Brian reconoció que no sabía si Dios era real, sin embargo, decidió poner a prueba un principio: «Primero la práctica, luego la fe».
Lo que comenzó como un experimento dejó de serlo. "Me cansé de fingir. Esto es real", declaró en un vídeo.
La historia de Brian Guan, influencer que vive en Nueva York (EE.UU), ha captado la atención de miles de personas en redes sociales. Masfe.org cuenta su historia.
Lo que comenzó como un reto personal de 30 días terminó convirtiéndose en un proceso de transformación espiritual que él mismo bautizó como Faithless Christianity ("Cristianismo sin fe").
Su idea inicial era sencilla y radical: vivir como si Dios existiera, aun sin estar seguro de ello, y observar qué sucedía.
De la duda a la práctica
Brian reconoció abiertamente que no sabía si Dios era real. Sin embargo, decidió poner a prueba un principio: "Primero la práctica, luego la fe".
Así, comenzó a incluir en su rutina diaria oraciones, lecturas bíblicas y gestos de gratitud. Sus primeras oraciones eran casi un experimento: "Dios, no sé si eres real, pero por favor acércame a ti". Aunque al inicio se sentía extraño, poco a poco estas prácticas empezaron a moldear su vida.
Brian leyendo la biblia en la calle.masfe.org
Uno de los momentos más significativos ocurrió al leer sobre el perdón de Jesús en la cruz. Recordó a un amigo con quien había roto relación y decidió reconciliarse. También empezó a practicar la bondad en gestos simples, como recoger basura en su vecindario. Aunque los cambios no fueron inmediatos, con el tiempo comenzaron a ser evidentes.
El reto no solo implicó gestos externos. Brian decidió enfrentar su adicción a la nicotina, un hábito de ocho años. Inspirado por 1 Corintios 10:13, comenzó a incluir la oración en su lucha contra la tentación. Reconoció sus tropiezos, pero descubrió que no podía simplemente eliminar un hábito sin reemplazarlo por algo distinto. La fe se convirtió en un recurso para su batalla personal.
Con el paso de los meses, Brian notó transformaciones profundas. Se volvió más amable con los demás y encontró un propósito renovado.
Comparó su experiencia con los años dedicados al yoga, disciplina que había practicado e incluso enseñado. Aunque valoraba esa práctica, aseguró que nunca le había producido el mismo cambio interior que la lectura de la Biblia. "Con la Escritura, salgo queriendo ser mejor con los demás", explicó.
Lo que comenzó como un experimento dejó de serlo. "Me cansé de fingir. Esto es real", declaró en un vídeo. Poco después confesó: "Jesucristo es real. Jesucristo es mi Señor y Salvador".
Su proyecto dejó de ser un reto para convertirse en una experiencia de fe personal. Brian comenzó a compartir el Evangelio en parques de Nueva York, conversando con desconocidos y ofreciendo pasajes bíblicos. En una ocasión, alguien lo llamó "celebridad", a lo que él respondió: "Jesús es la celebridad".
Candido Amantini fue durante 36 años exorcista en Roma y vivió cosas increíbles
El padre Cándido Amantini, y en la sombra, su discípulo como exorcista, el padre Amorth
Fue el verdadero "exorcista del Papa", el exorcista de la diócesis de Roma durante más de tres décadas, en los años 60 y 70. El Padre Pío lo definió como "un sacerdote según el corazón de Dios". Candido Amantini (1914-1992) fue un pasionista, actualmente en proceso de beatificación, que durante 36 años fue el exorcista diocesano en Roma, en la Scala Santa, la sede de los pasionistas en la ciudad eterna.
Uno de sus discípulos más aventajados fue el padre Gabriel Amorth, "el exorcista del Vaticano", quien murió a los 91 años tras haber realizado más de 80.000 exorcismos. En su libro Habla un exorcista, el padre Amorthcuenta algunos de los casos más sorprendentes de posesiones diabólicas a jóvenes y niños que le contó en vida el propio Amantini.
El Padre Pío lo definió como "un sacerdote según el corazón de Dios".
