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jueves, 23 de abril de 2026

El Papa: «Como pastor no puedo estar a favor de la guerra, han muerto demasiados inocentes»

 En el vuelo a Roma, León XIV reitera que su primera misión es anunciar el Evangelio a los pueblos. También, recuerda a los niños víctimas de la guerra en Irán y en el Líbano, condena la pena de muerte e insiste en el derecho internacional. Sobre los migrantes, pregunta: «¿Qué hace el Norte por el Sur del mundo?». Sobre las parejas homosexuales, confirma que la Santa Sede no está de acuerdo con la bendición formalizada en Alemania.


«Buenos días a todos, espero que estén bien y que estén listos para otro viaje. ¡Ya con las baterías cargadas!». El Papa León XIV ha concluido su largo viaje apostólico por África y, en el vuelo desde Malabo —última etapa en Guinea Ecuatorial— hacia Roma, responde a las preguntas de cinco de los aproximadamente 70 periodistas que le han acompañado en este viaje internacional. La guerra, las negociaciones entre EE. UU. e Irán, la cuestión migratoria, la pena de muerte y la bendición de las parejas homosexuales, entre los temas abordados por el Pontífice durante la entrevista, precedida por una reflexión del Papa León sobre la experiencia que acaba de vivir en África.

«Cuando hago un viaje, hablo en mi propio nombre; sin embargo, hoy, como Papa, Obispo de Roma, se trata sobre todo de un viaje apostólico y pastoral para encontrar, acompañar y conocer al pueblo de Dios. Muchas veces el interés es más bien político: “¿Qué dice el Papa sobre este o aquel tema? ¿Por qué no juzga al gobierno de un país u otro?”. Y hay muchas cosas que decir, sin duda. He hablado de justicia y hay temas ahí. Pero esa no es la primera palabra: el viaje debe interpretarse sobre todo como la expresión de querer anunciar el Evangelio, de proclamar el mensaje de Jesucristo, lo cual es entonces una forma de acercarse al pueblo en su alegría, en la profundidad de su fe, pero también en su sufrimiento. Allí, claro, muchas veces es necesario hacer comentarios o buscar cómo animar al propio pueblo a asumir responsabilidades en su vida. Es importante hablar también con los jefes de Estado, para fomentar un cambio de mentalidad o una mayor apertura a pensar en el bien del pueblo, una posibilidad de abordar cuestiones como la distribución de los bienes de un país. En las conversaciones que hemos mantenido hemos hecho un poco de todo, pero sobre todo ver, encontrarme con el pueblo con este entusiasmo. Estoy muy contento con todo el viaje, pero vivir, acompañar, caminar con el pueblo de Guinea Ecuatorial ha sido verdaderamente una bendición con el agua… Estaban contentos con las lluvias del otro día, pero sobre todo esta señal de compartir con una Iglesia universal lo que celebramos en nuestra fe.

Ignazio Ingrao (Tg1): Santidad, gracias por este viaje lleno de encuentros, historias y rostros. En el encuentro por la paz celebrado en Bamenda, Camerún, usted describió un mundo al revés, en el que un puñado de tiranos amenaza con destruir el planeta. La paz, dijo, no hay que inventarla, sino acogerla. Las negociaciones sobre el conflicto en Irán están sumidas en el caos, con graves repercusiones en la economía mundial. ¿Aboga usted por un cambio de régimen en Irán, dado que también la sociedad civil y los estudiantes han salido a la calle en los últimos meses y existe preocupación en el mundo por la carrera nuclear? ¿Qué llamamiento dirige a Estados Unidos, Irán e Israel para salir del punto muerto y detener la escalada? ¿Deberían involucrarse más la OTAN y Europa?

Me gustaría empezar diciendo que hay que promover una nueva actitud y una cultura de paz. Muchas veces, cuando evaluamos ciertas situaciones, la respuesta inmediata es que hay que intervenir con violencia, con la guerra, atacando. Lo que hemos visto es que han muerto muchos inocentes. Acabo de ver la carta de algunas familias de los niños que murieron el primer día del ataque. Y hablan de que ya han perdido a sus hijos, a sus hijas, a los niños que murieron en ese (ataque). La cuestión no es si cambia el régimen o no cambia el régimen, la cuestión es cómo promover los valores en los que creemos sin la muerte de tantos inocentes. La cuestión de Irán es evidentemente muy compleja. En las mismas negociaciones que se están llevando a cabo, un día Irán dice que sí y Estados Unidos dice que no, y viceversa, y no sabemos hacia dónde se va. Se ha creado esta situación caótica, crítica para la economía mundial, pero además hay toda una población en Irán de personas inocentes que están sufriendo por esta guerra. Así que sobre el cambio de régimen, sí o no: no está claro qué régimen hay en este momento, tras los primeros días de los ataques de Israel y Estados Unidos a Irán. Más bien me gustaría alentar la continuación del diálogo por la paz, que las partes intenten poner todos los esfuerzos para promover la paz, alejar la amenaza de la guerra y que se respete el derecho internacional. Es muy importante que se proteja a los inocentes, como no ha ocurrido en varios lugares. Llevo conmigo una foto de un niño musulmán que, durante la visita al Líbano, estaba allí esperando con un cartel que decía «Bienvenido, Papa León»; luego, en esta última parte de la guerra, fue asesinado. Son muchas las situaciones humanas y creo que debemos ser capaces de pensar de esta manera. Como Iglesia —lo repito— y como pastor, no puedo estar a favor de la guerra. Y me gustaría animar a todos a esforzarse por buscar respuestas que provengan de una cultura de paz y no de odio y división.

