Reflexionó acerca de lo que hace verdaderamente humano la hombre.
El Papa León visitó la sede de la UNESCO en una de sus
primeras paradas en su viaje a Francia.EWTN/Aciprensa.
León XIV pronunció este viernes en la sede de la UNESCO en
París un discurso articulado en torno a una pregunta que, según dijo, «reclama
con urgencia una respuesta»: ¿qué significa ser humano? Era la primera
vez que un Papa intervenía ante la organización de Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura desde que lo hiciera Juan Pablo II en
1980.
En la primera jornada de su viaje apostólico a Francia, el
Pontífice denunció la paradoja de una época que llama «inteligentes» a las
máquinas mientras mide a las personas por lo que producen. También pidió a
la comunidad internacional una protección especial para niños y jóvenes en la
era digital.
Cuarenta y seis años después
La visita, por invitación del director general, Khaled
El-Enany, llega en un momento delicado para la institución, que arrastra una
grave crisis presupuestaria tras la salida de Estados Unidos en 2025. Llega
también en vísperas de un aniversario: en 2027 se cumplirán 75 años de la
presencia de la Santa Sede en la UNESCO, donde mantiene una misión de
observación permanente desde 1952.
El Papa habló en francés y en inglés, y fue el único
discurso bilingüe de todo el viaje. Arrancó recogiendo el testigo de su
predecesor polaco, que en aquella misma sala recordó que “genus humanum arte
et ratione vivit”, es decir, que el hombre vive una vida verdaderamente
humana gracias a la cultura.
A partir de ahí, invitó a los presentes a ver la UNESCO “no
solo como una organización internacional ilustre, sino también como un lugar
donde la humanidad reflexiona sobre sí misma, sobre su historia y sobre su
futuro”.
Además, quiso que los presentes reflexionaran sobre la
cuestión de ser de todo su trabajo en esta institución: «Ninguna educación es
completa si no habla de la cuestión del sentido».
Hijos, pobres y libres
El corazón del discurso fue una respuesta en tres tiempos a
la gran pregunta. El primero: «Antes que nada, la persona humana es alguien que
es concebido y nace. Por eso, ser humano significa, en primer lugar, ser
hijo. Ninguno de nosotros eligió serlo». De ahí extrae algo que, advirtió,
no es solo biológico sino ético: si todos somos hijos, todos somos hermanos.
USA - Edición Hispana
El
obispo de Silicon Valley avisa de los riesgos de la IA: «Está en juego la
humanidad misma»
El segundo: «Todos nacemos desnudos y necesitados.
Somos pobres de nacimiento, necesitados de pan y de palabras, de cuidados y de
afecto». Olvidarlo tiene consecuencias. La vida deja entonces de entenderse
como un don y pasa a verse como una mercancía, un producto que explotar.
El tercero es la libertad, cuya belleza, dijo el Papa, «tiene
un nombre: justicia». Cuando esa libertad degenera en arbitrariedad o sed
de poder, llega lo peor: «la más terrible de las “obras humanas” es la guerra,
porque entonces la propia ciencia se pone al servicio de una voluntad inhumana
de destruir y de matar».
León XIV rescató entonces la frase más célebre de la
Constitución de la UNESCO, escrita tras la Segunda Guerra Mundial: «Puesto que
las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres
donde deben erigirse los baluartes de la paz».
Recordó que la humanidad aprendió entonces, a un precio
altísimo, que «el progreso científico, separado de la sabiduría, puede
convertirse en un arma de destrucción». Añadió que la cultura sometida a la
ideología degenera en propaganda, y que la educación que abandona la verdad
acaba siendo «un instrumento para manipular las conciencias».
La paradoja de las máquinas «inteligentes»
El pasaje sobre la tecnología fue, probablemente, el más
afilado. «Mientras se atribuye “inteligencia” a sistemas computacionales, nos
cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas humanas, cuyas
vidas se juzgan según el criterio de la eficiencia y, cuando ya no se
consideran productivas, son rechazadas y descartadas», afirmó.
