
Sea cual sea nuestra tendencia a los deseos egoístas, la Cuaresma sigue siendo un momento perfecto para trabajar en esas cualidades menos nobles de nuestra personalidad y esforzarnos por centrar nuestra atención más en Dios.
A pocos nos gusta admitir que somos egoístas. Tendemos a mantener una imagen impecable de nosotros mismos, pensando que en realidad no somos tan malas personas.
Aunque no seamos asesinos ni ladrones, es probable que nos sintamos tentados a ser orgullosos y, a veces, pensemos que nuestra forma de actuar es la mejor posible.
Vencer nuestros demonios internos durante la Cuaresma
San León Magno expone en una homilía sus razones por las que debemos aprovechar la Cuaresma como un tiempo de renovación espiritual personal:
"Porque tenemos muchos encuentros con nosotros mismos: la carne desea una cosa en contra del espíritu, y el espíritu otra cosa en contra de la carne. Y en este desacuerdo, si los deseos del cuerpo son más fuertes, la mente perderá vergonzosamente su dignidad propia, y será muy desastroso que sirva a lo que debería haber gobernado".
A menudo olvidamos que somos seres compuestos de cuerpo y alma, lo que significa que lo que hacemos con nuestro cuerpo afecta a nuestra alma. Si somos egoístas en nuestros deseos y dejamos que estos nos dominen, nuestra alma sufrirá y nos costará mucho resistir la tentación.
San León Magno explica a continuación que, si somos capaces de dominar nuestras pasiones internas, podremos vencer esas tentaciones y ordenar correctamente nuestras vidas:
"Pero si la mente, sometida a su Gobernante y deleitándose en los dones de lo alto, ha pisoteado los atractivos de los placeres terrenales y no ha permitido que el pecado reine en su cuerpo mortal, la razón mantendrá una supremacía bien ordenada, y ninguna estrategia de maldad espiritual derribará sus fortalezas: porque el hombre solo tiene verdadera paz y verdadera libertad cuando la carne está gobernada por el juicio de la mente, y la mente está dirigida por la voluntad de Dios".
Servir al Señor
A continuación, escribe:
"Al acercarnos, queridos hermanos, al comienzo de la Cuaresma, que es un tiempo para servir al Señor con mayor diligencia, porque estamos, por así decirlo, entrando en una especie de competición de buenas obras, preparemos nuestras almas para luchar contra las tentaciones y comprendamos que cuanto más celosos seamos por nuestra salvación, más decididos serán los ataques de nuestros adversarios".
Si vamos a hacer algo durante la Cuaresma, procuremos erradicar nuestras tendencias egoístas ordenando correctamente nuestras vidas, dejando que Dios reine sobre nosotros con su amorosa compasión.
Philip Kosloski, Aleteia
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