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lunes, 2 de marzo de 2026

La sorprendente capilla que guarda la mayor colección de reliquias fuera del Vaticano


 

Mientras el Vaticano custodia la mayor colección de reliquias del mundo, una pequeña capilla en Estados Unidos sorprende al albergar la segunda más grande, con más de 5000 reliquias que cuentan siglos de fe y santidad.

Este extraordinario tesoro espiritual se encuentra en Pittsburgh, Pensilvania, allí se levanta St. Anthony Chapel, un santuario que, a simple vista, parece una iglesia más, pero que al cruzar sus puertas deja sin palabras.

Un sueño nacido de la fe

La capilla fue construida en 1880 con un propósito muy claro: albergar la vasta colección de reliquias reunida por el Padre Suitbert Mollinger, párroco de la iglesia del Santo Nombre de Jesús.

Convencido del poder sanador de Dios y del valor espiritual de las reliquias, el sacerdote dedicó gran parte de su vida a rescatarlas y preservarlas. Sin embargo, al considerar que la parroquia no podía asumir el gasto, la propuesta fue rechazada.

“Lejos de desanimarse, el sacerdote decidió financiar personalmente la construcción de una capilla. La primera piedra fue colocada el 13 de junio de 1882, fiesta de San Antonio de Padua, y exactamente un año después, la capilla fue solemnemente inaugurada”, señala la capilla en su página web.

Así, su fe, sacrificio y generosidad hicieron posible este santuario único, que hoy es considerado uno de los mayores tesoros espirituales de Estados Unidos.


St. Anthony Chapel. Wikimedia Commons Roman Eugeniusz (CC BY-SA 3.0).

Más de 5000 reliquias

Actualmente, la capilla conserva más de 5000 reliquias, distribuidas en más de 800 relicarios. Además, se cuenta con 525 certificados auténticos que validan la autenticidad de las reliquias, muchos de estos documentos cuentan con más de 200 años de antigüedad.

La capilla alberga reliquias de apóstoles, mártires y santos de todas las épocas, así como fragmentos de la Verdadera Cruz. Estas se distribuyen en altares y vitrinas, creando un espacio que invita al recogimiento y la oración.


Reliquias en St. Anthony Chapel. Wikimedia Commons Giovanni Guida (CC BY 3.0).

Bajo el altar principal reposan los restos del mártir San Demetrio, junto a los cráneos de otros mártires como San Macario, Santa Estefanía y los compañeros de Santa Úrsula. Detrás del sagrario destaca un estuche dorado con reliquias de los santos mencionados en la Primera Plegaria Eucarística, mientras que otros relicarios contienen una reliquia para cada día del año litúrgico.

El templo también resguarda una copia certificada y bendecida por el Papa León XIII del icono milagroso de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.


Reliquias en St. Anthony Chapel. Wikimedia Commons Lee Paxton (CC BY-SA 4.0).

Entre las piezas más notables se encuentra un relicario con forma de custodia, que contiene reliquias de grandes santos como San Juan Bautista, Santa María Magdalena, San Antonio de Padua, Santa Inés y Santa Cecilia, entre otros.

¿Cómo logró un solo sacerdote reunir una colección tan impresionante?

Durante el siglo XIX, los procesos de unificación en Italia y Alemania pusieron en peligro a muchas reliquias católicas. En Italia, el movimiento conocido como Risorgimento provocó la destrucción de monasterios y la dispersión de objetos sagrados, que en muchos casos terminaron en casas de empeño o en manos privadas. Allí, el Padre Mollinger logró rescatarlos y darles un lugar seguro.

En Alemania, la política del Kulturkampf, impulsada por Otto von Bismarck, llevó a la persecución de la Iglesia: se cerraron seminarios, se expulsó a los jesuitas y numerosas reliquias tuvieron que ser enviadas al extranjero para evitar que se perdieran o destruyeran. Este contexto permitió al sacerdote reunir gran parte de su valiosa colección.


Padre Suitbert Mollinger. Crédito: Dominio público.

