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miércoles, 4 de noviembre de 2026

¿Por qué León XIV fue misionero en Perú?


Del 11 al 16 de noviembre, León XIV volverá a pisar suelo peruano, su país de adopción, tras haber vivido allí unos veinte años. Son numerosas las razones por las que este fraile agustino, oriundo de Chicago, fue enviado a la nación andina en tres ocasiones. La primera reside en la larga historia de su orden religiosa.

Descubierta en 1492 por los occidentales, América se convirtió rápidamente en un vasto campo de evangelización. Tras la conquista española, se recurrió a las órdenes religiosas: los franciscanos (1502) y los dominicos (1510) fueron los primeros en emprender la conversión de la población local. En 1533, llegaron también los primeros frailes agustinos con la bendición de la corona española.

Se beneficiaron del "patrocinio real", que guió y financió la expansión misionera en este nuevo continente. Finalmente, se establecieron en Lima, Perú, en 1551. Los misioneros agustinos fundaron conventos que ejercieron una influencia espiritual y cultural en todo el país.

Para predicar con eficacia, los misioneros agustinos aprendieron lenguas locales como el quechua. Este fue un legado al que Robert Francis Prevost se mantendría fiel siglos después, ya que, según se cuenta, el hombre que se convertiría en el 267.º Papa de la Iglesia Católica era capaz de pronunciar algunas palabras en esta lengua indígena americana.

En la segunda mitad del siglo XVIII, la provincia peruana de la Orden de San Agustín contaba con 22 conventos. Sin embargo, este fervor misionero disminuyó, lo que llevó a la partida de la orden. No fue hasta el siglo XX que los frailes agustinos se restablecieron en el país andino. Esta vez, respondieron no al llamado de la corona española, sino al del Papa.

Llamamiento del Papa para enviar misioneros a Sudamérica

En la encíclica Fidei Donum, publicada en 1957, el Papa Pío XII animó a los obispos europeos y norteamericanos a enviar a algunos de sus sacerdotes en misiones a África y Latinoamérica. Unos años más tarde, el Papa Juan XXIII pidió específicamente a las órdenes religiosas y congregaciones de Norteamérica que enviaran hermanos y hermanas a Sudamérica.

La provincia agustina de Chicago eligió entonces Perú como su territorio misional. Se le asignó la zona de Chulucanas, en el norte del país. En aquel entonces, era una prelatura, un territorio eclesiástico que aspiraba a convertirse en diócesis independiente.

Fue en este momento histórico cuando el joven fraile agustino Robert Francis Prevost fue llamado por primera vez al Perú por su orden. Con treinta años y ordenado sacerdote recientemente, este oriundo de Chicago había obtenido una licenciatura en derecho canónico, la ley de la Iglesia. En 1985, fue enviado como canciller a la prelatura de Chulucanas con la misión principal de preparar este territorio eclesiástico para su transformación en diócesis.

Permaneció allí poco más de un año antes de regresar a Estados Unidos para completar su doctorado en derecho canónico. La diócesis de Chulucanas fue finalmente erigida a finales de 1988, poco después del regreso del hermano Robert Francis Prevost a Perú, esta vez a Trujillo.

Para asegurar la viabilidad a largo plazo de su presencia en Perú, la provincia centro-occidental de los frailes agustinos decidió establecer una casa de formación en esta importante ciudad del noroeste del país, en la costa del Pacífico. Allí se formarían las vocaciones locales. Los superiores agustinos recurrieron entonces por segunda vez al hermano Robert Francis Prevost. A pesar de su corta edad, el fraile nacido en Chicago tenía muchas ventajas: ya conocía el país y, además, había ejercido como director de vocaciones y supervisor de formación de su provincia durante su breve regreso a Estados Unidos.

Dejó Trujillo diez años después, en 1999, pero su historia con Perú no había terminado. En 2014, fue llamado por tercera y última vez a servir en el país andino. Esta vez, no fue la Orden Agustina quien lo llamó, sino el Papa Francisco. Gracias a su amplia experiencia al frente de los frailes agustinos entre 2001 y 2013 y a su conocimiento de Perú, Robert Francis Prevost fue ordenado obispo y recibió el título de Administrador Apostólico de la Diócesis de Chiclayo, a 200 km al norte de Trujillo. Recibió oficialmente el título de Obispo de Chiclayo al año siguiente.

