La "resistencia cristera" fue una época difícil
para la Iglesia de México. La fe de los católicos fue probada con la
profanación de sus imágenes y templos.
Se han cumplido cien años de la "Ley Calles"; es
decir, cien años de una era conocida como la "resistencia cristera",
o como lo llama el episcopado mexicano (CEM), el "conflicto religioso en México" tiempo
de inmensa pena para los fieles cristianos que vieron probada su fe hasta el
punto de tener que sufrir la profanación de sus templos e imágenes, y que en
muchos casos, defendieron con sus vidas.
Una cruel anécdota
La mayoría del territorio mexicano padeció las consecuencias
de la "Ley Calles", que "penalizaba la vida ordinaria de la
Iglesia y sometía el ministerio de los sacerdotes al control del Estado" (CEM) en México, con la que el presidente Plutarco Elías
Calles pretendía poner a los ministros de culto a su voluntad.
Los obispos respondieron suspendiendo el culto público y
cerrando las iglesias el 31 de julio de 1926. Ante lo inminente, los fieles
abarrotaron las iglesias y oraron con más fervor que nunca, porque no sabían
cuándo volverían a acudir a Misa.
Fue en esta época en la que el pueblo de Dolores Hidalgo
tuvo que sufrir la profanación de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, sitio histórico en donde el
Cura Miguel Hidalgo dio el grito de independencia.
Imágenes fusiladas
De nada valió a la gran parroquia la histórica anécdota,
porque los soldados enviados por el gobierno tomaron el templo para usarlo como
cuartel, caballeriza y salón de baile.
El padre Luis Miguel Hernández Juárez, oriundo de Dolores
Hidalgo e historiador de la Diócesis de Celaya, narra que entre los testigos de
estos hechos estaba su abuela, quien le contaba sobre los desmanes que hicieron
dentro del reciento sagrado.
La señora recordaba que después de uno de esos
desafortunados bailes, acudieron "bastantes mujeres" para limpiar el
templo. Lo que encontraron fue un espectáculo indignante porque entre todo el
desorden estaban las imágenes tiradas, que, previamente, habían sido mutiladas
- se presume que con las mismas armas las habían roto, por eso algunas personas
expresan que fueron fusiladas - ; además, "los ornamentos sagrados que
estaban por el suelo quemados", menciona el sacerdote, lo que era signo de
" una profanación de un templo".
El padre Luis Miguel Hernández menciona que, gracias a la
intervención del sacristán de aquel tiempo, se salvó la imagen de la Virgen de
los Dolores, una pequeña estatua que pudo envolver en una alfombra y sacarla
del lugar.
Memoria agradecida
Ante estos hechos, la Conferencia del Episcopado Mexicano
emitió un mensaje en el que anuncia que ha decidido conmemorar
los "cien años de aquel 1926", pero no para "reabrir heridas,
sino para curarlas; no para juzgar a los muertos, sino para servir a los
vivos" inaugurando "un tiempo de memoria agradecida y de
discernimiento eclesial que nos acompañará en los próximos años, hasta el
jubileo guadalupano de 2031 y el jubileo de la Redención de 2033".
Mónica Muñozo, Aleteia
Vea también Oración expiatoria al Sagrado Corazón de Jesús: Pío XI
(Cambiando palabras de puede dirigir a la Virgen)
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