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sábado, 29 de agosto de 2026

Especialmente para los que NO suelen ir a Misa los Domingos: que descubran lo que están perdiendo

 Aquí podemos ofrecer sólo unos cuantos aspectos 
de las mil maravillas de la Santa Misa

La medicina celestial es el venerable sacramento de la Eucaristía.

Si el pan es cotidiano, ¿por qué esperas un año para que lo recibas, como acostumbran a hacerlo los griegos en Oriente? Recibe cada día lo que te aprovecha cada día. Vive de tal modo que, cada día merezcas recibirlo. Quien no merece recibirlo cada día, no merece recibirlo después de un año. Por tanto, oyes decir que cada vez que se ofrece el sacrificio se significa la muerte del Señor, la Resurrección del Señor, la Ascensión del Señor y la remisión de los pecados, ¿y no recibes este pan de vida cada día? El que tiene una herida busca la medicina. La herida es para nosotros, estar bajo el pecado; la medicina celestial es el venerable sacramento.

San Ambrosio de Milán; Los sacramentos n. 5, 4, 25: BPa 65, 124

Reuniros frecuentemente para la Acción de Gracias.

Así pues, esforzaros por reuniros frecuentemente para la Acción de Gracias (Eucaristía) y gloria de Dios. Pues cuando os reunís con frecuencia, las fuerzas de Satanás son destruidas, y su ruina (la que prepara para otros) se deshace por la concordia de vuestra fe.

San Ignacio de Antioquía, A los esmirniotas, 8,1-2 FuP 1,177


Acoger en la fe el don de la Eucaristía es acoger a Jesús mismo.

El primer anuncio de la Eucaristía dividió a los discípulos, igual que el anuncio de la pasión los escandalizó: "Es duro este lenguaje, ¿quién puede escucharlo?". La Eucaristía y la cruz son piedras de tropiezo. Es el mismo misterio, y no cesa de ser ocasión de división. "¿También vosotros queréis marcharos?": esta pregunta del Señor resuena a través de las edades, como invitación de su amor a descubrir que sólo El tiene "palabras de vida eterna", y que acoger en la fe el don de su Eucaristía es acogerlo a El mismo.

Catecismo de la Iglesia Católica, 1336.


¡Bienaventurada tú que has creído!

En cierto sentido, María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios. La Eucaristía, mientras remite a la pasión y la resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación. María concibió en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.

Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor. A María se le pidió creer que quien concibió "por obra del Espíritu Santo" era el "Hijo de Dios" (cf. Lc 1, 30.35). En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino.

"Bienaventurada la que ha creído" (Lc 1, 45): María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en "tabernáculo" -el primer "tabernáculo" de la historia- donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como "irradiando" su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?

San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 55.

¡Resucitó!

En la Vigilia Pascual, la noche de la nueva creación, la Iglesia presenta el misterio de la luz con un símbolo del todo particular y muy humilde: el cirio pascual. Esta es una luz que vive en virtud del sacrificio. La luz de la vela ilumina consumiéndose a sí misma. Da luz dándose a sí misma. Así, representa de manera maravillosa el misterio pascual de Cristo que se entrega a sí mismo, y de este modo da mucha luz. Otro aspecto sobre el cual podemos reflexionar es que la luz de la vela es fuego. El fuego es una fuerza que forja el mundo, un poder que transforma...

...El cirio, se debe principalmente a la labor de las abejas. Así, toda la creación entra en juego. En el cirio, la creación se convierte en portadora de luz. Pero, según los Padres (de la Iglesia), también hay una referencia implícita a la Iglesia. La cooperación de la comunidad viva de los fieles en la Iglesia es algo parecido al trabajo de las abejas. Construye la comunidad de la luz. Podemos ver así también en el cirio una referencia a nosotros y a nuestra comunión en la comunidad de la Iglesia, que existe para que la luz de Cristo pueda iluminar al mundo.

Benedicto XVI; Homilía de la Vigilia Pascual 2012.

"Haced lo que él os diga"

Mysterium fidei! Puesto que la Eucaristía es misterio de fe, que supera de tal manera nuestro entendimiento que nos obliga al más puro abandono a la palabra de Dios, nadie como María puede ser apoyo y guía en una actitud como ésta. Repetir el gesto de Cristo en la Última Cena, en cumplimiento de su mandato: "¡Haced esto en conmemoración mía!", se convierte al mismo tiempo en aceptación de la invitación de María a obedecerle sin titubeos: "Haced lo que él os diga" (Jn 2, 5). Con la solicitud materna que muestra en las bodas de Caná, María parece decirnos: "No dudéis, fiaros de la Palabra de mi Hijo. Él, que fue capaz de transformar el agua en vino, es igualmente capaz de hacer del pan y del vino su cuerpo y su sangre, entregando a los creyentes en este misterio la memoria viva de su Pascua, para hacerse así 'pan de vida' ".

