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miércoles, 24 de junio de 2026

León XIV ante las reliquias de San Agustín en Pavía

Ante las reliquias del obispo de Hipona, León XIV destacó la figura de san Agustín y recalcó "la necesidad de mirar hacia adentro, [...] para buscar y encontrar un sentido que guíe nuestras vidas"

Ante las reliquias de su maestro espiritual, san Agustín, en Pavía, León XIV animó a los católicos a luchar contra la "dispersión interna". Durante su visita a la ciudad lombarda, a casi 500 kilómetros al norte de Roma, el 20 de junio de 2026, el pontífice celebró una serie de encuentros en los que exhortó a los cristianos a ofrecer un testimonio "nuevo y asombroso" del Evangelio en el mundo actual.

I.Media, Aleteia

Vea también    Oraciones de S. Agustín


viernes, 13 de febrero de 2026

El gran mensaje de Convivium a los curas: pasar de ser gestores a ser visionarios y profetas

El cardenal Bustillo, ante 1.100 sacerdotes, pidió creatividad, riesgo y apoyarse en el Espíritu Santo.

Sacerdotes de la diócesis de Madrid hablan en Convivium, en uno de sus 28 grupos de trabajo

Sacerdotes de la diócesis de Madrid hablan en Convivium, en uno de sus 28 grupos de trabajo

Más de mil sacerdotes que trabajan en la diócesis de Madrid se reúnen este lunes y martes en la gran asamblea de sacerdotes Convivium en el Auditorio Pablo VI (Paseo Juan XXIII, 3, Madrid). Los periodistas Raquel Caldas e Israel Remuiñán presentaron el encuentro. En la primera parte se cantó el himno compuesto para esta cita (llamado Ungidos) interpretado en directo por sus creadores, los sacerdotes Luispo e Ignacio Ozores, junto a decenas de sacerdotes.

El ponente principal del lunes fue el cardenal navarro François-Xavier Bustillo, de 57 años, franciscano conventual (y acudió con hábito franciscano), obispo de Ajaccio (Córcega) y miembro del Dicasterio vaticano para el Clero.

«Tenemos que pasar de ser organizadores y gestores a ser visionarios y profetas», dijo. Y toda su predicación insistió en la creatividad y el riesgo.

Con el Espíritu Santo, con pasión, unción, arriesgándose...

El cardenal describió la vida del sacerdote como una ruta «entre la logística y la mística, entre ánimos y desánimos». Pidió evitar el mero cumplimiento, "hacer las cosas solo por responsabilidad y olvidar la alegría, la pasión y la unción, que son el verdadero motor de la misión". Bustillo sabe que los curas tienen ritmos frenéticos y muchas tareas, pero se planteó si ese ritmo «nos cansa o nos llena de alegría».

El cardenal Bustillo animó a los sacerdotes dejarse sostener por la fuerza del Espíritu Santo frente a «la tentación, el miedo y el aburrimiento», para ser «testigos apasionados del Resucitado». Se apoyó en la historia de David y Goliat. "David rechaza la armadura de Saúl porque le impide moverse. No sigue la normalidad táctica ni estratégica, sino que se sirve de la sencillez profética", apuntó.

El cardenal Bustillo anima a los curas de Madrid a evangelizar con creatividad, imaginación y Espíritu Santo

El cardenal Bustillo anima a los curas de Madrid a evangelizar con creatividad, imaginación y Espíritu Santojavier ramírez / archimadrid

Destacó que muchos jóvenes hoy tienen "sed de sentido, de rumbo y de orientación" y "lo sagrado nunca ha desaparecido ni desaparecerá". Lo sagrado, dijo, es "la irrupción de Dios en la vida ordinaria del hombre". Ante el vacío existencial de muchos, la Iglesia ha de ofrecer sentido y esperanza. Pidió "que la audacia y la creatividad ganen al fatalismo y a la pereza", y también incorporar la imaginación y la aventura del Espíritu Santo a la misión, para huir de la mediocridad.

"La creatividad, la audacia y la novedad no son peligrosas"

También animó a salir de los esquemas del «siempre se ha hecho así» y a arriesgar: «El camino del riesgo es el camino de la fe». En Pentecostés, recordó, el Espíritu Santo «hace saltar las ventanas, las puertas y los corazones cerrados» para que la Iglesia salga del miedo y anuncie la Buena Noticia. 

Bustillo pidió evitar tres grandes peligros en la misión: «la amnesia, la tibieza y la anemia».

Finalmente, animó a acoger la novedad del Espíritu sin temor: «La creatividad, la audacia y la novedad no son peligrosas. No se trata de borrar el pasado ni la tradición, sino de enriquecer la vida de la Iglesia escuchando al Espíritu». Y concluyó con una llamada clara: «Tenemos que pasar de ser organizadores y gestores a ser visionarios y profetas».

Sacerdotes de la diócesis de Madrid hablan en un grupo de trabajo de Convivium

Sacerdotes de la diócesis de Madrid hablan en un grupo de trabajo de Conviviumjavier ramírez / archimadrid

¡Aplauso para dos mil rosquillas!

