Santos como Teresa de los Andes, Carlo y Pier Giorgio nos muestran la belleza de las vidas jóvenes entregadas a la gracia de Dios y el más feliz de los finales
Dentro de unas semanas, el 7 de septiembre, dos jóvenes, Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati, serán canonizados por el Papa León XIV en Roma. Carlo Acutis tenía solo 15 años cuando murió de leucemia en 2006. Pier Giorgio Frassati tenía 24 años cuando murió de poliomielitis en 1925. Su esperada canonización nos recuerda que todos los jóvenes están llamados a la santidad y nos muestra que, por la gracia de Dios, incluso los hombres y mujeres más jóvenes pueden llegar a ser santos.
Una joven vocación
A la luz juvenil de estos dos jóvenes futuros santos canonizados, debemos recordar también a otra joven santa, Teresa de los Andes, de la Orden de Carmelitas Descalzos.
Santa Teresa de los Andes, primera santa de Chile, nació hace 125 años, en los albores del siglo pasado. De niña le gustaba jugar al tenis y al croquet. También era buena nadadora. Le gustaba cantar y bailar, y tocaba el piano y el armonio.
Pero fue la lectura de la autobiografía Historia de un alma, de Teresa de Lisieux, lo que cambió su vida. En 1914 decide seguir los pasos de Teresa, consagrarse al Señor y discernir una vocación religiosa con las Carmelitas Descalzas.
El 8 de diciembre de 1915, fiesta de la Inmaculada Concepción, hace voto de castidad, que renueva regularmente. A la edad de 17 años, escribe a la priora de un convento cercano de Carmelitas Descalzas expresando su deseo de entrar en la orden. Debido a su edad, necesitaba el permiso de su padre, que finalmente le fue concedido.
En mayo de 1919, la joven de 18 años ingresó en el noviciado de las Carmelitas Descalzas de Los Andes, recibiendo el nombre de "Teresa de Jesús". Menos de un año después, el Viernes Santo (2 de abril de 1920), enfermó gravemente de tifus o de gripe española. Aún le faltaban seis meses para terminar el noviciado y hacer los votos religiosos, pero se le concedió permiso para profesar sus votos in articulo mortis porque estaba claramente a punto de morir. Tenía 19 años cuando murió el 12 de abril de 1920.
La corta pero santa vida de Teresa inspiró a miles de personas a rezar por su intercesión en los años siguientes a su muerte.
En enero de 1987, un comité de expertos médicos declaró milagrosa una curación atribuida a su intercesión. Tres meses después, el Papa Juan Pablo II la beatificó durante su visita pastoral a Chile. El hermano de Teresa, Luis, último superviviente de la familia, estuvo presente en la beatificación.
Pronta canonización
El segundo milagro requerido para la canonización de Teresa fue validado por expertos médicos en junio de 1992 y fue declarada santa por Juan Pablo II en marzo del año siguiente. Con ello seguía los pasos santificados de santa Teresa de Lisieux, que solo tenía 24 años cuando murió.
Santa Teresa fue canonizada el 17 de mayo de 1925, cinco años después de la muerte de Teresa y solo seis semanas antes de la muerte de Pier Giorgio Frassati. Hoy, gracias a Dios, todos ellos están unidos en el cielo.
Lugar de peregrinación
Santa Teresa de los Andes sigue siendo muy popular entre los fieles de su Chile natal. Cada año, unos 100 mil peregrinos visitan la tumba en la que reposan sus restos mortales. Las Carmelitas Descalzas celebran el 13de julio - cumpleaños de la santa - como su fiesta particular.
Su otra fiesta es el 12 de abril, fecha en la que nació a la vida eterna. A los ojos del mundo, vivió una vida trágicamente corta. A los ojos de la fe, su corta vida fue tan gloriosa que ha sido recompensada con el más feliz de los finales.
Lo mismo puede decirse de Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis. Sus vidas y su ejemplo de vida muestran que la juventud está llamada a la bondad y a la verdad que conducen a la belleza del cielo.
