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domingo, 4 de octubre de 2026

Las 2 virtudes de San Francisco de Asís que pueden cautivar al hombre de hoy 800 años después

Este domingo 4 de octubre se cumplen 800 años de la muerte de San Francisco de Asís. Los franciscanos ensalzan su figura en un jubileo que da la vuelta al mundo.

Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa por las calles de Jerusalén.

Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa por las calles de Jerusalén.


    Este domingo se cumplen 800 años de la muerte de San Francisco de Asís, uno de los santos que más ha influido en el catolicismo a lo largo de la historia. Su legado es palpable ocho siglos después y la Iglesia Católica no se entendería sin su figura, especialmente en Tierra Santa, donde la Custodia franciscana ha protegido los santos lugares desde entonces.

    De cara a esta fecha tan redonda, la Custodia de Tierra Santa entrevista a fray Cesar Viani, fraile franciscano y uno de los mayores expertos en el santo de Asís:

    ¿Qué significa celebrar los 800 años del tránsito de San Francisco?

    Creo que los centenarios son siempre una ocasión para volver a las fuentes, a los orígenes. Y por eso los 800 años marcan un momento importante para volver a esta fuente y traducirla en el presente. Esta ocasión no es celebrada solamente por nosotros, los frailes, que evidentemente estamos un poco más interesados e implicados, sino en muchos niveles, en ámbitos un tanto inesperados. Y esta es una prueba de la actualidad de Francisco, que atrae a las personas por su dimensión mística, religiosa, pero también por su dimensión fraterna de atención a la Creación. Esta amistad social que se extiende a cada persona, que el Papa Francisco evocó con su encíclica "Fratelli tutti".

    Son aspectos diferentes de la persona de Francisco, y es fácil que alguien absolutice uno solo de ellos o vea solamente ese. Pero quizá también está bien así, cada uno capta los elementos que siente más cercanos a su propia sensibilidad. Creo que Francisco tiene algo que decir al hombre y a la mujer de nuestro tiempo, ofreciendo una solución que fascina por su sencillez, por su pobreza, por la posibilidad de traducirse en la práctica sin emplear grandes medios humanos, sino con esa intensidad del corazón y de la mente que cada uno de nosotros puede poner en lo que hace.

    ¿Qué aspectos de la propuesta franciscana pueden atraer a un joven hoy?

    Creo que existen tipos muy diferentes de jóvenes hoy. Como siempre, por otra parte, pero en particular las nuevas generaciones tienen sensibilidades y expectativas diferentes que no sé si una persona anciana como yo puede comprender hasta el fondo. Creo que un elemento que todavía puede fascinar a un joven es el de la libertad y la pobreza. Y relaciono libertad y pobreza porque hablo de esa libertad que nace de una pobreza, de una concentración consciente en lo esencial.

    Esto es la pobreza, no es solo la renuncia a los bienes, sino un uso de las cosas y de los bienes sin ese vínculo que hace difícil su gestión. Un desapego interior que permite disfrutar de las cosas buenas y bellas, pero sin apropiarse de ellas. Esta dimensión, creo, es una dimensión esencial de la espiritualidad franciscana y es también algo que puede fascinar a los jóvenes, como creo que puede fascinar a toda persona.

    ¿Y es esta, por tanto, la libertad?

    En este desapego de las cosas existe una gran libertad, porque el vínculo, que es lo contrario de la libertad, es precisamente este espíritu de posesión y apropiación, que nos hace esclavos de aquello que creemos poseer y que, al final, posee nuestro corazón.

    Imaginemos a Francisco de Asís entrando hoy en una comunidad franciscana, ¿qué nos pediría que verificáramos de nuestra vida? ¿Qué buscaría y qué encontraría?

    Al final de su vida, hay una frase muy hermosa de Francisco, que, ya moribundo, se dirige a sus frailes: "Yo he hecho mi parte, la vuestra que os la enseñe Cristo."

    Lo que Francisco nos dice es, por una parte, su testimonio, que está situado hace 800 años, en su propio recorrido de vida, y, por otra, nos invita a dirigirnos a Cristo, es decir, a encontrar nosotros mismos las soluciones o, en cualquier caso, las propuestas que puedan ser útiles para el mundo de hoy. No creo que sea posible encontrarlas mediante una aplicación directa de la experiencia de Francisco a nuestro tiempo, que es tan diferente, pero creo que su invitación es a convertirnos nosotros en protagonistas de las opciones de hoy.

    Y las opciones que quizá están más en sintonía con él son también aquellas que se encuentran en el nombre que eligió para sí mismo y para sus hermanos, hermanos y menores, es decir, fraternidad y minoridad. Una fraternidad que es un vínculo de cercanía, de igualdad, de proximidad con cada persona, incluso con todas las criaturas, pero desde la minoridad, por tanto, desde una condición de pequeños, con atención a quien es más pequeño, pero también con la voluntad de no ser más grandes que aquellos junto a los cuales estamos.

    Esto es, en el fondo, lo que pone a cada persona a gusto al acercarse a San Francisco, no lo ve como alguien que está sobre un pedestal, sino como alguien que va y camina a su lado como hermano y menor.

    ¿Qué une tan profundamente a Francisco con Tierra Santa? ¿Y qué significa hoy custodiar la intuición franciscana de venir aquí, a este lugar?

    El vínculo de Francisco con Tierra Santa está relacionado sobre todo con aquel viaje suyo a Oriente, cuando también se encuentra con el Sultán. Y propone a los hermanos dos maneras de estar en estos lugares.

    Las dos maneras son de una total actualidad también hoy. La primera es que no entablen litigios ni disputas, sino que estén sometidos a toda criatura humana y confiesen que son cristianos. La primera manera, por tanto, es la de una presencia humilde, sumisa, como hermanos y menores precisamente, confesando que son cristianos. La segunda manera dice, cuando le plazca al Señor, por tanto, no de cualquier manera y siempre, sino cuando comprendas que ha llegado el momento adecuado, anunciar la palabra del Señor.

    Creo que es concretamente la manera de estar todavía hoy en estos países, con una presencia ante todo silenciosa y sumisa y con una palabra, cuando es posible, explícita y de anuncio explícito del Evangelio. Y es la manera, me parece, con la que también los frailes han interpretado durante 800 años su presencia en estos Santos Lugares. Al mismo tiempo, sin embargo, también está la cercanía a las personas, actividades de apoyo y ayuda a las personas que están aquí y custodia de estos lugares. Una custodia vinculada a la importancia de la encarnación en la espiritualidad franciscana. El Dios que se hace carne en lugares concretos, en situaciones específicas. Y aquí los frailes custodian desde hace 800 años los lugares en los que vivió el Señor, precisamente en esta memoria de su humanidad y de su encarnación.

    ReL

    Vea también   San Francisco: Paráfrasis del Padrenuestro



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