarlas por las calles, de modo que la alegría de los esposos sea un don para todos.   

Llegados a este punto, nos preguntamos: ¿a quién representan los protagonistas de esta historia? San Jerónimo identifica al rey con el Padre de los cielos, al esposo con Jesús y a la esposa con la Iglesia (cf. Comentario al Evangelio de san Mateo, Libro III, cap. 22). Entre los protagonistas, entonces, estamos también nosotros, elegidos por el Señor para compartir con Él nuestra existencia y para ser junto a Él portadores de vida. La fiesta de bodas es la nuestra, y la sala del banquete son nuestras iglesias, nuestras casas, los lugares donde vivimos, y donde cada día el Hijo del Rey, Jesucristo, vuelve a declararnos su amor y espera nuestro “sí”. Allí nosotros lo encontramos, como la esposa, con la vestidura blanca del Bautismo y ataviados con las joyas de las buenas obras, que nos acercan a Dios y entre nosotros.

La alegría que anunciamos no es artificial, sino profunda, concreta, real, hermosa como los rostros de las personas que encontramos, verdadera como el trabajo, las sonrisas, las lágrimas, las manos estrechadas, los gestos de bien de nuestras jornadas. Y es un don de Dios para la salvación del mundo.

Pidamos a María, Madre del Señor, que nos ayude a crecer en esta alegría y a anunciarla siempre y en todas partes, también allí donde no es comprendida; con generosidad, con valentía y con fe.

_______________________

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer, en Mantua, fue beatificada sor María Ignacia Isacchi, fundadora de la Congregación de las Hermanas Ursulinas del Sagrado Corazón de Jesús. Entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, la caridad la hizo entregarse con valor al servicio de los necesitados y desfavorecidos. Que su ejemplo reavive en todos nosotros el deseo de ser, en medio del mundo, testigos del amor evangélico hacia todos.

La guerra en la martirizada Ucrania sigue causando sufrimientos incluso mucho más allá de sus fronteras, especialmente en los países más pobres, donde tantas personas dependen de las importaciones de cereales. Hago un llamamiento apremiante a las partes en conflicto para que permitan el transporte seguro de cereales por el mar Negro. El pan de cada día de millones de personas no puede ser rehén de la guerra.

Hoy se celebra en Italia la Jornada en memoria de las Víctimas de los Accidentes Laborales. Saludo a la Asociación Nacional de Mutilados e Inválidos del Trabajo y aliento los esfuerzos de prevención.

Dirijo mi más cordial bienvenida a todos ustedes, romanos y peregrinos.

Saludo a los miembros de la Hermandad del Señor de los Milagros en Roma y a cuantos han participado en la procesión con la venerada imagen del Crucificado. Agradezco sus oraciones por la visita pastoral que realizaré a Perú.

Acojo con alegría a los fieles de la Eparquía Greco-Católica de Mukáchevo, en Ucrania, acompañados por su obispo; a la Asociación de Fieles Hakuna; a las Antiguas Alumnas de Jesús-María de España; al Coro y a la Escuela Coral de la Catedral de Haarlem, en los Países Bajos; y a los fieles procedentes de Viena.

Saludo a los jóvenes de la vicaría de Chiaravalle, en la diócesis de Senigallia; a los miembros de la sección provincial de la AIDO de Belluno; al grupo «Ars Enotria» de Cosenza; y al equipo femenino de fútbol del Hospital de Biella.

Queridos amigos: recientemente, durante una revisión, los médicos me han detectado un nódulo localizado en el pulmón. Se ha detectado todavía en una fase muy temprana y está bien localizado. Los médicos consideran oportuno intervenir. Por eso, siguiendo sus consejos, he decidido operarme para removerlo. La operación ya está programada para los próximos días. Les agradezco su cercanía espiritual y me encomiendo a sus oraciones. Gracias y feliz domingo.

(vatican.va)



Evangelio del día Domingo 28A del tiempo ordinario

 



San Juan XXIII , San Nicasio de VexinMás...

