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miércoles, 2 de septiembre de 2026

«Vivir como si Dios existiera»: el reto viral de un influencer que desmontó todos sus esquemas

Brian reconoció que no sabía si Dios era real, sin embargo, decidió poner a prueba un principio: «Primero la práctica, luego la fe».

Lo que comenzó como un experimento dejó de serlo.

Lo que comenzó como un experimento dejó de serlo. "Me cansé de fingir. Esto es real", declaró en un vídeo.


    La historia de Brian Guan, influencer que vive en Nueva York (EE.UU), ha captado la atención de miles de personas en redes sociales. Masfe.org cuenta su historia.

    Lo que comenzó como un reto personal de 30 días terminó convirtiéndose en un proceso de transformación espiritual que él mismo bautizó como Faithless Christianity ("Cristianismo sin fe"). 

    Su idea inicial era sencilla y radical: vivir como si Dios existiera, aun sin estar seguro de ello, y observar qué sucedía.

    De la duda a la práctica

    Brian reconoció abiertamente que no sabía si Dios era real. Sin embargo, decidió poner a prueba un principio: "Primero la práctica, luego la fe". 

    Así, comenzó a incluir en su rutina diaria oraciones, lecturas bíblicas y gestos de gratitud. Sus primeras oraciones eran casi un experimento: "Dios, no sé si eres real, pero por favor acércame a ti". Aunque al inicio se sentía extraño, poco a poco estas prácticas empezaron a moldear su vida.

    Brian leyendo la biblia en la calle.

    Brian leyendo la biblia en la calle.masfe.org

    Uno de los momentos más significativos ocurrió al leer sobre el perdón de Jesús en la cruz. Recordó a un amigo con quien había roto relación y decidió reconciliarse. También empezó a practicar la bondad en gestos simples, como recoger basura en su vecindario. Aunque los cambios no fueron inmediatos, con el tiempo comenzaron a ser evidentes.

    El reto no solo implicó gestos externos. Brian decidió enfrentar su adicción a la nicotina, un hábito de ocho años. Inspirado por 1 Corintios 10:13, comenzó a incluir la oración en su lucha contra la tentación. Reconoció sus tropiezos, pero descubrió que no podía simplemente eliminar un hábito sin reemplazarlo por algo distinto. La fe se convirtió en un recurso para su batalla personal.

    Con el paso de los meses, Brian notó transformaciones profundas. Se volvió más amable con los demás y encontró un propósito renovado. 

    Comparó su experiencia con los años dedicados al yoga, disciplina que había practicado e incluso enseñado. Aunque valoraba esa práctica, aseguró que nunca le había producido el mismo cambio interior que la lectura de la Biblia. "Con la Escritura, salgo queriendo ser mejor con los demás", explicó.

    Lo que comenzó como un experimento dejó de serlo. "Me cansé de fingir. Esto es real", declaró en un vídeo. Poco después confesó: "Jesucristo es real. Jesucristo es mi Señor y Salvador". 

    Su proyecto dejó de ser un reto para convertirse en una experiencia de fe personal. Brian comenzó a compartir el Evangelio en parques de Nueva York, conversando con desconocidos y ofreciendo pasajes bíblicos. En una ocasión, alguien lo llamó "celebridad", a lo que él respondió: "Jesús es la celebridad".

    ReL

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    lunes, 24 de enero de 2022

    «Compré una Biblia en secreto»: sus prejuicios ateos cayeron y hoy es un conocido sacerdote jesuita

                      Jean Paul Hernández, nacido en Suiza, confiesa:
    «Mi fe creció en español»


    Jean Paul Hernández es un jesuita suizo, de origen español
     y que se ha formado en Italia y Alemania


    Jean-Paul Hernández es un sacerdote católico en el sentido estricto de la palabra, universal. Este jesuita nació en Suiza y es hijo de padres que emigraron a este país a labrarse un futuro. Su padre es madrileño y su madre mitad catalana y mitad italiana. Pese a haberse criado en el país centroeuropeo y llevar su nombre en francés confiesa que su lenguaje con Dios es en español, la lengua en la que siempre le ha rezado y en el que se ha dirigido a Él.

    Sin embargo, su vida religiosa no está vinculada directamente ni a Suiza ni a España, pues fue en Italia donde decidió ingresar en el noviciado jesuita. Ahora es un importante y conocido teólogo, que cada semana comenta el Evangelio en TV2000, la televisión de los obispos italianos. Vive entre Roma y Nápoles, es profesor en la Pontificia Facultad Teológica del Sur de Italia, realiza un importante trabajo con los jóvenes y es el coordinador de Piedras Vivas, una forma de evangelizar y mostrar la belleza a través del arte y el patrimonio cristiano. Está presente en ciudades de todo el mundo y está cosechando grandes frutos.