Frente a esa lógica, el Papa defendió una dignidad que no
depende de las capacidades ni se pierde con la enfermedad, «ni siquiera ante la
muerte».
Sobre la inteligencia artificial fue claro: estos sistemas
«pueden correlacionar datos», pero no responder a las preguntas sobre el
sentido de la vida. «Y sin embargo, los seres humanos no pueden vivir
sin sentido. El sentido es el oxígeno de la mente». Dicho de otro modo, la
IA sabe dónde está cada dato, pero no sabe para qué está nadie.
Vinculó también la verdad con la justicia social. Sin ella,
dijo, el lenguaje queda a merced de la violencia y del capricho de los
poderosos. Los que mandan invocan la ley «cuando sirve a sus intereses» y la
ignoran «cuando los limita», tratando la justicia «como si fuera una
mercancía que se compra y se vende». Y pidió expresamente proteger a niños
y jóvenes, porque en la era digital «su vulnerabilidad nunca debe convertirse
en una oportunidad de explotación».
Babel o Pentecostés
Para cerrar el diagnóstico, León XIV recurrió a dos imágenes
bíblicas. En primer lugar, y como recordó en su primera encíclica Magnifica
humanitas, Babel representa la unidad impuesta por la dominación, y
la historia enseña que «muchos imperios se han deleitado en su poder antes de
ser consumidos por él y derrumbarse como una torre».
Esa tentación, advirtió, reaparece hoy en una globalización
sin fraternidad, en formas «rapaces» de neocolonialismo, en imposiciones
ideológicas y en los «contactos sin vínculos» que reducen la vida a comercio.
La alternativa es la plaza de Pentecostés, donde cada uno
escuchó el mensaje en su propia lengua. «La comunión no suprime en modo
alguno la diversidad», subrayó. «No es la dominación de Babel, sino la paz de
Pentecostés, lo que hace posible esa comunión entre todos los pueblos».
También dejó una vara de medir para todos los discursos
sobre dignidad humana: el cuidado de los últimos. Mencionó a los niños
«en el seno de sus madres y en los diversos escenarios de guerra», a las
personas con discapacidad, a los ancianos, a los migrantes y refugiados, y a
todos los excluidos «con arrogancia» por improductivos. Por eso, concluyó, la
crisis ecológica actual es en el fondo una crisis antropológica.
Vaticano
Siete
claves para entender el viaje de León XIV a Francia
Una virtud rara: la confianza
En la parte final, de nuevo en francés, el Papa no esquivó
la crisis del multilateralismo. Las instituciones internacionales,
reconoció, atraviesan una crisis de eficacia, sobre todo cuando el diálogo
se ve como un freno o como una forma de hipocresía. Su receta fue promover «una
virtud tan rara como deseada: la confianza», sin caer en un optimismo ingenuo.
«Cada niño que nace trae esperanza», recordó.
Reivindicó también el papel «culturalmente necesario e
insustituible» de las religiones, que ayudan a la humanidad a buscar un
destino que no es la muerte: «No estamos en camino hacia la nada». Sus últimas
palabras fueron para los jóvenes, que son, dijo, quienes observan con más
atención lo que hacen los adultos.
En una casa acostumbrada a catalogar patrimonios de la
humanidad, León XIV vino a recordar cuál es el primero de todos: la humanidad
misma.
Cuando no puedo asistir a la Santa Misa, adoro el Cuerpo de Cristo con los ojos del espíritu en la oración, lo mismo que le adoro cuando le veo en la Santa Misa.
"¡La Santa Misa es la manera más perfecta de hacer oración!"
La oración, unida con ese divino sacrificio de la Misa, tiene una fuerza indecible; de modo que por este medio abunda el alma de celestiales favores como apoyada sobre su Amado.
Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. La sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, a Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo. Así los hombres son invitados y llevados a ofrecerse a sí mismos, sus trabajos y todas las cosas creadas junto con Cristo.
Reconoced en el pan lo que colgó del madero, y en el cáliz lo que manó del costado.





