En medio del ruido y las preocupaciones diarias, muchas
veces sentimos que Dios está lejos. Para esos momento, San Buenaventura dejó
una oración que nos ayuda a detenernos y encontrarnos con Dios cuando el
corazón esté cansado e inquieto.
El club de suscripción mexicano Historias de Fe señaló
que, en medio del ritmo acelerado de la vida, muchas veces dejamos de escuchar
a Dios porque no aprendemos a detenernos.
A través de su cuenta de Instagram, compartieron una oración
inspirada en San Buenaventura y recordaron que “el encuentro con Dios no ocurre
en el ruido ni en la prisa, sino en el silencio donde Él ya habita”.
“Esta oración es una invitación a volver a lo esencial: a
mirar con fe, a reconocer su presencia en lo sencillo y a dejar que nuestro
corazón descanse en Él”.
Si quieres que tu día también se convierta en un camino
hacia Dios, ten presente esta oración:
Oración para encontrar a Dios
Señor, quiero encontrarte. No en el ruido, no en la prisa,
sino en el silencio donde habitas. Muchas veces te busco lejos, como si
estuvieras escondido, y olvido que Tú ya estás aquí, esperando mi corazón.
Enséñame a detenerme, a mirar con fe, a reconocer tu
presencia en lo sencillo: en la oración callada, en tu Palabra, en la paz que
solo Tú puedes dar. Ilumina mi mente para que te conozca, y enciende mi corazón
para que te ame.
Guía mis pasos para que toda mi vida se convierta en un
camino hacia Tí. Señor, si alguna vez me pierdo, vuelve a llamarme. Y si alguna
vez me canso, recuérdame que Tú eres el descanso que mi alma busca. Amén.
¿Tus hijos se distraen cuando intentan rezar el Rosario? No
te preocupes: la oración en familia no necesita ser perfecta para dar fruto.
Estos 5 consejos prácticos pueden ayudarte a acercar a los niños a esta oración
de una manera natural.
La aplicación católica Theo, que busca ayudar a las familias
a integrar la oración en la vida cotidiana, recuerda que rezar con los más
pequeños muchas veces puede ser desordenado, breve y lleno de distracciones… y
eso está bien.
“Lo importante es estar juntos y ayudar a tus hijos a
descubrir que la oración es una relación real con Dios”, señala la aplicación.
Por ello, Theo comparte cinco consejos sencillos para
ayudar a los niños a participar con mayor atención y alegría en el rezo del
Rosario.
1) Dale a cada niño una “misión especial”
Asigna a cada uno una decena y un misterio. Permíteles guiar
esa parte, ayudando a la familia a enfocarse en lo que ese misterio quiere
enseñar.
2) Si no logran terminar todo el Rosario, ¡está bien!
Un poco de oración siempre es mejor que nada. Y con el
tiempo, tu familia podrá ir creciendo hasta rezar el Rosario completo.
3) Deja que tus hijos escojan su propio Rosario
Cuando algo se siente “suyo”, se conectan más y participan
con más ilusión. Se vuelve algo personal y los invita a hacer propia su vida de
oración.
4) Crea un ambiente de oración y amor
Baja un poco las luces, enciende una vela. Esto les ayuda a
calmarse, a concentrarse y a reconocer que este momento está apartado para
Dios.
5) Dibujen o coloreen juntos una imagen del Rosario
Cada cuenta puede representar un Ave María. Mientras rezan,
tus hijos pueden colorear una cuenta a la vez. Esto les ayuda a mantenerse
atentos de una forma visual y creativa.
Un pequeño paso que puede transformar su vida espiritual
Rezar el Rosario con niños probablemente será imperfecto,
pero eso no significa que Dios no esté actuando. Cada oración en familia,
incluso la más sencilla, puede convertirse en una semilla de fe en el corazón
de los hijos.
“Poco a poco, aprenderán a rezar… no solo con sus
palabras, sino también con el corazón”, destaca Theo.
León XIV celebró su primer acto multitudinario en España en la Plaza de Lima, algunos medios lo cifraron en medio millón de asistentes.
El Papa advirtió a los jóvenes: "Si algo te lleva lejos de Dios, no es de Dios".
"¡No tengáis miedo jamás a pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa, o a otros servicios en la Iglesia", dijo el Papa en la vigilia con los jóvenes, antes de felicitar a Fernando, que se acababa de casar: "Bueno, ¡felicidades por tu matrimonio, Fernando! Aquí también he visto a otras parejas que se van a casar: ¡Felicidades y bendiciones! Porque, si antes dije 'no tengáis miedo de pensar en una vocación', el matrimonio también es una vocación ¡No tengáis miedo del matrimonio y de formar una familia!".