Tras las ponencias matinales, los sacerdotes en el Auditorio Pablo VI agradecieron con uno de los grandes aplausos de las jornadas el anuncio de un regalo: dos mil rosquillas para la pausa del café. Las prepararon las Oblatas de Cristo Sacerdote, religiosas especialmente dedicadas a orar por los sacerdotes. Para hacer las rosquillas se organizaron en turnos para trabajar las 24 horas, durante una semana.

Después los sacerdotes se organizaron en 28 grupos de trabajo, cada uno con su moderador (a veces un laico o laica) para hablar según el tema que eligieran. Fue una ocasión para que sacerdotes religiosos o diocesanos, nacidos en Madrid o en otro sitio, de ciudad o de pueblo, jóvenes o ancianos, pudieran compartir sus experiencias e inquietudes.

Sacerdotes en el encuentro Convivium, en uno de los grupos de trabajo

Sacerdotes en el encuentro Convivium, en uno de los grupos de trabajojavier ramírez / archimadrid

El cardenal Cobo advierte frente a la polarización y distorsiones

Por la tarde se celebró la misa en la catedral de la Almudena, con más de mil sacerdotes concelebrando junto al arzobispo José Cobo. La música la llevaba el coro del Seminario Conciliar de Madrid. Las parroquias de toda la diócesis han reorganizado sus horarios de misa diaria este lunes y martes por la ausencia de casi todos los sacerdotes.

Acompañaban a los sacerdotes madrileños el cardenal Carlos Osoro, arzobispo emérito de Madrid, el cardenal Bustillo, los obispos auxiliares de Madrid, Vicente Martín y Juan Antonio Martínez Camino, el obispo agustino Luis Marín de San Martín (madrileño en el Sínodo de los Obispos en Roma), así como el también madrileño José Luis del Palacio, obispo emérito del Callao (Perú), y Adolfo González Montes, obispo emérito de Almería.

Sacerdotes en el encuentro Convivium, en uno de los grupos de trabajo del lunes por la mañana

Sacerdotes en el encuentro Convivium, en uno de los grupos de trabajo del lunes por la mañanajavier ramírez / archimadrid

El cardenal Cobo advirtió frente a algunas "oscuridades": la "polarización que también se cuela en la Iglesia y puede convertirnos en rivales o competidores" y los "relatos que nos quieren imponer una percepción distorsionada de lo que es la Iglesia y de lo que somos los sacerdotes", discursos "que generan división y no ayudan a una mirada evangélica sobre la Iglesia, los sacerdotes y el mundo al que el Señor ama".

La respuesta, dijo, es "descubrir cómo Dios acompaña a su pueblo por caminos que solo se reconocen en comunidad y a ritmo de Evangelio compartido·, y "cultivar un modo fraternal y sinodal de vivir nuestras relaciones",  "nuestro pastoreo puede ayudar a la Iglesia a lanzar una voz profética".

Sacerdotes ocupan las butacas en la Fundación Pablo VI para el primer día del Convivium, reunión de curas de Madrid

Sacerdotes ocupan las butacas en la Fundación Pablo VI para el primer día del Convivium, reunión de curas de Madridjavier ramírez / archimadrid

Luego, añadió: "Jesús no pide ideas, sino cosas concretas, '¿cuántos panes tenéis?'". Y también: "Jesús vuelve a decirnos hoy: 'Dadles vosotros de comer'". Dios, que se conmueve ante la necesidad del pueblo, ayudará al sacerdote.

Pidió "renovar la escucha a Cristo, ayudarnos mutuamente y ponerlo todo sobre el altar: panes y peces, cansancios y deseos, heridas y esperanzas", porque "donde nosotros vemos desproporción y desafíos; Él multiplica y da de comer por medio nuestro".

ReL

sábado, 17 de enero de 2026

La infancia espiritual y sus secretos para llegar a Dios

 

Enfant priant
Abrazar la infancia espiritual es combinar audacia, humildad, inventiva y, sobre todo, un abandono y confianza en Dios en todo momento

Jesús nos advierte: "En verdad les digo que si no vuelven a ser como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos" (Mt 18,3). Pero, ¿cómo volver a ese estado? No se trata de embrutecerse, ni de gatear, ni de hablar con un lenguaje inarticulado. Al contrario, hay que progresar siempre en la inteligencia de la fe y en la inteligencia en general. ¿Cómo conciliar entonces una inteligencia cada vez más viva con la infancia? En realidad, por infancia espiritual hay que entender dos cosas: confianza y entrega en las manos del Padre, por un lado, y audacia, por otro.

En efecto, el niño es aquel que se refugia en los brazos de sus padres por cualquier cosa. Del mismo modo, el cristiano tiene la certeza de que no llegará al Reino de los Cielos por sus propias fuerzas, por sus propios medios, sino que necesitará la ayuda constante de Dios para ello. 

Hasta aquí la confianza. Pero, ¿qué hay de la audacia en la infancia espiritual? La infancia es la época en la que no se calcula. El niño se entrega por completo a lo que emprende. Además, asume todos los riesgos. En su creatividad, el niño no está limitado por el recuerdo de sus fracasos ni por una experiencia desilusionada. Es nuevo en el mundo. La infancia es la época de la libertad. Por eso los santos se parecen más a los niños: ellos también lo arriesgan todo, inventan nuevas formas de amar, dan muestras de inventiva en las iniciativas que emprenden para dar a conocer a Dios. 

