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viernes, 10 de abril de 2026

5 frases que Jesús dijo en su idioma original (y que la Biblia conservó casi tal cual)


 

¿Te has fijado que en algunos momentos del Evangelio los autores dejan palabras de Jesús sin traducir y después explican qué significan? Es como si la Iglesia primitiva hubiera querido que no perdiéramos el “sonido” real de la voz de Jesús en su lengua materna.

En los primeros tiempos del cristianismo, los cuatro Evangelios fueron traducidos al griego para favorecer su expansión por todo el mundo, pero los discípulos que lo tradujeron, conservaron algunas palabras o pequeñas frases en arameo, la lengua en las que fueron dichas por Jesús.

Esto es prueba de la autenticidad de los Evangelios, pues en el judaísmo de la época, como en otras civilizaciones antiguas, la tradición oral se transmitía siguiendo estrictas normas de fidelidad, frase por frase. La regla de oro en las escuelas antiguas era aprender de memoria, con la supervisión y la autoridad del maestro, que en las escuelas rabínicas debía repetir la lección al menos cuatro veces.

Hoy queremos compartir contigo, cinco de esas frases, lo que significan y lo que pueden decirnos hoy:

1. Talitha koum

En el Evangelio de Marcos leemos: "Él tomó a la niña de la mano y le dijo: Talitha koum, que quiere decir: niña, a ti te digo, levántate" (Mc 5,41).

Marcos conserva la expresión aramea y luego la traduce para que no se pierda la fuerza de ese momento. Jesús entra en la casa del jefe de la sinagoga donde todos están convencidos de que la niña ya ha muerto. Él, en cambio, la toma de la mano, pronuncia estas palabras y la muchacha se levanta y empieza a caminar.

Talitha Koum puede ser el modo en que Jesús sigue hablando a tantos corazones que hoy se sienten desesperanzados, sin ganas de seguir. En medio de la depresión, el cansancio espiritual o el desánimo, Cristo repite: “a ti te digo, levántate”.

2. Effetá

Otro momento clave está también en Marcos: "Y levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: Effetá, que quiere decir: ábrete" (Mc 7,34). Jesús se encuentra con un hombre sordo y con dificultad para hablar; se acerca, toca sus oídos, su lengua, y pronuncia esta palabra aramea. No solo se abren los oídos físicos de aquel hombre, sino que se inaugura un signo de lo que Jesús quiere hacer con todos nosotros: abrirnos a la escucha de Dios y de los demás. Cierra el ruido del pecado, del orgullo, del miedo, y abre un espacio nuevo donde podemos escuchar su voz y anunciarla.

La Iglesia ha conservado esta palabra incluso en el rito del Bautismo, donde se reza para que la persona tenga los oídos abiertos a la fe y la boca dispuesta a proclamarla. Jesús sigue diciendo effetá a quienes se resisten a escucharle o tienen nudos en la garganta para hablar de Él.

3. Abbá:

“Abbá”, раdre, es el vocativo con el que el Maestro se dirige al Padre. Nadie se había atrevido nunca a utilizar este vocativo en una oración a Dios. El Talmud dice que abbá immá (madre) son las primeras palabras que aprende un niño, por lo tanto, abbá indica una extraordinaria intimidad y confianza en Dios Padre. En Getsemaní, en la hora más difícil, Jesús se dirige a Dios de este modo: "Y decía: 'Abbá, Padre, todo te es posible; aparta de mí este cáliz; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú'" (Mc 14,36). Los primeros cristianos de Roma y de Grecia habían comprendido esta novedad e invocaban habitualmente al Padre con esta palabra aramea (Rom 8, 15; Gál 4, 6).

​En tiempos de incertidumbre, cuando la oración se nos hace difícil, podemos repetir con Jesús: “Abbá, Padre…”, no como una fórmula mágica, sino como una expresión de confianza de hijo amado que se abandona en las manos de su Padre, incluso cuando no entiende todo.

