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lunes, 21 de septiembre de 2026

León XIV distingue al pastor del mercenario: 10 lecciones a los obispos de Toribio de Mogrovejo

Escuchar, rezar o permanecer y no buscar la comodidad son algunos llamados del pontífice a los obispos desde el ejemplo de Santo Toribio, a 300 años de su canonización.

León XIV junto a un grupo de obispos durante un encuentro en el Vaticano. El Papa ha propuesto el ejemplo de Santo Toribio de Mogrovejo como modelo para el ministerio episcopal.

León XIV junto a un grupo de obispos durante un encuentro en el Vaticano. El Papa ha propuesto el ejemplo de Santo Toribio de Mogrovejo como modelo para el ministerio episcopal.


    Con motivo de los 300 años de la canonización de Santo Toribio de Mogrovejo, el Papa León XIV se ha dirigido este sábado a los obispos de Hispanoamérica y del Caribe para conmemorar diez grandes enseñanzas y actualizarlas a modo de un decálogo que orienta la actitud de los obispos ante la Iglesia, su ministerio y comunidad.

    El pontífice subraya que la carta, escrita el 8 de septiembre, no busca tanto un recorrido biográfico del que fue obispo español de Lima. Se trata más bien de un llamado a los obispos que puede leerse como un decálogo para “honrar su memoria” e “imitarlo”, deteniéndose especialmente en el modo en que vivió su ministerio.

    1º Escuchar a los fieles

    El pontífice comenzaba su mensaje recordando que el mismo Santo Toribio apenas conocía los pueblos y culturas que le fueron encomendados y que, para pastorearlas, debía adentrarse en aquella realidad y recorrerla. Así, se lee, “sus visitas pastorales y su preocupación por que el Evangelio pudiera ser anunciado en las lenguas locales fueron estrechando su vínculo con aquella tierra y sus gentes”.

    Tras advertir de que “hay realidades de una diócesis que difícilmente alcanzan un escritorio”, el obispo animó a que “la visita pastoral conserve toda su fuerza”. “Vayamos personalmente al encuentro de nuestras comunidades, escuchemos a nuestra grey y busquemos a quienes pocas veces tienen ocasión de acercarse al obispo”, remarcó.

    2º El bien de los fieles, por encima de la comodidad o el interés

    Basándose en la vida del santo español, el pontífice también llamó a “volver con frecuencia a la escuela de la cruz”, recordando que el obispo debe “permanecer junto al rebaño cuando lleguen las horas difíciles”, aun cuando esto pueda “tener un precio para el propio pastor”.

    Una actitud que puede llegar a diferenciar, en palabras del pontífice, al pastor del mercenario: “El abandono de la grey puede comenzar mucho antes de una huida visible, cuando la comodidad, el temor o los propios intereses pesan más que el bien de los fieles. El mercenario calcula lo que puede perder; el pastor sabe que algo de sí habrá de entregar para permanecer fiel”.

    3º La santidad del pastor no puede darse por supuesta

    En tercer lugar, recordó que la santidad del pastor “no puede darse por supuesta”, y que si Santo Toribio pudo pedir una vida eclesial más fiel al Evangelio es solo porque comenzó por dejarse medir por esa misma exigencia.

    “Quien ha recibido el encargo de santificar sigue necesitando ser santificado; quien anuncia la misericordia vive también de ella”, remarcó el pontífice, que llamó a “cuidar la vida interior” y “conservar la conciencia de que somos discípulos necesitados de conversión”.

    4º La adoración eucarística, “prioridad pastoral”

    Otro de los llamados de León XIV se dirige a tomar conciencia de que “los obispos pasan”, de que Cristo permanece y de que “la Iglesia vive del señor”, lo que debe llevar a hacer de la adoración eucarística una “prioridad pastoral”.

    “El amor de Toribio a la Eucaristía se manifestó en su solicitud por acercar a todos a Jesús. Ofrezcamos a nuestros fieles tiempo y espacios para permanecer ante Él y alentemos la adoración prolongada. Estoy convencido de que la santa presencia del Señor, acogida y adorada con fidelidad, sostiene lo que nuestras fuerzas no alcanzan y abre caminos que ninguna planificación podría prever”, escribe.

