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lunes, 22 de septiembre de 2025

Evangelio del día

Libro de Esdras 1,1-6.

En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor pronunciada por Jeremías, el Señor despertó el espíritu de Ciro, rey de Persia, y este mandó proclamar de viva voz y por escrito en todo su reino:
"Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios del cielo, ha puesto en mis manos todos los reinos de la tierra, y me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, de Judá.
Si alguno de ustedes pertenece a ese pueblo, que su Dios lo acompañe y suba a Jerusalén, de Judá, para reconstruir la Casa del Señor, el Dios de Israel, el Dios que está en Jerusalén.
Que la población de cada lugar ayude a todos los que queden de ese pueblo, en cualquier parte donde residan, proporcionándoles plata, oro, bienes y ganado, como así también otras ofrendas voluntarias para la Casa del Dios que está en Jerusalén".
Entonces los jefes de familia de Judá y de Benjamín, los sacerdotes y los levitas, y todos los que se sintieron movidos por Dios, se pusieron en camino para ir a reconstruir la Casa del Señor que está en Jerusalén.
Sus vecinos les proporcionaron toda clase de ayuda: plata, oro, bienes, ganado y gran cantidad de objetos preciosos, además de toda clase de ofrendas voluntarias.


Salmo 126(125),1-2ab.2cd-3.4-5.6.

¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones.

Hasta los mismos paganos decían:
“¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!”.
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría!

¡Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones.

El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas.


Evangelio según San Lucas 8,16-18.

Jesús dijo a la gente:
"No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
Porque no hay nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y divulgado.
Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

Un sermón atribuido a San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia
Cf. Disertación sobre el salmo 139, 15; Sermones sobre san Juan, nº 57


“Fijaos en cómo escucháis”

“Sed todos prontos para escuchar, pero lentos para hablar” (St 1,19). Sí, hermanos, os lo digo francamente…, yo que frecuentemente os hablo a petición vuestra: mi gozo es completo, sin sombra alguna cuando me encuentro en la hilera de los auditores; mi gozo es sin sombra cuando escucho, y no cuando hablo. Es entonces cuando, con toda certeza, saboreo la palabra; mi satisfacción no se ve amenazada por la vanagloria. Cuando uno se encuentra sentado sobre la piedra sólida de la verdad ¿cómo temer el precipicio del orgullo? “Escucharé, dice el salmista, y me llenarás de gozo y alegría” (Sl 50,10). Nunca estoy tan lleno de gozo como cuando os escucho; es nuestro lugar de oyente que nos mantiene en una actitud de humildad.
Por el contrario, si tenemos la palabra… necesitamos una cierta contención; aunque no ceda al orgullo, tengo miedo de hacerlo. Por el contrario, si escucho, nadie puede quitarme mi gozo (Jn 16,22), porque nadie es testigo de ello. Es aquel gozo del amigo del esposo del que san Juan dice: “que esté en pie y escuche” (Jn 3,29). Se mantiene en pie porque escucha. Así también el primer hombre, porque escuchaba se mantenía en pie; desde que escuchó a la serpiente, cayó. El amigo del esposo se llena “de gozo al escuchar la voz del Esposo”; lo que le llena de gozo no es su propia voz de predicador, de profeta, sino la misma voz del Esposo. (EDD)


Reflexión sobre la lámpara de aceite antigua

Una de las alegrías de ser sacerdote es celebrar regularmente el Sacramento del Bautismo, normalmente los sábados aquí en la Catedral de Westminster. Mientras los padrinos encienden el cirio bautismal del niño del gran Cirio Pascual, yo digo las palabras familiares: "Recibid la luz de Cristo. Padres y padrinos, esta luz se os confía para que la mantengáis encendida. Este hijo vuestro ha sido iluminado por Cristo. Deben caminar siempre como hijos de la luz. Que mantengan viva la llama de la fe en sus corazones.." Se refiere a Cristo, la Luz del Mundo que no debe esconderse.

En nuestro propio bautismo, se encendió en nosotros una luz: la luz de Cristo, la luz de la fe. Nuestra vocación cristiana es mantener viva esa llama, para que brille en todo lo que decimos y hacemos. En el Evangelio de hoy, Jesús nos recuerda que, cuando se enciende una lámpara, no hay que esconderla, sino colocarla sobre un candelero para que los demás puedan ver su luz. Se refería a las pequeñas lámparas de aceite de su época, con una mecha que había que mantener llena de aceite. En el bautismo, nuestra mecha se encendió... y ahora debemos mantenerla llena de aceite. ¿Cómo? Escuchando la palabra del Señor y estando atentos a su presencia. Este es el aceite diario que mantendrá encendidas nuestras lámparas y alimentará la llama de la fe.