San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 54

La Iglesia vive de la Eucaristía.

La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la promesa del Señor: "He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se alegra de esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés, la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de confiada esperanza.

San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 1

sábado, 22 de agosto de 2026

Especialmente para los que NO suelen ir a Misa los Domingos: Para que desubran lo que están perdiendo

 Aquí podemos ofrecerle sólo unos cuantos aspectos
de las mil maravillas de la Santa Misa

La hora de nuestra Redención.

Jesús, aunque sometido a una prueba terrible, no huye ante su "hora": "¿Qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!" (Jn 12, 27). Desea que los discípulos le acompañen y, sin embargo, debe experimentar la soledad y el abandono: "¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad, para que no caigáis en tentación" (Mt 26, 40-41). Sólo Juan permanecerá al pie de la Cruz, junto a María y a las piadosas mujeres. La agonía en Getsemaní ha sido la introducción a la agonía de la Cruz del Viernes Santo. La hora santa, la hora de la redención del mundo. Cuando se celebra la Eucaristía ante la tumba de Jesús, en Jerusalén, se retorna de modo casi tangible a su "hora", la hora de la cruz y de la glorificación. A aquel lugar y a aquella hora vuelve espiritualmente todo presbítero que celebra la Santa Misa, junto con la comunidad cristiana que participa en ella.

San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 4

La Epíclesis.

En la epíclesis, la Iglesia pide al Padre que envíe su Espíritu Santo (o el poder de su bendición) sobre el pan y el vino, para que se conviertan, por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, y que quienes toman parte en la Eucaristía sean un solo cuerpo y un solo espíritu.

En el relato de la institución, la fuerza de las palabras y de la acción de Cristo y el poder del Espíritu Santo hacen sacramentalmente presentes bajo las especies de pan y de vino su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio ofrecido en la cruz de una vez para siempre.

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1353

La Eucaristía está en el centro de la vida eclesial.

Del misterio pascual nace la Iglesia. Precisamente por eso la Eucaristía, que es el sacramento por excelencia del misterio pascual, está en el centro de la vida eclesial. Se puede observar esto ya desde las primeras imágenes de la Iglesia que nos ofrecen los Hechos de los Apóstoles: "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones". (Hc, 2,42)

San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 3

En la Eucaristía se hace presente la obra restauradora de Cristo.

La Eucaristía constituye como una transfiguración por la cual la naturaleza creada queda inundada de luz divina y del resplandor del misterio de Cristo encarnado y salvador, cuya obra restauradora perdura y se hace presente de un modo inefable y consolador en el sacramento eucarístico.

P. Guillermo Pons; La Eucaristía, en los textos de los Padres de la Iglesia.

En la Eucaristía se hace presente la obra restauradora de Cristo.

La Eucaristía constituye como una transfiguración por la cual la naturaleza creada queda inundada de luz divina y del resplandor del misterio de Cristo encarnado y salvador, cuya obra restauradora perdura y se hace presente de un modo inefable y consolador en el sacramento eucarístico.

P. Guillermo Pons; La Eucaristía, en los textos de los Padres de la Iglesia.

ucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe.

Por la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos.

La Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe: "Nuestra manera de pensar armoniza con la Eucaristía, y a su vez la Eucaristía confirma nuestra manera de pensar" (San Ireneo de Lyon).

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1326-1327


La Eucaristía debe ser el centro de nuestra vida.

"La Eucaristía debe ser el centro de nuestra vida".

San Francisco de Asís

"Entre las prácticas de la religión, la Eucaristía es lo que el Sol entre los astros".

San Francisco de Sales

En el Banquete Pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia.

Nuestro Salvador, en la última Cena, la noche en que fue entregado, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y su sangre para perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el sacrificio de la cruz y confiar así a su Esposa amada, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de amor, banquete pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria futura.

Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1323


sábado, 1 de agosto de 2026

Especialmente para los que NO suelen ir a Misa los Domingos: Para que descubran lo que están perdiendo

 Aquí podemos ofrecerle sólo unos cuantos aspectos
de las mil maravillas de la Santa Misa

¡Qué crezca en nosotros una piedad apasionada por la Santa Misa!

