LEÓN XIV
AUDIENCIA GENERAL
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Catequesis - Los Documentos
del Concilio Vaticano II IV. Constitución Pastoral Gaudium
et spes (GS 1-10) 1. La Iglesia en escucha y
al servicio del mundo
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!
Con el encuentro de hoy comenzamos a reflexionar sobre la
Constitución pastoral Gaudium
et spes, con la que el Concilio Vaticano II se propuso profundizar en
un tema fundamental, es decir, la relación de la Iglesia con el mundo
contemporáneo. San Juan XXIII, ya en el discurso de inauguración del 11 de
octubre de 1962, quiso mostrar su desacuerdo con los «profetas de calamidades»,
que «aun en su celo ardiente […] van diciendo que nuestra época,
comparada con las pasadas, ha ido empeorando; y se comportan como si nada
hubieran aprendido de la historia» (Discurso Gaudet
Mater Ecclesia, 11 de octubre de 1962, 4.2). De ahí la tarea que se
encomendó a los Padres conciliares: «En el presente momento histórico, la
Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por
obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se
encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun
las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia». (Gaudet
Mater Ecclesia, 4.4).
Tres años después, la promulgación de Gaudium
et spes reconocía en ese discernimiento un elemento esencial de la
naturaleza de la Iglesia, describiendo como constitutiva su índole pastoral: de
ahí la definición de “Constitución pastoral”. No se trata de optimismo ingenuo,
sino de una renovada fidelidad al Misterio de Cristo que, encarnándose, elige
compartir nuestra vida: Él «tenía que parecerse en todo a sus hermanos» (Heb
2,17; cf. 4,15) y se cargó de las consecuencias del pecado, muriendo «en
rescate por todos» (1Tm 2,6). Ese hecho de compartir con la
humanidad es el camino que Cristo pide a la Iglesia; por ello, la Constitución
conciliar Gaudium et Spes se abre declarando que la Iglesia siente como propios
«los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de
nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren» (GS 1).
Es una entrega que nos llama a salir de toda pasividad e
indiferencia ante los acontecimientos que se producen, ante la historia y la
vida de las personas, sobre todo ante el cambio rápido y profundo que
experimentamos hoy. No es posible permanecer como espectadores desinteresados,
es necesario, en cambio, escuchar con el corazón, dejarse interpelar,
involucrarse. Con Cristo y sostenidos por la fuerza de su Espíritu, los
creyentes están llamados a hacerse cargo de las dificultades de los hermanos,
sobre todo de aquellos que se ven oprimidos por la injusticia, por la
discriminación, por la violencia. De hecho, solo a través de la entrega y en el
compromiso es posible llegar a respuestas adecuadas, siempre sostenidos por la
certeza de que «los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria
que un día se nos manifestará» (Rm 8,18).
En ese sentido, la proximidad hacia la humanidad abre la
puerta a una lectura más profunda de los acontecimientos e de la propia
Revelación y, en la misma perspectiva, Gaudium
et spes reclama el «deber permanente de la Iglesia escrutar a
fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio» (GS 4).
Esta Constitución conciliar ha llamado, por tanto, a la Iglesia a un compromiso
de conversión, para dar testimonio de que no se mueve por «ambición terrena
alguna», sino que «sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu,
la obra misma de Cristo, quien vino al mundo para dar testimonio de la verdad,
para salvar y no para juzgar, para servir y no para ser servido» (GS 3).
No se trata, de hecho, de una disposición simplemente moral.
El Papa Francisco nos recordó que para la Iglesia «la opción por los pobres es
una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica
[…] Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en
sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a
recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos»
(Exhort. Ap. Evangelii
gaudium, 198).
La entrega cristiana nos compromete a asumir la realidad y
también a desenmascarar las contradicciones que caracterizan la vida personal y
social del mundo contemporáneo: por ejemplo, un progreso científico y
tecnológico, que ofrece siempre nuevas posibilidades, pero solo a algunos y que
no siempre el ser humano es capaz de poner «a su servicio»; o un
conocimiento más claro de las «leyes dela vida social», pero acompañado de
incertidumbres «sobre la dirección que hay que imprimirle»; o aún, una mayor
disponibilidad de «riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico», y
desafortunadamente, hoy como en los tiempos del Concilio, «una gran parte de la
humanidad sufre hambre y miseria» (GS 4);
o una conciencia compartida de que está en juego el futuro del planeta y al
mismo tiempo la incapacidad a renunciar al consumo egoísta y a la ilusión de
que la guerra es una vía eficaz para construir la paz.
En una época marcada por profundos cambios, de los que se
derivan desequilibrios preocupantes, la Iglesia está llamada a servir al ser
humano, escuchando y acogiendo los interrogantes más profundos de su corazón y
los anhelos que lo habitan, señalando en Cristo «la clave, el centro y el fin
de toda la historia humana» (GS 10).
Por ello, en la Iglesia, en todo nivel, en toda época debe realizarse la
kenosis misericordiosa de Cristo que «siendo de condición divina, no retuvo
ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la
condición de esclavo […] hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz»
(Fil 2,6-8).
Queridos hermanos y hermanas, que la alegría y la esperanza
– gaudium et spes – sean los rasgos distintivos de una Iglesia
que anuncia y da testimonio del Evangelio, acercándose a las mujeres y a los
hombres de nuestro tiempo.
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Saludos
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española.
Pidamos a la Bienaventurada Virgen María que interceda por toda la Iglesia,
para que anuncie el Evangelio con alegría y esperanza, cercana a los hombres y
mujeres de nuestro tiempo, y sepa guiar a todos hacia Cristo, «la clave, el
centro y el fin de toda la historia humana» (GS 10). Que Dios los
bendiga. Muchas gracias.
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Resumen leído en español por el Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas:
Continuamos nuestro ciclo de catequesis dedicado a los
documentos del Concilio
Vaticano II. Hoy comenzamos a reflexionar sobre la Constitución
pastoral Gaudium et spes, cuyo tema central es la Iglesia en el
mundo actual.
Este documento nos dice que los discípulos de Cristo estamos
llamados a compartir los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias
de los hombres de nuestro tiempo (cf. GS 1).
Esto significa que la Iglesia no puede permanecer pasiva ni indiferente a lo
que ocurre en el mundo, sino que está llamada a caminar con la humanidad, sobre
todo teniendo en cuenta los cambios rápidos y profundos que se experimentan.
Por lo tanto, los creyentes, unidos a Cristo y sostenidos
por su Espíritu, deben comprometerse a escuchar con el corazón y a dejarse
interpelar, acompañando y ayudando a las personas en dificultad, sobre todo a
los pobres y a los que sufren a causa de la injusticia, la discriminación y la
violencia.
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