Nuestra hermosa lámpara de aceite de terracota (siglo I d.C., época romana, altoimperial) está hecha de arcilla moldeada. Los discos circulares (por donde se vertía el aceite en los agujeros) muestran un hermoso y detallado trabajo en relieve y representan las figuras de la Victoria alada sosteniendo una cornucopia (cuerno de la abundancia) en la mano derecha y un trofeo en un asta en la izquierda. La escena contiene también un escudo sobre un altar, y a ambos lados, la Victoria está flanqueada por dos lares militares (guardianes de los soldados).

En la antigua Roma, estas lámparas solían ser de bronce o terracota. Las lámparas de bronce eran más duraderas, a menudo más elaboradas y costosas. En cambio, las lámparas de terracota, como la que se muestra, eran la versión cotidiana, fabricadas en serie en moldes. Como estas lámparas de arcilla eran baratas, los ejemplos ricamente decorados son particularmente raros y valiosos.

En cuanto al combustible, el aceite de oliva era el más utilizado en todo el Mediterráneo, ya que se quemaba limpiamente y era fácil de conseguir. En algunas regiones se utilizaban aceites alternativos, como el de sésamo, pescado u otras plantas, para encender lámparas de aceite. Las mechas solían estar hechas de materiales fibrosos como el lino o el papiro, que atraían el aceite hacia la llama.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración
"Señor Jesús, Luz del mundo, te pido que ilumines mi vida con tu santa luz. Disipa las tinieblas de mi corazón, ahuyenta la duda, el miedo y el pecado. Abre mi entendimiento para comprender tu voluntad y mi corazón para seguir tus pasos con amor. Guía mis decisiones, llena de esperanza mi camino y haz que mi vida sea un reflejo de tu amor y tu gracia ante los demás. Amén".

lunes, 7 de abril de 2025

Evangelio del día


 

Libro de Daniel 13,1-9.15-17.19-30.33-62.

