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domingo, 11 de enero de 2026

5 claves para comprender por qué Jesús quiso bautizarse


 

El Bautismo de Jesús en el río Jordán no es un episodio secundario de su vida. Este acontecimiento, narrado por los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas, constituye un momento decisivo y revelador que inaugura su misión y manifiesta varias verdades importantes acerca del sentido de su encarnación. Aunque Jesús no necesitaba conversión, quiso entrar en las aguas para iluminarlas desde dentro y abrir para todos un camino nuevo. 

"En Navidad vimos a un bebé débil, dando prueba de nuestra debilidad. En la fiesta de hoy, vemos a un hombre perfecto, insinuando al Hijo perfecto que procede del Padre todo perfecto. En Navidad, el Rey se pone la túnica real de su cuerpo, en la Epifanía la misma fuente envuelve, y, por así decirlo, reviste el río. Venga entonces y vea nuevos y asombrosos milagros: el sol de justicia lavándose en el Jordán, fuego sumergido en agua, Dios santificado por el ministerio del hombre" (San Proclo).

Estas cinco claves nos ayudarán a comprender su profundidad espiritual:

1. Jesús se pone en la fila de los pecadores

Uno de los rasgos más sorprendentes del Bautismo de Jesús es su solidaridad radical con la humanidad. Juan predicaba un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, y, aun así, Jesús —el Santo de Dios— se acerca como uno más.

Este gesto revela que el Mesías no nos salva desde la distancia, sino desde la cercanía. Jesús asume nuestra condición humana en todo, excepto en el pecado, y se sumerge simbólicamente en la realidad herida de nuestra humanidad. Como afirma san Pablo: “Al que no conoció pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros” (2 Co 5,21). Así, el Bautismo del Señor nos recuerda que Dios no desprecia nuestra fragilidad: entra en ella para redimirla.

“El bautismo de Jesús es por su parte la aceptación e inauguración de su misión como Siervo doliente. Se deja contar entre los pecadores; es ya "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo". Anticipa ya el "bautismo" de su muerte sangrienta. viene ya a "cumplir toda justicia", es decir, se somete enteramente a la voluntad de su Padre: por amor acepta el bautismo de muerte para la remisión de nuestros pecados” (Catecismo de la Iglesia Católica, 536).

2. Jesús se dispone al cumplimiento del plan de su Padre

Ante la resistencia de Juan, Jesús responde: “Conviene que así cumplamos toda justicia” (Mt 3,15). Esta justicia no es solo el cumplimiento de una norma, sino la fidelidad total al designio del Padre. El Bautismo marca el inicio público de la misión de Jesús. Él se entrega plenamente a la voluntad de su Padre, mostrándonos que el camino de la salvación pasa por la obediencia confiada y el abandono.

Para nosotros como creyentes, este pasaje es una invitación a descubrir que la vida espiritual no consiste solo en grandes gestos, sino en decir sí al plan de Dios, incluso cuando no lo comprendemos del todo.

3. Jesús se nos revela como parte de la trinidad 

En el Bautismo de Jesús se manifiesta de forma clara el misterio de la Trinidad: El Hijo se sumerge en el Jordán, el Espíritu Santo desciende en forma de paloma y la voz del Padre proclama: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” (Mt 3,17). Este momento revela que la misión de Jesús brota del amor trinitario. No actúa solo ni por iniciativa propia, sino en comunión con el Padre y el Espíritu Santo. 

El Bautismo de Jesús nos recuerda que la vida cristiana es esencialmente relación: estamos llamados a vivir inmersos en el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

4. Jesús es consagrado por el Espíritu

La unción del Espíritu Santo señala a Jesús como el Mesías esperado, el Ungido. Este gesto evoca las profecías de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido” (Is 61,1). Cristo comienza su misión no desde el poder humano, sino desde la fuerza del Espíritu, que lo conducirá al desierto, a la predicación, a la Cruz y a la Resurrección.

Jesús nos recuerda que toda misión auténtica nace de la acción del Espíritu Santo. No somos enviados por nuestras capacidades, sino por la gracia que Dios derrama en nuestros corazones.

5. Jesús anticipa nuestro propio bautismo

El Bautismo de Jesús ilumina el sentido de nuestro bautismo cristiano. Al entrar en el Jordán, Jesús santifica las aguas y las prepara para convertirse en signo eficaz de vida nueva. En nuestro bautismo: somos sumergidos en la muerte y Resurrección de Cristo (cf. Rom 6,3-4), recibimos el Espíritu Santo y escuchamos, en la fe, las mismas palabras del Padre: “Tú eres mi hijo amado”. 

Este acontecimiento en la vida de Jesús, nos invita a recordar y renovar nuestra identidad bautismal, viviendo como hijos amados y enviados al mundo como discípulos.

"Quizás alguien dirá: 'Él que es santo, ¿por qué quiso ser bautizado?' ¡Presten atención, pues! Cristo es bautizado, no para ser santificado en las aguas, sino para que Él mismo santifique las aguas, y por su propia purificación puede purificar los arroyos que toca” (San Máximo de Turín).

