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lunes, 23 de noviembre de 2020

No conseguimos rezar en pareja... ¿Es grave?

 

COUPLE PRAYING


Algunas parejas logran rezar juntas de forma natural, mientras que otras experimentan algunas dificultades antes de dar con la ecuación adecuada. Pero ¿Qué hacer si, a pesar de todos los esfuerzos, los esposos no logran rezar juntos?

Rezar juntos marido y mujer es una riqueza pero no siempre es fácil. ¿Es esencial para un matrimonio católico la oración en común?

En realidad toda oración verdadera introduce en la comunión de las personas en el seno de la Trinidad: ahí es donde somos esposo o esposa, hermano o hermana, padres o hijos, mucho antes de serlo por la sangre.

Y esta comunión puede traducirse visiblemente en la vida de la familia, por ejemplo, cuando todos sus miembros van juntos a la misa de domingo.

Pero puede también permanecer invisible, cuando cada uno reza en su dormitorio. Eso no es más que un detalle.

Así que pueden estar tranquilos: ustedes rezan “en pareja” desde el momento en que rezan de verdad, incluso si no rezan al mismo tiempo en el mismo lugar.

Ir al principio

Está en la naturaleza de la oración el ser solitario: se dialoga a dos, no a tres. También Jesús nos lo dice:

Cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto (Mt 6,6).

Y el matrimonio, por santo que sea, no escapa a esta regla, hasta el punto de que el único motivo por el que san Pablo permite suspender la vida conyugal es, precisamente, “para dedicarse a la oración ”(1 Co 7,5).

Eso delimita para cada uno un jardín secreto en el que sólo Dios puede penetrar.

LILY
Shutterstock
“Pertenece a lo espiritual no exponer a los hombres sus riquezas, sino esconderlas en su celda y sepultarlas en su conciencia, de modo que siempre lleven inscrito tanto en la puerta de esta conciencia como en la de su celda: ‘¡Mi secreto está en mí, mi secreto está en mí!’”. Guillaume de Saint-Thierry, Carta a los hermanos de Mont-Dieu).

¿Es que el monje que escribió esto despreciaba el matrimonio? En absoluto.

Pero indica el lugar que le corresponde en nosotros, al invitarnos a extraer el amor a nuestros hermanos –y en especial el amor conyugal– de la fuente de todo amor, es decir, del corazón del Padre:

“Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma” (San Bernardo, Sermón 83, sobre Cantar de los cantares).

Los esposos rezan en pareja aunque recen cada uno en su rincón

Por tanto, para que los esposos vivan el matrimonio en comunión, y no solamente juntos, es necesario que sea Cristo quien los dé el uno al otro.

Y, para ello, “debe desprenderse de sí misma y desatar las almas de los esposos, las almas de los novios. De lo contrario, no hay amor posible, sino un egoísmo buscado en el otro».

«En el punto extremo del amor está el amor de Dios, don total y recíproco del uno al otro; pero para el hombre, Dios es el Otro, el otro que finalmente se revelará, en el amor, el ser de nuestro ser” (Yves Raguin, Caminos de contemplación).

En realidad no hay camino más corto entre esposos que Cristo mismo.

Fred De Noyelle / GODONG

Y lo que pueden hacer los esposos para ayudarse mutuamente en este camino es, primero, facilitar al otro momentos y lugares que le permitan ese corazón a corazón con Cristo.

Precisamente es ahí, lejos de toda envidia, donde se recibirán el uno al otro de Aquel que es “el ser de nuestro ser”, ahí se recibirán en la raíz de lo que son.

Y quizás vivan juntos esos momentos, como en algunos monasterios donde la oración se vive en comunidad más que en la celda.

Pero, de todas formas, es en el silencio y lo invisible de la comunión de los santos como vivirán la gracia de estar unidos por Dios en el matrimonio.

Por el padre Max Huot de Longchamp, Edifa Aleteia

Vea también   10 pasos para rezar en pareja diariamente antes de dormir




miércoles, 13 de noviembre de 2019

Hablar, perdonar y rezar para un amor feliz y duradero


Para que la felicidad dure en su relación, no necesitas leer revistas de corazón llenas de consejos sobre el tema. Estas tres simples palabras
 son suficientes para ser feliz con tu pareja.

DANCING

“Cada vez que vienen a verme parejas de novios, -un sacerdote me dijo una vez- les dejo estas tres palabras: Hablar, Perdonar, Rezar.”
Un programa de vida conyugal que puede resumirse en tres palabras, como los tres pilares del amor: Hablar, perdonar, rezar.
Estas tres palabras pueden constituir muchos puntos de referencia para ayudarnos a avanzar en nuestra relación, a cuestionarnos y a hacer balance:
  • ¿En qué punto estamos? ¿Cómo nos comunicamos?
  • ¿Tenemos algo que perdonarnos?
  • ¿Está la oración en el corazón de nuestra vida?

