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sábado, 22 de agosto de 2026

Ni frailes ni monjas: los consagrados que viven sin hábito y tienen «el mundo» como monasterio

Trabajan como médicos, abogados o profesores y viven consagrados a Dios sin hábito. El padre Mario Ortega explica una vocación aún desconocida.

Miembros de Institutos seculares en una jornada de formación en Madrid

Miembros de Institutos seculares en una jornada de formación en Madrid

Entre el 18 y el 23 de agosto tendrá lugar en Madrid el Congreso y Asamblea de la Conferencia Mundial de Institutos Seculares (CMIS). 

Es la primera vez que se realiza en España un evento de estas características, de la organización que agrupa a la mayor parte de los institutos seculares de todo el mundo. 

Se espera para el Congreso la participación de 240 miembros de un total de 107 institutos seculares provenientes de 30 países distintos y de 4 continentes.

El responsable de comunicación de este evento es el Padre Mario Ortega, del Instituto Secular Servi Trinitatis, sacerdote de Madrid que ha pasado también algunos años de su ministerio en la Diócesis de Roma. 

Él nos acerca a la historia y actualidad de los institutos seculares, esta realidad eclesial que fue aprobada por el Papa Pío XII en 1947, pero que aún resulta demasiado desconocida incluso dentro de la Iglesia.

- P. Mario Ortega, cuéntanos brevemente tu vinculación y trabajo con los institutos seculares.

- Mi vinculación se debe sobre todo a que Dios me llamó a ser sacerdote dentro de un instituto secular con rama sacerdotal. Desde aquí he ido conociendo esta maravillosa realidad de vida consagrada en medio del mundo, suscitada por el Espíritu Santo en los tiempos modernos, para una más profunda penetración del Evangelio en las realidades del mundo, o mejor dicho, para saber descubrir en la riqueza del mundo redimido por Cristo las huellas y señales de la presencia de Dios y mostrarlas a los hombres y mujeres de hoy. 

Esa es la vocación especial de los miembros de los institutos seculares: vivir la consagración a Dios desde las mismas realidades temporales, desde dentro del mundo.

- ¿En qué se diferencia los institutos seculares de los institutos religiosos?

- La vida consagrada a Dios a través de la práctica de los consejos evangélicos de la pobreza, la castidad y la obediencia, surgió en la Iglesia como un apartamiento del mundo. Para vivir una vida contemplativa, eremítica o de clausura en unos casos o para poder ejercer en el mundo la caridad de Cristo, en el caso de la vida religiosa activa. Sean de vida contremplativa o de vida activa, las órdenes y congregaciones religiosas conciben la consagración como un “apartarse del mundo”. Entiéndase bien esta expresión – que es de orden teológico y canónico. Significa que los religiosos marcan una distinción con el mundo laical, a través del hábito religioso, la vida de comunidad en el monasterio o convento, la regla religiosa, horarios de comunidad, etc. 

En el caso de los institutos seculares, la consagración a Dios se vive de modo diferente, esto es, desde dentro del mundo. Ya en el siglo XIX aparecieron intentos de vivir una consagración total a Dios en medio de las realidades temporales, sin convertirse en religiosos (monjas, monjes o frailes) sino conservando las características esenciales de la vida laical. 

Santos como Antonio María Claret o Juan Bosco intuyeron ya estas formas de vida, aunque lo que fundaron fueran aún congregaciones religiosas, pero el germen de lo que iban a ser los institutos seculares ya estaba plantado. Y fue creciendo mucho a lo largo de la primera mitad del siglo XX, con figuras que fueron decisivas como Agostino Gemelli y Armida Barelli, de modo que en 1947, a través de la Constitución Apostólica Provida Mater Ecclesia y el Motu Proprio del año siguiente Primo Feliciter, se dio cabida entre las formas de vida consagrada a los institutos seculares: la posibilidad de consagrarse a Dios sin los signos externos que puede tener un fraile o una monja.

- O sea, que los miembros de institutos seculares son consagrados a Dios como los religiosos, pero no son religiosos...

- Efectivamente. Así lo dice claramente el Código de Derecho Canónico, que dice que “por su consagración, un miembro de un instituto secular no modifica su propia condición canónica, clerical o laical, en el Pueblo de Dios” (canon 711). Es decir, que los miembros laicos siguen siendo laicos – no son monjas o frailes – pero viven su consagración total a Dios en su profesión (maestros, abogados, ingenieros, médicos, etc), sin necesidad de distinguirse en el vestir llevando algún hábito y sin la obligación de llevar una vida comunitaria. Pueden vivir su vocación en sus familias, solos o en pequeños grupos de vida fraterna. 

Su “monasterio” es el mundo mismo, lo cual no quita que hayan de llevar una vida de oración y orden de vida – claro está – conforme a su estado, viviendo el carisma particular de su propio instituto. Es lo que se llama la “secularidad consagrada”, que explicó muy bien el Papa Francisco en su mensaje al último Congreso de CMIS celebrado en Roma en 2022.

En el caso de los sacerdotes pertenecientes a un instituto secular, también nos diferenciamos de los religiosos (clero regular) porque vivimos incardinados normalmente en las propias diócesis, como sacerdotes diocesanos (clero secular), compartiendo con todo el presbiterio la pastoral diocesana desde la experiencia de la consagración total a Dios en un instituto secular.

- Desde esa aprobación inicial, ¿cómo han ido desarrollándose y creciendo los institutos seculares?

