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domingo, 23 de agosto de 2026

León XIV deja 10 mensajes en San Marino y Rímini: «El futuro es una promesa, no una amenaza»

De San Marino a Rímini, León XIV dejó mensajes sobre jóvenes, familia, autoridad, paz, tecnología y el reto de vivir la fe sin miedo ni complejos.

León XIV durante su encuentro con los miembros de Comunión y Liberación en Rímini

León XIV durante su encuentro con los miembros de Comunión y Liberación en Rímini


    Fue una jornada intensa y, sobre todo, cargada de mensajes. León XIV pasó el sábado 22 de agosto por San Marino y Rímini, donde habló ante gobernantes, sacerdotes, religiosos, familias, jóvenes, enfermos, personas con discapacidad y miles de participantes del Meeting por la Amistad entre los Pueblos.

    Más allá de los discursos concretos, el viaje dejó algunas ideas que parecen querer marcar el pontificado: una Iglesia que no tenga miedo a proclamar a Cristo, que eduque, que reconstruya vínculos, que haga de la autoridad un servicio y que responda a la polarización con lo que el Papa llamó el «realismo de la misericordia».

    Estos son diez de los mensajes más significativos de la jornada:

    1. «El futuro es una promesa, no una amenaza»

    Uno de los mensajes más llamativos estuvo dirigido a los jóvenes. León XIV quiso combatir una de las sensaciones que más se extienden entre las nuevas generaciones: el miedo ante lo que viene.

    En el Meeting de Rímini presentó precisamente a los jóvenes como signo de que «el futuro es una promesa, no una amenaza».

    Y en San Marino recuperó una expresión de Benedicto XVI pronunciada allí mismo en 2011: mantener siempre «abierta la ventana al infinito».

    Les pidió no reducir sus aspiraciones ni tener miedo de las decisiones definitivas. Habló expresamente de «elecciones exigentes» como el matrimonio, la vida consagrada, el sacerdocio, la profesión o el compromiso político y social.

    El mensaje resulta poco habitual en una cultura que invita a mantener abiertas todas las posibilidades: para León XIV, la grandeza de una vida aparece precisamente cuando alguien descubre una llamada y se compromete con ella.

    2. La familia es donde «se aprende y se respira el Evangelio»

    Otro de los grandes temas fue la transmisión de la fe.

    El Papa pidió reforzar un auténtico «pacto educativo» entre las familias y las comunidades cristianas. Sacerdotes, catequistas y educadores tienen una misión indispensable, pero León XIV recordó que la familia continúa siendo el lugar natural en el que los hijos reciben la fe.

    Es allí, afirmó, donde «se aprende y se respira el Evangelio a diario».

    Su propuesta no consiste únicamente en ayudar a los padres a educar cristianamente a sus hijos. También pretende que ese proceso permita a los propios padres «redescubrir ellos mismos la fe de una manera nueva».

    La evangelización de los hijos puede convertirse así también en una segunda evangelización de los padres.

    3. Frente a la guerra cultural, el «realismo de la misericordia»

    Probablemente una de las expresiones más fuertes del viaje apareció en el Meeting de Rímini.

    León XIV habló del «falso realismo» que rearma las mentes, las palabras y las naciones. Frente a él, pidió que la cultura católica proponga el «realismo de la misericordia».

    Eso implica algo exigente: reconocer que incluso el adversario sigue siendo un hermano.

    No se trata de negar el mal —el Papa recordó expresamente que «el pecado existe»— sino de evitar que la lógica de la confrontación termine contaminando también al cristiano.

    La conversión que propone afecta a «los pensamientos, los intereses, los hábitos, las relaciones, los proyectos y las inversiones». Es decir, no queda recluida en la vida privada.

    Encuentro del Papa León XIV con personas enfermas, con discapacidad y pobres asistidas por Cáritas, en la Catedral de Rímini

    Encuentro del Papa León XIV con personas enfermas, con discapacidad y pobres asistidas por Cáritas, en la Catedral de RíminiVatican Media

    4. La transformación del mundo empieza por uno mismo

    Durante su encuentro con los jóvenes del Meeting, León XIV recurrió a San Agustín para ofrecer una regla sencilla: si se quiere cambiar el mundo, hay que empezar por el propio corazón.