Para él, las reliquias no eran simples objetos antiguos, sino signos concretos del amor de Dios, medios para acercar a las personas a la fe y fortalecer su vida espiritual.

Un lugar que invita al asombro y la oración

Miles de peregrinos visitan cada año esta capilla, donde cada rincón está dispuesto para conducir al silencio, la contemplación y la oración. Caminar por sus pasillos es recorrer la historia viva de la Iglesia y encontrarse con el testimonio silencioso de miles de hombres y mujeres que dieron su vida por Dios.

Sin duda, la Capilla de San Antonio es un destino imprescindible para todo peregrino que desee fortalecer su fe y renovar su esperanza.

Harumi Suzuki, churchpop

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¿Qué piensan los católicos de Rusia tras 4 años de guerra? Habla el vicario general de Moscú

El padre Kirill Gorbunov explica cómo viven los rusos, y los católicos rusos, una guerra que se alarga en Ucrania... 

Unción de los enfermos en Moscú, en la jornada interparroquial del enfermo, en 2026

Unción de los enfermos en Moscú, en la jornada interparroquial del enfermo, en 2026

Los católicos en Rusia son muy pocos, una minoría frágil y diminuta en un país enorme (unos 800.000, el 0,5% de los 143 millones de habitantes). Muchos son descendientes de polacos, alemanes, lituanos y ucranianos. Hace tres décadas, con la caída del comunismo, se levantaron las limitaciones al culto, aunque la mayoría de templos confiscados por los soviéticos no se les han devuelto.

Los católicos rusos, como todos los otros rusos, sufren limitaciones serias a la libertad de expresión y reunión, y sufren también la presión incesante de la propaganda del régimen de Putin. En Rusia, por ejemplo, no se permite usar la palabra "guerra" para hablar de 4 años de muertes, bombas, tanques y misiles en Ucrania. Se permite hablar de "conflicto", "conflicto armado" o "situación ucraniana".

Es difícil encontrar un portavoz católico ruso que hable con libertad de la guerra de Ucrania, pero Jean-Charles Putzolu, en Vatican News, lo hace con el sacerdote Kirill Gorbunov, vicario general de la diócesis de la Madre de Dios en Moscú. Es hábil y veterano como portavoz de la Conferencia Episcopal de Rusia (que, como suelen recordar, cabe en un monovolumen; el país tiene cuatro diócesis). El arzobispo católico de Moscú es el italiano Paolo Pezzi.

El periodista menciona el inicio del quinto año de "conflicto a gran escala" y pregunta por el sentimiento del pueblo ruso.

Kirill Gorbunov ante todo quiere recordar que los católicos en Rusia no sólo son pocos, sino que son vistos "con cierta sospecha, como una Iglesia de extranjeros, como una Iglesia que no pertenece realmente a la cultura rusa". Es una forma de decir que debe hablar con cuidado.

Después declara que "la gente en Rusia, incluidos los católicos, tienen la misma actitud que nosotros ante el conflicto. Debe terminar. Todas las innumerables vidas perdidas durante este conflicto hablan por sí solas. La violencia habla por sí sola, y el deseo es que esto llegue a su fin. Esta conclusión debe ser una paz justa y duradera; esa es la esperanza y la expectativa de los católicos rusos".

¿Cuánto saben los rusos tras 4 años de muertes?

El periodista plantea que la cifra de muertos tras cuatro años habrá influido en la percepción del "conflicto" que tienen los rusos.

La pregunta tiene sentido: Ucrania anunció esta semana que Rusia ha perdido 1.266.000 tropas en estos cuatro años de guerra, de las que un tercio habrían muerto. Rusia no da sus propias cifras de bajas. Pero la URSS en Afganistán perdió 50.000 hombres entre muertos y heridos, EEUU en Corea tuvo unas 140.000 bajas, y unas 200.000 en Vietnam, China en Corea perdió quizá 500.000. Las pérdidas rusas son, con mucho, las mayores sufridas por una gran potencia desde la Segunda Guerra Mundial. Además, la guerra ha matado a 15.000 civiles ucranianos (entre ellos casi 800 niños) y 41.000 civiles han sido heridos, según Naciones Unidas. ¿Tienen idea de esta magnitud los rusos de a pie?

