LEÓN XIV
AUDIENCIA GENERAL
___________________________________
Catequesis - Los documentos del Concilio
Vaticano II. IV. Constitución
pastoral Gaudium et spes 5. La misión de la Iglesia en el mundo
contemporáneo (GS, 40-45)
Hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Retomando la reflexión sobre la Constitución
concicliar Gaudium et spes (GS),
hoy consideramos el cuarto capítulo de la primera parte dedicado a la misión de
la Iglesia en el mundo contemporáneo.
Ante todo, el Concilio
recuerda que la Iglesia no está “por encima de” o “junto” al mundo, sino que
está injertada en él. «Mundus reconciliatus Ecclesia», escribía San
Agustín (Sermón 96): la Iglesia es un mundo ya reconciliado con Dios;
somos peregrinos en la tierra y con este mundo compartimos la fragilidad y la
belleza (cf. GS,
40).
Como el Hijo de Dios se encarnó para dar la vida al mundo y
reconciliarlo con el Padre, así la Iglesia habita en el mundo como señal de la
encarnación de Dios para manifestar su plan de hacernos a todos hijos suyos en
una única gran familia humana. Por ello, la Iglesia camina en la historia en
medio de las gentes y de las culturas y «este entrelazamiento de vida con los
pueblos le hace comprender cada vez más que su misión tiene un alcance
histórico e implica una responsabilidad respecto a la forma en que se tejen las
relaciones sociales» (Carta
enc. Magnifica humanitas, 19).
La primera misión de la Iglesia es la de ayudar a las
personas a prestar atención a las preguntas profundas de la vida: aquellas
sobre nuestro origen y nuestro destino, así como aquellas sobre el sentido del
amor y del dolor (cf. GS,
41). La lógica del beneficio a toda costa y la manipulación de la información
corren el riesgo de ejercer una presión indebida para que las personas se
adapten a un estilo de vida centrado en el consumo de bienes materiales, pero
nuestro corazón está hecho para mirar hacia lo alto.
Los Padres del Concilio
recuerdan que la misión de la Iglesia se realiza también al contribuir a la
construcción de la ciudad terrenal. Sin embargo, sus métodos y su finalidad no
son principalmente de carácter político, sino que consisten en el testimonio de
la fe y de la caridad, junto con el compromiso por la justicia, la paz, la
fraternidad. Adorando a Cristo, el Justo que murió por los injustos, el
creyente no puede aceptar la opresión de los pequeños y de los pobres, ni
tampoco aquellas estructuras injustas que perpetúan las condiciones de
dependencia y de injusticia. La Doctrina social de la Iglesia orienta la acción
de los cristianos, que colaboran con todas las personas de buena voluntad al
promover el bien común. La Iglesia, por lo tanto, «nada desea tanto como
desarrollarse libremente, en servicio de todos, bajo cualquier régimen político
que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los
imperativos del bien común» (GS,
42).
Para cumplir con eficacia la misión evangélica es necesario
que cada bautizado se comprometa a cooperar con la gracia del Espíritu Santo,
para que su fe sea viva y se exprese en comportamientos coherentes. De hecho,
como recuerdan los Padres conciliares, la separación entre la fe profesada y la
vida diaria «debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra
época» (GS,
43).
Gaudium
et spes reserva una mención particular (cf. ibid.) a la misión de los
fieles laicos, los cuales, en virtud del Bautismo, están llamados a animar el
mundo con el espíritu cristiano y la visión del Evangelio. Lugares principales
de esta acción, que bien puede definirse como sacerdotal, son indudablemente la
familia y la actividad laboral, pero se extiende a todos los ámbitos de la
vida.
Por último, la Iglesia siempre está atenta a lo que en la
sociedad sucede y se desarrolla (cf. GS,
44). Es tarea de todo el Pueblo de Dios, sobre todo de los pastores y de los
teólogos, discernir lo que en las culturas de nuestro tiempo es digno de
consideración, teniendo siempre como supremo criterio de discernimiento la
Palabra de Dios y la Tradición de la Iglesia. Esto requiere un ánimo
equilibrado y libre de las modas culturales, capaz de mirar al mundo en un modo
positivo y, al mismo tiempo, firme en la custodia y la presentación del mensaje
evangélico en su integralidad. De hecho, «Ciertamente, no es diluyendo los
contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el
cristianismo» (Discurso
a la Plenaria del Dicasterio para la Evangelización – Sección cuestiones
fundamentales de la evangelización del mundo, 28 de mayo de 2026).
Queridos, la Iglesia, mientras está en camino en la
historia, «sólo pretende una cosa: el advenimiento del reino de Dios y la
salvación de toda la humanidad» (GS,
45). Con este fin, se orienta sobre todo a través de la santidad personal y el
amor fraternal. Escribía San Pablo VI: «Sin
esta marca de santidad, nuestra palabra difícilmente abrirá brecha en el
corazón de los hombres de este tiempo. Corre el riesgo de hacerse vana e
infecunda» (Exhort.
ap. Evangelii nuntiandi, 76). Por lo tanto, hagámonos dóciles a la
acción del Espíritu Santo, para que nos ayude a vivir en santidad y caridad,
para que el mundo pueda creer y tener esperanza.
_________________
Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Los
animo a ser dóciles a las inspiraciones del Espíritu Santo, para que cada uno,
desde su propio estado de vida, colabore a fin de que se instaure el Reino de
Dios en el mundo y toda la humanidad reciba la salvación obtenida mediante el
sacrificio de Cristo. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.
Resumen leído en español por el Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas:
En esta catequesis, para retomar la reflexión sobre la Constitución
pastoral Gaudium et spes, les propongo el tema de la misión
de la Iglesia en el mundo contemporáneo. Así como el Hijo de Dios se ha
encarnado para dar vida al mundo y reconciliarlo con el Padre, la Iglesia
peregrina en el mundo como signo de esa encarnación de Dios. Por eso, el Concilio
nos recuerda que nuestra tarea es ayudar a las personas a estar atentas a las
preguntas profundas sobre el origen y el destino, así como el sentido del dolor
y del amor. La Iglesia no puede desentenderse de la realidad terrenal, sino que
contribuye a construirla mediante el testimonio de la fe y la caridad, y el
compromiso por la justicia, la paz y la fraternidad. En este sentido, todos los
miembros del Pueblo de Dios, con la fuerza del bautismo, están llamados a dar
vida al mundo mediante el espíritu cristiano y la visión del Evangelio, es
decir, discernir aquello que en las culturas y en el mundo contemporáneo es
digno de consideración.
No hay comentarios:
Publicar un comentario