    «El amor es la fuerza que realmente puede cambiar el mundo», afirmó.

    El Papa llamó a no cerrar el corazón y vinculó la paz mundial con algo aparentemente mucho más pequeño: las amistades, el respeto y la capacidad de crear comunión.

    La gran reconciliación entre pueblos comienza, según León XIV, en relaciones personales muy concretas.

    5. No avergonzarse de ser cristiano, aunque seamos menos

    En Rímini apareció también una reflexión especialmente interesante sobre la secularización.

    León XIV pidió a los jóvenes que no se avergüencen de su adhesión a Cristo ni de su pertenencia a la Iglesia. Y planteó incluso una lectura diferente de la pérdida de influencia social del cristianismo.

    Esa disminución de poder o presencia pública, sugirió, puede ayudar a los cristianos a confiar menos en los números y más en «el poder del Evangelio».

    En otras palabras: el cristianismo no necesita dominar culturalmente una sociedad para demostrar su fecundidad.

    Para el Papa, todavía existe en las sociedades secularizadas una generación dispuesta a descubrir libremente a Cristo, siempre que encuentre una propuesta auténtica y unos cristianos creíbles.

    6. «En la Iglesia, en todos sus niveles, la autoridad es servicio»

    Al final de la jornada, durante la Misa celebrada en el puerto de Rímini, León XIV volvió sobre un principio que ha repetido varias veces desde el comienzo de su pontificado.

    «En la Iglesia, en todos sus ámbitos, la autoridad es servicio».

    Y señaló expresamente a quienes tienen la primera responsabilidad de demostrarlo: el Papa, los obispos, los sacerdotes y los diáconos.

    La imagen elegida fue la de Cristo que lava los pies a sus discípulos.

    También reinterpretó el mandato evangélico de «atar y desatar»: no sólo como potestad de gobierno, sino como una forma de vivir que implica «abrazar, reunir, acoger, liberar, perdonar y emancipar».

    La autoridad cristiana, por tanto, no se mide principalmente por cuánto poder acumula, sino por a cuántas personas ayuda a levantarse.

    7. El dinero y el poder sólo tienen sentido si sirven al bien común

    León XIV trasladó esa misma reflexión al terreno económico y político.

    Comentando en la homilía la figura bíblica de Sebna, recordó el peligro de convertir los medios económicos y el poder en fines en sí mismos.

    De ahí surgió una de las frases que sintetizan mejor todo el viaje:

    «Todo lo que somos y tenemos es un don de Dios».

    Los bienes, capacidades, influencia o responsabilidad que una persona recibe han sido confiados, explicó el Papa, para convertirnos «los unos para los otros en instrumentos de salvación».

    La clave no está en poseer mucho o poco, sino en qué hacemos con aquello que hemos recibido.

    8. Cuidado con una diversión que deja el corazón vacío

    En una ciudad asociada mundialmente al turismo y al ocio como Rímini, León XIV lanzó también una advertencia especialmente contemporánea.

    El mundo ofrece innumerables formas de entretenimiento, pero algunas conducen —dijo— «más a la dispersión y a la ruina» y terminan dejando «el corazón vacío». La homilía oficial subrayó precisamente esa llamada a buscar un descanso que conduzca al encuentro con Dios y con los demás.

    El Papa cuestionó incluso el concepto de «evasión», como si la vida ordinaria fuera una prisión de la que hubiera que escapar.

    Su alternativa apunta en dirección contraria: el verdadero descanso no consiste en salir continuamente fuera de uno mismo, sino en volver al interior.

    «El lugar más auténtico donde encontrar descanso —explicó— no está fuera, en el caos, sino dentro de nosotros, en lo más profundo del alma».

    Un mensaje especialmente significativo en una época marcada por la hiperestimulación, las pantallas y la necesidad permanente de distracción.

    9. Los pobres y enfermos no están en los márgenes de la Iglesia: «Están en casa»

    Antes de la Misa, León XIV acudió a la catedral de Rímini para encontrarse con enfermos, personas con discapacidad y pobres atendidos por Cáritas.