    5º Mantener unida a la Iglesia

    Deteniéndose en el beso del obispo al altar durante su recepción, el pontífice invitó a seguir el ejemplo de Santo Toribio de Mogrovejo, que “sirvió a una Iglesia inmensa y plural esforzándose por mantenerla unida”.

    “También a nosotros nos corresponde velar para que la diversidad de nuestras diócesis encuentre en Cristo su unidad”, se lee. “El altar nos recuerda que la comunión pertenece al corazón mismo de nuestra misión”.

    6º Transmitir la fe, no imponer la propia palabra

    Otro de los aspectos que el pontífice extrajo del prelado apunta a que la enseñanza a transmitir por los pastores “no nace de una propia palabra que tenga que imponer”, sino de la misión de “guardar el buen depósito, profundizarlo y hacerlo comprensible”.

    Para León XIV, la recepción del Concilio de Trento, los concilios provinciales, los sínodos diocesanos o la labor catequética del santo son una prueba y testimonio del deseo del santo por “transmitir íntegramente la fe y hacerla accesible a quienes tenía delante”. En un tiempo en el que tantas voces reclaman autoridad sobre la conciencia de los fieles, agregó, “corresponde al obispo ofrecer una enseñanza clara, paciente y arraigada en esa comunión”.

    7º La casa episcopal, abierta a los sacerdotes

    El pontífice abordó también la importancia de una “paternidad episcopal” que los obispos deben mostrar hacia sacerdotes y religiosos, y que se reconoce “cuando un sacerdote sabe que puede llamar con confianza a la puerta de la casa episcopal”.

    “Toribio veló por su formación, fue exigente en la admisión a las órdenes, visitó a sus sacerdotes y sostuvo la disciplina eclesiástica, consciente de que la vida del clero repercute en la del pueblo. Estemos cerca de nuestros sacerdotes. Cuidemos especialmente el seminario y los primeros años de ministerio, favorezcamos una fraternidad real y procuremos que ningún presbítero sienta que sólo puede acercarse a su obispo cuando existe un problema que resolver”.

    8º La oración y predicación, por encima de toda urgencia

    Entre otros llamados, invitó a profesar una actitud de escucha, silencio y adoración antes de hablar, anunciar y predicar, remarcando que, si la vida de predicación de Santo Toribio era creíble, es porque “permitió que el Evangelio modelara primero su existencia”.

    “Que ninguna urgencia ni tarea pastoral, por necesaria que sea, relegue la oración como antesala de la predicación. Reservemos siempre el tiempo necesario para escuchar la Palabra y preparar con esmero el modo de ofrecerla a nuestro pueblo, indicó.

    9º La Santa Misa, fuente de la fecundidad episcopal

    El documento apunta también que la fecundidad episcopal procede de la Santa Misa, que actualiza sacramentalmente el único sacrificio de Cristo para la salvación del mundo. En ese momento, se lee, “el obispo, como todo sacerdote, presta su voz y sus manos a Cristo, que actúa por medio de su ministerio. Aquello que celebra ha de prolongarse también en su propia vida, cada vez más unida a la ofrenda del Señor, hasta que toda su existencia llegue a ser, en Cristo, una ofrenda al Padre”.

    10º La unión entre la vida y el altar

    Uno de los últimos aspectos que remarca el documento es la “unión entre el altar y la vida” que se materializó en la figura de Santo Toribio, pero también en muchos otros obispos santos y beatos como Antonio María Claret, Ezequiel Moreno, Rafael Guízar y Óscar Romero, entre muchos otros.

    “Su testimonio puede ayudarnos a comprender mejor la misión del obispo y reviste un interés especial para la formación de seminaristas y sacerdotes. Sus vidas muestran cómo una misma misión puede tomar formas diversas según los tiempos y las circunstancias y forman una escuela de pastores nacida de nuestra historia eclesial. Los santos siguen formando santos”; concluye. 