Había en Babilonia un hombre llamado Joaquín.
Se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy bella y temerosa de Dios;
sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés.
Joaquín era muy rico, tenía un jardín contiguo a su casa, y los judíos solían acudir donde él, porque era el más prestigioso de todos.
Aquel año habían sido nombrados jueces dos ancianos, escogidos entre el pueblo, de aquellos de quienes dijo el Señor: «La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y jueces que se hacían guías del pueblo.»
Venían éstos a menudo a casa de Joaquín, y todos los que tenían algún litigio se dirigían a ellos.
Cuando todo el mundo se había retirado ya, a mediodía, Susana entraba a pasear por el jardín de su marido.
Los dos ancianos, que la veían entrar a pasear todos los días, empezaron a desearla.
Perdieron la cabeza dejando de mirar hacia el cielo y olvidando sus justos juicios.
Mientras estaban esperando la ocasión favorable, un día entró Susana en el jardín como los días precedentes, acompañada solamente de dos jóvenes doncellas, y como hacía calor quiso bañarse en el jardín.
No había allí nadie, excepto los dos ancianos que, escondidos, estaban al acecho.
Dijo ella a las doncellas: «Traedme aceite y perfume, y cerrad las puertas del jardín, para que pueda bañarme.»
En cuanto salieron las doncellas, los dos ancianos se levantaron, fueron corriendo donde ella,
y le dijeron: «Las puertas del jardín están cerradas y nadie nos ve. Nosotros te deseamos; consiente, pues, y entrégate a nosotros.
Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que estaba contigo un joven y que por eso habías despachado a tus doncellas.»
Susana gimió: «¡Ay, qué aprieto me estrecha por todas partes! Si hago esto, es la muerte para mí; si no lo hago, no escaparé de vosotros.
Pero es mejor para mí caer en vuestras manos sin haberlo hecho que pecar delante del Señor.»
Y Susana se puso a gritar a grandes voces. Los dos ancianos gritaron también contra ella,
y uno de ellos corrió a abrir las puertas del jardín.
Al oír estos gritos en el jardín, los domésticos se precipitaron por la puerta lateral para ver qué ocurría,
y cuando los ancianos contaron su historia, los criados se sintieron muy confundidos, porque jamás se había dicho una cosa semejante de Susana.
A la mañana siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, su marido, llegaron allá los dos ancianos, llenos de pensamientos inicuos contra Susana para hacerla morir.
Y dijeron en presencia del pueblo: «Mandad a buscar a Susana, hija de Jilquías, la mujer de Joaquín.» Mandaron a buscarla,
y ella compareció acompañada de sus padres, de sus hijos y de todos sus parientes.
Todos los suyos lloraban, y también todos los que la veían.
Los dos ancianos, levantándose en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre su cabeza.
Ella, llorando, levantó los ojos al cielo, porque su corazón tenía puesta su confianza en Dios.
Los ancianos dijeron: «Mientras nosotros nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas. Cerró las puertas y luego despachó a las doncellas.
Entonces se acercó a ella un joven que estaba escondido y se acostó con ella.
Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver esta iniquidad, fuimos corriendo donde ellos.
Los sorprendimos juntos, pero a él no pudimos atraparle porque era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta se escapó.
Pero a ésta la agarramos y le preguntamos quién era aquel joven.
No quiso revelárnoslo. De todo esto nosotros somos testigos.» La asamblea les creyó como ancianos y jueces del pueblo que eran. Y la condenaron a muerte.
Entonces Susana gritó fuertemente: «Oh Dios eterno, que conoces los secretos, que todo lo conoces antes que suceda,
tú sabes que éstos han levantado contra mí falso testimonio. Y ahora voy a morir, sin haber hecho nada de lo que su maldad ha tramado contra mí.»
El Señor escuchó su voz
y, cuando era llevada a la muerte, suscitó el santo espíritu de un jovencito llamado Daniel,
que se puso a gritar: «¡Yo estoy limpio de la sangre de esta mujer!»
Todo el pueblo se volvió hacia él y dijo: «¿Qué significa eso que has dicho?»
El, de pie en medio de ellos, respondió: «¿Tan necios sois, hijos de Israel, para condenar sin investigación y sin evidencia a una hija de Israel?
¡Volved al tribunal, porque es falso el testimonio que éstos han levantado contra ella!»
Todo el pueblo se apresuró a volver allá, y los ancianos dijeron a Daniel: «Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos lo que piensas, ya que Dios te ha dado la dignidad de la ancianidad.»
Daniel les dijo entonces: «Separadlos lejos el uno del otro, y yo les interrogaré.»
Una vez separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: «Envejecido en la iniquidad, ahora han llegado al colmo los delitos de tu vida pasada,
dictador de sentencias injustas, que condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, siendo así que el Señor dice: 'No matarás al inocente y al justo.'
Conque, si la viste, dinos bajo qué árbol los viste juntos.» Respondió él: «Bajo una acacia.»
«En verdad - dijo Daniel - contra tu propia cabeza has mentido, pues ya el ángel de Dios ha recibido de él la sentencia y viene a partirte por el medio.»
Retirado éste, mandó traer al otro y le dijo: «¡Raza de Canaán, que no de Judá; la hermosura te ha descarriado y el deseo ha pervertido tu corazón!
Así tratabais a las hijas de Israel, y ellas, por miedo, se entregaban a vosotros. Pero una hija de Judá no ha podido soportar vuestra iniquidad.
Ahora pues, dime: ¿Bajo qué árbol los sorprendiste juntos?» El respondió: «Bajo una encina.»
En verdad, dijo Daniel, tú también has mentido contra tu propia cabeza: ya está el ángel del Señor esperando, espada en mano, para partirte por el medio, a fin de acabar con vosotros.»
Entonces la asamblea entera clamó a grandes voces, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él.
Luego se levantaron contra los dos ancianos, a quienes, por su propia boca, había convencido Daniel de falso testimonio
y, para cumplir la ley de Moisés, les aplicaron la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo: les dieron muerte, y aquel día se salvó una sangre inocente.


Salmo 23(22),1-3a.3b-4.5.6.

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas.

Me guía por el recto sendero,
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo.


Evangelio según San Juan 8,12-20.

Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida".
Los fariseos le dijeron: "Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale".
Jesús les respondió: "Aunque yo doy testimonio de mí, mi testimonio vale porque sé de dónde vine y a dónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy.
Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie,
y si lo hago, mi juicio vale porque no soy yo solo el que juzga, sino yo y el Padre que me envió.
En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido.
Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me envió da testimonio de mí".
Ellos le preguntaron: "¿Dónde está tu Padre?". Jesús respondió: "Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre".
El pronunció estas palabras en la sala del Tesoro, cuando enseñaba en el Templo. Y nadie lo detuvo, porque aún no había llegado su hora.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022)
monje griego
Himno18 (SC 174. Lectures chrétiennes pour notre temps, Abbaye d'Orval, 1973), trad. sc©evangelizo.org


¡Señor, eres luz!