"La capital de los católicos"
Madrid volvió a vibrar con la visita de un Papa, quince años después de la última cita. El gozo era tal... que hasta los balcones del Bernabéu –tan combativos contra los ruidos últimamente– se rindieron al gran acontecimiento, incluso después de que León XIV hubiera confesado sin rodeos que era "madridista".
"¡No tengáis miedo del matrimonio y de formar una familia!", dijo el Papa.VATICAN MEDIA
La Castellana fue una marea de gente, latió al ritmo de miles de jóvenes que convirtieron la Plaza de Lima en un santuario improvisado. "Madrid es la capital de los católicos en el mundo", dijo uno de los animadores. Hasta medio millón de personas se estimó que había, según algunos medios.
De fondo, cada cierto tiempo, y antes de que comenzara todo, retumbaba en las pantallas la voz de San Juan Pablo II en su último viaje a España. Una voz de un esfuerzo extremo, por llevar a Dios hasta el último límite físico, sobrecogía a cualquiera de los presentes.
En la zona reservada para los periodistas, una joven del Washington Post, puertorriqueña, había venido a hacer un reportaje de investigación. Necesitaba saber si su compatriota Bad Bunny lograría encontrarse con el Papa. El caso es que no daba con ello, y acabó atrapada en un fenómeno que no entendía del todo.
El Papa firmó la cruz de madera que presidía la vigilia de jóvenes.VATICAN MEDIA
Otra reportera, portuguesa, de una de las grandes agencias de noticias estadounidenses, se puso a hablar con una voluntaria. "Esto es historia", decía mientras apuntaba en su libreta.
"Yo soy católica 'no practicante', me dio mucha pena que ya no esté Francisco, era muy cercano, tenía algo... Mi abuela era muy católica, pero ahora no es fácil ser creyente, el mundo está muy mal, tenemos justo por aquí a un compañero palestino", comentó.
La conversación discurría amena, entre una muy católica y la otra, bastante escéptica. "Su mujer está intentado convertirme", dijo entre risas, cuando apareció por ahí el marido de la voluntaria. "¿Conocen Fátima?, hay una mística en ese lugar...", añadió la portuguesa, antes de dar por terminada la cháchara.
La cruz gobernaba todo el escenario. Era gigantesca, y, cuando se echó la noche, lucía iluminada, presidiendo la plaza como un faro. Uno de los conductores pidió, literalmente: "Abrazad a quien tengáis al lado", y, los presentadores, un catalán y un madrileño, se fundieron en uno sin rechistar.
Los periodistas internacionales observaban la escena con intriga: algunos tomaban notas, otros se reían, otros no sabían si debían grabar o simplemente mirar. Pero, aunque no lo entendían, a todos les parecía diferente lo que suele despertar un encuentro con el Papa. El de AFP se hacía selfies para mandar a su familia.
El Papa junto a los actores de Godspell, de Antonio Banderas.VATICAN MEDIA
La vigilia comenzó y cantó Lola Tuduri. Aisha Ruah, que tomó el relevo de conducir el evento, aseguró que ser creyente "no es una moda ni una estética vacía", antes de recordar, especialmente, a todos los que estaban viendo por la tele este acontecimiento y se sentían solos: "Dios está contigo".
Un sacerdote que "dejó su trabajo en Nueva York para venir a España" comenzó a cantar. Mientras, una bandera gigante ondeaba en el edificio que ponía Merlin, como si la presencia del Papa fuera pura magia, pero era real. Una chica subió al escenario, esta vez, con la bandera de Valladolid, para que cantara Siloé, y un cura de 34 años confesó: "Soy sacerdote por pura misericordia de Dios", y la plaza estalló en aplausos.
En el escenario se rezó el rosario y una mujer contó, junto a su marido, su impresionante testimonio de conversión. Los obispos iban llegando, mientras la gente cantaba y algunos periodistas, sin darse mucha cuenta, tarareaban el estribillo de la canción oficial de la visita del Papa a España.
Y, entonces, subido en el papamóvil, por el carril central de la Castellana, apareció León XIV ante el estallido de los fieles que habían venido a ver al sucesor de Pedro. Se instaló en su sillón, decorado como si estuviera en una especie de salón. Y, en una de las primeras actuaciones de la noche aparecieron los actores de Godspell, de Antonio Banderas. Uno de ellos tenía la camiseta de Supermán... que, ante un Papa americano, tenía su gracia.