Eva Fernández (Radio Cope): Acabamos de pisar un continente en el que muchas de las personas desean, sueñan, viajar a Europa. Su próximo viaje va a ser a España, donde la cuestión migratoria va a ocupar un lugar importante sobre todo en Canarias. Santidad sabe que el tema de la migración en España produce gran debate y polarización. Incluso entre los propios católicos no hay un cierto claro en su posición. ¿Qué podría decirnos a los españoles, en concreto a los católicos respecto a la inmigración? Y me va a permitir, el próximo viaje va a ser a España. Sabemos que tiene ilusión, intención de viajar a Perú, quizás Argentina y Uruguay, pero también nuestra pregunta es si ¿tiene ganas de saludar a la Virgen de Guadalupe?

El tema de la inmigración es muy complejo y afecta a muchos países, no solo a España, no solo a Europa, a Estados Unidos, ¡es un fenómeno mundial! Por eso, mi respuesta empieza con una pregunta: ¿qué hace el Norte del mundo para ayudar al Sur del mundo o a esos países donde los jóvenes hoy no encuentran un futuro y, por eso, viven este sueño de querer ir hacia el Norte? Todos quieren ir hacia el Norte, pero muchas veces el Norte no tiene respuestas sobre cómo ofrecerles posibilidades. Muchos sufren… El tema del tráfico de personas, el «trafficking», también forma parte de la migración. Personalmente, creo que un Estado tiene derecho a establecer normas en sus fronteras. No digo que todos deban entrar sin un orden, creando a veces en los lugares a los que van situaciones más injustas que las que han dejado atrás. Pero, dicho esto, me pregunto: ¿qué hacemos en los países más ricos para cambiar la situación en los países más pobres? ¿Por qué no podemos intentar, tanto con ayudas estatales como con inversiones de las grandes empresas ricas, de las multinacionales, cambiar la situación en países como los que hemos visitado en este viaje? África es considerada por mucha gente como un lugar al que se puede ir a extraer minerales, a tomar sus riquezas para la riqueza de otros, en otros países. Quizá a nivel mundial deberíamos trabajar más para promover una mayor justicia, igualdad y el desarrollo de estos países africanos, para que no tengan la necesidad de emigrar a otros países, a España, etc. Y el otro punto que me gustaría abordar es que, en cualquier caso, son seres humanos y debemos tratar a los seres humanos de forma humana, no tratarlos muchas veces peor que a los animales. Hay un gran desafío: un país puede decir que no puede acoger a más personas, pero cuando llegan, son seres humanos y merecen el respeto que le corresponde a todo ser humano por su dignidad.

¿Y los próximos viajes?

Tengo muchas ganas de visitar varios países de América Latina. De momento no está confirmado, ya veremos. Esperamos.

Arthur Herlin (Paris Match): Santo Padre, le agradecemos enormemente este extraordinario viaje. Ha sido maravilloso. Durante este viaje se ha reunido con algunos de los líderes más autoritarios del mundo. ¿Cómo evita que su presencia otorgue autoridad moral a estos regímenes? ¿No se trata, por así decirlo, de un «lavado de imagen» gracias al Papa?

