León XIV no es un continuista del Pontificado de Francisco, tampoco un rupturista. Más bien es un “corrector” de la manera de gobernar de su predecesor.

León XIV con los peregrinos congregados en la plaza de san Pedro en el Vaticanp1
Tras un año de pontificado de León XIV comienzan a vislumbrarse unos cambios, muchas veces silenciosos, pero definitivos en la forma de gobernar la Iglesia. Poco a poco, vamos percibiendo qué ruta va tomando el Papa a la hora de dirigir la barca de Pedro.
Aunque algunos analistas han etiquetado a León XIV como continuista del Pontificado de Francisco, a medida que pasa el tiempo ese calificativo se va diluyendo. Tampoco es un rupturista con respecto a su predecesor: León XIV no está desmontando el pontificado de Francisco ni haciendo una “contrarreforma”. Posiblemente sea un “corrector”. Está corrigiendo el modo de gobernar de Francisco, aunque manteniendo parte de las reformas.
Previsible, colegial y con cauces institucionales
Si Francisco fue un Papa reformador, personalista, disruptivo, con gran expansión mediática y muchas veces sorpresivo en sus decisiones; León XIV, por el contrario, encauza el Pontificado hacia un gobierno más colegial, más previsible, contenido comunicativamente para preservar el papado, y restableciendo los cauces jurídicos e institucionales.
Tras algo más de un año de pontificado, ya hay indicios suficientes para señalar varios cambios importantes que León XIV ha implementado su pontificado:
1. Del gobierno personalista a una mayor colegialidad con los cardenales
Francisco creó un pequeño consejo para ayudarle a gobernar, el llamado “C9”, compuesto por una serie de cardenales; León XIV parece querer devolver esa función consultiva al conjunto del Colegio Cardenalicio. Y para ello el Papa ha decidido prescindir de ese "C9" o Consejo de Cardenales, y sustituirlo por un modelo basado en la consulta periódica a la totalidad del Colegio Cardenalicio.
De esta manera el Pontífice confirma una nueva forma de ejercer el ministerio petrino: más colegial, más participativa y con una escucha directa a los purpurados de todo el mundo.
El cardenal congoleño Fridolin Ambongo Besungu lo explicó hace pocas semanas: "El nuevo Pontífice valoriza a todo el colegio cardenalicio", respondiendo así a una petición expresada por numerosos cardenales durante las congregaciones previas al cónclave de 2025.
Durante aquellos encuentros, muchos purpurados mostraron su malestar porque el Consejo de Cardenales había concentrado en un pequeño grupo una función consultiva que, según recordaban, corresponde al conjunto del Colegio Cardenalicio.
La propuesta fue clara: sustituir el reducido círculo asesor por consistorios periódicos abiertos a la participación de todos los cardenales.
León XIV parece haber asumido plenamente esa petición y ha prometido mantener un contacto directo con los cardenales, incluso mediante un correo electrónico personal a través del cual responde directamente a sus consultas.
"Vosotros me habéis llamado a esta misión, y es importante que trabajemos juntos", afirmó entonces el Pontífice ante los cardenales.
En enero dijo expresamente a los cardenales que quería que esos encuentros sirvieran para «apoyar y aconsejar al Papa en la grave responsabilidad del gobierno de la Iglesia universal», y afirmó: «Estoy aquí para escuchar». Al finalizar, pidió incluso que le enviaran por escrito sus valoraciones y propuso institucionalizar estos encuentros.
No significa que el Papa renuncie a su autoridad. Cambia cómo prepara y contrasta las decisiones.
2. Menos “gobierno por sorpresa” y mayor previsibilidad institucional
Francisco tenía un estilo de gobierno muy personal. En numerosas ocasiones introducía cambios mediante motu proprio, decisiones directas, nombramientos inesperados o reformas que dependían fuertemente de su criterio personal.
Son innumerables los nombramientos de obispos y cardenales que hacía sin prácticamente consultar a nadie. Un caso significativo fue el nombramiento del hoy cardenal Mauro Gambetti: pasó de fraile de la Orden de Frailes Menores Conventuales a cardenal, sin ningún tipo de gradualidad. Francisco lo conoció en una de sus visitas al santuario de Asís, y decidió sobre la marcha nombrarle cardenal, lo que implicaba consagrarle obispo prácticamente a la vez.
Con León XIV parece emerger otro método: consulta, estudio previo, delimitación de competencias y, finalmente, decisión.
