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Queridos hermanos y hermanas, ¡buen día y feliz domingo!
Hoy el Evangelio nos habla de Jesús, que revela a sus
discípulos el Misterio de su pascua inminente: el Mesías —dice— «tenía que ir a
Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y
escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día» (Mt 16,21).
Esta afirmación está muy lejos de lo que esperaban de un
Mesías triunfante y poderoso, con cuya ayuda derrotarían y humillarían a sus
enemigos (cf. Sal 108,14). Ya habían tenido el modo, en el
tiempo transcurrido con Él, de maravillarse de muchos de sus gestos y palabras.
Pero este último mensaje, fue más allá de toda perspectiva. Pedro,
particularmente, manifiesta su desacuerdo y comienza a reprender a Jesús
diciéndole: «“¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte”» (v. 22).
Apenas hacía un instante que había reconocido en Él al
«Mesías, el Hijo del Dios vivo» (v. 16). Ahora en cambio, sorprendido y quizá
decepcionado de lo que había escuchado, en contraste con la hermosa profesión
de fe que acababa de pronunciar, lo reprende. Parecería que le dice: “sí, creo
que tú eres el Mesías, pero ese no es el modo de salvar al mundo”. Es un
impulso de fervor, sin duda motivado por un amor sincero que, sin embargo, nos
hace reflexionar.
Tampoco para nosotros, es siempre fácil entender y aceptar
los caminos de Dios, especialmente cuando están muy alejados de los nuestros.
Entonces las tentaciones son, contra toda lógica de fe, pensar que sea el Señor
el que se equivoca o, peor aún, el que no nos escucha o no se interesa por
nosotros. Frente a esta incertidumbre Pedro, aun dentro de su impulsividad, nos
enseña dos cosas importantes.
La primera es la de no interrumpir nunca, ni siquiera en
estos momentos, el diálogo con el Señor; más bien, manifestarle con confianza
nuestra dificultad para comprender lo que nos pide.
La segunda es la de no juzgar nunca el obrar de Dios, sino
más bien, ponernos a la escucha, con humildad, en la oración, de lo que nos
está revelando a través de su accionar, aun cuando no corresponde a nuestras
expectativas.
Y la grandeza del primero de los apóstoles se manifiesta
también en esto.
Jesús le responde: «¡Ponte detrás de mí, Satanás!» (v. 23),
y les explica, a él y a los otros discípulos que, para seguir sus huellas,
deberán negarse a sí mismos, tomar su cruz y seguirlo (cf. v. 24). Pedro lo
hará después de haberlo escuchado, asumirá el desafío y permanecerá fiel a las
palabras del Cristo, al que ha reconocido como su redentor, por toda la
existencia, hasta el martirio.
Pidamos entonces al Señor que también nosotros tengamos en
nuestra vida de fe y en nuestra oración, la misma sinceridad de Pedro,
diciéndole con humildad lo que sentimos realmente, aun cuando el corazón está
confuso; y, al mismo tiempo, que sepamos cultivar su docilidad, aceptando
aquello que nos pide más allá de nuestras expectativas.
Que nos ayude María, que fue obediente a los designios de
Dios permaneciendo de pie junto a la cruz de su hijo Jesús.
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Después del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas:
Nos llegan desde Haití noticias dramáticas sobre la grave
masacre perpetrada en Kenscoff, en la que han perdido la vida numerosas
personas, mientras que otras han sido secuestradas. Expreso mi solidaridad y la
oración con las víctimas y sus familiares, y pido que se libere sin demora a
todos los rehenes. Dirijo un sincero llamamiento a todos los responsables para
que se comprometan de forma concreta a garantizar la seguridad de la población
y a poner fin a toda forma de violencia.
Aseguro mis oraciones a los afectados por la terrible
inundación que se ha producido en Nepal y el Tíbet. Recemos por quienes han
perdido la vida, por los heridos y los desaparecidos, por las familias y por
los equipos de rescate. Que los gestos de solidaridad contribuyan a aliviar el
sufrimiento y a llevar la ayuda necesaria a la población.
Sigamos rezando por la paz. San Agustín, cuya memoria hemos
celebrado estos días, decía que «la paz es semejante a aquel pan que se
multiplicaba en las manos de los discípulos del Señor cuando ellos lo partían y
repartían» (Sermón 357, 2). Que aumenten en el mundo aquellos que,
con valentía, parten y reparten el pan de la paz, superando las divisiones,
promoviendo la justicia y practicando el perdón, por el bien de todos.
El martes celebraremos el Día Mundial de Oración por el
Cuidado de la Creación. Este día marca el inicio del Tiempo de la Creación
— que celebran los cristianos de diversas confesiones— y cuyo tema este
año es “Agua Viva”. Como recordé en el mensaje
para este día, cuidar de nuestra casa común exige una conversión del
corazón, para que aquello que se ha utilizado para causar destrucción pueda, en
cambio, orientarse hacia la vida. Invito a todos a unirse en la oración y en la
acción, para que podamos convertirnos en canales del agua viva de la paz de
Dios, que refresca nuestro mundo herido.
¡Saludo a todos ustedes, fieles de Castel Gandolfo y
peregrinos de diversos países! Doy la bienvenida, en particular, a los
participantes en la carrera benéfica “Run to Rome”, a los jóvenes que
han recorrido la Vía Lucis itinerante, al grupo de devotos de
la Virgen de los Milagros de Corbetta y a los motociclistas presentes con
motivo de su tradicional encuentro anual.
Doy las gracias a las fuerzas del orden y a todos aquellos
que han contribuido a mi estancia veraniega aquí, en Castel Gandolfo, así como
al servicio de seguridad que ha colaborado durante los encuentros con los
peregrinos. Muchas gracias.
Envío mi cordial saludo a los fieles que siguen el Ángelus
desde la Plaza de San Pedro.
¡Les deseo a todos un feliz domingo!
(vatican.va)
(Nota: En el Perú celebramos hoy la Solemnidad de Santa Rosa de Lima, primera Santa y Patrona de América Latina
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