
La amistad se ha vuelto extrañamente complicada en la vida moderna. Muchas personas tienen ahora cientos de contactos, innumerables chats grupales y un flujo interminable de interacciones en línea. Sin embargo, admiten en silencio que se sienten solas. Aquí los consejos del papa.
Muy pocas cosas en la vida sobreviven por completo sin tiempo y atención. Las relaciones, los jardines, los matrimonios, la fe, los músculos, la masa madre… todo acaba muriéndose si se descuida durante el tiempo suficiente. A menos, claro está, que seas una de esas personas misteriosas cuya planta crece feliz en un rincón de la habitación a pesar del abandono total.
El pensamiento de León XIV

Curiosamente, esa misma idea ha surgido recientemente en la nueva encíclica del Papa León XIV, Magnifica Humanitas, en la que anima a las personas a "cuidar nuestras relaciones". Al reflexionar sobre unas sociedades cada vez más digitalizadas, el Papa advirtió contra las formas de aislamiento que se esconden tras la conexión constante a Internet, al tiempo que destacó la importancia de la presencia humana real, la conversación, la amistad y la vida en comunidad.
Su afirmación es una frase sencilla, pero que cobra cada vez más relevancia en unas vidas en las que la amistad suele considerarse algo que, de alguna manera, debería mantenerse por sí sola.
Procurar las relaciones humanas
En parte, esa es la razón por la que una idea sencilla compartida por la experta estadounidense en salud social Kasley Killam ha tenido tanto eco entre tanta gente últimamente.
En su libro El arte y la ciencia de la conexión: por qué la salud social es la clave que falta para vivir más tiempo, con más salud y más felicidad, Killam reflexiona sobre cómo la vida moderna a menudo deja a las personas socialmente desnutridas a pesar de estar permanentemente conectadas digitalmente.
Una idea práctica que propone es lo que algunos han denominado la "regla del 5-3-1" para la amistad. Los números en sí mismos no son mandamientos científicos ni una receta mágica, sino más bien un suave recordatorio de que las relaciones suelen necesitar ritmo y regularidad para perdurar:
Tres números clave para cultivar las relaciones
Una idea práctica que propone es lo que algunos han llamado la "regla 5-3-1" para la amistad. Los números en sí no son mandamientos científicos ni una receta mágica, sino más bien un recordatorio amable de que las relaciones generalmente necesitan ritmo y regularidad para sobrevivir.
Cinco:
Cada semana, dedica tiempo a cinco personas o grupos sociales diferentes: desde familiares y amigos hasta vecinos y compañeros de trabajo; lo ideal es que este contacto regular sea natural y abierto.
Tres:
Cada mes, cultiva al menos tres relaciones cercanas. Tómate el tiempo para tener algunas conversaciones profundas y significativas, escuchando tanto como hablando.
Uno:

Intenta dedicar una hora en total cada día a una interacción social significativa. Ya sea una charla rápida junto a la máquina de café, un par de minutos hablando con algún amigo o una llamada telefónica de 45 minutos con uno de tus padres, estas interacciones pueden ser breves, pero todas ellas se suman para crear algo especial.
De hecho, Killam suele hablar de la importancia de considerar las relaciones sociales como parte de nuestra salud general, en lugar de como un extra opcional al que dedicamos el tiempo que nos sobra tras el trabajo y las obligaciones. Tal y como explicó durante una entrevista en el podcast de Mel Robbins:
"La relación con los demás no tiene por qué llevar mucho tiempo para que sea significativa".
¡Seguramente, solo esta idea ya supone un alivio para muchos adultos que ya se sienten abrumados antes incluso de que aparezca otro compromiso social en el calendario!
Porque la amistad no siempre requiere de fines de semana de escapada a lo grande ni de cenas perfectamente organizadas. A veces basta con una llamada de cinco minutos mientras conduces de vuelta a casa, un mensaje enviado mientras esperas en la cola para comprar un café o una nota de voz que diga: "Me he acordado de ti".
Cerith Gardiner - Mathilde De Robien, Aleteia
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