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jueves, 21 de septiembre de 2023

¿Anhelas conservar tu matrimonio «hasta el final»? Ocho «trucos» sencillos que te proporciona la fe

            

 

El matrimonio es un regalo que sin la ayuda de Dios puede volverse una empresa bastante imposible de llevar a cabo. Aunque nadie te dé un manual de instrucciones al terminar tu boda, sin embargo, la Biblia tiene muchas de las claves de cómo cumplir la promesa de "hasta que la muerte los separe".

Mientras el mundo dice que puedes convertirte en tu propio Dios, la Iglesia además invita a los esposos a imitar el amor y el sacrificio que hizo Jesús por sus hijos. En la economía de Dios, debemos servir a los demás primero y "estimad a los demás más importantes que vosotros mismos" (Filipenses 2:3).

A lo largo de las Escrituras se puede ver cómo la forma en que Jesús amó a la Iglesia y se entregó por ella es justo el principal ejemplo de matrimonio que debemos seguir. Crecer en el amor y la gracia mejorará el autocontrol y "el Espíritu Santo transforma el egoísmo y el orgullo en justicia, emulando la naturaleza de Jesús" (Gálatas 5:22-23 ). 

Estos son los nueve consejos desde la fe para intentar conservar tu matrimonio toda la vida:

1. Rezar juntos todas las noches

"Porque donde dos o tres se han reunido en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20 ).

La oración constituye un vínculo fundamental en el matrimonio. Ir a dormir encomendando la vida de cada uno de los esposos, y del propio matrimonio, a Dios es una de las cosas más eficaces que existen para un cristiano.  

La oración genera además una nueva fuerza de aliento, dirección y sabiduría. Uno puede nombrar a cada miembro de la familia, desde los hijos hasta los nietos, pero también amigos, sacerdotes, misioneros... y nunca olvidar perdonar al marido o a la mujer antes de dormir. 

2. Irse a la cama a la misma hora

"Por demás es que os levantéis de madrugada y vayáis tarde a reposar, que comáis pan de dolores, porque a su amado dará Dios el sueño" (Salmo 127:2 ).

La sociedad de hoy vive muy atareada, no hay tiempo para nada, los esposos apenas se ven para comer y se acuestan tarde, cada uno por su lado, después de trabajar duro. El momento de ir a dormir es un momento crucial para la intimidad que hay que fomentar.

Poder contarse cómo ha ido el día, hablar de los hijos o simplemente dar un poco de tu tiempo al otro es una de las mejores cosas que se pueden hacer antes de dormir. 

3. Sigue siempre el ejemplo de Jesús

"El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1 Corintios 13:4-8 ).

Si cumpliéramos estos cuatro versículos, los matrimonios, sin duda, prosperarían. La Biblia aconseja a los esposos que deben aplacar la tiranía de los sentimientos, que suelen ser volubles y, además, necesitan ser entrenados por la verdad.

A veces es bueno frenar los apetitos y convertir el egoísmo en servicio a la pareja. Obedecer los mandamientos y principios de Dios nos permite ser "revestidos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad" (Efesios 4:24 ).

4. Sed generosos, incluso cuando no te apetezca

"Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos" (Lucas 6:38 ).

Aprender a ser generoso con las necesidades de tu cónyuge, antes que con las tuyas propias, aumentará mucho las reservas de tu banco de amor por él o ella. Dios no se deja ganar en generosidad, procura que tampoco lo haga tu pareja. 

5. Deshazte de la ira y perdona rápidamente

"Soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros" (Colosenses 3:13 ).

"Hagan todo sin quejarse ni discutir, para que sean irreprensibles y puros" (Colosenses 1:14).

"Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo" (Efesios 4:26 ). 

"Ustedes desean las cosas pero no las consiguen. Su envidia puede llegar hasta el extremo de matar y aun así no consiguen lo que quieren. Por eso discuten y pelean. No consiguen lo que quieren porque no se lo piden a Dios" (Santiago 4:1-2 ).

Evita siempre la ley del silencio, que es perjudicial y no resolverá nunca el conflicto. Haz todo lo posible por hablar a su debido tiempo, alejando siempre la ira y el rencor. No olvides nunca rezar y pedir ayuda a Dios para que logre el verdadero perdón de corazón.

"Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros" (Santiago 4:6 ).  

6. Recuerda decir "por favor", "gracias"... y ser agradecido 

"Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno" (Colosenses 4:6 ).

"Por favor" y "gracias" son dos palabras clave para mantener el respeto y el aprecio dentro del matrimonio. El azúcar llega mucho más lejos que el vinagre. Las personas agradecidas son personas alegres.

"Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús" (1 Tesalonicenses 5:18).

Pero no es suficiente con decir gracias, más importante es estar agradecido. Un corazón agradecido ayuda mucho. Estar agradecido permite reconocer más la obra y los dones de Dios en tu vida. Y a ver a tu pareja como un regalo inmerecido.

7. Procura reírte a menudo

"El corazón alegre es una buena medicina" (Proverbios 17:22).  

La Biblia contiene varios pasajes que hacen referencia a la alegría; un componente indispensable para sostener tu matrimonio hasta el final. Ser cómplice de tu pareja, fomentar momentos distendidos con tus hijos o disfrutar juntos los dones que Dios os da puede ser una gran solución.   

8. No critiques y causes daño 

"Hay quien habla sin tino como golpes de espada, pero la lengua de los sabios sana" (Proverbios 12:18).

Ser comprensivo en lugar de crítico en momentos complicados fortalece el vínculo matrimonial. Las críticas muchas veces surgen del egoísmo, de pensar en uno más que en el bienestar del otro. Todos somos únicos, con habilidades y dones únicos.

Intentar parecerse a Cristo puede reemplazar los intentos de querer cambiar al cónyuge. Por ejemplo, una conversación amable puede abordar temas diferentes sin necesidad de llegar al conflicto. Nuestras palabras pueden honrar a Cristo o herir como una espada. Las palabras hieren o curan. Debemos proteger nuestra lengua y morderla si es necesario.

G. de A., ReL

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lunes, 13 de febrero de 2023

5 consejos para conseguir un matrimonio fuerte y alguna advertencia para ver que algo no va bien


El padre Ángel Espinosa de los Monteros ha ayudado a miles de matrimonios.

Miles de matrimonios acaban cada año en divorcio en España, al igual que ocurre en Europa y América. A su vez, cada vez menos parejas deciden casarse, por lo que parecería que el matrimonio está sufriendo una grave crisis.

Pero no lo ve así el popular sacerdote Ángel Espinosa de los Monteros, conocido por sus virales vídeos con consejos para familias y que en su larga trayectoria pastoral ha ayudado a miles de matrimonios. Él tiene claro que el sacramento ni está ni puede estar en crisis, sino que son las personas, inmersas en un ambiente hedonista e influenciadas por las ideologías mundanas, las que lo están.

En una entrevista con la Revista Misión, de suscripción gratuita y la más leída por las familias católicas españolas, el padre Espinos de los Monteros, ofrece su amplia experiencia para que el matrimonio se fortalezca a pesar de los ataques constantes que recibe:

-¿Está en crisis el matrimonio?

-El matrimonio no puede estar en crisis porque es la institución más hermosa del mundo. Los que estamos en crisis somos nosotros, que somos materialistas, hedonistas y nos empapamos con las corrientes del mundo. Tenemos miedo al compromiso. El “para siempre” ya no interesa y le damos una importancia brutal a los sentimientos: “Si ya no te quiero, se acabó”. Ahora, a los tres o a los cinco años se rompen los matrimonios. Antes vivíamos en una cultura donde las cosas duraban; ahora todo se tira, se desecha, también el matrimonio.

-¿Cómo ayudar a salvar matrimonios?

-Tratando de enseñarles a vivir mejor la fe. Nos hemos enfocado, y con justa razón, en la moral, pero debe ir primero la fe. La Iglesia necesita trabajar en la fe de las personas. Mostrar que en el matrimonio existe un compromiso con Dios, con el cónyuge, con los hijos. Y motivarlos, porque con Dios se puede salir adelante. Cuando alguien diga que ya no quiere a su cónyuge, si tiene fe puede ponerse en manos de Dios y solucionarlo. Sin fe, el compromiso se viene abajo y la vida se convierte en hacer lo que nos da la gana.

-¿Nos puede hablar de algún caso límite del que usted haya sido testigo?

-Conozco casos de hasta cuatro años de adulterio que se han perdonado. Historias horribles, pero pueden perdonarse y reconstruir el matrimonio.

-¿Cómo detectar que nuestro matrimonio no va bien?

-Cuando se empieza a perder el diálogo, algo no funciona. Ahí se enciende una luz roja. Cuando se pasa más tiempo fuera de casa que en el hogar, y se pasa mejor allá fuera, hay otra señal roja. Cuando disminuye la intimidad aparece otra luz roja, al igual que si se acaban los detalles, las llamadas y los gestos de cariño…

-¿Algo más?

