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martes, 30 de junio de 2026

Evangelio del día Martes 13a. Semana Tiempo Ordinario


 

Libro de Amós 3,1-8.4,11-12.

Escuchen esta palabra que el Señor pronuncia contra ustedes, israelitas, contra toda la familia que yo hice subir del país de Egipto:
Sólo a ustedes los elegí entre todas las familias de la tierra; por eso les haré rendir cuenta de todas sus iniquidades.
¿Van juntos dos hombres sin haberse puesto de acuerdo?
¿Ruge el león en la selva sin tener una presa? ¿Alza la voz el cachorro desde su guarida sin haber cazado nada?
¿Cae el pájaro a tierra sobre una trampa si no hay un cebo? ¿Salta la trampa del suelo sin haber atrapado nada?
¿Suena la trompeta en una ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Sucede una desgracia en la ciudad sin que el Señor la provoque?
Porque el Señor no hace nada sin revelar su secreto a sus servidores los profetas.
El león ha rugido: ¿quién no temerá? El Señor ha hablado: ¿quién no profetizará?
Yo les envié una catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, y ustedes fueron como un tizón salvado del incendio, ¡pero ustedes no han vuelto a mí! -oráculo del Señor-.
Por eso, mira cómo voy a tratarte, Israel; y ya que te voy a tratar así, prepárate a enfrentarte con tu Dios, Israel.

Salmo 5,5-6.7.8.

¡Guíame, por tu justicia, Señor!

Tú no eres un Dios que ama la maldad;
ningún impío será tu huésped,
ni los orgullosos podrán resistir
delante de tu mirada.

Tu detestas a los que hacen el mal
y destruyes a los mentirosos.
¡Al hombre sanguinario y traicionero
lo abomina el Señor!

Pero yo, por tu inmensa bondad,
llego hasta tu Casa,
y me postro ante tu santo Templo
con profundo temor.


Evangelio según San Mateo 8,23-27.

Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron.
De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía.
Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: "¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!".
El les respondió: "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?". Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.
Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars
Pensamientos escogidos del Cura de Ars (Trad. ©Evangelizo.org)


Del buen uso de las tentaciones

Así como el buen soldado no tiene miedo de combatir, así mismo el buen cristiano no le teme a la tentación [...] ¡La tentación más grande es no tener ninguna!
Se puede casi decir que estamos felices de tener tentaciones: es el momento de la cosecha espiritual en la que acumulamos para el cielo [...]. Si estuviésemos bien penetrados de la Santa Presencia de Dios, nos resultaría fácil resistirle al enemigo. Con este pensamiento: ¡Dios te ve! no pecaríamos jamás.
Había una santa que se quejaba ante nuestro Señor después de la tentación y le decía: « ¿Dónde estabas, pues, mi querido Jesús, durante esta horrible tormenta?». Nuestro Señor le respondió: «estaba en medio de tu corazón…»
(EDD)

Reflexión sobre el Ancla

Hay personas que se despiertan ante el más mínimo ruido: el crujido de un tablón, el cierre de la puerta de un coche a lo lejos, el susurro de una cortina o el portazo de la puerta principal. Otros, en cambio, pueden dormir a pesar de casi cualquier cosa. Sin embargo, a la mayoría de nosotros seguramente nos despertaría una tormenta violenta, sobre todo si los truenos retumbasen sobre nuestras cabezas y las olas azotasen el lugar donde intentamos descansar. Si nos encontráramos en una pequeña embarcación en el mar durante una tempestad así, dormir sería lo último en lo que pensaríamos.

Eso es lo que hace que el Evangelio de hoy resulte tan impactante. Mientras la tormenta se desata a su alrededor y las olas inundan la barca de pesca, Jesús permanece dormido. Los discípulos, por el contrario, reaccionan exactamente como lo habríamos hecho nosotros. El miedo se apodera de ellos. Convencidos de que el desastre es inminente, claman: “¡Señor, sálvanos!”. Su pánico revela lo frágil que se ha vuelto su confianza ante el peligro. Sin embargo, la calma de Jesús no es indiferencia. Más bien, brota de una profunda confianza en su Padre celestial. Incluso en medio del caos, en medio de las tormentas, Él descansa seguro, sabiendo que está protegido por Dios. Los discípulos aún no han aprendido esa misma confianza, y por eso Jesús desafía con delicadeza su miedo y los llama a una fe más profunda. Él encarna la imagen misma de la que había hablado antes: la casa construida sobre la roca. Pueden llegar tormentas, pueden aullar los vientos y pueden estrellarse las olas contra ella, pero como sus cimientos son sólidos, permanece en pie.

El Evangelio nos invita a preguntarnos dónde están nuestros propios cimientos. Cuando lleguen las inevitables tormentas de la vida, ¿nos arrastrará el miedo, o la confianza en el Señor nos mantendrá anclados y en paz? El ancla es quizá una poderosa imagen adicional para el Evangelio de hoy. Hace unos años, me llamó la atención la enorme ancla del HMS Conway que se encontraba frente al Museo Marítimo de Liverpool. Con un peso de unas cinco toneladas, es lo único que queda de un barco que pasó décadas anclado en el río Mersey, formando a miles de jóvenes cadetes para la vida en el mar. El HMS Conway, que en un principio fue un buque de guerra de la Marina Real, se convirtió en una escuela flotante a partir de 1876. Durante la Segunda Guerra Mundial fue trasladado a la seguridad del norte de Gales, pero en 1953, mientras era remolcado de vuelta, naufragó en el estrecho de Menai. El barco se perdió, pero la gran ancla fue recuperada y conservada como recuerdo de su largo y distinguido servicio.