Libro de Isaías 25,6-10a.

En aquel día:
El Señor de los ejércitos
ofrecerá a todos los pueblos sobre esta montaña
un banquete de manjares suculentos,
un banquete de vinos añejados,
de manjares suculentos, medulosos,
de vinos añejados, decantados.
El arrancará sobre esta montaña
el velo que cubre a todos los pueblos,
el paño tendido sobre todas las naciones.
Destruirá la Muerte para siempre;
el Señor enjugará las lágrimas
de todos los rostros,
y borrará sobre toda la tierra el oprobio de su pueblo,
porque lo ha dicho él, el Señor.
Y se dirá en aquel día:
"Ahí está nuestro Dios,
de quien esperábamos la salvación:
es el Señor, en quien nosotros esperábamos;
¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación!".
Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña.


Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas.

Me guía por el recto sendero,
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo.


Carta de San Pablo a los Filipenses 4,12-14.19-20.

Hermanos:
Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener de sobra como a no tener nada.
Yo lo puedo todo en aquel que me conforta.
Sin embargo, ustedes hicieron bien en interesarse por mis necesidades.
Dios colmará con magnificencia todas las necesidades de ustedes, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús.
A Dios, nuestro Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


Evangelio según San Mateo 22,1-14.

Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo.
Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.
De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'.
Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio;
y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad.
Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él.
Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'.
Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados.
Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta.
'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio.
Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'.
Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

Juan Taulero (c. 1300-1361)
dominico en Estrasburgo
Sermón 74, en honor de Santa Cordula


“Venid al banquete de bodas”

“Todo está preparado”. Pero los invitados se excusan. “uno se iba a su campo, el otro a su negocio.” Se ve demasiado en nuestros días este asombroso afán por los negocios, esta continua agitación que mueve el mundo entero. A uno se le va la cabeza al considerar tantos vestidos, tanta comida, tantas edificaciones y muchas otras cosas, que con la mitad habría bastante y de sobras. Debemos alejarnos con todas nuestras fuerzas de esta exceso de actividad y de multiplicidad, a todo lo que no es estrictamente necesario, recogernos en nosotros mismos, dedicarnos a nuestra vocación, considerar dónde, cómo y de qué manera el Señor nos ha llamado, a uno a la contemplación interior, a otro a la acción, a un tercero más allá de los primeros, hacia un reposo interior afable, en el silencio tranquilo de las divinas tinieblas, en la unidad de espíritu.
    Pero si el hombre, llamado al silencio interior sereno y noble, en el vacío de la nube oscura (cf Ex 24, 18) quisiera abstenerse por ello, de toda obra de caridad, no haría bien. Este hombre también tiene que hacer las obras de caridad según las circunstancias le inviten a ello...
    “Mi banquete está preparado, he matado becerros y cebones, y todo está a punto...” (Mt 22,4) El festín es figura del reposo interior en el que uno goza de Dios como él goza de sí mismo, de manera activa, donde el amo, el rey, viene toda hora a hacerse presente en el banquete. Pero el evangelio cuenta, a renglón seguido, que el amo encontró uno e los comensales del festín sin el vestido de fiesta. El vestido nupcial que le faltaba al huésped es la caridad pura, auténtica y divina, la caridad que no quiere más que lo que Dios quiere...El amor y la intención de algunos no son del todo según Dios, sino que se buscan a si mismos. A éstos dice el Señor: “Amigo ¿cómo has venido aquí sin en el vestido de la caridad auténtica? Has venido a buscar más bien los dones de Dios que a Dios mismo.”
(EDD)

Reflexión sobre la tarjeta de invitación

Hay una diferencia importante entre una invitación y una orden. Una orden nos dice lo que debemos hacer; una invitación nos deja libres para responder. A lo largo de nuestra vida recibimos innumerables invitaciones. Algunas las aceptamos con entusiasmo, otras las rechazamos educadamente y bastantes las ignoramos sin más. Y quizá esa sea una forma útil de pensar en cómo se nos acerca Dios. Dios nos ofrece ambas cosas. Es cierto que Dios nos da mandamientos, pero gran parte de nuestra relación con Él comienza con una invitación: «Venid. Seguidme. Permaneced en mí. Venid al banquete».