Al celebrar o al participar en la Santa Misa, sacerdotes y laicos han de actuar con piedad recia, doctrinal, y de forma amorosa, atenta, santamente apasionada. En la Eucaristía, donde tiempo y eternidad se encuentran, Cristo se ofrece al Padre y se nos entrega de nuevo a nosotros los hombres: merece evidentemente que correspondamos con todo el amor de que seamos capaces. Dios no nos pide solamente la entrega de un acto externo, sino que ante todo espera nuestro amor: sólo así la ofrenda puede ser perfecta, agradable a Dios.

Mons. Javier Echevarría; Sínodo de la Eucaristía, octubre de 2005

La Eucaristía es el don más grande que el Señor ha ofrecido a su Esposa.

La Eucaristía es el don más grande que el Señor ha ofrecido a su Esposa, la Iglesia permanente... Es compendio de las palabras, vida y obra de Jesús, ofrecida al Padre por nosotros... Es gloria de su Cuerpo Resucitado... Es fuente, centro y culmen de la vida cristiana.

Concilio Vaticano II

¿Hemos llorado en la Santa Misa?

San Ignacio de Loyola lloraba con frecuencia en la Santa Misa. Nosotros, hombres de poca fe, no lloramos, pues apenas sabemos lo que hacemos cuando asistimos a la Santa Misa.

San Ignacio de Loyola; Diario Espiritual No. 14


Cuanto más puros y castos, más hambre de Eucaristía tendremos.

Cuanto más pura y más casta sea un alma, tanta más hambre tiene de este Pan, del cual saca la fuerza para resistir a toda seducción impura, para unirse más íntimamente a su Divino Esposo: "Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él". (Jn. 6, 57)

SS León XIII

La Eucaristía sabe a María Santísima.

La Eucaristía sabe a vida eterna y sabe a María, porque la carne que se nos da en la Eucaristía es carne tomada de María.

Sor Teresa Mª de Jesús Ortega, o.p.


En la Eucaristía somos comidos por Cristo.

La Eucaristía es un banquete en el que comemos con Cristo, comemos a Cristo, y somos comidos por Cristo.

San Agustín de Hipona, Doctor de la Iglesia





Apostolado de la Santa Misa Diaria
http://www.sancta-missa-cotidiana.org

sábado, 18 de julio de 2026

Especialmente para los que NO van a Misa los Domingos: Para que descubran lo que están perdiendo

 Aquí podemos ofrecer sólo unos cuantos aspectos
de las mil maravillas de la Santa Misa

La Eucaristía une el cielo y la tierra. Abarca e impregna toda la creación.

La Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo. Ella une el cielo y la tierra. Abarca e impregna toda la creación.

El Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada.

De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad.

Verdaderamente, éste es el mysterium fidei que se realiza en la Eucaristía: el mundo nacido de las manos de Dios creador retorna a Él redimido por Cristo.

San Juan Pablo II; Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia

Vivamos una vida intensamente eucarística llena de fe, de esperanza y amor verdadero.

"Mira, sacerdote mío, despreocúpate tú de la sugestión del número y preocúpate más de la calidad. Más que llenarme de gente mis iglesias, preocúpate en llenármela de buen olor de Comuniones fervorosas, de adoraciones rendidas, de suspiros de amor, de aspiraciones de esperanza, de inspiraciones de fe, de oraciones bien rezadas, de lágrimas de pecadores, de propósitos eficaces de enmienda, de vida intensamente eucarística.

Déjame a mí multiplicar la gente cuando tú con mi gracia, multipliques la alegría que en mí y en ti ha de producir el olor de esas cosas buenas.

Llena mi templo de olor de cosas buenas y yo te prometo que ese olor se extenderá por las calles y las casas de tu feligresía, y verás cómo la iglesia tuya será pequeña, y tendrás que levantar más iglesias para los que han de venir...

Pero sabe que no puede haber cosas buenas con mi Sagrario cerrado. Mira que hombres y obras que no pasen por el Sagrario abierto, no pueden oler bien y al fin y a la postre olerán a muerto.

Mira que si te duelen las injusticias que padecen los pobres, las penas de los enfermos, los escándalos de los niños..., te debe doler sobre todo dolor el abandono que padezco en el Sagrario, que es la injusticia de más urgente y transcendental reparación y la pena que más enardece y el escándalo que más ruinas trae a las almas..."

