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domingo, 5 de septiembre de 2021

El Papa alerta de la «sordera de corazón» y recuerda que «la curación comienza con la escucha»


 

Desde el balcón del Palacio Apostólico y ante miles de feligreses que escuchaban en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco citó durante el Ángelus la situación de Afganistán y de los miles de desplazados.

De este modo, pidió generosidad a los países a la hora de acoger. “En estos momentos de agitación en los que los afganos buscan refugio, rezo por los más vulnerables entre ellos. Rezo para que muchos países acojan y protejan a quienes buscan una nueva vida. También rezo para que los desplazados internos tengan la asistencia y protección necesarias. Que los jóvenes afganos reciban educación, un bien esencial para el desarrollo humano. Y que todos los afganos, tanto en su país como los que están en camino y en los países de acogida, vivan con dignidad, en paz y fraternidad con sus vecinos”, pidió el Papa este domingo.

Reflexionando sobre el Evangelio de este domingo, Francisco se lamentó que en muchas ocasiones las personas no sean capaces de escuchar debido a una sordera interior que es mñas grave incluso que la exterior. La llamó la “sordera del corazón” e instó a pedir a Dios que la sane.

En este sentido, el Santo Padre recalcó que “todos tenemos oídos, todos, pero muchas veces no somos capaces de escuchar. ¿Por qué? De hecho, hay una sordera interior, que hoy podemos pedir a Jesús que toque y sane. Esa sordera interior es peor que la física, es la sordera del corazón. Atrapados por las prisas, por mil cosas que decir y hacer, no encontramos tiempo para detenernos a escuchar a quien nos habla. Corremos el riesgo de volvernos impermeables a todo y de no dar cabida a quienes necesitan ser escuchados: pienso en los hijos, en los jóvenes, en los ancianos, en muchos que no necesitan tanto palabras y sermones, sino ser escuchados”.

Fieles en la Plaza de San Pedro durante el Ángelus

Por ello, lanzó unas preguntas: “¿cómo va mi escucha? ¿Me dejo tocar por la vida de las personas, sé dedicar tiempo a los que están cerca de mí para escucharla?”. Y aunque dijo que esto es para todos quiso dirigir estas cuestiones a los sacerdotes, que deben “escuchar a la gente, no ir con prisas, escuchar, y ver allí cómo puede ayudar, pero después de haberla escuchado”.

Francisco igualmente animó a reflexionar sobre la falta de escucha “en la vida familiar: ¡cuántas veces se habla sin escuchar primero, repitiendo los propios estribillos que son siempre iguales! Incapaces de escuchar, siempre decimos las mismas cosas, o no dejamos que el otro termine de hablar, de expresarse, y nosotros lo interrumpimos”.

El silencio fue un elemento reivindicado por el Papa este domingo. En su opinión, “el renacimiento de un diálogo, a menudo, no viene de las palabras, sino del silencio, de no quedarse estancado, de volver a empezar pacientemente a escuchar a la otra persona, escuchar sus luchas, a lo que lleva dentro. La curación del corazón comienza con la escucha”.

“Lo mismo ocurre con el Señor. Hacemos bien en inundarle con peticiones, pero haríamos mejor a ponernos primero a escucharle”, advirtió el Papa quien preguntó: ““¿Nos acordamos de escuchar al Señor?”.

En esta capacidad de escucha destacó la importancia de recibir el Evangelio cada día. “Somos cristianos, pero quizás, entre las miles de palabras que escuchamos cada día, no encontramos unos segundos para dejar que resuenen en nosotros algunas palabras del Evangelio. Jesús es la Palabra: si no nos detenemos a escucharlo, pasa de largo. Si no nos detenemos a escucharlo, pasa de largo. San Agustín decía: ‘tengo miedo del Señor cuando pasa’. El miedo era dejarlo pasar sin escucharlo”, señaló el Papa.

De este modo, el Santo Padre subrayó que “si dedicamos tiempo al Evangelio, encontraremos un secreto para nuestra salud espiritual. He aquí la medicina: cada día un poco de silencio y de escucha, algunas palabras inútiles menos y algunas palabras más de Dios. Siempre con el Evangelio en el bolsillo que te ayuda mucho”.

