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miércoles, 30 de diciembre de 2020

El grafitero que se convirtió en un famoso pediatra

 

Un documental revela la vida de Juan Tapia, un muchacho de origen dominicano que fue grafitero y hoy es pediatra en Nueva York

Juan Tapia-Mendoza nació en la República Dominicana. Su papá abandonó a su mamá cuando él tenía 2 años «y no lo volví a ver hasta que cumplí los 14». Emigraron a Estados Unidos y se instalaron en la ciudad de Nueva York. No podía imaginar entonces que iba a ser un famoso grafitero y posteriormente médico.

«Mi madre tenía que trabajar todo el día»

El niño creció entre otros migrantes: «Desde sexto curso comencé a faltar a la escuela. Nos quedábamos en casa de algún amigo y nuestras madres trabajaban todo el día. Mi madre se levantaba a las 5 o las 6 de la mañana y se iba a trabajar. Yo regresaba a casa cuando ella volvía del trabajo a las 11 de la noche».

Con la pandilla comenzó a ser grafitero

Juan recuerda que «en aquella época Nueva York era una ciudad muy violenta». Se introdujo, con los muchachos del barrio, en una pandilla del Alto Manhattan. Su «ganga», como él la llama, era la de los «Sauvage Nomads». Y él a su vez descubrió que le gustaba el grafiti: iba a ser «C.A.T. 87«.

Sin pretenderlo, Juan se convirtió en un chico respetado en los otros barrios por los grafitis que había ido dejando en Nueva York: en las paredes, en los vagones del metro neoyorquino…

PEDIATRICS2000Galería fotográfica

Un prestigioso pediatra de la comunidad hispana

Al no ir a la escuela, era casi analfabeto, pero soñaba con ser médico. Y ocurrió que, aunque no disponía de historial académico, hacer grafitis hizo que se le considerara un joven altamente motivado y aquello le dio la posibilidad de acceder a la Universidad Central del Este, en Santo Domingo. Hoy es uno de los médicos pediatras más importantes de Nueva York. Fundó Pediatrics 2000, una clínica para niños desde la que ayuda a la comunidad hispana.

«Es importante que las mamás cuenten con médicos que hablan en su mismo idioma y conozcan su cultura», afirma el doctor.

Pediatrics 2000 tiene un aspecto singular: sus paredes están llenas de grafitis, porque él sabe bien que «es un modo de apartar a los muchachos de la droga y la cárcel». Él lo sabe bien: vio morir a más de diez amigos en la calle.

Su amigo Hugo Martínez fue quien promovió que a los jóvenes grafiteros se les considerara «muchachos altamente motivados que merecían atención porque querían hacer algo con su vida». Por eso emprendió con él un proyecto que unía la medicina con el arte.

La clínica, así, es también una galería de arte, un núcleo de convivencia sana en el barrio.

Su héroe es su madre

Tapia-Mendoza tiene hoy fama y prestigio, pero no olvida quién es su héroe: «Se lo debo todo a mi madre. Todos necesitamos un héroe, y ella es mi héroe».

En un documental de 14 minutos que lleva por título «El grafitero que se convirtió en médico», el hoy doctor Tapia-Mendoza explica cómo fueron aquellos duros comienzos como migrante en Nueva York y la bendición que supuso para él el mundo del grafiti. También habla de su madre, que llegó a hipotecar en dos ocasiones su casa para que Juan lograra sus sueños. «Siempre se ha sacrificado por sacar adelante la familia», afirma con agradecimiento.

Una vida lograda

Hoy el doctor Tapia-Mendoza es feliz viendo cómo puede ayudar a una comunidad tan grande de niños hispanos y a sus familias en Nueva York, y no solo cura la parte física de sus pacientes.

«El mayor orgullo que yo tengo -explica- es ver que niños que vinieron a la clínica son hoy médicos, ingenieros, abogados, maestros…» que dejaron de hacer cosas malas y tienen una vida lograda «y veo la satisfacción de los padres, que se sienten una comunidad».

El doctor Tapia forma parte de la red de médicos SOMOS, que atiende a las personas más vulnerables de Nueva York.

Concluye: «Cada noche, cuando me acuesto, le doy gracias a Dios y lo que digo es: ‘¡Sí, lo logré otra vez’!»

A continuación puedes ver el vídeo sobre el doctor Tapia:

Dolors Massot, Aleteia 

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sábado, 23 de junio de 2018

Límites: ¿educamos o censuramos a nuestros hijos?

La mirada de los padres es el gran ansiolitico que, no se vende en farmacias, se regala en familia

El día jueves el programa Entre Nosotros de Radio María inauguró su nuevo micro, “Infancias”, con la compañía del Doctor Enrique Orchansky, pediatra, doctor en medicina y cirugía y docente de la cátedra de Clínica Pediátrica de la Universidad Nacional de Córdoba. En esta ocasión, el doctor habló acerca de los límites y de cuándo y cómo ponerlos.
De acuerdo a lo comentado por Orchansky, la consulta más común de los padres en el consultorio del pediatra es cómo empezar a poner límites. En la actualidad, los niños están desafiando jerarquías y la relación padre-hijo se ha vuelto más horizontal.
“Los chicos están desafiando jerarquías porque los padres se han corrido de la autoridad cálida. Los chicos demandan como a un amigo, con desafío y a veces insolencia”, comentó el pediatra. En esta ruptura de autoridad, los padres a se comportan como pares de sus hijos, generando que los niños no reconozcan y respeten los límites que sus padres imponen.
Pasados los 6 ó 7 años de edad, el dilema es qué hacer con los límites que no se pusieron a tiempo. Es importante saber que puede haber un regreso a los límites cuando no fueron puestos a tiempo. Según Orchansky, son los padres quienes deben volver a la postura de autoridad, imponiéndose límites propios, ya que “[…]los chicos aprenden lo que miran y no lo que escuchan. Y lo que están viendo son padres sin límites”. Es esto por lo que es importante educar con el ejemplo, tener horarios, formas y comportamientos que los niños deban imitar y que no contradigan al límite que se le impone al hijo.
Una cuestión importante que resaltó el pediatra es que los momentos de reencuentro en familia, de descanso y desconexión de las obligaciones favorecen a que el niño asimile límites. Los hijos necesitan la mirada de sus pades para sentirse seguros, tranquilos y realizados como persona. “La mirada de los padres es el gran ansiolitico que no se vende en farmacias, se regala en familia y está faltando”, comentó Orchansky. La falta de atención por parte de los padres genera berrinches y niños demandantes.“Cuando los chicos a las 3 ó 4 de la mañana se cruzan de cama es porque están buscando de noche lo que no recibieron de día”, dijo el doctor.

Artículo originalmente publicado por Radio María