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martes, 21 de julio de 2026

Evangelio del día Martes 16a. Semana T O


 

San Alberico Crescitelli , Beato Cristóbal de Santa CatalinaMás...

Libro de Miqueas 7,14-15.18-20.

Apacienta con tu cayado a tu pueblo, al rebaño de tu herencia, al que vive solitario en un bosque, en medio de un vergel. ¡Que sean apacentados en Basán y en Galaad, como en los tiempos antiguos!
Como en los días en que salías de Egipto, muéstranos tus maravillas.
¿Qué dios es como tú, que perdonas la falta y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia? El no mantiene su ira para siempre, porque ama la fidelidad.
El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados.
Manifestarás tu lealtad a Jacob y tu fidelidad a Abraham, como juraste a nuestros padres desde los tiempos remotos.


Salmo 85(84),2-4.5-6.7-8.

Fuiste propicio, Señor, con tu tierra,
cambiaste la suerte de Jacob;
perdonaste la culpa de tu pueblo,
lo absolviste de todos sus pecados;

reprimiste toda tu indignación
y aplacaste el ardor de tu enojo.
¡Restáuranos, Dios, salvador nuestro;
olvida tu aversión hacia nosotros!

¿Vas a estar enojado para siempre?
¿Mantendrás tu ira eternamente?
¿No volverás a darnos la vida,
para que tu pueblo se alegre en ti?

¡Manifiéstanos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación!


Evangelio según San Mateo 12,46-50.

Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él.
Alguien le dijo: "Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte".
Jesús le respondió: "¿Quién es mí madre y quiénes son mis hermanos?".
Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: "Estos son mi madre y mis hermanos.
Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
monja benedictina
El Heraldo, IV (SC 255. Œuvres spirituelles, Cerf, 1978), trad. sc©evangelizo.org


Hacer la voluntad del Espíritu Santo

Gertrudis escuchó atentamente la epístola (2 Cor 6,1-10) queriendo elegir, entre las virtudes enumeradas, las más útiles para imitar y enseñar a los demás. Cómo no recibía ninguna luz en su espíritu sobre esta materia, dijo al Señor: “Enséñeme, mi bondadoso amante, cuáles son las virtudes para servirlo para su mayor agrado. No puedo aplicarme a cada una de ellas, aún con un esfuerzo extraordinario”.
El Señor respondió: “Fíjate bien que, entre la enumeración de las virtudes, se encuentran insertadas estas palabras: “en el Espíritu Santo” (cf. 2 Cor 6,6). El Espíritu Santo es buena voluntad, debes cuidar especialmente de poseer una buena voluntad. Así podrás tener el resplandor y la perfección de todas las virtudes, porque la buena voluntad, ella sola, recibe más que todo los que podríamos realizar o adquirir con actos. Quien con toda su buena voluntad busca ir más allá de recibir la alabanza de otras criaturas, que quiere agradecerme, amarme y tener compasión por mis dolores, se ejercita en todas las virtudes lo más perfectamente posible. Sin dudas, a él mi divina generosidad le renderá ampliamente el valor de inmensidades, que nunca el hombre hubiera podido realizar con sus obras”.
Entonces, el Espíritu Santo, el Paráclito, avanzando en el centro y teniéndose frente al alma, comenzó a inundar todo con la maravillosa luminosidad del esplendor divino (…), mientras el alma podía ver al descubierto la enormidad de su propia veleidad. Así, por acción del esplendor divino, totalmente despojada de veleidad, el alma tuvo la felicidad de estar sumergida en la fuente viva de la inextinguible Luz.   (EDD)

Reflexión sobre el cuadro

En el Evangelio de hoy encontramos la primera mención a la madre de Jesús en el relato de Mateo desde las historias de su infancia. La última vez que oímos hablar de María y José, estaban protegiendo al niño Jesús de la violencia del rey Herodes, huyendo a Egipto y regresando más tarde a casa tras la muerte de Herodes. Ahora, muchos años después, Jesús ha iniciado su ministerio público y su familia viene a buscarlo.

Al principio, la respuesta de Jesús puede parecer sorprendente, incluso inquietante. Cuando le dicen que su madre y sus parientes le esperan fuera, señala a sus discípulos y afirma que ellos son su verdadera familia: aquellos que cumplen la voluntad de su Padre celestial. Sin embargo, esto no supone un rechazo a María; más bien, revela el nacimiento de un nuevo tipo de familia, una que no está unida por lazos de sangre, sino por la fe y el seguimiento de Jesús. La propia María ya había empezado a aprender esta lección años antes, cuando Jesús, con doce años, se quedó en el Templo y recordó amablemente a sus preocupados padres que debía ocuparse de los asuntos de su Padre.

Los Evangelios sugieren que la vocación de María incluía la dolorosa gracia de dejar que su Hijo se entregara cada vez más plenamente a la misión que Dios le había confiado. Al hacerlo, se convirtió no solo en la madre de Jesús según la carne, sino también en la madre de todos los que le siguen. A través de nuestro bautismo, entramos en esta familia más amplia de la fe: Dios se convierte en nuestro Padre, Cristo en nuestro hermano y María en nuestra madre. A través de la fe, se nos concede una nueva familia, que se suma a nuestra familia de sangre.