    La Palabra de Dios es clave en la vida de Jean-Paul Hernández. Fue la vía para llegar, conocer y enamorarse de Dios. Su adolescencia y juventud estuvo llena de vaivenes, pero hubo un momento fundamental que supuso un hito. En Friburgo, ciudad suiza en la que vivía con su familia, compró sin que nadie lo supiera una Biblia, que acabó devorando ante la curiosidad que sentía.

    El ahora religioso jesuita de 53 años estaba en ese momento en el instituto estudiando. Era un adolescente. “Compré una Biblia en secreto y comencé a leer el Evangelio. Descubrí la relación con Jesús de Nazaret como persona. Fue fascinante, acabó con todo lo que pensaba que era la religión: tener que probar que Dios existe y un conjunto moralista de reglas, prohibiciones, obligaciones”, comenta en una conversación con el semanario italiano Credere.

    Con esta lectura clandestina del Evangelio en su interior se abrió paso una fuerte convicción: “si es verdad que eres así, te seguiré, vale la pena jugármela totalmente”.

    Jean Paul Hernández, jesuita

    El jesuita Jean Paul Hernández comenta el Evangelio para la televisión de los obispos italianos

    Hasta ese momento el joven Jean-Paul sentía un gran desapego “por una Iglesia que no respondía a mis preguntas de adolescente sobre Dios, en cierto modo debido a la fascinación que sentía por mis profesores ateos militantes”.

    Pero algo había ido cambiando en él tras comprar esa Biblia. Poco después un amigo suyo protestante paradójicamente le regaló una biografía de San Francisco de Asís. “Me enamoré a primera vista, me dije: ‘no sé si creo en Dios, pero quiero una vida así’”.

    Desmontando los prejuicios

    Otro momento providencial fue el descubrimiento casi por casualidad de unas misas para trabajadores inmigrantes que se celebraban en español e italiano. El ahora jesuita asegura que descubrió “una comunidad de personas que era lo contrario de lo que mis profesores de Secundaria argumentaban sobre la perversión del cristianismo. Allí respiré verdad y sencillez”.

    Sin embargo, para su crecimiento en la fe tuvo que ir desmontando y rebatiendo todos los prejuicios que arrastraba. “La fe, especialmente la fe católica, se identificaba con la ignorancia. Yo buscaba un modelo de creyente católico culto”, comenta el padre Hernández recordando aquel momento.

    Como si Dios quisiera ofrecerle una respuesta contundente descubrió una biografía de San Ignacio de Loyola y otros escritos sobre grandes jesuitas. Ahí empezó a ver el camino.

    A su vez estas lecturas le remontaron a su infancia y a dos amigos de su padre que se acabaron convirtiendo en jesuitas. “Habían conocido a mi padre en las comunidades marianas, las actuales Comunidades de vida cristiana. Más tarde se hicieron jesuitas. El padre Antonio era simpático, extrovertido, lleno de vida. El otro, el Padre Andrés, sumamente humilde, inteligente, culto. Eran dos figuras en las antípodas que formaban una unidad dentro de mí, dos modelos”.

    En esos años San Juan Pablo II pedía a los jóvenes valentía para que dijeran sí y se convirtieran en sacerdotes o religiosos. “Me gustaban mucho las chicas, me veía como padre de familia, pero si la Iglesia, a la que vi humillada, necesitaba sacerdotes podría intentarlo”, afirma Jean-Paul.

    Pero no hablaba con nadie de estos temas ni iba a la parroquia a algún grupo. Sólo unos pocos amigos sabían que ya era creyente y que iba a misa.  

    El jesuita relata que “mientras tanto, me preguntaba qué tipo de consagración podría hacer, si sacerdote diocesano o jesuita. Pero me sentí tímido. Estaba convencido de que no podía testimoniar mi fe con palabras”.

    "Mi fe creció en español"

    Cuando estaba entre segundo y tercer año de universidad la situación se volvía insosteninle. Una chica le gustaba mucho y buscaba claridad en su mente. Decidió confiar en los jesuitas y aunque se resistía decidió hacer unos ejercicios espirituales. Se fue en secreto a un retiro cerca de Madrid. “El francés que hablaba en la escuela para mí no es el idioma de Dios. Mi fe creció en español, lo hablaba en mi familia", cuenta sobre el motivo de ir a España.

    Al salir de estos ejercicios lo tenía muy claro: “quiero dar mi vida para que otros tengan esta experiencia, quiero comunicar este encuentro con Jesús, nada más”.

    Pero las cosas no siempre salen como uno quiere. Mientras pensaba donde hacer el noviciado, pues al estar en Suiza debería ir a Austria y estudiar en alemán conoció a otra chica, y decidió comenzar el doctorado.

