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martes, 3 de febrero de 2026

El exorcista oficial de Vigo: «He llegado a hablar con el demonio, tenía voz gutural y me amenazó»

Recuerda que su primer exorcismo terminó muy mal: el poseído se escapó

Joaquín también aclara que no siempre se presentan los signos clásicos asociados a la posesión.

Joaquín también aclara que no siempre se presentan los signos clásicos asociados a la posesión

La labor de exorcista en la diócesis de Tui‑Vigo (Galicia, España) recae desde hace cuatro años en Joaquín Sánchez, sacerdote salmantino que también ejerce como capellán de los Hermanos de San Juan de Dios en el Hogar San Rafael. Atlántico cuenta su historia. 

Primero fue nombrado de manera provisional y, más tarde, confirmado de forma definitiva por el actual obispo. Asegura que no duda de la existencia del demonio y que cada año atiende varios casos en Vigo y su entorno, incluido uno reciente que afectó a una joven viguesa.

Antes de llegar a Galicia, su trayectoria misionera lo llevó por África, América y Papúa‑Nueva Guinea, país que describe como uno de los más primitivos del mundo y donde aún pervive la antropofagia ritual. 

Sin embargo, fue durante su larga estancia en Chile donde comenzó a ejercer como exorcista. Recuerda que su primer intento terminó mal: el poseído escapó antes de que pudiera completar el ritual romano. 

Con el tiempo, afirma, aprendió a manejar estas situaciones y todavía tiene muy presente su primer caso exitoso, que incluyó incluso una misa negra.

En Vigo, Sánchez asegura que su actividad es constante, aunque evita dar cifras concretas. Explica que muchas personas acuden a él en busca de ayuda y que, aunque desearía contar con un equipo psiquiátrico para evaluar cada caso, la falta de recursos le obliga a realizar él mismo la valoración inicial

También aclara que no siempre se presentan los signos clásicos asociados a la posesión —fuerza descomunal, hablar idiomas desconocidos o rechazo a objetos sagrados—, aunque admite que en ocasiones pueden aparecer.

Su visión del fenómeno está influida también por la cultura popular. Vio El exorcista durante su etapa en Liberia y reconoce que la película le impresionó, aunque considera exageradas algunas escenas. Aun así, afirma que su impacto fue enorme: tras su estreno, las iglesias del país se llenaron de fieles. "El diablo existe y se manifiesta", insiste.

En su trabajo en Vigo actúa siempre con autorización del obispo. Uno de los episodios más recientes lo llevó a la casa de una familia preocupada por el comportamiento de una chica muy joven, ya evaluada previamente por médicos. 

Sánchez sostiene que en ocasiones puede darse una combinación de trastorno mental y presencia diabólica, y que este era uno de esos casos. Cuando comenzó a hablar con la joven y a pedir a la presencia que se marchara, ella se escondió tras unas cortinas, visiblemente alterada.

Relata también otro episodio que considera especialmente llamativo: asegura que llegó a dialogar directamente con el demonio. Según cuenta, la voz que hablaba a través de la persona poseída era profunda y gutural, y le advirtió que no lograría expulsarla. "Le respondí que sí podría, porque soy servidor de Cristo, y le dije ‘vade retro’". 

Tras una larga confrontación, afirma que la presencia terminó marchándose. Aun así, puntualiza que nunca ha presenciado que alguien hable idiomas desconocidos, y que el llamado “don de lenguas” pertenece más bien al ámbito apostólico.

Su antecesor en el cargo, el sacerdote Ignacio Domínguez, explicaba que existen dos tipos de rituales: el exorcismo propiamente dicho y el rito deprecativo, basado en oraciones destinadas a aliviar a los afectados. 

Recordaba también que la palabra "exorcismo" procede del latín ex orcos, "sacar la mano del Diablo del hombre", y que la referencia fundamental es siempre la doctrina de la Iglesia y la figura de Jesucristo, "el gran exorcista", que distinguía entre curar enfermedades y expulsar espíritus malignos.

