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lunes, 17 de noviembre de 2025

Sacerdote hizo una procesión eucarística en un reserva indígena y fue testigo de un prodigio

 


¡Wow! 🤯 ¡Esto es sorprendente!

En un video viral, publicado por Parousia Media, el sacerdote de los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción, Padre Chris Alar, compartió una experiencia asombrosa que vivió al encabezar una procesión eucarística en una reserva indígena en Canadá.

Durante su visita a los indígenas Cree, el sacerdote decidió llevar la Eucaristía en procesión por la reserva. Recorrió todas las calles, bendiciendo los hogares.

Mientras sostenía la custodia, el padre Alar fue increpado por uno de los pobladores, quien le gritó exigiéndole que retirara la Eucaristía del lugar.

El hombre repetía a gritos: “¡Saca esa [grosería, grosería] de aquí!”.

El padre Alar señaló que siguió caminando con la custodia, firme en la decisión de no soltar la Eucaristía.

Después de su tercera amenaza, el poblador se acercó e intentó arrebatarle la custodia. Alcanzó a tocarla, pero inmediatamente la soltó porque le quemó las manos.

“Él levanta la mano para agarrarla —y en ese momento, su mano es literalmente apartada. Y grita”, señaló el padre Alar. “Le quemó completamente la mano, de lado a lado de la palma”.
“Queda de rodillas y mira hacia arriba —y puedes leer lo que piensa. Miró la custodia y te aseguro que las palabras que pasaron por su mente fueron: ‘¿Qué acaba de pasar?’”.
“Todas las mujeres y los niños que venían detrás de mí cayeron de rodillas y comenzaron a adorar”.

El testimonio completo del padre Chris Alar:

“Fui a Canadá, donde están los indígenas Cree. Ningún joven creía ya en la fe. Los únicos que quedaban eran las ancianas y sus nietos —ni siquiera los de mediana edad.

Tomo la custodia, me pongo el abrigo y decido que voy a llevarla en procesión por la reserva indígena. Voy a recorrer todas las calles y a bendecir las casas. Unas 1200 personas viven en esta reserva.

Así que voy y camino al frente, levantando la Eucaristía. Y este primer indígena —el cabecilla— grita: ‘¡Saca esa cosa de aquí!’.

No le hago caso. Sigo caminando. De nuevo grita: ‘¡Saca esa [grosería, grosería] de aquí!’. Yo simplemente sigo caminando muy despacio. Tengo a todas las mujeres y los niños detrás de mí.

Entonces baja y dice: ‘¡Te dije que saques esa cosa de aquí!’. Y se me viene encima. Yo pienso: No voy a soltarla. No voy a soltarla.

Levanta la mano para agarrar la custodia. Yo la tengo en alto. Él levanta la mano para agarrarla —y en ese momento, su mano es literalmente apartada. Y grita. Le quemó completamente la mano, de lado a lado de la palma.

Queda de rodillas y mira hacia arriba —y puedes leer lo que piensa. Miró la custodia y te aseguro que las palabras que pasaron por su mente fueron: ‘¿Qué acaba de pasar?’.

Todas las mujeres y los niños que venían detrás de mí cayeron de rodillas y comenzaron a adorar.

Ahora bien, ¿por qué creen que Dios realizó ese milagro? Porque la duda estaba comenzando a infiltrarse de nuevo —las preguntas, la incredulidad.

Por eso Dios a veces permite milagros Eucarísticos, como ese en México o el de Buenos Aires —porque estamos dudando. Estamos dudando.

Pero no deberíamos necesitar un milagro. Deberíamos tener fe en que el milagro ocurre cada día en la Misa, en ese altar —y que el pan se convierte en el Cuerpo y la Sangre de Cristo”.

Oh Sacramento Santísimo, Oh Sacramento Divino, toda alabanza y toda acción de gracias sean en cada momento para Ti.

Jaquelin Burkepile, churchpop

Vea también      Espiritualidad de la Eucaristía

jueves, 12 de enero de 2017

Hace mucho que no voy a misa… ¿Qué gestos había que hacer?

Un seminarista ofrece 16 consejos prácticos, de manera clara y con sentido del humor

participación en la misa


Me pidieron una catequesis sobre cómo comportarse en misa. 

Veamos:

1 – Tras el comentario inicial (esperando que no sea un sermón), quédate de pie, atento al Misterio que será celebrado.

2 – En el Acto Penitencial, de pie, inclina la cabeza y pide perdón por los pecados veniales (porque los mortales sólo en la confesión auricular).

3 – Después del Gloria (si hubiera), siéntate para oír las lecturas. Haz un profundo silencio y déjate guiar por la voz del Señor: “Escucha Israel”. Evita hacer ruido con el folleto de la misa (y no es necesario aplaudir en las lecturas).