    Jean Paul Hernández celebrando misa

    Ya en el verano de 1992 hizo otros ejercicios en Roma con el padre Jacques Servais. Esta vez la ayuda vendrá de una rana: “Mientras caminaba por el jardín escuché un ploff, una rana que había saltado al charco. Rompí en llanto, emoción que hoy, en lenguaje ignaciano, diría de ‘consuelo’. ¡Entendí que tenía que dejar de alargar los tiempos y tirarme yo también!”.

    Finalmente, dio ese salto e ingresó en la Compañía de Jesús, pero lo hizo en Italia. Hizo el noviciado en Génova y concluyó su formación con un doctorado en Teología en Fráncfort. Allí encontró una experiencia que dirige ahora a nivel mundial.

    “Participé en el grupo creado por dos jesuitas y dos doctorandos: Lebendige Steine ​​(Piedras vivas ), jóvenes que anuncian a los que entran en una iglesia el amor gratuito que es Dios a través de la explicación del arte y la arquitectura, la Belleza a través de la belleza”, señala.

    Jean-Paul Hernández la llevó a Italia, en Bolonia, en 2008, y luego en Roma. Ahora está en ciudades de distintos continentes. El jesuita afirma que para hacer Piedras Vivas se necesita "la experiencia de los Ejercicios Espirituales y alguna pequeña clave de interpretación histórico-artística".

    Cómo hablar a los jóvenes

    Una de los aspectos más importantes en la vida de este jesuita de origen español es su trabajo incesante en la evangelización de los jóvenes. Él propone estas tres cosas para poder hablar con ellos:

    1: “Proponer una experiencia de encuentro con la persona de Jesús, a través de la Palabra. No una fe que sea un ‘debe ser", moralista, de culpa, ni de los más altos sistemas, sino una historia de amor. Una experiencia, que en la Compañía proponemos a través de los Ejercicios Espirituales, que es también un acto de nuestra fe, porque debéis creer que el Señor existe verdaderamente y se encontrará con el corazón de estos jóvenes como Él quiere”.

    2: “Lo segundo integra lo primero: no despreciéis esa dimensión intelectual que os permite decir que la fe no es una locura irracional, patológica, sino que tiene su propia historia, sus traducciones culturales, en el arte, en los escritos de los Padres, en la belleza de la liturgia. Es uno de los mayores regalos que podemos dar a los jóvenes. Muchas iniciativas proponen una espiritualidad fuerte pero descerebrada, no se dan las categorías que permitan pensar esta experiencia para que no haya divorcio entre emocionalidad y racionalidad.

    3: “Finalmente, la comunidad cristiana debe ser un lugar donde uno se sienta en casa: es importante crear espacios, materiales e inmateriales, en los que el niño sepa que puede ser él mismo, que hay alguien que lo escucha y lo ama”.

    J.Lozano / ReL

    Vea también    Desafíos contemporáneos de educación
























    jueves, 19 de noviembre de 2020

    "Mi esposa siempre ha rezado para que recibiera el don de la fe"

     

    HOLDING HANDS


    Diálogos de consultorio: Experiencia vivida por un ateo cuya esposa, enferma y sin capacidad mental, le regaló una sonrisa y una palabra llena de fe.

    — Mi esposa siendo joven, y con hijos pequeños, sufrió un accidente de consecuencias irremediables. Fue algo muy doloroso  en lo que me he encontrado con el absurdo sentimiento de no tener a quien reclamarle.

    Quien así habla es un hombre joven. Acude a nuestro consultorio para recibir apoyo. Tiene un fuerte sentimiento de pena, pues en un accidente, su esposa había quedado gravemente afectada de sus facultades mentales. Mas tiene una nueva y esperanzadora actitud.

    —Siempre he tenido una actitud de recelo cuando se mencionaba la palabra «espíritu». Lo relacionaba con lo religioso, algo que al ser ateo no tenía cabida en mi vida. Ahora me ha sucedido algo que me hace pensar que he vivido en el error.

    Mi esposa desde hace meses ya no reconoce a nadie. Pero hace unos días me dio una enorme sorpresa. El día de nuestro aniversario de boda, como siempre, le llevé las flores que tanto le gustan. Esbozó una sonrisa que creía que nunca más me regalaría. Me miró con muchísimo amor y me reconoció. Estoy seguro de ello pues conozco esa mirada desde el fondo de mi alma.

    Más aún. Repitió una costumbre muy suya. Sin perder ese esbozo de sonrisa, con voz débil y casi inaudible, me señaló con el dedo  y me dijo una palabra: “Rezo”. Luego, volvió a su oscuridad. Supe en ese instante, que ella sigue ahí, solo que cubierta por las consecuencias de su accidente.

    Por ello, ahora me he vuelto muy sensible al hecho de que mi esposa siempre tuvo mucha fe y siempre se preocupó por la mía, pues siempre he sido un descreído.

