¿Alguna vez te has preguntado qué acciones de las que haces repetidamente pueden ser una ruta de escapismo alejándote de tu relación con Dios sin saberlo?
El escapismo se ha convertido en una epidemia silenciosa
afectando a la mayoría de la población mundial, evitando a toda costa el dolor,
tanto físico como espiritual para impedirnos centrarnos en lo que
verdaderamente importa, pues esta constante estimulación ha erosiona nuestra
capacidad de estar a solas con nosotros mismos y procesar nuestros pensamientos
en silencio.
Dicha epidemia de la cual nos habla Gabriel González, host
de podcast Unbound y el hermano José Andrés
González, nos invita a cuestionar nuestras actividades cotidianas y evaluar si
estas se han convertido en una adicción normalizada para escapar de la
realidad, haciendo a un lado las emociones, nuestro dolor interno y la soledad que
cada vez ataca más a la sociedad.
Escapes invisibles, ¿hacia dónde encaminamos la vida?
El hermano José, propone que debemos ser cuidadosos, ya que no todas las actividades de escape son necesariamente negativas, algunas son positivas; sin embargo, pueden convertirse en mecanismos de huida para no sentir el dolor o la insatisfacción.
Confrontar para sanar
El mensaje central que comparte Gabriel González es que la
libertad real no consiste en encontrar un escape mejor, sino en dejar de
necesitar escapar. La constante estimulación nos impide mirar de frente al
dolor, que es el único camino genuino hacia la salud mental, la paz interior y
la verdadera felicidad.
Solo de esta manera podremos sanar nuestra vida interior,
nuestras dificultades e incluso aquellos hábitos negativos o positivos que se
han convertido en una adicción.
A continuación te mostramos algunos pasos para evitar el
escapismo y caminar desde nuestra realidad.
1Hacer verdad con la vida propia
"Sin silencio es imposible hacer verdad con la propia vida". Es necesario dedicar tiempo a la reflexión durante la rutina, de esta manera tendremos más claridad sobre dónde estamos parados y en qué nos refugiamos, explicó el hermano José.
2Desahogar todo
Es necesario sacar todo lo que está en nuestra mente y
plasmar nuestros hábitos cotidianos para poder reflexionar sobre ello; esto
puede hacerse, por ejemplo, por medio de la escritura, según la recomendación
de muchos especialistas.
Una vez que se escribe todo, podemos tener un panorama que
contemplar, y así detectar qué nos está motivando a hacer lo que hacemos en el
día a día: qué hacemos por pasión, rutina o salud, y qué hacemos por escapar
del dolor. Lograr esto es un reto importante ya que, por más natural que
parezca, existen vicios aceptados por la sociedad que se convierten en algo
"normal", por ejemplo, el exceso de trabajo, lo disfrazamos de
productividad; el exceso de deporte, lo vemos como una vida sana.
3Aprender a descansar
El hermano José, destaca que, en la actualidad, confundimos
el descanso con el escape. Sin embargo, al escapar de nuestra propia vida,
nunca encontraremos felicidad.
La gratificación instantánea viene a promover en nosotros
una necesidad constante de estímulos que nunca terminarán por ser suficientes,
el hermano describe a este suceso como una "anestesia existencial",
misma que nos hace perder la sensibilidad al dolor, a la vida y a la alegría
verdadera.
4Permitir que Jesús nos guíe
Finalmente, debemos optar por permitir que Jesús sea parte
de nuestra vida, sin verlo como una “solución mágica”, sino más bien, un
acompañante que entra directamente en el vacío del ser humano para sostenerlo
durante el proceso de sanación.
De esta manera podremos hacerle frente a nuestras ataduras,
permitiéndonos vivir con calma, ver lo que nos impide avanzar y lo que podemos
fortalecer en nuestra vida interior.
Karen Hutch, Aleteia
Vea también El dolor y el sufrimiento
en la vida del cristiano
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