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lunes, 21 de septiembre de 2026

Los resultados de las excavaciones del Santo Sepulcro

 


    En mayo de 2022 empezaron las excavaciones arqueológicas en el Santo Sepulcro, la mayor campaña del lugar en dos siglos. 

    El primer objetivo era restaurar el pavimento, pero al levantar el suelo se aprovechó para excavar arqueológicamente. Las tres comunidades que custodian el templo —griegos ortodoxos, franciscanos y armenios— han colaborado en este proyecto.

    Ahora, la parte de excavación arqueológica ha terminado, y se trabaja en una fase de estudio y restauración.

    El 8 de septiembre en Jerusalén, con fray Francesco Ielpo, ofm, Custodio de Tierra Santa, y los líderes ortodoxos y armenios, se presentaron los primeros resultados.

    La Universidad La Sapienza de Roma está estudiando su historia, desde que era una cantera de piedra en la época de Jesús, sus distintas etapas romanas, la basílica que construyó Constantino y los restos de épocas posteriores (cruzada, otomana...)

    La puerta de madera que tantos peregrinos han visto durante décadas y décadas se ha retirado para ser restaurada. Hay ahora planes para el pavimento a la entrada del Edículo (el lugar donde la gente espera para entrar en la tumba en sí).

    Los arqueólogos implicados hablan de "diplomacia científica" por el eficaz diálogo entre el Patriarcado greco-ortodoxo, Custodia de Tierra Santa y Patriarcado armenio, en el lugar más sagrado para toda la cristiandad. [5 min 48 seg]

    ReL

    Vea también   ¿Perdidos? en Tierra Santa (fotos)



    sábado, 28 de marzo de 2026

    1 mes de guerra en Tierra Santa: rosario mundial por la paz

    Mientras la violencia sigue asolando Tierra Santa, desde Jerusalén ha surgido una sencilla invitación: hacer una pausa, orar y unirse

    Su Beatitud el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, exhorta a los fieles de todo el mundo a dedicar un tiempo el sábado 28 de marzo a rezar el Rosario por la paz. Su llamamiento se produce en un momento en que la región sigue profundamente afectada por la guerra en Tierra Santa, y la población civil es la que soporta la mayor carga.

    “Los invito a unirse en oración el próximo sábado”, dijo, exhortando a los cristianos a rezar el Rosario “para implorar el don de la paz y la serenidad, especialmente para aquellos que sufren a causa del conflicto”.

    El llamamiento es tanto local como universal. En los últimos meses, la guerra en Gaza y el aumento de las tensiones en toda la región han suscitado una renovada preocupación internacional. Iglesias, organizaciones humanitarias y líderes religiosos han advertido repetidamente sobre el empeoramiento de la crisis humanitaria, con familias desplazadas, infraestructuras dañadas y un acceso cada vez más precario a las necesidades básicas.

    En este contexto, la invitación del Patriarca resalta una respuesta distintivamente cristiana: la oración como compromiso. El Rosario, con su ritmo constante y su enfoque en la vida de Cristo, se convierte en una forma de participar del sufrimiento ajeno, depositando la esperanza en la providencia divina.

    El padre Francesco Patton, Custodio de Tierra Santa, preparó meditaciones especiales que guiarán a los fieles a través de extractos de los misterios Gozosos, Dolorosos, Gloriosos y Luminosos del Rosario , como parte de esta iniciativa global de oración. Este esfuerzo también subraya el llamado del Cardenal Pierbattista Pizzaballa a la oración como punto de partida para una paz duradera.

    Resiste la desesperación

    Para los cristianos de Tierra Santa, este llamamiento tiene especial relevancia. Muchas comunidades allí viven a diario con la incertidumbre, sorteando puestos de control, dificultades económicas y el desgaste emocional de una inestabilidad prolongada. Sin embargo, siguen siendo testigos de una fe arraigada en los mismos lugares donde se desarrolló el Evangelio.

    La elección del Rosario también es significativa. Esta oración, apreciada por todas las culturas y generaciones, es accesible para todos: familias en casa, grupos parroquiales, personas en momentos de soledad. Invita a la meditación sobre los misterios de la vida de Cristo, incluyendo su sufrimiento y resurrección, ofreciendo un marco para sobrellevar tanto el dolor como la esperanza.

    El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que la oración es "una batalla contra nosotros mismos y contra las artimañas del tentador" (CIC 2725). En tiempos de guerra, esa batalla incluye resistir la desesperación y la indiferencia. La oración se convierte en un acto de solidaridad, una negativa a permitir que la violencia tenga la última palabra.

