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martes, 30 de junio de 2026

Evangelio del día Martes 13a. Semana Tiempo Ordinario


 

Libro de Amós 3,1-8.4,11-12.

Escuchen esta palabra que el Señor pronuncia contra ustedes, israelitas, contra toda la familia que yo hice subir del país de Egipto:
Sólo a ustedes los elegí entre todas las familias de la tierra; por eso les haré rendir cuenta de todas sus iniquidades.
¿Van juntos dos hombres sin haberse puesto de acuerdo?
¿Ruge el león en la selva sin tener una presa? ¿Alza la voz el cachorro desde su guarida sin haber cazado nada?
¿Cae el pájaro a tierra sobre una trampa si no hay un cebo? ¿Salta la trampa del suelo sin haber atrapado nada?
¿Suena la trompeta en una ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Sucede una desgracia en la ciudad sin que el Señor la provoque?
Porque el Señor no hace nada sin revelar su secreto a sus servidores los profetas.
El león ha rugido: ¿quién no temerá? El Señor ha hablado: ¿quién no profetizará?
Yo les envié una catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, y ustedes fueron como un tizón salvado del incendio, ¡pero ustedes no han vuelto a mí! -oráculo del Señor-.
Por eso, mira cómo voy a tratarte, Israel; y ya que te voy a tratar así, prepárate a enfrentarte con tu Dios, Israel.

Salmo 5,5-6.7.8.

¡Guíame, por tu justicia, Señor!

Tú no eres un Dios que ama la maldad;
ningún impío será tu huésped,
ni los orgullosos podrán resistir
delante de tu mirada.

Tu detestas a los que hacen el mal
y destruyes a los mentirosos.
¡Al hombre sanguinario y traicionero
lo abomina el Señor!

Pero yo, por tu inmensa bondad,
llego hasta tu Casa,
y me postro ante tu santo Templo
con profundo temor.


Evangelio según San Mateo 8,23-27.

Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron.
De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía.
Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: "¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!".
El les respondió: "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?". Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.
Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars
Pensamientos escogidos del Cura de Ars (Trad. ©Evangelizo.org)


Del buen uso de las tentaciones

Así como el buen soldado no tiene miedo de combatir, así mismo el buen cristiano no le teme a la tentación [...] ¡La tentación más grande es no tener ninguna!
Se puede casi decir que estamos felices de tener tentaciones: es el momento de la cosecha espiritual en la que acumulamos para el cielo [...]. Si estuviésemos bien penetrados de la Santa Presencia de Dios, nos resultaría fácil resistirle al enemigo. Con este pensamiento: ¡Dios te ve! no pecaríamos jamás.
Había una santa que se quejaba ante nuestro Señor después de la tentación y le decía: « ¿Dónde estabas, pues, mi querido Jesús, durante esta horrible tormenta?». Nuestro Señor le respondió: «estaba en medio de tu corazón…»
(EDD)

Reflexión sobre el Ancla

Hay personas que se despiertan ante el más mínimo ruido: el crujido de un tablón, el cierre de la puerta de un coche a lo lejos, el susurro de una cortina o el portazo de la puerta principal. Otros, en cambio, pueden dormir a pesar de casi cualquier cosa. Sin embargo, a la mayoría de nosotros seguramente nos despertaría una tormenta violenta, sobre todo si los truenos retumbasen sobre nuestras cabezas y las olas azotasen el lugar donde intentamos descansar. Si nos encontráramos en una pequeña embarcación en el mar durante una tempestad así, dormir sería lo último en lo que pensaríamos.

Eso es lo que hace que el Evangelio de hoy resulte tan impactante. Mientras la tormenta se desata a su alrededor y las olas inundan la barca de pesca, Jesús permanece dormido. Los discípulos, por el contrario, reaccionan exactamente como lo habríamos hecho nosotros. El miedo se apodera de ellos. Convencidos de que el desastre es inminente, claman: “¡Señor, sálvanos!”. Su pánico revela lo frágil que se ha vuelto su confianza ante el peligro. Sin embargo, la calma de Jesús no es indiferencia. Más bien, brota de una profunda confianza en su Padre celestial. Incluso en medio del caos, en medio de las tormentas, Él descansa seguro, sabiendo que está protegido por Dios. Los discípulos aún no han aprendido esa misma confianza, y por eso Jesús desafía con delicadeza su miedo y los llama a una fe más profunda. Él encarna la imagen misma de la que había hablado antes: la casa construida sobre la roca. Pueden llegar tormentas, pueden aullar los vientos y pueden estrellarse las olas contra ella, pero como sus cimientos son sólidos, permanece en pie.