Un gran silencio protagonizó la adoración al Santísimo.VATICAN MEDIA
Unos jóvenes le hicieron preguntas sobre su vocación, y sobre las inquietudes que podía tener un creyente en el mundo de hoy. Incluso una joven inmigrante peruana, en la misma Plaza de Lima, lo interpeló. El Papa habló con serenidad y firmeza, a pesar de ser su primer baño de masas fuera de Roma, se le notaba a gusto, que estaba contento.
"No tengáis miedo jamás", de buscar la vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, comentó. Y, cuando le preguntaron sobre sus santos favoritos, recordó a San Juan Crisóstomo, que "no tenía miedo de hablar ante el emperador". Muchos pensaron en alguno de los grandes poderosos de la tierra de hoy.
El Papa advirtió a los jóvenes de buscar siempre lo verdadero, porque "muchas redes nos engañan" y, apuntó, "si algo te lleva lejos de Dios, no es de Dios". Y, señaló a la multitud: "Mirad, cuántos estáis aquí: nadie está solo si está creyendo en Jesús". La plaza respondió con gritos, y él añadió: "Somos libres en Cristo y Cristo nos ha liberado en su amor". Y remató: "Vosotros podéis cambiar la historia: hacedlo con amor".
Y llegó el momento de la adoración al Santísimo y ocurrió algo que ningún periodista esperaba: algunos de ellos, creyentes, se arrodillaron. Otros, los que no lo eran, el silencio los puso nerviosos, porque no sabían lo que estaba pasando, a dónde tenían que enfocar. La adoración convirtió la plaza en un cuadro viviente, como "La Adoración del Cordero Místico", de los hermanos Van Eyck. Solo el ruido de los helicópteros, y un impresionante Tú, el único Rey, rompió el silencio. En los balcones, incluso, la gente permanecía arrodillada. Solo bastaba con... "alzad la mirada", para comprobarlo.
La noche iba terminando con la gran cruz brillando sobre la Castellana.
Los jóvenes, llegados de media España, se abrazaban unos a otros.
Y los fuegos artificiales explotaron en el cielo y se dividieron en millones de lucecitas, una bella metáfora de lo que las palabras de esperanza del Papa debían ser ahora para los católicos y para toda la sociedad.
"Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos.
Te afligió y te hizo sentir hambre, pero te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca del Señor.
No olvides al Señor tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud,
y te condujo por ese inmenso y temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No olvides al Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca,
y en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no conocieron tus padres."
Salmo 147,12-13.14-15.19-20.
¡Glorifica al Señor, Jerusalén!
¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti.
El asegura la paz en tus fronteras
y te sacia con lo mejor del trigo.
Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente;
Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos.
Carta I de San Pablo a los Corintios 10,16-17.
Hermanos:
La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?
Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan.
Evangelio según San Juan 6,51-58.
Jesús dijo a los judíos:
"Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".
Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?".
Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente".
Si él mismo no lo hubiera dicho, hermanos míos, ¿quién de nosotros habría jamás comprendido que Jesucristo ha llevado el amor por sus criaturas hasta darnos su Cuerpo adorable y su Sangre preciosa, para alimento de nuestras almas? ¡Así es! ¡Hermanos míos, el alma se nutre de su Salvador!... ¡y tantas veces cómo lo desee!... ¡Oh abismo de bondad y de amor de un Dios por sus criaturas!...
San Pablo nos dice, hermanos míos, que el Salvador, revistiéndose de nuestra carne, ha escondido su divinidad y llevado la humillación hasta el anonadamiento. Instituyendo el sacramento adorable de la Eucaristía, ha velado también su humanidad, dejando únicamente aparecer las entrañas de su misericordia. Hermanos míos, ¡vean hasta dónde es capaz el amor de Dios por sus criaturas!... Hermanos míos, de todos los sacramentos, no hay otro comparable a la Eucaristía. (…)
San Juan nos dice que Jesucristo “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin” (Jn1,1) y encontró el medio de subir al cielo sin dejar la tierra. Tomó el pan en sus manos santas y venerables, lo bendijo y lo transformó en su Cuerpo y el vino lo transformó en su preciosa Sangre. Dio a los sacerdotes, en la persona de sus apóstoles, el poder de hacer el mismo milagro cada vez que pronunciaran las mismas palabras. Con ese milagro de amor, pudo permanecer con nosotros, servirnos de alimento, consolarnos y tenernos compañía. (…)
Hermanos míos, ¡qué felicidad para un cristiano aspirar al gran honor de nutrirse del Pan de los ángeles!... Hermanos míos, si comprendiéramos la grandeza de la felicidad de recibir a Jesucristo, ¿no trabajaríamos continuamente para meritarlo?