Históricamente, los exorcistas fueron laicos en los primeros siglos del cristianismo, y más tarde, a partir del siglo VI, monjes. Durante un largo periodo la Iglesia dejó de practicar exorcismos debido a la mala fama que habían adquirido. No fue hasta el pontificado de Juan Pablo II cuando se volvió a nombrar exorcistas en cada diócesis, recuperando así una práctica que, según Sánchez, sigue siendo necesaria hoy.

ReL

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«No podemos votar la resurrección de Jesús»: el cardenal de Colonia da por acabado el Camino Sinodal

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Se aleja de la Iglesia que fundó Cristo, abre la puerta a cuestionar dogmas como la resurrección, no evangeliza y, en última instancia, niega la sinodalidad genuina propuesta desde Roma. Son algunos de los argumentos con los que el cardenal alemán Rainer María Woelki parece distanciarse del Camino sinodal alemán, que desde este jueves 29 de enero celebra su sexta asamblea en Stuttgart.

Una asamblea en la que el cardenal ya ha anunciado que no participará. Tal y como anticipó recientemente en la emisora Domradio, la decisión de distanciarse del Camino y ausentarse de la asamblea se debería a la fidelidad a la propia fe católica.

“Solo puedo decir que soy responsable de mis votos de ordenación. Prometí proteger la fe de la Iglesia y recorrer el camino en mi diócesis en unidad con el Papa. Tengo la intención de seguir cumpliendo esta promesa en el futuro”, aseveró.

El cardenal ha participado en las reuniones y asambleas previas, mostrando su apoyo a determinadas decisiones previas del llamado Camino sinodal, como pueden ser los relativos a abusos sexuales. Sin embargo, las formas en que se ha desarrollado el proceso sinodal habrían degenerado a su juicio hasta el punto de ser inaceptables e incluso peligrosos para la Iglesia, habiendo engendrado una serie de estructuras que llegarían a “contradecir” la naturaleza misma de la Iglesia.

Una sinodalidad viciada

Uno de los grandes dilemas para Woelki habría sido la forma misma en que se han estructurado los trabajos del Camino Sinodal, careciendo de sinodalidad “en el sentido en que la entiende el Papa Francisco y ahora también el Papa León XIV, ni como ambos la invocan y practican repetidamente para la Iglesia universal”.

“La iglesia local, al igual que la iglesia universal a la que pertenece y a la que debe conformarse, no puede transformarse en un parlamento que toma decisiones por mayoría; no es así como Cristo la fundó”, expresó.

Sinodalidad y evangelización, inseparables

Según el cardenal, uno de los grandes problemas del llamado Camino sinodal son las “interpretaciones fundamentalmente diferentes” de lo que esta significa. Y según Woelki, sinodalidad y evangelización son inseparables.

“El papa Francisco, al igual que el papa León, enfatiza repetidamente que la sinodalidad es un proceso espiritual, una herramienta para la evangelización”, mencionaba, remarcando que “la sinodalidad sin evangelización es inconcebible, si se sigue al papa Francisco y al papa León”.

Según el cardenal, separar ambos términos es una de las causas de la progresiva politización del Camino sinodal: “Tengo la impresión de que a partir de cierto momento el Camino Sinodal en Alemania pasó a ser, sobre todo, una cuestión de implementar ciertas posiciones político-eclesiásticas”.

Definir el término es "de vital importancia"

También en torno a la sinodalidad, el cardenal planteó una duda generalizada y es la de aclarar su significado teológico. Lejos de ser secundario, abordó como una cuestión “de vital importancia” disponer de una “comprensión universal compartida” que pueda iluminar a las iglesias locales, impidiendo así interpretaciones erróneas como las que se dan en no pocos sectores de la iglesia alemana.

“No puede ser que en Alemania desarrollemos una comprensión propia, impulsada por el parlamento, de la sinodalidad, que se desvincule de la comunión de la Iglesia universal. Además, no creo que necesitemos constantemente nuevos organismos y estructuras, sino una auténtica renovación sinodal y misionera de nuestras numerosas estructuras existentes”.

¿Podría votarse el dogma?

En este sentido, el cardenal advirtió de la posibilidad real de “votar” verdades o incluso dogmas de fe atendiendo a esas mayorías.