4. Eloì, Eloì lemà sabactàni 

En la cruz, tanto Mateo como Marcos conservan el clamor de Jesús: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46; Mc 15,34). Son dos versiones un poco diferentes. Marcos usa la forma aramea: Eloì, Eloì lemà sabactàni, Mateo usa la forma hebrea: Elí, Elí, lemá sabactaní.

Esta frase es la primera línea del Salmo 22, una oración que comienza en el dolor extremo, pero termina en la confianza y la alabanza. Al pronunciarla, Jesús toma sobre sí el grito de todos los que se sienten abandonados, incomprendidos o aplastados por el sufrimiento. No manifiesta una desesperación sin salida, sino la plegaria del Hijo que sufre de verdad, pero sigue dirigiéndose al Padre.

Cuando nosotros mismos no encontramos palabras para rezar en medio del dolor, podemos apropiarnos de esta frase y tener la seguridad de que Cristo experimentó lo que significa, mucho antes que nosotros.

5. Rabbuní

El Evangelio de Juan narra que, al reconocer a Jesús resucitado en el huerto, María Magdalena exclama: "Rabbuní", y el texto explica: "que quiere decir: Maestro" (Jn 20,16).

​Es un título arameo que expresa respeto, pero también cercanía y afecto. María pasa de las lágrimas al anuncio gozoso simplemente porque Jesús la ha mirado, la ha llamado y ella ha respondido Rabbuní.

Cada vez que nos acercamos a Jesús, Él también nos llama por nuestro nombre y responder Rabbuní es reconocer que Él es nuestro Señor y nuestro todo.

¿Por qué la Iglesia conservó estas palabras?

Los biblistas explican que estas expresiones arameas y hebreas son un signo de la memoria muy viva que las primeras comunidades tenían de Jesús. No solo recordaban lo que hizo, sino incluso cómo sonaban algunas de sus palabras. Esto nos ayuda a confirmar que el texto griego de los Evangelios fue escrito por testigos oculares directos de Jesús.

Una interesante contraprueba que confirma esta afirmación es la comparación con los evangelios apócrifos. En estos últimos no encontramos rastro alguno de un trasfondo arameo. La filología nos ofrece así una documentación muy valiosa sobre la verdad histórica de los Evangelios canónicos.

Si quieres saber más sobre este tema, te dejamos algunas fuentes muy interesantes donde puedes consultar:

  1. Joachim Jeremias - “Abbá: El mensaje central del Nuevo Testamento”. Editorial: Sígueme, Salamanca.
  2. Giuseppe Barbaglio - “Jesús de Nazaret y Pablo de Tarso: confrontación histórica”. Editorial: Secretariado Trinitario, Salamanca.
  3. Raymond E. Brown - “Introducción al Nuevo Testamento” (2 volúmenes). Editorial: Trotta, Madrid.
  4. Pontificia Comisión Bíblica - “La interpretación de la Biblia en la Iglesia” (1993). Sección sobre métodos histórico-críticos y análisis lingüístico.
  5. Benedicto XVI - “Jesús de Nazaret” (trilogía). Editorial: Encuentro/La Esfera de los Libros.
  6. Revista “Estudios Bíblicos” (Asociación Bíblica Española). Puedes buscar artículos sobre “aramaísmos en los evangelios”.
  7. Diccionario Teológico del Nuevo Testamento (DTNT). Editores: Lothar Coenen, Erich Beyreuther, Hans Bietenhard. Editorial: Sígueme.

Luisa Restrepo, churchpop

Vea también     Los verdaderos evangelios y
los evangelios apócrifos


El camino que lleva a creer en Jesús Resucitado

PAINTING OF RESURRECTED JESUS CHRIST,

Quizá para algunos no sea fácil creer en la verdad de Jesús Resucitado, para algunos discípulos tampoco lo fue, pero este es el camino para lograrlo

Ahora que estamos en Pascua nos hace bien conocer el camino que tuvieron que recorrer algunos de los discípulos de Jesús Resucitado para llegar a la alegría de la fe.

Para ellos no fue fácil entender que Jesús no estaba muerto, que todo no había acabado ya.