Eso es lo esencial de la parábola que Jesús nos cuenta hoy. Un rey prepara un banquete de boda para su hijo y envía las invitaciones. Sin embargo, sorprendentemente, los invitados se niegan a acudir. Pero el rey no cancela el banquete. Las mesas siguen preparadas. El festín sigue esperando. En lugar de eso, vuelve a enviar a sus siervos, esta vez a las calles, para invitar a otros a que vengan. Hay algo hermoso aquí en la perseverancia de Dios. Cuando le ignoramos, Dios no se da por vencido con nosotros. Vuelve a llamarnos. Vuelve a tender la mano. Vuelve a invitarnos. Su deseo es que su casa esté llena y que el mayor número posible de personas participe en el banquete de su vida y su amor.

¡La obra de arte de hoy muestra una invitación a un banquete bastante extraordinario! Se trata de la invitación de coronación más antigua que se conserva en la historia de la monarquía británica, elaborada con motivo de la coronación del rey Jorge III y la reina Charlotte en la Abadía de Westminster el 22 de septiembre de 1761. Es un objeto maravillosamente elaborado. En el centro vemos a la joven pareja real sentada uno al lado del otro, rodeada por el esplendor de la abadía, mientras los ángeles revolotean sobre ellos y los invitados reunidos observan la escena. Jorge y Carlota parecen sentirse muy a gusto juntos, incluso sosteniendo el orbe y la cruz entre ambos. Uno podría imaginarlos como una pareja que se conoce desde hace años.

La realidad era bastante diferente. Jorge III solo tenía veintidós años y había accedido al trono el año anterior. Su prometida, Carlota de Mecklemburgo-Strelitz, era una princesa alemana de diecisiete años a la que nunca había conocido. Se había concertado el matrimonio, Carlota viajó a Inglaterra y, sorprendentemente, la pareja se casó tan solo unas horas después de conocerse por primera vez, apenas dos semanas antes de su coronación. Sin embargo, lo que hoy nos interesa especialmente es el objeto en sí: una invitación. Recibir una invitación así en 1761 debió de ser un honor extraordinario. ¡Pero el Evangelio nos presenta una invitación infinitamente mayor! No se nos invita a presenciar la coronación de un rey terrenal; nos invita el propio Rey de los Cielos a su banquete.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

«Señor, hoy me miras y me invitas a dejar mis seguridades para seguirte con un corazón libre y disponible. [1]

Dame la gracia de escuchar tu voz que me llama por mi nombre, de soltar mis miedos, mis apegos y mis comodidades, y de confiar en que contigo mi vida tiene un sentido más grande y fecundo. [1]

Toma mis pensamientos, mis palabras, mis acciones y mis deseos. Purifícalos y alinéalos con tu plan divino. Concédeme el valor de decir "sí" a tu voluntad en cada momento de mi vida, con paciencia, paz y amor. Amén.» [1, 2]


sábado, 10 de octubre de 2026

Evangelio del día sábado 27a semana del tiempo ordinario

 


San Daniel Comboni , Santos Eulampio y EulampiaMás...

Carta de San Pablo a los Gálatas 3,22-29.

Hermanos:
De hecho, la Ley escrita sometió todo al pecado, para que la promesa se cumpla en aquellos que creen, gracias a la fe en Jesucristo.
Antes que llegara la fe, estábamos cautivos bajo la custodia de la Ley, en espera de la fe que debía ser revelada.
Así, la Ley nos sirvió de guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe.
Y ahora que ha llegado la fe, no necesitamos más de un guía.
Porque todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús,
ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo.
Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús.
Y si ustedes pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos en virtud de la promesa.


Salmo 105(104),2-3.4-5.6-7.

Canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas!
¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor!

¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro!
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca!

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.


Evangelio según San Lucas 11,27-28.