Ciertamente, la presencia de un Papa junto a cualquier jefe de Estado puede interpretarse de diversas maneras. Puede interpretarse —y algunos lo han interpretado así— como si el Papa o la Iglesia estuvieran diciendo que está bien vivir de esa manera. Otros pueden decir cosas diferentes. Me gustaría volver a lo que dije en mis observaciones iniciales sobre la importancia de comprender el objetivo principal de los viajes que realizo, que el Papa realiza: visitar a las personas. Y sobre el gran valor que la Santa Sede sigue otorgando, a veces con grandes sacrificios, al mantenimiento de relaciones diplomáticas con países de todo el mundo. Y a veces tenemos relaciones diplomáticas con países que tienen líderes autoritarios. Tenemos la oportunidad de hablar con ellos a nivel diplomático, a nivel formal. No siempre hacemos grandes declaraciones de crítica, de juicio o de condena. Pero hay muchísimo trabajo que se lleva a cabo entre bastidores para promover la justicia, para promover causas humanitarias, para buscar, a veces, situaciones en las que hay presos políticos y encontrar una manera de liberarlos. Situaciones de hambre, de enfermedad, etc. Así pues, la Santa Sede, manteniendo la neutralidad y buscando formas de continuar una relación diplomática positiva con tantos países diferentes, en realidad está tratando de aplicar el Evangelio a las situaciones concretas para que la vida de las personas pueda mejorar. La gente interpretará el resto como quiera, pero creo que es importante para nosotros buscar la mejor manera posible de ayudar al pueblo de cualquier país.

Verena Stefanie Shälter (ARD Rundfunk): Santo Padre, enhorabuena por su primer viaje papal al Sur del mundo. Hemos visto mucho entusiasmo y también, diría yo, euforia. Imagino que también ha sido muy emotivo para usted. Me gustaría saber cómo valora la decisión del cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y Freising, de conceder permiso para bendecir a las parejas del mismo sexo en su diócesis. Y a la luz de las diferentes perspectivas culturales y teológicas, sobre todo en África, ¿cómo piensa preservar la unidad de la Iglesia universal en esta cuestión?

En primer lugar, creo que es muy importante comprender que la unidad o la división de la Iglesia no debería girar en torno a cuestiones sexuales. Tendemos a pensar que cuando la Iglesia habla de moral, el único tema moral es el sexual. En realidad, creo que hay cuestiones mucho más amplias e importantes, como la justicia, la igualdad, la libertad de hombres y mujeres, la libertad religiosa, que deberían tener prioridad sobre esa cuestión concreta. La Santa Sede ya ha hablado con los obispos alemanes. La Santa Sede ha dejado claro que no estamos de acuerdo con la bendición formalizada de las parejas —en este caso, parejas homosexuales, como usted ha preguntado— o de parejas en situaciones irregulares, más allá de lo que el Papa Francisco ha permitido específicamente al decir que todas las personas reciban la bendición. Cuando un sacerdote imparte la bendición al final de la misa, cuando el Papa imparte la bendición al final de una gran celebración como la que hemos tenido hoy, hay bendiciones para todas las personas. La famosa expresión de Francisco «todos, todos, todos» expresa la convicción de la Iglesia de que todos son acogidos, todos están invitados, todos están invitados a seguir a Jesús y todos están invitados a buscar la conversión en su propia vida. Ir más allá de esto hoy, creo que puede causar más desunión que unidad, y que deberíamos tratar de construir nuestra unidad sobre Jesucristo y sobre lo que Jesucristo enseña. Esta es mi respuesta a la pregunta.

Anneliese Taggart (Newsmax TV): Santo Padre, en este viaje ha hablado de cómo las personas tienen hambre y sed de justicia. Precisamente esta mañana se ha informado de que Irán ha ejecutado a otro miembro de la oposición, y esto ocurre mientras el régimen ha ahorcado públicamente a muchas otras personas y ha asesinado a miles de sus propios ciudadanos. ¿Condena estas acciones? ¿Tiene algún mensaje para el régimen iraní?

Condeno todas las acciones injustas. Condeno el asesinato de personas. Condeno la pena de muerte. Creo que la vida humana debe ser respetada y que la vida de todas las personas —desde la concepción hasta la muerte natural— debe ser respetada y protegida. Por lo tanto, cuando un régimen, cuando un país toma decisiones que quitan injustamente la vida a otras personas, es evidentemente algo que debe ser condenado.

Vatican News



Las “letanías de la paz”: una oración para pedir a Dios por este mundo en conflicto


 

En medio de un mundo marcado por la guerra, la violencia y la incertidumbre, Catholic Link propone las “letanías de la paz”: una oración que nos invita a pedir a Dios el don de la paz y el camino hacia la reconciliación.

Si las noticias sobre conflictos armados y crisis humanitarias te preocupan y no sabes cómo responder, siempre puedes recurrir a nuestra arma más poderosa: la oración.

A través de su cuenta de Instagram, el portal compartió estas “Letanías de la Paz”, una oración “que es un acto de fe: creer que la paz es posible y pedirla juntos.

“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).