La fe es un camino agotador, porque implica dejarse sanar de las heridas de la desconfianza, de nuestras traiciones, de la desilusión.

Los discípulos no creen inmediatamente, necesitan andar un camino. Y este camino no será el mismo para todos.

Porque cada uno, a partir de su propia historia y situación, seguirá su propio camino, un itinerario de interrogantes y descubrimientos hasta convertirse en testigos.

Busca en la noche

PACE A VOI, GESU',

María de Magdala es la que tiene el coraje de lanzarse a la oscuridad.

Es una imagen que evoca la figura de la novia del Cantar de los Cantares. Esa novia que primero vaciló, no quiso abrirse al novio para no ensuciarse los pies, y luego se lanzó a la noche en su busca movida por el olor del perfume que el novio dejó en la puerta.

María también es la que probablemente se quedó despierta toda la noche, esperando el momento oportuno para irse.

Sin embargo, el corazón de María parece un corazón resignado, sin esperanza: va al sepulcro buscando a un muerto.

Y cuando ve que la piedra ha sido removida del sepulcro, su corazón no se llena de alegría, sino de desesperación, porque solo le importa que ahora ya no tendrá un cuerpo para quejarse.

Miedo a otra decepción

A veces la fe se nos convierte en ocasión de llanto y resignación más que en motivo de alegría y esperanza. Jesús a veces es un muerto para llorar y no un resucitado para anunciar.

Te entendemos, María. Tu corazón quedó tan marcado por el dolor de la derrota, por la pérdida del amado, por el dolor de la traición de los hombres, que es difícil volver a la esperanza.

Nuestro corazón tiende a resignarse porque tiene miedo de volver a decepcionarse.

Pregunta que pone en camino

Luego María es quien trae la noticia del sepulcro vacío: el cuerpo de Jesús no está allí. Esta noticia es la que pone a los discípulos temerosos, en movimiento.

Corren, van a ver. No es una evidencia, una explicación, sino una situación que simplemente plantea interrogantes.

La tumba vacía no es una respuesta, sino una pregunta. Necesitamos buscar.

Una vez más, como el novio del Cantar de los Cantares, Jesús se deja buscar, nos pide a cada uno de nosotros emprender un camino, movidos por el deseo o por la inquietud, para llegar a su encuentro.

Fatiga y confianza

Pedro y el discípulo a quien Jesús amaba corren, porque a pesar de sus dudas y debilidades, su corazón nunca ha dejado de anhelar volver a encontrarse con el maestro.

Ellos dos son expresión de formas de buscar al Señor.

Pedro es la imagen de una fe cansada, una fe que quisiera correr, pero no puede. Es una fe marcada por la traición y que, precisamente por eso, todavía necesita recorrer un camino de reconciliación. Pedro es la imagen de la fe que necesita ser sanada por el amor del Señor.

Por el contrario, el discípulo que ha tenido la experiencia de sentirse amado, que no se ha apartado de la cruz, es capaz de correr. Es la imagen de una fe joven, una fe en el amor.

Este discípulo vislumbra, no entra, intuye, pero esto le basta para creer. Cuando amamos a una persona, no necesitamos hacer muchas preguntas para comprender lo que está experimentando.

Pedro, en cambio, a pesar de ver, sigue sin creer. El discípulo a quien Jesús ama no necesita comprender para creer, a diferencia de Pedro que busca respuestas para poder reconocer la verdad de lo que ve.

Nuestro camino hacia Jesús Resucitado

No importa cuál haya sido tu camino o cuál sea tu camino, lo importante es tratar de llegar al encuentro con el Resucitado, el encuentro con Aquel por quien nos sentimos amados para convertirnos en sus testigos.

Por lo tanto, la Pascua no es un punto de llegada, sino un punto de partida.

Dondequiera que estés en tu vida, comienza a buscar, no te canses, no te desanimes. Mira lo que el Señor pone hoy en tu vida y déjate guiar por el perfume que dejó en la puerta de tu corazón.

Luisa Restrepo, Aleteia

Vea también     Razones para creer: La Resurrección