    Allí utilizó una expresión sencilla pero cargada de significado: «Están en casa».

    Recordó que Jesús colocaba a enfermos y pobres en el centro, los curaba y les devolvía una vida acorde con su dignidad.

    Pero el Papa añadió algo más: después de ser sanadas, aquellas personas se incorporaban a la comunidad de discípulos. No eran únicamente destinatarias de asistencia, sino miembros de pleno derecho de la Iglesia.

    Por eso León XIV les pidió participar activamente en parroquias, asociaciones y lugares de acogida y servicio.

    10. «Tu vida tiene tanto valor»: el mensaje final a los jóvenes

    Quizá uno de los momentos más personales llegó cuando el Papa salió de la basílica de San Marino y volvió a dirigirse espontáneamente a los jóvenes.

    «Reconozcan en ustedes mismos el valor de la vida, el valor de tu vida», les dijo.

    Y explicó el motivo: cada persona ha sido creada y amada por Dios.

    «Tu vida tiene tanto valor: para nosotros, para la Iglesia, para tu familia, para todo el mundo».

    Después les dejó tres recomendaciones extremadamente concretas: ser generosos, estar disponibles para servir y buscar amistades auténticas.

    «En la amistad podemos formar comunidades», concluyó.

    Una Iglesia que propone sin imponer

    Si hubiera que encontrar un hilo conductor en toda la jornada de San Marino y Rímini probablemente estaría aquí.

    León XIV habló de una fe con consecuencias sociales, educativas, políticas y culturales, pero insistió al mismo tiempo en que el cristianismo no puede imponerse mediante la coacción, el adoctrinamiento, el engaño o el reclutamiento.

    La «civilización del amor» sólo puede surgir de personas libres.

    De ahí también su llamada a una catolicidad abierta, capaz de superar los límites del propio movimiento, grupo o comunidad para salir al encuentro de los demás.

    Frente a la polarización, misericordia; frente al individualismo, comunidad; frente al miedo al futuro, vocación; frente al entretenimiento vacío, vida interior; frente al poder, servicio.

    Y frente a una sociedad secularizada, León XIV parece proponer una Iglesia menos obsesionada por recuperar influencia y más preocupada por demostrar, con vidas creíbles, que el Evangelio sigue siendo capaz de cambiar al hombre y, desde él, cambiar el mundo.

    ReL

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    Evangelio del día Domingo 21a. Semana del Tiempo Ordinario. ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa Dominical presencial?

     


     San Restituto AntioquíaMás...

    Libro de Isaías 22,19-23.

    Yo te derribaré de tu sitial y te destituiré de tu cargo.
    Y aquel día, llamaré a mi servidor Eliaquím, hijo de Jilquías;
    lo vestiré con tu túnica, lo ceñiré con tu faja, pondré tus poderes en su mano, y él será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá.
    Pondré sobre sus hombros la llave de la casa de David: lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá.
    Lo clavaré como una estaca en un sitio firme, y será un trono de gloria para la casa de su padre.


    Salmo 138(137),1-2a.2bc-3.6.8bc.

    Tu amor es eterno, Señor,

    Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
    te cantaré en presencia de los ángeles.
    Me postraré ante tu santo Templo.
    y daré gracias a tu Nombre

    por tu amor y tu fidelidad.
    Me respondiste cada vez que te invoqué
    y aumentaste la fuerza de mi alma.
    El Señor está en las alturas,

    pero se fija en el humilde
    y reconoce al orgulloso desde lejos.
    Tu amor es eterno, Señor,
    ¡no abandones la obra de tus manos.


    Carta de San Pablo a los Romanos 11,33-36.

    ¡Qué profunda y llena de riqueza es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus designios y qué incomprensibles sus caminos!
    ¿Quién penetró en el pensamiento del Señor? ¿Quién fue su consejero?
    ¿Quién le dio algo, para que tenga derecho a ser retribuido?
    Porque todo viene de él, ha sido hecho por él, y es para él. ¡A él sea la gloria eternamente! Amén.


    Evangelio según San Mateo 16,13-20.

    Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".
    Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".
    "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".
    Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
    Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
    Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
    Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".
    Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

    Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



    Bulle

    Santa Catalina de Siena (1347-1380)
    terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
    Carta 86 a Nicolás de Osimo, (Lettres I, Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org


    Construir el edificio de nuestra alma

    Queridísimo y bien amado padre en Cristo Jesús: Yo, Catalina, sierva y esclava de servidores de Jesucristo, le escribo en su preciosa Sangre, con el deseo de verlo una piedra firme, fundada sobre el buen Jesús, la piedra inquebrantable.
    Querido padre, ¿existe algo mejor y más bueno que construir el edificio de nuestra alma? Sí, es algo muy bueno haber encontrado la piedra, el arquitecto y el obrero que se necesitan para este edificio. ¡Oh, el buen arquitecto que es el Padre eterno, en el que reposan sabiduría, ciencia y bondad infinitas! Nuestro Dios es el que Es, todo lo que es se recibe de Él. Es un Señor que realiza todo lo que es útil y sólo quiere nuestra santificación. Todo lo que da o permite, es por nuestro bien, para purificarnos de nuestros pecados o para aumentar en nosotros la gracia y la perfección. Es un buen señor que sabe bien edificar y nos da todo lo que necesitamos. (…)
    Hemos perdido la gracia por el pecado cometido y él vino a unirse e injertarse en nuestra naturaleza, se dio completamente a nosotros, ya que su virtud está en su Hijo. Lo ha hecho artista también, dándole su poder, lo ha hecho piedra como escribe san Pablo “Nuestra piedra es Cristo” (1 Cor 10,4). Lo hizo servidor y obrero del edificio, ya que la caridad, el amor inefable con el que ofreció su vida y su sangre, ha preparado el cimiento y nada nos falta ahora.
    Regocijémonos estremeciéndonos de alegría, porque tenemos un buen arquitecto, una piedra excelente y un obrero que nos ha cimentado con su sangre. Su obra es tan sólida que, si nosotros consentimos, ni el demonio, ni las criaturas, ni el granizo, ni la tempestad, ni el viento, podrán nunca destruir el edificio.

    Reflejo en el panel del techo

    Cuando Jesús pregunta a sus discípulos: “¿Quién decís que soy yo?”, Pedro pronuncia una de las profesiones de fe más claras de los Evangelios: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. A continuación, Jesús le confía a Pedro una misión única: “Te daré las llaves del reino de los cielos”. En el mundo antiguo, las llaves eran mucho más que meros objetos prácticos. Eran un símbolo de autoridad, responsabilidad y confianza. La persona que poseía las llaves actuaba en nombre del dueño de la casa, abriendo la puerta a quienes eran bienvenidos y cuidando de todo lo que se le había confiado. Aún hoy en día, si le damos a un amigo las llaves de nuestra casa, eso implica que confiamos en él. Por lo tanto, Jesús confía en Pedro como un fiel administrador, otorgándole la responsabilidad de cuidar de la Iglesia.

     

    La imagen de las llaves también habría recordado a los oyentes de Jesús el Antiguo Testamento. En el Libro de Isaías (22, 22), la ’llave de la Casa de David“ se entrega a Eliaquim como señal de autoridad: ”Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá“. Jesús se hace eco deliberadamente de estas palabras. Él, el verdadero Hijo de David, confía ahora a Pedro una parte de su propia misión. Las llaves en la Biblia son, por tanto, símbolos de servicio humilde. Pedro dedicará el resto de su vida a abrir el camino hacia Cristo para los demás… algo que también se nos pide a todos nosotros: guiar a las personas a través de las puertas de nuestra Iglesia para que se encuentren con Dios.

     

    En todo el arte cristiano, a San Pedro se le representa casi siempre sosteniendo dos llaves. Tradicionalmente, una de ellas es de oro, lo que representa la autoridad del Cielo. La otra es de plata, y representa la misión de la Iglesia aquí en la tierra. Juntas nos recuerdan que el cielo y la tierra están unidos en Cristo, y que el ministerio de Pedro consistía en ayudar a las personas a pasar de uno a otro.