En la Exhortación «Christus Vivit» recopila a 12 santos jóvenes desde el siglo III al XX
El Papa ha propuesto estos 12 santos y beatos jóvenes como ejemplos para la juventud actual
La juventud es la protagonista de la Exhortación Apostólica Postsinodal Christus Vivit que ha firmado el Papa Francisco y que sirve como colofón final al Sínodo de los Jóvenes que se celebró el pasado año en el Vaticano.
Para animar a los católicos más jóvenes en la misión que tienen por delante tanto en la Iglesia como en el mundo en el que les ha tocado vivir, Francisco presenta en su escrito el ejemplo de varios santos jóvenes, que ofrecieron su vida cada uno de una manera diferente a favor del prójimo.
“El corazón de la Iglesia también está lleno de jóvenes santos, que entregaron su vida por Cristo, muchos de ellos hasta el martirio. Ellos fueron reflejos de Cristo joven que brillan para estimularnos y para sacarnos de la modorra”, explica el Papa.
Otra forma de vivir la juventud
Por ello, Francisco insiste en que “a través de la santidad de los jóvenes la Iglesia puede renovar su ardor espiritual y su vigor apostólico. El bálsamo de la santidad generada por la vida buena de tantos jóvenes puede curar las heridas de la Iglesia y del mundo, devolviéndonos a aquella plenitud del amor al que desde siempre hemos sido llamados: los jóvenes santos nos animan a volver a nuestro amor primero”.
De este modo, en Christus Vivit recuerda a algunos santos y beatos jóvenes que “nos dejaron el testimonio de otra forma de vivir la juventud”. Estos son los ejemplos que propone el Papa:
1. San Sebastián
Murió mártir a los 34 años tras vivir entre los años 256 y el 288. Francisco recuerda de él que era un joven capitán de la guardia pretoriana. “Cuentan –explica Francisco- que hablaba de Cristo por todas partes y trataba de convertir a sus compañeros, hasta que le ordenaron renunciar a su fe. Como no aceptó, lanzaron sobre él una lluvia de flechas, pero sobrevivió y siguió anunciando a Cristo sin miedo. Finalmente lo azotaron hasta matarlo”.
2. San Francisco de Asís
San Francisco es el santo cuyo nombre eligió este Papa para su Pontificado. Es especial para él pues con el ejemplo de su vida transformó la Iglesia y el mundo de su tiempo. No vivió más de 44 años, pero en ese momento (finales del siglo XII y especialmente el primer cuarto del XIII) realizó una impresionante obra evangelizadora. “Siendo muy joven y lleno de sueños escuchó el llamado de Jesús a ser pobre como Él y restaurar la Iglesia con su testimonio.Renunció a todo con alegría y es el santo de la fraternidad universal, el hermano de todos, que alaba al Señor por sus creaturas”, explica Francisco.
3. Santa Juana de Arco
Esta joven campesina francesa vivió sólo 19 años hasta que fue quemada en la hoguera. Pero en ese tiempo (1412-1431) siguiendo las instrucciones que oía, las de voces celestiales logró enardecer a los desanimados franceses y llevarlos a la victoria. “Incomprendida por su aspecto y por su forma de vivir la fe, murió en la hoguera”, afirma el Papa. Es un ejemplo de ímpetu y valentía de una joven que siguió con firmeza lo que le dictaba su fe.
4. Beato Andrés Phû Yên
Este joven fue el primer mártir de la Iglesia en Vietnam. Bautizado en 1641 fue asesinado por su fe en 1644. Era un activo catequista y ayudaba a los misioneros que evangelizaban la zona. Cuando empezó la persecución contra los cristianos fue hecho prisionero por su fe, a la que se negó a renunciar. Un misionero que presenció su martirio solicitó que se le permitiera poner una alfombra debajo de Andrés, pero éste se negó porque quería que su sangre regase la tierra como lo había hecho la de Jesucristo. Murió diciendo: “¡Jesús!”.
5. Santa Catalina Tekakwhita
Esta joven, hija de un jefe Mohawk, fue la primera santa “piel roja” nativa de lo que hoy es Estados Unidos. Apenas vivió 24 años (1656-1680) y su vida estuvo marcada desde su infancia por el dolor y también por las dificultades debido a la fe que encontró gracias a unos misioneros jesuitas. Dedicó su vida al cuidado de los ancianos y enfermos y que vivió en Nueva York y Canadá, se consagró a Dios, tuvo que huir más de 300 kilómetros por los bosques y finalmente moriría enferma diciendo: “¡Jesús, te amo!”.