Beato Manuel González; en su libro, "Aunque todos yo no"

Sin la Misa no hay solución para los problemas de la humanidad.

Sin la Misa no hay solución para los problemas del hombre, de la cultura, del progreso, del matrimonio y la familia, de la vida económica, social y política de los individuos y de los pueblos. Sin la Misa no hay solución para los problemas de la falta de pan, de techo y de paz. Las soluciones técnicas de estos problemas están a la vista, al alcance de los hombres y de los pueblos, no la alcanzan por el desorden interior del hombre, por su orgullo, por su soberbia, que sólo puede curar la Pasión de Cristo.

P. Carlos Miguel Buela; "Nuestra Misa", pág. 99

Jesús quiere encontrar otro cielo en nosotros.

Él no baja del cielo un día y otro día para quedarse en un copón dorado, sino para encontrar otro cielo que le es infinitamente más querido que el primero: el cielo de nuestra alma, creada a su imagen y templo vivo de la adorable Trinidad.

Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz

Dejemos que la verdad de la Eucaristía actúe eficazmente.

Vivir eucarísticamente consiste en dejar que las verdades eucarísticas actúen eficazmente.

Se trata de 3 sencillas verdades:

1. El Salvador está presente en el Santísimo Sacramento;

2. Él renueva diariamente su sacrificio de cruz en el altar;

3. Él quiere unir íntimamente junto consigo cada alma particular en la Santa Comunión.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) - Conferencia en Espira, Alemania 1930, Congreso Eucarístico Diocesano


Debemos alimentar y aumentar la piedad de todos por la Santa Misa.

Para animar a los católicos a profesar valientemente su fe y a practicar las virtudes cristianas, ningún medio es más eficaz que el que consiste en alimentar y aumentar la piedad del pueblo hacia aquella admirable prenda de amor, lazo de paz y de unidad, que es el sacramento de la Eucaristía.

Papa León XIII


Tributen los fieles la máxima veneración a la Santísima Eucaristía.

Tributen los fieles la máxima veneración a la Santísima Eucaristía, tomando parte activa en la celebración del Sacrificio augustísimo, recibiendo este sacramento frecuentemente y con mucha devoción, y dándole culto con suma adoración; los pastores de almas, al exponer la doctrina sobre este sacramento, inculquen diligentemente a los fieles esta obligación.

Código de Derecho Canónico, n. 898


sábado, 11 de julio de 2026

¿Comunión en la boca o en la mano?

 

Aclarando dudas de un joven

Dos fieles comulgan en la boca y en la mano.

Dos fieles comulgan en la boca y en la mano


    A veces me pregunto después de distribuir la comunión: ¿saben los que se acercan a comulgar a quién están recibiendo? Lo pregunto sin juzgar, porque yo mismo soy el primero que necesita que se lo recuerden cada día. Lo pregunto porque hay algo en la forma en que muchas veces se comulga hoy que me genera una inquietud pastoral.

    La Eucaristía es, en palabras del Concilio, "fuente y culmen de toda la vida cristiana" (Lumen Gentium, 11). En ella no comemos pan: comemos el Cuerpo de Cristo, sustancial y realmente presente, el mismo que nació de María, que murió en la Cruz y que resucitó al tercer día: Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Eso que se deposita en la mano o en la lengua en el momento de comulgar es Dios. El mismo Jesús que dijo: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él" (Jn 6, 55-56). Por la forma en que muchas veces comulgamos y en el poco tiempo que nos quedamos después rezando creo que no somos conscientes de esto. Y es un preocupa. Tiene que ver también con la forma de comulgar...

    Norma y excepción

    La comunión en muchas de nuestras misas se ha convertido en una fila que avanza deprisa, como si estuviéramos haciendo cola lo más rápido posible para recoger un pedido en una ventanilla. Uno de los factores que ha contribuido a esto, aunque no sea el único, ha sido el modo en que se ha generalizado la comunión en la mano. Sé que decir esto me señala y que me pueden llamar carca, tradi, y esas cosas, pero voy a explicar por qué lo pienso. Además por unas preguntas que hace poco me ha hecho un joven me di cuenta de que hay una gran confusión con este tema y no pocos escrúpulos por parte de gente que realmente tiene amor a la Eucaristía y es consciente de lo que es. Quiero dejar claro desde el principio que no estoy diciendo que el que comulga en la boca es consciente y que el que comulga en la mano no es consciente. Yo no suelo hacer simplificaciones de esas.

