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viernes, 1 de mayo de 2026

¿Qué son las “buenas costumbres” para la Iglesia Católica?

Una frase que parece que ha caído en desuso se enfoca en las "buenas costumbres" que no solo se usa en la sociedad, también en la Iglesia católica.

En la época que corre suena anacrónico escuchar a alguien referirse a la "moral y buenas costumbres", sin embargo, son valores y actitudes que no se relacionan con una moda sino con algo más profundo, sobre todo cuando se trata de la Iglesia Católica.

Qué dice el Catecismo

Suele encontrarse la expresión “fe y costumbres” al referirse a la doctrina católica. Es cierto que se encuentra más frecuentemente en textos antiguos, pero también aparece en los más recientes; por ejemplo, podemos verlo en el nº 890 del Catecismo de la Iglesia Católica:

La misión del Magisterio está ligada al carácter definitivo de la Alianza instaurada por Dios en Cristo con su Pueblo; debe protegerlo de las desviaciones y de los fallos, y garantizarle la posibilidad objetiva de profesar sin error la fe auténtica. El oficio pastoral del Magisterio está dirigido, así, a velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad que libera. Para cumplir este servicio, Cristo ha dotado a los pastores con el carisma de infalibilidad en materia de fe y de costumbres.

Moral y buenas costumbres en la Iglesia Católica

¿Qué significa aquí costumbres? No significa "usanzas", como si la forma de hacer las cosas fuese intocable. La respuesta es brevísima, aunque se puede añadir una explicación.

La palabra “moral” procede del latín; en concreto del término mos (mos-moris), que significa costumbre.

En latín, además de lo que entendemos por costumbre, significaba también “las buenas costumbres”, o sea, el nivel ético que mostraba una persona, al menos en público.

De ahí pasó al cristianismo, que lo utilizó para designar la moral.

Traducido, en más de una ocasión se empleó la expresión “buenas costumbres”, pero con el tiempo se ha quedado, en la mayoría de los casos, en “costumbres” a secas.

Total, que en la Iglesia católica “fe y costumbres” es lo que hay que creer y lo que hay que vivir. Fe y moral.

Julio de la Vega-Hazas, Aleteia

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¿Por qué se dice que la oración es una batalla espiritual?

Michał Archanioł

La oración es una lucha, hasta tal punto que el Catecismo de la Iglesia Católica llega a calificarla de "batalla espiritual".

En términos generales, la oración puede parecer bastante insulsa para quien la observa desde fuera. La mayoría de las veces se asocia con una actitud serena y con sentimientos de alegría y felicidad. Sin embargo, la Iglesia católica la define como una batalla espiritual.

¿Por qué es así?

El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica en su apartado sobre la oración:

La oración es a la vez un don de la gracia y una respuesta decidida por nuestra parte. Siempre supone un esfuerzo. Las grandes figuras de la oración de la Antigua Alianza anteriores a Cristo, así como la Madre de Dios, los santos y él mismo, nos enseñan esto: la oración es una lucha (CEC 2725).

La oración es una lucha porque requiere esfuerzo.

Si bien es cierto que la oración es un don y que dependemos de las numerosas gracias de Dios durante la oración, también debemos esforzarnos por orar.

Si no intentamos orar, probablemente nunca lo haremos.

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Los enemigos de la oración

Por eso la Iglesia lo llama "lucha", ya que la mayoría de las veces se trata de una lucha contra nosotros mismos:

¿Contra quién? Contra nosotros mismos y contra las artimañas del tentador, que hace todo lo posible por alejar al hombre de la oración, de la unión con Dios.

Como afirma el Catecismo, la oración no es solo una batalla contra nosotros mismos, sino también contra Satanás y sus fuerzas demoníacas.

El diablo no quiere que estemos unidos a Dios, y por eso hace todo lo posible para impedir que recemos.

También intentará distraernos o tentarnos durante la oración, con la esperanza de pillarnos desprevenidos.

De este modo, la oración nunca es realmente pasiva, un momento en el que nos sentamos tranquilamente y disfrutamos de las gracias de Dios. Aunque esa experiencia es sin duda posible, para alcanzar tal paz debemos luchar contra los numerosos enemigos que intentan impedir nuestra unión con Dios.

La clave está en convertir la oración en un hábito y esforzarnos continuamente por luchar contra las fuerzas que se nos oponen.

Una lucha espiritual constante

Oramos tal y como vivimos, porque vivimos tal y como oramos. Si no queremos actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo, tampoco podemos orar habitualmente en su nombre. La "lucha espiritual" de la nueva vida del cristiano es inseparable de la lucha de la oración.

Mientras sigamos respirando en esta tierra, tendremos que luchar durante la oración.

Solo al final de nuestras vidas podremos descansar en los brazos amorosos de nuestro Padre bondadoso.

Philip Kosloski, Aleteia

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