I.Media, Aleteia

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Evangelio del día - miércoles 31a semana del tiempo ordinario


San Carlos Borromeo , Beata Cleila MerloniMás...

Carta de San Pablo a los Filipenses 2,12-18.

Queridos míos, ustedes que siempre me han obedecido, trabajen por su salvación con temor y temblor, no solamente cuando estoy entre ustedes, sino mucho más ahora que estoy ausente.
Porque Dios es el que produce en ustedes el querer y el hacer, conforme a su designio de amor.
Procedan en todo sin murmuraciones ni discusiones:
así serán irreprochables y puros, hijos de Dios sin mancha, en medio de una generación extraviada y pervertida, dentro de la cual ustedes brillan como haces de luz en el mundo,
mostrándole la Palabra de Vida. De esa manera, el Día de Cristo yo podré gloriarme de no haber trabajado ni sufrido en vano.
Y aunque mi sangre debiera derramarse como libación sobre el sacrificio y la ofrenda sagrada, que es la fe de ustedes, yo me siento dichoso y comparto su alegría.
También ustedes siéntanse dichosos y alégrense conmigo.


Salmo 27(26),1.4.13-14.

El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?

Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor
todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor
y contemplar su Templo.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.


Evangelio según San Lucas 14,25-33.

Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo:
"Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?
No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo:
'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'.
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?
Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo."

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

Isaac de Stella (¿-c. 1171)
monje cisterciense
Sermón 12 (SC 130), trad. sc©evangelizo.org


“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,24)

Feliz el alma, hermanos muy queridos, que pueda seguir en todo al Señor Jesús … “donde quiera que vaya” (Apo 14,4). En el reposo de la contemplación, el alma sube pasiblemente ocupada en contemplar que “él es Dios” (Sal 45,11). Ella desciende en el ejercicio de la caridad, siguiéndolo hasta llegar al servicio, a amar la pobreza y soportar hambre, sed, fatiga, trabajo, llantos, con la oración y, finalmente, la Pasión. Porque Cristo vino obedeciendo hasta la muerte, para servir y no para ser servido, no para dar oro o plata sino su enseñanza y su ayuda a la multitud, entregando su vida por todos (cf. Mt 10,45) …
Que este sea, hermanos, el modelo de sus vidas, tal es la regla de una santa conducta. Con Cristo, por el pensamiento y el deseo, vivir en la patria eterna. Por Cristo, no rechazar ningún servicio de la caridad durante este duro exilio terrestre. Siguiendo a Cristo que sube hacia el Padre, dejarse simplificar, unificar en el reposo de la meditación. Siguiendo a Cristo que baja hacia nuestro hermano, dejarse compartir, dividir “hacerse todo a todo” (cf. 1Cor 9,22). No desdeñar nada de lo que concierne a Cristo, no ocuparse de nada que no sea para Cristo. Tener sed sólo de él, mirar a él sólo donde está Cristo solo. Ponerse con gusto al servicio de todos, dónde su presencia es múltiple (cf. Mt 25,35).
(EDD)

Reflexión sobre el fresco

Hoy celebramos a San Carlos Borromeo (1538-1584), arzobispo de Milán y cardenal. Junto con San Ignacio de Loyola y San Felipe Neri, fue una figura clave de la Contrarreforma, trabajando para hacer frente a los desafíos planteados por la Reforma protestante. Como parte de esta misión, Carlos encabezó importantes reformas dentro de la Iglesia católica, incluida la creación de seminarios dedicados a la educación y formación de sacerdotes. Su profundo aprecio por las artes le llevó a utilizar la belleza como una poderosa herramienta de evangelización, en respuesta contra la Reforma.

