
Ante las reliquias de su maestro espiritual, san Agustín, en Pavía, León XIV animó a los católicos a luchar contra la "dispersión interna". Durante su visita a la ciudad lombarda, a casi 500 kilómetros al norte de Roma, el 20 de junio de 2026, el pontífice celebró una serie de encuentros en los que exhortó a los cristianos a ofrecer un testimonio "nuevo y asombroso" del Evangelio en el mundo actual.
Tras llegar en helicóptero por la tarde, la primera parada del Papa en Pavía fue una visita a un centro oncológico, donde saludó a los niños y pacientes. Dirigiéndose a ellos, enfatizó la importancia de la familia: "Hagamos que el mundo entero comprenda que, en los momentos difíciles, sin la presencia y el amor de la familia, todo se vuelve más difícil", dijo. "Dios no quiere que nadie sufra", afirmó el Papa, prometiendo que Dios está "siempre presente" y que "nos envía ángeles" en los momentos de debilidad.
Tras esta secuencia, León XIV se dirigió a la Basílica de San Pietro in Ciel d'Oro, animada por la comunidad local de la Orden de San Agustín, de la que fue Superior General entre 2001 y 2013. "San Agustín no nos pertenece a nosotros, pertenece a la Iglesia, y nuestra misión es darlo a conocer en la Iglesia", porque "tiene mucho que ofrecer en estos tiempos", dijo durante el encuentro privado con los religiosos.
Al asomarse por el balcón del convento, saludó a decenas de personas con gorros amarillos que lo esperaban en el claustro. Tras animarlos a convertirse en "un signo de amor y caridad en el mundo", el Papa entró en la basílica donde veneró las reliquias de su maestro espiritual —de las que Pavía es custodio desde el siglo VIII—, colocando su mano sobre el preciado relicario en el altar.

Redescubriendo "la primacía de la interioridad"
Durante la liturgia que siguió, el obispo de Roma exhortó a los católicos de Pavía —1800 de los cuales estaban presentes en la reunión— a no sucumbir a la negatividad y el pesimismo, y a luchar contra la dispersión o la fragmentación interna. Expresó su deseo de que existan comunidades centradas en lo esencial, es decir, Cristo, incluso si ello implicaba renunciar a ciertas estructuras y seguridades del pasado, añadió.
Si bien hoy en día muchos "parecen haber perdido el gusto espiritual" o "ya no perciben la propuesta de la fe cristiana como atractiva", el jefe de la Iglesia Católica exhortó a la gente a "acompañarlos en el descubrimiento o redescubrimiento de la fe". Creía que el estilo de vida de los cristianos debía ser tan "novedoso y sorprendente" como lo fue en los primeros siglos.
Ante las reliquias del obispo de Hipona, León XIV destacó la figura de san Agustín. Su historia, subrayó, evoca "el valor y la primacía de la interioridad", así como "la necesidad de mirar hacia adentro, [...] para buscar y encontrar un sentido que guíe nuestras vidas y anime nuestras relaciones".
I.Media, Aleteia
Vea también Oraciones de S. Agustín
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