    Las recientes declaraciones de líderes de la Iglesia en toda la región reflejan esta urgencia. Continúan los llamamientos a un alto el fuego, al acceso humanitario y al diálogo, pero junto a estos esfuerzos fluye una corriente más silenciosa: la convicción de que la paz también debe buscarse en el corazón.

    Daniel Esparza, Aleteia

    Vea también   Modo de cómo rezar el Rosario




    miércoles, 24 de diciembre de 2025

    Allí donde todo comienza: Francesco Voltaggio y la Navidad con los cristianos de Tierra Santa

    «Hay que hacer todo lo posible para que su presencia, tan amenazada, no desaparezca»

     

     "Los Padres de la Iglesia decían que no basta con vivir en Tierra Santa si no se vive santamente", escribe Voltaggio.

    Tierra Santa celebra la Navidad en busca de los signos vivos de la presencia de Dios, en una tierra que guarda el dolor de los siglos y la luz de la esperanza cristiana. *Francesco Giosuè Voltaggio, en el nº 256 (diciembre de 2025) de Il Timone:

    "Si ellos callan, gritarán las piedras" (Lc 19,40). En Tierra Santa claman nuestros padres y madres en la fe, claman Jesucristo y los Apóstoles, claman las "piedras vivas" representadas por el pueblo judío y árabe cristiano, cuyas tradiciones son un tesoro que hay que redescubrir constantemente. Aquí incluso las piedras parecen clamar. Cuentan la historia de la salvación, arraigada en lugares concretos y en acontecimientos reales.

    La fe cristiana, de hecho, está íntimamente ligada a la historia: sin ella, nuestra fe no sería más que mera gnosis o noble moral. El corazón del cristianismo es, en cambio, un acontecimiento que tuvo lugar en un tiempo y en un lugar concretos: "Sí, estamos seguros, Cristo ha resucitado verdaderamente y en Galilea nos espera" (Secuencia de Pascua). Nuestra salvación, por tanto, ha tenido un "lugar". 

    Junto a la historia de la salvación existe pues, una geografía de la salvación, como afirmó san Pablo VI, el primer Papa después de san Pedro en pisar suelo de Tierra Santa, en pleno Concilio Vaticano II. No en vano, la Tierra Santa ha sido definida como "el quinto Evangelio". Y nuestro Patriarca latino de Jerusalén, el cardenal Pizzaballa, ama llamarla "el octavo sacramento": un lugar en el que la gracia de Dios sigue revelándose en las piedras, en los rostros, en el mismo polvo de esa tierra. Al excavar en ella, descubrimos siempre nuevas maravillas, hasta sondear, en la medida de lo posible, la profundidad del amor de Dios.

    Lugares santos que claman

    En la historia de la salvación, el hombre siempre ha tratado de conservar la memoria de los lugares donde Dios ha realizado sus prodigios. En el Antiguo Testamento - admirable paradoja - la primera posesión de Abraham en la Tierra Prometida no es más que una tumba: la cueva de Macpela, en Hebrón (cf. Gn 23). Así, una tumba se convierte en el primer lugar santo, signo tangible de que la promesa divina se cumple.

    Todo esto encuentra su plena realización en la nueva alianza: una tumba vacía "clama" la plenitud de Dios, una piedra proclama que Cristo, "piedra viva" (1P 2,4), ha resucitado verdaderamente junto con su descendencia, la Iglesia, testigo en el mundo de su victoria sobre la muerte. También los lugares santos, por tanto, son testigos elocuentes. 

    Un operario rellena las lámparas con aceite a mitad de la noche.

    Un operario rellena las lámparas con aceite a mitad de la noche.JCadarso

    Eutiquio (877-940), patriarca de Alejandría, escribe en árabe que Cristo "nos ha dado las reliquias de sí mismo y los lugares de su santidad en este mundo, como herencia y prenda del Reino de los Cielos y de las delicias del mundo futuro que nos ha prometido, ofreciéndonos así una alegría espiritual sin fin y testimonios que confirman todo lo que el Evangelio cuenta de su historia y sus obras" (Kitāb al-burhān, 310).

    De generación en generación, los cristianos de Tierra Santa han custodiado estos lugares santos y conservado la fe en medio de enormes dificultades. Aunque perseguidos en muchos momentos de la historia, siguen desempeñando una misión fundamental, y hay que hacer todo lo posible para que su presencia, hoy tan amenazada, no desaparezca. 