La Reforma, sobre todo en sus ramas más radicales, se alejó del uso del arte religioso. Los reformadores protestantes, como Martín Lutero y especialmente Juan Calvino, criticaban el énfasis de la Iglesia católica en las imágenes religiosas y la veneración de los santos. Creían que tales prácticas podían conducir a la idolatría y distraer del culto directo a Dios. Como resultado, muchas iglesias protestantes eliminaron el arte religioso de sus espacios, despojando sus interiores de pinturas, estatuas y otra iconografía que era común en el culto católico. Este cambio fue especialmente evidente en las regiones calvinistas, donde la iconoclasia (la destrucción deliberada de imágenes religiosas) se generalizó, ya que buscaban purificar la iglesia de cualquier percepción de mal uso de las imágenes.

En respuesta a ello, la Iglesia católica, en el marco de la Contrarreforma, no solo mantuvo el uso del arte religioso, sino que potenció su importancia. El Concilio de Trento (1545-1563) reafirmó el valor del arte sacro como medio para inspirar la devoción y educar a los fieles. Carlos Borromeo fue uno de los principales impulsores de la visión del arte como una poderosa herramienta para promover la fe, y contribuyó al nacimiento de toda la era del arte barroco. Sin embargo, insistió en que el arte sacro debía ser claro, emotivo y teológicamente sólido. El arte, sí, podía conmover el corazón, pero, en última instancia, también debía instruir la mente. Sus escritos y directrices pastorales animaban a los artistas a crear obras que, en última instancia, llevaran al espectador a la oración. El arte que conduce a la oración: ese era el propósito.

Al levantar la vista hacia la cúpula de la Karlskirche de Viena, vemos a San Carlos Borromeo presentando ante Dios el sufrimiento del mundo. Pintado por Johann Michael Rottmayr, este magnífico fresco representa al santo intercediendo ante la Santísima Trinidad, con la Virgen María apoyando su oración. El tema de la obra tiene una conexión especialmente conmovedora con el propio edificio: el emperador Carlos VI encargó la construcción de la iglesia tras la devastadora plaga que asoló Viena en 1713. El fresco otorga a esa súplica colectiva de ayuda un lugar en los cielos, convirtiendo el techo en una visión de la oración que trasciende los límites de la vida terrenal. Hay algo reconfortante en ello: Carlos aparece en la gloria celestial, pero sigue preocupado por quienes aún sufren en la tierra. Nos ofrece una hermosa forma de comprender la comunión de los santos, que siguen velando por nosotros.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Luego Jesús dijo a Sus discípulos: "Si alguno de ustedes quiere ser Mi seguidor, debe renunciar a su propio camino, tomar su cruz, y seguirme." – Mateo 16:24 NVI 


Señor, dame la fortaleza para seguirte. Admito que es más fácil hacer mi propio camino que seguirte. Sin embargo, continuamente estoy tentado a seguir mi camino en lugar del Tuyo. Guíame a mirarte a Ti y confiar que Tu camino siempre es mejor que el mío. Seguirte requiere gran sacrificio; ayúdame a recordar que siempre vale la pena. Amén. 

 



martes, 3 de noviembre de 2026

Gana para tus Fieles Difuntos una indulgencia plenaria

 


La Iglesia ha concedido la posibilidad de ganar la indulgencia plenaria por los Fieles Difuntos desde el 1 hasta el 8 de noviembre, aprovechemos la oportunidad


Siempre que se acerca el 2 de noviembre surge una pregunta: ¿Cómo obtener la indulgencia plenaria en el Día de Todos los Difuntos para las almas del purgatorio? Y pensamos especialmente en nuestro seres queridos que han fallecido.

La Iglesia tradicionalmente concede a los católicos la oportunidad de obtener una indulgencia plenaria para las almas del purgatorio con motivo del Día de Todos los Difuntos.

Las condiciones para obtenerlo son:

Fot. Latin Content | STR | Getty Images

1Condiciones generales de todas las indulgencias:

  1. Confesarse, porque para recibir cualquier indulgencia plenaria, ya sea para uno mismo o para las almas del purgatorio, es imprescindible estar en gracia y desapegado de todo pecado.
  2. Recibir la Sagrada Comunión.
  3. Orar por el Santo Padre y sus intenciones de oración (Padre nuestro, Ave María y Credo).