Cuando Jesús terminó de hablar, una mujer levantó la voz en medio de la multitud y le dijo: "¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!".
Jesús le respondió: "Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Maximiliano Mª Kolbe (1894-1941)
franciscano, mártir
Conferencia del 13 de junio 1933


“Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.” (Lc 8,21)

    Dios, en sus obras, se sirve de instrumentos. (...) Dios, que nos ha dado una voluntad libre quiere que le sirvamos libremente como instrumentos, poniendo nuestra voluntad a disposición de la suya, de la misma manera que la Madre Santísima cuando dijo: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.” (Lc 1,38) La palabra “hágase” tiene que estar siempre en nuestros labios porque entre la voluntad de la Inmaculada y la nuestra tiene que haber una armonía perfecta. Entonces ¿qué hay que hacer? ¡Dejémonos conducir sin temor por María!
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

El Evangelio de hoy es extraordinariamente breve, pero también extraordinariamente poderoso. En él cobran protagonismo dos mujeres. La primera permanece en el anonimato. Se encuentra en algún lugar entre la multitud, escuchando a Jesús, y se siente tan conmovida por él que, de repente, exclama alabando a su madre: '¡Dichoso el vientre que te ha llevado y los pechos que te han amamantado!’. En otras palabras, su admiración por Jesús la lleva de forma natural a admirar a María. Del mismo modo, honramos a María precisamente por Jesús: porque es la madre de Cristo, aquella a través de la cual Dios entró en nuestra historia humana de una manera tan íntima y extraordinaria.

Pero Jesús recoge las palabras de la mujer y, con delicadeza, las lleva a un nivel más profundo. Nos ofrece otra bienaventuranza: “Bienaventurados, más bien, los que escuchan la palabra de Dios y la guardan”. No está restando importancia a su madre; todo lo contrario. Está señalando la razón más profunda de su bienaventuranza. María no se limitó a llevar a Jesús físicamente en su seno. Primero hizo espacio para Dios en su corazón. Estaba preparada, de modo que, cuando llegó la Anunciación, las palabras del ángel Gabriel pudieron arraigarse de inmediato: “Hágase en mí según tu palabra”. A partir de ese momento, toda su vida quedó marcada por ese «sí».

Las palabras de la mujer del Evangelio de hoy —'Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron'— encuentran un eco literal en el cuadro de hoy. Jean Fouquet representa a María con un pecho al descubierto, siguiendo una antigua tradición conocida como la “Virgo Lactans”, la Virgen lactante. Estas imágenes se hicieron especialmente populares durante la Baja Edad Media, aunque sus raíces se remontan mucho más atrás, incluyendo las imágenes bizantinas de la Galaktotrophousa, la «Dadora de Leche». La devoción medieval hacía cada vez más hincapié en la humanidad de Cristo: se trataba verdaderamente de un niño que necesitaba que su madre lo abrazara, lo alimentara y lo cuidara. Sí, Jesús era el Hijo de Dios, pero era plenamente humano, y crecía como cualquiera de nosotros, totalmente dependiente de que nuestras madres nos alimentaran. La leche de María se convirtió, por tanto, en otro poderoso signo de la Encarnación.

Fouquet, sin embargo, convierte este tema tan conocido en algo aún más extraordinario. Pintada hacia 1452, esta obra era originalmente el ala derecha del famoso Díptico de Melun. María aparece entronizada como Reina del Cielo, coronada con perlas y piedras preciosas y envuelta en armiño. Su frente extremadamente alta, su cintura diminuta y su piel pálida reflejan los ideales de belleza de la corte francesa. Pero fíjate en la paleta de colores muy limitada de Fouquet. Casi todo se reduce al rojo, al azul y a un blanco casi sobrenatural... los colores de la nación francesa. En lugar de crear un espacio natural y terrenal, Fouquet nos ofrece algo casi onírico y de otro mundo.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración 