     

    Las dos llaves cruzadas siguen siendo uno de los símbolos más reconocibles de la Iglesia católica. Todavía aparecen en el escudo de armas de la Santa Sede, en la bandera del Vaticano y en el escudo personal de cada Papa. Aunque las llaves llevaban muchos siglos apareciendo en el arte cristiano, no se consolidaron como emblema oficial del papado hasta el siglo XIV, bajo el pontificado de los papas de Aviñón. En el siglo XV, las llaves cruzadas bajo la tiara papal se habían convertido en el escudo de armas papal estándar, y se han utilizado desde entonces.

     

    Nuestra fotografía muestra un panel de techo tallado en madera dorada y pintado en policromía, en el que aparece representado el escudo papal del papa Pío VI (1717 – 29 de agosto de 1799) en la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma, con las dos llaves cruzadas.

    by Padre Patrick van der Vorst

    Oración

    Señor Dios, pastor y guía de todos los fieles, mira con bondad a tu siervo el papa León XIV, a quien elegiste como sucesor de Pedro para guiar a tu Iglesia con amor, palabra y ejemplo. [1, 2, 3]
    • Señor, dale salud, fuerza y valor en su misión.
    • Ilumina su mente para guiar al rebaño hacia la vida eterna.
    • Protege sus pasos y consolale en su servicio diario.
    • Amén. [1, 2, 3, 4]

    sábado, 22 de agosto de 2026

    Ni frailes ni monjas: los consagrados que viven sin hábito y tienen «el mundo» como monasterio

    Trabajan como médicos, abogados o profesores y viven consagrados a Dios sin hábito. El padre Mario Ortega explica una vocación aún desconocida.

    Miembros de Institutos seculares en una jornada de formación en Madrid

    Miembros de Institutos seculares en una jornada de formación en Madrid

    Entre el 18 y el 23 de agosto tendrá lugar en Madrid el Congreso y Asamblea de la Conferencia Mundial de Institutos Seculares (CMIS). 

    Es la primera vez que se realiza en España un evento de estas características, de la organización que agrupa a la mayor parte de los institutos seculares de todo el mundo. 

    Se espera para el Congreso la participación de 240 miembros de un total de 107 institutos seculares provenientes de 30 países distintos y de 4 continentes.

    El responsable de comunicación de este evento es el Padre Mario Ortega, del Instituto Secular Servi Trinitatis, sacerdote de Madrid que ha pasado también algunos años de su ministerio en la Diócesis de Roma. 

    Él nos acerca a la historia y actualidad de los institutos seculares, esta realidad eclesial que fue aprobada por el Papa Pío XII en 1947, pero que aún resulta demasiado desconocida incluso dentro de la Iglesia.

    - P. Mario Ortega, cuéntanos brevemente tu vinculación y trabajo con los institutos seculares.

    - Mi vinculación se debe sobre todo a que Dios me llamó a ser sacerdote dentro de un instituto secular con rama sacerdotal. Desde aquí he ido conociendo esta maravillosa realidad de vida consagrada en medio del mundo, suscitada por el Espíritu Santo en los tiempos modernos, para una más profunda penetración del Evangelio en las realidades del mundo, o mejor dicho, para saber descubrir en la riqueza del mundo redimido por Cristo las huellas y señales de la presencia de Dios y mostrarlas a los hombres y mujeres de hoy. 

    Esa es la vocación especial de los miembros de los institutos seculares: vivir la consagración a Dios desde las mismas realidades temporales, desde dentro del mundo.

    - ¿En qué se diferencia los institutos seculares de los institutos religiosos?

    - La vida consagrada a Dios a través de la práctica de los consejos evangélicos de la pobreza, la castidad y la obediencia, surgió en la Iglesia como un apartamiento del mundo. Para vivir una vida contemplativa, eremítica o de clausura en unos casos o para poder ejercer en el mundo la caridad de Cristo, en el caso de la vida religiosa activa. Sean de vida contremplativa o de vida activa, las órdenes y congregaciones religiosas conciben la consagración como un “apartarse del mundo”. Entiéndase bien esta expresión – que es de orden teológico y canónico. Significa que los religiosos marcan una distinción con el mundo laical, a través del hábito religioso, la vida de comunidad en el monasterio o convento, la regla religiosa, horarios de comunidad, etc. 