1. El chico que pesaba toneladas
Pierluigi, de catorce años, era alto y corpulento para su edad. No podía estudiar, era la desesperación de sus profesores, con ninguno de los cuales conseguía estar de acuerdo; pero no era violento. Una de sus características era que cuando se sentaba en el suelo, con las piernas cruzadas (él decía que "hacía el indio"), ninguna fuerza conseguía levantarlo, como si se hubiese vuelto de plomo.
Después de varios tratamientos médicos sin resultado, lo llevaron al padre Candido, quien comenzó a exorcizarlo y apreció una verdadera posesión. Otra de sus características: no era pendenciero, pero con él la gente se ponía nerviosa, gritaba, no dominaba los nervios.
Un día estaba sentado con las piernas cruzadas en el rellano de su casa, en el tercer piso. Los demás inquilinos subían y bajaban por las escaleras, le zarandeaban para que se fuera de allí, pero él no se movía. En un momento dado, todos los inquilinos del edificio se encontraron a la vez en la escalera, en los distintos rellanos, y aullaban y gritaban como obsesos contra Pierluigi.
Alguien llamó a la Policía, mientras los padres del muchacho llamaban al padre Candido, que llegó antes y se puso a charlar con el chico para convencerlo de que entrara en su casa.
Pero los policías (tres muchachos grandes) le dijeron: "Apártese, reverendo; estas cosas son para nosotros". Cuando trataron de mover a Pierluigi, no consiguieron desplazarlo ni un milímetro. Asombrados y chorreando sudor, no sabían qué hacer. Entonces el padre Candido les dijo: "Que todos vuelvan a sus casas"; y se hizo un completo silencio.
Luego añadió: "Ahora bajad un tramo de escalera y observad". Le obedecieron. Por último dijo a Pierluigi: "Has estado muy bien: no has dicho ni una palabra y los has tenido a todos a raya. Ahora vuelve a entrar en casa conmigo". Le cogió de la mano y él se levantó y le siguió, muy contento, adonde le esperaban sus padres. Con los exorcismos logró una mejoría, pero no una total liberación.
2. El que distinguía la ropa bendita
Una madre estaba abrumada por las extravagancias que notaba en un hijo suyo: en ciertos momentos se enfadaba, lanzaba alaridos desatinados, blasfemaba y luego, cuando recobraba la calma, no recordaba nada de su comportamiento. No rezaba y nunca habría aceptado dejarse bendecir por un sacerdote. Un día, mientras el joven estaba en el trabajo y, como de costumbre, había salido vestido con su mono de mecánico, la madre hizo bendecir las ropas con la correspondiente oración del Ritual.
Al regresar del trabajo, el hijo se quitó el mono sucio y se cambió sin sospechar nada. A los pocos segundos se quitó la ropa con furia, casi se la arrancó de encima, y se volvió a poner el mono de trabajo sin decir nada. No hubo manera de que se pusiera aquellas ropas; las distinguía perfectamente de lasque no habían sido bendecidas. Este hecho demostraba más la necesidad de practicar exorcismos sobre aquel jovencito.
Una madre estaba abrumada por las extravagancias que notaba en su hijo.
3. El que se burlaba del exorcista
Un mismo demonio puede estar presente en varias personas. La muchacha se llamaba Pina y el demonio había anunciado que, a la noche siguiente, se habría ido. El padre Candido, aun sabiendo que en estos casos los demonios casi siempre mienten, se hizo ayudar también por otros exorcistas y pidió la presencia de un médico.
A veces, para mantener sujeta a la endemoniada, la recostaban sobre una larga mesa. Ella se agitaba y de vez en cuando se caía al suelo. Sin embargo, en el último tramo de la caída, disminuía la velocidad como si una mano la sostuviera, por lo cual nunca se hacía daño. Después de haber trabajado en vano toda la tarde y la mitad de la noche, los exorcistas decidieron desistir.
A la mañana siguiente, el padre Candido estaba exorcizando a un niño de seis o siete años. Y el diablo que estaba dentro de aquel niño comenzó a burlarse del padre: "Esta noche habéis trabajado mucho pero no habéis conseguido nada. Os la hemos jugado. ¡Yo también estaba allí!".