«Padre Celestial, te amamos y te damos gracias porque eres un Dios fiel que siempre cumple sus promesas. Señor, muchas veces fallamos o nos cuesta mantener lo que prometemos, pero acudimos a ti con humildad. Ayúdanos a honrar nuestros compromisos, a cumplir nuestra palabra y a alinear cada uno de nuestros actos con tu voluntad. Pon tu ley en nuestro corazón y guárdanos en tu verdad. Amén.» [1, 2]


viernes, 9 de octubre de 2026

La lección de una santa del siglo XV para una sociedad obsesionada con mostrarse y buscar aprobación

Luis Javier Moxó recupera la sorprendente vida de una mujer que cambió la corte por el silencio y convirtió sus heridas en una obra fecunda.

La nueva biografía recorre el camino de la fundadora concepcionista desde la corte portuguesa hasta la fundación nacida en Toledo

La nueva biografía recorre el camino de la fundadora concepcionista desde la corte portuguesa hasta la fundación nacida en Toledo


    Una nueva biografía de la fundadora de las concepcionistas, Santa Beatriz de Silva, recupera la figura de una mujer que transformó la herida, la espera y la vida escondida en un carisma vivo para toda la Iglesia.

    Santa Beatriz de Silva dejó el esplendor de la corte, atravesó una profunda prueba personal conservada por la tradición concepcionista y vivió largos años de retiro y maduración espiritual en Toledo. 

    De aquella vida escondida nació la Orden de la Inmaculada Concepción, una familia religiosa que, desde la ciudad del Tajo, alcanzaría proyección universal.

    Luis Javier Moxó Soto, colaborador de Religión en Libertad, publica ahora Santa Beatriz de Silva. Vida y carisma de la fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, editado por Xerión, editorial de Carlos García Costoya y prologado por Fr. Santiago Cantera Montenegro, O.S.B. 

    El autor combina investigación histórica, atención a las fuentes y reflexión espiritual para acercar al lector a una santa que interpela directamente a una época marcada por la exposición constante, la prisa y la necesidad de reconocimiento.

    Licenciado en Ciencias Religiosas y profesor de Religión Católica, Moxó es también autor de Enredados por Cristo. Presencia, misión y propuestas de la Iglesia en internet (Digital Reasons, 2019). 

    La presentación del libro será el 28 de octubre, a las 18:00h, en el Monasterio de la Inmaculada Concepción, en la calle Concepción, 1, 45001 Toledo.

    En esta entrevista explica por qué Toledo resulta decisivo para comprender a Beatriz, cómo ha abordado el conocido episodio del baúl de Tordesillas y qué puede decir hoy la vida contemplativa a una sociedad que mide casi todo por la utilidad y el rendimiento.

    —¿Por qué era necesario publicar hoy un libro sobre santa Beatriz de Silva?

    — Porque es una figura de enorme profundidad espiritual e histórica y, sin embargo, todavía merece ser mucho más conocida. Muchas personas han oído hablar de las concepcionistas, de la devoción a la Inmaculada o del episodio del baúl de Tordesillas, pero no siempre conocen el itinerario completo de una mujer que dejó la corte, atravesó una experiencia de vulnerabilidad, vivió largos años de silencio y oración en Toledo y acabó fundando una Orden religiosa con presencia universal.

    El libro nace del deseo de acercar su vida al lector actual sin simplificarla. No quería hacer solamente una biografía devota ni una reconstrucción académica reservada a especialistas. He querido combinar los datos históricos, la tradición conservada por la Orden y una reflexión espiritual que permita descubrir qué puede decir santa Beatriz al hombre y la mujer de nuestro tiempo.

    Su historia tiene una fuerza especial porque no es la de alguien que triunfa desde el poder o desde la visibilidad. Es la historia de una mujer que aprende a esperar, que deja que Dios transforme la herida y que descubre que una vida aparentemente escondida puede llegar a ser profundamente fecunda.

    —El título habla de “vida” y “carisma”. ¿Por qué era importante mantener unidas esas dos dimensiones?