    En el caso de los institutos seculares, la consagración a Dios se vive de modo diferente, esto es, desde dentro del mundo. Ya en el siglo XIX aparecieron intentos de vivir una consagración total a Dios en medio de las realidades temporales, sin convertirse en religiosos (monjas, monjes o frailes) sino conservando las características esenciales de la vida laical. 

    Santos como Antonio María Claret o Juan Bosco intuyeron ya estas formas de vida, aunque lo que fundaron fueran aún congregaciones religiosas, pero el germen de lo que iban a ser los institutos seculares ya estaba plantado. Y fue creciendo mucho a lo largo de la primera mitad del siglo XX, con figuras que fueron decisivas como Agostino Gemelli y Armida Barelli, de modo que en 1947, a través de la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia y el Motu Proprio del año siguiente Primo Feliciter, se dio cabida entre las formas de vida consagrada a los institutos seculares: la posibilidad de consagrarse a Dios sin los signos externos que puede tener un fraile o una monja.

    - O sea, que los miembros de institutos seculares son consagrados a Dios como los religiosos, pero no son religiosos...

    - Efectivamente. Así lo dice claramente el Código de Derecho Canónico, que dice que “por su consagración, un miembro de un instituto secular no modifica su propia condición canónica, clerical o laical, en el Pueblo de Dios” (canon 711). Es decir, que los miembros laicos siguen siendo laicos – no son monjas o frailes – pero viven su consagración total a Dios en su profesión (maestros, abogados, ingenieros, médicos, etc), sin necesidad de distinguirse en el vestir llevando algún hábito y sin la obligación de llevar una vida comunitaria. Pueden vivir su vocación en sus familias, solos o en pequeños grupos de vida fraterna. 

    Su “monasterio” es el mundo mismo, lo cual no quita que hayan de llevar una vida de oración y orden de vida – claro está – conforme a su estado, viviendo el carisma particular de su propio instituto. Es lo que se llama la “secularidad consagrada”, que explicó muy bien el Papa Francisco en su mensaje al último Congreso de CMIS celebrado en Roma en 2022.

    En el caso de los sacerdotes pertenecientes a un instituto secular, también nos diferenciamos de los religiosos (clero regular) porque vivimos incardinados normalmente en las propias diócesis, como sacerdotes diocesanos (clero secular), compartiendo con todo el presbiterio la pastoral diocesana desde la experiencia de la consagración total a Dios en un instituto secular.

    - Desde esa aprobación inicial, ¿cómo han ido desarrollándose y creciendo los institutos seculares?

    - En la segunda mitad del siglo XX experimentaron un fuerte auge, sobre todo en Europa. Los institutos seculares encajaban muy bien con la letra y el espíritu del Concilio Vaticano II. Es decir, una mayor protagonismo de los laicos en la vida de la Iglesia y una más incisiva presencia de la vida consagrada en las realidades de un mundo cada vez mas secularizado.

    San Pablo VI fue el gran Papa de los institutos seculares. Suyos son cantidad de discursos, cartas y documentos que definen más profunda y claramente la vocación y misión de los institutos seculares (ver aquí). Bajo su pontificado surgió en 1972 la CMIS (Conferencia Mundial de los Institutos Seculares) y también las distintas Conferencias y confederaciones continentales y nacionales.

    En España proliferaron muchos institutos seculares (aquí se puede ver la lista de los institutos inscritos en CEDIS en la actualidad) y, aunque la presencia de sus miembros, desde su realidad laical – de levadura en medio de la masa – es más bien discreta, los frutos han sido abundantísimos.

    - Y en la actualidad, ¿no están los institutos seculares un poco “de capa caída”?

    - Bueno, la fuerte crisis vocacional que afecta no sólo a la vida consagrada, sino también a la vida matrimonial, está claro que también ha afectado a los institutos seculares. Asimismo, el hecho de que han ido surgiendo nuevas formas de vida consagrada que, sin considerarse institutos seculares, sí que comparten un modo de vida parecido. E igualmente, se ha dado el hecho de que el abandono por parte de muchos religiosos de sus hábitos que los distinguía como monjas, frailes, etc. habiendo adoptado un modo de vida más cercana a la laical, ha desdibujado un poco la especificidad original de los institutos seculares. Los cuales, por otro lado, siguen reivindicando – y con toda la razón, apoyados por los papas sucesivos – su identidad y su misión.

