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miércoles, 14 de octubre de 2020

Cómo luchar contra el daño que provoca la pornografía

 


El sacerdote Patxi Bronchalo publica ‘Cuando el sexo te atrapa’, un libro donde ayuda a luchar contra un vicio que daña profundamente el alma

“No mucha gente habla de ello”, me dice Patxi Bronchalo. Pero es el contenido más buscado en Internet. En la época en la que vivimos -con una sociedad hipersexualizada– nos encontramos con que la pornografía está a un bolsillo de distancia, y que podemos acceder a ella en cualquier momento con dos clics.

Si buscas en Internet, te encontrarás artículos que defienden el porno e incluso los beneficios que pueden ocasionar para la salud. La masturbación es otro tema, aunque va ligado muy directamente a la pornografía. En cambio tal vez no encuentres con tanta facilidad los testimonios de personas en todo el mundo, a las que de una forma o de otra, esta industria ha dañado profundamente.

El sacerdote, escritor y youtuber, Patxi Bronchalo, se ha encontrado en el confesionario con muchas de estas personas heridas: “Es un problema que me encuentro mucho en el confesionario, por parte de hombres y mujeres”.

El mal que provoca la pornografía

Hay mucha gente que aboga por un ‘porno ético’. Pero ¿son admisibles esas dos palabras en un mismo término? “La pornografía es la exposición del cuerpo para que sea usado para la excitación sexual. Y sí, hablamos de usar. Decía San Juan Pablo II que lo contrario a amar es usar. Esto se dice muchas veces desde el desconocimiento”.

La pornografía “tiene muchas consecuencias físicas, psíquicas y morales. Te puede llevar a la prostitución, a la eyaculación precoz, a tener problemas de impotencia, de autoestima y otros problemas psicológicos. Te empiezas a creer una serie de mentiras…”

Y no es ninguna broma, puesto que en adicciones severas “puede haber consecuencias familiares. Puede ser motivo de crisis de pareja, familiares, consecuencias laborales, pérdida de rendimiento, faltar a las obligaciones…. Y por supuesto también consecuencias espirituales, porque te hace perder la imagen de Dios. Mucha gente pierde ese querer volver a Dios pensando que no hay salida. Viene la tristeza o los problemas de ansiedad”.

La pornografía da una imagen equivocada de la sexualidad y eso provoca que se esté educando a “que esto es la sexualidad y da una falsa imagen de lo que es el sexo, de quién es el hombre y de quién es la mujer. Es una gran mentira, aunque quieran llamarlo ético”, explica Bronchalo.

PATXI
@PatxiBronchalo

Pero a pesar de todo lo que puede hacer esta industria en nuestras vidas, Patxi quiere dar un mensaje de esperanza. “El 100% de los jóvenes que tienen este problema no lo tienen porque hayan entrado culpablemente, sino porque en la adolescencia han caído en sus manos imágenes, vídeos… Y en un segundo momento uno descubre que está enganchado y que no lo puede dejar. Cuando viene una persona con este problema siempre hay que acogerlo. Esta lucha puede ser larga porque toca las heridas afectivas, los vicios son difíciles de quitar, genera mucha culpa y vergüenza… pero no hay que desanimarse”.

El porno como pecado

Existe un segundo plano en esta materia. Ya no se trata solo del mal objetivo que me hace el consumo de estos vídeos o imágenes. Para los que tenemos fe, el porno es un pecado. Pero… ¿cuánto?

“En una persona joven que está enganchada hay muchos atenuantes. Atenuantes, por ejemplo, por la pérdida de libertad -así es como lo dice el catecismo-. La falta de libertad hace que esté atenuada la culpa. Hay pecados más peligrosos como el orgullo, la soberbia o la superficialidad que nos impide ver el daño que nos está haciendo. Hay obstáculos que nos impiden ver la realidad y por eso hay que tratarlo como una herida”.

Se podrían enumerar motivos para desacreditar la pornografía y no pararíamos. Personas de diferentes ámbitos, ideologías y condiciones sociales se muestran muy en contra de esta industria. Por no mencionar, precisamente que es una industria. Un negocio que mueve mucho dinero y donde es fácil que se crucen muchas líneas éticas. Creo que no es necesario convencer a nadie que lea estas líneas. Pero tú que estás al otro lado y que quieres dejarlo. Y que no puedes. ¿Qué es lo que sí que puedes hacer?