"Puedo hablar por las personas con las que me encuentro y que me hablan como sacerdote. Por un lado, existe la posición de la negación. Muchas personas, lamentablemente, prefieren simplemente reprimir esta realidad, no prestar atención a lo que ocurre y decir: ‘Bueno, no podemos influir en esto. No podemos hacer nada al respecto. Mejor fingimos que no pasa nada. No prestemos atención’. Y después surge la expectativa de que todo vuelva a ser como antes, que las cosas sean normales de nuevo. Pero eso es imposible", responde el portavoz católico.

Cuando el Papa Francisco ya en 2014 habló de una "Tercera Guerra Mundial librada por partes", dice Gorbunov, "creo que eran palabras proféticas: él veía venir algo terrible". Y añade: "Como sacerdote, tengo que decirle a la gente: 'no pueden ustedes simplemente fingir que no pasa nada'".

Los que dudan de la bondad de Dios

Por el contrario, hay otras personas para las que "el conflicto ocupa toda su mente. No pueden ver otra cosa más que esta horrible realidad. Pierden la esperanza, caen en la desesperación y se preguntan si Dios —ya comenzaron a preguntárselo durante la pandemia— es realmente bueno, si permite que sucedan estas cosas. Y ahora lo cuestionan aún más: ¿es realmente cierto lo que la Iglesia enseña sobre Dios como misericordioso, bueno y bondadoso, si pasan estas cosas? Entonces, por supuesto, debemos mirar la historia de la salvación. Debemos atender a lo que dice la Escritura. Y la Escritura siempre dice que cuando suceden estas cosas es porque la copa de la injusticia está desbordando y algo debe cambiar. Nuestras vidas deben cambiar. No solo las vidas de los políticos, de los partidos o de los países, sino la vida de cada persona".

Comenta también el caso de "muchas familias ruso-ucranianas, hay muchas especialmente entre los católicos, y estas familias ahora están divididas o incluso destrozadas. Esto es una fuente de gran sufrimiento para las personas, que de algún modo tienen que aprender a sobrellevarlo".

Sobre la información que tienen los rusos de a pie, Kirill Gorbunov no habla de restricciones y control de los medios específica en Rusia, sino más "en general".

"Diría que la narrativa en Rusia es muy parecida a la de todos los demás países directa o indirectamente involucrados en este conflicto. La narrativa dice que la verdad está de nuestro lado: nosotros tenemos la razón y los otros están equivocados. Y, como puedo seguir las noticias en distintos idiomas —inglés, alemán e italiano—, veo que más o menos la narrativa es la misma en todos lados: que el otro, el enemigo, es el culpable. No se trata solo de que haya hecho algo mal; se le considera generalmente como una persona mala, de una cultura mala, con una naturaleza humana distorsionada, incapaz de vivir en paz o de ser razonable. Hay una duda profunda sobre la posibilidad de convivir en paz con el otro lado. Diría que esta narrativa se presenta en todos los bandos actualmente", considera.

El testimonio de las mujeres ucranianas con el Papa

"Lo importante del mensaje de la Iglesia es que justamente esta es la actitud que debemos superar. Me conmovió profundamente, por ejemplo, cuando escuché sobre la reunión de mujeres ucranianas con el Papa León, y ellas dijeron: "No podemos culpar a los rusos por este conflicto, porque nosotros mismos no sabemos cómo nos comportaríamos, cuál sería nuestra actitud si viviéramos en la misma situación, en el mismo clima informativo, en el mismo entorno de información. Si escucháramos las mismas noticias, las mismas ideas, no podríamos culparlos por el punto de vista que tienen", añade... señalando de una forma sutil la importancia del "clima informativo".

El Papa León XIV con madres ucranianas en 2025, llegadas con apoyo de los franciscanos para la canonización de Carlo Acutis

El Papa León XIV con madres ucranianas en 2025, llegadas con apoyo de los franciscanos para la canonización de Carlo AcutisVATICAN MEDIA

"Este es el punto de partida: entender que las personas, lamentablemente, están limitadas por lo que ven y por lo que saben, y desde ahí debemos avanzar para ver cómo podemos movernos hacia la paz, empezando por conocernos más profundamente", apunta.