“Lo que el Camino Sinodal parece querer lograr es precisamente eso”, afirmó, “una asamblea permanente de sacerdotes, personas consagradas y laicos que puedan decidir por votación no solo sobre asuntos pastorales, sino también doctrinales. Por poner un ejemplo improbable, no podemos votar sobre si Jesús resucitó de entre los muertos. Si, al final, la mayoría concluyera que no, y yo, como obispo, tuviera que aceptarlo, eso sería impensable para mí”.

Atenta contra una Iglesia jerárquica y sacramental

Tras remarcar que los católicos se encuentran inmersos en una Iglesia “estructurada jerárquica y sacramentalmente”, mencionó que su rechazo “no se trata de una cuestión de organización, sino de la esencia misma de la Iglesia. Y es sobre esta base [sobre la que] debemos emprender un camino sinodal común”.

En esta Iglesia, explicó, “el obispo tiene la última palabra en su diócesis, un poder que le confirió Cristo mismo. Por lo tanto, me resulta difícil aceptar la idea de formar parte de un organismo en el que 27 obispos diocesanos, 27 miembros del Comité Central de Católicos Alemanes (ZdK) y otros 27 miembros aún por elegir deliberarán y decidirán juntos”.

Una antropología al margen de la fe

El cardenal, conocido en los últimos años por cuestionar la deriva de la Iglesia alemana, mencionaba en la entrevista la que considera su “gran preocupación”, y es que “se esté produciendo un intento creciente de implementar una nueva eclesiología y antropología” al margen de la fe y enseñanzas de la Iglesia.

En último término, preguntado por las competencias de obispos y laicos en el plano doctrinal, Woelki no dejó lugar a dudas. Respecto al obispo, remarcó que su deber es que las cuestiones a implementar estén “en armonía con la herencia apostólica y la fe de la Iglesia”. Sin embargo, limitó también los “derechos y deberes” de los fieles a la comunión con el Papa y el Colegio Episcopal.

Ante las pretendidas intenciones por parte del Camino sinodal de establecer un órgano conjunto a nivel federal, en el que obispos y laicos puedan tomar decisiones conjuntas, Woelki llamó a esperar a que se pronuncie Roma y a que la propia Conferencia Episcopal apruebe los estatutos de dicho organismo según están planteados. 

Extraemos algunos de los fragmentos más destacados de la entrevista:

Postulados al margen de la fe

Mi gran preocupación es que actualmente en Alemania se está produciendo un intento creciente de implementar una nueva eclesiología y una nueva antropología que ya no están en concordancia con la fe y las enseñanzas de la Iglesia universal.

Sinodalidad sin evangelización

Creo que existen interpretaciones fundamentalmente diferentes de lo que significa la sinodalidad. El papa Francisco, al igual que León, enfatiza que es un proceso espiritual, una herramienta para la evangelización. Sinodalidad sin evangelización es inconcebible.

Desvinculado de la Iglesia universal

No puede ser que en Alemania desarrollemos una comprensión propia de la sinodalidad que se desvincule de la comunión de la Iglesia universal.

Una agenda a implementar

Tengo la impresión de que, a partir de cierto momento, el Camino Sinodal en Alemania pasó a implementar ciertas posiciones político-eclesiásticas.

Nuevas estructuras

No creo que necesitemos constantemente nuevos organismos y estructuras, sino una auténtica renovación sinodal y misionera de nuestras numerosas estructuras existentes.

La sinodalidad, inexistente

La sinodalidad no se practicó en el sentido en que, desde mi perspectiva, el papa Francisco —y ahora también el papa León— la entienden, y como ambos la exigen y practican repetidamente para la Iglesia universal

El papel del obispo

Los laicos deben hablar, pero no todo es discutible. La tarea del obispo es garantizar que esto suceda en comunión con el Papa y el Colegio Episcopal. No podemos discutirlo todo [...]. Por poner un ejemplo deliberadamente improbable: no podemos votar sobre si Jesús resucitó de entre los muertos.