Para qué sirven las indulgencias y cómo se obtienen

Lea el artículo

2Condiciones específicas de la indulgencia con motivo del Día de Todos los Difuntos:

  1. En el período del 1 al 8 de noviembre, visitar un cementerio y rezar por los difuntos, aunque solo sea mentalmente.
  2. Visita piadosamente una iglesia u oratorio y recitar allí el Padre Nuestro y el Credo.
  3. Importante: las personas enfermas, ancianos y personas con legítimas restricciones o imposibilidad de realizar estas visitas presenciales pueden unirse espiritualmente con otros creyentes, ofreciendo sus respectivas oraciones en el mismo lugar donde se encuentren.

Shutterstock I patat

Oraciones para rezar por nuestros difuntos

Lea el artículo

3Oraciones sugeridas

Cada creyente puede decir las oraciones de su elección, pero para quienes lo deseen, presentamos las siguientes sugerencias:

"Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús, en unión con todas las Misas que hoy se celebran en todo el mundo; por todas las almas santas del purgatorio, por los pecadores de todo el mundo, por los pecadores de toda la Iglesia, por los de mi propia casa y mis vecinos. Amén".

"Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. Que descanse en paz. Así sea" (tres veces).

La Iglesia también recomienda el rezo de las Laudes y Vísperas del Oficio de Difuntos, el santo rosario, la coronilla de la Divina Misericordia o la lectura meditada de pasajes del Evangelio propios de la liturgia de los fieles difuntos.

La tradición también anima a los católicos a realizar una obra de misericordia, ofreciendo a Dios los dolores y dificultades de la propia vida.

Francisco Vêneto, Aleteia

Vea también      Listado de las indulgencias






lunes, 2 de noviembre de 2026

El Papa: la santidad no es un privilegio para unos pocos

 

En su reflexión del Ángelus en la Solemnidad de Todos los Santos, el Papa León XIV destacó la santidad como «una vocación universal» que nos compromete a «construir la paz».

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

«Celebramos a todos los santos: a aquellos que la Iglesia ha reconocido como tales y también a tantos que no lo han sido, pero que Dios conoce», expresó el Papa León XIV en su meditación previa al rezo del Ángelus de este domingo, 1 de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos.

«La solemnidad de Todos los Santos, que hoy celebramos, nos invita a probar la alegría de esa innumerable familia de hombres y mujeres que, siguiendo al Señor Jesús, hicieron de su vida un don a Dios y al prójimo», dijo el Papa.

Meditando sobre la liturgia de la Palabra de este día, que describe esta fiesta como una «muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7, 9), recordó que se celebra a los santos reconocidos por la Iglesia «y también a tantos que no lo han sido, pero que Dios conoce».

Las bienaventuranzas

«Como nos recuerda el Evangelio de hoy (Mt 5, 1-12), se trata de pobres de espíritu, pero ricos en el amor de Dios. Tienen rostros surcados por las lágrimas, pero consolados en la oración. Son mansos frente a la violencia y recompensados por el Padre; hambrientos de justicia y saciados en lo más profundo de su conciencia; dispuestos al perdón y abrazados por la misericordia; desarmados en el corazón, pero protegidos por Dios; constructores de paz, a quienes Dios llama por su nombre; perseguidos y ofendidos, pero fuertes en la fe y en la caridad», así los describió León XIV en su reflexión.

Ante la certeza de lo imposible que resultaría contar «la multitud de estos hermanos y hermanas» que alcanzaron la vida de santidad, el Pontífice reconoció que «la santidad, de hecho, no se puede reducir a ningún cálculo, porque así es el bien que todos los santos han difundido a su alrededor en el mundo».

Los santos, ¿qué hicieron?

«Al contemplarlos con admiración, nos preguntamos: estas personas, con la gracia de Dios, ¿qué hicieron? Esencialmente, gestos y decisiones de amor que superan los cálculos de la codicia y la prepotencia del mal, que a veces parece prevalecer», señaló el Papa.