-Hay una palabra clave: desvivirse. He vivido en Francia, Italia y EE. UU., y nunca pude traducir este término maravilloso. Cuando un hombre se desvive por su mujer, ella tiene la certeza de ser amada. Igual pasa con la mujer: cuando ella se desvive por su marido, él se sabe querido. Desvivirse es entregar la vida totalmente por el otro. Cuando un matrimonio ya no se desvive, cuando ha perdido la ilusión, ¡esto es una luz roja enorme!

-Con los años puede aparecer la rutina. ¿Es amiga o enemiga?

Mucha gente habla mal de la rutina, pero la rutina es buena. Tener una vida ordenada es importante. La rutina nos educa, nos forma. A la vez, tiene que haber sorpresas, alguna salida sin los hijos o una pequeña “luna de miel” de dos días. Yo recomiendo a los esposos salir solos dos veces por semana, aunque en ciertas etapas de la vida es imposible. Cuando estos detalles no se dan se pierden los sentimientos, la ilusión y los deseos.

-Un matrimonio está llamado a ser “una sola carne”, sin embargo, esto es difícil porque el hombre y la mujer son distintos…

-El problema es no ser consciente de la diferencia. Es importante saber que son distintos. El matrimonio es una sola carne en cuanto que es un solo proyecto, una sola familia, pero cada uno sigue siendo una persona distinta, y uno es hombre y la otra mujer. Ella piensa, siente, reacciona como mujer, y él como hombre. Cada uno debe estudiar a fondo al otro para aprender de memoria sus gustos. Hay que consentirle al cónyuge todos sus caprichos buenos, no los malos, pero sí los buenos: “Habla conmigo, guarda tu teléfono, vámonos a cenar una pizza…”. Para eso hay que estudiar de memoria los caprichos del otro. Y también saber qué temas no hay que tocar, qué cosas no le gustan, y respetarlas.

-Hoy los dos esposos suelen trabajan mucho. ¿Qué hacer para que no se resienta el -matrimonio?

-Es complicado. Hemos endiosado el trabajo y el dinero, y somos sus esclavos. Habría que hacer un énfasis enorme en el amor, en el sentido de la presencia, de la pertenencia a un hogar para que apenas uno pueda librarse de sus actividades vuelva pronto a casa. Hay que dedicar tiempos de oro a la familia. Y cuando no hay cantidad, tiene que haber mucha calidad.

-¿A qué se refiere?

-Que cuando se llega a casa no haya móvil ni televisión… Que se dediquen de lleno el uno al otro: dar un paseo, hablar sobre el día, cocinar juntos… ¡Invéntense hobbies! Y los domingos, consagrarlos a Dios y a la familia.

-A veces los niños van por delante del cónyuge, ¿qué lugar tendrían que ocupar en la familia?

-Error garrafal. La prioridad en el matrimonio es siempre el marido y la mujer. ¡Los hijos son prestados! A los 18 años en EE. UU., en España ya pasados los 30 años (risas), se van de casa. La prioridad deben ser él y ella, todo lo demás es momentáneo. Porque cuando se vayan los hijos los esposos se quedarán solos.

¿Y un último consejo?

-Vigilar cómo se tratan. Si se tratan bien entre ellos, nunca se les pasará por la cabeza el divorcio. A veces hay dinero, belleza, salud, pero no hay buen trato. Hay que cuidar el carácter.

Cinco consejos del padre Espinosa de los Monteros

Además, el padre Espinosa de los Monteros ofrece cinco consejos para un matrimonio fuerte:

1. Ancla tu matrimonio en Dios. El matrimonio es para siempre y tienes que vivirlo con su gracia. La Eucaristía, la oración y las tradiciones católicas te ayudarán a permanecer firme cuando los sentimientos escaseen.

2. Sé bondadoso. La bondad es un fruto del Espíritu Santo. Piensa en cómo hacer feliz a tu cónyuge. Siempre puedes dar más diálogo, más presencia, más intimidad...

3. Practica la honestidad. Una persona honesta detecta un peligro e inmediatamente se aleja. O detecta las cosas buenas y las promueve.

4.Crece en capacidad de sacrificio. ¿Quién dijo que casarse iba a ser una historia de Walt Disney? Desde antes de casarse hay que saber que el matrimonio es una cruz que hay que cargar con amor.

5. Forma bien a tus hijos. ¿Qué tipo de hijos quieres? Fórmalos bien porque los hijos pueden ser la fuente de las más profundas alegrías y también de las más terribles tristezas.