Evitar las divisiones en comunidades frágiles

"Vivo en Moscú, en la parroquia más grande de la Iglesia rusa, la parroquia catedral, así que tal vez no sea tan visible; pero en una parroquia católica rusa normal, que suelen ser muy pequeñas, estas divisiones [sobre la guerra] pueden ser desastrosas para la comunidad. Por eso es fundamental aceptar al otro, poder rezar juntos pese a las diferencias de visión o de opinión, y comprender que Dios es más grande que lo que nos divide. Su amor es mayor, su plan de salvación es mayor, y esto vale para todos nosotros. No somos distintos. Él no nos mira con ojos diferentes ni con actitudes distintas. Quiere salvarnos a todos. Todo esto es muy, muy importante: no basta con aceptarlo como idea, hay que tomarlo en serio y mirar a los demás con los ojos de Dios", insiste.

Pablo J. Ginés, ReL

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La carta de León XIV a un ateo en busca de Dios

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"Quien ama a Dios, quien lo busca con sinceridad, no puede ser ateo": este es el mensaje que León XIV transmite en una carta dirigida a un ateo, publicada el martes 24 de febrero

Desde el 22 de febrero, el Papa León XIV participa en el tradicional retiro de Cuaresma en el Vaticano con los principales responsables de la Curia. Un tiempo de silencio, meditación e introspección durante el cual el Papa se mantiene alejado de la vida pública y mediática. Sin embargo, este martes 24 de febrero, la revista Piazza San Pietro, publicación mensual de la basílica de San Pedro, publicó una breve correspondencia de León XIV en la que responde a un tal Rocco, originario de Calabria.

Rocco le envió un poema titulado "Un ateo que ama a Dios". En él, el italiano reconoce "creer que no cree", pero explica que se pregunta por "el misterio de la armonía" de este mundo y que siente cierta "inquietud" por no poder encontrar a Dios en su vida.

En su respuesta, León XIV agradece a Rocco su carta y explica que su poema le ha recordado una frase de san Agustín en las Confesiones: "Tú estabas en mí, y yo fuera. Y allí te buscaba". "Estas palabras bastan para decirte que quien ama a Dios, quien lo busca con un corazón sincero, no puede ser ateo", afirma el Papa.

Para León XIV, el "verdadero problema de la fe" no es "creer o no creer", sino que hay que distinguir entre "los que buscan a Dios y los que no lo buscan". Dios, asegura a su corresponsal, "se deja encontrar por el corazón que lo busca".

"Se puede creer que se cree, sin buscar el rostro de Dios, sin amarlo", advierte León XIV. Y del mismo modo, explica, "se puede creer que no se cree y ser un ferviente buscador de su rostro". Antes de insistir en que en esa búsqueda se encuentra "la dignidad y la belleza de nuestra vida".

Camille Dalmas, Aleteia

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15 claves para vivir una Cuaresma que nos ayude a «descubrir a Dios»

Además de tenerlas en cuenta, podemos concretar atendiendo a las circunstancias e itinerario espiritual de cada uno.

La Cuaresma es el gran momento para concentrarnos en Dios con la oración y la penitencia.

La Cuaresma es el gran momento para concentrarnos en Dios con la oración y la penitencia.

En la actualidad a algunos les cuesta aceptar el sentido penitencial de la Cuaresma. Nuestro mundo entiende que uno se modere en la comida para cuidar su salud o su imagen, pero es insensible al hecho de que tenemos alma, y que esta es espiritual. Igualmente se ha diluido la idea de pecado y sus funestas consecuencias para quien lo comete. Señalaba John Henry Newman que “los pecadores piensan que conocen todo lo que la religión puede dar y que, además, conocen los goces del pecado. Pero no es así. No conocen, no podrán conocer jamás los dones sobrenaturales de Dios hasta que se arrepientan y corrijan. No sabrán que es ver a Dios hasta que se rindan a Él”.