Letanías de la Paz

Después de cada frase, respondemos: Líbranos, Señor

De la violencia que corrompe nuestro mundo,
De la injusticia que reclama vidas ajenas,
De la codicia y la sed de poder,
De la venganza y de tomar represalias,
De muertes innecesarias y sin sentido,
Del miedo que se convierte en odio,
Del terrorismo y los regímenes violentos,
De la deshumanización del hermano,
De la indiferencia ante el sufrimiento,
De la resistencia a encontrar caminos de paz,

Después de cada frase, respondemos: Te rogamos, Señor

Para que reine la reconciliación en este mundo,
Para que el odio no tenga cabida en nuestros corazones,
Para que la muerte de nuestros hermanos no pese en el corazón,
Para que nos duela este mundo roto,
Para que recordemos que nos pertenecemos los unos a los otros,
Por los gobernantes de las naciones, para que busquen caminos de diálogo, paz y reconciliación,
Por las familias que son separadas a causa de la guerra,
Por los más vulnerables, en especial los niños, ancianos, discapacitados y enfermos,
Por las personas que arriesgan su vida por ayudar a quienes están en zonas de conflicto,
Por todos los que viven con miedo a morir,

Después de cada frase, respondemos: Perdónanos, Señor

Por la indiferencia ante el dolor de nuestros hermanos,
Por cerrar los ojos frente a la injusticia,
Por encerrarnos en nuestro propio mundo evitando ver el sufrimiento ajeno,
Por construir barreras que nos alejan del prójimo,
Por la búsqueda de una falsa paz,
Por fomentar conflictos innecesarios,
Por palabras y acciones violentas que destruyen en lugar de construir,
Por rechazar al otro y olvidarnos que es nuestro igual,
Por el miedo a alzar la voz,

Después de cada frase, respondemos: Escúchanos, Señor

Para que sepamos elegir caminos de paz,
Para que arda en nuestro corazón el anhelo de reconciliación,
Para que viva en nosotros el deseo por un mundo sin guerras,
Para que reconozcamos nuestra responsabilidad de construir la paz,
Para que vivamos con la certeza de que el odio y la muerte no tienen la última palabra,
Para que no dudemos en tender la mano a quienes más sufren,
Para que veamos tu rostro en medio del dolor,
Para que llevemos tu luz donde hay oscuridad,
Para que seamos uno en el amor como tú lo quisiste,
Para que busquemos ser instrumentos de tu paz.

Señor Jesús, Príncipe de la Paz, ten misericordia de nosotros y de este mundo roto. Escucha las súplicas de tu pueblo que grita de dolor. Tú que sanas todo mal, llévanos de la mano para construir la paz que tú tanto quieres para nosotros. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Oremos por la paz en el mundo.

Harumi Suzuki, churchpop

Vea también    Corazón de Jesús, Paz y Reconciliación nuestra - S. Juan Pablo II



Evangelio del día - Jueves 3a. Semana de Pascua

Nota: El Papa comenta estas lecturas en la Santa Misa de hoy 
 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 8,26-40.

El Angel del Señor dijo a Felipe: "Levántate y ve hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino desierto".
El se levantó y partió. Un eunuco etíope, ministro del tesoro y alto funcionario de Candace, la reina de Etiopía, había ido en peregrinación a Jerusalén
y se volvía, sentado en su carruaje, leyendo al profeta Isaías.
El Espíritu Santo dijo a Felipe: "Acércate y camina junto a su carro".
Felipe se acercó y, al oír que leía al profeta Isaías, le preguntó: "¿Comprendes lo que estás leyendo?".
El respondió: "¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?". Entonces le pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él.
El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era el siguiente: Como oveja fue llevado al matadero; y como cordero que no se queja ante el que lo esquila, así él no abrió la boca.
En su humillación, le fue negada la justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, ya que su vida es arrancada de la tierra?
El etíope preguntó a Felipe: "Dime, por favor, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?".
Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús.
Siguiendo su camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el etíope dijo: "Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?".

Y ordenó que detuvieran el carro; ambos descendieron hasta el agua, y Felipe lo bautizó.
Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor, arrebató a Felipe, y el etíope no lo vio más, pero seguía gozoso su camino.
Felipe se encontró en Azoto, y en todas las ciudades por donde pasaba iba anunciando la Buena Noticia, hasta que llegó a Cesarea.


Salmo 66(65),8-9.16-17.20.

¡Aclame al Señor toda la tierra!

Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,
hagan oír bien alto su alabanza:
él nos concedió la vida
y no dejó que vacilaran nuestros pies.

Los que temen al Señor, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
apenas mi boca clamó hacia él,
mi lengua comenzó a alabarlo.

Bendito sea Dios,
que no rechazó mi oración
ni apartó de mí su misericordia.


Evangelio según San Juan 6,44-51.