ReL

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miércoles, 13 de noviembre de 2019

Hablar, perdonar y rezar para un amor feliz y duradero


Para que la felicidad dure en su relación, no necesitas leer revistas de corazón llenas de consejos sobre el tema. Estas tres simples palabras
 son suficientes para ser feliz con tu pareja.

DANCING

“Cada vez que vienen a verme parejas de novios, -un sacerdote me dijo una vez- les dejo estas tres palabras: Hablar, Perdonar, Rezar.”
Un programa de vida conyugal que puede resumirse en tres palabras, como los tres pilares del amor: Hablar, perdonar, rezar.
Estas tres palabras pueden constituir muchos puntos de referencia para ayudarnos a avanzar en nuestra relación, a cuestionarnos y a hacer balance:
  • ¿En qué punto estamos? ¿Cómo nos comunicamos?
  • ¿Tenemos algo que perdonarnos?
  • ¿Está la oración en el corazón de nuestra vida?

Hablar

Todos sabemos que podemos hablar por hablar, para no decir nada, y que la comunicación en la pareja no es proporcional al número de palabras intercambiadas. Esto se refleja en el caso extremo de algunas parejas en las que uno de los cónyuges ya no puede hablar, debido a una enfermedad o accidente, y sin embargo se comunican profundamente.
Para que la Palabra esté al servicio del amor, debemos comenzar por escuchar al otro. Muchas parejas se quejan de la falta de diálogo, pero pocas de la falta de escucha. Sin embargo, fue la falta de escucha lo que suprimió el diálogo: apenas uno abrió la boca cuando el otro, sabiendo lo que estaba a punto de oír, miró fastidiado antes del final de la frase.
Entonces buscaremos otro tema para el intercambio, luego otro, etc., hasta que no haya más. Caeremos en el anonimato y en un silencio pesado que no tiene nada que ver con la escucha del corazón.
Al tomar el tiempo para disfrutar de estar juntos, pueden surgir palabras de amor, y así, después, el intercambio sobre un tema que puede ser difícil resulta aceptable gracias al amor
Hablar entre nosotros, lleva tiempo. Hay que saber cómo “perder el tiempo” charlando sobre las cosas, tomándose el tiempo para estar realmente disponible para el otro.
Entre cónyuges, no fijamos una cita para hablar de los temas más serios… Sucede a menudo de una manera inesperada, a medida que pasan las palabras, porque nos hemos tomado el tiempo para desarrollar la verdadera escucha.

Perdonar

Podemos aplicar al matrimonio lo que Jean Vanier dijo sobre la vida comunitaria en general: “Si entramos en una comunidad sin saber que estamos entrando en ella para aprender a perdonar y ser perdonados setenta y siete veces, pronto nos decepcionaremos”.
Es probable que muchos divorcios provengan del hecho de que la mayoría de las personas comprometidas no se dan cuenta de que el matrimonio es probablemente el lugar donde tenemos más perdón para dar y recibir.
Por el contrario, muchos imaginan que “el amor es no tener nunca que decir que lo sientes”, dijo Erich Segal en “Love Story”. Cuando surgen quejas -y tarde o temprano surgen precisamente porque nos amamos y porque el amor nos hace vulnerables- los cónyuges empiezan fingiendo que no las ven y terminan pensando que ya no se aman.
El perdón no es un fracaso del amor, sino todo lo contrario: es el signo del verdadero amor.
Recuerdo a un sacerdote que miraba a una pareja de ancianos caminando de la mano maravillado: “Un amor que dura así representa cientos y cientos de perdones intercambiados”.

Rezar

Un día, un matrimonio de cincuenta y tantos años recibió este consejo: “Todas las mañanas, sin excepción, recen un Padrenuestro y un Ave María juntos, tomados de la mano, para ofrecer su día a Dios, así como por la noche para un buen descanso”. Un poco escéptico sobre una petición tan simple, el marido, sin embargo, accedió a orar de esta manera con su esposa.
Y unos años más tarde, declaró: “Nuestra relación se ha transformado. Esto se debe en gran parte a este corto pero fiel tiempo juntos ante Dios y para Dios. Es a este abandono de nosotros mismos en la mano de Dios que debemos toda la sencillez que ahora tenemos en nuestra vida de pareja.”
Muchas parejas no pueden orar juntas porque se marcan propósitos complicados y no viables a largo plazo. Para rezar juntos – y para durar en la oración conyugal – no hay que buscar cosas muy complicadas: ¿Qué puede ser más sencillo que rezar un Padrenuestro y un Ave María? Es casi nada pero lo cambia todo. Porque este “casi nada” es como los cinco panes y dos peces del Evangelio: el Señor lo multiplica infinitamente.
Christine Ponsard Edifa, Aleteia