(EDD)
Reflexión sobre el cuadro
La Iglesia celebra hoy la
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, tradicionalmente
conocida como Corpus Christi (que en latín significa “el Cuerpo de
Cristo"). En esta fiesta, celebramos uno de los misterios más
profundos de nuestra fe: que en la Eucaristía, Cristo está verdadera y
realmente presente: Su Cuerpo y su Sangre, su Alma y su Divinidad. La
Eucaristía no es un mero símbolo o un recuerdo de Jesús, sino Cristo
mismo realmente presente entre nosotros bajo las apariencias del pan y
del vino. Mediante la consagración, el cuerpo y el pan se convierten en
Su presencia real entre nosotros.
La fiesta surgió en el siglo
XIII, en una época de creciente devoción eucarística en la Iglesia. Santo
Tomás de Aquino desempeñó un papel importante en la configuración de la
celebración después de que el Papa Urbano IV estableciera la fiesta para
la Iglesia universal en 1264. Aquino compuso algunos de los himnos
eucarísticos más bellos jamás escritos para esta ocasión, entre ellos
Pange Lingua, Tantum Ergo y Panis Angelicus. El Corpus Christi pronto se
asoció a grandes procesiones públicas en las que el Santísimo Sacramento
es llevado en una custodia por calles, ciudades y campos. Estas
procesiones son un acto público de fe: Cristo no permanece oculto entre
los muros de la iglesia, sino que es llevado al mundo, bendiciendo
hogares, personas, campos, lugares de trabajo y la propia vida cotidiana.
Nuestro cuadro de Jules
Breton capta maravillosamente una procesión de este tipo atravesando los
campos de trigo de Artois, en el norte de Francia. Los campos dorados se
extienden por el lienzo, resplandecientes de luz estival, mientras los
aldeanos se reúnen en profunda reverencia al paso del Santísimo
Sacramento entre ellos. Algunos se arrodillan en oración; otros se
inclinan en adoración. Los niños portan el baldaquino de cuatro astas
bajo el que camina el sacerdote sosteniendo en alto la custodia. Los funcionarios
del pueblo y los campesinos permanecen juntos en devoción. La procesión
por los campos no era meramente simbólica. En las comunidades rurales, la
gente creía realmente que la presencia de Cristo bendeciría la tierra y
protegería las futuras cosechas. Los campesinos querían que la procesión
pasara por sus campos y pedían a los sacerdotes que pasaran por allí.
Pintado en 1857 y expuesto en el Salón de París junto a obras como Las
espigadoras, el monumental lienzo de Breton (318 cm; 10,4 pies de ancho)
aportó dignidad y belleza espiritual a la vida rural ordinaria. Le valió
un gran reconocimiento y fue adquirido por el Estado francés para el
Museo del Luxemburgo.
En los siglos posteriores a
la Reforma, el Corpus Christi se convirtió también en una poderosa
afirmación de la creencia católica en la Presencia Real. El Concilio de
Trento de 1551 describió la fiesta como un triunfo sobre la herejía,
porque proclamaba públicamente la fe de la Iglesia en la
transubstanciación: que el pan y el vino se convierten realmente en el
Cuerpo y la Sangre de Cristo durante la Misa. El corazón del Corpus
Christi sigue siendo profundamente sencillo y hermoso: Dios elige estar
cerca de su pueblo, todos los días.
La relación entre los Milagros Eucarísticos y la solemnidad
de Corpus Christi no es accidental. Comprender esta relación nos permite
descubrir cómo la historia y la teología se encuentran para señalarnos una
misma realidad: la presencia viva de Cristo en la Eucaristía.
El nacimiento de la Solemnidad
Durante la Edad Media surgió el deseo de dedicar una
celebración específica a la adoración del Santísimo Sacramento fuera del
contexto de la Semana Santa. La inspiración inicial provino de Santa Juliana de
Cornillon. Un tiempo más tarde, en 1264, Urbano IV, estableció oficialmente la
fiesta de Corpus Christi para toda la Iglesia latina; decisión que estuvo
profundamente influenciada por un acontecimiento ocurrido poco antes: el
Milagro Eucarístico de Bolsena.
El Milagro Eucarístico de Bolsena
Este prodigio ocurrió en el año 1263. La tradición relata
que un sacerdote alemán, Pedro de Praga, atravesaba una crisis interior
respecto a la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Mientras celebraba la
misa en la iglesia de Santa Cristina, al partir la hostia consagrada observó
que brotaban gotas de sangre que mancharon el corporal y el altar.
Profundamente impresionado, informó del hecho al Papa Urbano IV, quien se
encontraba en la cercana ciudad de Orvieto.
La investigación eclesiástica concluyó que el fenómeno
merecía credibilidad. El corporal manchado de sangre fue trasladado
solemnemente a Orvieto, donde continúa siendo venerado. Muchos historiadores
consideran que este acontecimiento aceleró la decisión de Urbano IV de extender
la celebración de Corpus Christi a toda la Iglesia.
