Aquí podemos ofrecerle sólo unos cuantos aspectos
de las mil maravillas de la Santa Misa
¡Qué crezca en nosotros una piedad apasionada por la Santa Misa! |
Al celebrar o al participar en la Santa Misa, sacerdotes y laicos han de actuar con piedad recia, doctrinal, y de forma amorosa, atenta, santamente apasionada. En la Eucaristía, donde tiempo y eternidad se encuentran, Cristo se ofrece al Padre y se nos entrega de nuevo a nosotros los hombres: merece evidentemente que correspondamos con todo el amor de que seamos capaces. Dios no nos pide solamente la entrega de un acto externo, sino que ante todo espera nuestro amor: sólo así la ofrenda puede ser perfecta, agradable a Dios.
Mons. Javier Echevarría; Sínodo de la Eucaristía, octubre de 2005 |
La Eucaristía es el don más grande que el Señor ha ofrecido a su Esposa. | La Eucaristía es el don más grande que el Señor ha ofrecido a su Esposa, la Iglesia permanente... Es compendio de las palabras, vida y obra de Jesús, ofrecida al Padre por nosotros... Es gloria de su Cuerpo Resucitado... Es fuente, centro y culmen de la vida cristiana. Concilio Vaticano II |
¿Hemos llorado en la Santa Misa? |
San Ignacio de Loyola lloraba con frecuencia en la Santa Misa. Nosotros, hombres de poca fe, no lloramos, pues apenas sabemos lo que hacemos cuando asistimos a la Santa Misa.
San Ignacio de Loyola; Diario Espiritual No. 14
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Cuanto más puros y castos, más hambre de Eucaristía tendremos. |
Cuanto más pura y más casta sea un alma, tanta más hambre tiene de este Pan, del cual saca la fuerza para resistir a toda seducción impura, para unirse más íntimamente a su Divino Esposo: "Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él". (Jn. 6, 57)
SS León XIII |
La Eucaristía sabe a María Santísima. |
La Eucaristía sabe a vida eterna y sabe a María, porque la carne que se nos da en la Eucaristía es carne tomada de María.
Sor Teresa Mª de Jesús Ortega, o.p.
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En la Eucaristía somos comidos por Cristo. |
La Eucaristía es un banquete en el que comemos con Cristo, comemos a Cristo, y somos comidos por Cristo.
San Agustín de Hipona, Doctor de la Iglesia
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