En la iglesia, sentarse con las piernas cruzadas denota una relajación excesiva y una falta de seriedad hacia la liturgia, pero ¿está mal hacerlo?
En el lenguaje corporal, sentarse con las piernas cruzadas suele
expresar costumbre y relajación, coqueteo y simpatía, especialmente si la
planta del pie de la pierna que está encima apunta hacia el interlocutor. Sin
embargo, esa misma postura también puede significar arrogancia.
Si, además de las piernas, también se cruzan los brazos,
esto indica una postura defensiva y de cierre, en la que la persona no está
dispuesta a recibir el mensaje del otro.
Posturas dentro de la Iglesia
En la iglesia, tener las piernas cruzadas denota una
relajación excesiva y una falta de formalidad para el culto divino. Esta
postura se interpreta a menudo como una muestra de falta de respeto hacia el
espacio sagrado. Las normas de etiqueta dictan que debemos sentarnos erguidos,
con ambos pies en el suelo, lo que transmite respeto y recogimiento.
Para unificar y renovar las posturas de los católicos, la Iglesia en todo el mundo ha establecido en el Misal Romano cuáles son las posturas correctas durante la misa. Lamentablemente, en las parroquias aún no están totalmente unificadas. Por este motivo, los obispos eslovenos redactaron una carta pastoral extraordinaria en febrero de 2003, en la que recordaban a los sacerdotes y a los fieles las posturas correctas en la liturgia.
Estar acordes con el corazón
Lo más importante de todo, sin embargo, es que las posturas
externas estén en armonía con la postura del corazón, que se ve constantemente
desafiado a "arrodillarse" con humildad ante el Señor y a tener el
valor de demostrarlo también exteriormente.
Pero, de preferencia y por respeto al lugar, a la celebración de la sagrada Misa, a la presencia del Señor Jesús en el sacramento de la Eucaristía y a la asamblea con la que participamos, es mejor que no crucemos las piernas.
Paulo Teixeira, Aleteia
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