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lunes, 6 de abril de 2026

El Papa: Anunciar la Pascua de Cristo significa dar nueva voz a la esperanza

 


Este 6 de abril, Lunes del Ángel, en la Octava de Pascua, el Papa León XIV dirigió el rezo de la oración mariana del Regina Coeli. Desde la ventana del Palacio Apostólico el Pontífice invitó a testimoniar en el mundo: la Pascua del Señor, porque “el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro”. Y recordó “con particular afecto, a la luz del Resucitado”, al Papa Francisco, quien precisamente el Lunes de Pascua del año pasado entregó su vida al Señor.

“Así como el Resucitado —siempre vivo y presente— libera el pasado de un final destructivo, así el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro”, este fue el centro de la reflexión del Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Regina Coeli de este 6 de abril, Lunes del Ángel, en la Octava de Pascua.

Toda la creación entra en el tiempo de la salvación

A los más de ocho mil fieles y peregrinos que se congregaron en la Plaza de San Pedro para rezar a la Madre de Dios, el Santo Padre les manifestó el tradicional saludo pascual: “¡Cristo ha resucitado! ¡Feliz Pascua!”. Y les dijo que, este saludo, lleno de asombro y de alegría, nos acompañará toda la semana.

“Al celebrar el día nuevo que el Señor ha hecho para nosotros, la liturgia celebra el ingreso de toda la creación en el tiempo de la salvación; la desesperación de la muerte es removida para siempre, en el nombre de Jesús”.

De un mismo hecho, el sepulcro vacío, brotan dos interpretaciones

Al comentar el Evangelio que la liturgia presenta este Lunes de la Octava de Pascua (Mt 28, 8-15), el Pontífice señaló que, este texto bíblico nos pide elegir entre dos relatos: el de las mujeres, que han encontrado al Resucitado (vv. 9-11), o el de los guardias, que han sido sobornados por los jefes del sanedrín (vv. 11-14).

“Las primeras anuncian la victoria de Cristo sobre la muerte; los segundos anuncian que la muerte vence siempre y en todo caso. En su versión, Jesús no ha resucitado, sino que su cadáver ha sido robado. De un mismo hecho, el sepulcro vacío, brotan dos interpretaciones: una es fuente de vida nueva y eterna, la otra de muerte cierta y definitiva”.

El Papa: Perseveremos en la invocación del don de la paz para todo el mundo

06/04/2026

Este 6 de abril, Lunes del Ángel, en la Octava de Pascua, el Papa León XIV después de la oración mariana del Regina Coeli invitó a seguir perseverando “en la invocación del don de ...

Reflexionar sobre el valor del testimonio cristiano

Este contraste, precisó el Papa León, nos hace reflexionar sobre el valor del testimonio cristiano y sobre la honestidad de la comunicación humana. A menudo, el relato de la verdad es oscurecido por fake news —como se dice hoy—, es decir, por mentiras, alusiones y acusaciones sin fundamento. No obstante, frente a tales obstáculos, la verdad no permanece oculta, al contrario, viene a nuestro encuentro, viva y radiante, iluminando las tinieblas más densas.

“Tal como a las mujeres que fueron al sepulcro, Jesús también hoy a nosotros nos dice: «No teman. Vayan a anunciar» (v. 10). Jesús mismo se convierte así en la buena noticia que hay que testimoniar en el mundo: la Pascua del Señor es nuestra Pascua —la Pascua de la humanidad— porque este hombre, que ha muerto por nosotros, es el Hijo de Dios, que por nosotros ha dado su vida. Así como el Resucitado —siempre vivo y presente— libera el pasado de un final destructivo, así el anuncio pascual exime del sepulcro nuestro futuro”.

Anunciar la Pascua de Cristo significa dar nueva voz a la esperanza

Por este motivo, el Santo Padre dijo que, ¡cuán importante es que este Evangelio llegue sobre todo a quienes están oprimidos por la maldad, que corrompe la historia y confunde las conciencias! Y su pensamiento se dirigió especialmente a los pueblos atormentados por la guerra, a los cristianos perseguidos por su fe, a los niños privados de la educación.

“Anunciar con palabras y obras la Pascua de Cristo significa dar nueva voz a la esperanza, que de otro modo sería sofocada en manos de los violentos. Cuando es proclamada en el mundo, la Buena Nueva disipa toda sombra, en cada época”.

El gran testimonio de fe y de amor del Papa Francisco

Y antes de concluir su alocución, León XIV recordó “con particular afecto, a la luz del Resucitado”, al Papa Francisco, quien precisamente el Lunes de Pascua del año pasado entregó su vida al Señor.