Refiriéndose a los santos y santas, los definió como «el signo más hermoso y más fuerte del Reino de Dios que viene; es más —como enseña Jesús—, que ya está entre nosotros (cf. Lc 17, 20-21)».

Del mismo modo, consideró que «la santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal que nos interpela a cada uno de nosotros allí donde vivimos».

Dios ve el bien

El Papa reiteró que el mensaje de esperanza en la fiesta de Todos los Santos es que «Dios ve el bien que nosotros no vemos, conoce historias que nosotros no conocemos, llega a corazones a los que nosotros no tenemos acceso».

Antes de rezar el Ángelus desde el balcón del Palacio Apostólico, pidió a la Virgen María que «acompañe nuestros pasos en el camino de la santidad, para que no nos cansemos de construir la paz, tanto en los hechos más importantes como en los más sencillos de la vida cotidiana».

(vatican.va)




Evangelio del día: Conmemoracón de Todos los Difuntos,

 


Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría

Sabidurίa 3, 1-9

Las almas de los justos están en las manos de Dios
y no los alcanzará ningún tormento.
Los insensatos pensaban que los justos habían muerto,
que su salida de este mundo era una desgracia
y su salida de entre nosotros, una completa destrucción.
Pero los justos están en paz.

La gente pensaba que sus sufrimientos eran un castigo,
pero ellos esperaban confiadamente la inmortalidad.
Después de breves sufrimientos
recibirán una abundante recompensa,
pues Dios los puso a prueba
y los halló dignos de sí.
Los probó como oro en el crisol
y los aceptó como un holocausto agradable.

En el día del juicio brillarán los justos
como chispas que se propagan en un cañaveral.
Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos,
y el Señor reinará eternamente sobre ellos.

Los que confían en el Señor comprenderán la verdad
y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado,
porque Dios ama a sus elegidos y cuida de ellos.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol Pablo a los Romanos

Romanos 5, 5-11

Hermanos: La esperanza no defrauda porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado.

En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.

Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucho más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro

Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Juan

Juan 6, 37-40

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Todo aquel que me da el Padre viene hacia mí; y al que viene a mí yo no lo echaré fuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Y la voluntad del que me envió es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y yo lo resucite en el último día’’.

Las palabras de los Papas

La resurrección de entre los muertos de Jesús, el Crucificado, ilumina en estos primeros días de noviembre el destino de cada uno de nosotros. Nos lo dijo Él mismo: «La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día» (Jn 6,39). Por lo tanto, el núcleo de la preocupación de Dios está claro: que nadie se pierda para siempre, que cada uno tenga su lugar y resplandezca en su unicidad.  (…) Por esta razón, los cristianos recuerdan desde siempre a los difuntos en cada Eucaristía, y hasta la fecha piden que sus seres queridos sean mencionados en la plegaria eucarística. Desde aquel anuncio surge la esperanza de que nadie se perderá. Que la visita al cementerio, en la que el silencio interrumpe la agitación del activismo, sea para todos nosotros una invitación a la memoria y a la espera. «Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro» profesamos en el Credo. Conmemoramos, por tanto, el futuro. No estamos encerrados en el pasado, en las lágrimas de la nostalgia; tampoco estamos confinados en el presente, como en un sepulcro. Que la voz familiar de Jesús nos alcance, y alcance a todos, porque es la única que viene del futuro. (Papa León XIV, Ángelus, 2 de noviembre de 2025)   

(vatican.va


Bulle

Santa Faustina Kowalska (1905-1938)
religiosa
Pequeño Diario (Petit journal, la Miséricorde divine dans mon âme, Parole et Dialogue, 2002)