José María Carrera, ReL

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su camino sinodal



3 sacramentales para aumentar la devoción al Sagrado Corazón

 

Figura najświętszego Serca Pana Jezusa
Cada uno de estos tres sacramentales conduce a los fieles hacia una misma realidad: la presencia viva del amor del Sagrado Corazón de Jesús

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús se basa en una verdad tan simple como profunda: el amor de Cristo es personal, misericordioso e inagotable. Desde hace siglos, los católicos expresan esta devoción mediante estos tres importantes sacramentales: la oración, la consagración al Sagrado Corazón y signos visibles de su fe.

Entre ellos se encuentran ciertos sacramentales, que son objetos o acciones que preparan el corazón para recibir la gracia y fortalecen la relación con Dios. Descubra estos tres sacramentales estrechamente relacionados con el Sagrado Corazón:

1La imagen del Sagrado Corazón

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Pocas imágenes de la tradición cristiana conmueven tan profundamente al creyente como la de Jesús mostrando su Corazón, ardiente de amor y rodeado de espinas. Esta representación proviene de las revelaciones hechas a santa Margarita María Alacoque en el siglo XVII, cuando Cristo pidió que su Corazón fuera honrado en los hogares de los fieles.

Exponer esta imagen en casa es un acto de entronización y reconocimiento del reinado de Cristo en el seno de la propia familia. También es posible llevar a cabo una entronización familiar oficial. Muchas familias colocan esta imagen en un lugar central de la casa, a menudo acompañada de la breve invocación: "Sagrado Corazón de Jesús, confío en ti". Su presencia diaria recuerda la misericordia de Dios y la llamada a amar como Él.

2Los escapularios del Sagrado Corazón

La devoción al escapulario del Sagrado Corazón se debe a Estelle Faguette, quien tuvo varias apariciones de la Virgen María en 1876, en Pellevoisin. Durante una de estas apariciones, la Virgen mostró el escapulario y animó a los fieles a llevarlo. El uso del escapulario del Sagrado Corazón fue autorizado en 1900 por el Papa León XIII. Se compone de dos pequeños trozos de tela unidos por cordones y se lleva alrededor del cuello, al igual que los escapularios tradicionales.

Uno de los lados representa la imagen del Sagrado Corazón; el otro, a la Virgen María. Llevar este escapulario es una señal de consagración al Corazón de Jesús y de un compromiso diario de vivir en unión con Su amor y Su misericordia. Existe un pequeño ritual para imponerlo oficialmente. En Pellevoisin, la Virgen promete numerosas gracias a quienes lo llevan, como la piedad, la confianza, la salvación, la salud o la conversión.

3El detente del Sagrado Corazón




La Salvaguarda del Sagrado Corazón (también conocido como "detente") es un pequeño rectángulo de fieltro rojo en el que se ha fijado la imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Este objeto de devoción, visualmente similar al escapulario, tiene su origen en las revelaciones de Cristo a santa Margarita María Alacoque, en las que le pedía que todos llevaran su Corazón consigo. Se extendió en tiempos de enfermedad y guerra, especialmente durante la peste de Marsella en 1720.

Difusión de la devoción al Sagrado Corazón

La difusión de estas imágenes se aceleró en 1787, cuando otra visitandina, la hermana Marie-Anne Galipaud, también recibió revelaciones del Señor, lo que provocó un renacimiento de la devoción al Sagrado Corazón. Más tarde, fue llevado con frecuencia por los soldados cristianos en México, España o durante la Revolución Francesa.

Durante este periodo, muchos católicos adquirieron esta pequeña imagen para pedir al Señor que salvara sus corazones y su fe. De ahí proviene la palabra "salvaguarda". En 1872, el Papa Pío IX concedió una indulgencia a quienes la llevaran. Llevar este objeto invita a recordar el amor de Jesús y a dejar que ese amor transforme la vida.

Cada uno de estos objetos de devoción conduce a los creyentes hacia una misma realidad: la presencia viva del amor de Cristo. Pueden exponerse o llevarse consigo, y recuerdan que el Corazón de Jesús está cerca y que siempre está dispuesto a perdonar y consolar.

Daniel Esparza, Aleteia

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