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viernes, 2 de octubre de 2026

De capitán de rugby a cura, pasando por MasterChef: la historia de conversión del «Gordo Verde»

Vive en metro y medio de contenedor en un asentamiento, tiene el Santísimo expuesto en su capilla del tamaño de un armario, y cada día construye casas modulares para familias qu e no tienen ni piso de tierra

Juan Andrés Gordo es sacerdote desde 2007 y pertenece a la Arquidiócesis de Montevideo.

Juan Andrés Gordo es sacerdote desde 2007 y pertenece a la Arquidiócesis de Montevideo.

Juan Andrés Verde jugó dos mundiales juveniles de rugby con Uruguay, tenía novia y estudiaba veterinaria cuando, con 19 años, una misión le cambió la vida. Hoy es sacerdote diocesano, vive en un contenedor marítimo en un asentamiento de Montevideo, ha construido cientos de viviendas para familias sin techo y llegó a la final de MasterChef Celebrity Uruguay con un único objetivo: hablar de Dios a través de un plato de comida

Se hace llamar «el Gordo Verde» —Verde es su apellido, gordo su complexión: 115 kilos que él mismo bromea en «se compactan». Capitán de la selección juvenil uruguaya, disputó los mundiales sub-20 de Irlanda 2007 y Japón 2009. Jugaba con dureza —"corazón rudo, bruto, áspero", le ha definido en una entrevista el sacerdote venezolano Fray Marcos en el pódcast Se BuscanRebeldes— y tenía toda una vida por delante: novia de cuatro años, estudios de veterinaria, planes de ir al Mundial de Chile.

Juan Andrés Gordo es sacerdote desde el año 2007. Pertenece a la Arquidiócesis de Montevideo.

Juan Andrés Gordo es sacerdote desde el año 2007. Pertenece a la Arquidiócesis de Montevideo.IGLESIA CATÓLICA DE MONTEVIDEO

Hoy, con 36 años, es sacerdote diocesano de Montevideo, vive en un contenedor marítimo en el asentamiento Santa Eugenia y ha construido casas para más de 300 familias uruguayas a través de la fundación que él mismo puso en marcha, Cireneos, y de su programa Rancho Cero.

Entre medias disputó la final de MasterChef Celebrity Uruguay, un plato de polenta convertido en catequesis y una pregunta que le hizo su novia poco antes de morir en accidente: "Gordo, ¿y tú nunca pensaste en ser sacerdote?".

«Eres autosuficiente»: el golpe que lo cambió todo

Verde se crió, según cuenta él mismo, en una familia católica "no habitual" en el Uruguay laico. Pero llegó un momento, siendo joven, en que sintió que la fe que le habían transmitido sus padres, sus catequistas, su abuela, no terminaba de ser suya: "¿Quién es Jesús para mí?", se preguntaba, "porque para mí no es nadie".

Con esa duda a cuestas fue a hablar con un sacerdote, un poco "subidito", según reconoce entre risas. Y recibió una respuesta que describe como "mortal": "Lo que pasa es que vos sos un gordito autosuficiente, que en la medida en que estés lleno de tus seguridades, nunca va a haber lugar para Dios en tu corazón". Tenía entonces 19 o 20 años, y aquella frase le obligó a hacer inventario de todas aquellas seguridades: familia, novia, dinero, rugby.

El golpe de gracia llegó poco después, en una misión de la obra salesiana de Don Bosco en el Paiva, en pleno campo uruguayo, acompañando a hijos de las personas que trabajaban en el campo. Lejos de todas sus seguridades, dice, Jesús "dejó de ser algo en mi vida para ser alguien". Fue el año más pleno de su vida hasta entonces, y esa plenitud —no un sermón, no un rayo del cielo— fue lo que terminó llevándole al seminario.

La pregunta de Jimena

Hay un nombre que Juan Andrés pronuncia con especial cuidado: Jimena, su novia durante casi cuatro años. Fue ella quien, un día cualquiera, le lanzó la pregunta que él dice que ya le habían hecho otras personas, pero que salido de su boca sonó muy fuerte: "Gordo, ¿y tú nunca pensaste en ser sacerdote?".