Por tu misericordia nos das la vida eterna

Dios, que por tu misericordia has llamado al género humano de la nada a la existencia y lo has llenado de las bondades de la naturaleza y la gracia. Pero era demasiado poco para Tu bondad. Señor, en tu misericordia nos das la vida eterna. Nos admites a Tu felicidad eterna y nos haces participar de Tu vida interior, haciendo todo a causa de Tu misericordia. Nos llenas de Tu gracia, únicamente porque eres bueno y pleno de amor. Quieres compartir Tu felicidad con nosotros.
Pero el hombre no resistió a la prueba y podrías penalizarlo como a los ángeles, rechazándolo por la eternidad. Pero aparece tu misericordia, tus entrañas se conmueven con una gran piedad y prometes Tú mismo restaurar nuestra salud. Por el abismo inconcebible de tu piedad no nos penalizaste como lo merecíamos. Que tu misericordia sea alabada, Señor, te alabaremos por todos los siglos. Los ángeles estuvieron estupefactos por la grandeza de tu misericordia, que testimoniaste a los hombres… (EDD)

Reflexión sobre el gouache

Es muy probable que todos hayamos perdido a algún amigo o familiar durante el último año. Hoy es un día en el que rezamos por todos ellos. En el Día de los Difuntos, recordamos a nuestros seres queridos que han fallecido. Para algunos de nosotros, la pérdida es reciente y la ausencia sigue siendo dolorosamente desconocida. Para otros, han pasado muchos años, pero ciertos recuerdos pueden volver a acercarnos a alguien en un instante, cuando escuchamos una canción que les encantaba o visitamos un lugar al que les gustaba ir...


La muerte no pone fin a nuestro amor por los difuntos. La oración es una de las formas en que seguimos expresando ese amor. Recordamos su bondad con gratitud, al tiempo que reconocemos que, al igual que nosotros, tuvieron sus dificultades, sus errores y asuntos pendientes. Hoy los encomendamos a la misericordia de Dios, pidiéndole que sane todo lo que aún necesita sanación y que los acoja en la plenitud de su paz.


Como católicos, creemos que, cuando morimos, nuestras almas pueden ir a tres lugares: el cielo, el infierno o el purgatorio. Las almas que van al cielo son aquellas que fallecieron en estado de gracia perfecta y en comunión con Dios. El infierno es el lugar al que van a parar las almas de quienes fallecieron en estado de pecado mortal. El lugar intermedio, por así decirlo, al que pueden ir nuestras almas es el purgatorio. Se cree que es allí donde probablemente acaban la mayoría de las personas, libres de pecado mortal, pero aún en estado de pecado menor. El purgatorio es, por tanto, un lugar donde las almas pueden ser 'purificadas' y limpiadas antes de ser invitadas al cielo (véase el Catecismo de la Iglesia Católica, n.º 1030). Quizá una forma sencilla de imaginarnos el purgatorio sea pensar en llegar a casa de nuestros abuelos con los zapatos embarrados y la ropa sucia. Sabemos que nos quieren y que somos bienvenidos, pero nos quitamos los zapatos y nos lavamos antes de sentarnos a la mesa con ellos. El purgatorio es algo así como ese momento de preparación: un lugar donde Dios nos purifica con amor. Las almas se están purificando y preparándose para la bienvenida que les espera en el cielo.


Hoy en día, a muchas personas, incluidos los católicos, les cuesta creer en el infierno o en el purgatorio. Pueden parecer ideas anticuadas, y quizá prefiramos imaginar que la misericordia de Dios lleva a todo el mundo directamente al cielo. Sin duda, podemos poner nuestra esperanza en esa misericordia, al tiempo que reconocemos que Jesús también habla a menudo del juicio. No sabemos exactamente qué experimentaremos tras la muerte, pero nuestra fe nos enseña que la forma en que hayamos vivido y amado SÍ importará. Nos presentaremos ante el Dios que conoce toda la verdad sobre nosotros.