4. El que pasaba de una niña a otra
Exorcizando a una niña, el padre Candido preguntó al demonio que cómo se llamaba. "Zabulón", respondió. Acabado el exorcismo, mandó a la pequeña a rezar delante del Sagrario. Llegó el turno de otra niña, igualmente poseída y también a este demonio el padre Candido le preguntó el nombre. "Zabulón", fue la respuesta.
Y, el padre Candido: "¿Eres el mismo que estaba en la otra? Quiero una señal. Te ordeno en nombre de Dios que vuelvas a la que ha venido antes". La niña emitió una especie de aullido y luego, de golpe, se calló y se quedó calmada. Entretanto, los asistentes oyeron que la otra chiquilla, la que estaba rezando, proseguía aquel aullido.
Entonces el padre Candido ordenó: "Regresa aquí de nuevo". Inmediatamente la primera niña reanudó su aullido, mientras la otra volvía a rezar.
5. El niño que respondía a preguntas inteligentes
A un chico de once años el padre Candido quiso formularle preguntas difíciles cuando se reveló en él la presencia del demonio. Le preguntó: "En la tierra hay grandes científicos, altísimas inteligencias que niegan la existencia de Dios y vuestra existencia. ¿Tú qué dices a esto?". El niño respondió en seguida: "¡Qué va, altísimas inteligencias! ¡Son altísimas ignorancias!".
Y el padre Candido añadió, con la intención de referirse a los demonios: "Hay otros que niegan a Dios conscientemente, con su voluntad. ¿Qué son para ti?". El pequeño poseído se puso en pie de un salto y gritó con furia: "Fíjate bien. Recuerda que hemos querido reivindicar nuestra libertad incluso delante de él. Le hemos dicho que no para siempre".
El exorcista apremió: "Explícamelo y dime qué sentido tiene reivindicar la propia libertad delante de Dios, cuando separado de Él tú no eres nada, como no soy nada yo. Es como si en el número 10, el 0 quisiera emanciparse del 1. ¿En qué se convertiría? ¿Qué haría? Te ordeno en nombre de Dios, dime, ¿qué has hecho de positivo?, vamos, habla". El otro, lleno de maldad y de miedo, se retorcía, babeaba, lloraba de un modo terrible e inconcebible en un niño de once años, y decía: "¡No me hagas este proceso! ¡No me hagas este proceso!".
Un día el padre Candido exorcizaba a una muchacha de diecisiete años, campesina, acostumbrada a hablar en dialecto, por lo que conocía mal el italiano. Estaban presentes otros dos sacerdotes que, cuando la presencia de Satanás se manifestó, no se cansaban de hacer preguntas.
El padre Candido, mientras seguía rezando las fórmulas en latín, mezcló palabras en griego: "¡Cállate, déjala en paz!". Inmediatamente la muchacha se volvió hacia él: "¿Por qué ordenas que me calle? ¡Díselo más bien a estos dos que no paran de interrogar!".
7. La pequeña que describía las relaciones en el infierno
El padre Candido ha hecho preguntas al demonio en personas de todas las edades; pero le gusta explicar el interrogatorio a los niños, porque resulta más evidente que no dan respuestas al alcance de su edad; por eso es más segura la presencia del demonio.
Un día le preguntó a una chiquilla de trece años: "Dos enemigos que durante la vida se han odiado a muerte y terminan ambos en el infierno, ¿qué relación tienen entre sí, al haber de estar juntos durante toda la eternidad?".
Aquí puedes ver un vídeo del padre Amorth sobre los objetos que llevan los endemoniados.
He aquí la respuesta: "¡Qué tonto eres! Allá abajo cada uno vive replegado sobre sí mismo y desgarrado por sus remordimientos. No existe ninguna relación con nadie; cada uno se encuentra en la soledad más absoluta, llorando desesperadamente por el mal que ha hecho. Es como un cementerio".