¿Quién puede hablar de ti, Señor? Absolutamente incomprehensibles e inasibles son tus obras, tu gloria y tu conocimiento. Sin embargo, tenemos la esperanza, poseemos la fe y sabemos el amor que nos has dado, infinito, indecible, que nada puede contener. Amor que es luz, luz inaccesible, luz que actúa en todo.
Esta luz hace todo, “es” todo. Es encanto y alegría, ternura y paz, misericordia infinita, abismo de compasión. Invisible y la vemos. La comprendemos y no podemos contenerla. Intocable, impalpable, y puede ser aprehendida por mi espíritu. Cuando la poseo, no lo noto, sólo la veo cuando desaparece y me precipito para tomarla pero se va completamente. Entonces no sé qué hacer y me consumo. Así aprendo a pedir con lágrimas de gran humildad. Y a no considerar posible realizar lo que supera la naturaleza, o que sería resultado de mi poder o esfuerzo humano, ya que en verdad todo viene de la compasión de Dios y de su misericordia infinita. (…)
Esta luz invita al silencio y enseña la humildad todopoderosa. Cuando permanezco en la luz y devengo humilde, ella también permanece en mí, inseparable, se une a mí y me ilumina, ella me mira y yo la miro. Está en mi corazón y se encuentra en el cielo. Me revela las Escrituras, aporta el conocimiento y enseña misterios indecibles. (EDD)


Reflexión sobre el cuadro

En esta época del año, los días se hacen notablemente más largos, con más luz diurna que hace retroceder a la oscuridad. A medida que aumenta la luz, también lo hace la vida. Muchos de nosotros nos sentimos con más energía y ánimo a medida que los días se alargan, y también la naturaleza empieza a despertar con el regreso de los días más luminosos. En el Evangelio de hoy, cuando Jesús habla de la luz de la vida, podemos ver fácilmente la conexión entre luz y vida.

Jesús acaba de declararse luz del mundo. Él trae la luz de Dios al mundo, revelando la presencia y la gloria de Dios a través de sus palabras, acciones y, en última instancia, a través de su muerte y resurrección. Tras revelarse como la verdadera luz del mundo, hace una promesa: los que le sigan nunca se perderán en las tinieblas, sino que tendrán la luz de la vida. Al traer la luz de Dios al mundo, también trae la vida de Dios, ofreciendo una luz y una vida más allá de este mundo, transformando las vidas de todos los que caminan en su camino.

Pintura de Yongsung Kim 'Alégrate en su luz' es una representación serena y edificante de Jesús, bañado en una luz cálida y radiante, que desciende sobre él desde el cielo. Su propio rostro también irradia luz. Las dos fuentes de luz están íntimamente conectadas. El fondo está suavemente iluminado, creando una atmósfera etérea. Jesús está flanqueado por un corderito. Otras ovejas pastan en el campo. Las ovejas parecen tranquilas y felices de estar en presencia del Señor. Yongsung Kim es un artista surcoreano conocido por sus obras de arte Cristiano, profundamente espirituales y emotivas. Sus cuadros suelen representar a Jesús en momentos de tranquila compasión. A través de suaves pinceladas y luminosas paletas de colores, Kim siempre busca inspirar fe y alegría, atrayendo a las personas a una reflexión más profunda sobre el amor y la luz de Dios.

by Padre Patrick van der Vorst














miércoles, 24 de abril de 2024

Evangelio del día


 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 12,24-25.13,1-5a.

Mientras tanto, la Palabra de Dios se difundía incesantemente.
Bernabé y Saulo, una vez cumplida su misión, volvieron de Jerusalén a Antioquía, llevando consigo a Juan, llamado Marcos.
En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo.
Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: "Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado".
Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.
Saulo y Bernabé, enviados por el Espíritu Santo, fueron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre.
Al llegar a Salamina anunciaron la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, y Juan colaboraba con ellos.


Salmo 67(66),2-3.5.6.8.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones.

Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra.


Evangelio según San Juan 12,44-50.