    El grito que se eleva desde Tierra Santa es, de hecho, desde tiempos inmemoriales, también un grito de dolor: "¿Hasta cuándo, Señor, [...] clamaré hacia ti: "¡Violencia", sin que tú salves?" (Ab 1,2). Entre guerras y devastaciones, esta tierra permanece herida, pero es precisamente allí, entre piedras y espinas, donde Dios ha elegido encarnarse. El Resucitado, con sus llagas transfiguradas, sigue haciendo oír su voz en medio de una humanidad lacerada, con el deseo de transfigurarla.

    Belén, corazón del misterio

    En el fondo, Jerusalén, con todo su caos y sus divisiones, es el espejo de lo que somos: con innumerables contradicciones, pero siempre elegidos por Dios como lugar de su gloria. Aquí aún resuena el grito apasionado de la amada que recorre las calles de la Ciudad Santa en busca de su amado: "Júrenme, hijas de Jerusalén, que si encuentran a mi amado, le dirán... ¿qué le dirán? Que estoy enferma de amor.!" (Ct 5,8).

    Los Padres de la Iglesia insistían en que no basta con vivir en Tierra Santa si no se vive santamente. San Gregorio de Nisa, por su parte, quedó profundamente decepcionado por su peregrinación a Jerusalén, hasta el punto de afirmar: "Si la gracia fuera mayor entre los que viven en Jerusalén, el pecado no habitaría allí; en cambio, no hay tipo de pecado que no habite allí" (Epist. 2,10). La actualidad de esta afirmación es evidente para todos.

    Sin embargo, desde los orígenes del cristianismo, generaciones y generaciones de peregrinos han querido emprender el "viaje santo", considerado por muchos como el sueño de toda una vida, como escribe san Jerónimo: "Feliz es aquel que lleva en su pecho la cruz, la resurrección, el lugar de la Natividad de Cristo y el lugar de la Ascensión. Feliz es aquel que tiene Belén en su corazón, corazón en el que Cristo nace cada día" (Hom. in Ps. 95).

    Belén, en efecto, sintetiza plenamente todo lo dicho. San Sofronio (ca. 536-638), patriarca de Jerusalén, expresa así el deseo de peregrinar al lugar de la Natividad: "Con el entusiasmo del amor divino en mi pecho, que pueda apresurarme hacia la pequeña ciudad de Belén, donde nació el Rey del Universo [...]. Que pueda descender a esa cueva donde la Virgen, Reina del mundo, dio a los mortales al Salvador, verdadero Dios y verdadero hombre. Apoyaré mis ojos, mi boca y mi frente sobre la piedra perfumada que acogió al divino Niño, para recibir un don espiritual" (Anacreontica 19).

    Aún hoy, los cristianos árabes realizan ese maravilloso gesto: apoyan los ojos, la boca y la frente en el lugar del nacimiento, tal y como hizo - y recomendó - Sofronio hace catorce siglos. Belén es el lugar donde Jesucristo se hizo carne y alimento para el hombre. No es casualidad que su nombre hebreo, Bet Lèhem, signifique "casa del pan", mientras que el árabe, Bayt Lahm, signifique "casa de la carne": la palabra de Dios se hizo carne (Jn 1,14) y pan (Jn 6), entregándose por completo a la humanidad. Así, el lugar de la Natividad ya anticipa el misterio pascual de Cristo. 

    De hecho, en la iconografía bizantina, el niño Jesús está envuelto en pañales y depositado en un pesebre, representado como un sepulcro: señal de que el misterio de su nacimiento prefigura el de su muerte, sepultura y resurrección. La presencia divina llena la gruta de Belén: es a la vez oscura y luminosa, porque Cristo es la luz que ilumina nuestras tinieblas y la plenitud que llena nuestros vacíos.

    Sí, las piedras de Tierra Santa siguen hablando. Gritan la fe de los siglos, el sufrimiento de los pueblos, la presencia viva del Resucitado. Si el mundo calla, gritarán las piedras.

    *Sacerdote de la Diócesis de Roma, fidei donum en el Patriarcado Latino de Jerusalén.

    ReL

    Vea también      Léalo entero: Navidad y Adoración


    sábado, 13 de septiembre de 2025

    «Kit de Santidad» explora con expertos 6 prácticas espirituales que vivió Carlo Acutis

     Con enseñanzas del obispo Munilla (sobre el Rosario), el arzobispo Gómez de Los Ángeles (la Eucaristía) o la Hermana Adela (las obras de caridad)

    El Padre Borre, como Padre Gabriel, y el actor Antonio Mauri, como Sebastián, en Kit de Santidad

    El Padre Borre, como Padre Gabriel, y el actor Antonio Mauri, como Sebastián, en Kit de Santidad

    Llega a los cines de España Kit de Santidad , una película mexicana sobre las prácticas espirituales que San Carlo Acutis vivió y recomendó. La publicidad de la película lo declara: "un método sencillo y poderoso para alcanzar la santidad; en la película lo conocerás y te inspirará a vivirlo".