El padre Ricardo Bello Mato es, en palabras de sus feligreses, un ejemplo de fidelidad sacerdotal y de esperanza cristiana.
Nacido en plena posguerra, su infancia estuvo atravesada por las secuelas de la Guerra Civil Española.
Santiago de Compostela vivió este mes de agosto un acontecimiento singular: el padre Ricardo Bello Mato, sacerdote gallego nacido en Cances en 1926, cumplió 100 años de vida.
Con más de siete décadas de ministerio, el centenario presbítero compartió su visión del cielo y repasó los momentos más memorables de su vocación.
Morada para el Padre
"Es como una morada para el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Un espacio lleno de la inmensidad de Dios, donde los hijos de Dios viven juntos, contemplando el maravilloso poder creador de Dios en el cosmos", expresó en una entrevista con la Arquidiócesis de Santiago de Compostela.
El padre Bello recordó con emoción el día de su ordenación diaconal, conferida por el cardenal Fernando Quiroga, y el de su primera misa en 1955 en la parroquia de Cances. "Me sentí indigno e incapaz. Fue una experiencia profundamente conmovedora", confesó. Aquella época estuvo marcada por grandes celebraciones y esperanzas en la Iglesia gallega.
Preguntado sobre si merece la pena ser sacerdote, respondió con sencillez: "Para mí, sí, y creo que también para algunos de los fieles a quienes apoyé y que luego me lo agradecieron".
Nacido en plena posguerra, su infancia estuvo atravesada por las secuelas de la Guerra Civil Española y la pérdida de su hermano mayor. En 1943 ingresó al seminario y, tras su ordenación, fue destinado a diversas parroquias.
Aunque soñó con viajar a América Latina, finalmente fue enviado a Ozón, cerca de Muxía, donde —según sus propias palabras— "el Espíritu Santo me tomó y nunca me soltó".
Durante décadas, Bello ejerció su ministerio en comunidades rurales y urbanas, acompañando a estudiantes universitarios, restaurando un monasterio y ofreciendo cursos, ejercicios espirituales y charlas.
En 1999 fue nombrado capellán de la Residencia Padre Rubinos y de las Hermanas de la Caridad, donde atendió a ancianos, pobres y enfermos.
El arzobispo de Santiago, Francisco José Prieto Fernández, lo visitó el pasado 12 de agosto para felicitarlo en su centenario. Hoy, el padre Bello dedica su tiempo a la oración, al acompañamiento espiritual y a la escritura, manteniendo viva la llama de su vocación.
A lo largo de su vida, el sacerdote reconoce haber cargado con muchas cruces, pero siempre con el esfuerzo de sobrellevarlas bien. Su testimonio es el de un hombre que, desde la humildad y la perseverancia, ha entregado un siglo de existencia a la Iglesia y a la fe.
El padre Ricardo Bello Mato es, en palabras de sus feligreses, un ejemplo de fidelidad sacerdotal y de esperanza cristiana. Su vida, marcada por la historia de España y por la misión pastoral, se ha convertido en un signo de que el sacerdocio, vivido con entrega, sigue siendo fuente de alegría y gratitud para la comunidad.
Hermanos: Por mi parte, no pude hablarles como a hombres espirituales, sino como a hombres carnales, como a quienes todavía son niños en Cristo.
Los alimenté con leche y no con alimento sólido, porque aún no podían tolerarlo, como tampoco ahora,
ya que siguen siendo carnales. Los celos y discordias que hay entre ustedes, ¿no prueban acaso, que todavía son carnales y se comportan de una manera puramente humana?
Cuando uno dice: "Yo soy de Pablo", y el otro: "Yo de Apolo", ¿acaso no están procediendo como lo haría cualquier hombre?
Después de todo, ¿quién es Apolo, quién es Pablo? Simples servidores, por medio de los cuales ustedes han creído, y cada uno de ellos lo es según lo que ha recibido del Señor.
Yo planté y Apolo regó, pero el que ha hecho crecer es Dios.
Ni el que planta ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer.
No hay ninguna diferencia entre el que planta y el que riega; sin embargo, cada uno recibirá su salario de acuerdo con el trabajo que haya realizado.