La Cuaresma nos llama a girarnos hacia Dios: convertirnos. Al intentar vivir de cara a Él percibimos, junto con su bondad, la necesidad de hacer algo para que nuestra vida cambie.

Originariamente, durante la Cuaresma se preparaban los que iban a bautizarse pero, con el tiempo, cobró también un sentido penitencial. No se trata sólo de la primera vuelta hacia el Señor sino también de profundizar en nuestra adhesión a Él. Es, para nosotros, un tiempo de gracia que hemos de querer aprovechar. 

Frente a la rutina, la Iglesia nos invita a entrar en ella con un espíritu renovado.

Algunas prácticas para este tiempo.

1. Ayuno

La Iglesia nos dice que hay que hacer ayuno el miércoles de ceniza y el viernes santo. Obliga a los bautizados mayores de edad y hasta los 59 años cumplidos. El ayuno nos ayuda a experimentar nuestra debilidad al tiempo que nos dispone para descubrir lo verdaderamente necesario. Algunos se rebelan contra esta norma, ciertamente poco exigente, que también nos ayuda a darnos cuenta de que pertenecemos a un pueblo.

2. Abstinencia

No comer carne el miércoles de ceniza ni los viernes de Cuaresma. Obliga a todos los bautizados a partir de los 14 años. Prudentemente muchas personas extienden la abstinencia, no la sustituyen, a otros días y cosas: escuchar música, ver televisión, fumar, usar Internet, tomar café o postre…

3. Oración

La Iglesia también nos exhorta a dedicar más tiempo al diálogo con Dios. A escuchar lo que Él nos dice y a responderle. San Agustín enseña que la oración engrandece el deseo de nuestra alma y que es bueno, además de dedicar momentos precisos a la oración, recitar jaculatorias.

4. Limosna

Compartir nuestros bienes con el necesitado es también una práctica penitencial enseñada por la Iglesia, que nos pide intensificarla durante este tiempo. Los santos padres enseñan que el ayuno, la oración y la limosna han de ir unidos para ser eficaces. Santa Teresa de Calcuta, preguntada sobre cuánto hay que dar, parece que dijo: “Hasta que duela”.

5. Confesión sacramental

Si bien es conveniente la confesión frecuente, está especialmente recomendada durante la Cuaresma. El sacramento de la reconciliación nos perdona todos los pecados y hace crecer nuestra vida de gracia.

6. Participación en la misa y comunión frecuente

Dios alimentó al pueblo de Israel durante su peregrinación por el desierto con maná. Nosotros tenemos a nuestro alcance el verdadero pan de vida, en el que recibimos al mismo Jesús. Sin su ayuda no podemos nada y, en la Eucaristía, el se nos da.

7. Lectura de la Biblia

Se está extendiendo esta práctica entre muchos cristianos. Algunos aprovechan para una lectura seguida de toda la Sagrada Escritura. El Señor respondió a Satanás: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

8. Rezo de la Liturgia de las Horas

Algunos grupos y personas, durante este tiempo, se reúnen para el rezo de laudes o vísperas. Se intensifica la oración y el sentido de pertenencia a la Iglesia.

9. Obras de misericordia

Como vía de conversión, la dedicación al prójimo necesitado nos ayuda a conocer a Dios a través del ejercicio de la caridad. Visitar a enfermos o personas solas, ayudar a quien nos necesite… nos ayudan a salir del egoísmo y comprender mejor cómo Dios nos ama.

10. Examen de conciencia

No es fácil conocerse a uno mismo y menos irse descubriendo en la presencia de Dios. Durante estos días, en que podemos estar más atentos a nuestra alma, es bueno revisarla delante de Jesucristo. Así se nos hacen patentes nuestros defectos y podemos, con la ayuda de la gracia, enfrentarnos a ellos. Para muchas personas resulta difícil su práctica pero es fácil encontrar modelos a seguir o que sirvan de inspiración.

