123,000 personas se encuentran desaparecidas en México según las cifras oficiales. Para dimensionar la cifra, el estadio más grande de México -el Azteca- tiene una capacidad máxima de poco más de 83,200 personas; y el Spotify Camp Nou -casa del Barcelona y segundo estadio más grande del mundo- tiene una capacidad de 105,000 personas.
La cifra crece aún más si se tiene en cuenta que, por cada persona desaparecida, existen muchas víctimas indirectas: su familia y seres queridos. La Suprema Corte de Justicia de la Nación reconoce que “las familias de las personas desaparecidas quedan atrapadas en la incertidumbre causada por la ausencia (...) y se ven orilladas a reconfigurar sus proyectos de vida para dedicarse a labores de búsqueda”.
Esto implica que "muchas veces pierdan sus trabajos y fuentes de ingresos; que las diligencias de búsqueda sumen cargas desproporcionadas a las labores de cuidado en el hogar o la comunidad, o que deban navegar dolorosamente las muchas complejidades civiles, laborales, de seguridad social y muchas otras que también resultan de una desaparición”.
En medio de este gran dolor, la congregación de las hermanas Carmelitas del Sagrado Corazón sintió un llamado a cuidar, abrir las puertas de su comunidad y albergar. Así nació Casa Luisita.

Casa Luisita
“Casa Luisita es un espacio donde albergamos a familias en búsqueda de sus hijos e hijas desaparecidos, de manera especial a quienes viven fuera de Guadalajara, (originarios) tanto del estado, como de la república y también de otros países”, comparte la hermana Lolita Ramírez, encargada del proyecto.

Todo comenzó en 2019, cuando, en Jalisco, se dio a conocer la noticia de que dos contenedores circulaban por la ciudad con 322 cuerpos sin identificar debido a que la SEMEFO estaba al límite de su capacidad.
En esa ocasión, su congregación fue invitada a recibir a 7 personas que viajaron a Guadalajara, desde el norte del país, para buscar a sus familiares desaparecidos en estos contenedores. Las religiosas prepararon su casa y comunidad, y aunque en esa ocasión no se albergaron con ellas, inició un llamado.
Poco a poco, en la oración y la vida diaria, vieron “un llamado de Dios, que mira el dolor de su pueblo y entonces nos llama a colaborar con Él”.
Acoger al forastero, alimentar al hambriento

Este proyecto misionero comenzó acogiendo y alimentando a las familias buscadoras y a colectivos que viajan para búsquedas en campo, visitar el SEMEFO, levantar una denuncia, o -la mayoría de las veces- a investigar sobre sus hijos, porque vinieron a trabajar y ya no supieron más de ellos.
Pronto, dar hospedaje no fue suficiente.
“Comenzamos a ver los recursos que tenemos a nivel humano; entonces, en la oración, vimos que tenemos hermanas psicólogas, hermanas que saben de medicina natural, que son médicos… y no solamente de nuestra congregación, sino en otras congregaciones e incluso personas laicas”.
“Miramos que los talentos que Dios nos dio son para ponerlos al servicio, donde estemos”
Consolar al triste, rezar a Dios por el prójimo

Una de las primeras necesidades que detectaron fue en el aspecto emocional y de salud.
“Cuando llegaban a cenar, después de la búsqueda, venían con desequilibrio emocional, desequilibrio en la presión, en los niveles de azúcar, depresión. Comenzamos ahí mismo a atender. Después vimos que necesitábamos atenderlas frecuentemente y nos organizamos para hacer encuentros cada mes”.
“Y algo muy importante, muy necesario, es el acompañamiento espiritual. Orar por ellas y con ellas, acompañarnos, celebrar la Eucaristía. Así se fue dando este acompañamiento cada mes, pero después miramos que no era suficiente la atención cada mes, sino que (necesitábamos) un lugar donde pudiéramos atender mínimo cada semana”.
El 15 de Octubre de 2023 se abrió y bendijo Casa Luisita. Desde aquí -y en red con otras congregaciones- se brinda atención médica y psicológica, así como acompañamiento espiritual y con diferentes actividades todos los lunes y sábados. Además, organizan rosarios, oraciones y Eucaristías mensuales.
A lo largo de tres años, otras congregaciones y laicos se han sumado a este proyecto; así como la Iglesia a través de parroquias, y de Cáritas.
Las Religiosas Apostólicas del Corazón de Jesús se sumaron desde el inicio. La hermana Refugio Chávez ha colaborado en Casa Luisita desde entonces y ve, en todo, la Divina Providencia de Dios. Cuenta que en un inicio, la necesidad de ayudar llegó de una manera muy inesperada, pero poco a poco, con el apoyo de otras congregaciones, parroquias y fundaciones, no solo se brindó la ayuda, sino que se organizó.
La hermana Refugio conoce medicinas alternativas, como parte del carisma de su congregación, por lo que, aparte de la escucha, ofrece una ayuda “para aminorar su pena y alimentar la esperanza”.