    «Mi esposa siempre ha rezado para que recibiera el don de la fe»

    — Bueno, es que a su esposa aún le queda un resquicio de libertad y gracias a él ha podido expresarse. Ha puesto en evidencia que su limitación mental no roza siquiera el núcleo íntimo de su ser. Así, por un instante, ha aflorado lo más profundo de su personalidad, dos de sus mayores rasgos: una auténtica vida religiosa y su gran amor por usted. —Logró expresarse de forma profundamente viva, y eso usted lo sabe

    — Sí, definitivamente así fue —contestó igualmente convencido.

    —Eso explica lo que a usted le cuesta trabajo creer, que el ser personal, siendo espiritual, no se reduzca a lo solo corporal o las capacidades mentales. Estas se pueden deteriorar por el paso del tiempo, la enfermedad o un accidente. Pero el espíritu es inalterable. Muchos a esta realidad, le encuentran todo su sentido a través de la fe. Lo que trato de decirle, apoyándome en su propia experiencia, es que el espíritu humano tal cual lo describo, es ante todo una realidad constitutiva de la persona, aun cuando esto no se acepte desde un enfoque religioso.

    —Sí, lo comprendo ahora que ella ha regresado de las sombras, aunque fuera por un instante —contestó.

    —Por ello, debemos tener la certeza de la continuidad de la persona espiritual pese a su incapacidad mental. Prueba de ello, es que los profesionales que atienden a personas en estas condiciones, no creen estar atendiendo a una máquina cerebral, dañada en forma irreparable, puesto que un enfermo mentalmente incapacitado, podrá perder quizá su capacidad de comunicarse, o de ser útil según entienden muchos, pero jamás perderá su dignidad como ser humano. Y al hacerlo, están reconociendo la realidad de su dimensión espiritual.

    —Bueno —afirmo mi consultante con profunda reflexión—, mi esposa me dijo que rezaría siempre para que recibiera el don de la fe en Dios. Para ella, solo era cuestión de confiar en los tiempos del Creador. Reconozco ahora, que su enfermedad no le impidió darme el mayor motivo para hacerlo.

    Lo dijo con una paz que reflejaba ya una pequeña semilla de fe.

    Orfa Astorga,  Aleteia

    Vea también     Es razonable ser creyente - 50 preguntas y respuestas



    miércoles, 19 de septiembre de 2018

    Líder laborista, Premio Humanista por declararse ateo... ahora se bautiza, entusiasta, a los 85 años

    Bill Hayden en 1995, cuando era Gobernador General, acompaña a Juan Pablo II en su visita a Australia
    Bill Hayden en 1995, cuando era Gobernador General,
    acompaña a Juan Pablo II en su visita a Australia

