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domingo, 22 de febrero de 2026

Ángelus del Papa León XIV 1er A Domingo de Cuaresma

 

PAPA LEÓN XIV

ÁNGELUS

Plaza de San Pedro
Domingo, 22 de febrero de 2026

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Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz domingo!

Hoy, primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos habla de Jesús que, guiado por el Espíritu, va al desierto y es tentado por el diablo (cf. Mt 4,1-11). Después de ayunar durante cuarenta días, siente el peso de su humanidad: el hambre a nivel físico y las tentaciones del diablo a nivel moral. Enfrenta la misma dificultad que todos experimentamos en nuestro camino y, resistiendo al demonio, nos muestra cómo vencer sus engaños y sus trampas.

La liturgia, con esta Palabra de vida, nos invita a considerar la Cuaresma como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible. Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera.

Es verdad, se trata de un camino exigente, y existe el riesgo de que nos desanimemos o de que nos dejemos seducir por caminos de satisfacción menos agotadores, como la riqueza, la fama y el poder (cf. Mt 4,3-8). Estas tentaciones, que también fueron las de Jesús, no son más que pobres sucedáneos de la alegría para la que fuimos creados y que, al final, nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos.

Por eso, san Pablo VI enseñaba que la penitencia, lejos de empobrecer nuestra humanidad, la enriquece, purificándola y fortaleciéndola en su camino hacia un horizonte «que tiene como término el amor y el abandono en el Señor» (Const. ap. Paenitemini, 17 febrero 1966, I). De hecho, la penitencia, al tiempo que nos hace conscientes de nuestras limitaciones, nos da la fuerza para superarlas y vivir, con la ayuda de Dios, una comunión cada vez más intensa con Él y entre nosotros.

En este tiempo de gracia, practiquémosla generosamente, junto con la oración y las obras de misericordia; demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros, en las familias, en los lugares de trabajo y en las comunidades. Dediquemos tiempo a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos. Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario. Entonces, como dice san Agustín, “nuestra oración, hecha con humildad y caridad, acompañada del ayuno y las limosnas, de la templanza y del perdón; practicando el bien y no devolviendo mal por mal, alejándonos del mal y entregándonos a la virtud, llegará al Cielo y nos dará la paz” (cf. Sermón 206,3).

A la Virgen María, Madre que siempre asiste a sus hijos en la prueba, le confiamos nuestro camino cuaresmal.   

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Han pasado ya cuatro años desde el inicio de la guerra contra Ucrania. Mi corazón sigue la dramática situación que todos tenemos ante nuestros ojos: ¡cuántas víctimas, cuántas vidas y familias destrozadas, cuánta destrucción, cuánto sufrimiento indecible! En verdad, toda guerra es una herida infligida a la familia humana: deja tras de sí muerte, devastación y un rastro de dolor que marca a generaciones.

La paz no puede posponerse, es una necesidad urgente, que debe encontrar espacio en los corazones y traducirse en decisiones responsables. Por eso renuevo con fuerza mi llamamiento: que callen las armas, que cesen los bombardeos, que se llegue sin demora a un alto el fuego y que se refuerce el diálogo para abrir el camino a la paz.

Invito a todos a unirse en la oración por el martirizado pueblo ucraniano y por todos los que sufren a causa de esta guerra y de todos los conflictos en el mundo, para que brille en nuestros días el tan esperado don de la paz.

Y ahora dirijo mi saludo a todos ustedes, fieles de Roma, peregrinos italianos y de diversos países.

Bendigo de corazón a las Hermanas Obreras de Jesús, en el centenario de la fundación de su Instituto. Saludo a la Escuela de San José Calasanz de Prievidza, en Eslovaquia, y renuevo mi apoyo a las asociaciones que se comprometen a afrontar juntas las enfermedades raras.

Saludo al grupo del Apostolado de la Oración de Biella, a los fieles de Nicosia, de Castelfranco Veneto y del Decanato de Melegnano; a los confirmandos de Boltiere, a los jóvenes de la Comunidad pastoral Santa María Magdalena de Milán y a los scouts de Tarquinia.

Les deseo a todos un buen domingo y un buen camino cuaresmal.


Noviazgo curioso, casados hace poco... y ahora son misioneros

 

Inés María Aguerre y Santiago Paseyro, argentinos, son un matrimonio novato, llevan pocos meses casados. Pero hace mucho que se conocen. Empezaron a salir, él la dejó por el seminario, volvieron a juntarse... toda una historia, siempre consultando a Dios.

Y ahora, casados, son un matrimonio misionero de la fundación Misericordia. Lo dejan todo para formarse con esta fundación en Chile, y luego desembarcarán en Cañada Real, cerca de Madrid, en una estación evangelizadora. Lo han explicado en Obras Misionales Pontificias España.

Fueron a Chile el 14 de febrero, día de los enamorados... para aprender a compartir su amor y el amor de Cristo.

Fundación Misericordia recibió el Premio ReL 2025 "Caridad en Acción", en reconocimiento a su labor de evangelización en barrios desfavorecidos, destacando por la cercanía y la convivencia.

ReL

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Una lectura de la carta del Papa para la 1ª Cuaresma, para gente ocupada

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Kathleen Hattrup - publicado el 18/02/26
Simplemente lee los 6 puntos en negrita o toma un momento para profundizar. ¡La carta en sí también es muy breve!

El Sucesor de Pedro tradicionalmente escribe una carta para el inicio de la Cuaresma, dando ciertas pautas a los 1.400 millones de católicos para esta temporada de preparación para la Pascua. Este año, nueve meses después de su pontificado, el Papa León XIV ha escrito su primera carta de Cuaresma.