Para ella, “ha sido un regalo” compartir con las madres buscadoras y colaborar con otras congregaciones. “Es una riqueza no vivir el aislamiento como congregación. Nos fortalecemos en el apoyo, en el servicio a esta población”.
“No terminaría de decir tanta riqueza (que me llevo) como testimonio en esta experiencia: el poder unirnos como congregaciones, poder atender y recibir a las madres que vienen… para mí se da algo, pero más se recibe de ellas”.
Desde 2019 se han atendido a aproximadamente 1,500 personas. Y Casa Luisita ha recibido a, al menos, 100 personas en estos dos años y medio de funciones.
La madre Lolita contabiliza a 26 familias que han pasado por Casa Luisita y que han localizado a su familiar desaparecido sin vida; más otros 10 casos de personas que los han localizado con vida.
“Son poquitos ante los 16.000 desaparecidos que hay tan solo en Jalisco, pero a la vez es una esperanza, es una luz. También han encontrado a algunos con vida”, comenta.
“Al lado del dolor hay sueños, sanación y amor”
La hermana Lolita reconoce que, en este caminar, puede haber momentos en los que las familias buscadoras se pregunten por qué tanto dolor. Sin embargo, la fe en Dios y el acompañamiento de María las mantiene adelante. “La principal fuerza es Jesús”.
“Esta búsqueda también ha sido un caminar de maduración en la fe, con sus etapas, porque hay un momento de negación ante tanto dolor, de negación de esa presencia de Dios; sin embargo, en el proceso, en el caminar, van descubriendo que ahí estuvo para sostenernos en ese sufrimiento”.
El acompañamiento integral y el sentido de comunidad, sumado a la pastoral de la escucha, ha rendido frutos en las familias, a pesar de que el dolor no desaparece.
“Hemos visto, con gran gozo, cómo van mejorando. Ellas mismas nos dicen que el dolor va a estar ahí porque la ausencia de sus hijos permanece: no saben dónde están, no saben si viven, si estará en situación de calle, si está pasando hambre, si está cautivo, si está en trabajo forzado, si ya no está en este mundo… no se sabe. Es un sufrimiento de toda la familia”.

La señora Lupita Ruíz López, madre de José Mauricio Díaz Ruíz, desaparecido el 20 de octubre de 2023, llegó a Casa Luisita gracias al colectivo de madres buscadoras del estado de Querétaro y comparte que esta situación ha sido, para ella, una lucha espiritual.
Menciona que en otras partes del país y espacios, la situación de desapariciones no se menciona, no se apoya ni se da a conocer; por ello, vivir su dolor en comunidad con otras madres que entienden su dolor la ha fortalecido. Pero, además, la fe juega un papel importante, pues su esperanza viene de Dios.
“Es tremendo amanecer dando gracias a Dios por un día más y con la esperanza de que, probablemente, hoy sea el día que mi hijo regrese (...) tengo que vivir con alegría porque ya Dios me permitió amanecer”.
La hermana Refugio cierra con un mensaje contundente: es necesario conocer este sufrimiento y la vida de estas familias buscadoras. “Todavía mucha gente no es del todo consciente y creo que podemos sensibilizarnos más, y en algún momento, ver qué podemos hacer por ellos”.
Majo Frias - Guillermo Arévalo, Aleteia
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