11. Mortificación

Nos une a la pasión de Jesucristo, nos solidariza con las personas que sufren en el mundo y nos ayuda a contrarrestar las tendencias desordenadas de la carne. Es conveniente, y ayuda al ejercicio de la humildad, consultar con alguna persona prudente las mortificaciones a practicar.

12. Ejercicio del Via Crucis

Son muchos los santos autores que recomiendan contemplar asiduamente la pasión de Cristo para encendernos en su amor. La práctica del Via Crucis, que en muchos templos se reza cada viernes, nos ayuda a ello.

13. Tiempo de desierto

Cuarenta días estuvo nuestro Señor en el desierto y cuarenta años el pueblo de Israel. La soledad es necesaria para el trato con Dios y el conocimiento de nuestra alma. Un día de retiro o unos ejercicios pueden ayudarnos.

14. Lectura espiritual

Algunas personas aprovechan ese tiempo para leer algunas obras como La pasión del Señor del padre Luis de la Palma o La amarga pasión de Cristo de Ana Catalina Emmerich.

'La amarga Pasión de Cristo' de Anna Catalina Emmerich.

'La amarga Pasión de Cristo' de Anna Catalina Emmerich.Voz de Papel

15. Ejercicios de humildad y agradecimiento

Que nos llevan a tomar mayor conciencia de nuestra condición de creaturas y de la infinita misericordia de Dios para con nosotros.

Una reflexión sobre estas 15 claves

Las cinco primeras prácticas son las que la Iglesia pide especialmente a sus fieles durante este tiempo. Se han añadido algunas otras a petición de algunas personas que pedían consejo sobre qué hacer durante la Cuaresma y están tomadas de la experiencia de los santos y de la vida de la Iglesia. Pero, siguiendo las indicaciones de la Iglesia, y buscando consejo si es necesario, es posible concretar mucho mejor atendiendo a las circunstancias e itinerario espiritual de cada uno.

Es oportuno recordar que la dinámica de ese reencuentro con el Padre que nos ama y quiere crear un corazón nuevo en nosotros se inscribe la penitencia. La visión negativa que hoy tenemos de las prácticas penitenciales proviene del olvido de que Dios me ama y que yo no correspondo a su amor. Por ello, la penitencia tiene un sentido reconstructor. Ayuda a la conversión, que es precisamente volver hacia Dios. Justamente es la estructura contraria al pecado, que consiste en dar la espalda a Dios para centrarme en las criaturas y en mí mismo.

La penitencia tiene también un carácter reparador por las faltas y el daño causado. La cultura hedonista nos ha acostumbrado a huir de todo lo que supone esfuerzo, privación o dificultad. Parece como si fuera suficiente con la intención. Es como si alguien dijera: “Dios ya sabe que quiero ser bueno, y con eso basta”, y no se preocupara por cambiar: no diera ningún paso para reconstruir lo que se ha roto.

Durante la Cuaresma, toda la Iglesia se viste con la ropa de la penitencia para purificar su amor a Jesucristo. La penitencia supone romper ataduras, quitar impedimentos, para que el amor de Dios llegue a nosotros. Pero es Dios quien nos reconcilia con Él. Por eso la Cuaresma es tiempo de gracia.

Al entrar por el sendero de la penitencia, aprendemos la contrición de corazón y se hace más nítida nuestra visión del amor de Dios. Ciertamente este camino no es sencillo. Está plagado de dificultades. Por eso se nos recuerda que por encima de las obras está el amor con que se hacen. Como señala Silvano del Monte Athos, “el ayuno, la abstinencia, las vigilias, la oración… todos esos esfuerzos ascéticos nos ayudan; pero sin humildad, se reducen a derramar agua en una cuba agujereada”.

Al iniciar el camino cuaresmal hemos de tener la mirada fija en Jesús. Dios se ha rebajado para elevarnos y de esa forma nos deja ver con mayor claridad su amor. También por la penitencia nosotros nos negamos (en las renuncias y el sacrificio) para ser reafirmados por Dios. Negamos el orgullo para que salga a la luz nuestra condición de hijos de Dios. Una verdadera bendición es la Cuaresma que nos prepara para la Pascua, la celebración más solemne de la Iglesia.

ReL

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