    —Porque no se puede entender el carisma de santa Beatriz como una idea abstracta ni como una devoción desconectada de su experiencia personal. El carisma nace de una vida concreta: de una historia, de una herida, de una forma de rezar, de una mirada sobre la Virgen y de una respuesta confiada a Dios.

    La vida de Beatriz tiene además elementos que deben tratarse con cuidado. Contamos con documentos, con tradiciones hagiográficas y con una memoria espiritual custodiada durante siglos por las concepcionistas. No todos esos materiales tienen el mismo valor histórico ni permiten afirmar exactamente lo mismo. Por eso he procurado distinguir los planos con respeto: señalar aquello que está documentado, recoger la tradición como tradición y mostrar el sentido espiritual que la familia concepcionista ha descubierto en ella.

    La crítica histórica no disminuye la santidad. Al contrario: la protege de los adornos innecesarios y permite contemplar mejor su verdadera grandeza. La grandeza de Beatriz está en que, desde una circunstancia dolorosa o profundamente recordada como tal por la tradición, nace una vida totalmente entregada a Dios.

    Portada del libro de Luis Javier Moxó sobre santa Beatriz de Silva publicado en Xerión

    Portada del libro de Luis Javier Moxó sobre santa Beatriz de Silva publicado en XeriónReL

    —El episodio del baúl de Tordesillas es el más conocido y también el más difícil. ¿Cómo lo has abordado?

    —Con una doble actitud: prudencia histórica y respeto espiritual. La tradición concepcionista narra que Beatriz, vinculada a la corte de Isabel de Portugal, fue encerrada en un cofre o baúl debido a los celos de la reina. Es un relato de enorme fuerza, presente en la memoria de la Orden, en la iconografía y en la devoción a la santa.

    Sin embargo, no poseemos documentación contemporánea que permita verificar todos sus detalles: ni la motivación exacta, ni la duración del encierro, ni las circunstancias precisas de la liberación. Era importante decirlo con claridad, porque la honestidad no debilita el relato; lo sitúa en su verdadero lugar.

    Para las concepcionistas, aquel baúl no es un simple pasaje dramático. Es el símbolo de una prueba radical, de una noche oscura, de una entrega confiada a la Virgen. Puede leerse como un lugar de muerte y renacimiento: el espacio en el que una mujer amenazada y vulnerable comienza a recibir una misión nueva.

    La santidad no consiste en convertir una vida en leyenda. Consiste en descubrir que la gracia puede abrir un camino incluso allí donde parece que todo se ha cerrado. En Beatriz, la herida no tiene la última palabra; la tiene Dios.

    Luis Javier Moxó, autor de la biografía de Santa Beatriz de Silva, fundadora de la de la Orden de la Inmaculada Concepción.

    Luis Javier Moxó, autor de la biografía de Santa Beatriz de Silva, fundadora de la de la Orden de la Inmaculada Concepción. 

    —Toledo ocupa un lugar decisivo en el libro. ¿Por qué es imposible comprender a santa Beatriz sin esta ciudad?

    —Porque Toledo no es un escenario de fondo: es la ciudad en la que su vocación maduró y su obra tomó cuerpo. Tras dejar la corte, Beatriz vivió durante muchos años en el ámbito de Santo Domingo el Real, acogida como seglar por las dominicas. Fue una larga etapa de retiro, oración, penitencia y maduración interior.

    Ese dato resulta muy revelador para nuestra época. Tendemos a medir una vida por sus resultados visibles y rápidos. Pero santa Beatriz pasó décadas en una existencia aparentemente retirada. No fueron años vacíos ni una espera inútil. Allí se fue formando la mujer que más tarde daría origen a una familia religiosa llamada a extenderse por diversos países y continentes.

    También fue en Toledo donde la fundación pudo concretarse. La bula Inter universa, promulgada por Inocencio VIII el 30 de abril de 1489, confirma que Isabel la Católica había concedido a Beatriz una casa con iglesia dedicada a Santa Fe, donde ella y otras mujeres vivían ya en comunidad. Una inspiración personal se convirtió entonces en una obra eclesial: hizo falta una casa, una comunidad, una protección, una regla y una forma estable de vida.