Patxi Bronchalo lo cuenta en su nuevo libro ‘Cuando el sexo te atrapa’: “Aconsejo tener un amigo con el que poder hablar de esto. Poder rendir cuentas de alguna forma, que pueda bloquear los dispositivos por ejemplo. Hay una parte de ayuda espiritual. Es muy bueno que no se pierda la imagen de Dios, y está bien poder pedir perdón, seguir comulgando… y en casos más severos acudir a un psicólogo. Hay grupos de terapia más grupal y específicos incluso para poderse acompañar. Eso sí, toda salida pasa por reconocer el problema y pedir ayuda”.

Patxi termina con un mensaje claro, contundente y que puede ser lo más importante a la hora de acometer este problema: “Dios no deja de quererte. Dios no te quiere por fuerte, si no por débil. No va a dejar de quererte nunca. No hagas esta lucha solo, pide ayuda a alguien de tu familia, a algún amigo o a algún sacerdote. Pero si conoces a una persona adecuada para esto, eso te libera y es sanador”.

Javier González García, Aleteia

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domingo, 19 de noviembre de 2017

El daño de la pornografía en el matrimonio


Nullplus - Shutterstock
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Si consideras que el porno puede servir para avisar la llama del amor, ten cuidado... porque te quemarás.

Matrimonio sexualmente aburrido; solución: pornografía… Y claro, si el mundo nos está vendiendo que hay que experimentar sensaciones, sensaCIONES, SENSACIONES -in crescendo- , a más no poder, y si a nuestro matrimonio le falta sazón pues… ¡qué mejor picante que un tercero! ¡o varios!
Así que, ¡bienvenida la pornografía a nuestro matrimonio! Todo sea en nombre del amor y por salvar nuestra relación. ¡Ah! Y por cumplir con alguna que otra fantasía… ¡Vaya engaño!
Siempre supe que la pornografía existía pero no fue hasta que me divorcié que, platicando con amigas, me di cuenta que es muy común entre las parejas. Cada vez que escuchaba esas pláticas de verdad se me volteaban los ojos de la impresión e incredulidad porque en mi matrimonio jamás ha entrado en ese tipo de aberraciones.
Todo eso me llevó a reflexionar sobre este común denominador de muchas parejas divorciadas: el uso habitual y recurrente de la pornografía. Es incluso recomendación de terapeutas a los que habían acudido para solucionar sus conflictos matrimoniales. Se la recomendaban para “avivar la llama de su amor” y mantenerlos unidos. Pues yo digo que fue tal la llama que avivaron que acabaron quemándose…
No seamos tontos. La pornografía lejos de unir nuestro matrimonio lo destruye desde lo más profundo. Impide vivir una sexualidad plena y nos separa sencillamente porque se ha situado entre los dos.
Te comparto alguna de las razones por las que no conviene invitar a la pornografía a tu matrimonio.
  • Destruye la autoestima. Una de las sensaciones más espantosas que una persona puede experimentar es ver cómo alguien atraiga a tu cónyuge para poder tener intimidad conyugal con él. Uno llega a pensar que no es suficiente para el otro.
  • Denigra a la mujer. Hay un estudio que arrojó resultados sobre la relación de el hombre que ve porno con su mujer. Al parecer es más probable que quiera que su mujer sea esclava, agachona y subyugada a él y a sus deseos. La mujer se percibe como objeto de placer.
  • Si hay problemas en el matrimonio, la pornografía solo los empeora. Es tal la ceguera espiritual que entra a través del porno que difícilmente encuentran la raíz del problema matrimonial. Es más, no tienen ni la capacidad de buscarla porque la adrenalina sexual es lo único que, de momento, les mantiene unidos. Es casi imposible ver más allá. Total, en la cama se lo pasan requetebién, y lo demás… pues ya es lo de menos. Con una actitud así los conflictos se incrementarán y la relación terminará muy mal.
Frente a todo esto es importante afirmar que es posible vivir una sexualidad más que satisfactoria como fruto del amor entre los esposes. No es necesario para eso denigrar nuestra persona y de olvidarnos de que nuestros cuerpos poseen una dignidad que hay que embellecer y proteger. Para poder vivir nuestra intimidad conyugal de forma sana y completa será pues necesario descubrir la raíz de nuestra relación. Es decir, trabajar entre otras cosas en sanar todo aquello que nos está impidiendo vivirla de esa forma.  No abras puertas que después serán dificilísimas de cerrar. La pornografía es hija de la infidelidad conyugal y es un atentado directo contra tu dignidad y la de tu matrimonio. Si están viviendo algo parecido, por favor busquen y encuentren apoyo urgente.

 Luz Ivonne Ream, aleteia

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