    A los 85 años, y con plenitud de facultades mentales y anímicas, se ha bautizado el ex-político laborista Bill Hayden, que fue en Australia el primer ateo gobernador general("GG", prácticamente, el Jefe de Estado en representación de la Reina, por encima del Primer Ministro). 
    El ateísmo de Bill Hayden era público y notorio. En el libro "Australia's Governors General", de Brian Carroll, que dedica un capítulo a cada gobernador de la historia del país, su capítulo se titula así: "Hayden: el ateo, 1989-1996".
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    Cuando finalizó su mandato en 1996 recibió el Premio Humanista del Año, específicamente, dice la web del premio, porque "como gobernador general se declaró ateo públicamente y habló, sin miedo pese a las críticas, a favor de la eutanasia voluntaria y otras causas defendidas por los humanistas". Cuando recogió el premio declaró (según el "Australian Humanist" de mayo de 1996): "Para ser humanista uno ha de ejercer la libre voluntad, para ser racional, para evitar ser el esclavo de alguna ideología difunta o el discípulo de una sabiduría recibida". "Ser ateo, como lo soy, no es una condición previa necesaria para ser humanista", admitía.
    Sus gestos de ateísmo en las instituciones
    Llamó la atención en 1989 que la Reina, defensora de la fe según la ley inglesa, fuera representada en Australia por un ateo. Él respondió que la Reina era defensora de la fe en Inglaterra, pero no en otros territorios de la Commonwealth. Además, tradicionalmente el GG de Australia pasaba a ser Scout Jefe de los scouts del país, pero según las enseñanzas de Baden-Powel, el fundador de los scouts, un ateo no podía tener tal cargo (ni ser realmente scout). Se inventaron entonces un cargo nuevo, "monitor general": "así me ahorré el pantalón corto de los scouts, que con mis rodillas me habría sentado mal".
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    Cuando tomó posesión, insistió en que él podía prometer por su honor, pero no jurar por Dios, ya que iría contra su conciencia de no creyente. Es decir, un pedigrí ateo premiado adecuadamente.
    Una infancia dura
    Bill (William George) Hayden nació en 1933 en plena gran depresión en Australia. Su padre había sido seminarista en California. Su madre mantenía la fe católica, a su manera. El negocio de afinar pianos del padre se había hundido y vivían en un casa pobre de madera en Brisbane. El padre bebía demasiado y entonces maltrataba y pegaba a su mujer y al pequeño Bill. Es difícil concebir a un Dios Padre amoroso en esas circunstancias.
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    Ambos eran activistas de izquierda laborista que educaron a su hijo en la rabia contra el capitalismo, al que consideraban origen de muchos males y explotación. Pero sus primeros estudios, de niño, los realizó con las monjas ursulinas y guardó buen recuerdo de ellas y sus enseñanzas sobre generosidad y entrega.
    No fue bautizado porque su madre no creía en el pecado original, o más concretamente, que los niños "tuvieran pecado". "De adolescente yo iba a misa cada domingo, no sabía que no era oficialmente católico, lo averigüé solo después, cuando mi hermana investigó la historia familiar", ha declarado.
    A los 20 años entró a trabajar en la Policía de Queensland. A los 27 se casó con Dallas Broadfoot, una mujer de izquierdas criada en un clan de familias mineras. Se habían conocido en Ipswich, la ciudad que marcó toda su vida, la misma en la que ahora, con 85 años, él se bautiza.
    Fue diputado desde 1961, ministro de Exteriores de 1983 a 1988 y líder del Partido Laborista (lo más similar al socialismo en Australia) de 1977 a 1983 y luego Gobernador General de 1989 a 1996.
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    Una herida incurable: muere su hijita
    En 1966, su primera hija, Michaela, de tan solo cinco años, murió atropellada por un coche. El trauma para Bill y Dallas fue brutal. Dallas, que estaba amamantando a otro de sus bebés, perdió la leche de golpe. Ella no podía hablar del dolor con su marido, sólo podía hablar de esa pérdida con su familia minera (que tenía sus rituales femeninos para gestionar las muertes en la mina). Él no podía hacer nada. Contó con dificultad sus sentimientos 30 años después en su Autobiografía de 1996 esperando que sirviera de ayuda a otros padres. Pat Jalland, en su libro sobre las culturas del duelo en Australia ("Changing Ways of Death in Twentieth-century Australia") lo recoge por su gran valor ilustrativo.
    Bill explica allí que "en mi pura desesperación, fui a un presbiterio católico a hablar con un joven sacerdote que era también un amigo". Explica Jalland que Bill "creía que la gente con una firme fe interna podía sostenerse en pie en momentos de gran pérdida". "Yo necesitaba desesperadamente creer", escribió. La charla con el sacerdote fue larga y ofreció algo de consuelo, pero "tenía demasiada vergüenza para ponerse de rodillas y sumarse a su amigo en oración. La razón de Hayden no le permitía dar el salto de fe que le habría parecido hipócrita. Lamentaba su ateísmo, y le forzaba a afrontar su crisis solo y en silencio. Las cartas de condolencia no le ayudaban, porque el consuelo más frecuente que ofrecían era la creencia cristiana de que la muerte de Michaela era voluntad de Dios. Esas cartas provocaban dolor e ira en un ateo, aunque sus condolencias se agradecían".
    Bill, como ateo, sólo encontró consuelo en poder hablar con otros padres que habían vivido un dolor similar y que le decían que no estaban solos en su sufrimiento. Escribió su experiencia en 1996 para ayudar a otros padres "que se sientan desoladamente solos e incomprendidos". Su mensaje era, simplemente, "la vida sigue". En ese momento de dolor no quiso dar el paso de apostar por Dios.