Jesús dijo a la gente: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.
Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
Yo soy el pan de Vida.
Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.
Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Pedro Damián (1007-1072)
benedictino, obispo de Ostia, doctor de la Iglesia
Sermón 45; PL 144,743 et 747


« El que coma de este pan que baja del cielo, vivirá para siempre»

La Virgen María dio a luz a Jesucristo, lo calentó entre sus brazos, lo envolvió con pañales y lo rodeó de cuidados maternales. El cuerpo que ahora recibimos y la sangre redentora que bebemos en el sacramento del altar es este mismo Jesús. Esto es lo que tiene como verdadero la fe católica, y lo que la Iglesia enseña fielmente.
¡Ninguna lengua humana podrá glorificar suficientemente a aquella de quien tomó carne «el mediador entre Dios y los hombres»! (1 Tm 2,5). Ningún elogio humano tiene talla para estar a la medida de aquella cuyas entrañas purísimas han dado el fruto que es el alimento de nuestras almas; aquel que, dicho de otra manera, da testimonio de sí mismo con estas palabras: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre». Y, efectivamente, nosotros que fuimos echados del paraíso de delicias a causa de un alimento, es también por un alimento que encontramos de nuevo los gozos del paraíso. Eva tomó un alimento, y nosotros hemos sido condenados un ayuno eterno; María nos ha dado un alimento, y nos ha sido abierta la entrada al festín del cielo.
(EDD)



El Papa: Que el anuncio de la Palabra se convierta en pan bueno para todos

 

En la misa celebrada en el estadio de Malabo, León XIV animó a la Iglesia que peregrina en Guinea Ecuatorial a "continuar con alegría la misión de los primeros discípulos" y a dar "testimonio con sus vidas de la fe que salva". Cuando impera la "tristeza individualista", fruto de un corazón avaro, observó, "es precisamente el amor del Señor el que sostiene nuestro compromiso, sobre todo al servicio de la justicia y la solidaridad".

“El anuncio de la salvación se hace gesto, se hace servicio, se hace perdón, en una palabra, se hace Iglesia”. Fueron palabras del Papa León en la Santa Misa que presidió en el Estadio de Malabo, en el último día de viaje apostólico a Guinea Ecuatorial. Dirigiéndose a unos 30 mil fieles presentes en la instalación deportiva, el Santo Padre inspiró su reflexión en la lectura de la liturgia del día de los Hechos de los Apóstoles que relata el encuentro de Felipe con un viajero que, desde Jerusalén, regresa a África.

“Las Escrituras que acabamos de escuchar nos interpelan, preguntándonos a cada uno de nosotros “si sabemos” y “cómo” leemos las páginas bíblicas que hoy compartimos”, expresa el Pontífice abriendo su reflexión. Se trata – puntualiza – de una invitación tan seria como providencial, porque nos prepara para leer juntos el libro de la historia, es decir, las páginas de nuestra vida, que Dios sigue inspirando con su sabiduría.

Felipe, relata el Papa, viendo que aquel peregrino, un eunuco de la reina de Etiopía, leía las Escrituras, le pregunta si comprendía lo que estaba leyendo. Y el viajero le responde: “¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?” Su pregunta - observa el Santo Padre -  se convierte así no sólo en una apelación a la verdad, sino en una expresión de curiosidad.

León nota que este hombre tiene inteligencia y cultura y lo demuestra tanto en el trabajo como en la oración, “pero no es plenamente libre”. Y esta condición está grabada dolorosamente en su cuerpo ya que “no puede generar vida, todas sus energías están al servicio de un poder que lo controla y lo domina”.

El escenario preparado en el estadio de Malabo para la Misa del Papa

El escenario preparado en el estadio de Malabo para la Misa del Papa   (@Vatican Media)

Un acto personal y eclesial, no solitario

Mientras este peregrino regresa a su patria, “el anuncio del Evangelio lo libera” y cuando encuentra a Felipe, se convierte no sólo en lector o espectador sino en “protagonista de un relato que lo involucra porque se refiere precisamente a él” y el texto sagrado suscita “su pregunta sobre la verdad”, afirma el Papa. “Entra en la historia de la salvación, que es ‘hospitalaria’ para con todo hombre y mujer, especialmente para con los oprimidos, los marginados y los últimos” renaciendo así a una vida nueva.

Como él, también nosotros hemos sido hechos cristianos por el Bautismo, heredando la misma luz, es decir, la misma fe, para leer la Palabra de Dios. Para reflexionar sobre las profecías, para orar los salmos, para estudiar la Ley y proclamar el Evangelio con nuestra vida. Todos los textos bíblicos, en efecto, revelan en la fe su verdadero sentido, porque en la fe fueron escritos y transmitidos hasta nosotros; por eso su lectura es siempre un acto personal y también eclesial, no un ejercicio solitario o meramente técnico.