Los Milagros Eucarísticos a través de la historia
La Iglesia ha documentado numerosos casos considerados como
milagros eucarísticos. Aunque cada uno posee características particulares,
todos parecen coincidir en un mismo mensaje: invitarnos a renovar nuestra fe en
la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Algunos de los más conocidos son:
Lanciano:
Ocurrió en Lanciano durante el siglo VIII. Según la
tradición, un monje que dudaba de la presencia real vio cómo la hostia se
transformaba en carne y el vino en sangre durante la consagración.
Investigaciones científicas realizadas en el siglo XX concluyeron que los
restos conservados corresponden a tejido cardíaco humano y sangre humana del
grupo AB, la misma encontrada en la Sábana Santa y en otros Milagros
Eucarísticos.
Santarém:
En el siglo XIII, una mujer a la que su marido maltrataba,
acudió a una bruja que le prometió un remedio para su situación, a cambió esta
le pidió una hostia consagrada. La mujer fue a la iglesia de San Esteban, y
tras recibir la comunión, se la sacó de su boca envolviéndola en el velo. Salió
de la iglesia hacia la casa de la bruja, pero entonces empezó a brotar sangre
del velo. Muy confundida, corrió a casa y guardó la hostia milagrosa en un
cofre. En mitad de la noche, ella y su marido se despertaron y vieron toda la
casa resplandeciente: del arca emanaban unos misteriosos rayos de luz.
Al amanecer, el párroco fue informado del prodigio
sobrenatural y la mitad de la población de Santarém acudió a contemplar el
milagro. La hostia fue llevada en procesión a la Iglesia de San Esteban, en
esta localidad portuguesa, donde aún se conserva para la adoración.
Siena:
El Milagro Eucarístico permanente de Siena consiste en la
extraordinaria conservación de 351 hostias consagradas, un hecho que desafía
toda explicación física, química y biológica. Las formas fueron consagradas el
14 de agosto de 1730 en la basílica de San Francisco de Siena, Italia, y esa
misma noche fueron sacrílegamente profanadas por ladrones desconocidos, ávidos
del vaso de plata que las guardaba.
Tres días más tarde, el 17 de agosto, fueron encontradas
intactas muy cerca de allí. Toda la población celebró el hallazgo de las
hostias consagradas, que fueron llevadas de vuelta a la iglesia de San
Francisco en una solemne procesión.
Las hostias no se han desintegrado, enmohecido ni corrompido
con el paso del tiempo. En 1914, el Papa San Pío X ordenó un análisis
científico exhaustivo en presencia de expertos, quienes concluyeron que las
hostias seguían en perfecto estado, concluyendo que el proceso natural de
corrupción había sido suspendido por más de 300 años. Las hostias aún se
conservan en la iglesia de San Francisco en Siena.
Turín:
Los hechos ocurrieron el 6 de junio de 1453, durante un
enfrentamiento entre las tropas de Renato d'Angió, rey de Nápoles, y las
milicias del duque Ludovico de Saboya. En medio de los saqueos que siguieron a
la batalla, un soldado irrumpió en una iglesia y robó una custodia que contenía
una hostia consagrada. Tras ocultarla en un saco y cargarla sobre una mula,
emprendió camino hacia Turín.
Al llegar a la Plaza Mayor de la ciudad, muy cerca de la
iglesia de San Silverio, la mula tropezó abriéndose enseguida el saco y
mostrando su contenido. Ante el asombro de todos, la custodia con la hostia se
elevó al cielo llegando hasta la altura de las casas. Luego de que el obispo
llegara al lugar y muchos fueran testigos del milagro, la custodia cayó al
piso, mientras que la hostia consagrada permaneció suspendida en el aire. En
ese momento el obispo levantó un cáliz hacia la forma y poco a poco esta descendió
hasta quedar dentro del vaso sagrado. Actualmente este milagro se encuentra en
la Basílica del Corpus Domini en Turín.
Amsterdam:
En 1345, Ámsterdam era un pequeño pueblo de pescadores. El
Milagro Eucarístico tuvo lugar en una casa de Kalverstreet, donde un pescador
llamado Ysbrant Dommer, en su lecho de muerte, pidió que un sacerdote fuera a
su casa para administrarle la extremaunción y la sagrada comunión. Apenas se
marchó el sacerdote, el enfermo comenzó a toser violentamente. Su esposa corrió
a ayudarlo, pero el marido vomitó el contenido de su estómago, incluyendo la
hostia, que aún permanecía intacta. La esposa reaccionó instintivamente,
recogió la hostia y la arrojó a la chimenea. A la mañana siguiente, para su
asombro, vio la hostia sobre una brasa. No se había quemado en absoluto, ni
siquiera había cambiado de color.