    —¿Puede el libro ayudar a redescubrir en Toledo los lugares relacionados con la memoria de la santa?

    —Ese sería uno de los frutos más hermosos. El libro no pretende quedarse en una lectura individual ni reducirse a una mera publicación editorial. Aspira a favorecer el conocimiento de santa Beatriz, a animar la conversación y a poner en relación la historia, la espiritualidad y la vida concreta de la Iglesia.

    Toledo es el lugar natural para ello. Sería especialmente significativo poder presentar el libro en la Casa Madre de las concepcionistas, porque allí no se hablaría solo de una fundadora del pasado, sino de un carisma que continúa vivo. Una presentación en ese contexto tendría una dimensión eclesial muy particular: permitiría acercarse a la memoria de Beatriz desde la continuidad real de la Orden que nació de su vocación.

    También sería muy valioso hacerlo en la parroquia de Santa Beatriz de Silva. Una parroquia que lleva su nombre manifiesta que la santa no pertenece únicamente a la clausura ni a la historia religiosa de finales de la Edad Media. Puede hablar hoy a familias, jóvenes, catequistas, profesores y fieles que buscan modelos concretos de vida cristiana.

    Ojalá estas posibles presentaciones se conviertan en algo más que actos culturales: en encuentros de memoria, oración, reflexión y comunión eclesial. 

    La historia de Beatriz permite unir investigación, identidad local, espiritualidad mariana y una renovada valoración de la vida contemplativa.

    —La tradición afirma que Beatriz cubría su rostro con un velo. ¿Qué sentido tiene ese gesto en una sociedad de exposición permanente?

    —Tiene una actualidad sorprendente. La tradición presenta a Beatriz como una mujer de gran belleza y vincula esa belleza con la crisis vivida en la corte. Después, ella opta por cubrir su rostro y vivir bajo otra mirada: la de Dios.

    No se trata de desprecio del cuerpo ni de rechazo del mundo. Tampoco es una invitación a desaparecer. Es la decisión de no quedar definida por la apariencia, por la opinión ajena o por la necesidad de aprobación. En ese sentido, el velo de Beatriz puede resultar profundamente liberador.

    Vivimos en una cultura que exige mostrarse continuamente. La imagen, la comparación y la búsqueda de reconocimiento pueden acabar convirtiéndose en una forma de esclavitud. Santa Beatriz recuerda que la persona posee una dignidad que no depende de su éxito, de su visibilidad ni de la mirada fluctuante de los demás.

    Ella no se oculta porque desprecie quién es, sino porque quiere ser contemplada ante todo por Dios. Esa intuición tiene una enorme fuerza para cualquier persona que sienta que su vida está sometida a la presión de tener que exhibirse, justificarse o competir de manera constante.

    —La Orden de la Inmaculada Concepción nació antes de la definición dogmática de la Inmaculada, en 1854. ¿Cómo debe entenderse esa relación?

    —Hay que explicarla con precisión. Santa Beatriz no formuló por anticipado una definición dogmática, ni la fundación de la Orden surgió en un vacío teológico. La devoción a la Concepción de María ya estaba muy extendida en la piedad cristiana y poseía una especial intensidad en el ámbito franciscano.

    Lo que hicieron Beatriz y sus hijas espirituales fue vivir, celebrar y encarnar de un modo muy profundo ese misterio mariano que la Iglesia definiría solemnemente siglos después. La Inmaculada expresa para ellas la belleza de una vida enteramente disponible para Dios, la gracia que precede y sostiene toda vocación y la victoria de Dios sobre el pecado.

    La configuración jurídica de la Orden fue también gradual. La comunidad recibió inicialmente una aprobación en un marco cisterciense; después fue orientada hacia la Regla de santa Clara y vinculada a los franciscanos observantes; finalmente, Julio II concedió una regla propia mediante la bula Ad statum prosperum, del 17 de septiembre de 1511.

    —El libro defiende que la vida contemplativa sigue siendo necesaria. ¿Por qué?