    Esa es la gran debilidad de la película: no trata sobre Carlo Acutis, ni trata de testimonios de vidas cambiadas por Carlo Acutis. Es una película sobre un método.

    Si usted no conoce más películas sobre métodos (métodos para adelgazar, para encontrar pareja o para aprender idiomas) es por una razón: las películas no sirven para eso, para explicar métodos. Quizá sí los memes, los cómics con viñetas y esquemas y algunos vídeos breves de recetas, pero no las películas. Las películas sirven para contar vidas (de santos, por ejemplo, o de personas impactadas por santos) y para contar historias.

    Hay documentales con la vida de Carlo Acutis, como este de EWTN, o los dos de José María Zavala, El Cielo no puede esperar y El latido del Cielo, uno más centrado en su biografía, otro en testimonios, milagros y espiritualidad. A veces usan actores y dramatizaciones. Otras, animación. Funcionan bien porque cuentan vidas, la de Carlo o la de sus seres queridos o la de personas transformadas por él. El espectador conecta con el santo o con sus admiradores.

    En cambio, Kit de Santidad enumera una lista de prácticas, de cosas-que-has-de-hacer, y luego explica con expertos por qué esas prácticas son muy buenas. 

    Las 6 piezas del Kit de Santidad de Carlo Acutis

    Las seis prácticas, que sumadas son "el Kit de Santidad", son: el rezo diario del Rosario; la misa diaria, o al menos la adoración eucarística, leer algo de la Biblia cada día, realizar buenas obras, orar al ángel custodio, y la Confesión (sin detallar la frecuencia, aunque Carlo, que falleció con 15 años, se confesaba cada semana porque los pecados veniales le molestaban; los comparaba con el lastre que impide ascender a un globo que ya vuela).

    No hay duda que estas seis prácticas, juntas o por separado, con esa frecuencia o con otra, son cosas buenas y recomendables para el cristiano. Pero recomendarlas no da para una película. Sobre todo, porque no hablan de ellas personas dando su testimonio, en primera persona. Ninguno dice: "yo era un desastre hasta que logré agendar mi rosario diario, sí o sí, te contaré como lo conseguí y lo que pasó". No, los que hablan son catequistas o predicadores dando una charla, aunque sean buenos predicadores, como el obispo Munilla o la Hermana Adela. Son seis predicaciones, una detrás de otra, hablando al espectador y al joven Sebastián (el actor mexicano Antonio Mauri Alemán), quien responde a todo "qué bonito" y "muchas gracias", sin oponer ninguna resistencia ni matiz. Cada pieza va precedida por un breve vídeo de Antonia, la madre de Carlo, recomendando estas prácticas.

    Hay bastantes películas cristianas que combinan una trama de ficción con una serie de testimonios. Por lo general, se trata de un periodista o estudioso con problemas personales al que encargan investigar sobre un santo o una devoción. Eso da pie a entrevistar a testimonios emocionantes y a veces la trama de ficción está bien. Kit de Santidad falla porque no hay testimonios emocionantes (no hay testimonios, punto) y porque, además, la trama de ficción es muy floja.

    El actor principal, y casi el único profesional, Antonio Mauri, hijo del cantante y actor Toño Mauri, lo hace bien, es bueno transmitiendo emociones, pero no basta para sostener el filme. Todo lo demás es "preachy", es decir, es sermoneante.

    El actor Antonio Mauri, Gaby Jácoba y la Hermana Adela, en Kit de Santidad

    El actor Antonio Mauri, Gaby Jácoba y la Hermana Adela, en Kit de Santidad

    Pongamos el caso de los grupos de jóvenes cristianos que siguen el modelo de Carlo Acutis. La película se apoya en jóvenes reales de una parroquia de Texas y de otra de Florida, que en la vida real deben tener unas relaciones muy vivas y una fe auténtica. Casi cualquier joven en un grupo de fe u oración te dirá que lo bueno del grupo, además de la fe, es tener amigos en él, gente de edad similar con la que interaccionar. Aquí, en cambio, toda la interacción es del grupo con el párroco, nunca entre ellos. No hay conflictos, no hay disonancias, son jóvenes tan unánimes y disciplinados que, en fin, ¡parecen una secta! Los manuales anti-sectas lo dicen: "Si parecen demasiado perfectos para ser verdad, desconfía, la vida real no es así".