jueves, 26 de octubre de 2017

264 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

 peligros para el matrimonio

264. ¿Qué es lo que amenaza a los matrimonios?
Lo que amenaza realmente al matrimonio es el pecado; lo que lo renueva es el perdón; lo que lo fortalece es la oración y la confianza en la presencia de Dios. [1606-­1608]
El conflicto entre hombres y mujeres, que precisamente en los matrimonios llega en ocasiones al odio recíproco, no es una señal de la incompatibilidad de los sexos; tampoco hay una disposición genética a la infidelidad o una limitación psíquica especial ante compromisos para toda la vida. Ciertamente muchos matrimonios están en peligro por la falta de una cultura del diálogo o la falta de respeto. A ello se añaden problemas económicos y sociales. El papel decisivo lo tiene la realidad del pecado: celos, despotismo, riñas, concupiscencia, infidelidad y otras fuerzas destructoras. Por ello el perdón y la reconciliación forman parte esencial de todo matrimonio, también a través de la confesión.
 peligros para el matrimonio

* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 

lunes, 28 de agosto de 2017

¿En qué consiste, de verdad, la calidad de la relación íntima entre los esposos?

 Una pista: no tiene que ver con la variedad de posturas en la cama…

Se miran con un cariño y una química tal, que muchos se quedarían desconcertados al escuchar su testimonio. María y Javi vivieron nueve años de noviazgo sin tener relaciones sexuales y hace dos se unieron en matrimonio.
“Como es lógico, esperábamos con muchas ganas el momento de acostarnos juntos y ser una sola carne. Porque si la sociedad te vende que el sexo, incluso sin amor, es la bomba, para nosotros, que nos queremos tanto y tenemos una visión trascendente de nuestro matrimonio, tenía que ser una pasada”, cuentan.
Lo que ocurre es que la realidad no es, ni en su caso ni en ningún otro, como pintan las películas: El día a día está lleno de cansancio, de estrés… y eso, sumado a nuestra inexperiencia, nos ha hecho darnos cuenta de que la relación sexual es muy importante para un matrimonio, pero no por las mismas razones por las que la sociedad dice que importa el sexo”, aclaran.
No hablan de chasco, ni cambiarían sus años de noviazgo, “porque descubrir juntos la vida matrimonial es algo incomparable”, pero reconocen que “las series, los anuncios, etc., no ayuda a vivir el sexo con naturalidad y plenitud. Te venden que debe ser súper intenso, frecuente, innovador, todo placer, y si no lo vives así, es que algo estarás haciendo mal…, y si no haces esta postura, no llegas al orgasmo, o si no tienes ganas siempre, algo falla. Nadie lo vive así, pero la presión la tienes encima”.
El sexo importa mucho
No parece que exageren en el retrato ambiental: “Si tu vida sexual va bien, lo demás no importa”; “Lo que debes decirle para tener el mejor sexo oral de tu vida”; “Cuatro trucos infalibles para que ella alcance el orgasmo”… Estas frases no están sacadas de una página de contactos, sino de anuncios y titulares publicados en los principales medios españoles. Y claro, semejante bombardeo hace mella en los matrimonios, católicos o no. 
Nieves González Rico, máster en Sexología y directora de Centro de Atención Integral a la Familia (CAIF) de la Universidad Francisco de Vitoria, sabe, por lo que ve en consulta, que la sociedad vende una imagen idealizada y falsa de la relación sexual que hace mucho daño, porque, al compararla con nuestra realidad limitada, surgen las preguntas: ¿Por qué no deseo como imagino que debo desear? ¿Acaso no amo? ¿Por qué mi cónyuge no me busca?”.
En realidad, esta visión irreal parte de una premisa cierta: la relación sexual es vital para los esposos; más aún, es parte constitutiva del amor conyugal, porque es lo que diferencia el amor entre los cónyuges de cualquier otro amor. 
“Hay muchos bienes –explica la doctora– que como matrimonio estamos llamados a compartir con otros: el tiempo, el dinero, la casa… pero hay un bien exclusivo de los esposos que es la intimidad conyugal, y que se compone de sentimientos, pensamientos, confidencias, y una entrega física plena a nivel sexual”.
Ya no es un tabú
Inconformes con la propuesta que la sociedad les ofrece, pero conscientes de la importancia del sexo, cada vez son más los matrimonios de todas las edades que buscan vivir su intimidad de un modo pleno.
Matrimonios como Sara Alejandro, que el pasado mayo acudieron a una ITV matrimonial sobre sexualidad, organizada por el COF de Las Rozas (Madrid).
“La gente dice que la Iglesia está obsesionada con el sexo, pero es la sociedad la que lo está –afirman–. Llevamos veinte años juntos y en ningún sitio nos han hablado de estos temas con la claridad, hondura, verdad y belleza con que lo hace la Iglesia”.
Por eso rechazan el cliché de que para los católicos el sexo es un tabú: “Al contrario: antes parecía mal hablar de sexo, porque era algo tan íntimo que exponerlo en público escandalizaba; pero ahora la sexualidad está tan deformada que la propuesta de la Iglesia llena de esperanza, realismo, buen humor y placer a quienes la vivimos”.
Ahora bien, si el sexo es tan importante es justo porque la relación conyugal no se reduce a lo que ocurre bajo las sábanas. Como señala Javier Vidal-Quadras, presidente de la asociación de orientación familiar FERT, “el sexo tiene mucha importancia en un matrimonio, pero no más, ni menos, que el resto de dimensiones de la persona”.