    La comunión en la mano no es la norma de la Iglesia. Nunca lo ha sido. La norma universal y ordinaria de la Iglesia latina sigue siendo la comunión en la lengua, reafirmada expresamente por san Pablo VI en Memoriale Domini (1969) tras consultar a todo el episcopado mundial, con un resultado llamativo y aplastante: 1.233 obispos votaron en contra de cambiar la forma de comulgar, frente a 567 a favor. Es decir, que la mayoría de los obispos consultados querían que se mantuviese la comunión en la boca y no se permitiese la comunión en la mano. El Papa tomó nota y confirmó la norma: lo normal y habitual lo que debe ser común es comulgar en la boca.

    La comunión en la mano es, jurídicamente, un indulto, es decir, una excepción formal a la ley general, concedida territorio por territorio mediante un procedimiento muy preciso: votación de dos tercios de la Conferencia Episcopal más confirmación expresa de la Santa Sede; es decir, que el Papa concedió que si una mayoría de la Conferencia Episcopal votaba a favor de la comunión en la mano, entonces se podía aplicar una excepción en esa región. Fíjate: una excepción. En España ese indulto se concedió en 1976, y por eso en nuestras diócesis existe la posibilidad legítima de comulgar en la mano. Posibilidad que es una excepción a la norma; una posibilidad, que es distinto de una obligación, y la excepción desde luego no deroga la norma. Redemptionis Sacramentum (2004), número 92, lo dice claro clarinete: "todo fiel tiene siempre derecho a recibir la sagrada Comunión en la boca". Ese derecho no depende de que exista o no el indulto, no puede ser restringido por ningún ministro bajo ningún pretexto, y no admite presión de ningún tipo.

    Presentar la comunión en la mano como si fuese la norma, como si la comunión en la lengua fuera una rareza de nostálgicos, carece de fundamento doctrinal. Y lo que ya constituye directamente un abuso litúrgico, un abuso de autoridad y de conciencia, denunciado expresamente en los documentos, es negar o dificultar la comunión en la boca a quien la pide. Abuso que ocurre,; yo lo he visto cuando en mi familia, en Barcelona, han negado la comunión en la boca a algunos de mis hermanos o les han dejado de lado u obligado a ponerse de pie cuando se han arrodillado para comulgar. Hay comunidades, parroquias, incluso algunos movimientos eclesiales que de facto imponen la comunión en la mano como única forma posible, que hacen sentir raros o anticuados a quienes quieren arrodillarse o comulgar en la boca. El Derecho Canónico no respalda eso en absoluto. La forma de comulgar es algo propio del fiel que debe poder elegir y no puede ser impuesto por nadie, ni siquiera por un movimiento, comunidad o sacerdote en concreto ni obispo ni el Papa.

    Lo más importante: la comunión consciente y fructuosa

    Pero más allá de la cuestión disciplinar, que importa y mucho porque la liturgia forma la fe y no al revés, lo que me preocupa de fondo es otra cosa. La extensión masiva de la comunión en la mano, unida a la rapidez con que se administra, ha contribuido a que mucha gente haya perdido el sentido de a quién está recibiendo. Lo veo en cómo se sostiene la hostia en la mano antes de consumirla. Lo veo en quien se va antes de consumirla por completo, llevándose de paseo al Señor. Lo veo, y esto sí que es grave, en los casos que Redemptionis Sacramentum enumera como abuso grave: fieles que se llevan la hostia, que la depositan en el bolso, que no la consumen de inmediato ante el ministro como exige el propio indulto. Es tremendo tener que parar toda la fila de la comunión y perseguir a alguien para ver si ha comulgado. O, como me pasó en una parroquia, ver que una mujer se había llevado a la Sagrada Forma para pegarla con celo en un cartoncito y tenerla en adoración en casa... Con buena intención y muy poca formación. Ya no hablemos de las profanaciones satánicas... El indulto tiene condiciones estrictas: consumir inmediatamente, ante el ministro, sin alejarse con la sagrada forma y revisar bien en la palma de la mano para asegurarse de que no queden partículas del cuerpo de Cristo. Que esas condiciones se incumplan de forma habitual sin que nadie diga nada, mientras se sigue considerando que todo va bien, es lo que quiero señalar en este artículo.