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    En 1996 dejó el cargo y la política, publicó su Autobiografía, recibió el Premio Humanista del Año y se retiró del debate público. En 1995 ya había anunciado su apoyo a la eutanasia, a los matrimonios homosexuales y a la entrega de niños en adopción a parejas del mismo sexo. Pasados 6 años de la caída del Muro de Berlín (él empezó su cargo de GG cuando el Bloque del Este aún parecía firme, en febrero de 1989) explicaba que ya no se consideraba socialista y que ya no militaba para que Australia fuera una república. "Hoy prefiero el pragmatismo, el empirismo, la prudencia en los asuntos públicos", explicó. Ya no esperaba mucho, decía, de la humanidad.
    Bautismo: ¡para ayudar a una Iglesia en crisis!
    Con la Iglesia Católica en crisis en Australia, como en otros países, por la desastrosa gestión de los casos de abusos a menores, especialmente en los años 70 y 80 del siglo pasado, Bill Hayden ha pedido bautizarse y ha permitido que se divulguen las fotos y se cuenten sus razonamientos.
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    Bill Hayden con la religiosa que más admira, Sor Angela, activista durante muchos años a favor de una Seguridad Social sanitaria
    Dice que quiere que su fe dé coraje a otros cristianos en estos momentos duros. "Me tomó demasiado tiempo [la decisión] y ahora voy a ser devoto", explica en "The Caholic Leader"."De hoy en adelante voy a responder ante Dios", explica.
    Aunque sufrió un derrame cerebral en 2014 que le ha debilitado físicamente y una caída reciente le rompió el hombro, se encuentra muy animado y quiere hacer cosas.
    "Me gustaría ser parte activa en la Sociedad de San Vicente de Paúl", anuncia. "Y quiero entender más de teología, leyendo la Biblia", añade.
    Hayden dijo que espera que su bautizo ayude a otros a "ver la importancia de la Iglesia con ojos nuevos", especialmente en esta época triste de noticias de abusos... "Los problemas los causan agentes humanos de la Iglesia, pero no deberíamos dejar que nuestra fe quede minada por la acción de agentes que no son tan buenos como debieran ser".
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    Bill Hayden, gobernador general en 1995, acompaña a San Juan Pablo II 
    que acudió a Australia a beatificar a Mary McKillop
    "Dedicar mi persona a los demás, ante Dios"
    En The Australian recogen algunas de sus declaraciones tras el bautizo. "Algunas personas puede que se mofen de mí, pero así es la vida. Decidí que lo necesitaba. Estoy contento de haberlo hecho y sé que hice lo correcto". Añadió: "Simplemente, podía sentir en mi corazón que no me sentía pleno. Hay más en la vida que sólo yo. Tenía que hacer una dedicación de mi persona para el bien de los demás...ante Dios. Sentí eso muy fuerte."
    La ceremonia la condujo el padre Peter Dillon en la iglesia de Saint Mary en Ipswich, Queensland, el 9 de septiembre. La invitación a la familia y amigos la firmaban Bill y Dallas Hayden, con este texto: "Ya es hora. Benditos los que no han visto, pero aún así han creído".
    El padre Dillon explica el bautismo así en el Catholic Leader: "Es un acto de sumisión, el hecho de que no niega que Dios es real, que ha llegado a descubrirlo"
    La experiencia clave: "esta mujer es santa"
    Durante los últimos años, Hayden se hacía preguntas. Pero el momento clave para su transformación fue cuando hace poco fue a visitar al hospital a sor Angela Mary Doyle, enferma, de 93 años, veterana religiosa de las Hermanas de la Misericordia. "Ella fue durante 23 años administradora de los Hospitales Mater en Brisbane, una ciudadela de cuidados sanitarios para los pobres de Brisbane del Sur, donde crecí al final de la Gran Depresión", escribió en una carta a amigos antes del bautismo.
    Hayden fue uno de los grandes impulsores de la Seguridad Social sanitaria en Australia. Y durante años la hermana Ángela le había ayudado a ello. "Se esforzaba para que los pobres recibieran la mejor atención médica a bajo coste, y presionó a favor del seguro de salud universal. Sin ella, no tendríamos hoy Medinbank ni Medicare. Desplegó un enorme coraje en defensa de esos principios frente a una fuerte oposición, incluso de la profesión médica".
    Así, Hayden, su esposa Dallas y su hija Ingrid visitaron a la anciana enferma. Y sucedió algo."A la mañana siguiente desperté con la fuerte sensación de que había estado en presencia de una mujer santa. Así que reflexionando en esas cosas, me encontré de vuelta en el corazón de esas creencias: la Iglesia".
    Leyendo un libro sobre el islam chií, obra del académico Malise Ruthben, entendió que el cristianismo no es tanto una religión de reglas como de amor: "Es amor por tus compañeros humanos, perdón, compasión, ayuda... estas características se fundan en las enseñanzas de Cristo y las empuja la fe en un poder externo, el Dios cristiano, cuyas limitaciones están más allá de lo que los humanos pueden alcanzar. Ya no puedo aceptar que la existencia humana es autosuficiente y aislada", declara quien fuera Humanista del Año precisamente por declararse ateo.
    bill_hayden_posa
    Dice que ha recibido una carta felicitándole del antiguo Primer Ministro Kevin Rudd. Rudd fue líder del Partido Laborista y Primer Ministro de 2006 a 2010, se crió como católico aunque practica más bien en la Iglesia Anglicana del país, muy liberal.
    El arzobispo católico de Brisbane, Mark Coleridge, declaró: "Estoy encantado por Bill y pienso que, en cierto sentido, es un don no solo para él y su familia sino para toda la Iglesia".







