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lunes, 21 de julio de 2025

Era pandillero y traficante, ahora es padre de 8 hijos y catequista del Camino Neocatecumenal

 

Johnny Chávez ahora habla con numerosos jóvenes para acercarles a Dios

Johnny Chávez ahora habla con numerosos jóvenes para acercarles a Dios

Johnny Chávez ayuda a numerosos jóvenes de Brooklyn para que no entren en pandillas ni apuesten por la vía “sencilla” de la delincuencia. Y lo hace desde su propia experiencia, donde desde adolescente traficaba con heroína y llegó a pasar varias noches en el calabozo por robar. Ahora está felizmente casado, es padre de 8 hijos y es catequista del Camino Neocatecumenal en Nueva York.

“El arresto cambió todo para mí. Me hizo enderezarme y salir de las calles”, recuerda en una entrevista con The Tablet. Es un criminal callejero reformado que encontró a Jesús. “Hay una solución para tu vida y Cristo es esa solución”, explica.

De este modo, a los numerosos jóvenes a los que puede dirigirse les insiste en una idea: “Lo primero que digo es que naciste para ser libre. Y cuando te unes a una pandilla, o cuando vendes drogas, te conviertes en esclavo. Si entras en una pandilla, nunca serás feliz".

Llegó a Estados Unidos proveniente de Ecuador cuanto tenía tan sólo 5 años. Pero sus padres se divorciaron cuando él empezaba la adolescencia. Según relata, “fue una experiencia traumática para mí. Sentí que nadie me amaba”.

Vagaba sin rumbo por la vida y encontró lo que él creía que era consuelo en las calles y en las pandillas que había en su barrio de Brooklyn, donde realizó numerosas actividades ilegales. Entre otras cosas, participó en robos en tiendas del barrio y a vender heroína. Pero un día cuando tenía 17 años fue arrestado en un robo y como había una arma de fuego involucrada fueron acusados de un delito grave por posesión de armas.

Recuerda perfectamente la sensación al ser fichado. “Estaba muerto de miedo”, admitió. Pasó cuatro días en la cárcel esperando su cita ante el juez. “La detención me ayudó porque me asustó” Lo que le salvó, dijo, fue el hecho de que era su primera vez. Su familia contrató a un abogado que pudo mantenerlo fuera de prisión. Un año después, cuando cumplió 18 años, su caso quedó cerrado. “Fue un punto de inflexión para mí y lo tomé como una lección que Dios me estaba dando”, recalca.

Chávez fue a la Universidad de Long Island, donde jugó al fútbol y obtuvo una licenciatura en Educación. Consiguió un trabajo enseñando en su antigua escuela secundaria. Pero Dios no había terminado de cambiar su vida. Cuando tenía poco más de 20 años, estaba saliendo con la mujer que ahora es su esposa, a la que conocía desde que eran adolescentes. “Había conocido a Keila pero yo era un desastre. Todavía tenía rencor contra mis padres por su divorcio y me sentía vacío por dentro”, dijo.

Eduardo Mendoza, un tío cercano a él, le hizo una pregunta sencilla. “Él dijo: '¿Qué quieres de esa chica?'. Y cuando él me hizo esa pregunta, yo me hice esa pregunta”, dijo Chávez. Mendoza, quien es el padrino de Chávez, le pidió que lo acompañara a una celebración del Camino Neocatecumenal en la parroquia de Pedro y Pablo-Epifanía. Fue una experiencia reveladora.

“Lo que me llamó la atención fue que la gente estaba sentada en círculo, una frente a la otra. Estaba acostumbrado a sentarme en un banco mirando hacia el frente”, recuerda. Después de las lecturas, los participantes se turnaron para hablar de sus vidas. La charla fue sincera.

“La gente hablaba libremente sobre problemas reales con pura honestidad, diciendo cosas como: 'Volví a consumir drogas'. Y nadie los juzgaba. Sentí: 'Aquí es donde pertenezco'. Desde entonces soy parte del Camino Neocatecumenal”.

Con su fe renovada, Chávez invitó a su novia a unirse al Camino Neocatecumenal, invitación que ella aceptó. La pareja se casó en 2008 y son orgullosos padres de ocho hijos y ahora también catequistas de esta potente realidad eclesial, lo que le permite anunciar a Jesucristo en el barrio en el que creció y donde todavía hoy hay tantos problemas.

Al recordar su vida hasta el momento, se siente afortunado. “Jesús vino a mi vida cuando más lo necesitaba. Y ahora tengo una buena vida gracias a Él”, dijo.

ReL



martes, 28 de agosto de 2018

Tenía una vida de éxito, lo dejó todo y la llamaron loca: ahora evangeliza a pandilleros por cientos

