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martes, 6 de octubre de 2026

Evangelio del día martes 27a semana del tiempo ordinario - Memoria de San Bruno


 

Carta de San Pablo a los Gálatas 1,13-24.

Hermanos:
Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba,
y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, en mi exceso de celo por las tradiciones paternas.
Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gracia, se complació
en revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre
y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y después regresé a Damasco.
Tres años más tarde, fui desde allí a Jerusalén para visitar a Pedro, y estuve con él quince días.
No vi a ningún otro Apóstol, sino solamente a Santiago, el hermano del Señor.
En esto que les escribo, Dios es testigo de que no miento.
Después pasé a las regiones de Siria y Cilicia.
Las Iglesias de Judea que creen en Cristo no me conocían personalmente,
sino sólo por lo que habían oído decir de mí: "El que en otro tiempo nos perseguía, ahora anuncia la fe que antes quería destruir".
Y glorificaban a Dios a causa de mí.


Salmo 139(138),1-3.13-14ab.14c-15.

Señor, tú me sondeas y me conoces,
tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,

y todos mis pasos te son familiares.
Tú creaste mis entrañas,
me plasmaste en el seno de mi madre:
te doy gracias porque fui formado

de manera tan admirable.
¡Qué maravillosas son tus obras!
y nada de mi ser se te ocultaba,
cuando yo era formado en lo secreto,

cuando era tejido en lo profundo de la tierra.


Evangelio según San Lucas 10,38-42.

Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude".
Pero el Señor le respondió: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas,
y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 104,


«Una mujer llamada Marta lo recibió en su casa»

     En la eternidad todos estaremos sentados a la mesa. Yo no me atrevería a decirlo si no fuera porque el mismo Señor lo promete. Promete una gran recompensa a sus servidores porque les dice: «Los hará sentar a la mesa y uno a uno los irá sirviendo» (Lc 12,37)... Grande es, pues, la promesa y dichoso su cumplimiento. Actuemos de manera tal que lo merezcamos; que podamos ser ayudados de manera que alcancemos este lugar en el que el Señor nos servirá a la mesa.
     ¿Qué será esta cena si no un descanso? Y ¿qué quiere decir «Él nos servirá» sino que nos saciará? ¿De qué alimento y de qué bebida? Seguramente de la misma verdad... ¿No crees que Dios te puede alimentar así, siendo así que de esta misma manera tu ojo se sacia de luz? Que sean muchos los que vean la luz ya que brilla con abundancia; aunque la vean pocos ella brilla con la misma intensidad. Esparce consuelo, pero no puede faltar; se la usa sin que ella disminuya... ¿Por qué todavía no lo entendéis? Porque estáis ocupados en muchas cosas. El trabajo de Marta os tiene ocupados; más aún: nos ocupa a todos. Porque ¿quién está dispensado de este trabajo de asistencia?...
     Por eso, amados míos, os ruego y exhorto...: esta vida, deseémosla todos juntos.Vayamos todos juntos, corriendo, hacia ella para, al llegar, permanecer en ella. Llega la hora y ésta no tendrá fin cuando el Señor nos hará sentar a la mesa para servirnos. ¿Qué nos servirá sino es él mismo? ¿Por qué buscar qué vamos a comer? –es el mismo Señor... «Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor... (Sl 27,4)---No queramos, pues, el sabor de las cosas carnales...: éstas pasarán. Si quieres hacer el oficio de Marta  ocupándote en ellas, que sea con moderación y misericordia... El trabajo pasa, el descanso vendrá, pero no se llega al descanso si no es a través del trabajo. La nave acaba su misión, se llega a la patria, pero no se llega a la patria si no es por la nave. Pero estoy seguro que no vamos a naufragar, porque somos llevados sobre el madero de la cruz.
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