Como recuerda, “somos cuerpo y alma, y nuestra única manera de amar cabalmente es entregando y recibiendo todo lo que somos: sexualidad, afectividad, memoria, inteligencia, voluntad…Todas las dimensiones de nuestro ser han de ponerse al servicio del amor, y no al revés”.
De calidad y sin miedo
Pero, ¿cómo se vive bien la sexualidad conyugal?; ¿depende la calidad de una relación solo de la frecuencia e intensidad? Aunque todo ello influye y no es secundario, “la calidad de una relación sexual se mide, en primer lugar, por el respeto”, afirma Vidal-Quadras, autor también de Amar se escribe contigo (EIUNSA, 2016), entre otras obras.
Y lo explica así: “Cuando entregas el cuerpo con el sí definitivo del matrimonio, el pudor que antes te protegía de ser contemplado como mero objeto de placer, se diluye ante tu cónyuge y se transforma en delicadeza”.
¿Es esto sinónimo de mojigatería, represión o monotonía? En absoluto: “A partir de ese punto, respetando la finalidad de los órganos sexuales y la complementariedad femenina y masculina, cada matrimonio ha de encontrar su camino, sin miedo a disfrutar al máximo de la relación sexual, con la frecuencia, intensidad y diversidad que les una con mayor fuerza”.
Tras diez años de matrimonio, Eva Carlos traducen las palabras del experto con el diccionario de la experiencia: “Para nosotros, lo que hace que una relación sexual sea de calidad es la entrega íntima que ponemos en juego. Desde un punto de vista físico, a veces disfrutas más porque el entorno lo facilita, estás más receptivo, o el otro está más acertado, y a veces disfrutas menos porque estás cansado, menos sensible o el otro no hace lo que esperabas”.
Sin embargo, “cuando eres consciente de que el otro te está dando lo más íntimo que tiene; que te acoge en tu imperfección, te quiere y te desea tal y como eres; que le gustas aunque tengas tripa, la relación sexual es una experiencia impresionante”, dice Carlos.
Y lo curioso es que “en los días en que físicamente la relación no es una pasada, al darte cuenta de todo eso, acabas por disfrutarlo más”, apunta Eva.
Y concluyen: “Cuanto más corazón pones, incluso aunque no te apetezca mucho ese día, sacas fuerzas para unirte con una complicidad preciosa”.
El camino al placer
Para avanzar por este camino de intimidad, los expertos recomiendan tomarse al pie de la letra la expresión “hacer el amor”: aunque los arrebatos de pasión están bien de forma ocasional, conviene cuidar las condiciones para que surjan la unidad y el gozo, sin fiarlo todo al “aquí te pillo, aquí te mato”.
A la noche le precede el día. “Para que surja el placer –asegura González Rico– se necesita un recorrido que es preciso conocer y cuidar con paciencia y delicadeza: buscar momentos en que no se esté muy cansado, cuidar la estética (ducha o baño previos, aceites para masaje, belleza del ambiente…) y descubrir con calma el cuerpo de la persona amada, a través de los besos y las caricias (esencial en la mujer, ya que su respuesta sexual es más lenta), sin precipitar el coito”.
La directora del CAIF, que es también especialista en Pastoral Familiar por el Instituto Pontificio Juan Pablo II, destaca que “es importante tener iniciativa, buscarse y citarse. El placer es un regalo de Dios y está llamado a ir de la mano del gozo, esa alegría profunda que nace al saber que el abrazo es a toda mi persona. Y como momento sagrado que es dentro de la vida matrimonial, encierra una liturgia que hay que cuidar”.
María y Javi lo explican a su modo: “Como nos dijo un amigo cura, la relación sexual del fin de semana empieza el lunes con el primer beso de la mañana. No importa cuidar solo los preliminares de la relación, sino ser cariñosos el resto del tiempo: mandar un mensaje si el otro está agobiado, buscar ratos para hablar de todo aunque sea mientras doblas la ropa…”.
Orgasmo, unión con Dios
Hablar de “liturgia” y de “regalo de Dios” para referirse al sexo no es una metáfora. Autores como el polaco Ksawery Knotz –El sexo que no conoces (Planeta, 2010)– o el francés Yves Semen La espiritualidad conyugal según Juan Pablo II (Desclée De Brouwer, 2011)– apuntan que el propio san Juan Pablo II explicó en sus catequesis sobre la Teología del Cuerpo que el orgasmo es una suerte de éxtasis místico, en el que los esposos se unen entre sí y a Dios, por expreso deseo divino y a ejemplo de la Trinidad.
Ya lo había dicho Pío XII en 1951, en una cita que recoge el Catecismo: “El Creador hizo que los cónyuges, durante la conjunta y plena entrega física, experimenten placer y felicidad corporal y espiritual, y por tanto, cuando buscan y dan uso a este placer, no están haciendo nada malo, tan solo aprovechan algo que les fue dado por el Creador”.
Conscientes de toda esta riqueza, Eva y Carlos lo sintetizan así: “En estos años hemos vivido momentos diferentes y, a veces, nos hemos alejado de la propuesta de la Iglesia, cosa nos ha pasado factura. Por eso somos conscientes de que el sexo es un camino de santidad”.
“Si dejamos a Dios al margen de la vida sexual, no solo se empobrece el sexo, sino todo el matrimonio. No es que Dios nos espíe, sino que sabemos que en la cama podemos optar: o somos la simple unión de dos cuerpos con algo de cariño o somos la unión de dos personas completas que se dan por entero. Al amarnos, abrazamos nuestros cuerpos con toda nuestra alma, y por eso estamos abrazando el plan de Dios para cada uno y para los dos como matrimonio”.
Y concluyen: “Al vivir el sexo como cosa de tres, nosotros dos y Dios, los católicos disfrutamos mucho más del sexo que el resto de la gente”.
Artículo publicado por la Revista Misión
vea también: 