Un ejemplo reciente es la reforma del Vicariato de Roma. En lugar de sustituir simplemente la reforma realizada por Francisco en 2023, León XIV creó primero un grupo de trabajo para evaluar su funcionamiento y posteriormente corrigió aspectos concretos: clarificó competencias, reforzó el papel del cardenal vicario, estableció con mayor precisión las funciones del Moderator curiae y simplificó estructuras.
Francisco tendía a reformar estructuras; León XIV parece más inclinado a evaluar cómo funcionan esas reformas y corregirlas institucionalmente.
3. Una concepción distinta de la sinodalidad
León XIV no ha abandonado la sinodalidad de Francisco. Todo lo contrario: ha confirmado expresamente que continuará el proceso hasta la Asamblea Eclesial prevista para 2028. Pero parece estar acotando su significado.
Aunque ha pasado casi desapercibido en la mayoría de los medios de comunicación, sin apenas dedicarle una mención, la publicación, el pasado 30 de junio, del Motu Proprio Confirma Fratres Tuos, mediante el cual el Papa León XIV modifica la Constitución Apostólica In Ecclesiarum Communione, redefine el mismo sentido de la sinodalidad.
Antonio Torres señala en un análisis publicado con el título La silenciosa rectificación de León XIV: la sinodalidad vuelve a su lugar que “León XIV introduce una modificación decisiva: devuelve con claridad la responsabilidad del gobierno a quien ha recibido de la Iglesia la misión de gobernar. La consulta, la escucha y el discernimiento permanecen, pero la decisión corresponde, sin ambigüedad, al pastor. Ésta es la clave de la reforma. León XIV reafirma el valor de los órganos consultivos, pero recuerda que una consulta, por amplia que sea, nunca sustituye la responsabilidad personal del pastor. Escuchar no significa compartir la potestad de gobierno. Éste ha sido siempre un principio fundamental de la tradición canónica: los consejos ayudan pero no gobiernan y el discernimiento ilumina la decisión pero no reemplaza la autoridad”.
Con Francisco, la sinodalidad fue sobre todo un gran proceso eclesial de escucha; con León XIV empieza a convertirse en un método estable de gobierno, pero con una definición más clara de quién escucha, quién aconseja y quién decide.
4. Mayor peso de la subsidiariedad frente a la concentración del poder
Hay una aparente paradoja en Francisco: impulsó una Iglesia descentralizada y sinodal, pero personalmente ejerció un pontificado bastante centralizado en determinadas decisiones importantes.
León XIV está insistiendo mucho más explícitamente en la subsidiariedad como principio de gobierno.
En febrero afirmó, hablando del buen gobierno: «Un buen gobierno, en lugar de concentrarlo todo en sí mismo, fomenta la subsidiariedad y la participación responsable».
Y su encíclica Magnifica Humanitas lleva esta idea al terreno del gobierno eclesial: habla de subsidiariedad, transparencia, rendición de cuentas, evaluación y órganos de participación que sean reales y no meramente nominales.
Esto podría representar uno de los cambios profundos: mayor responsabilidad de cada nivel de gobierno.
5. De una Curia que debía ser "reformada" a una Curia que debe funcionar
El cardenal Bergoglio llegó al papado con un mandato muy claro por parte de los cardenales: reformar en profundidad la Curia Romana.
Ese proceso culminó jurídicamente con Praedicate Evangelium en 2022.
Para León XIV su problema no es diseñar otra gran reforma, sino hacer funcionar correctamente la estructura heredada.
Es muy revelador que en el consistorio de enero sometiera precisamente Praedicate Evangelium a la reflexión de los cardenales: cómo debe servir la Santa Sede al Papa y, especialmente, a las Iglesias particulares.
Si Francisco fue el arquitecto de la reforma de la Curia; León XIV parece querer convertirse en su administrador y corrector, y eso implica profesionalización, delimitación de responsabilidades, evaluación y estabilidad.
6. El final de la diplomacia paralela
Durante el pontificado de Francisco, la Secretaría de Estado y las nunciaturas dejaron de ser, en algunos asuntos, los únicos canales de información del Papa. El pontífice argentino creó una amplia red de personas de su máxima confianza —en muchos casos jesuitas, aunque no exclusivamente— que le transmitían información directa sobre la situación eclesial y política de distintos países. Esta vía informal le permitía contrastar o incluso prescindir de los informes oficiales de los nuncios.