    (vatican.va)

    Vea también     Los obispos (MSC) Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús




    domingo, 20 de septiembre de 2026

    20 de septiembre: San Andrés Kim Taegon, mártir coreano que fue cura un año, explorador y cartógrafo

    El actor Yoon Shi-yoon interpreta al joven sacerdote mártir San Andrés Kim en la película Nacimiento

    El actor Yoon Shi-yoon interpreta al joven sacerdote mártir San Andrés Kim en la película Nacimiento

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      San Andrés Kim Taegon fue sacerdote sólo un año y medio antes de morir mártir en su Corea natal, pero se convirtió en el modelo de joven misionero, generoso y entregado a la evangelización hasta la muerte que la Iglesia coreana alaba como ejemplo. Tenía 25 años cuando un verdugo estatal le cortó la cabeza.

      Las persecuciones en Corea entre 1839 y 1867 mataron a unos diez mil católicos. Andrés Kim es uno de los 103 mártires que San Juan Pablo II canonizó el 6 de mayo de 1984, durante su viaje a Corea y Papúa-Nueva Guinea.

      Una vida formándose para evangelizar

      Nació el 21 de agosto de 1821 en el seno de una noble familia cristiana. Lo que le da una fama especial es que fue el primer sacerdote católico nacido en Corea: antes que él, la Iglesia coreana se mantenía con laicos muy devotos y misioneros extranjeros que entraban al país de forma clandestina y vivían ocultos.

      El padre de San Andrés Kim Taegón había convertido el hogar en una auténtica Iglesia doméstica, lo que también pagó con su vida. En cuatro generaciones, once miembros de la familia del santo derramaron su sangre por Jesucristo, varios ya beatificados o canonizados.

      Andrés se formó en Macao, que era colonia portuguesa, y destacó como bueno con los idiomas, los mapas, los instrumentos de navegación y todo lo que tenía que ver con la exploración. Buscaba nuevas rutas para introducir misioneros en Corea y elaboró mapas de zonas y costas que nadie antes había cartografiado.

      En el siglo XVIII, viajeros coreanos cultos conocieron el cristianismo en China y llevaron a su país un libro del misionero jesuita Matteo Ricci.Un laico, el pensador Lee Byeok, inspirado por el libro del jesuita, fundó entonces una primera comunidad cristiana muy activa que rápidamente llegó a tener varios miles de creyentes. Siguió creciendo incluso cuando, alrededor de 1785, se desató una cruel persecución en el país, que provocó la muerte en 1801 del único sacerdote del país.

      En 1802, el rey Sunjo emitió un edicto de Estado que ordenaba el exterminio de los cristianos como única solución para sofocar el germen de lo que su gobierno consideraba "locura". Abandonados y sin guía espiritual, los fieles pedían continuamente sacerdotes al obispo de Pekín e incluso al Papa. Los que lograron entrar en 1837 fueron martirizados dos años después.

      Andrés Kim consiguió traer un obispo y un sacerdote, y a partir de ese momento, la presencia de una jerarquía católica en Corea fue estable, a pesar del resurgimiento de las persecuciones en 1866. No llegaría la libertad religiosa hasta 1882.

      Andrés murió decapitado en Seúl el 16 de septiembre de 1846, negándose a renegar de su fe.

      Una escena de la película Nacimiento: el sacerdote misionero clandestino elige tres jóvenes para ser los primeros seminaristas coreanos 

      Una escena de la película Nacimiento: el sacerdote misionero clandestino elige tres jóvenes para ser los primeros seminaristas coreanos 

      El reconocimiento de la Iglesia

      Más de 10.000 mártires murieron, hombre y mujeres. De ellos, 103 fueron beatificados en dos grupos separados en 1925 y 1968 y luego canonizados juntos el 6 de mayo de 1984 en Seúl por San Juan Pablo II. Sólo diez de ellos son extranjeros, tres obispos y siete sacerdotes, los demás son todos coreanos, catequistas y fieles. Su conmemoración litúrgica es el 20 de septiembre. Sus restos descansan desde 1900 en la cripta de la catedral de Myeong-dong.