domingo, 21 de febrero de 2016

10 actitudes que puedes incorporar en tu vida si quieres que tu matrimonio mejore


10 actitudes que puedes incorporar en tu vida si quieres que tu matrimonio mejore

El matrimonio es una de las grandes aventuras de la vida en donde, en un porcentaje alto, nos jugamos gran parte de la felicidad terrena. Sin embargo, en pocos ámbitos de la vida hemos sido tan poco preparados. Estudiamos muchos años para estar bien formados de cara a la realización de un trabajo, pero para el matrimonio, pocas son las nociones que recibimos para ser felices en esa convivencia.

El escritor Dave Willis nos ofrece una serie de consejos en su artículo 10 maneras de mejorar tu matrimonio instantáneamente  cuya adaptación y traducción al español ha estado realizada por Rafael Ruiz, para el portal PildorasdeFe.net  

Por su interés, Religión en Libertad lo transcribe íntegramente:


10 actitudes que puedes incorporar en tu vida si quieres que tu matrimonio mejore 
Al escribir a estas alturas del año nuevo, me doy cuenta que muchas personas han abandonado ya sus propósitos de este año. ¡Los gimnasios cada vez tienen menos gente y las tiendas de donas tienen más!

Muchas personas que esperaban que el año nuevo les trajera un mejor matrimonio han empezado a perder la esperanza de una mejora real y duradera. Es momento de darte buenas noticias… La mejora real en tu matrimonio es posible, pero no sucede al hacerse un propósito de año nuevo… sucede al cambiar tu proceso de pensamiento y cambiando tus hábitos diarios.

Si realmente deseas construir una unión más fuerte y más feliz, he aquí algunas claves que te ayudarán a lograr el objetivo.

He dividido esta lista de 10 maneras de mejorar, en 5 cosas que hay que empezar a hacer y otras 5 que hay que dejar de hacer (si es que se están haciendo).

Antes de llegar a las 5 cosas que hay que empezar a hacer, te propongo esta lista de 5 cosas que debemos dejar de hacer. Todos tenemos que quitar alguno de estos puntos con el fin de hacer espacio para cosas mejores.