Porque nosotros somos cooperadores de Dios, y ustedes son el campo de Dios, el edificio de Dios.
Salmo 33(32),12-13.14-15.20-21.
¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
El Señor observa desde el cielo
y contempla a todos los hombres.
él mira desde su trono
a todos los habitantes de la tierra;
modela el corazón de cada uno
y conoce a fondo todas sus acciones.
Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Nuestro corazón se regocija en él:
nosotros confiamos en su santo Nombre.
Evangelio según San Lucas 4,38-44.
Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella.
Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos.
Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba.
De muchos salían demonios, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías.
Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos.
Pero él les dijo: "También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado".
Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
Guillermo de San Teodorico (c. 1085-1148) monje benedictino y después cisterciense Oraciones meditativas
“El sale y se retira a un lugar desierto”.
Oh tú, que eres mi refugio y mi fuerza, condúceme, como hiciste antiguamente con tu siervo Moisés, al corazón de tu desierto, a la llama que arde sin consumirse (cf. Ex 3), allí donde el alma, invadida por el fuego del Espíritu, se vuelve ardiente, sin consumirse, se purifica.
Allí no se puede residir y no se avanza más hasta tener desatados los vínculos de las trabas carnales, allí el que está, sin duda no se deja ver tal cual es, pero sin embargo se le entiende decir: “¡Yo soy el que soy!”Allí él hace bien al cubrirse el rostro para no mirar al Señor cara a cara (2R 19, 23), pero debe ejercer de sacerdote y escuchar, en la humildad de la obediencia, para distinguir lo que dice Dios al interior del corazón.
Mientras tanto, Señor, escóndeme en lo escondido de tu morada (Ps 27,5) durante el día adverso; escóndeme en lo escondido de tu rostro, lejos de las intrigas de las lenguas (Ps 31,2); pues tu yugo es suave y ligera tu carga(Mt 11,30), tú me las has impuesto. Y cuando tu me hagas sentir la distancia de tu servicio con el del siglo, con una voz tierna y dulce me pedirás sí es más agradable servirte a ti el Dios vivo, que a los dioses extranjeros. Entonces, yo adoro esta mano que pesa sobre mí te digo: “¡Ellos, los otros maestros, me han dominado, más que tú bastante tiempo! ¡Yo quiero pertenecerte a ti sólo, pues tu brazo me sostiene!
(EDD)
Reflejo en la serigrafía
En el Evangelio de hoy,
leemos cómo Jesús dedica su día a entregarse por completo al servicio de
los demás. Enseña, cura a los enfermos y continúa su ministerio mucho
después de la puesta del sol, mientras la gente sigue llevándole a sus
seres queridos. Sin embargo, tras toda esta actividad, Jesús hace algo
igual de importante. Al amanecer, se retira en silencio a un lugar
apartado para orar. Rodeado de necesidades infinitas y de innumerables
exigencias, sabe que su relación con el Padre debe ser siempre lo
primero.
La gente de Cafarnaúm, sin
embargo, quiere que Jesús se quede con ellos. Lo buscan e intentan
convencerlo de que no se marche. Su petición es comprensible; han sido
testigos de su poder sanador y quieren más de él. Pero Jesús no se deja
llevar simplemente por las expectativas de los demás. Es el tiempo que
dedica a la oración lo que le da la fuerza y la claridad necesarias para
continuar la misión que el Padre le ha confiado.
La oración mantiene su
corazón centrado en la voluntad de Dios, en lugar de en las numerosas
voces que reclaman su atención. Nuestras vidas pueden estar tan ocupadas
con el trabajo, las responsabilidades e incluso las obras de caridad, que
la oración queda relegada a un segundo plano. En la sociedad actual se da
más valor al trabajo que a la oración. Sin embargo, si no dedicamos
tiempo a la oración, podemos perder fácilmente de vista lo que Dios nos
pide. La oración no es un escape de nuestro trabajo diario; es lo que da
sentido y propósito a nuestro trabajo diario.