      Otros 124 mártires fueron beatificados por el Papa Francisco el 16 de agosto de 2014, durante su viaje a Corea del Sur. Más de un millón de fieles asistieron ese día a la misa de Francisco en la puerta de Gwanghwamun, que siguió a una intensa visita del Papa al lugar de las ejecuciones: el santuario de Seo So-Mun, en las afueras de Seúl.

      Muchos han conocido recientemente a Andrés Kim por la película coreana Nacimiento, sobre este mártir, su "nacimiento" al Cielo y el nacimiento de la iglesia coreana.

      Lea aquí la reseña de la película Nacimiento, sobre San Andrés Kim.

      sábado, 19 de septiembre de 2026

      La semilla no fracasa: pide un corazón que persevere

      San Jenaro, obispo y mártir, muestra la tierra buena de la parábola: quien guarda la Palabra con nobleza, resiste la prueba y da fruto sin negociar con el miedo.

      «Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra, la guardan y dan fruto con perseverancia». (Lucas 8, 15)

      «Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra, la guardan y dan fruto con perseverancia». (Lucas 8, 15)


        Jesús se sienta ante una multitud y cuenta una historia que todos entienden: un sembrador sale a sembrar. No selecciona una tierra perfecta ni reserva la semilla para un campo seguro. La arroja con generosidad. Una parte cae al borde del camino, otra sobre roca, otra entre espinos y otra en tierra buena.

        La parábola parece hablar de agricultura, pero termina interrogando el corazón. Porque la semilla, explica Jesús, es la Palabra de Dios. El problema no está en su pobreza ni en su falta de fuerza. Está en el terreno que encuentra.

        Es una afirmación decisiva para tiempos de desánimo apostólico. No es la Palabra la que ha perdido vigor; no es Cristo quien se ha vuelto irrelevante; no es el Evangelio el que se ha quedado sin respuesta ante la soledad, la injusticia, la muerte o la necesidad humana de esperanza. Lo que cambia es la disposición con que se recibe.

        El borde del camino: cuando nada logra entrar

        «Los de junto al camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven».

        El camino endurecido no ha dejado de ser tierra, pero ha quedado tan pisado que la semilla ya no puede penetrar. También el corazón puede endurecerse así: por la prisa, por la ironía que se burla de todo, por la saturación de estímulos, por la costumbre de escuchar sin atender, por un sufrimiento que ha dejado de confiar.

        Vivimos en un mundo que recibe miles de palabras cada día y, sin embargo, escucha cada vez menos. Hay notificaciones, imágenes, consignas, polémicas y opiniones constantes; pero falta silencio para que una palabra pueda entrar, echar raíz y cuestionar la vida.

        No se puede amar una verdad que nunca se ha dejado reposar. No se puede seguir a Cristo desde una interioridad permanentemente dispersa. El primer combate espiritual de muchos cristianos quizá no sea hacer cosas extraordinarias, sino recuperar un espacio de silencio donde la Palabra pueda ser acogida sin ser inmediatamente desplazada por la siguiente urgencia.

        La roca: el entusiasmo que no soporta la prueba

        «Los de sobre la piedra son los que, al oír, reciben la palabra con alegría; pero estos no tienen raíz: creen por algún tiempo, y en el momento de la prueba fallan».

        Es una de las imágenes más dolorosas de la parábola. Hay una alegría inicial, una emoción sincera, una conversión que parece abrir un horizonte nuevo. Pero no hay raíz. Cuando llega la prueba —la incomprensión, el ridículo, la enfermedad, la tentación, la aparente esterilidad, una exigencia moral que cuesta asumir—, la fe se seca.

        No basta emocionarse con Cristo. Hay que dejar que Cristo hunda raíces.

        La vida espiritual no se sostiene únicamente con encuentros intensos, frases inspiradoras o momentos de especial fervor. Necesita oración fiel, sacramentos, lectura de la Escritura, formación, dirección espiritual cuando sea posible, comunidad cristiana y decisiones concretas que hagan de la fe una forma de vivir.