    La Iglesia siempre ha reservado el contacto directo con la Eucaristía a las manos consagradas del sacerdote. Esto parte de la comprensión de que lo que se toca en ese momento es algo sagrado: el Cuerpo del Señor, y que ese contacto pide la mayor reverencia posible. Los Padres de la Iglesia, que conocían bien el mundo antiguo y no eran precisamente idiotas, escribían sobre la Eucaristía con un temblor, respeto y reverencia que muchas veces no encuentro reflejado en la forma en que recibimos la comunión hoy. San Cirilo de Jerusalén, en sus catequesis mistagógicas, instruía a los fieles a formar con las manos un trono para el Rey antes de recibir la comunión, y a no perder ni un fragmento, porque "si te falta algo, es como si perdieras uno de tus propios miembros". Esa conciencia de la presencia real es la que me gustaría ayudar a recuperar.

    Mi propuesta es sencilla: comulgar en la boca. No porque sea obligatorio, aunque sí es lo que la norma universal de la Iglesia privilegia. Invito a comulgar en la boca porque es la forma que mejor expresa la consciencia de lo que estamos recibiendo, la que más protege la presencia real, la que evita la pérdida de fragmentos perdidos y de gestos inadvertidos, y por supuesto de profanaciones. Pone el cuerpo en una postura de adoración, reverencia y recepción: recibes, no tomas por ti mismo, a Cristo, a quien no merecemos. Este modo de comulgar educa la fe. Yo invito incluso a arrodillarse para mostrar aún más reverencia y adoración cumpliendo con el cuerpo lo que acabamos de decir: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa...", y abrir la boca ante el sacerdote es un gesto que todo el cuerpo hace junto con el alma, diciéndole a Cristo: tú te me das, yo te recibo, tú eres el Señor y yo soy tu criatura.

    Y si por la razón que sea se prefiere comulgar en la mano (donde el indulto está vigente hay todo el derecho de hacerlo) que al menos se haga como la Iglesia manda: formar un trono con las palmas, una sobre otra, esperar a que el sacerdote deposite la hostia, llevarla a la boca inmediatamente sin alejarse, sin dejar fragmentos en la palma. No es complicado. Es lo minimo que merece el Dios a quien estamos recibiendo.

    A quien recibimos

    Lo que me gustaría es que la próxima vez que alguien vaya a comulgar, algo cambie en su interior antes de llegar al altar. Que sepa que va a recibir a Dios. Al mismo que curó leprosos y resucitó a Lázaro. Al mismo que murió por nosotros y que quiere entrar, habitarnos, transformarnos desde dentro. "El que come mi carne permanece en mí y yo en él" (Jn 6, 56). Si eso se toma en serio, todo cambia: la forma de comulgar, la forma de acercarse en la fila (cuyo nombre real es Vía sacra), el silencio de después, la acción de gracias...

    La Iglesia distingue entre el efecto del Sacramento y el fruto del Sacramento. El efecto se produce por sí mismo al margen de la fe de la gente (ex opere operato). En el caso de la Eucaristía se trata de la presencia real de Cristo bajo la forma de pan y vino. Pero el fruto es la gracia que el sacramento causa en la persona que lo recibe. Y el fruto sí que depende de la consciencia, de la preparación y de las disposiciones interiores del sujeto (ex opere operantis). Por eso comulgar como quien come una galleta no sirve para nada. Como dice San Pablo, "el que come y bebe sin discernir el cuerpo come y bebe su propia condenación" (1 Corintios 11, 29). Ya no hablemos si no se cumplen las condiciones para comulgar como el ayuno eucarístico, no estar en pecado mortal, en situación objetivamente desordenada. 

    La espiritualidad católica es esencialmente eucarística. En la Eucaristía está Cristo, y sin Cristo no se sostiene nada. Aprovecha su presencia. Comulga bien. Quédate después un rato a darle gracias. Y si un día te acercas al altar con prisas, de pasada, como quien recoge algo en un mostrador, para. Respira, detente y recuerda a quién vas a recibir.

    Jesús María Silva Castignani, ReL

    Vea también    La comunión y la oración final
    - Papa Francisco




    Especialmente para los que NO suelen ir a Misa los Domingos: para que descubran lo que están perdiendo

     Aquí podemos ofrecer sólo unos cuantos aspectos
    de las mil maravillas de la Santa Misa

    ¡No se pueden contar los favores que se reciben en la Santa Misa!