“Al recordar su gran testimonio de fe y de amor, recemos juntos a la Virgen María, Trono de la Sabiduría, para que podamos convertirnos en anunciadores cada vez más luminosos de la verdad”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

domingo, 6 de julio de 2025

Ángelus del Papa León XIV 6/7/2025

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El Evangelio de hoy (Lc 10,1-12.17-20) nos recuerda la importancia de la misión, a la que todos estamos llamados, cada uno según su vocación y en las situaciones concretas en las que el Señor lo ha puesto.

Jesús envía a setenta y dos discípulos (v. 1). Este número simbólico indica que la esperanza del Evangelio está destinada a todos los pueblos. Tal es la amplitud del corazón de Dios: su abundante cosecha, es decir, la obra que Él realiza en el mundo para que todos sus hijos sean alcanzados por su amor y sean salvados.

Al mismo tiempo, Jesús dice: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha» (v. 2).

Por un lado, Dios, como un sembrador, ha salido generosamente al mundo a sembrar y ha puesto en el corazón del hombre y de la historia el deseo de infinito, de una vida plena, de una salvación que lo libere. Por eso la mies es mucha, el Reino de Dios germina como una semilla en la tierra y los hombres y mujeres de hoy, incluso cuando parecen abrumados por tantas otras cosas, esperan una verdad más grande, buscan un sentido más pleno para su vida, desean justicia y llevan en su interior un anhelo de vida eterna.

Por otra parte, son pocos los obreros que van a trabajar al campo sembrado por el Señor y que, antes aún, son capaces de reconocer, con los ojos de Jesús, el buen grano listo para la cosecha (cf. Jn 4,35-38). Hay algo grande que el Señor quiere hacer en nuestra vida y en la historia de la humanidad, pero son pocos los que se dan cuenta, los que se detienen para acoger el don, los que lo anuncian y lo llevan a los demás.

Queridos hermanos y hermanas, la Iglesia y el mundo no necesitan personas que cumplen con sus deberes religiosos mostrando su fe como una etiqueta exterior; necesitan, en cambio, obreros deseosos de trabajar en el campo de la misión, discípulos enamorados que den testimonio del Reino de Dios dondequiera que se encuentren. Quizás no falten los “cristianos de ocasión”, que de vez en cuando dan cabida a algún buen sentimiento religioso o participan en algún evento; pero son pocos los que están dispuestos a trabajar cada día en el campo de Dios, cultivando en su corazón la semilla del Evangelio para luego llevarla a la vida cotidiana, a la familia, a los lugares de trabajo y de estudio, a los diversos entornos sociales y a quienes se encuentran en necesidad.

Para hacer esto no se necesitan demasiadas ideas teóricas sobre conceptos pastorales; se necesita, sobre todo, rezar al dueño de la mies. En primer lugar, pues, está la relación con el Señor, cultivar el diálogo con Él. Entonces Él nos convertirá en sus obreros y nos enviará al campo del mundo como testigos de su Reino.

Pidamos a la Virgen María, que se entregó generosamente diciendo «Yo soy la servidora del Señor», y participando de esta forma en la obra de la salvación, que interceda por nosotros y nos acompañe en el camino del seguimiento del Señor, para que también nosotros podamos convertirnos en alegres trabajadores del Reino de Dios.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

Saludo con afecto a todos ustedes, fieles de Roma, peregrinos de Italia y de diversos países. Con el gran calor de este período, su camino para atravesar las Puertas Santas es aún más valiente y admirable.

En particular, saludo a las Hermanas Franciscanas Misioneras del Sagrado Corazón; a los alumnos y padres de la Escuela de Strzyzow y a los fieles de Legnica, en Polonia; al grupo greco-católico de Ucrania.

Saludo también a los peregrinos de Romano di Lombardia, Melìa (Reggio Calabria), Sassari y a la comunidad latinoamericana de la diócesis de Florencia.

Quisiera expresar mi más sincero pésame a todas las familias que han perdido a sus seres queridos, en particular por las niñas que se encontraban en el campamento estivo, durante la catástrofe causada por las inundaciones del río Guadalupe en Texas, Estados Unidos. Recemos por ellos.

Queridos hermanos, la paz es un deseo de todos los pueblos y es el grito doloroso de los que están desgarrados por la guerra. Pidamos al Señor que toque los corazones e inspire las mentes de los gobernantes, para que sustituyan la violencia de las armas por la búsqueda del diálogo.

Esta tarde me trasladaré a Castel Gandolfo, donde pienso permanecer para un breve período de descanso. Deseo a todos que puedan disfrutar de un tiempo de vacaciones para reponer fuerzas físicas y espirituales.

¡Feliz domingo a todos!

(vatican.va)