Quizá nos ayude pensar en la
oración como el combustible que mantiene nuestra vida espiritual en
marcha. Ninguno de nosotros esperaría conducir un coche durante cientos
de millas sin parar a repostar, y, sin embargo, a menudo esperamos llevar
una vida ajetreada y exigente sin dedicar tiempo a renovarnos en Dios. La
oración nos llena de la gracia, la sabiduría y la fuerza que necesitamos
para el camino. No elimina todos los obstáculos del camino, pero nos da
los recursos para seguir avanzando con confianza. ¡Cada momento que
pasamos con el Señor repone silenciosamente nuestras reservas
espirituales!
El cuadro de Ed Ruscha Estación
estándar (1966) ofrece una imagen inesperada de esta idea. El
artista presenta una gasolinera corriente como algo casi monumental. Con
su perspectiva audaz, sus líneas dramáticas y sus colores brillantes, un
lugar por el que la mayoría de la gente simplemente pasaría de largo se
convierte en el centro de atención. Ruscha tenía un don extraordinario
para encontrar significado en los lugares cotidianos de la vida diaria.
De manera similar, la oración puede parecer algo muy corriente. A menudo
pasamos de largo. Sin embargo, son esos pequeños momentos de oración los
que permiten a Dios llenar silenciosamente nuestros corazones con su
gracia. Sin ese ‘repostaje’ regular, acabamos quedándonos sin
combustible.
Itzel es una joven mexicana que cuenta su experiencia con las fuerzas del mal
La joven mexicana sufrió una posesión en 2021, gracias al Santuario de Guadalupe pudo sanar y encontrarse con Dios.
Itzel era una joven mexicana que acababa de terminar sus estudios con notas excelentes, había hecho, incluso, un master. Sin embargo, cuando llamaba a las puertas de las empresas, nadie le daba trabajo. En ese ambiente de frustración decidió acudir a hacerse una limpia a un lugar donde hacían wicca (disciplina vinculada con la brujería y el esoterismo).
A partir de ahí, todo se torció. En el establecimiento le hablaron maravillas de esta práctica en la que están presentes elementos de la naturaleza, hadas… A Itzel le gustó tanto lo que ahí se hacía, que quiso quedarse a aprender. El portal mexicano Desde la Fe ha contado recientemente su impresionante testimonio.
Algo entró en ella
Poco después de que la joven empezara a conocer más de fondo la wicca, empezó a dedicarse a ella a tiempo completo. Cobraba por leer oráculos, hacia sanaciones, limpias y demás. Económicamente comenzó a irle muy bien. Había encontrado el trabajo y los ingresos que estaba buscando.
Itzel se dedicaría a esta práctica durante más de seis años. Hasta que a finales de agosto de 2021, una madrugada, mientras dormía, sintió que algo se le metía de pronto en el cuerpo. Se levantó, fue a ver a su madre, se lo contó, peo ahí quedó la cosa.
Al día siguiente, Itzel habló con su padre y le dijo que se sentía muy mal, le explicó lo que había pasado durante la madrugada. Su padre no entendía nada, pero creía a su hija, por el estado en el que esta se encontraba. La llevó a una persona que se dedicaba a cosas esotéricas, quien les dio una respuesta tajante: "La chica tiene una posesión demoniaca".
«Prefiero la luz»
La joven no creyó a esa persona, pero por la noche, estando despierta, su situación empeoró, y empezó a escuchar una voz. Perdió el control de su cuerpo, le daban una especie de ataques epilépticos y arrojaba un vómito blanco y espumoso por la boca.
La voz le decía: «¿Quieres una casa? ¿Quieres un coche? ¿Te gustaría tener mucho dinero?». Itzel, muy asustada, le respondió que no. La voz, entonces, le volvió a preguntar: «¿Quieres lo que te ofrezco, o prefieres la luz?». Itzel, que era completamente ajena a las cosas de la Iglesia, le contestó que prefería la luz. La respuesta de Itzel (en maya quiere decir «lucero del atardecer») no iba a agradar a la voz. La situación se complicó un poco más.