    Dejar hablar a los pobres

    Tenemos también el caso de la predicación sobre ayudar al pobre. No hay ningún pobre de verdad en esta película. Sebastián empieza sentado en una mesa preparando abalorios para financiar algo en misiones. Luego encuentra un pobre tiritando a la entrada de la iglesia (no en un puente lejano) y le da su chaqueta. Sí, Carlo Acutis daba ropa y sacos de dormir a los sin techo. Y San Martín dio la mitad de su capa y su ejemplo se ha repetido en el arte durante 16 siglos. Pero Carlo era un niño y Sebastián es un adulto joven con acceso a una organización. Resuena problemático. Y el pobre no tiene voz, sólo tirita. Por contraste, en la película Sólo Javier que se estrena estos días, se deja hablar a los pobres, tienen cosas que decir y que enseñar al personaje que luego ganará santidad.

    Kit de Santidad en la Casa de México en Madrid - Gaby Jácoba es la productora y su hijo Pablo Casso el director

    Kit de Santidad en la Casa de México en Madrid - Gaby Jácoba es la productora y su hijo Pablo Casso el directorPABLO J. GINÉS / REL

    Intuición: sanación para jóvenes tristes, cómo acercarse

    Hay intuiciones en Kit de Santidad que están bien, como la necesidad de abordar con una dimensión sanadora la soledad y tristeza de tantos jóvenes hoy. El Padre Borre es un sacerdote mexicano afable, y conocido en redes sociales, que en la película se acerca al joven Sebastián, y sus palabras de acercamiento son muy eficaces. Se nota que Gaby Jácoba, la productora, ha escrito de temas de sanación. "¿Estás bien? Soy el padre Gabriel, ¿te puedo ayudar en algo? Dicen que hablar aligera la carga. ¿Cómo te llamas? Para Dios nada es imposible", dice el sacerdote. ¡Es un párrafo muy útil que muchos cristianos podríamos usar con nuestros amigos afligidos!

    La misma Gaby explicó a ReL que ella quería proclamar ese mensaje de esperanza: "¡Para Dios nada es imposible de resolver!" Pero no entra en el tema de que, a veces, Dios no lo resuelve, a veces hay que vivir con esa cruz, esa derrota, esa humillación, aunque acompañado por Cristo y sus auxilios.

    Para impulsar el cine católico

    Gaby Jácoba, que estudió ópera y Bellas Artes, conoce bien el cine cristiano moderno, que ha apoyado desde el Festival de Cine Católico, primero en EEUU, luego en México, luego difundiendo películas en Hispanoamérica, y que desembarca ahora en España con esta película. Tiene planes para una Semana de Cine Católico en 2026 en España que puede ser un proyecto muy útil para la evangelización y para el sector.

    También tiene ya rodada una película sobre la Virgen María como Desatadora de Nudos, que aplazó para centrarse en Kit de Santidad con motivo de la canonización de Carlo. Antonia, la madre del joven santo, le habló del "kit de santidad", de las 6 prácticas como un "camino", y ella se sintió llamada a difundirlo. Lo presenta como "un camino sencillo" (aunque pedir misa diaria, rosario diario y Biblia diaria muchos cristianos no lo considerarán nada sencillo a menos que uno viva en un convento).

    El encaje con el público joven

    Preguntada por ReL, en el marco siempre fascinante de la Casa de México en Madrid, dijo que pensaba en un público joven, de 15 a 35 años, que se sintiera relacionado con los temas de la película: soledad, tristeza, crisis en casa, adicciones... Y que viendo que los documentales no atraen mucho al público, quiso enmarcar las enseñanzas de los expertos en una trama de ficción para que hablaran de forma "más platicada, más humana".

    Por desgracia, es difícil que encaje con un público así, incluso entre jóvenes católicos practicantes. El personaje de Sebastián no tiene vida de verdad. La novia que aparece llega tarde y sin desarrollo. No tiene amigos, no llega a hablar ni con los chicos de su grupo de oración. La película acumula demasiadas predicaciones para atraer a los de 15, y los de 25 pueden aceptar retos, pero no hojas de ruta muy prefabricadas.

    Lo interesante de Carlo Acutis es el mismo Carlo, y cómo Dios hacía cosas asombrosas en él. El cómic de 200 páginas de ediciones San Pablo, por ejemplo, consigue divulgarlo muy bien. Pero esta película ofrece muy poco de Carlo y, en cambio, encarga al espectador muchas tareas por hacer. 

    Pablo J. Ginés, ReL

    Vea también     Exposición Milagros Eucarísticos - Carlo Acutis