El siervo sufriente es Jesús que nos salva

Leemos juntos la Escritura "como un bien común de la Iglesia,  teniendo como guía al Espíritu Santo",  añade el Obispo de Roma, y como el eunuco, "también nosotros podemos comprender la Palabra de Dios gracias a una guía que nos acompaña en el camino de la fe".

El viajero africano estaba leyendo una profecía que se cumplió para él en aquel entonces, como se cumple hoy para nosotros: el siervo sufriente del que habla el profeta Isaías es Jesús, aquel que, mediante su pasión, muerte y resurrección, nos redime del pecado y de la muerte. Él es el Verbo hecho carne, en quien encuentra cumplimiento toda palabra de Dios: revela su intención originaria, su sentido pleno y su fin último.

El homenaje de Papa a Nuestra Señora de Bisila

El homenaje de Papa a Nuestra Señora de Bisila   (@Vatican Media)

Cristo plenitud de vida y de sentido

Como afirma Cristo, 'sólo el que viene de Dios ha visto al Padre'. En el Hijo, el Padre mismo muestra su gloria: Dios se hace ver, oír y tocar. A través de los gestos de Jesús - explica el Papa -  el Redentor, el Padre da plenitud a lo que hace desde siempre, esto es, dar vida. Crea el mundo, lo salva y lo ama para siempre. Mientras celebramos este acontecimiento de salvación - evidencia - el Señor nos llama a una elección decisiva: 'El que cree, tiene Vida eterna'. El Papa plantea entonces una interrogación: “¿Confío en que su amor es más fuerte que mi muerte? Al decidir creerle, cada uno de nosotros elige entre una desesperación cierta y una esperanza que Dios hace posible”. Y dirigiéndose a los fieles ecuatoguineanos exclama:

“¡Cristo lo es todo para nosotros! En Él encontramos plenitud de vida y de sentido: «Si estás oprimido por la injusticia, Él es la justicia; si tienes necesidad de ayuda, Él es la fuerza; si tienes miedo de la muerte, Él es la vida; si deseas el cielo, Él es el camino; si estás en las tinieblas, Él es la luz. Con la compañía del Señor, nuestros problemas no desaparecen, pero son iluminados: así como toda cruz encuentra redención en Jesús, así en el Evangelio la historia de nuestra vida encuentra sentido.

Los fieles presentes en el estadio de Malabo

Los fieles presentes en el estadio de Malabo   (@Vatican Media)

El anuncio de la salvación se hace Iglesia

La palabra del Señor “es para nosotros Evangelio, y no tenemos nada mejor para anunciar al mundo y a través de nuestro testimonio, el anuncio de la salvación se hace gesto, se hace servicio, se hace perdón; en una palabra, se hace Iglesia”. Como enseñaba el Papa Francisco, “verdaderamente «la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús»”, afirma León XIV citando la Evangelii Gaudium. Y observa:

 Al mismo tiempo, cuando compartimos esta alegría, percibimos aún mejor el riesgo de «una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor» (Ibíd., 2). Ante tal cerrazón, es precisamente el amor del Señor el que sostiene nuestro compromiso, especialmente al servicio de la justicia y de la solidaridad.

Continuar la misión de los primeros discípulos

Al finalizar su homilía el Santo Padre anima a la Iglesia que peregrina en Guinea Ecuatorial, a continuar "con alegría la misión de los primeros discípulos de Jesús”.

Leyendo juntos el Evangelio, sean anunciadores apasionados, como lo fue el diácono Felipe. Celebrando juntos la Eucaristía, den testimonio con sus vidas de la fe que salva, para que la Palabra de Dios se convierta en pan bueno para todos.

El recuerdo del vicario general de Malabo

Antes de su homilía, el Papa León recuerda a monseñor Fortunato Nsue Esono, vicario general de la archidiócesis de Malabo, fallecido repentinamente.

Invito a vivir con espíritu de fe este momento de dolor y confío que, sin dejarse Ilevar por comentarios o conclusiones apresuradas, se haga plena luz sobre las circunstancias de su muerte.

El estadio de Malabo repleto de fieles para la misa del Papa

El estadio de Malabo repleto de fieles para la misa del Papa   (@Vatican Media)

"Llevo conmigo un tesoro inestimable de fe, de esperanza y de caridad"

Al término de la celebración eucarística, el Papa se despide de Guinea Ecuatorial y también de África, “al finalizar el viaje apostólico que Dios me ha concedido realizar durante estos diez días”.

“Agradezco al Sr. Arzobispo, Monseñor Juan, y a los demás obispos, a los sacerdotes y a todos vosotros, pueblo de Dios que peregrina en esta tierra, Cristo la luz de Guinea Ecuatorial y vosotros sois sal de la tierra y luz del mundo”, expresa el Santo Padre.