San Bruno, a quien hoy conmemoramos, nació en Colonia hacia el año 1030 y se convirtió en uno de los grandes eruditos y maestros de su época. Estudió y, más tarde, impartió clases en Reims, donde se ganó una gran reputación como excelente profesor. Entre sus alumnos se encontraba el futuro papa Urbano II. Sin embargo, Bruno se fue convenciendo poco a poco de que Dios le llamaba a algo mucho más tranquilo. Hacia 1084, cuando ya había cumplido los cincuenta años, dejó atrás la vida que había conocido y, junto con seis compañeros, buscó un lugar donde pudieran dedicarse casi por completo a la oración. Su búsqueda les llevó finalmente hasta Hugo, obispo de Grenoble, quien condujo a los siete hombres a las salvajes y remotas montañas de la Chartreuse. Allí construyeron una pequeña iglesia y ermitas individuales, sentando las bases de lo que se convertiría en la Orden Cartujana.

Hay una historia maravillosa en torno a su llegada. Poco antes de que Bruno y sus seis compañeros se presentaran ante él, el obispo Hugo había tenido un sueño extraordinario en el que veía a Dios construyendo una morada en el desierto de la Cartuja, mientras siete estrellas le mostraban el camino hacia ella. Entonces, siete hombres llamaron a su puerta en busca precisamente de un lugar así de soledad. Hugo interpretó la coincidencia como un signo providencial y les ayudó a establecerse en aquel paraje montañoso y salvaje. Las siete estrellas pasarían a estar estrechamente relacionadas con la imaginería cartujana.

Nuestro cuadro, «La visión de San Bruno», fue pintado hacia 1660 por el artista barroco italiano Pier Francesco Mola. Se trata de un lienzo de gran tamaño, de casi dos metros de altura. Bruno yace casi fundido con la naturaleza salvaje, envuelto en los amplios pliegues de su hábito cartujo blanco. A su lado hay un libro, una cruz y una calavera: la Escritura, la oración y Cristo. Todo lo que necesitaba. A lo lejos, dos compañeros monjes caminan juntos, pero Bruno aparece deliberadamente separado de ellos. Esta es la vocación que él eligió: la comunidad, sin duda, pero una comunidad en la que cada monje también pasa largos períodos a solas con Dios. Incluso el paisaje parece participar en su oración. Dos grandes árboles se entrecruzan detrás de él, formando sutilmente otra cruz.

Y entonces ocurre algo. Las nubes se abren y aparecen querubines en lo alto. Bruno vuelve el rostro hacia ellos y extiende la mano, casi como si quisiera tocar lo que ve. O tal vez simplemente le ciega la luz celestial. Quizá ese sea el regalo que nos hace hoy San Bruno. La mayoría de nosotros no estamos llamados a desaparecer en las montañas de la Cartuja, pero todos necesitamos un poco de Cartuja en nuestras vidas: un lugar donde se deja a un lado el teléfono, cesa el ruido, se detiene nuestra actividad incesante y simplemente nos permitimos estar ante Dios. La vida de Bruno nos recuerda que el silencio no es la ausencia de algo; puede ser la presencia de Alguien. La tradición cartujana resume maravillosamente su espiritualidad en las palabras “Stat crux dum volvitur orbis” —“La cruz permanece mientras el mundo gira”—. El mundo sigue corriendo, cambiando, discutiendo y exigiendo nuestra atención. Pero la cruz permanece inmóvil en su centro.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

«Padre celestial, hoy te pongo en el primer lugar de mi vida. Te entrego mis pensamientos, mis planes, mi familia y cada paso que voy a dar. Ayúdame a buscar primero tu reino y tu justicia, sabiendo que lo demás vendrá por añadidura. Que mi voluntad se alinee con la tuya y que todo lo que haga hoy sea para honrar y glorificar tu nombre. En el nombre de Jesús, amén.» [1, 2, 3, 4]

Ideas clave para poner a Dios primero:

  • Inicia el día con silencio y gratitud: Dedica los primeros minutos de tu mañana a hablar con Él antes de revisar el teléfono o las preocupaciones diarias. [1]
  • Busca su guía: Apóyate en el versículo de San Mateo 6:33: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». [1]

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