La vida es efímera. Antes de que nos demos cuenta, abandonamos este mundo. Este mismo pensamiento dio lugar a todo un estilo de pinturas de género, que surgió en el siglo XVII. En una época de gran riqueza mercantil y conflictos militares en Europa, se creaban pinturas y dibujos para recordar al espectador la fugacidad de la vida. Estas pinturas de vanitas estaban repletas de referencias simbólicas. Nuestra acuarela sobre papel, de gran detalle, obra del artista holandés Herman Henstenburgh, representa partituras (que simbolizan el placer terrenal de escuchar y la fugacidad de la existencia humana), una flauta (cuyos sonidos seducían a la gente), una vela apagada, un reloj de arena volcado y flores en flor, todo ello rodeando una calavera. Por mucho que nos rodeemos de placeres terrenales y emociones, todos acabaremos como la calavera de nuestro cuadro.


Pero hoy, estamos llamados a recordar a los que han muerto, especialmente a los que han muerto en el último año. Rezamos por su feliz reencuentro con nuestro Creador Amoroso.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Oración de San Agustín

“No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudiérais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos! ¡Si pudiérais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudiérais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!

Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas.

Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás. Amén.”

(hozana.or)

domingo, 1 de noviembre de 2026

Evangelio del día - Solemnidad de Todos los Santos - ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa de precepto presencial? b


 

Santos no ejemplares , San Audomaro de ThérouanneMás...

Apocalipsis 7,2-4.9-14.

Yo, Juan, vi a otro Angel que subía del Oriente, llevando el sello del Dios vivo. Y comenzó a gritar con voz potente a los cuatro Angeles que habían recibido el poder de dañar a la tierra y al mar:
"No dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios".
Oí entonces el número de los que habían sido marcados: eran 144. 000 pertenecientes a todas las tribus de Israel.
Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente:
"¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!".
Y todos los Angeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios,
diciendo: "¡Amén! ¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!
Y uno de los Ancianos me preguntó: "¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?".
Yo le respondí: "Tú lo sabes, señor". Y él me dijo: "Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero".

Salmo 24(23),1-2.3-4ab.5-6.

¡Felices los que buscan al Señor!

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,
el mundo y todos sus habitantes,
porque El la fundó sobre los mares,
Él la afirmó sobre las corrientes del océano.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor
y permanecer en su recinto sagrado?
El que tiene las manos limpias
y puro el corazón;

él recibirá la bendición del Señor,
la recompensa de Dios, su Salvador.
Así son los que buscan al Señor,
los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.

Epístola I de San Juan 3,1-3.

Queridos hermanos:
¡Miren cómo nos amó el Padre!
Quiso que nos llamáramos hijos de Dios,
y nosotros lo somos realmente.
Si el mundo no nos reconoce,
es porque no lo ha reconocido a Él.
Queridos míos,
desde ahora somos hijos de Dios,
y lo que seremos no se ha manifestado todavía.
Sabemos que cuando se manifieste,
seremos semejantes a Él,
porque lo veremos tal cual es.
El que tiene esta esperanza en Él,
se purifica, así como Él es puro.

Evangelio según San Mateo 5,1-12a.

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.
Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
"Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron."

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Juan Casiano (c. 360-435)
fundador de la Abadía de Marsella
Conferencias, Sobre la perfección, XII (SC 54. Conférences VIII-XVII, Cerf, 1958), trad. sc©evangelizo.org