La experiencia no es un obstáculo para la iniciativa

Es cierto que los santos tienen más experiencia de la vida que los niños. Conocen sus peligros, saben adivinar las trampas que el demonio tiende en el camino de sus proyectos de evangelización. Además, los santos se conocen bien a sí mismos y saben distinguir entre lo que es iniciativa divina y lo que es búsqueda interesada del reconocimiento de los hombres. Sin embargo, esta experiencia, lejos de paralizarlos, les permite evitar los callejones sin salida para alcanzar su objetivo de forma más directa y eficaz. La conciencia de los peligros no los detiene y nunca debilita su sentido de la iniciativa y la asunción de riesgos. Porque su audacia se apoya en su abandono y su confianza. 

De hecho, los santos siempre tienen presente que, en todo lo que emprenden, es Dios quien realiza la mayor parte del trabajo. De este modo, se unen al espíritu de abandono que es la primera característica del espíritu de la infancia espiritual.

Los santos, y los cristianos en general, se cuidan mucho de descuidar la ayuda de Dios cuando se embarcan en una empresa. Le confían todas las dificultades, como un niño que tira de la manga de su padre o de su madre cuando se encuentra con un obstáculo. Así es como el espíritu de iniciativa y el abandono van de la mano. 

El orgullo, enemigo del espíritu infantil

Sin embargo, en este camino hacia el espíritu infantil hay un obstáculo que hay que evitar: el orgullo, el pecado por excelencia. No solo nos lleva a menospreciar injustamente a los demás, sino que además nos impide pedir ayuda al Altísimo. Ahora bien, los santos, al igual que los niños, han renunciado a todo orgullo: ahí reside la clave de su éxito. Conscientes de sus limitaciones, han aceptado sin rencor la idea de que no pueden hacerlo todo.

Pero hay más: humildes y confiados, saben que Dios no es un amo sombrío o severo, sino un Padre amoroso. Por eso se encomiendan a Él para todos sus proyectos. Exentos de toda soberbia, no proyectan su orgullo sobre Dios y, por lo tanto, no lo convierten en alguien duro y celoso de sus prerrogativas.

Los santos, dulces y tiernos de corazón como Jesús, son coherentes con su fe al proyectar estas cualidades en Dios, al igual que los orgullosos lo son con su desconfianza al proyectar en Él su soberbia. Porque siempre tendemos a ver a Dios a través del filtro de nuestras cualidades o defectos. Con la diferencia de que nuestras cualidades se las debemos a Dios, mientras que nuestra desconfianza proviene de nuestra propia maldad. 

Al volver a ser niños, los santos comprenden intuitivamente cuán tierno es Dios, como un padre atento. No solo no se avergüenzan de recurrir a Él en las dificultades porque no tienen el orgullo de querer hacerlo todo por sí mismos, sino que, además, el Espíritu de Jesús los ha hecho mansos y humildes de corazón como Él, y saben que el Padre celestial es a imagen de su Hijo: manso y amoroso. Están seguros de que Dios no los juzgará, porque Él no es un examinador. 

Superar los obstáculos con su pequeñez

Así es como los cristianos vuelven a ser niños, tal y como nos recomienda Jesús, y cómo logran conciliar la audacia y la entrega a Dios. Al haber conservado la ingenuidad y el gusto por las cosas grandes y bellas de la infancia, los santos se lanzan a los proyectos más atrevidos. A menudo los niños nos sorprenden porque han logrado cosas que nosotros nunca hubiéramos emprendido.

¿Y por qué han tenido éxito? ¡Porque no sabían que era imposible de lograr! Más experimentado, pero no menos confiado, el discípulo de Cristo también se lanzará a las empresas más difíciles, porque sabe que Dios suplirá sus carencias. Para él, no existen obstáculos insuperables, siempre y cuando la obra corresponda al Espíritu de Dios. Dios llenará las lagunas del obrero, ya que es Él quien le ha inspirado esta aventura. Y si el obrero de la viña del Señor fracasa, no se lamenta durante mucho tiempo, ya que, al no ser orgulloso, no le da vueltas a su fracaso y no tarda en embarcarse en una nueva obra. 

Así, el espíritu infantil logra combinar la conciencia de su pequeñez con el deseo de realizar grandes cosas. Santa Teresa de Lisieux quería abarcar todas las vocaciones: mártir, misionera en los confines del mundo y todas las demás que han ilustrado la historia de la Iglesia. Sin embargo, consciente de su impotencia para lograrlo, encontró la solución sirviéndose de Jesús como ascensor para subir la montaña de la santidad y encontrarse así en el corazón de la Iglesia, ese Corazón desde el que podría realizar sus sueños de misiones en todas partes. Al igual que la pequeña Teresa, la infancia espiritual es a la vez humilde, inventiva y audaz. 

Jean-Michel Castaing, Aleteia

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compilación de textos