6. Santo Domingo Savio
Murió tres semanas antes de cumplir los 15 años, convirtiéndose en uno de los santos no mártires más jóvenes de la Iglesia. Fue alumno de San Juan Bosco en el oratorio de San Francisco de Sales. Enfermo, este niño quería sobre todo ser santo. El Pontífice dice de él que “ofrecía a María todos sus sufrimientos. Cuando San Juan Bosco le enseñó que la santidad supone estar siempre alegres, abrió su corazón a una alegría contagiosa. Procuraba estar cerca de sus compañeros más marginados y enfermos. Murió diciendo: “¡Qué maravilla estoy viendo!”.
7. Santa Teresa del Niño Jesús
Teresa de Lisieux vivió únicamente 24 años, y pese a las dificultades y la enfermedad, pudo ingresar en un convento carmelita a los 15 años. Aunque falleció muy joven esta francesa nacida en 1873 es Doctora de la Iglesia. “Vivió el caminito de la confianza total en el amor del Señor y se propuso alimentar con su oración el fuego del amor que mueve a la Iglesia”, escribe el Papa en la Exhortación.
8. Beato Ceferino Namuncurá
Compatriota del Papa Francisco, e hijo de un destacado cacique mapuche, Ceferino murió en 1905 antes de cumplir los 20 años en Roma, cuando era un joven salesiano aspirante a sacerdote debido a la tuberculosis. En 2007 fue beatificado, y recientemente Francisco le recordaba con estas palabras: “Me hace mucho bien pensar en el deseo que Ceferino tenía de ser sacerdote para servir a su pueblo. Así debe de ser. El sacerdote siempre identificado con su pueblo, de tal manera que su tiempo, su vida, su persona sean para sus hermanos”.
9. Beato Isidoro Bakanja
Este joven laico del Congo dio un impresionante testimonio de fe con su vida. Iniciado en la fe cristiana en su adolescencia, con gran ardor y valentía hablaba a Cristo a otros jóvenes mientras trabajaba. El encargado de la colonia, por odio al cristianismo, lo mandó torturar durante un largo tiempo. Finalmente, murió en 1909 perdonando a sus verdugos.
10. Beato Pier Giorgio Frassati
Este joven turinés murió en 1925 con sólo 24 años, pero Francisco destaca de él que “era un joven de una alegría contagiosa, una alegría que superaba también tantas dificultades de su vida. Decía que él intentaba retribuir el amor de Jesús que recibía en la comunión, visitando y ayudando a los pobres”. Por su parte, San Juan Pablo II decía en su beatificación que “en la Acción Católica vivió la vocación cristiana con alegría y orgullo, y se afanó por amar a Jesús y descubrir en Él a los hermanos que encontraba en el camino o que buscaba en los lugares del sufrimiento, de la marginación, del abandono, para hacerles sentir el calor de su solidaridad humana y el consuelo sobrenatural de la fe en Cristo. Murió joven, al final de una vida breve, pero extraordinaria de frutos espirituales, dirigiéndose "a la verdadera patria a cantar alabanzas a Dios".
11. Beato Marcel Callo
Este laico francés murió con tan sólo 23 años en el campo nazi de Mauthausen en 1945, a dondele enviaron prisionero por ser “demasiado católico”. Durante la II Guerra Mundial y después en el campo de exterminio siguió confortando en la fe a sus compañeros pese a que todos estaban agotados por los duros trabajos a los que les sometían.
12. Beata Chiara Badano
Esta joven italiana murió en 1990 a los 18 años tras una dura enfermedad. Tanto ella como su familia eran focolares y durante su agonía repetía una y otra vez: “Por ti, Jesús, ¡si tú lo quieres, yo también lo quiero!”. Francisco afirma que Chiara “experimentó cómo el Señor puede ser transfigurado por el amor. La clave de su paz y alegría era la plena confianza en el Señor y la aceptación de la enfermedad como misteriosa expresión de su voluntad para su bien y el de los demás”.