Su gratitud se extiende también “a las autoridades civiles del país y a cuantos, de distintas maneras, han contribuido al éxito de mi visita”.

Me voy de África llevando conmigo un tesoro inestimable de fe, de esperanza y de caridad; es un tesoro grande hecho de historias, de rostros, de testimonios, alegres y sufridos, que enriquecen abundantemente mi vida y mi ministerio como sucesor de Pedro.

“Hoy África está llamada a contribuir significativamente a la santidad y al carácter misionero del pueblo cristiano”, afirma a continuación, destacando el papel del país en los primeros siglos de la Iglesia.

El Pontífice concluye encomendando de corazón al pueblo de Guinea Ecuatorial y a toda África a la Virgen María, “a vuestras familias, a vuestras comunidades, a vuestra nación y a todos los pueblos africanos”.

 

El Papa León durante la Misa en el estadio de Malabo

El Papa León durante la Misa en el estadio de Malabo   (@Vatican Media)

 (vatican.va)


miércoles, 22 de abril de 2026

Las familias en misión españolas celebran con emoción la visita del Papa a Guinea Ecuatorial

En Malabo viven tres familias del Camino Neocatecumenal. ReL charla con una de ellas.

Juan Pablo y Matilde (justo en el centro de la imagen), junto al resto de familias en misión del Camino Neocatecumenal.

Juan Pablo y Matilde (justo en el centro de la imagen), junto al resto de familias en misión del Camino Neocatecumenal.


    Los primeros misioneros católicos llegaron a Guinea Ecuatorial en 1850, y fueron los claretianos –en aquel momento era el vicariato de Fernando Poo-, entre los bubis, los fang y los criollos. 

    En circunstancias adversas –entorno geográfico hostil, problema de la lengua, enfermedades, excesiva vinculación inicial a los colonos…-, estos misioneros lograron poner los cimientos de la Iglesia católica, y de su labor educativa y sanitaria, que cuenta hoy con sus propias vocaciones nativas. 

    Dedicados a evangelizar

    Juan Pablo es de Madrid y vive junto a su mujer, Matilde, en Malabo –la antigua capital de Guinea Ecuatorial, hasta este 2026– y son una familia en misión española enviada por el Papa y perteneciente al Camino Neocatecumenal. Este martes, como trabajador de la diócesis, se encontró con León XIV durante unos minutos y cuenta a Religión en Libertad cómo fue ese momento.

    "He tenido una mezcla de emoción y otra de mirar todo este tiempo último que hemos vivido aquí, y como el Señor hace la historia. Nunca hemos sabido cuál es la razón concreta de estar en Guinea, pero Dios ha ido preparando una serie de circunstancias que me han llevado a estar trabajando en la administración de la diócesis y a encontrarme hoy con el Papa, que, realmente, siento que es el mismo Jesucristo que nos estaba esperando aquí, que viene a confirmarme que Él quiere hacer con mi vida algo especial, una misión y ponerla en función de ayudar a los demás", comenta Juan Pablo. 

    Juan Pablo y Matilde llevan cerca de dos años como misioneros en Guinea.

    Juan Pablo y Matilde llevan cerca de dos años como misioneros en Guinea.MF

    "El encuentro ha sido muy rápido, le he dicho que éramos de Madrid, que éramos del Camino Neocatecumenal y que estábamos aquí como misioneros. Él nos ha mirado y, poco más, pero ha sido suficiente", añade.

    Matilde, por su parte, relata a ReL cómo es la vida de un misionero español en este país africano. "Nuestro día a día en Guinea es bastante sencillo. Mientras mi marido va a la administración de la diócesis todas las mañanas, donde lleva las cuentas, yo hago las labores de la casa, voy a la compra, preparo la comida, etc. Y, luego, por la tarde, durante algunas épocas, tenemos catequesis, y todos los miércoles y sábados nuestras celebraciones con las demás familias que están aquí con nosotros", comenta.

    En Malabo hay dos familias españolas más, una con cinco niños y otra con siete. "Rezamos por la mañana y nos apoyamos en la oración. Hay momentos en que no es nada fácil, sobre todo por el calor y la humedad, que es muy intenso", relata esta madre de familia, que tiene a todos sus hijos y nietos en España.

    Sobre lo que esperan de la visita del Papa, la misionera comenta: "Va a ser un gran acontecimiento para este país, que es católico en su mayoría, pero que necesita una confirmación en la fe. Porque también está muy mezclado con sus tradiciones", recuerda.

    Emoción y alegría

    "Aquí la familia está un poco desestructurada. Y se necesita recibir catequesis sobre el matrimonio, sobre la paternidad, sobre la maternidad. Los guineanos están viviendo la visita del Papa con emoción y con mucha alegría. Es un pueblo alegre. Esta visita será una ayuda y un empujón para afirmarse en que es importante la familia, formar matrimonios cristianos".