    —Porque una sociedad que solo reconoce lo útil, lo rentable o lo visible termina empobreciendo su idea del ser humano. La vida contemplativa recuerda que hay realidades decisivas que no se pueden medir: la oración, la gratuidad, el silencio, la adoración, la fraternidad, la esperanza y la apertura a la eternidad.

    Las contemplativas no son una reliquia del pasado ni una evasión del mundo. Su vida constituye una forma profunda de presencia. Mientras el mundo afirma que solo vale lo que produce resultados inmediatos, ellas proclaman que Dios merece ser buscado por sí mismo y que el ser humano necesita un horizonte más alto que el consumo, el rendimiento o la imagen.

    Decir que hacen falta monjas no es expresar nostalgia por una época idealizada ni ignorar las dificultades vocacionales actuales. Es afirmar que una Iglesia misionera necesita también un corazón contemplativo. La misión exterior, la caridad, la cultura y la evangelización necesitan raíces de oración.

    Santa Beatriz de Silva muestra precisamente esa fecundidad escondida. La obra nacida de su vida retirada llegó a extenderse mucho más allá de Toledo y sigue recordando que el silencio, cuando está habitado por Dios, nunca es estéril.

    —Eres colaborador habitual de Religión en Libertad, donde escribes artículos, entrevistas, reseñas y crónicas de actualidad eclesial. ¿Qué relación tiene ese trabajo con este libro?

    —El trabajo en ReL me permite acercarme diariamente a la vida de la Iglesia: libros, testimonios, iniciativas apostólicas, actualidad, autores, directores de películas católicas, comunidades y acontecimientos que muestran una realidad mucho más rica de lo que a veces aparece en los grandes titulares.

    Las entrevistas y las crónicas exigen atención a la actualidad, capacidad de escucha y claridad para explicar. El libro, en cambio, responde a otro ritmo: pide más tiempo, documentación, contraste de fuentes y una inmersión prolongada en una figura y en su contexto. Pero no veo ambas tareas como separadas.

    En los dos casos se trata de servir a la verdad, de ayudar a comprender mejor la vida eclesial y de mostrar que la fe sigue siendo capaz de generar cultura, esperanza, caridad y formas concretas de santidad. La comunicación católica debe informar, pero también debe ofrecer memoria, contexto y razones para la esperanza.

    Mi primer libro, Enredados por Cristo. Presencia, misión y propuestas de la Iglesia en internet —publicado por Digital Reasons en 2019— reflexionaba sobre la misión de la Iglesia en el espacio digital. 

    Este nuevo trabajo se detiene en una santa del siglo XV, marcada por el silencio y la clausura. Puede parecer un salto muy grande, pero hay un mismo hilo: comunicar a Cristo exige estar presentes en el mundo, pero también beber de una vida interior profunda. No hay evangelización sólida sin oración, verdad y raíces.

    —¿Qué te gustaría que el lector encontrase al terminar el libro?

    —Me gustaría que se encontrara verdaderamente con santa Beatriz de Silva. Que no la viera solo como una figura lejana, como una estampa piadosa o como un nombre ligado a una Orden religiosa, sino como una mujer real que atravesó la fragilidad, conoció la espera y respondió a Dios con una confianza extraordinaria.

    Me gustaría también que el lector comprendiera mejor la riqueza del carisma concepcionista y mirara con gratitud a las comunidades contemplativas. 

    La vida de Beatriz ayuda a formular preguntas muy actuales: qué hacemos con nuestras heridas, dónde buscamos nuestra identidad, cómo vivimos la espera, qué lugar concedemos al silencio y si creemos de verdad que Dios puede hacer fecundo aquello que parece oculto o estéril.

    Si el libro consigue despertar interés por la santa, gratitud hacia las concepcionistas y deseo de conocer mejor los lugares de Toledo ligados a su vida, habrá cumplido ampliamente su propósito.

    Alex Rosales, ReL

    Ver también    Reflejo del Amor de Dios y Ejemplo para nosotros