Poco después, Jimena falleció en un accidente. No rehúye la herida ni la envuelve en un lazo fácil: habla de dudas, de "el misterio del dolor". Pero también de gratitud. "Estoy convencido de que no habría padre Gordo Verde si no hubiera sido por la novia que el Señor puso en su momento en mi camino", resume. Entró en el seminario, dice, con una excusa casi pragmática: "por lo menos me voy a sacar la duda".

El postre de Juan Pablo II: así predicó desde MasterChef

Antes de convertirse en sacerdote de barrio, Verde ya era conocido en Uruguay por su trabajo en zonas humildes de Montevideo. Fue precisamente para visibilizar la pobreza de esos barrios —familias enteras “viviendo en latas”, con suelo de tierra y techo de chapa— por lo que aceptó participar en MasterChef Celebrity Uruguay, después de haber rechazado varias invitaciones anteriores, y así poder dar un altavoz a esas familias.

"Yo no sé cocinar, pero estoy dispuesto a aprender para lograr que estas familias tengan un techo digno y darles visibilidad", cuenta que pensó al entrar.

Llegó hasta la final. Y allí perdió, algo que hoy define sin rodeos: "Fue lo mejor que me pudo haber pasado. Yo creo que gané perdiendo". En sus últimos tres platos —los más vistos de toda la temporada televisiva uruguaya— pudo colar el mensaje que de verdad le importaba. 

Un vitel toné navideño para hablar de que no existe la familia perfecta. Una polenta —"puede estar en la casa más acomodada y en la casa más humilde"— para hablar de que la Palabra de Dios tiene que llegar a todos los corazones por igual. Y de postre, la papiesca cremosca, el dulce favorito de Juan Pablo II, para hablar de la llamada universal a la santidad.

Terminado el programa, salió del plató como perdedor oficial de MasterChef, pero con una caravana de vecinos del barrio esperándole a caballo y en moto.

Un contenedor de metro y medio, con capilla incluida

Ese barrio, hoy, es su casa. Vive desde hace cuatro años en un contenedor marítimo de metro y medio por dos metros y medio en el asentamiento Santa Eugenia, adonde se trasladó tras un desalojo judicial que amenazaba a la comunidad con la que trabajaba. Antes de entrar en su cuarto tiene una capillita del mismo tamaño con el Santísimo expuesto: "no preciso más nada para levantarme, para irme a dormir", dice.

De ahí nació Cireneos —en homenaje a Simón de Cirene, el hombre al que obligaron a cargar la cruz de Cristo— y su programa estrella, Rancho Cero: viviendas modulares de dos dormitorios, baño y cocina para sustituir las chabolas donde malviven cientos de familias uruguayas.

Juan Andrés el día de su ordenación sacerdotal, rodeado de familia y amigos.

Juan Andrés el día de su ordenación sacerdotal, rodeado de familia y amigos.

Solo en su barrio se han levantado más de cien de esos hogares-contenedor; en todo el país, el programa ya ha llegado a unas 300 familias, con la ayuda ocasional de rostros conocidos —el exfutbolista Carles Puyol visitó el barrio y hoy hay allí una cancha de fútbol sintético en su honor—.

Verde cuenta con naturalidad las pequeñas escenas que, dice, le siguen sosteniendo la fe: Brenda, una niña de nueve años que llegó corriendo el día que estrenó su primer inodoro; o Julieta, que salió de la ducha gritando "mamá, se incendia", asustada por un vapor de agua que jamás había visto. "Son realidades que increíblemente existen también en Uruguay", advierte, "y a veces lo más fácil es no querer mirar".

«Hasta el cielo no paramos»

El lema sacerdotal que ha elegido resume bien su recorrido: "El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido" (Lucas 19, 10). Y si tuviera que dejar una única frase escrita en el cielo, dice, sería esta, que repite como estribillo: "Hasta el cielo, no paramos".

Del rugby internacional a un contenedor de chapa en un barrio pobre de Montevideo, pasando por una final de televisión que perdió a propósito para ganar algo más grande: la historia del Gordo Verde es la de un hombre que decidió, como recuerda él mismo citando a Lucas 5, dejarlo todo y seguirle.

ReL

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