    Nunca lengua humana puede enumerar los favores que se correlacionan al Sacrificio de la Misa. El pecador se reconcilia con Dios; el hombre justo se hace aún más recto; los pecados son borrados; los vicios eliminados; la virtud y el mérito crecen, y las estratagemas del demonio son frustradas.

    San Lorenzo Justino


    Participemos en la Santa Misa de principio a fin.

    Pedimos vehementemente a los pastores que instruyan a los fieles acerca de la importancia de participar en la Santa Misa entera.

    Concilio Vaticano II; Lit. 56


    Los bienes de valor infinito de la Santa Misa.

    "En la Santa Misa se elevan oraciones por los allí presentes y por todos los que viven en el mundo, especialmente por los creyentes". (San Ireneo)

    "Si supiéramos lo que ganamos con una Santa Misa, nos moriríamos de emoción". (Santo Cura de Ars)



    La Eucaristía infunde en el corazón del hombre el amor sobrenatural.

    La Eucaristía, infundiendo en el corazón del hombre una nueva energía -el amor sobrenatural-, refuerza, encauza y purifica el afecto humano, haciéndolo más sólido y más auténtico.

    Cuando tiene a Dios en su pecho, todo el hombre queda armonizado en sí mismo...

    En el Divino Sacramento el Señor está sumido en el silencio para escucharnos.

    San Juan XXIII


    Apostolado de la Santa Misa Diaria





    sábado, 27 de junio de 2026

    Especialmente para los que NO suelen ir a Misa los Domingos: Para que descubran lo que están perdiendo

     Aquí podemos ofrecer sólo unos cuantos aspectos
    de las mil maravillas de la Santa Misa

    ¿Para qué recibimos la Sagrada Comunión?

    Recibimos a Jesús en la Sagrada Comunión para que alimente nuestras almas, nos una más a Cristo y a su Cuerpo Místico, la Iglesia; nos aumente la gracia, nos aparte del pecado, borre los pecados veniales y nos preserve de futuros pecados mortales, nos conceda nuevas fuerzas para que podamos vivir como hijos de Dios y nos dé la vida eterna (Cf. Jn 5, 24).

    ¡Madre Santa, ven a comulgar en mí!

    "Por eso, yo llamaría maná a la misma Virgen María, porque derramó sobre todos los pueblos un manjar más dulce que la miel." San Máximo de Turín

    "Por tanto, el que desee gustar de la dulzura escondida en el Sacramento del Altar y acercarse dignamente a este mismo Sacramento, ha de disponerse invocando el nombre de la Virgen María." San Buenaventura

    "Os deseo la alegría de la Virgen María, que por ser humilde de corazón, pudo guardar a Jesús nueve meses en su seno. ¡Qué larga Comunión!" Santa Teresa de Calcuta

    La Santa Misa nos obtiene el don de la penitencia.

    El Sacrificio de nuestros altares, no sólo nos obtiene el don de la penitencia (por nuestros pecados), sino que, además, nos proporciona los socorros que necesitamos en las diferentes circunstancias de la vida.

    Concilio de Trento


    Los Ángeles nos defenderán de las asechanzas del demonio.

    Aquel que durante la vida hubiese asistido piadosamente a la Santa Misa, en el trance de la muerte será consolado por la presencia de los Ángeles, que le defenderán contra las asechanzas del demonio.

    Santa Matilde

    Es imperativo instruirse lo más posible acerca de la Eucaristía.









    La Iglesia desea y pide que los cristianos no asistan a este Misterio de fe que es la Santa Misa como extraños y espectadores, sino que participen consciente, piadosa y activamente, y procuren instruirse lo más posible acerca de la Eucaristía.

    Concilio Vaticano II; Lit. 48

    ¡No sé si jamás ha salido de la mano del Altísimo misterio más profundo!

    Hay en la Santa Misa tantos misterios como gotas de agua en el mar, como átomos de polvo en el aire y como ángeles en el cielo; no sé si jamás ha salido de la mano del Altísimo misterio más profundo.

    San Buenaventura, Doctor de la Iglesia


    La Santa Misa es la suma de todos los beneficios.

    La Santa Misa es una obra de Dios en la que presenta a nuestra vista todo el amor que nos tiene; en cierto modo es la síntesis, la suma de todos los beneficios con que nos ha favorecido.

    San Buenaventura, Doctor de la Iglesia



    Apostolado de la Santa Misa Diaria
    http://www.sancta-missa-cotidiana.org

    domingo, 14 de junio de 2026

    Especialmente para los que NO suelen ir a Misa los Domingos

    Aquí podemos ofrecerle sólo unos cuantas aspectos
    de las mil maravillas de la Santa Misa 

    San Agustín y la Santa Misa.