En el Bautismo de Jesús en el Jordán, Dios se nos revela como un Dios que se abaja, que se revela como comunión de amor y que nos llama a una vida nueva. Contemplar este pasaje no es solo un ejercicio bíblico, sino una experiencia espiritual que nos invita a sumergirnos —con Cristo— en el amor del Padre y a dejarnos conducir por el Espíritu en nuestra vida cotidiana.

Luisa Restrepo, churchpop

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la Iglesia, Cuerpo Místico de Jesús


sábado, 12 de abril de 2025

Antonio, a punto de bautizarse: “He descubierto un amor inimaginable”

 

catecúmeno, será bautizado en la vigilia pascual
"Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo." Estas palabras están siendo preparadas por miles de catecúmenos alrededor del mundo para escucharlas en la noche de Pascua cuando recibirán el bautismo. A lo largo de la Cuaresma, Aleteia nos cuenta la historia de estos hombres y mujeres que están felices de convertirse en hijos de Dios. Hoy, la historia de Antonio: cuando tenía 16 años, su profesor de religión preguntó en clase “¿Alguno de aquí no está bautizado?” Ahí empezó todo…

En España, el temario de la asignatura de Religión para 4º de Educación Secundaria Obligatoria incluye los sacramentos. Por eso, aquel día en clase hablaban sobre el bautismo. El profesor, Jesús, preguntó: “¿Alguno de aquí falta por bautizarse?”. Antonio levantó la mano. “Oye, pues te invito a bautizarte y a que recibas los sacramentos, y a recibir catequesis en tu parroquia para ello”. 

El chico asintió sin pensárselo dos veces. Ahora, después de dos años de catecumenado, explica a Aleteia por qué esa respuesta tan rápida.

“Estaba abierto a conocer más sobre Cristo, me llamaba mucho la atención por su mensaje y enseñanzas”, recuerda.

A este estudiante de Alcorcón también le atraían los milagros eucarísticos, la tilma de Guadalupe, la Sábana Santa y otros “milagros documentados”. 

2 años de preparación

En el tiempo de preparación para el bautismo, la Primera Comunión y la Confirmación, Antonio Borrego ha conocido la Iglesia católica.

Ha participado en las catequesis y en peregrinaciones de jóvenes, acolitó en la catedral de la Almudena, hizo el retiro Effetá,…

Y se ha integrado en la parroquia de La Saleta, donde ayuda como monaguillo en las Misas y acompaña a los niños como monitor en los campamentos de verano. 

“Mi proceso para recibir los sacramentos ha tenido un poco de todo -reconoce-, pero me atrevo a decir que ha habido más gozos que espinas porque las dificultades siempre las he acabado pasando con Dios a mi lado”.

Como dificultades, destaca el contraste con la parte de su entorno que no tiene fe, y “tentaciones y vicios”, como dedicar demasiado tiempo a distraerse con videos cortos y videojuegos. “Ha sido un camino muy bonito y enriquecedor, lleno de la compañía, generosidad y misericordia de Dios”, subraya.

Y resume con ilusión lo que ha descubierto en este tiempo de preparación:

“He descubierto que hay un ser superior (Dios) que nos tiene un amor inimaginable, que nunca nos deja de lado pase lo que pase y que quiere lo mejor para nosotros, que es rico en perdón y lento a la ira, que no juzga a los demás sino que nos abraza, y que quiere que nos hagamos a su imagen y semejanza para gozar de la vida aun en nuestras espinas, y que transmitamos esa alegría y amor a los demás siguiendo sus enseñanzas, no quitándonos libertad, sino dándola y en plenitud, dándonos la salvación para estar a su lado en el cielo”.

Cambios

Así, con 18 años recién cumplidos, recibirá los sacramentos de la iniciación cristiana el próximo 19 de abril de 2025, junto con algunos de los cerca de 30 catecúmenos de la diócesis de Getafe.

En ella, dado el elevado número de adultos que entrarán en la Iglesia este año, habrá dos celebraciones con bautismos en la vigilia pascual, una en la catedral y otra en el Cerro de los Ángeles.

Allí estará Antonio con las personas que le han acompañado en el proceso de convertirse en cristiano. 

También con su familia, que respeta su decisión y a veces le acompaña a la iglesia, aunque la única practicante es su abuela.

Sobre su futuro, Antonio reflexiona: “Si mi vida ya ha cambiado a mejor abriéndome a Cristo y siendo catecúmeno, ¿quién me dice a mí que no habrá más cambios?”. 

“Me resulta difícil prever por dónde podría llevarme Dios después de recibir los sacramentos, pero poniendo mi vida y confianza en Él, yo sé que estará todo en buenas manos”, afirma. 

“Sé que todo mejorará aún más, que me hará estar más cerca de la salvación, de Él, que seguirá habiendo gozos y espinas en el camino, que me llevará a ser mejor ejemplo -concluye-, pero no sabría decir hacia dónde con exactitud...”.

Patricia Navas, Aleteia 

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