La carta tiene solo 12 párrafos, y te sugerimos que tomes unos minutos para leerla en su totalidad (son dos páginas impresas).

Pero, para profundizar más, y reconociendo que muchos estamos demasiado ocupados, ofrecemos algunos puntos clave. Empieza por revisar los resúmenes en negritas y, si el tiempo lo permite, dedica tiempo a leer la reflexión de cada sección.

Objetivo general de la Cuaresma:

Coloquemos nuevamente el misterio de Dios en el centro de nuestras vidas

Con una sola frase, el Papa León nos recuerda algo importante: La Iglesia nos ofrece la Cuaresma porque es nuestra madre. Es uno de esos dones maternales que, aunque puedan parecer poco atractivos, nos hace verdaderamente bien.

Y vivir una buena Cuaresma tendrá una buena consecuencia: nuestros corazones no se consumirán por la ansiedad ni la distracción. ¡Todos sentimos la necesidad de esto!

"La Cuaresma es un tiempo en el que la Iglesia, guiada por un sentido de solicitud maternal, nos invita a volver a poner el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para renovar nuestra fe y proteger nuestro corazón de las angustias y distracciones de la vida diaria".

La conversión siempre incluye una cosa:

La Palabra de Dios

Para volvernos hacia Dios —la conversión significa literalmente "volverse hacia"— necesitamos la Palabra de Dios. ¿Cómo puedes incorporar la acogida y aceptación de la Palabra de Dios esta Cuaresma? Esa es la clave de la transformación.

"Todo camino hacia la conversión comienza dejando que la palabra de Dios toque nuestros corazones y acogiéndola con docilidad. Existe una relación entre la palabra, nuestra aceptación y la transformación que produce. Por eso, el camino cuaresmal es una excelente oportunidad para escuchar la voz del Señor y renovar nuestro compromiso de seguir a Cristo, acompañándolo en el camino a Jerusalén, donde se cumplirá el misterio de su pasión, muerte y resurrección".

Un favorito del Papa León:

Centrarse en la escucha (y en una gran visión de Dios)

Los lectores de Aleteia sabrán que ya hemos encontrado un hilo conductor en el pontificado del Papa León: un enfoque en la importancia de escuchar.

Para la Cuaresma, vuelve a enfatizar este punto. La carta cuaresmal tiene tres secciones, y una de ellas es la escucha.

Nos invita a escuchar la Palabra de Dios y recuerda que escuchar es la primera manera de demostrar que queremos una relación con alguien.

Pero entonces, el Papa hace una observación muy interesante. Escuchar es, en realidad, una forma de imitar a Dios. León dice que el relato de la zarza ardiente muestra que "Dios mismo nos enseña que escuchar es una de sus características definitorias". ¿Habrías definido a Dios como "el que escucha"? Reflexiona sobre ello.

¿A quién escucha Dios? Me escucha a mí. Escucha el llanto del que sufre.

"Nuestro Dios busca involucrarnos. Incluso hoy comparte con nosotros lo que hay en su corazón. Por eso, escuchar la Palabra en la liturgia nos enseña a escuchar la verdad de la realidad. En medio de las múltiples voces presentes en nuestra vida personal y en la sociedad, la Sagrada Escritura nos ayuda a reconocer y responder al clamor de quienes sufren y están angustiados. Para fomentar esta apertura interior a la escucha, debemos permitir que Dios nos enseñe a escuchar como él lo hace".

Para ayunar correctamente:

La parte de la comida es solo una pequeña parte

El Papa León incluso vincula el ayuno con la Palabra de Dios. Dice que "el ayuno es una forma concreta de prepararnos para recibir la palabra de Dios".

“Quien no es capaz de nutrirse con la palabra de Dios no ayuna adecuadamente.”

Pero, lo que es más importante, también vincula el ayuno con la forma en que tratamos a los demás: no solo porque crecemos en la capacidad de resistir nuestro egoísmo, sino porque mantiene "viva nuestra hambre y sed de justicia y nos libera de la complacencia".

Refiriéndose a san Agustín, dice que el ayuno no sólo nos permite gobernar nuestro deseo... sino también ampliarlo “para que se oriente hacia Dios y a hacer el bien”.

Su única sugerencia concreta:

Cuida tus palabras

La principal sugerencia práctica del Papa (y veamos todos los escenarios que señala):

"En este sentido, quisiera invitaros a una forma de abstinencia muy práctica y a menudo poco apreciada: la de abstenerse de palabras que ofenden y hieren al prójimo.

Comencemos por desarmar nuestro lenguaje, evitando las palabras duras y los juicios precipitados, absteniéndonos de calumniar y de hablar mal de quien no está presente y no puede defenderse.

Más bien, esforcémonos por medir nuestras palabras y cultivar la amabilidad y el respeto en nuestras familias, entre nuestros amigos, en el trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas.

De esta manera, las palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz".

La Palabra de Dios y el ayuno:

No sólo para mí y sobre mí

Por último, el Papa subraya el aspecto comunitario de la Cuaresma: "La conversión no se refiere solo a la propia conciencia, sino también a la calidad de las relaciones y del diálogo".

"Nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamadas a emprender un camino compartido durante la Cuaresma, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como el clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en parte de nuestra vida comunitaria, y el ayuno en fundamento de un arrepentimiento sincero".  

Concluye con tres invitaciones a la oración:

Mayor atención (a Dios y a los demás)
Fuerza (que viene del ayuno, también del ayuno de las palabras hirientes)
Esfuerzo (para hacer comunidades acogedoras y escuchantes que conduzcan a una civilización del amor)

Lee (y/o imprime) la carta completa aquí

Kathleen Hattrup, Aleteia

Reflexión sobre las tentaciones