En algunos países esa estructura llegó a adquirir una notable influencia. En España, por ejemplo, era público que el Padre Germán Arana Beorlegui, jesuita de máxima confianza del Papa, sugería al Pontífice perfiles de futuros obispos, así como información confidencial de otros asuntos relacionados con la Iglesia.
Asimismo, también en España funcionaba una "comisión" no oficial, al margen de nunciatura, integrada por tres o cuatro obispos, que tenía por objetivo ofrecer al Papa de forma directa candidatos alternativos a los que proporcionaba el propio nuncio.
León XIV ha desmantelado ese sistema. Desde el inicio de su pontificado ha reforzado el papel de la Secretaría de Estado, ha devuelto protagonismo a los nuncios apostólicos y ha insistido en que los cauces ordinarios de gobierno vuelvan a ser los habituales.
El resultado es un proceso más institucional, menos personalista y más apoyado en los organismos previstos por el derecho de la Iglesia.
7. Mas garantía jurídica: el derecho vuelve a tener protagonismo
Durante el pontificado de Francisco hubo una percepción bastante extendida entre canonistas y obispos de que la voluntad personal del Papa podía prevalecer sobre los procedimientos habituales.
Hubo numerosas decisiones tomadas mediante rescripta, motu proprio o intervenciones directas que modificaban situaciones concretas.
León XIV es canonista de formación y su forma de gobernar muestra una sensibilidad jurídica mayor. Transmite un mensaje de que las normas son estables; los procedimientos importan y las decisiones siguen cauces institucionales.
No significa gobernar con menos autoridad, sino ejercerla de forma más previsible.
Para muchos sacerdotes y obispos el pontificado de Francisco supuso vivir con una cierta incertidumbre. No había un criterio unificado ante ciertas situaciones, y el resultado era completamente dispar según las afinidades personales.
Algunos fueron cesados de manera inesperada sin una explicación por escrito, sino meramente verbal. Otros veían paralizados sus reclamos durante años.
Con León XIV parece buscarse justamente lo contrario: criterios más transparentes; canales conocidos; interlocutores definidos; procesos previsibles.
Para un sacerdote, religioso, religiosa u obispo, esto supone una enorme diferencia, y genera más tranquilidad. Las garantías vuelven a tener su importancia.
Se podría resumir en que la seguridad jurídica vuelve a ser un valor de gobierno.
8. Del papado mediático al papado institucional
Uno de los rasgos más característicos del pontificado de Francisco fue su personalidad expansiva, su espontaneidad y su disponibilidad para conceder entrevistas prácticamente a todos los medios comunicación que lo solicitarán, sin importar la cosmovisión ni la línea editorial, convirtiendo, por lo tanto, al Papa Francisco, en un protagonista permanente de la actualidad.
Nunca un pontífice había hablado tanto y de temas tan diversos, y nunca un Papa había escrito tantos libros -se calcula que unos 40-, muchos de ellos en formato entrevista, además de conceder innumerables diálogos periodísticos en formatos televisivos.
Esa forma de comunicar acercó la figura del Papa a millones de personas, pero también tuvo un efecto secundario: el centro de atención pasó con frecuencia de la institución al individuo.
Las declaraciones improvisadas o las opiniones expresadas en entrevistas adquirían una relevancia similar —e incluso superior, desde el punto de vista mediático— a documentos de mayor rango como encíclicas, exhortaciones apostólicas o discursos oficiales.
El resultado fue que el interés se desplazaba hacia lo que Francisco pensaba o decía en cada momento más que hacia el ejercicio estable del ministerio petrino.
León XIV, sin embargo, parece haber optado por el camino inverso. Ha reducido drásticamente las entrevistas, evita las declaraciones improvisadas y procura que su voz llegue principalmente a través de los canales institucionales de la Santa Sede: homilías, discursos, documentos y mensajes oficiales.
No pretende desaparecer de la escena pública, sino subrayar que el protagonista es el ministerio petrino y no la personalidad de quien lo ejerce.
Hay una anécdota que refleja muy bien como León XIV tiene interiorizado que es el Papa, y por lo tanto debe separar el papel institucional de su persona: en el viaje en avión a España, una periodista le preguntó sobre sus preferencias futboleras, ¿Madrid o Barça? "Prevost es del Madrid, pero el Papa es de todos los equipos".
Álex Rosal, ReL
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