        El discípulo no es quien nunca atraviesa la prueba. Es quien, en la prueba, no se marcha.

        Los espinos: lo que ahoga sin hacer ruido

        «Lo que cayó entre espinos son los que han oído, pero, dejándose llevar por los afanes, riquezas y placeres de la vida, se quedan a medio camino y no llegan a dar fruto».

        Los espinos no niegan la semilla. La dejan crecer un poco. El problema es que acaban ocupándolo todo. Ésa es quizá la forma más frecuente de esterilidad espiritual: no un rechazo frontal de Cristo, sino una vida tan llena de preocupaciones, consumo, planes, miedos y necesidades de aprobación que ya no queda aire para Dios.

        Los espinos modernos pueden tener muchas formas: la obsesión por producir, la comparación constante, la dependencia del móvil, la búsqueda de una comodidad que nunca basta, el miedo a perder estatus, la sexualidad convertida en consumo, la incapacidad de descansar y de agradecer.

        Nada de esto suele aparecer como una negación explícita de la fe. Por eso es tan peligroso. El cristiano puede seguir conservando gestos religiosos y, sin embargo, vivir interiormente ahogado por aquello que le promete felicidad sin pedirle conversión.

        Jesús no demoniza el trabajo, los bienes o el descanso. Denuncia su absolutización. Cuando los afanes, las riquezas y los placeres se convierten en el horizonte último, la semilla queda sin fruto.

        La tierra buena no es la tierra fácil

        Finalmente, está la tierra buena: «Los de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia».

        No dice que den fruto por entusiasmo, facilidad o éxito inmediato. Lo dan con perseverancia.

        Ésta es la palabra decisiva del Evangelio de hoy. La perseverancia no es una obstinación fría ni la simple resistencia de quien no sabe cambiar. Es fidelidad a una Palabra recibida, incluso cuando ya no se experimenta el consuelo de los primeros días. Es seguir rezando cuando no se siente nada, seguir siendo honrado cuando cuesta, seguir perdonando cuando duele, seguir educando cuando no se ven resultados, seguir sirviendo cuando nadie agradece.

        La tierra buena no está libre de tormentas, piedras o espinos. Es tierra que ha sido trabajada. Ha dejado que Dios la remueva, la limpie, la riegue y la abra.

        San Jenaro: una fe que no negocia con el miedo

        La memoria de san Jenaro permite dar a esta parábola un rostro martirial. Jenaro, obispo de Benevento y mártir de comienzos del siglo IV, fue una de las víctimas de la persecución de Diocleciano. La tradición lo vincula a la región de Nápoles, donde su memoria ha permanecido especialmente viva durante siglos.

        Más allá de las tradiciones devocionales que rodean su figura, su martirio conserva una pregunta desnuda: ¿qué ocurre cuando la fe deja de ser un sentimiento aceptable y exige una decisión que puede costarlo todo?

        San Jenaro no fue tierra de camino, donde la amenaza arranca la Palabra antes de que arraigue. No fue tierra pedregosa, donde el fervor se seca al primer golpe. No dejó que los espinos de la seguridad, el prestigio o la supervivencia a cualquier precio asfixiaran lo que había recibido.

        Fue tierra buena porque perseveró.

        El martirio no se busca ni se idealiza. La Iglesia no celebra la violencia padecida por sus hijos, sino el amor a Cristo que el verdugo no pudo arrancarles. El mártir no ama el sufrimiento: ama a Jesús más que a la seguridad que el mundo puede ofrecerle.

        Por eso san Jenaro interpela también a quienes no afrontarán una persecución sangrienta. La fidelidad cotidiana tiene sus propios martirios incruentos: no participar en una mentira rentable, defender a quien es ridiculizado, vivir con limpieza de corazón, cuidar al enfermo cuando cansa, no renegar de la fe por miedo a perder aceptación, mantener una promesa cuando sería fácil deshacerla.