Aquella misma noche, Itzel iba a sentir una auténtica tortura, recibiría patadas por todo el cuerpo. "Deduzco que eran varios los que me pateaban, porque la orden que la voz dio fue: '¡Péguenla'", comenta la joven. Tras aquella paliza su cuerpo se llenó de moratones. Itzel, atemorizada, tiró todas sus cosas de la wicca: calderos, cartas y todo lo que había comprado.
En las manos de María
Pero, en las siguientes noches, las agresiones iban a ser más violentas. "Sentía que me quemaban, violaban y crucificaban. Las órdenes que daba aquella voz decían: 'Quemen al pececito'", asegura la joven. Itzel cuenta que su madre llegó un día a escuchar esa misma voz.
Itzel recuerda dos noches especialmente difíciles. En una de ellas se puso a rezar, y cuando giró la cabeza vio que había una sombra con cuernos. Cerró los ojos, respiró hondo, volvió a mirar y vio que los cuernos eran como los de uno de los dioses que participaban en la wicca.
En la segunda noche, iba a sentir que la ahorcaban y, mientras eso ocurría, la voz le dijo: "Te voy a matar ahora". "Pero, esa vez, yo misma le ordené: 'Sí, mátame'. Me giré para ver un cuadro de la Virgen, que mi madre tenía colgado en la pared, y le dije a Ella: 'Me pongo en tus manos, virgencita. Si voy a morir ahora, está bien; pero que sea en tus manos'. Y la agresión comenzó a remitir", relata Itzel.
«¿Para qué le rezas?»
La joven vivía muy cerca del Santuario de la Virgen de Guadalupe, por lo que un día decidió acudir a allí. "Me dirigí inmediatamente a Capuchinas (uno de los templos del complejo), pero no pude estar y me salí. Estuve caminando, no podía permanecer en ningún lado. Decidí, entonces, ir por el Jardín de las Bienaventuranzas, y me coloqué frente a la estatua de Cristo Rey. Me arrodillé, me puse a llorar y le dije que me ayudara, que me perdonara", comenta.
A los pies de Cristo Rey era el único lugar donde Itzel se sentía segura. Sin embargo, estando allí arrodillada, volvió a oír la voz, que le decía: "Tú ya estás del lado del infierno, ¿para qué le rezas a Él?". Así que la joven le pidió con más fuerza: "¡Ayúdame, por favor!".
A raíz de aquello, los días siguientes se le pusieron los ojos como si tuviera hepatitis, pero en lugar de amarillo, en rojo. Su padre, preocupado, fue de un lado a otro tratando de conseguir ayuda. Todo era inútil, hasta que le hablaron de un sacerdote que estaba allí mismo, en el complejo de Guadalupe.
«No consigo nada»
Pero, para entonces, Itzel ya no podía dormir, no comía, y la voz le seguía diciendo todo el tiempo "majaderías". Su padre decidió citarle con el sacerdote que le habían recomendado. La joven acudió y le contó todo lo que le ocurría. "Mientras hablaba con el padre comencé a retorcerme y a vomitar blanco. Así que él me derivó a un exorcista", explica Itzel.
Cuando la joven se encontró con el segundo sacerdote, este empezó a hacerle preguntas sobre su vida. "Mientras le hablaba de la wicca, el padre corrió hacia a mí y comenzó a rezar. De pronto, ya no supe nada de mí. Cuando reaccioné, me estaba retorciendo", confiesa. El sacerdote siguió rezando y comenzó a calmarse.
Desde aquel momento, la joven acude regularmente a encontrarse con el sacerdote. "Recuerdo en una ocasión, que iba de camino a verlo, escuché nuevamente la voz, que decía: 'Estoy siempre peleando con esta y no consigo nada'". Aunque siguieron las agresiones por algún tiempo, poco a poco comenzaron a desaparecer.
"Ahora voy a la iglesia todos los domingos, rezo diariamente el Rosario y la coronilla de la Divina misericordia… Mi vida es como un renacer", comenta. Itzel, a día de hoy, llora de emoción muchas veces al recordar aquellos momentos en el que la imagen de la Virgen, y de su hijo, le salvaron la vida.