Los diversos grados de la perfección

La Escritura llama a nuestro libre arbitrio a diferentes grados de perfección, según el estado y la medida de cada alma en particular. Todas las almas no tienen la misma virtud, ni la misma voluntad, ni el mismo fervor. La palabra divina establece, por así decirlo, grados y medidas diversos en la perfección.
Tenemos una marca que se evidencia en la variedad de las bienaventuranzas evangélicas. ¡Felices a los que pertenece el Reino de los cielos, felices los que poseerán la tierra, felices los que serán consolados, felices los que serán saciados! Pensamos, sin embargo, que hay diferencia entre habitar los cielos y poseer la tierra, cualquiera que ella sea. Hay diferencia entre el consuelo y la plenitud y saciedad de la justicia. La distancia es grande entre recibir misericordia y gozar de la muy gloriosa visión de Dios: “Hay cuerpos celestiales y cuerpos terrestres, y cada uno tiene su propio resplandor: uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas, y aun las estrellas difieren unas de otras por su resplandor. Lo mismo pasa con la resurrección de los muertos: se siembran cuerpos corruptibles y resucitarán incorruptibles” (1 Cor 15,40-42). (…)
Lo ven entonces, la perfección comporta diferentes grados. (…) En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones” (Jn 14,2), dice el Salvador. Los otros astros brillan en el cielo, sin embargo, hay mucha distancia entre el resplandor del sol, de la luna, de Venus y de las otras estrellas.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Muchos de nosotros preferimos las reuniones pequeñas. Las grandes multitudes pueden resultar abrumadoras, demasiado ruidosas, demasiado ajetreadas, demasiado intensas. Sin embargo, la fiesta de hoy trata precisamente de lo contrario: celebra a la gran multitud de personas que ahora comparten la gloria de Dios. El Libro del Apocalipsis los describe maravillosamente como “una gran multitud, imposible de contar, de todas las naciones, razas, tribus y lenguas”. Hoy no es la fiesta de unos pocos santos elegidos que celebramos individualmente a lo largo del año litúrgico, sino que hoy es la celebración de todos los santos: conocidos y desconocidos, celebrados y olvidados, canonizados u ocultos.

Es un día para honrar la santidad silenciosa que ha habitado en innumerables vidas: madres, profesores, vecinos, amigos, cuya fe y bondad solo Dios conoce plenamente. Quizá incluso hayamos conocido a personas así: aquellas cuya bondad dejó una huella imborrable y cuyo ejemplo nos acercó más a Dios. En su sencillez y fidelidad, vislumbramos la verdadera santidad… y nos damos cuenta de que nosotros también estamos llamados a llevar una vida recta y a intentar convertirnos en santos.

Aunque no es fácil. Vivimos en un mundo que, a menudo, presta más atención a los villanos que a los santos. Los titulares prefieren el escándalo a la santidad, y es fácil creer que la bondad es algo poco común. Pero, afortunadamente, no lo es. El Día de Todos los Santos nos invita a mirar de nuevo: a las innumerables personas, famosas o desconocidas, que han permitido que el amor de Dios moldee verdaderamente sus vidas. También tuvieron sus dificultades y sus fallos, pero nos recuerdan que la santidad puede crecer en cualquier época, en cualquier circunstancia… y en vidas tan corrientes como las nuestras.

En la obra de Alberto Durero «La adoración de la Trinidad con santos», el cielo y la tierra se unen en una vasta visión de la gloria divina. En el centro de la composición, Dios Padre, entronizado en toda su majestad, sostiene a Cristo crucificado, pero aún con vida, mientras que el Espíritu Santo se cierne sobre ellos en forma de paloma radiante. Alrededor de esta Trinidad celestial, Durero pinta una inmensa y reverente multitud de santos, ángeles y almas benditas: la comunión de los santos en todo su esplendor. La Virgen María y San Juan Bautista encabezan dos grandes procesiones: María guía a las santas, ataviadas con ricas vestiduras y velos; Juan y Moisés encabezan a los hombres (apóstoles, profetas, mártires, confesores y patriarcas). Debajo de esta asamblea celestial, los fieles de la tierra (nosotros) se reúnen en oración y adoración. El papa y los obispos se encuentran de pie entre monjes y frailes por un lado, mientras que el emperador y los nobles se arrodillan junto al pueblo llano y los campesinos por el otro, lo que nos recuerda que todos, independientemente de su rango o condición, están llamados a la santidad.

Fíjate bien en la esquina inferior derecha y encontrarás al propio artista. Durero ha incluido su propia figurita debajo de esta gran reunión de santos. Se encuentra sobre suelo terrenal, donde también estamos nosotros. Para nosotros, su presencia puede convertirse en una invitación a imaginar nuestro propio lugar dentro del cuadro: seguimos viviendo, seguimos aprendiendo, seguimos buscando nuestro camino hacia Dios. Los santos de arriba estuvieron en su día donde nosotros estamos ahora... Su historia nos recuerda en qué podrían convertirse nuestras propias vidas si nos mantenemos cerca de Cristo.

by Padre Patrick van der Vorst