Apreciamos, con razón, a las familias en las que nacimos. En la mayoría de los hogares, las fotografías de padres, hijos, abuelos y seres queridos se encuentran repartidas por estanterías, repisas de chimenea y mesitas de noche. De vez en cuando nos detenemos a mirarlas y, en un instante, nos transportan a momentos preciosos que hemos compartido juntos. Esas imágenes nos recuerdan que nuestra identidad está profundamente arraigada en las familias en las que nacemos.

Este deseo de preservar el recuerdo de la vida familiar no es nada nuevo. Mucho antes de la invención de la fotografía, se encargaban a los artistas retratos familiares, en los que no solo se captaban los rasgos individuales, sino también los lazos que unían a una generación con otra. Quizá ningún pintor sea más famoso por ello que Anthony van Dyck, cuyos magníficos retratos de familias reales y nobles siguen figurando entre las grandes obras del arte europeo. Nuestro cuadro fue el primer encargo que recibió Van Dyck tras su nombramiento como pintor de la corte de Carlos I en 1632. En él aparecen Carlos y su reina, Enriqueta María de Francia, con sus dos hijos mayores: el príncipe Carlos, que más tarde sería el rey Carlos II, de pie ante su padre, y la princesa María en brazos de su madre. Al fondo se vislumbra la silueta del Parlamento y del Westminster Hall, y posiblemente la Torre del Reloj. Estas obras nunca se limitaron a reflejar el estatus o la apariencia; expresaban la continuidad y el sentido de pertenencia a las familias que amamos.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia, de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.
Amén.

(Papa Francisco, Amoris Laetitia, 325)

domingo, 7 de junio de 2026

5 consejos prácticos para enseñar a los niños a rezar el Rosario

 


¿Tus hijos se distraen cuando intentan rezar el Rosario? No te preocupes: la oración en familia no necesita ser perfecta para dar fruto. Estos 5 consejos prácticos pueden ayudarte a acercar a los niños a esta oración de una manera natural.

La aplicación católica Theo, que busca ayudar a las familias a integrar la oración en la vida cotidiana, recuerda que rezar con los más pequeños muchas veces puede ser desordenado, breve y lleno de distracciones… y eso está bien.

“Lo importante es estar juntos y ayudar a tus hijos a descubrir que la oración es una relación real con Dios”, señala la aplicación.

Por ello, Theo comparte cinco consejos sencillos para ayudar a los niños a participar con mayor atención y alegría en el rezo del Rosario.

1) Dale a cada niño una “misión especial”

Asigna a cada uno una decena y un misterio. Permíteles guiar esa parte, ayudando a la familia a enfocarse en lo que ese misterio quiere enseñar.

2) Si no logran terminar todo el Rosario, ¡está bien!

Un poco de oración siempre es mejor que nada. Y con el tiempo, tu familia podrá ir creciendo hasta rezar el Rosario completo.

3) Deja que tus hijos escojan su propio Rosario

Cuando algo se siente “suyo”, se conectan más y participan con más ilusión. Se vuelve algo personal y los invita a hacer propia su vida de oración.

4) Crea un ambiente de oración y amor

Baja un poco las luces, enciende una vela. Esto les ayuda a calmarse, a concentrarse y a reconocer que este momento está apartado para Dios.

5) Dibujen o coloreen juntos una imagen del Rosario

Cada cuenta puede representar un Ave María. Mientras rezan, tus hijos pueden colorear una cuenta a la vez. Esto les ayuda a mantenerse atentos de una forma visual y creativa.

Un pequeño paso que puede transformar su vida espiritual

Rezar el Rosario con niños probablemente será imperfecto, pero eso no significa que Dios no esté actuando. Cada oración en familia, incluso la más sencilla, puede convertirse en una semilla de fe en el corazón de los hijos.

“Poco a poco, aprenderán a rezar… no solo con sus palabras, sino también con el corazón”, destaca Theo.

Puedes encontrar más herramientas y recursos para ayudar a los niños a acercarse a Dios en la aplicación Theo.

Harumi Suzuki, churchpop

Vea también   Perdió su Rosario en la casa
de un pastor potestante


martes, 17 de marzo de 2026

Cómo es el amor verdadero, según Amoris Laetitia

 

El 19 de marzo de 2026 se cumplirán diez años de la publicación de Amoris Laetitia, segunda exhortación apostólica del pontificado del Papa Francisco. En el marco de este aniversario, Aleteia hace un repaso de sus enseñanzas

El 19 de marzo de 2016, el Papa Francisco le regaló al mundo su exhortación apostólica Amoris Laetitia, resultado de los dos sínodos de 2014 y 2015 sobre las familias.

Este documento habla, principalmente, sobre el amor, la familia, la fecundidad, la educación de los hijos y la pastoral familiar.

Hoy, a diez años de su publicación, Aleteia rescata la explicación del amor verdadero que el documento ofrece a partir del Canto de la caridad de san Pablo. 