    domingo, 30 de julio de 2017

    El ateo y el oso


    el oso y el ateo


    Un ateo se paseaba porel bosque admirando lo que ese "accidente de evolución" había creado.
    "¡Qué hermosos animales!" se dijo a sí mismo.

    Caminando a lo largo del río escuchó un ruido 
    detrás suyo. Volteó para mirar. 
    Vio a un oso enorme corriendo hacia él.

    Corría lo más rápidamente que pudo.  
    Miró por encima de su hombre y vio 
    que el oso estaba más cerca que antes. 
    Corrió más rápidamente; estaba tan asustado 
    que lágrimas saltaban de sus ojos.

    Mirando nuevamente, el oso estaba más cerca. 
    Su corazón estaba pulsando frenéticamente 
    y trató de correr más rápidamente aún. 
    Resbaló y cayó al suelo. 

    Se volteó en el suelo y vio al oso encima de él 
    extendiendo la pata izquierda para  agarrarlo 
    y la derecho para golpearlo. 

    En ese momento el ateo gritó 
    sin pensarlo realmente:
    "¡Oh Dios mío!..."

    El oso quedó inmóvil
    El bosque se había vuelto silencioso.
    Y hasta el río dejó de fluir. 

    Una luz brillante iluminó al hombre y
     una voz vino del cielo:"
    "Has negado mi existencia, 
    durante todos estos años,
    has enseñado a otros que no existo 
    y hasta has defendido
    que la creación no es nada más 
    que un accidente cósmico.
    ¿Realmente esperas que te saque de este apuro?
    ¿Puedo considerarte desde ahora como creyente?

    El ateo miraba directamente hacia la luz y respondió:
    "Sería hipocresía para mí eso de ser un cristiano 
    después de estos años; 
    pero, quizás, ¿podrías hacer que el oso sea cristiano?

    "Muy bien," dijo la voz.

    La luz se apagó.
    El río fluía nuevamente.
    Sonaban nuevamente los ruidos del bosque.

    Y entonces el oso bajó su pata derecha...
    junto las dos patas...
    se santiguó, 
    inclinó su cabeza y dijo:
    "Bendice este alimento que voy a recibir".

    martes, 28 de febrero de 2017

    Dios “me ayudaba mucho más a conocer y comprender que mi ateísmo previo”

    Todo cambió para Alister cuando se topó con las secciones de Historia y Filosofía de la Ciencia de la biblioteca de la Universidad de Oxford...

    Dios “me ayudaba mucho más a conocer y comprender que mi ateísmo previo”

    La relación entre la ciencia y la fe no siempre ha sido sencilla. Lejos de compenetrarse, todavía muchos las consideran si no contrarias, al menos grandes enemigas. Pero nada más lejos de la realidad. Así lo demuestra Alister McGrath en su última obra, La ciencia desde la fe (Espasa, 2016), donde expone las principales razones, desde distintos puntos de vista, por las que fe y ciencia aportan una visión más profunda de la realidad.

    “Solía pensar que la ciencia y la religión eran contrarias, razón por la que era imposible ser a la vez científico y creyente. La idea de Dios me sonaba a trasnochada absurdidad. […] Sin ser del todo consciente de lo que hacía, adopté una visión del mundo que entonces me parecía el resultado inevitable de la aplicación coherente del método científico.
    Solo creería en aquello que la ciencia pudiera probar”, explica en su libro Alister McGrath, quien, en su juventud, se adhirió a un ateísmo dogmático, ya que, por entonces, pensaba que “la ciencia probaba la inexistencia de Dios y que todos los científicos francos y sinceros eran ateos”.

    Sin embargo, todo cambió cuando, por azar, casualidad o Providencia, se topó con las secciones de Historia y Filosofía de la Ciencia de la biblioteca de la Universidad de Oxford. Dentro de un programa de especialización en Filosofía previo a los años de universidad, se animó a profundizar en esta materias porque, a pesar de considerarla “pura especulación inútil”, “si estaba en lo cierto, ¿qué podía perder?”, recuerda McGrath.
    Cambio de perspectiva

    Fue entonces cuando descubrió que la historia y la filosofía de la ciencia eran disciplinas que se formulaban las preguntas precisas en torno a la fiabilidad y los límites de ese tipo de conocimiento. “Eran preguntas a las que yo no me había enfrentado hasta entonces”, afirma.

    McGrath supo entonces que no había vuelta atrás, que nunca más se conformaría con la aproximación simplista que ofrecían las ciencias naturales: “Vi con claridad la necesidad de reexaminar una serie de cuestiones que hasta entonces había considerado absurdas o inútiles, incluidas las relacionadas con la existencia de Dios”.

    Él mismo precisa que la suya fue “una conversión un tanto cerebral e intelectual”, centrada en la creciente conciencia que fue adquiriendo de que creer en Dios “me ayudaba mucho más a conocer y comprender que mi ateísmo previo”.

    “La idea de Dios no era ninguna necesidad emocional para mí; yo estaba perfectamente preparado para aceptar el nihilismo, siempre y cuando esta fuera la postura correcta”.