- En la segunda mitad del siglo XX experimentaron un fuerte auge, sobre todo en Europa. Los institutos seculares encajaban muy bien con la letra y el espíritu del Concilio Vaticano II. Es decir, una mayor protagonismo de los laicos en la vida de la Iglesia y una más incisiva presencia de la vida consagrada en las realidades de un mundo cada vez mas secularizado.

San Pablo VI fue el gran Papa de los institutos seculares. Suyos son cantidad de discursos, cartas y documentos que definen más profunda y claramente la vocación y misión de los institutos seculares (ver aquí). Bajo su pontificado surgió en 1972 la CMIS (Conferencia Mundial de los Institutos Seculares) y también las distintas Conferencias y confederaciones continentales y nacionales.

En España proliferaron muchos institutos seculares (aquí se puede ver la lista de los institutos inscritos en CEDIS en la actualidad) y, aunque la presencia de sus miembros, desde su realidad laical – de levadura en medio de la masa – es más bien discreta, los frutos han sido abundantísimos.

- Y en la actualidad, ¿no están los institutos seculares un poco “de capa caída”?

- Bueno, la fuerte crisis vocacional que afecta no sólo a la vida consagrada, sino también a la vida matrimonial, está claro que también ha afectado a los institutos seculares. Asimismo, el hecho de que han ido surgiendo nuevas formas de vida consagrada que, sin considerarse institutos seculares, sí que comparten un modo de vida parecido. E igualmente, se ha dado el hecho de que el abandono por parte de muchos religiosos de sus hábitos que los distinguía como monjas, frailes, etc. habiendo adoptado un modo de vida más cercana a la laical, ha desdibujado un poco la especificidad original de los institutos seculares. Los cuales, por otro lado, siguen reivindicando – y con toda la razón, apoyados por los papas sucesivos – su identidad y su misión.

En España se han hecho y se siguen haciendo cantidad de obras y proyectos para seguir mostrando a la Iglesia y al mundo lo maravillosa y urgente que es esta vocación de laicos consagrados en medio del mundo. 

Destaca la creación de la cátedra “Iglesia, Secularidad y Consagración” que CEDIS, Conferencia Española de Institutos seculares – es decir, similar a lo que es CONFER para religiosos – impulsó junto a la Universidad Pontificia de Salamanca. También desde la Conferencia Episcopal se han multiplicado los intentos de visibilizar más a los institutos seculares, pero creo que sigue habiendo por parte de sacerdotes y agentes de pastoral un gran desconocimiento de la realidad y alcance de esta vocación a la “secularidad consagrada”.

- ¿Qué supone este próximo Congreso Mundial de CMIS y el hecho de que se celebre en España?

- Sin duda, una oportunidad para que los institutos seculares se muestren más al mundo. Es verdad que muchos de los miembros laicos guardan la llamada “reserva” con respecto a su consagración, pues siguen siendo laicos, para que no les confundan con religiosas o religiosos. O se diga - ¡qué horror! - que son “monjas seglares”. Esa es una contradicción, puesto que las monjas en el momento de su profesión como tal, dejan de ser seglares o laicas. Sin embargo, otros – siempre con discreción, pero con una gran alegría y muy deseosos y deseosas de mostrar al mundo la belleza de esta vocación consagrada en medio del mundo, ejercen su labor profesional y viven su vida familiar con una entrega tremenda. Son muy eclesiales los miembros de institutos seculares. Siempre al servicio de las parroquias, diócesis, etc.

También servirá este Congreso – y la Asamblea que le seguirá – para conocerse y encontrarse miembros de institutos seculares de todo el mundo, con una gran variedad de edades y estilos. No olvidemos que van a estar representados 107 institutos de todo el mundo. Habrá encuentro, diálogo, oración juntos, reflexión sobre la vocación común. También estaremos presentes sacerdotes vinculados a institutos seculares, puesto que necesitamos también revivir esta especificidad dentro de nuestra vocación sacerdotal.

Que se celebre este Congreso y la Asamblea de CMIS por primera vez en España es, sin duda, un fuerte aldabonazo a la labor preciosa, muchas veces callada pero constante, que los institutos seculares – CEDIS, en particular – están realizando en nuestro país.

- Y, finalmente. Qué significa el lema escogido para este congreso: “En el corazón del mundo, ¿qué profecía de esperanza?”

- Como hemos dicho antes, lo original y genuino de la vocación y misión de los institutos seculares es la de vivir completamente consagrados desde dentro del mundo, implicándose completamente en las realidades temporales: el mundo del trabajo, la familia, la cultura, el arte, la tecnología, la educación... en una palabra, el corazón del mundo, los miembros de institutos seculares, uniendo en su corazón la pasión por Dios y la pasión por el mundo que Dios tanto ama, ofrecen un testimonio que siempre resulta profético, es decir, una señal de Dios, un faro para el mundo y para la Iglesia.

No en vano, San Pablo VI dijo ya hace cinco décadas que, si los miembros de institutos seculares viven bien su vocación “serán como un laboratorio experimental en el que la Iglesia verificará sus relaciones con el mundo moderno”. Es muy fuerte esta afirmación ¿eh? Por eso, el mismo Papa llamaba también a los miembros de institutos seculares “alpinistas del Espíritu”, porque su vocación les exige una vida espiritual muy fuerte, para no ser “engullidos” por la mentalidad y los intereses del mundo en el que están completamente inseridos. 

El lema, por tanto, de “En el corazón del mundo, ¿qué profecía de esperanza?” se entiende ahora mejor cómo es un deseo de reflexionar juntos sobre cómo se puede cumplir bien esta misión propia de los institutos seculares en este cambio de era que estamos viviendo.

ReL

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