Sair del Toro, exitosa evangelizadora entre los hispanos de EEUU



Sair del Toro está volcada totalmente en la evangelización, especialmente entre la comunidad hispánica de EEUU
Sair del Toro está volcada totalmente en la evangelización, especialmente entre la comunidad hispánica de EEUU
Sair del Toro era una mujer que abandonó en la adolescencia la fe
católica en la que había sido educada por su madre. A los 28 se
había convertido en un personaje conocido con su propio programa de
radio y como exitosa y demandada planificadora de bodas en Seattle.
Tenía mucho dinero e influencia pero se encontraba vacía. Fue
entonces cuando se abrazó con fuerza a la fe de su infancia y se convirtió
en una de las evangelizadoras más potentes de EEUU, especialmente en
el mundo hispano.
Cientos de pandilleros, asesinos, ladrones, pero también mujeres maltratadas,
violadas y en situaciones límites han encontrado a Dios gracias a su ministerio.
 “Creo que cuando te entregas libremente al Señor se dan grandes gracias,
y puedes ser testigo”
, afirma en Catholic News Agency.
"No tenía amor, sólo tenía dinero"
Recuerda su vida anterior a conocer a Cristo. Conducía un Mercedes, tenía
una casa espectacular y no le faltaba el dinero. “Todo parecía perfecto, pero
me faltaba algo, no tenía amor, sólo tenía dinero”
. Este sentimiento le
embargaba ya en todo momento por lo que un día se dirigió a Dios:
“¿Dónde estás? ¿Quién eres?”.
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Iba a empezar así su regreso a la Iglesia Católica. Pero fue clave el
consejo que recibió: si quería encontrar a Dios tenía que mirar al
Santísimo Sacramento. Lo tomó al pie de la letra y rápidamente entró
en una capilla de adoración para ver y abrazar el tabernáculo para saber
por fin si  Dios estaba realmente en esa “cajita”.
“Entré allí, abracé a Jesucristo, y Él salió y me abrazó. Sentí su presencia
 en mi corazón, en mi mente y en mi alma, Él me estaba abrazando. Fue
el abrazo más grande de mi vida”
, asegura esta mujer, que define aquel
momento como el que cambió completamente su vida.
Su madre quiso ingresarla en un psiquiátrico
Después de aquella experiencia de amor de Dios decidió dejar su exitoso
trabajo, su casa y se fue a un convento en Omaha. “Mi madre pensó que
estaba loca
”, recuerda ella. Tanto que incluso llevó a Sair a un hospital
psiquiátrico, que curiosamente era gestionado por unas monjas.
El médico le preguntó si escuchaba a Dios, si escuchaba su voz y le amaba.
 Ella tenía miedo a responder con sinceridad por si concluían que estaba loca
y acaba ingresada en el psiquiátrico. Sin embargo, sintió que Dios quería que
dijera la verdad. El doctor llegó a la conclusión de que Sair no estaba loca
sino enamorada completamente de Dios.
De EEUU a México y vuelta de nuevo
Durante varios años estuvo en la vida religiosa hasta que supo que Dios la
llamaba a otra cosa. Dejó el convento y también Estados Unidos para
regresar a su México natal
. Allí participó activamente y con gran éxito en
distintos ministerios católicos de evangelización y de anuncio de devociones
como la del Sagrado Corazón.
En 2013 regresó a Estados Unidos para enseñar la Teología del Cuerpo
de Juan Pablo II a las parejas, especialmente hispanas, de la Archidiócesis
de Los Ángeles.
Pero casi a la vez comenzó a hablar de Dios y a lograr numerosas
conversiones entre expandilleros, presos y personas violentas
,
consiguiendo incluso que acabasen consagrando su vida y la de sus
familias a Dios.
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Hace unos meses, por ejemplo, la llamaron para que anunciara la Buena
Nueva a un grupo de 200 hombres, la gran mayoría pandilleros llenos de
tatuajes, traficantes e incluso asesinos. “Logramos consagrar a todas esas
personas –explica Sair- lo cual fue un milagro, porque la mayoría de esas
personas han matado personas, han estado involucradas en negocios
muy sucio, o han vendido droga
…”.
Vidas que cambian
Ahora, “estas personas que nunca pensaríamos que estarían consagradas
al Señor están cambiando sus vidas y las de sus familias también”.
Buscando un terreno común con los miembros de estas pandillas, le comentó
que la jerarquía de la Iglesia era muy parecida a la de una pandilla, pero del
lado del Señor y no del lado de la muerte.
“Cuando les enseñas cómo funciona la Iglesia, cómo trabaja Dios, cómo
funciona el respeto, en realidad es lo mismo, pero en el ejército de Dios”,
agrega esta evangelizadora.
Sair del Toro afirma que les anuncia que su vida puede cambiar, que
pueden ser más felices que nunca, que pueden conocer la gracia, y sobre
todo vivir para siempre. “Sienten que realmente tienen ahora algo, que
valen algo pues les damos la esperanza de la vida, de la eternidad”
,
concluye.
Ayuda a miles de mujeres hispanas
Pero además esta incansable católica es directora de Magnífica, el apostolado
en español de Endow, un ministerio centrado en las mujeres. Y es aquí donde
está realizando una importante labor con cientos de ellas, muchas con
terribles historias a sus espaldas.
Una de las mujeres a las que ha podido ayudar es Rachel (nombre ficticio).
Cuando tenía 14 años se escapó de casa de sus padres para ir a una fiesta.
Esa noche fue secuestrada y llevada de Ciudad de México a la frontera con
Estados Unidos, donde fue vendida a un hombre que la mantuvo en
cautiverio durante 10 años.
En ese tiempo esta joven tuvo dos hijos con su secuestrador, hasta que un
vecino se percató de que algo raro ocurría y llamó a la Policía, por lo que
Rachel y sus hijos pudieron ser rescatadas. Ahora ella encuentra ayuda
y sanación en la Iglesia a través del grupo Magnífica.
"Mi meta es el cielo"
Muchas mujeres que han experimentado violencia doméstica o el
drama del aborto también llegan a la Iglesia
 a través de esta vía, y
encuentran la felicidad en ella tras sufrir lo indecible durante años.
Gracias a personas como Sair son miles de personas las que conocen
esta Iglesia, “hospital de campaña”, donde pueden sanar heridas
profundas.
“La gente que me conoce sabe que lo hago de corazón, de lo contrario
podría estar haciendo cosas diferentes por mucho dinero. Pero mi meta
es el cielo y quiero ser santa, realmente quiero ser santa.
 Así que me
relajo dejando que Dios haga lo que quiera conmigo”, concluye.
J. Lozano / ReL