El Evangelio nos invita a preguntarnos dónde están nuestros propios cimientos. Cuando lleguen las inevitables tormentas de la vida, ¿nos arrastrará el miedo, o la confianza en el Señor nos mantendrá anclados y en paz? El ancla es quizá una poderosa imagen adicional para el Evangelio de hoy. Hace unos años, me llamó la atención la enorme ancla del HMS Conway que se encontraba frente al Museo Marítimo de Liverpool. Con un peso de unas cinco toneladas, es lo único que queda de un barco que pasó décadas anclado en el río Mersey, formando a miles de jóvenes cadetes para la vida en el mar. El HMS Conway, que en un principio fue un buque de guerra de la Marina Real, se convirtió en una escuela flotante a partir de 1876. Durante la Segunda Guerra Mundial fue trasladado a la seguridad del norte de Gales, pero en 1953, mientras era remolcado de vuelta, naufragó en el estrecho de Menai. El barco se perdió, pero la gran ancla fue recuperada y conservada como recuerdo de su largo y distinguido servicio.

Un ancla solo tiene un propósito: mantenerse firme cuando soplan los vientos, las corrientes tiran y las tormentas se desatan. Los discípulos que iban en la barca aún no habían aprendido a echar plenamente el ancla de sus corazones en Jesús. Su confianza subía y bajaba con las olas que los rodeaban. Jesús, sin embargo, permaneció tranquilo porque estaba anclado en algo más profundo que la propia tormenta: su confianza plena en el Padre. Todos nos enfrentamos a épocas en las que la vida se vuelve turbulenta e incierta. La pregunta que el Evangelio nos plantea con delicadeza es esta: ¿dónde está nuestra ancla? ¿Está en nuestras propias fuerzas? ¿O está en Cristo?

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

"Señor Dios, a cuyo mandato obedecen todos los elementos de la naturaleza, te pedimos humildemente que apacigües esta tempestad. Protege a quienes se encuentran en su trayectoria, pon a salvo a los vulnerables y transforma esta amenaza en un motivo de alabanza hacia Ti. Amén." [1, 2]

lunes, 29 de junio de 2026

León XIV: santos Pedro y Pablo, apóstoles y artífices de la unidad

En la misa de los apóstoles “pilares de la Iglesia”, el Papa reflexionó sobre la misión de Pedro y Pablo como “artífices de la unidad, servidores generosos de la verdad en la caridad”. En la ceremonia impuso el palio a 35 arzobispos metropolitanos.

En la Basílica vaticana el Papa León XIV celebró la misa de la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo, este lunes 29 de junio. Ceremonia en la que también bendijo e impuso los palios a los nuevos arzobispos. El Santo Padre reflexionó sobre la misión de los patronos de la ciudad y de la diócesis de Roma.

“Elegidos por Jesús, uno como pastor de su rebaño y el otro como apóstol de los gentiles. En ellos veneramos a dos pilares de la Iglesia”

Pedro, la comunión entre los hermanos

Recordando al apóstol Pedro, que como “custodio del Pueblo de Dios, aparece en numerosas ocasiones en el Nuevo Testamento comprometido con la preservación de la comunión entre los hermanos. Es él quien, en el lago de Galilea, tras una noche de trabajo aparentemente inútil, le dice al Maestro: «no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5)”.

Destaca la fidelidad del apóstol en su misión, pero “no significa que Pedro sea perfecto”, dijo el Papa. “Durante la Pasión, niega al Maestro, para luego derramar lágrimas sinceras de arrepentimiento (cf. Lc 22,54-62)”.

“No obstante, sabe reconocer sus propios errores y arrepentirse, sin desanimarse y sin dejar de cumplir con la misión de anunciar el Evangelio y reunir al rebaño de Cristo, hasta el martirio, que sufre precisamente aquí, en Roma, no muy lejos del lugar en el que nos encontramos”, afirma el Santo Padre.

Las llaves de la comunión

El Papa presenta esta fidelidad en el símbolo de las llaves que abren y cierran puertas, no las derriban: “del mismo modo, la comunión, en la Iglesia, no se construye endureciéndose en las propias posiciones, sino buscando, en los corazones de todos, los puntos de encuentro en la Verdad, a cuya única luz todos se convierten en instrumentos de crecimiento para los demás”, dijo.

Así la misión de Pedro la interpreta León XIV, “en beneficio de todo el Pueblo santo de Dios: escuchar, con su ayuda, las voces de cada uno; discernir las inspiraciones; guiar los caminos; corregir los errores; instruir, animar, exhortar y acompañar a los hermanos para que, dóciles a la acción del mismo Espíritu (cf. 1 Co 12,1-11), cooperen en la salvación unos de otros y de toda la humanidad”.

Pablo, anunciador de la Buena Nueva

Luego destaca también la enseñanza del apóstol Pablo, “incansable anunciador de la Buena Nueva. Él también tiene sus símbolos distintivos: el libro y la espada, estrechamente unidos entre sí. El autor de la Epístola a los Hebreos, lo explica bien cuando escribe que, «la palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo», capaz de penetrar «hasta el punto donde se dividen alma y espíritu» y de discernir «los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12)”.

“El Apóstol de los gentiles se dejó transformar por el poder de la Palabra de Dios, que lo alejó de la violencia para conducirlo por el camino del amor”, dijo.