ReL




























Evangelio del día


 

Evangelio según San Marcos 7,31-37.

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.
Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.
Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.
Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: "Efatá", que significa: "Abrete".
Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban
y, en el colmo de la admiración, decían: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Efrén (c. 306-373)
Diácono en Siria, doctor de la Iglesia
Sermón sobre “Nuestro Señor”, 10-11


“Le puso los dedos en las orejas y... le tocó la lengua”

    La fuerza divina inalcanzable para el hombre, ha descendido, se revistió de un cuerpo tangible para que los pobres lo pudieran tocar, y, tocando la humanidad de Cristo percibieran su divinidad. A través de los dedos de la carne, el sordomudo sintió que le tocaban las orejas y la lengua. A través de los dedos tangibles percibió la divinidad inalcanzable cuando se le soltó la lengua y cuando las puertas cerradas de sus orejas se abrieron. Porque el arquitecto y artesano del cuerpo llegó hasta él, y con una palabra cariñosa abrió, sin dolor, las puertas de sus orejas y de su lengua. Entonces, esta lengua, incapaz de proferir una palabra, prorrumpió en alabanzas de aquel que hizo su lengua fecunda dándole el fruto de una alabanza.
    Además, el Señor hizo barro con su saliva y lo extendió sobre los ojos del ciego de nacimiento. (Jn 9,6) para darnos a entender  que le faltaba una cosa, igual que al sordomudo. Una imperfección innata de nuestra condición humana fue suprimida gracias a la levadura que viene de su cuerpo perfecto... Para completar lo que faltaba a estos cuerpos humanos dio algo de si mismo, igual que se da a comer [en la eucaristía]. Por este medio hace desaparecer las deficiencias y resucita los muertos, para que pudiéramos reconocer que, gracias a su cuerpo, “donde habita la plenitud de la divinidad” (Col 2,9) los defectos  de nuestra humanidad son colmados por la verdadera vida que nos es dada a los mortales por este cuerpo del Señor donde habita la verdadera vida. (EDD)

Oración

Oh Dios, has puesto la plenitud de la ley en el amor a ti y al prójimo,
concédenos cumplir tus mandamientos para llegar así a la vida eterna.
 Por nuestro Señor Jesucristo.




































viernes, 13 de febrero de 2015

¿Usted es sordomudo/a de cara a la palabra de Dios? ¿Necesita curarse?



El evangelio de hoy:

Evangelio según San Marcos 7,31-37.
Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.
Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.
Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.
Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: "Efatá", que significa: "Abrete".
Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban
y, en el colmo de la admiración, decían: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos". 




Comentario de Manuel Garrido Bonaño: 
Este milagro de sanación nos hace recordar el rito sacramental de la iniciación cristiana: por él se nos abren los oídos para oír la palabra de Dios, y se nos desata la lengua para proclamar su gloria. La Escritura relaciona el mutismo con la falta de fe (Ex 4,10-17; Is 6; Mc 4,12). Y a esa luz se nos muestra la curación del mudo como un bien mesiánico. En efecto, los últimos tiempos nos sitúan en un clima de relaciones filiales con Dios, nos capacitan para oír su palabra, para responderla y también para hablar de Él a los demás. El cristiano que vive estos últimos tiempos se convierte así en profeta, experto en la Palabra divina, apóstol, misionero, catequista; más aún, en familiar y amigo de Dios. Eso implica que puede escuchar la Palabra, responderla y proclamarla a los hombres. Necesita, pues, los oídos y los labios de la fe. Y la fe, como dice San León Magno, es don de Cristo: «No es la sabiduría terrena quien descubre esta fe, ni la opinión humana quien puede conseguirla; el mismo Hijo único es quien la ha enseñado y el Espíritu quien la instruye» (Sermón 75).


¿Alguna vez ha dado testimonio de su fe? 


     
O



¿Está sordo/a ante la palabra de Dios?
Cover art
Pida al Señor que lo/a cure. 
A partir de su bautismo todo cristiano es llamado 
a dar testimonio de Cristo.

PORQUE USTED ES O DEBERÍA SER