Jesús exclamó: "El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió.
Y el que me ve, ve al que me envió.
Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas.
Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día.
Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar;
y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Anselmo (1033-1109)
benedictino, arzobispo de Canterbury, doctor de la Iglesia
Meditaciones


«Yo he venido al mundo para que el que cree en mí no quede en las tinieblas»

Oh mi buen Maestro, Jesucristo, estaba yo sin ningún auxilio, no pedía nada, y ni tan sólo pensaba en ello, y tu luz me ha iluminado durante la noche... Tú has alejado de mi el peso que me hundía, tú has repelido a los que me asaltaban, tú me has llamado con un  nombre nuevo (Ap 2,17), tomado del tuyo, el nombre de cristiano. Yo estaba ya sin fuerzas, tú me has levantado. Me has dicho: «Confianza, Yo te he rescatado, Yo que he dado mi vida por ti. Si quieres unirte a mi, te liberarás del mal y del abismo en el que estás metido, y te conduciré a mi Reino...»
Si, Señor, ¡tú lo has hecho todo por mí! Yo estaba en las tinieblas y no sabía nada..., yo bajaba al abismo de la injusticia, estaba caído en la miseria del tiempo para caer más bajo todavía. Y en la hora en que me encontraba sin ayuda ninguna, tú me has iluminado. Sin que ni siquiera te lo pidiera, me has iluminado. En tu luz he visto lo que eran los otros y lo que yo mismo soy...; tú me has dado la confianza en mi salvación, tú, que has dado tu vida por mí... Lo reconozco, oh Cristo, me debo del todo a tu amor. (EDD)

Oración
(El párrafo anterior)



lunes, 4 de abril de 2022

Evangelio del día


 

Evangelio según San Juan 8,12-20.

Jesús les dirigió una vez más la palabra, diciendo: "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida".
Los fariseos le dijeron: "Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale".
Jesús les respondió: "Aunque yo doy testimonio de mí, mi testimonio vale porque sé de dónde vine y a dónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy.
Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie,
y si lo hago, mi juicio vale porque no soy yo solo el que juzga, sino yo y el Padre que me envió.
En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido.
Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me envió da testimonio de mí".
Ellos le preguntaron: "¿Dónde está tu Padre?". Jesús respondió: "Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre; si me conocieran a mí, conocerían también a mi Padre".
El pronunció estas palabras en la sala del Tesoro, cuando enseñaba en el Templo. Y nadie lo detuvo, porque aún no había llegado su hora.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

Talasio Líbico y Africano
higúmeno en Libia
Centurias I-IV, Filocalia (Philocalie des Pères Neptiques, DDB-Lattès), trad. sc©evangelizo.org


“El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida” (Jn 8,12)

Nosotros que hasta ahora somos esclavos de los placeres de la carne, ¿con qué esperanza vamos al encuentro de Cristo?
Cristo es el salvador del alma y del cuerpo. El que sigue sus huellas es librado del mal. (…)
Nuestro Señor y nuestro Dios es Jesucristo. El que lo sigue, no permanece en las tinieblas. (cf. Jn 12,46). (…)
La luz del alma es el santo conocimiento. El insensato que no la posee, camina como en las tinieblas. (…)
El que ama a Jesús será librado del mal. El que lo sigue verá el verdadero conocimiento. (…)
El que venera a Dios, busca las razones de Dios. El que ama la verdad, encuentra esas razones.
En su compasión, el Señor sostiene los que caen y levanta a los que fueron volteados (cf. Sal 144(145),14). (…)
El estudio de las palabras de Dios, abre al conocimiento de Dios al que lo busca de verdad, con deseo y piedad. (…)
El que escucha a Cristo se ilumina. El que lo imita se endereza. (…)
Cristo, nuestro Señor y nuestro Dios, es Jesús. Nos dio la fe en él y nos lleva a la vida. (EDD)

Oración

Señor, te pido valor y lucidez para afrontar todas mis dificultades, no dejes que mi ánimo decaiga. Tú eres mi fortaleza y mi roca fuerte, mi escudo protector ante la adversidad. Que nunca quedemos confundidos los que en Ti ponemos nuestra fe y nuestra esperanza.

Mi corazón quiere sentir en todo momento que se llena de tu confianza y con todas sus fuerzas quiere salir dispuesto a servir y a comprometerse con el logro de todos mis sueños.

Ayúdame a dar lo mejor de mí, a entregarme plenamente a la bondad y pureza de tu amor, a centrarme en tu Palabra que abriga, que sostiene, que impulsa y alienta a superar todo obstáculo y dificultad que se presente.

Ayúdame a explorar la profundidad de mi ser, a escudriñarme bien a fondo y encontrar todos esos talentos que has sembrado en mí, para conseguir el éxito y la felicidad en todas y cada una de las tareas que me toca realizar.

En tu Nombre, y con tu ayuda, sé que puedo vencer, porque nadie que ha confiado en Ti, en tu compasión y en tu misericordia, ha salido defraudado.

Amén