El cardenal Müller tiene una visión de conjunto muy rica frente a las polémicas actuales por su condición de prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe y por ser alemán.
Si algo caracteriza a cardenal Müller, prefecto emérito de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es que no tiene ningún problema en hablar sobre cualquier asunto, aunque pueda ser polémico, incómodo o políticamente incorrecto. Su defensa de las enseñanzas de la Iglesia le ha llevado a ser un referente para muchos católicos.
En una extensa entrevista en Catholic Herald el purpurado alemán habla del sínodo, de la relación de los cardenales entre sí y del papel de la Iglesia en el mundo, pero también sobre el camino sinodal alemán.
Sobre el pasado sínodo, Müller asegura que “la prensa y las redes sociales persiguen en todas partes sus propios intereses de poder, mientras que la Iglesia no busca convertirse en la más grande o la más importante en ningún ámbito. La Iglesia existe como sacramento de la unión de la humanidad con Dios y de la unidad de todos los hombres entre sí. Hubo algo de discusión sobre estos asuntos, pero no demasiada, debido al método empleado en el consistorio, que nos proporcionó una serie de preguntas previamente preparadas para nuestra reflexión”.
Recuerda el cardenal que “en el Concilio de Nicea hubo debates de tal intensidad que san Nicolás terminó abofeteando a Arrio por negar la divinidad de Jesucristo. ¡Aquellas sí que fueron discusiones de verdad! No debemos imitar ese episodio, naturalmente, pero sí debemos ser capaces de hacer afirmaciones muy claras. Debemos decir que es absolutamente imposible que obispos o cardenales celebren la Misa bajo banderas arcoíris, símbolos de una ideología atea, o que acepten esos supuestos compromisos pastorales. Una cosa es mantener un contacto cercano y de ayuda con personas que atraviesan dificultades respecto a su identidad; otra muy distinta es convertirse en instrumento de los llamados grupos de presión homosexuales”.
En este sentido, Müller recuerda que “nuestro objetivo no es ser aceptados o elogiados por la prensa moderna o por la izquierda. Si ellos nos elogian, es que estamos siguiendo un camino equivocado. No estamos llamados a recibir el aplauso de quienes son enemigos de Dios y del hombre”.
Así, el cardenal insiste en que “la ideología woke es un enemigo terrible de la humanidad. Permitir que jóvenes cambien sus órganos sexuales es absolutamente erróneo y constituye una idea criminal, porque se les convence de que han nacido en un cuerpo equivocado. Para mí, eso es un crimen contra la identidad corporal de cada persona”.
El desafío alemán
Sobre la situación en Alemania, la cual conoce perfectamente, el purpurado que “se evita declarar heréticos a esos obispos. Se ofrecen distintas explicaciones y se sostiene que todo responde únicamente a una adaptación o modernización. Pero, si se examina con mayor profundidad, se descubre una auténtica contradicción. Lo que están haciendo en Alemania constituye un abuso del concepto de ‘desarrollo del dogma’. El desarrollo del dogma no significa cambiar su sustancia”,
“La doctrina se fundamenta en la autorrevelación de Dios en Jesucristo. Él es la Verdad en persona. En Alemania existe además el Comité Central de los Católicos Alemanes, un grupo de ideólogos; quizá no todos sus miembros, pero sí, desde luego, quienes lo dirigen. Pretenden crear otra Iglesia conforme a sus propias ideas, inspiradas en la ideología woke y en el feminismo. Quieren sacerdotes mujeres, pero no porque les preocupe el anuncio del Evangelio o porque tengan una visión eclesial determinada. No les interesa la misión de la Iglesia. Lo que desean es ocupar una posición de prestigio personal y satisfacer su deseo de estar en primer plano. Es algo absurdo”, concluye.
ReL
Vea también ¿Qué es la ideología de género?