    "Cuando eres misionero, a veces te sientes un poco como un pez fuera del agua. En el sentido de que no te sientes tan arropado como cuando vives en tu país. Y, supongo, que el Papa, en muchos momentos, se habrá sentido así", comenta sobre la emoción de recibir a un Papa que ha sido misionero como ellos. 

    De mayoría católica

    Con una extensión un poco inferior a Galicia, la República de Guinea Ecuatorial tiene 1.558.000 habitantes, de los cuales 1.165.000 son católicos, el 74,8% de la población. Existen 5 circunscripciones eclesiásticas y 93 parroquias. Actualmente hay 6 obispos, 227 sacerdotes, 178 religiosas, y 675 catequistas. Los seminaristas menores son 58 y los mayores 89. 

    En la dictadura de Macías, en 1975, se cerraron todos los seminarios, y los que se estaban formando tuvieron que salir fuera del país.

    "Aunque, ha sido un pueblo que nos ha acogido con los brazos abiertos. Nos ha apoyado en todo lo que hemos necesitado. Llegamos a una ciudad donde no conocíamos nada, bueno, gracias a Dios, sí conocíamos el idioma, pero donde no conoces la ciudad, y te pierdes, no sabes dónde venden nada", añade.

    Matilde le pide al Papa algo en especial. "Que rece por este pueblo, por nosotros y por las familias que han venido con nosotros. Que rece por nuestra comunidad y por nuestra misión. Yo creo que va a dejar poso, la gente está muy contenta y muy expectante", concluye la misionera. 

    Juan Cadarso, ReL

    Vea  también    El Camino Neocatecumenal
    y la Familia




    El rostro africano de León XIV

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    Al pisar suelo africano por primera vez desde que se convirtió en León XIV, el Papa descubre una nueva faceta de sí mismo que había permanecido oculta hasta ahora: pareciendo olvidar su habitual contención, se deja contagiar por el afecto y la generosidad africanos

    Como es bien sabido, el papa tiene ancestros criollos —inmigrantes en Luisiana— y quizás se podría pensar que, al pisar suelo africano, está reconectando con sus raíces. En cualquier caso, el hombre de blanco se desenvuelve con naturalidad entre la vestimenta tradicional, las danzas y la generosidad del continente africano. Pronuncia sus discursos con convicción, abandonando la discreción que antes lo caracterizaba, y realiza gestos que rompen con su habitual reserva. 

    Ni el calor húmedo ni el sol abrasador logran mermar el entusiasmo de Léon, quien ha regresado a un terreno conocido: como Prior General de los Agustinos, ha visitado con frecuencia países africanos. Es una región particularmente querida para él: "En mayo [cuando fui elegido] dije que quería que mi primer viaje fuera a África", comentó a los periodistas durante el vuelo de Roma a Argel el lunes pasado. 

    El Papa está ahí para cada ser humano, para el mundo entero. Es un buen padre. Y vemos esta efusión de amor hacia los africanos.

    "El papa León XIV no está aquí solo para los europeos", afirma el policía camerunés Thomas Armel Bikay, quien llegó a Yaundé como voluntario para organizar la misa de despedida del papa número 267. "El Papa está aquí para todos los seres humanos, para el mundo entero. Es un buen padre. Y vemos esta efusión de amor hacia los africanos", añade.

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    Una imagen en particular conmovió a la gente del país del sur de África: la de una niña pequeña con trenzas castañas que corría hacia él con la ligereza propia de la infancia, con su vestidito azul de mangas abullonadas ondeando al viento. El Papa, que estaba a punto de subir a su coche, hizo una reverencia, abrió los brazos y acogió en ellos a la niña que se había unido a él en esa inocente carrera, provocando una tierna sonrisa en todos los presentes. 

    “Vimos a esa niña en Bamenda, vimos cómo la besó. Si no fuera amor, si no fuera un papa que ama a todos, ¡no lo habría hecho!”, afirma enfáticamente Thomas Armel Bikay. “He leído sobre su trayectoria y es interesante descubrir que vino a Camerún y tuvo experiencia misionera en el Sur Global”, señala Desmond G.

    Este protestante del norte de Camerún cree que su país “realmente necesita su mensaje de paz, su forma clara y directa de hablar”. “¡Usted, Papa León, ama a África, y África lo ama a él!”, exclama con una amplia sonrisa. 

    !¡Sí, le encanta África!!, exclama la joven Ada Suzanne, quien asistió a la misa final en Yaoundé-Ville sin dudarlo un instante. !Esta es su primera visita a África, y creo que volverá!, añade, mientras el Papa continúa su largo viaje por Angola.

    Anna Kurian, Aleteia