5 cosas que hay que dejar de hacer en el matrimonio

1) Pornografía, erotismo o cualquier otra fantasía que involucre a alguien que no sea tu cónyuge.
Cuanto más aprendo sobre el estado de los matrimonios modernos, más estoy convencido de que la pornografía, el erotismo y la fantasía sexual (que no implica exclusivamente a su cónyuge) es una de las causas más grande de desconexión en el matrimonio e incluso llega al divorcio.

La pornografía nos desensibiliza de experimentar la intimidad real y verdadera. Jesús enseñó que incluso la fantasía sexual en la mente es una forma de infidelidad. Creo firmemente que tu matrimonio estaría mejor si te centras exclusivamente en tu cónyuge. Lucha por ser MENTALMENTE monógamo.

2) Amistades que hablan negativamente sobre el matrimonio o incluso sobre su propio cónyuge.
Tus amigos probablemente tienen una influencia mucho mayor sobre tu matrimonio de lo que crees. Si vas a salir con frecuencia con personas que no tienen relaciones sanas, su modo de pensar en algún momento te llevará hacia algún tipo de disfunción en tu propio matrimonio si no tienes cuidado.

Rodéate de personas que fortalezcan tu carácter y tu matrimonio y abandona a las personas que intentar poner en peligro el compromiso que adquiriste con tu matrimonio.

3) Criticar a tu cónyuge.
La crítica constante es tóxica para un matrimonio. Debes ser el mayor motivador de tu cónyuge, no su mayor crítico. No pienses que tu forma de hacer las cosas es siempre la mejor manera. Aprende a celebrar las diferencias del otro y entre ambos constrúyanse, en lugar de desgarrarse entre sí.

4) El uso de la palabra "divorcio"
Retira esta terrible palabra de tu vocabulario. Un matrimonio no puede sobrevivir sin la seguridad de saber que está construido en un compromiso tan sólido como una roca; siestás amenazando con irte, a voces o en secreto, estás destruyendo la base de la relación.

Comprometerse el uno con el otro significa que retiras de la mesa la palabra divorcio y trabajan juntos para resolver los desafíos sin renunciarte a ti mismo ni a tu cónyuge.

5) Justificar tus faltas.
Una de las decisiones más importantes que se pueden hacer en un matrimonio es elegir entre justificar tus faltas o hacer algo de verdad para empezar a mejorar. Si estás listo para dejar de justificar tus faltas y empezar a caminar por el buen camino, entonces te reto a comenzar con las cinco cosas que expongo a continuación.

5 cosas que hay que empezar a hacer en tu matrimonio

1) Hacer del “tiempo juntos” una prioridad.
Programa tiempo junto a tu cónyuge ya sea en tu casa después de que los niños están dormidos o en una cita nocturna. Apaguen sus teléfonos y dispositivos y pasen “tiempo juntos” todos los días en una conversación ininterrumpida.

No dejes que tu matrimonio se atasque en el piloto automático pretendiendo estar en la misma habitación, pero en mundos diferentes. Dense tiempo de calidad para escucharse, reír y aprender uno del otro.

2) Hacer el amor (a menudo).
Si sólo tienen relaciones sexuales cuando ambos tienen "el estado de ánimo", entonces sólo en raras ocasiones sucederá.

El sexo es un regalo de gran alcance, creado por Dios mismo, para mantener a un marido y a su mujer conectados a un nivel físico, emocional e incluso espiritual. No se olviden de darse uno al otro y no poner excusas. Que sea una prioridad.

3) Remarca lo positivo.
Para la mayoría de nosotros, la crítica es más natural que el animar a alguien, pero hay que tener la intención de señalar lo positivo de tu cónyuge. Alábale por las cosas buenas que está haciendo.

Deja de pensar en lo negativo y en lo que te gustaría que cambie. Construye  palabras que le ayuden a convertirse en la mejor versión de sí mismo o misma.

4) Ora con y por tu cónyuge.
Como cristiano, soy un firme creyente de que todo matrimonio está mejor fundamentado cuando se construye sobre la base de la Fe.

Hagan de la oración su rutina diaria. Asistan a la iglesia y escuchen constantemente la enseñanza bíblica para mejorar su relación. Rodéense de personas que puedan fortalecer su fe. Esto hará un mundo de diferencia en su matrimonio.

5) Comiencen HOY y MANTÉNGANSE EN EL CAMINO
Dejen de posponer o renunciar a sus buenos hábitos porque corren el riesgo de detenerse y no avanzar más. Por supuesto que ambos cometerán errores en el camino, pero sigan adelante.