
Cada 27 de enero, el Principado se llena de júbilo con motivo de la festividad de Santa Devota, patrona del Principado desde el siglo XVII. "Los monegascos consideran la festividad de Santa Devota como la segunda fiesta nacional", explica Jean-Michel Manzone, secretario del Comité Nacional de Tradiciones Monegascas, el organismo estatal encargado de promover la identidad cultural y lingüística del Principado.
Las festividades de la "Santa" comienzan el 26 de enero por la mañana con una Misa en lengua monegasca en la iglesia de santa Devota, que alberga las reliquias de la mártir corsa del siglo IV. Aunque solo lo hablan unos pocos, el monegasco sigue formando parte del plan de estudios obligatorio de los escolares del Principado hasta el tercer año de secundaria.
Este dialecto, cercano al genovés, al corso y al provenzal, debe mucho a la Iglesia católica local, que lo defendió y promovió: el canónigo Georges Franzi (1914-1997) redactó los primeros libros de texto en monegasco, y el padre Louis Frolla (1904-1978) escribió el primer diccionario francés-monegasco.
Y Santa Devota ocupa un lugar único en la literatura monegasca, ya que el primer libro en la lengua local, publicado por el poeta Louis Notari en 1927, es La leyenda de Santa Devota. "Todos los monegascos conocen a Santa Devota, ya que en la escuela se les enseña la historia de Mónaco, de la que ella forma parte. No es solo la santa patrona, sino que forma parte de la historia y de la identidad cultural", explica Jean-Michel Manzone.
Una barca que arde
Uno de los momentos más destacados de las festividades de Santa Devota es cuando el príncipe prende fuego a una barca, un gesto que recuerda el legendario intento de robo de las reliquias de la santa por parte de unos bandidos en el siglo XI. "Es un evento que atrae cada año a muchísimos monegascos, pero también a extranjeros", destaca Jean-Michel Manzone. Su esposa, Claude Manzone, presidenta del Comité, explica que la tradición local dicta que los monegascos intenten recuperar los clavos de la barca, a los que el fervor y la fe populares atribuyen un "poder protector para el año venidero".
Al día siguiente, festividad de Santa Devota, es día festivo y se celebra una misa pontificia en la catedral, seguida de una procesión con las reliquias por la ciudad. En los últimos años, altos representantes de la Curia Romana y del Colegio Cardenalicio han sido los invitados de honor en estas festividades: el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén en 2026; monseñor Paul Richard Gallagher, figura clave de la diplomacia pontificia, en 2025; o el cardenal François-Xavier Bustillo, obispo de Ajaccio, en 2024.
Numerosas fiestas religiosas
Pero la Santa Devota no es la única manifestación de fe popular en el Principado. En Mónaco, nueve de los doce días festivos son de origen religioso: el Lunes de Pascua, la Ascensión, el Lunes de Pentecostés, el Corpus Christi, la Asunción, el Día de Todos los Santos, la Inmaculada Concepción y la Navidad.
La Inmaculada Concepción —a quien está consagrada la catedral de Mónaco— es, además, una "doble fiesta" para los monegascos, ya que también se honra a la Virgen por la protección que brindó a la ciudad durante la peste de 1631, destaca Jean-Michel Manzone. La fiesta se caracteriza por una "procesión del voto", que recuerda el voto hecho por el príncipe Honoré II y el pueblo monegasco para agradecer a su protectora.
A estas fechas oficiales hay que añadir muchas otras festividades no festivas que dan lugar a importantes manifestaciones populares. Es el caso de la Semana Santa y su impresionante Vía Crucis del Viernes Santo; de San Juan, con sus hogueras el 24 de junio; de San Román, otro santo cuyas reliquias se encuentran en Mónaco, el 9 de agosto; de Santa Cecilia, que es la fiesta de la música en Mónaco; o también de San Nicolás el 6 de diciembre, patrón del Comité de Tradiciones y a quien los monegascos honran desde hace mucho tiempo.
Por último, para Navidad, se organiza un "recorrido de belenes" en el Principado. "Todo el mundo participa, incluso los comerciantes. Puede que esto sorprenda a los turistas, pero aquí no está prohibido hacer belenes", comenta con humor Jean-Michel Manzone, haciendo referencia a las polémicas existentes en la vecina Francia.
"Estas tradiciones son importantes en Mónaco —señala el secretario del Comité—, porque somos una población plural. Los irlandeses, los alemanes, los rusos… cada comunidad tiene sus costumbres, sus círculos, sus ocupaciones; no participan en todos nuestros eventos, pero a menudo se les ve unirse en ciertas grandes ceremonias religiosas, como la de Santa Devota o en Navidad…"
La Archicofradía de la Misericordia
Todas estas ceremonias son coordinadas por el Comité Nacional de Tradiciones Monegascas, con la participación activa de la Archicofradía de la Misericordia. Los orígenes de la cofradía local son muy antiguos: se remontan al siglo XV, bajo la influencia de Génova, donde aparecieron en esa época los primeros "penitentes".
Comprometida con los más pobres, la cofradía se ganó su prestigio en 1631 durante la peste. Se dividió por un tiempo en dos cofradías de penitentes negros y blancos, que finalmente se reunieron en 1813: "sus miembros lucen ahora un saco blanco y un camail negro", destaca Claude Passet, miembro de la Archicofradía. Desde entonces, la organización, patrocinada por la diócesis y que cuenta con 120 miembros, la mitad de los cuales están activos, sigue desempeñando un papel en la solidaridad en Mónaco y ocupa un lugar importante en las diversas fiestas.
La importancia de las tradiciones religiosas populares se había destacado especialmente al final del pontificado de Francisco. Él percibía la religión popular como una especie de antídoto contra una religiosidad elitista. Esta concepción la extraía del Documento Final de Aparecida (2007), en el que la religiosidad popular se describía como el "tesoro de la Iglesia católica en América Latina".
León XIV, antiguo misionero en Perú, se familiarizó necesariamente con este texto, redactado por el entonces cardenal Bergoglio, y que se convirtió en una brújula pastoral para las diócesis de Sudamérica. La última encíclica de Francisco, Dilexit Nos (2024), se había dedicado a la piedad popular por el Sagrado Corazón de Jesús, y su último viaje internacional, el 15 de diciembre de 2024, había sido con motivo del congreso sobre religiosidad popular —en el que había participado el cardenal Robert Francis Prevost—.
Camille Dalmas, Aleteia
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