        La cosecha que no vemos

        Los discípulos podrían haber preguntado a Jesús por qué tanta semilla se pierde. La parábola no niega la pérdida. Hay corazones que se endurecen, entusiasmos que se apagan y vidas ahogadas por espinos. Pero el sembrador continúa sembrando y la tierra buena da fruto.

        La esperanza cristiana no depende de que todo resultado sea visible o inmediato. El maestro que repite una palabra de verdad, los padres que rezan por un hijo lejano, el sacerdote que celebra fielmente, la religiosa que persevera en la oración, el joven que elige la castidad, el trabajador que no acepta una corrupción: todos pueden sentirse como si estuvieran sembrando sin cosecha.

        Pero la Palabra de Dios no se pierde cuando encuentra un corazón noble y generoso. Puede permanecer oculta, silenciosa, aparentemente estéril. A su tiempo, da fruto.

        El Evangelio de hoy no pregunta si el mundo es una tierra difícil. Lo es. Pregunta qué clase de tierra queremos ser.

        San Jenaro responde con la sangre de su martirio y con la perseverancia de una fe que no negoció con el miedo. Cristo sigue sembrando. Y el fruto depende de que alguien guarde su Palabra cuando el camino se endurece, las pruebas llegan y los espinos prometen una seguridad más fácil.

         Luis Javier Moxó Soto, ReL

        Vea también  El Evangelio del día




        sábado, 12 de septiembre de 2026

        Ama de casa, mística con estigmas, conversa... avanza la causa de Rhoda Wise

        Rhoda Wise murió en 1948, con 60 años, y fue católica sólo 10 años, pero dejó huella en muchos y testimonios sobrenaturales.

        Rhoda Wise fue católica los 10 años antes de morir; la Iglesia estudia sus virtudes y fenómenos como estigmas o visiones

        Rhoda Wise fue católica los 10 años antes de morir; la Iglesia estudia sus virtudes y fenómenos como estigmas o visiones


          Una madre de familia, laica, protestante conversa al catolicismo gracias al rezo del rosario... y mística con los estigmas de la corona de espinas de la pasión de Cristo: esta es Rhoda Wise. Fue devota de Santa Teresita y su historia enlaza con la de Madre Angelica, fundadora de EWTN.

          El proceso de canonización de esta norteamericana ha avanzado en los últimos meses. El pasado mes de julio, la diócesis de Youngstown, en su Ohio natal, presentó al Vaticano la positio que recopila su vida, milagros y sucesos relevantes.

          Problemas económicos y de salud

          Rhoda Wise nació el 22 de febrero de 1888. Era la sexta de ocho hermanos e hija de un albañil. Su marido, George, tuvo problemas con el alcohol durante gran parte de su vida, y Rhoda encadenaba varios problemas de salud uno tras otro. Además, la vida del matrimonio estuvo atravesada por la cruz de la infertilidad.

          Su conversión desde el protestantismo sucedió en un momento delicado de su vida. En una de las largas estancias hospitalarias que acostumbraba a sufrir por su delicada salud, una de las Hermanas de la Caridad de San Agustín le enseñó a rezar el rosario y le habló de Santa Teresa de Lisieux y su "caminito" de infancia espiritual.

          Rhoda Wise comenzó a rezar el rosario y a crecer en devoción por la santa carmelita francesa. Fue admitida a la Iglesia católica el 1 de enero de 1939, con 50 años, según recoge en su diario. Moriría antes de pasar una década, en 1948.

          Apariciones y estigmas

          Desde ese año de su conversión al catolicismo, habría empezado  empezó a presenciar apariciones, o visiones, de Jesucristo y Santa Teresita, hasta su muerte.

          También se curó de manera inexplicable de varias dolencias que los médicos no terminaban de saber resolver.

          Uno de los sucesos más llamativos de la vida de Wise es que experimentó los estigmas de la corona de espinas cada primer viernes de mes desde las 12 del mediodía hasta las tres de la tarde, desde 1942 hasta 1945, como detalla la página web de la Casa y Gruta de Rhoda Wise, que recoge su legado e impulsa su causa de beatificación.