Entonces, llamó al sacerdote que había estado en su casa y
le contó lo sucedido. El sacerdote llevó la hostia a la iglesia parroquial de
San Nicolás de la que desapareció dos veces volviendo a la casa de la mujer. En
el lugar exacto de la casa se construyó la capilla de peregrinación Heilige
Stede.
En el siglo XVII, tras haber sobrevivido a un incendio y ser
trasladada a una nueva capilla, la custodia con la Eucaristía fue robada. Sin
embargo, en la vigilia del Domingo de Ramos de cada año se realiza una Stille
Omgang (procesión silenciosa) en honor al prodigio.
Los Milagros Eucarísticos como llamada a la fe en la
presencia real
Los milagros apuntan siempre más allá de sí mismos: no
buscan atraer nuestra atención hacia el fenómeno extraordinario, sino hacia
Cristo. La historia de Corpus Christi y la historia de los milagros
eucarísticos están profundamente entrelazadas. Desde las visiones de Santa
Juliana y el milagro de Bolsena hasta los testimonios más recientes, la
tradición ha visto en ellos una invitación constante a que redescubramos el
misterio de la Eucaristía.
Más allá de los debates históricos o científicos que algunos
casos puedan suscitar, la solemnidad de Corpus Christi sigue proclamando una
verdad central para todos nosotros: que Cristo permanece presente bajo las
especies del pan y del vino, alimentando nuestra fe, fortaleciendo nuestra
esperanza y renovándonos en la caridad.
Lauda Sion son las primeras palabras (usadas como título) de la secuencia compuesta por Santo Tomás de Aquino, alrededor del año 1264, para la Misa de Corpus Christi A continuación el texto en latín y castellano.
Latín
Castellano
Lauda Sion, Salvatorem;
Lauda ducem et pastorem,
In hymnis et canticis.
Quantum potes, tantum aude:
Quia major omni laude,
Nec laudare sufficiens.
Laudis thema specialis,
Panis vivus et vitalis
Hodie proponitur;
Quem in sacræ mensa cœnæ,
Turbæ fratrum duodenæ
Datum non ambigitur.
Sit laus plena, sit sonora,
Sit iūcunda, sit decora
Mentis jubilation.
Dies enim solemnis agitur,
In qua mensæ prima recolitur
Hujus institutio.
In hac mensa novi Regis,
Novum Pascha novæ legis
Phase vetus terminat.
Vetustamen novitas,
Umbram fugat veritas
Noctem lux eliminat.
Quod in cœna Christus gessit,
Faciendum hoc expressit
In sui memoriam.
Docti sacris institutis,
Panem, vinum, in salutis,
Consecramus hostiam.
Dogma datur Christianis,
Quod in carnem transit panis,
Et vinum in sanguinem.
Quod non capis, quod non vides,
Animosa firmat fides,
Præter rerum ordinem.
Sub diversis speciebus,
Signis tantum, et non rebus,
Latent res eximiæ.
Caro cibus, sanguis potus,
Manet tamen Christus totus
Sub utraque specie.
A sumente non concisus,
Non confractus, non divisus,
Integer accipitur.
Sumit unus, sumunt mille,
Quantum isti, tantum ille,
Nec sumptus consumitur.
Sumunt boni, sumunt mali:
Sorte tamen inæquali,
Vitæ vel interitus.
Mors est malis, vita bonis;
Vide paris sumptionis,
Quam sit dispar exitus.
Fracto demum Sacramento,
Ne vacilles, sed memento
Tantum esse sub fragmento
Quantum toto tegitur.
Nulla rei fit scissura,
Signi tantum fit fractura;
Qua nec status nec statura
Signati minuitur.
Ecce Panis Angelorum,
Factus cibus viatorum,
Vere panis filiorum,
Non mittendus canibus.
In figures præsignatur
Cum Isaac immolator,
Agnus Paschæ deputatur,
Datur manna patribus.
Bone Pastor, panis vere,
Jesu, nostri miserere.
Tu nos pasce, nos tuere,
Tu nos bona fac videre
In terra viventium.
Tu qui cuncta scis et vales,
Qui nos pascis hic mortales,
Tuos ibi commensales,
Cohæredes et sodales
Fac santorum civium.
Amen. Alleluia.
Alaba, Sión, a tu Salvador;
alaba a tu guía y pastor
con himnos y cánticos.
Pregona su gloria cuanto puedas,
porque Él está sobre toda alabanza,
y jamás podrás alabarle lo bastante.
