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viernes, 4 de septiembre de 2026

Evangelio del día Viernes 22a. Semana TO

 



Beato Juan Pablo I , San Marcelo TréverisMás...

Carta I de San Pablo a los Corintios 4,1-5.

Hermanos:
Los hombres deben considerarnos simplemente como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios.
Ahora bien, lo que se pide a un administrador es que sea fiel.
En cuanto a mí, poco me importa que me juzguen ustedes o un tribunal humano; ni siquiera yo mismo me juzgo.
Es verdad que mi conciencia nada me reprocha, pero no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor.
Por eso, no hagan juicios prematuros. Dejen que venga el Señor: él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y manifestará las intenciones secretas de los corazones. Entonces, cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda.


Salmo 37(36),3-4.5-6.27-28.39-40.

Confía en el Señor y practica el bien;
habita en la tierra y vive tranquilo:
que el Señor sea tu único deleite,
y él colmará los deseos de tu corazón.
Encomienda tu suerte al Señor,
confía en él, y él hará su obra;

hará brillar tu justicia como el sol
y tu derecho, como la luz del mediodía.
Aléjate del mal, practica el bien,
y siempre tendrás una morada,
porque el Señor ama la justicia
y nunca abandona a sus fieles.

Los impíos serán aniquilados
y su descendencia quedará extirpada,
La salvación de los justos viene del Señor,
él es su refugio en el momento del peligro;
el Señor los ayuda y los libera,
los salva porque confiaron en él.


Evangelio según San Lucas 5,33-39.

En aquel tiempo, los escribas y los fariseos dijeron a Jesús: "Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y hacen oración, lo mismo que los discípulos de los fariseos; en cambio, los tuyos comen y beben".
Jesús les contestó: "¿Ustedes pretenden hacer ayunar a los amigos del esposo mientras él está con ellos?
Llegará el momento en que el esposo les será quitado; entonces tendrán que ayunar".
Les hizo además esta comparación: "Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar uno viejo, porque se romperá el nuevo, y el pedazo sacado a este no quedará bien en el vestido viejo.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres; entonces el vino se derramará y los odres ya no servirán más.
¡A vino nuevo, odres nuevos!
Nadie, después de haber gustado el vino viejo, quiere vino nuevo, porque dice: El añejo es mejor".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Pascasio Radbert (¿- c. 849)
monje benedictino
Comentario sobre el evangelio de Mateos, 10,22


“...y llegarán a ser una sola carne. Gran misterio éste, que yo relaciono con la unión de Cristo y de la Iglesia.” (Ef 5,31)

Una unión extraña y extraordinaria se realizó cuando “el Verbo se hizo carne” en el seno de la Virgen y “habitó entre nosotros” (Jn 1,14). Así como todos los elegidos son resucitados en Cristo cuando él resucitó, así en él se han celebrado unas bodas: La Iglesia ha sido unida a un Esposo por los lazos del matrimonio cuando el Hombre-Dios recibió en plenitud los dones del Espíritu Santo y cuando toda la divinidad ha venido a habitar en un cuerpo semejante al nuestro... Cristo se hizo hombre por el Espíritu Santo y, “como un esposo que sale de su alcoba” (Sal 18,6) sale del seno de la Virgen que hizo de alcoba nupcial. Pero la Iglesia, renaciendo del agua y del Espíritu se convierte en un solo cuerpo en Cristo, de manera que “son una sola carne” (Mt 19,5), lo que, relacionado con Cristo y la Iglesia “es un gran misterio” (cf Ef, 5,31)
Este matrimonio dura desde la encarnación de Cristo hasta el momento en que Cristo volverá y que todos los ritos de la unión nupcial se habrán cumplido. Entonces, los que están preparados y habrán cumplido las condiciones de esta unión tan sublime, entrarán con él, llenos de reverencia, en la sala de las bodas eternas (Mt 25,10. En espera, la Esposa prometida a Cristo camino hacia su Esposo, guardando fielmente la alianza con él en la fe y la ternura hasta que él vuelva.
(EDD)

Reflexión sobre la iluminación medieval

San Cuthbert (h. 634-687) fue uno de los grandes santos del cristianismo primitivo en Gran Bretaña. Nacido en Northumbria, ingresó en el monasterio de Melrose tras tener una visión en la que veía a San Aidan siendo llevado al cielo. Cuthbert se hizo famoso por su profunda vida de oración y su notable cercanía con la gente corriente. Como monje y, más tarde, prior de Lindisfarne, recorrió las remotas aldeas del norte de Inglaterra, predicando el Evangelio, cuidando de los enfermos y llevando ánimo a comunidades a las que, a menudo, a otros misioneros les resultaba difícil llegar.

Sin embargo, Cuthbert sentía cada vez más el deseo de la soledad. Finalmente, se retiró a la diminuta isla de Inner Farne, donde vivió como ermitaño, dedicándose a la oración y la contemplación. Más tarde, aunque de mala gana, le convencieron para que se convirtiera en obispo de Lindisfarne, en el año 684, pero su ministerio episcopal fue breve. Murió en el año 687 y fue enterrado en Lindisfarne; sus restos fueron trasladados posteriormente por la comunidad durante las revueltas vikingas y acabaron descansando en la catedral de Durham. Según la biografía del santo escrita por Beda, cuando se abrió el sarcófago de Cuthbert once años después de su muerte, se comprobó que su cuerpo se había conservado perfectamente, sin signos de descomposición. Este milagro contribuyó a que Cuthbert se convirtiera, poco a poco, en el santo más popular del norte.

Nuestra miniatura de un manuscrito del siglo XII procede de una copia de la «Vida de San Cuthbert», del Venerable Beda, que actualmente se conserva en la Biblioteca Británica. Beda narra cómo la comunidad de Cuthbert necesitaba un trozo grande de madera para utilizarlo como viga del techo. Cuthbert ordenó a los hermanos que rezaran y confiaran en que Dios les proporcionaría lo que necesitaban. Poco después, la marea arrastró hasta la orilla precisamente un trozo de madera como ese. La miniatura capta ese momento maravillosamente sencillo: algo tan cotidiano como un trozo de madera arrastrado por el mar se convierte en un signo de la providencia divina.

Es una historia encantadora, pero también nos revela algo importante sobre la espiritualidad de Cuthbert. Él consideraba que la propia creación pertenecía a Dios. El mar, la tierra, los animales y los seres humanos formaban parte de un único orden creado, mantenido unido por el cuidado de Dios. Por lo tanto, el manuscrito es algo más que una historia de milagros medieval. Nos invita a adoptar la forma atenta que tenía Cuthbert de mirar el mundo: confiando en que Dios a veces puede responder a nuestras oraciones a través de las cosas más comunes, como la madera.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración 

«Señor Jesús, fuente de toda vida y alegría, vengo hoy ante Ti con el corazón abierto. Te doy gracias por el regalo de tu presencia y por el gozo inmenso que brota al saber que estás conmigo en cada instante. [1]
Dame la gracia de darme cuenta de tu presencia y de valorarla con la alegría de quien se siente amado por Ti. Cuando la tristeza o el cansancio quieran nublar mi día, recuérdame que en tu presencia hay plenitud de gozo. [1, 2]
Llena mi corazón de tu paz, haz que mi sonrisa refleje tu amor y permíteme contagiar esta alegría a todos los que me rodean. Amén».

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