    En España se han hecho y se siguen haciendo cantidad de obras y proyectos para seguir mostrando a la Iglesia y al mundo lo maravillosa y urgente que es esta vocación de laicos consagrados en medio del mundo. 

    Destaca la creación de la cátedra “Iglesia, Secularidad y Consagración” que CEDIS, Conferencia Española de Institutos seculares – es decir, similar a lo que es CONFER para religiosos – impulsó junto a la Universidad Pontificia de Salamanca. También desde la Conferencia Episcopal se han multiplicado los intentos de visibilizar más a los institutos seculares, pero creo que sigue habiendo por parte de sacerdotes y agentes de pastoral un gran desconocimiento de la realidad y alcance de esta vocación a la “secularidad consagrada”.

    - ¿Qué supone este próximo Congreso Mundial de CMIS y el hecho de que se celebre en España?

    - Sin duda, una oportunidad para que los institutos seculares se muestren más al mundo. Es verdad que muchos de los miembros laicos guardan la llamada “reserva” con respecto a su consagración, pues siguen siendo laicos, para que no les confundan con religiosas o religiosos. O se diga - ¡qué horror! - que son “monjas seglares”. Esa es una contradicción, puesto que las monjas en el momento de su profesión como tal, dejan de ser seglares o laicas. Sin embargo, otros – siempre con discreción, pero con una gran alegría y muy deseosos y deseosas de mostrar al mundo la belleza de esta vocación consagrada en medio del mundo, ejercen su labor profesional y viven su vida familiar con una entrega tremenda. Son muy eclesiales los miembros de institutos seculares. Siempre al servicio de las parroquias, diócesis, etc.

    También servirá este Congreso – y la Asamblea que le seguirá – para conocerse y encontrarse miembros de institutos seculares de todo el mundo, con una gran variedad de edades y estilos. No olvidemos que van a estar representados 107 institutos de todo el mundo. Habrá encuentro, diálogo, oración juntos, reflexión sobre la vocación común. También estaremos presentes sacerdotes vinculados a institutos seculares, puesto que necesitamos también revivir esta especificidad dentro de nuestra vocación sacerdotal.

    Que se celebre este Congreso y la Asamblea de CMIS por primera vez en España es, sin duda, un fuerte aldabonazo a la labor preciosa, muchas veces callada pero constante, que los institutos seculares – CEDIS, en particular – están realizando en nuestro país.

    - Y, finalmente. Qué significa el lema escogido para este congreso: “En el corazón del mundo, ¿qué profecía de esperanza?”

    - Como hemos dicho antes, lo original y genuino de la vocación y misión de los institutos seculares es la de vivir completamente consagrados desde dentro del mundo, implicándose completamente en las realidades temporales: el mundo del trabajo, la familia, la cultura, el arte, la tecnología, la educación... en una palabra, el corazón del mundo, los miembros de institutos seculares, uniendo en su corazón la pasión por Dios y la pasión por el mundo que Dios tanto ama, ofrecen un testimonio que siempre resulta profético, es decir, una señal de Dios, un faro para el mundo y para la Iglesia.

    No en vano, San Pablo VI dijo ya hace cinco décadas que, si los miembros de institutos seculares viven bien su vocación “serán como un laboratorio experimental en el que la Iglesia verificará sus relaciones con el mundo moderno”. Es muy fuerte esta afirmación ¿eh? Por eso, el mismo Papa llamaba también a los miembros de institutos seculares “alpinistas del Espíritu”, porque su vocación les exige una vida espiritual muy fuerte, para no ser “engullidos” por la mentalidad y los intereses del mundo en el que están completamente inseridos. 

    El lema, por tanto, de “En el corazón del mundo, ¿qué profecía de esperanza?” se entiende ahora mejor cómo es un deseo de reflexionar juntos sobre cómo se puede cumplir bien esta misión propia de los institutos seculares en este cambio de era que estamos viviendo.

    ReL

    Vea también    Laicos MSC que participan en
    la misma misión