El motivo especial de nuestros loores
que hoy se te propone
es el pan vivo y que da vida.
Es el mismo, no lo dudes,
que aquel que en la Santa Cena
a los Doce se entregó.
Sea plena la alabanza, armoniosa,
sea alegre y fervoroso
el gozo del corazón.
Pues celebramos el solemne día
en que fue instituido
este divino banquete.
En esta mesa del nuevo rey,
la pascua nueva de la nueva ley
pone fin a la pascua antigua.
Lo nuevo sustituye lo antiguo,
la verdad ahuyenta las sombras,
y la luz destierra a las tinieblas.
Lo que Jesucristo hizo en la cena,
nos mandó a hacer
en memoria suya.
Instruidos con sus santos mandatos,
consagramos el pan y el vino,
en sacrificio de salvación.
Es dogma que se da a los cristianos,
que el pan se convierte en carne,
y el vino en sangre.
Lo que no comprendes y no ves,
una fe viva lo atestigua,
fuera de todo el orden de la naturaleza.
Bajo diversas especias,
que son signos y no cosas,
están ocultos los dones más preciados.
Su carne es alimento y su sangre bebida;
mas Cristo está todo entero
bajo cada especie.
Quien lo recibe no lo rompe,
no lo quebranta ni lo desmembra;
recíbese todo entero.
Recíbelo uno, recíbenlo mil;
y aquél lo toma tanto como éstos,
pues no se consume al ser tomado.
Recíbenlo buenos y malos;
mas con suerte desigual
de vida o de muerte.
Es muerte para los malos y vida para los buenos;
mira cómo un mismo alimento
produce efectos tan diversos.
Cuando se divida el Sacramento,
no vaciles, sino recuerda
que Jesucristo tan entero está en cada parte
como antes en el todo.
No se parte la sustancia,
solo el signo se fracciona;
ni el ser ni el tamaño se reducen
de Cristo presente.
He aquí el pan de los ángeles,
hecho viático nuestro;
verdadero pan de los hijos,
no lo echemos a los perros.
Figuras lo representaron:
Isaac fue sacrificado;
el cordero pascual, inmolado;
el maná nutrió a nuestros padres.
Buen pastor, pan verdadero,
¡oh Jesús!, ten piedad.
Apaciéntanos y protégenos;
haz que veamos los bienes
en la tierra de los vivientes.
Tú, que todo lo sabes y puedes,
que nos apacientas aquí siendo aún mortales,
haznos allí tus comensales,
coherederos y compañeros
de los ciudadanos santos.
Amén.
La sexta estrofa evidencia que esta secuencia fue escrita para la Misa:
Dies enim solemnis agitur
In qua mensæ prima recolitur
Hujus institutio.
(“pues en este día solemne se celebra de nuevo la primera institución de la Cena”).
Aquí le podemos ofrecer sólo unos cuantos aspectos de las mil maravillas de la Santa Misa
Fines y efectos de la Santa Misa. 1.
4. Acción de Gracias
Los inmensos beneficios de orden natural y sobrenatural que hemos recibido de Dios nos han hecho contraer para con Él una deuda infinita de gratitud. La eternidad entera resultaría impotente para saldar esa deuda si no contáramos con otros medios que los que por nuestra cuenta pudiéramos ofrecerle.
Pero está a nuestra disposición un procedimiento para liquidarla totalmente con infinito saldo a nuestro favor: el santo sacrificio de la Misa. Por ella ofrecemos al Padre un sacrificio eucarístico, o de acción de gracias, que supera nuestra deuda, rebasándola infinitamente; porque es el mismo Cristo quien se inmola por nosotros y en nuestro lugar da gracias a Dios por sus inmensos beneficios. Y, a la vez, es una fuente de nuevas gracias, porque al bienhechor le gusta ser correspondido.
Este efecto eucarístico, o de acción de gracias, lo produce la Santa Misa por sí misma: siempre, infaliblemente, ex opere operato (que confiere la gracia por propia e íntima eficacia), independientemente de nuestras disposiciones.
P. Antonio Royo Marín O.P.
Fines y efectos de la Santa Misa. 2.
3.c. Petición
Al incorporarla a la Santa Misa, nuestra oración no solamente entra en el río caudaloso de las oraciones litúrgicas'que ya le daría una dignidad y eficacia especial ex opere operantis Ecclesiae (por la acción de la Iglesia que obra)', sino que se confunde con la oración infinita de Cristo. El Padre le escucha siempre: "Yo sé que siempre me escuchas" (Jn 11, 42), y en atención a Él nos concederá a nosotros todo cuanto necesitemos.