Hablar

Todos sabemos que podemos hablar por hablar, para no decir nada, y que la comunicación en la pareja no es proporcional al número de palabras intercambiadas. Esto se refleja en el caso extremo de algunas parejas en las que uno de los cónyuges ya no puede hablar, debido a una enfermedad o accidente, y sin embargo se comunican profundamente.
Para que la Palabra esté al servicio del amor, debemos comenzar por escuchar al otro. Muchas parejas se quejan de la falta de diálogo, pero pocas de la falta de escucha. Sin embargo, fue la falta de escucha lo que suprimió el diálogo: apenas uno abrió la boca cuando el otro, sabiendo lo que estaba a punto de oír, miró fastidiado antes del final de la frase.
Entonces buscaremos otro tema para el intercambio, luego otro, etc., hasta que no haya más. Caeremos en el anonimato y en un silencio pesado que no tiene nada que ver con la escucha del corazón.
Al tomar el tiempo para disfrutar de estar juntos, pueden surgir palabras de amor, y así, después, el intercambio sobre un tema que puede ser difícil resulta aceptable gracias al amor
Hablar entre nosotros, lleva tiempo. Hay que saber cómo “perder el tiempo” charlando sobre las cosas, tomándose el tiempo para estar realmente disponible para el otro.
Entre cónyuges, no fijamos una cita para hablar de los temas más serios… Sucede a menudo de una manera inesperada, a medida que pasan las palabras, porque nos hemos tomado el tiempo para desarrollar la verdadera escucha.

Perdonar

Podemos aplicar al matrimonio lo que Jean Vanier dijo sobre la vida comunitaria en general: “Si entramos en una comunidad sin saber que estamos entrando en ella para aprender a perdonar y ser perdonados setenta y siete veces, pronto nos decepcionaremos”.
Es probable que muchos divorcios provengan del hecho de que la mayoría de las personas comprometidas no se dan cuenta de que el matrimonio es probablemente el lugar donde tenemos más perdón para dar y recibir.
Por el contrario, muchos imaginan que “el amor es no tener nunca que decir que lo sientes”, dijo Erich Segal en “Love Story”. Cuando surgen quejas -y tarde o temprano surgen precisamente porque nos amamos y porque el amor nos hace vulnerables- los cónyuges empiezan fingiendo que no las ven y terminan pensando que ya no se aman.
El perdón no es un fracaso del amor, sino todo lo contrario: es el signo del verdadero amor.
Recuerdo a un sacerdote que miraba a una pareja de ancianos caminando de la mano maravillado: “Un amor que dura así representa cientos y cientos de perdones intercambiados”.

Rezar

Un día, un matrimonio de cincuenta y tantos años recibió este consejo: “Todas las mañanas, sin excepción, recen un Padrenuestro y un Ave María juntos, tomados de la mano, para ofrecer su día a Dios, así como por la noche para un buen descanso”. Un poco escéptico sobre una petición tan simple, el marido, sin embargo, accedió a orar de esta manera con su esposa.
Y unos años más tarde, declaró: “Nuestra relación se ha transformado. Esto se debe en gran parte a este corto pero fiel tiempo juntos ante Dios y para Dios. Es a este abandono de nosotros mismos en la mano de Dios que debemos toda la sencillez que ahora tenemos en nuestra vida de pareja.”
Muchas parejas no pueden orar juntas porque se marcan propósitos complicados y no viables a largo plazo. Para rezar juntos – y para durar en la oración conyugal – no hay que buscar cosas muy complicadas: ¿Qué puede ser más sencillo que rezar un Padrenuestro y un Ave María? Es casi nada pero lo cambia todo. Porque este “casi nada” es como los cinco panes y dos peces del Evangelio: el Señor lo multiplica infinitamente.
Christine Ponsard Edifa, Aleteia


jueves, 2 de junio de 2016

La oración en pareja, una respiración vital para nuestro matrimonio

"Donde están dos o tres reunidos en mi nombre,
allí estoy yo en medio de ellos"

Aun siendo difícil de poner en práctica, la oración conyugal es la que coloca a Dios en medio de la pareja, la que nos hace existir como pareja cristiana.

Lejos quedaron aquellos días de preparación para el matrimonio en los que nos comprometimos a rezar juntos todas las noches…
Al principio, nos limitábamos a recitar juntos unos cuantos Ave María, a agradecer a Dios la vida que teníamos y a confiarle nuestras intenciones…

Cada noche el mismo ritual… y luego, al cabo de unos meses, cansados de esta oración cotidiana a la que habíamos dado un carácter mecánico, y alejados cada vez más del entusiasmo de los primeros meses de matrimonio, dejamos de rezar.