El amor verdadero

1El amor es paciente

Esto se refiere a no agredir dejándose llevar por los impulsos.

“La paciencia de Dios es ejercicio de la misericordia con el pecador y manifiesta el verdadero poder”, escribió Francisco.

Esta paciencia se afianza, dice el Papa, al reconocer que “el otro también tiene derecho a vivir en esta tierra junto a mí, así como es”.

2Es servicial

En hebreo, amar es “hacer el bien”. San Pablo aclara que el amor no es solo un sentimiento, sino una actividad que acompaña a la paciencia.

En el servicio, experimentamos “la felicidad de dar, la nobleza y la grandeza de donarse sobreabundantemente, sin medir, sin reclamar pagos, por el solo gusto de dar y de servir”.

3No tiene envidia

¿Por qué la envidia es lo contrario al amor? Porque “mientras el amor nos hace salir de nosotros mismos, la envidia nos lleva a centrarnos en el propio yo”.

En este punto, se hace elemental aceptar que “cada uno tiene dones diferentes y distintos caminos en la vida” para dejar de ver los logros y alegrías del otro como una amenaza.

“El amor nos lleva a una sentida valoración de cada ser humano, reconociendo su derecho a la felicidad” 

4No hace alarde, no es arrogante

Amoris Laetitia aclara: quien ama “sabe ubicarse en su lugar sin pretender ser el centro”.

En esta contraposición del amor con la vanagloria, la arrogancia y el -equivocadamente- sentirse superior aparece una de las virtudes más importantes: la humildad.

“La actitud de humildad aparece aquí como algo que es parte del amor, porque para poder comprender, disculpar o servir a los demás de corazón, es indispensable sanar el orgullo y cultivar la humildad”, explica Francisco.

5No obra con dureza

“El amor no obra con rudeza, no actúa de modo descortés, no es duro en el trato”; en cambio, actúa con amabilidad. Esto se lleva a la vida en las formas, las palabras -en las que se dicen y en las que se callan- y en los gestos.

En la familia: “Una mirada amable permite que no nos detengamos tanto en sus límites, y así podamos tolerarlo y unirnos en un proyecto común, aunque seamos diferentes”.

6No busca su propio interés

El documento cita a santo Tomás de Aquino para recordar que “pertenece más a la caridad querer amar que querer ser amado”.

“El amor puede ir más allá de la justicia y desbordarse gratis, ‘sin esperar nada a cambio’ (Lc 6,35), hasta llegar al amor más grande, que es ‘dar la vida’ por los demás (Jn 15,13)”.

7No se irrita

Este punto se refiere a “una reacción interior de indignación provocada por algo externo. Se trata de una violencia interna, de una irritación no manifiesta que nos coloca a la defensiva”.

Ante esta indignación, Amoris Laetitia invita a seguir el Evangelio: mirar la viga en el propio ojo.

“Una cosa es sentir la fuerza de la agresividad que brota y otra es consentirla, dejar que se convierta en una actitud permanente”

8No lleva cuentas del mal

Lo contrario a llevar cuenta del mal -o ser rencoroso- es el perdón. Ese perdón, explica el documento, “se fundamenta en una actitud positiva, que intenta comprender la debilidad ajena y trata de buscarle excusas a la otra persona”.

Para vencer el rencor hace falta dejar la tentación de imaginar y suponer el mal de la otra persona, pues de no hacerlo, aparece la sed de venganza.

“Ppoder perdonar necesitamos pasar por la experiencia liberadora de comprendernos y perdonarnos a nosotros mismos”, pero sobre todo, de sabernos perdonados por Dios.

9No se alegra de la injusticia, goza con la verdad

Alegrarse por el bien del otro, por sus logros y el reconocimiento de sus capacidades y buenas obras solo es posible cuando dejamos de competir y compararnos.

“Cuando una persona que ama puede hacer un bien a otro, o cuando ve que al otro le va bien en la vida, lo vive con alegría, y de ese modo da gloria a Dios”.

10Todo lo disculpa

Disculpar todo en este texto tiene que ver con  “guardar silencio” sobre los defectos del otro. “Implica limitar el juicio, contener la inclinación a lanzar una condena dura”.

“El amor convive con la imperfección, la disculpa, y sabe guardar silencio ante los límites del ser amado”

11Cree todo

La confianza permite una relación de libertad. No es necesario controlar y vigilar, tampoco vivir alimentando sospechas. “El amor confía, deja en libertad, renuncia a controlarlo todo, a poseer, a dominar”.

Esa libertad, nos enseña Francisco, “permite que la relación se enriquezca y no se convierta en un círculo cerrado sin horizontes”; pero también permite la sinceridad y la transparencia.

12Espera todo

El término griego del que deriva esta frase significa que “sobrelleva con espíritu positivo todas las contrariedades”. Es decir, mantenerse firme aún en lo hostil, amar aún cuando la situación invita a hacer lo contrario.

“La persona fuerte es la persona que puede romper la cadena del odio, la cadena del mal”.

Majo  Frías, Aleteia

Vea también    La espiritualidad en familia