Por consiguiente: No hay novena ni triduo que se pueda comparar a la eficacia impetratoria de una sola Misa. ¡Cuánta desorientación entre los fieles en torno al valor objetivo de las cosas! Lo que no obtengamos con la Santa Misa, jamás lo obtendremos con ningún otro procedimiento. Está muy bien el empleo de esos otros procedimientos bendecidos y aprobados por la Iglesia; es indudable que Dios concede muchas gracias a través de ellos; pero coloquemos cada cosa en su lugar. La Misa por encima de todo.
P. Antonio Royo Marín O.P.
Fines y efectos de la Santa Misa. 3.
3.b. Petición
Cristo se ofrece en la Santa Misa al Padre para obtenernos, por el mérito infinito de su oblación, todas las gracias de vida divina que necesitamos. Allí está "siempre vivo intercediendo por nosotros"(Hebr 7, 25), apoyando con sus méritos infinitos nuestras súplicas y peticiones.
Por eso, la fuerza impetratoria de la Santa Misa es incomparable. De suyo ex opere operato (que confiere la gracia por propia e íntima eficacia), infalible e inmediatamente mueve a Dios a conceder a los hombres todas cuantas gracias necesiten, sin ninguna excepción; si bien la colación efectiva de esas gracias se mide por el grado de nuestras disposiciones, y hasta puede frustrarse totalmente por el obstáculo voluntario que le pongan las criaturas.
P. Antonio Royo Marín O.P.
Fines y efectos de la Santa Misa. 4.
3.a. Petición
El sacrificio de la Misa, por ser sustancialmente el mismo que el de la cruz, es, en cuanto a reparación y súplica, causa universal de las gracias de iluminación, atracción y fortaleza. Su influencia sobre nosotros no está, pues, limitada sino por las disposiciones y el fervor de quienes las reciben.
Así, una sola Misa puede aprovechar tanto a un gran número de personas como a una sola; de la misma manera que el sacrificio de la cruz aprovechó al buen ladrón lo mismo que si por él sólo se hubiese realizado. Si el sol ilumina lo mismo a una que a mil personas, la influencia de esta fuente de calor y fervor espiritual como es la Misa, no es menos eficaz en el orden de la gracia. Cuanto es mayor la fe, confianza, religión y amor con que se asiste a ella, mayores son los frutos que en las almas produce.
P. Antonio Royo Marín O.P.
Fines y efectos de la Santa Misa. 5.
2.b. Reparación
Remite siempre, infaliblemente si no se le pone obstáculo, parte al menos de la pena temporal que había que pagar por los pecados en este mundo o en el otro. De ahí que la Santa Misa aproveche también. El grado y medida de esta remisión depende de nuestras disposiciones.
Por consiguiente: ningún sufragio aprovecha tan eficazmente a las almas del purgatorio como la aplicación del Santo Sacrificio de la Misa. Y ninguna otra penitencia sacramental pueden imponer los confesores a sus penitentes cuyo valor satisfactorio pueda compararse de suyo al de una sola Misa ofrecida a Dios. ¡Qué dulce purgatorio puede ser para el alma la Santa Misa!
P. Antonio Royo Marín O.P.
Fines y efectos de la Santa Misa. 6.
2.a. Reparación
Después de la adoración, ningún otro deber más apremiante para con el Creador que el de reparar las ofensas que de nosotros ha recibido. Y también en este sentido el valor de la Santa Misa es absolutamente incomparable, ya que con ella ofrecemos al Padre la reparación infinita de Cristo con toda su eficacia redentora.
a) Nos alcanza de suyo ex opere operato (confiere la gracia por propia e íntima eficacia), si no le ponemos obstáculos, la gracia actual, necesaria para el arrepentimiento de nuestros pecados.
Por consiguiente: nada puede hacerse más eficaz para obtener de Dios la conversión de un pecador como ofrecer por esa intención el Santo Sacrificio de la Misa, rogando al mismo tiempo al Señor que quite del corazón del pecador los obstáculos para la obtención infalible de esa gracia.
P. Antonio Royo Marín O.P.
Tenemos el cáliz de tu Preciosa Sangre.
Oh Señor, no podemos ir a la piscina de Siloé a la que enviaste al ciego. Pero tenemos el cáliz de tu Preciosa Sangre, llena de vida y luz. Cuanto más puros somos, más recibimos.
San Efrén
Cuando la abeja ha recogido el rocío del cielo y el néctar de las flores más dulce de la tierra, se apresura a su colmena. De la misma forma, el sacerdote, habiendo del altar al Hijo de Dios (que es como el rocío del cielo y verdadero hijo de María, flor de nuestra humanidad), te lo da como manjar delicioso.