    Pero ese nihilismo no le bastaba. Fue el comienzo de un cambio de perspectiva en su vida, porque McGrath empezó así a profundizar en una parte del conocimiento que hasta ahora no había considerado. “Vi que había otras maneras de aproximarse a esta realidad y que podían ser complementarias y no contrarias. La ciencia y la religión ofrecen distintos puntos de vista de una misma realidad”, precisa.

    Y, con esta sencilla reflexión, zanja siglos de controversias y enfrentamientos entre los llamados ‘racionalistas’ y los ‘hombres de fe’.

    En ese sentido, McGrath precisa que algunos aspectos del conocimiento no están relacionados con la religión, “como la distancia entre la Tierra y el Sol”, pero que esta sí responde a otras preguntas “más profundas, como el significado, el propósito o la razón de ser de las cosas o de las personas, algo que sobrepasa el método científico”.
    Por eso, cuando se unen de manera correcta y equilibrada, ciencia y religión “proporcionan un conocimiento mayor de la vida”, insiste.

    Contra el ‘nuevo ateísmo’
    En este planteamiento se ha movido McGrath durante las décadas en que se ha dedicado a la investigación en la prestigiosa Universidad de Oxford. Un enfoque que respeta las diferencias y los límites de ambas y que, además, destaca la importancia de las dos en la sociedad occidental actual.

    “No es que una sea buena y la otra mala, o viceversa. Las dos pueden ser positivas o nocivas. Lo importante es hacer que dialoguen de manera que puedan complementarse”, insiste.
    Sin embargo, no todo es tan sencillo, porque el ámbito científico destaca por su gran escepticismo hacia la religión. McGrath lo sabe, pero no se avergüenza. De hecho, es una de las principales voces discordes, ya que no ha dudado en combatir las tesis del nuevo ateísmo de científicos como Richard Dawkins, autor de El espejismo de Dios (Espasa, 2012).

    McGrath, por su parte, publicó The Dawkins Delusion? (que podría traducirse al español como “¿El espejismo de Dawkins?”) en donde mostraba que teología, ciencia, fe y razón se complementan para una mejor y más profunda comprensión de la realidad.
    McGrath asegura que “la principal falacia del ‘nuevo ateísmo’ es asumir que los seres humanos solo pueden creer en lo que está probado. Eso excluye la religión, pero también las ciencias sociales y los temas morales.

    Los deja fuera de cualquier consideración seria porque ninguna de esas creencias puede ser probada con certeza”. “La prueba está limitada a áreas relacionadas con la lógica y las matemáticas, pero los seres humanos necesitan más que eso para tener vidas plenas de sentido”, insiste.

    Además, en su obra de respuesta a Dawkins, asume que “había que poner en duda algunos de los temas que la laicidad había asumido y que estaban detrás de ese nuevo movimiento”. Todavía hoy sigue combatiendo las ideas de Dawkins, también con su nueva obra, aunque no tiene planes de escribir otro libro al respecto porque “la conversación ha evolucionado”.

    En este sentido, asegura que los cristianos debemos tender puentes para dialogar con quienes no tienen fe, siempre desde la amistad  “para que se puedan dar conversaciones interesantes”. 

    La partícula de Dios
    En julio de 2012, científicos suizos afirmaron haber encontrado el “bosón de Higgs”, una misteriosa partícula propuesta por el físico Peter Higgs en los años 60 que explicaba el origen de la masa. Un enorme paso para la comunidad científica más rigurosa que encontraba, de esta manera, la explicación al origen del universo. De ahí que el bosón de Higgs también fuese llamado “la partícula de Dios”.

    Sin embargo, no se trata de haber llegado a una conclusión, porque, según explica McGrath, “cada descubrimiento científico nos abre a nuevas preguntas y nuevas realidades. Nunca en la ciencia existe la percepción de que podamos dejar de investigar”.
    De esta manera, el biofísico precisa: “No creo que se llegue a defender la existencia de Dios porque hay cosas que la ciencia no puede explicar”.

    Todo lo contrario: el hecho de que se pueda comprender toda la realidad, hace aún más necesaria la existencia de algo superior que le dé un sentido más profundo a su mera existencia.

    “El cristianismo da una lente para entender el significado profundo de la existencia de las realidades que conocemos. La ciencia, unida a la religión, proporciona una comprensión mucho más rica y amplia de la realidad”, asegura el profesor de Oxford, quien precisa que la ciencia hace que surjan preguntas muy profundas “que se elevan constantemente más allá de las capacidades humanas para responderlas”.

    Y plantea que la ciencia no siempre encuentra respuestas para todo: “También para las que llamaríamos ‘últimas preguntas’, como qué es el bien, cuál es el sentido de la vida, por qué estamos aquí…? Los científicos, como personas, también se plantean estas cuestiones y, si con la ciencia no se puede contestar, ¿con qué es posible hacerlo?”.

    Artículo
     publicado originalmente por Revista Misión