León XIV cita el comentario de San Agustin sobre la conversión y misión de Pablo: “Hizo predicador de la paz al perseguidor de la Iglesia, perdonó todos sus pecados, lo puso en un puesto tal, que por medio de su persona quedasen perdonados los de los otros”

“Queridos hermanos, hoy es importante fijarnos en estos dos santos —Pedro y Pablo— para comprender cómo podemos ser, también nosotros como ellos, apóstoles y artífices de la unidad, servidores generosos de la verdad en la caridad”

El compromiso de todo pastor

Así el Papa refiere que con este espíritu con el que nos disponemos a celebrar el antiguo y evocador rito de la entrega de los palios a los arzobispos metropolitanos: “Esta banda de lana blanca adornada con cruces expresa el compromiso de todo pastor —pero también el de todo cristiano— de llevar sobre sus hombros a los hermanos y hermanas que le han sido confiados”.

También el Papa dirigió un saludo a los miembros de la Delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, “enviada por nuestro muy querido hermano Su Santidad Bartolomé y encabezada por Su Eminencia Emmanuel, metropolitano de Calcedonia”.

Concluyó el Papa pidiendo “a los santos Pedro y Pablo para que nos sostengan en el camino de la comunión, siguiendo las huellas del Salvador. Es el camino que Él nos ha marcado, aquello por lo que oró al Padre en la Última Cena (cf. Jn 17,21-23), la meta que nos ha enseñado a anhelar con esperanza confiada”

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

El óbolo de San Pedro que la Iglesia usa para beneficencia

Peter's Pence

Aunque se le reconozca poco, la Iglesia se ha caracterizado por sostener obras de beneficencia, pero muchas se hacen con las aportaciones del óbolo de San Pedro

Es un hecho, que nadie puede negar, el que la Iglesia se ha dedicado desde su creación por nuestro Señor Jesucristo a la ayuda de los más necesitados, obra de beneficencia que continuaron san Pedro y los apóstoles.

Los Hechos de los Apóstoles narran que lo que tenían los cristianos se ponía en común y eran admirados porque se amaban mucho. Incluso, en el capítulo 6, se habla de la necesidad de escoger siete diáconos que se dediquen a atender a las viudas en la distribución de los alimentos diarios.

¿Qué es el óbolo?

De acuerdo con sitio oficial del Óbolo de san Pedro del Vaticano, esta es la definición:

El Óbolo de San Pedro es un DONATIVO que puede ser de pequeña cuantía, pero que tiene un profundo valor simbólico: expresa AMOR Y CONFIANZA en el Santo Padre como sucesor del apóstol Pedro.

VENEZUELA

¿Cuál es su origen?

Durante su vida pública, Jesús aceptó ayuda material para sustentarse con el grupo de los doce apóstoles (Lc 8, 1-3) y con esa ayudas también socorrían a los más necesitados (Jn 12, 4-7).

Tras Pentecostés, surgió la exigencia de sostener a quien se dedicaba totalmente al anuncio del Evangelio (1 Tim 5, 17-18). San Pablo, en las Iglesias que fundó, promovió la colecta a favor de la Iglesia Madre de Jerusalén, que afrontaba graves dificultades económicas (1 Cor 16, 1-2).

Más adelante, y después de que muchos reinos se adhirieron al cristianismo, surgió la ayuda a la Iglesia como agradecimiento y devoción al Papa, naciendo el óbolo de San Pedro.

Aún en tiempos de crisis, los católicos continuaron ayudando al Papa, quien también destinaba parte de ese óbolo para sufragar las necesidades más urgentes de cuantos lo requirieran.

¿De dónde proviene actualmente?

Como en tiempos remotos, el dinero recaudado proviene de:

  • Diócesis
  • Donantes privados
  • Órdenes religiosas
  • Fundaciones.

¿Para qué se usa?

Lo recaudado se usa para sostener la evangelización, las obras caritativas del Santo Padre en favor de personas, familias y poblaciones afectadas por calamidades y guerras y algunas acciones más, además de los dicasterios, entes y organismos de la Santa Sede.

¿Cuándo se efectúa?

También llamada “Jornada mundial de la caridad del Papa", se lleva a cabo el 29 de junio, solemnidad de san Pedro y san Pablo o el domingo más próximo a ella - este año será el 28 de junio - .

Ese domingo se nos invita a todos a rezar de manera especial por el Papa y a ofrecer nuestra contribución en la iglesia en la que asistimos a la Santa Misa, pero se puede donar en cualquier momento.

Mónica Muñoz, Aleteia     

Nota: El Óbolo de San Pedro es una iniciativa de solidaridad que permite financiar proyectos caritativos del Papa y necesidades de la Iglesia. Las donaciones en Perú pueden realizarse a través de cuentas bancarias del BCP destinadas a la Conferencia Episcopal Peruana, enviando el comprobante por correo electrónico. Para más detalles, visite Conferencia Episcopal Peruana. [1, 2]