    Si alguno oye devotamente la Santa Misa alcanzará grandes auxilios para no caer en pecado mortal, y se le perdonarán sus defectos y pecados veniales e imperfecciones.

    Todos aquellos pasos que uno da para oír Misa, son escritos y contados por su Ángel, y por cada uno le dará el Altísimo Dios un grandísimo premio en esta vida mortal y perecedera.

    Refiere el mismo Santo que el oír devotamente Misa y ver el Santísimo Sacramento, ahuyenta al demonio del pecador.

    Al que oye Misa entera, no le faltará el sustento necesario y alimento para su cuerpo.

    Mientras uno oye Misa no pierde el tiempo, sino que gana mucho, por muy dilatado que el sacerdote se esté en el Santo Sacrificio de la Misa.

    Quien por los difuntos oye Misa y ora, por sí mismo trabaja.

    San Agustín, Doctor de la Iglesia

    Ni un solo día dejaríamos de ir a la Santa Misa.

    ¡Ah! Si las almas del purgatorio pudieran volver a este mundo, ¡qué no harían por asistir a una sola Misa! Si pudierais vosotros mismos comprender su excelencia, sus ventajas y sus frutos, ni un solo día querríais pasar sin participar en ella.

    San Pedro Julián Eymard

    El alimento espiritual que nos sostiene.

    La Santa Misa es el alimento espiritual que me sostiene y sin la cual no podría afrontar un solo día, ni una sola hora la vida de entrega a los pobres que he elegido.

    Santa Teresa de Calcuta


    Ofrecemos la Santa Misa para que Dios perdone a los difuntos sus faltas.

    Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos Santas Misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso.

    San Gregorio Magno, Doctor de la Iglesia

    La Comunión espiritual.

    El santo Concilio de Trento dice que hay tres clases de Comunión: la primera meramente sacramental; la segunda puramente espiritual, y la tercera sacramental y espiritual a la vez.

    A Santa Faustina Kowalska, Jesús Misericordioso le comunicó esto: "Si practicas el santo ejercicio de la Comunión espiritual varias veces al día, en un mes verás tu corazón completamente cambiado".

    San Juan María Vianney, el Cura de Ars, decía: "Una Comunión espiritual actúa en el alma como un soplo de viento en una brasa que está a punto de extinguirse. Cada vez que sientas que tu amor por Dios se está enfriando, rápidamente haz una Comunión espiritual".

    San Antonio María Claret: "Tendré una capilla fabricada en medio de mi corazón y en ella, día y noche, adoraré a Dios con un culto espiritual".


    Fines y efectos de la Santa Misa. 7.

    1. Adoración

    El Santo Sacrificio de la Misa rinde a Dios una adoración absolutamente digna de Él, rigurosamente infinita. Este efecto lo produce siempre, infaliblemente, ex opere operato (que confiere la gracia por propia e íntima eficacia), aunque celebre la Misa un sacerdote indigno y en pecado mortal. La razón es porque este valor latréutico o de adoración depende de la dignidad infinita del Sacerdote principal que lo ofrece, que es Cristo mismo, y del valor de la Víctima ofrecida, que igualmente es el mismo Cristo.

    Con la Santa Misa le damos a Dios todo el honor que se le debe en reconocimiento de su soberana grandeza y supremo dominio; y esto del modo más perfecto posible, en grado rigurosamente infinito.

    En retorno de esta incomparable glorificación, Dios se inclina amorosamente a sus criaturas. De ahí procede el inmenso valor de santificación que encierra para nosotros el santo sacrificio del altar.

    Por consiguiente: ¡Qué tesoro el de la Santa Misa! ¡Y pensar que muchos cristianos'la mayor parte de las personas devotas'no han caído todavía en la cuenta de ello, y prefieren sus prácticas rutinarias de devoción a su incorporación a este sublime sacrificio, que constituye el acto principal de la religión y del culto católico!

    P. Antonio Royo Marín O.P.


    Fines y efectos de la Santa Misa. 8.

    La Santa Misa, como reproducción que es del sacrificio redentor de Cristo, tiene los mismos fines y produce los mismos efectos que el sacrificio de la cruz. Helos aquí:

    1. Adoración.

    2. Reparación.

    3. Petición.

    4. Acción de Gracias.

    P. Antonio Royo Marín O.P.