          También le aparecieron estigmas en las manos y en los pies, similares a las llagas de los clavos que tuvo Cristo en la Cruz. Estos sucesos son similares a los que han experimentado otros santos, como el Padre Pío de Pietrelcina.

          Una joven de 19 años... que sería muy famosa

          Algunas personas acudían a su casa en Canton, donde Rhoda Wise las recibía y aconsejaba.

          Una de las personas que acudió a Rhoda Wise buscando ayuda fue una joven italoamericana, Rita Rizzo, que se presentó en su casa con diecinueve años y una dolencia estomacal persistente y muy dolorosa. Rhoda Wise le aconsejó rezar una novena.

          Rita no sólo se curó sino que poco después entraría en un convento de monjas franciscanas, impactada por este acontecimiento. Años más tarde, aquella joven llegaría a ser conocida en todo el mundo como la Madre Angélica, famosa por ser la fundadora de la cadena de información religiosa norteamericana EWTN.

          Rhoda Wise con la joven Rita Rizzo, que se curó y luego sería mundialmente conocida como Madre Angélica de EWTN

          Rhoda Wise con la joven Rita Rizzo, que se curó y luego sería mundialmente conocida como Madre Angélica de EWTNrhodawise.com

          "Si no hubiera habido una Rhoda Wise, no habría habido una Madre Angélica, porque su curación llevó a su vocación y a EWTN", afirma Karen Sigler, directora del Santuario de Rhoda Wise

          Más cerca de ser Venerable

          El padre John Sheridan de la Diócesis de Youngstown, responsable de la causa de beatificación de Rhoda Wise, afirmó en julio que ahora dos comisiones vaticanas, la de teología y la de historia, analizarán la positio que se ha enviado con toda la información recabada por la diócesis y los testimonios de la vida de esta mística norteamericana contemporánea.

          "La comisión histórica evaluará la vida y los tiempos en que Rhoda Wise vivió, creciendo en Estados Unidos en Ohio comenzando en los años 1880 y luego viviendo a través de la Depresión y la Primera y Segunda Guerra Mundial", declaró Sheridan a OSV News.

          Por su parte, la comisión teológica examinará los supuestos fenómenos místicos. Después, cada comisión enviará un informe por separado al consejo de cardenales y expertos del Dicasterio para las Causas de los Santos.

          ¿Intercesora contra el alcoholismo?

          Si algún día Rhoda Wise es declarada santa, el padre Sheridan dijo que podría ser la patrona de quienes luchan contra las adicciones, ya que su marido fue finalmente sanado del alcoholismo. También podría ser patrona de amas de casa o madres adoptivas, afirmó.

          "Rhoda Wise ejemplifica la virtud de la paciencia y la perseverancia", explica Sheridan. "Vivió una vida de pobreza, y aunque muchas personas acudían a su casa, nunca intentó enriquecerse. Continuó viviendo en la misma casa pobre y en la misma vida pobre. Creo que hay algo hermoso en eso".

          Testimonios recientes de su intercesión

          En 2018, el Dr. Mark Shoag fue diagnosticado con sarcoma en estadio 4 y le dieron seis meses de vida. Su esposa, Betsy, llevó su camisa a la Casa de Rhoda Wise pidiendo un milagro. Shoag sobrevivió ocho años más de lo que los médicos esperaban, muriendo en 2024. “Pasé de creer que la ciencia podía explicar todo a creer que hay milagros”, dijo. Son estos testimonios recientes los que alimentan la causa de canonización.

          La casa en la que sucedieron estos hechos es actualmente un lugar de peregrinación para devotos de todo el mundo. Sólo en 2025, este lugar recibió 5.500 peregrinos procedentes de 19 países.

          Rhoda Wise pasó desapercibida en vida. Una ama de casa que sangraba los estigmas de Cristo en una casita de Ohio mientras el mundo seguía girando afanado en sus rutinas y preocupaciones. Sin embargo, en esa invisibilidad muchas cosas grandes sucedían.

          D. Peralta, ReL

          Vea también    La vocación a la santidad