Sin duda alguna, habíamos entendido mal el profundo sentido de todo aquello; lo hacíamos por una especie de exigencia de nuestro amor, una exigencia que no habíamos ni meditado ni analizado lo suficiente.
Tampoco hay duda de que, sencillamente, no sabíamos cómo rezar juntos.

La oración conyugal, elemento fundador de nuestra comunión
Aunque probablemente sea “el aspecto más difícil de nuestro compromiso”, según Alex y Maud Lauriot Prévost, miembros de la congregación de parejas misioneras Communion Priscille et Aquila y autores de Jésus sauve ton couple [Jesús salva tu pareja](Salvator, 2013) y de Évangéliser le mariage: le kérygme conjugal [Evangelizar el matrimonio: el kerygma conyugal] (Salvator, 2013), la oración conyugal es “un elemento absolutamente esencial para la vida cristiana de los esposos”.

Antes que un ritual, “la oración en pareja es una experiencia común de diálogo y comunión con Dios”, según la definen Alex y Maud Lauriot Prévost.

A través de esta oración en común, cada uno de nosotros trata de manifestar su deseo de construir algo más grande que la suma de un hombre y una mujer.

Ese algo es la familia cristiana, la partícula elemental de la Iglesia, dentro de la cual se vivirá el Amor de Dios. La pareja cristiana es una pequeña Iglesia en sí misma: es la Iglesia doméstica.

La oración conyugal, una defensa contra la división
“En la pareja, quedamos desnudos delante del otro, físicamente, pero también compartimos nuestra vida interior”, insisten Alex y Maud.
Rezar en pareja supone también aceptar mostrarse al otro en la propia vulnerabilidad y ofrecerse en esta vulnerabilidad, en un abandono a Dios.

Rezar de manera vertical: Aunque la oración conyugal sea un pilar de nuestra relación, sería un error creer que está ahí en primer lugar para nosotros. Si oramos juntos, es ante todo para Dios.
Se trata de alabarle juntos, de buscar juntos aplicar su voluntad en el hogar, y no es, en un principio, para profundizar en nuestra intimidad conyugal y conocernos mejor. Si esto último es un efecto derivado de nuestra oración, tanto mejor, pero no es el objetivo.

Tampoco debe servir como una manera indirecta de ajustar cuentas mientras el otro no tiene el turno de palabra…

Es decir, nunca rezaríamos diciendo: “Señor, ayuda a mi cónyuge a no trabajar tanto tiempo y a pasar más tiempo con los niños”… a menos que el cónyuge nos lo haya pedido.

Alabar al Señor: Dar gracias es el mejor antídoto contra las tensiones y los resentimientos entre nosotros. “Si no sabemos elogiar, dar las gracias, quedamos aplastados por el peso de nuestro dolor y de nuestros problemas”, opina Maud Lauriot Prévost.

Alabemos también al Señor por el otro, para darle gracias por haberlo puesto en nuestra vida, incluso y a pesar de que nos haya podido hacer daño. “Den gracias al Señor cuando el otro nos plantea un problema, créanme, eso cambia la vida”, asegura Maud.

Rezar juntos es también, y antes que nada, rezar por el otro. “A menudo rezamos por un montón de cosas, pero no por el otro”,recalca Maud Lauriot Prévost.

“El Señor nos ha confiado la felicidad del otro, así que recemos por él o por ella, por que su reunión vaya bien, por que el Señor le ayude a sanar alguna herida que hayamos percibido,…”.

De esta forma, a través de la oración, hacemos que el sufrimiento esté presente entre nosotros, juntos, ante el Señor.

Nutrirse de la palabra de Dios: Para ello, tomemos la lectura del día, leámosla en voz alta y comentemos delante del otro aquello que nos haya llamado la atención.

La palabra de Dios aleja el centro de la atención de nosotros mismos para centrarnos en Él, nos da claridad, ilumina nuestros pasos. Además, si somos “víctimas” de distracciones, nos devuelve al camino de la oración.
Para el padre Henri Caffarel, “la oración conyugal es el momento álgido del sacramento del matrimonio”. De hecho,las parejas casadas a veces se preguntan cómo recibir la gracia de su sacramento.

De la penitencia, la Eucaristía, ya saben qué hacer para recurrir a su respectiva gracia, pero ¿en el matrimonio? “No hay que dudar en responderles que la oración conyugal es un medio privilegiado para obtener del sacramento del matrimonio las gracias que están reservadas para los esposos”, comentó el sacerdote.
“Si todos los hogares cristianos estuvieran convencidos de la importancia de la oración conyugal, si en todos los hogares la oración conyugal estuviera viva, en todo el mundo se experimentaría un aumento prodigioso de la alegría, del amor y de la gracia”.