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viernes, 27 de marzo de 2026

Famoso actor iba a ser infiel pero se le aparecieron dos «diablas»: «Me puse a llorar en el motel»

El colombiano Juan Pablo Obregón reconoce haber sido librado por Dios de un gran pecado.

"Empecé a llorar, les pedía perdón. Les decía: 'soy un hombre casado, amo a mis hijos y a mi esposa'", contó el actor.

El famoso actor colombiano Juan Pablo Obregón confesó en Se Dice De Mí, de Caracol Televisión, que Dios impidió que fuera infiel a su mujer. 

Obregón es conocido por su paso por grandes producciones como Padres e Hijos, y por su cambio de vida desde hace algunos años, que le llevó a convertirse en misionero. Actualmente está casado y tiene seis hijos.

Una intervención divina

El actor reveló en televisión que, años atrás, tuvo una doble vida, aunque era un hombre casado fuera de su casa consumía drogas y le era infiel a su pareja. Esa situación cambió radicalmente tras una experiencia espiritual que tuvo en un motel.

Según detalló Obregón, todo ocurrió un día en el que llegó junto a un amigo y dos mujeres a un motel, dispuesto a engañar a su esposa. "Yo había perdido el respeto hacia la mujer. Se acuestan ellas dos en la cama y yo les digo: 'esperen un momentico'". En ese momento fumó marihuana, pues "no era capaz de ser infiel si no lo hacía".

Algo inexplicable ocurrió, que hoy en día él y su esposa lo interpretan como una intervención divina. "Yo las volteó a mirar y no las vi así, pero me acordé de una película que se llama El abogado del diablo, con Keanu Reeves, donde él está acostado en la cama y ellas son diablas".

La escena de la película fue un reflejo para el actor en ese momento, lo que le llevó a reflexionar sobre lo que estaba haciendo con su vida y cómo esto estaba afectando a su familia.

"Empecé a llorar en pleno motel, les pedía perdón a ellas. Les decía: 'yo soy un hombre casado, yo amo a mis hijos y a mi esposa'", reveló el actor.

Pero, esa no fue la única situación que cambió el rumbo en la vida de Juan Pablo Obregón y su familia. A esta experiencia se sumó que su esposa, Ana María Malagón, un buen día descubrió la doble vida que llevaba fuera de su casa.

Un día, el actor salió a jugar baloncesto y olvidó su teléfono en la casa. Su esposa empezó a revisarlo y encontró todas las conversaciones que guardaba. "Tuvo dos horas y media para buscar en mi celular y se da cuenta de una segunda vida que yo llevaba desde hace años. Vio conversaciones, vio fotografías", recordó.

La propia Ana María Malagón detalló que "descubrir esto fue como sentir que yo lo había hecho. Lo que uno no entiende es que cuando uno se casa se hace una sola carne, entonces lo que hace tu esposo es como si tú lo hicieras. Yo me sentía sucia".

Juan Pablo Obregón y su esposa, tras esta crisis, encontraron un nuevo rumbo para su vida familiar. Sanaron y se convirtieron en misioneros católicos, lo que llegó con un nuevo propósito y estilo de vida para el actor.

ReL

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viernes, 21 de febrero de 2025

Adulterio público, ¿qué dice la Iglesia de esta situación?

 

Adulterio público

El adulterio es un pecado de escándalo y el Código de Derecho Canónico nos da una guía clara para entender cuándo se trasgreden los mandamientos de Dios.

Desde que aprendimos el catecismo presacramental para recibir la Eucaristía por primera vez, conocimos los diez mandamientos y otras leyes y reglas que nos ayudan a cumplir con nuestras obligaciones de bautizados. Por eso, aunque sabemos lo básico, la Iglesia explica, a través del Código de Derecho Canónico, que procede en casos particulares, como es el caso del adulterio público.

Ahí encontramos que  "Los cónyuges tienen el deber y el derecho de mantener la convivencia conyugal, a no ser que les excuse una causa legítima" (CIC 1151).

En cuanto al adulterio, se da el derecho a la parte inocente a perdonar o no a la parte culpable (Cann. 1141-1155). Obviamente, hay que observar algunas condiciones. Sin embargo, las dos partes siguen casadas, o como lo maneja el código "permanece el vínculo".

Y ¿qué pasa, entonces, con el adulterio público, qué es y cómo afecta? Para saber más acerca de este tema tan actual, Aleteia entrevistó al Pbro. Lic. José Luis Solís Rincón, miembro del tribunal eclesiástico de la Diócesis de Celaya.

El adulterio como pecado

El sacerdote comenta que "el adulterio es un pecado que va contra el Decálogo". Recordemos lo que dice el libro del Levítico:

No cometerás adulterio.

Ex 20, 14

Una vez dados los Diez mandamientos, los hombres del Antiguo Testamento ya no los olvidaron e impusieron penalidades para quienes los quebrantaran:

Si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo, los dos serán castigados con la muerte.

Lev 20, 10

El adulterio público

Ahora bien, el padre Solís comenta que, cuando la situación de adulterio se da de manera oculta, es decir, solamente los involucrados saben que existe una relación entre una persona casada y alguien que no es su cónyuge, "se queda en el ámbito moral interno".

Entonces, ¿cuándo se trata de un adulterio público? "cuando uno de los dos cónyuges ya está separado y decide unirse a otra persona que no es su esposo o esposa. Ya en ese caso, por el hecho de vivir juntos y decidir, incluso, formar una familia es un adulterio público, porque es a la vista de todos".

Para que que no quede en duda, el presbítero agrega que "aunque se casen civilmente, canónicamente la persona no es su esposo o esposa".

Qué dijo Jesús al respecto

Es necesario recordar que esta advertencia la hizo Jesús cuando predicó a su pueblo, para que sus discípulos lo difundieran a todos los que creyeran. Y también queda claro que nunca dijo que esa ley cambiaría. El Señor enseñó lo siguiente, de acuerdo con el Evangelio de san Marcos:

El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio».

Mc 10, 11-12

No hay fecha de caducidad. Por eso, quienes reciban el sacramento del matrimonio deben estar ciertos de que han tomado la mejor decisión de sus vidas y que con la ayuda de Dios, tendrán una buena vida conyugal porque el Señor mismo los acompañará siempre.

Mónica Muñoz, Aleteia

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