4 – En el canto de aclamación del Evangelio, quédate de pie, en la dirección del ambón. Después de la proclamación, vuelve a sentarte y escucha con atención la homilía. Si tu bebé llora, ve con él a dar una vuelta alrededor de la iglesia. Los bebés son lindos, pero a la hora de la homilía el llanto no conviene. El sacerdote puede no incomodarse, pero el hermano de la banca de atrás podría no escuchar la reflexión.

5 – En el Credo, quédate de pie y recítalo en voz audible. Después de las plegarias, vuelve a sentarte y sólo levántate cuando el sacerdote diga: orad hermanos… (si hubieran ofrendas, pon la tuya en la cesta. No es necesario que le muestres a todos los 13 pesos, porque no es mucho)

6 – En la hora del Santo, no es bueno hacer coreografías. En ese momento los ángeles descienden del Cielo para adorar a Jesús en la Hostia Consagrada y podrías golpear en la cara a uno de ellos.

7 – Cuando el sacerdote diga: “Envía sobre esta ofrendas…”, quédate arrodillado. Es el momento sublime de la consagración.
Frente a Jesús toda rodilla se dobla (Flp 2), a no ser que tengas artrosis. En ese caso, inclina la cabeza en gesto de profunda adoración. Haz silencio, aunque un fiel al lado grite “Señor mío y Dios mío, yo creo…”. Deja que grite solo.

8 – Levántate cuando el sacerdote diga: “Este ese el Misterio de nuestra fe”.

9 – En la Oración Eucarística, piensa en los ministros ordenados, en las almas del Purgatorio, en toda la Iglesia y reza. Estás ofreciendo todas esas personas al Padre, por medio del Hijo que se inmola en el altar.

10 – En el Padrenuestro, no forma parte el rito de darse las manos. Pero si el sacerdote lo pide o si alguien te la da, no seas soberbio al punto de poner las manos en los bolsillos. El gesto de asegurar la mano del hermano no disminuirá tu catolicidad. Recuerda que estás en una asamblea y no en un curso de liturgia. Evita cualquier incomodidad durante la celebración.

11 – Si hay abrazo de paz, no necesitas recorrer toda la iglesia para abrazar a los fieles. Basta saludar de forma discreta a los que están más cerca. Recuerda también que, al ir por la calle, puedes hacer lo mismo y no desviar la mirada cuando un hermano pase.

12 – Cuando oigas la frase “Cordero de Dios, que quitas…”, para inmediatamente de saludar y dirige tu mirada hacia el altar.
El sacerdote levantará el Santísimo Cuerpo del Señor.

13 – A la hora de la Comunión, presta mucha atención. Haz un examen de conciencia y ve si tu alma está limpia para recibir a tan gran huésped. Si no perdonaste a tu enemigo, quédate sentado. Si cometiste un pecado contra la castidad, quédate sentado. Si fuiste deshonesto y te gusta el dinero de otros, quédate sentado también. Si tu confesión fue hace poco tiempo y fue sincera, levántate piadosamente y ve al encuentro de Jesús.

14 – No platiques en la fila, no intentes saber cuál es la fila del sacerdote porque el ministro extraordinario también está con Jesús. No mastiques chicle o caramelos (en ningún momento de la misa). Ve rezando en silencio, sin mirar la ropa de los demás. Al llegar frente al sacerdote, elige: o extender las dos manos en forma de concha y recibir a Jesús, o arrodillarte discretamente y recibirlo directamente en la boca. Yo sugiero la segunda opción, pero la Iglesia te permite elegir.

15 – ¿Comulgaste? Vuelve a tu lugar en silencio, con las dos manos en el corazón, y haz tu acción de gracias. Adora al Señor como el Ángel enseñó a los pastores de Fátima, o di otras oraciones de tu devoción (Alma de Cristo, Adoro te devote, etc.). Evita hacer muchos pedidos. Es hora de alabar y agradecer.

16 – Cuando el sacerdote diga: Oremos… Quédate de pie y espera la bendición final. Si hubieran felicitaciones y avisos (algo que nos suele impacientar), espera. No salgas de la iglesia como quien va a tomar el tren. Estás en casa, en la casa de tu Padre. ¿Para qué la prisa?

Finalmente, me gustaría darte unos breves consejos:
  • Piensa en la ropa que usarás. Eso no es moralismo. Es cuestión de caridad con los ojos del prójimo. Nuestra Señora pide modestia para vestir. Obedece a la Madre de Jesús y serás feliz. Eso vale para los hombres también.
  • Si vas con tu novio(a), deja las caricias fuera de la iglesia, en respeto al templo santo. Si eres soltero(a), vale hacer un gesto discreto a la candidata(o). El mejor lugar para buscar pretendientes es la iglesia, porque todo empieza a los pies de Jesús (pero no vayas a misa con ese interés).
Si estas pautas te sirvieron para rezar mejor, gloria a Dios. Si no, yo mismo te pido que no las practiques. Dios te bendiga y María te guarde.
Seminarista Gabriel Vila Verde