Un ancla solo tiene un propósito: mantenerse firme cuando soplan los vientos, las corrientes tiran y las tormentas se desatan. Los discípulos que iban en la barca aún no habían aprendido a echar plenamente el ancla de sus corazones en Jesús. Su confianza subía y bajaba con las olas que los rodeaban. Jesús, sin embargo, permaneció tranquilo porque estaba anclado en algo más profundo que la propia tormenta: su confianza plena en el Padre. Todos nos enfrentamos a épocas en las que la vida se vuelve turbulenta e incierta. La pregunta que el Evangelio nos plantea con delicadeza es esta: ¿dónde está nuestra ancla? ¿Está en nuestras propias fuerzas? ¿O está en Cristo?

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

"Señor Dios, a cuyo mandato obedecen todos los elementos de la naturaleza, te pedimos humildemente que apacigües esta tempestad. Protege a quienes se encuentran en su trayectoria, pon a salvo a los vulnerables y transforma esta amenaza en un motivo de alabanza hacia Ti. Amén." [1, 2]

martes, 1 de julio de 2025

Evangelio del día




 

Libro de Génesis 19,15-29.

Al despuntar el alba, los ángeles instaron a Lot, diciéndole: "¡Vamos! Saca a tu mujer y a tus dos hijas que están aquí, para que no seas aniquilado cuando la ciudad reciba su castigo".
Como él no salía de su asombro, los hombres lo tomaron de la mano, lo mismo que a su esposa y a sus dos hijas, y lo sacaron de la ciudad para ponerlo fuera de peligro, porque el Señor tuvo compasión de él.
Después que lo sacaron, uno de ellos dijo: "Huye, si quieres salvar la vida. No mires hacia atrás, ni te detengas en ningún lugar de la región baja. Escapa a las montañas, para no ser aniquilado".
Lot respondió: "No, por favor, Señor mío.
Tú has sido bondadoso con tu servidor y me has demostrado tu gran misericordia, salvándome la vida. Pero yo no podré huir a las montañas, sin que antes caigan sobre mí la destrucción y la muerte.
Aquí cerca hay una ciudad - es una población insignificante - donde podré refugiarme. Deja que me quede en ella, ya que es tan pequeña, y así estaré a salvo".
Entonces él le respondió: "Voy a complacerte una vez más: no destruiré la ciudad de la que hablas.
Pero apúrate; refúgiate en ella, porque no podré hacer nada hasta que llegues allí". Por eso la ciudad recibió el nombre de Soar, que significa "pequeño poblado".
Cuando el sol comenzó a brillar sobre la tierra, Lot entró en Soar.
Entonces el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego que descendían del cielo.
Así destruyó esas ciudades y toda la extensión de la región baja, junto con los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo.
Y como la mujer de Lot miró hacia atrás, quedó convertida en una columna de sal.
A la madrugada del día siguiente, Abraham regresó al lugar donde había estado en la presencia del Señor.
Cuando dirigió su mirada hacia Sodoma, Gomorra y toda la extensión de la región baja, vio un humo que subía de la tierra, como el humo de un horno.
Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la región baja, se acordó de Abraham, librando a Lot de la catástrofe con que arrasó las ciudades donde él había vivido.

Salmo 26(25),2-3.9-10.11-12.

Examíname, Señor, y pruébame,
sondea hasta lo más íntimo de mi ser;
porque tu amor está siempre ante mis ojos,
y yo camino en tu verdad.

No me incluyas entre los pecadores
ni entre los hombres sanguinarios:
ellos tienen las manos llenas de infamia,
y su derecha está repleta de sobornos.

Yo, en cambio, procedo íntegramente:
líbrame y concédeme tu gracia.
Mis pies están firmes sobre el camino llano,
y en la asamblea bendeciré al Señor.

Evangelio según San Mateo 8,23-27.

Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron.
De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía.
Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: "¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!".
El les respondió: "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?". Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.
Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

Carta a Diogneto (c. 200)
§7 ; PG 2, 1174-1175


«¿Quién es este, al que el viento y el mar le obedecen?»

Porque no fue una invención terrenal, como dije, lo que les fue encomendado, ni se preocupan de guardar tan cuidadosamente ningún sistema de opinión mortal, ni se les ha confiado la dispensación de misterios humanos. Sino que, verdaderamente, el Creador Todopoderoso del universo, el Dios invisible mismo de los cielos plantó entre los hombres la verdad y la santa enseñanza que sobrepasa la imaginación de los hombres, y la fijó firmemente en sus corazones.
No como alguien podría pensar, enviando, a la humanidad, a un subalterno, o a un ángel, o un gobernante, o uno de los que dirigen los asuntos de la tierra, o uno de aquellos a los que están confiadas las dispensaciones del cielo, sino al mismo Artífice y creador del universo, por quien Él hizo los cielos, y por quien Él retuvo el mar en sus propios límites, cuyos misterios, ordenanzas, observan todos los elementos fielmente, de quien, el sol, ha recibido incluso la medida de su curso diario para guardarlo, a quien la luna obedece cuando Él le manda que brille de noche, a quien las estrellas obedecen siguiendo el curso de la luna, por el cual fueron ordenadas todas las cosas y establecidos y puestos en sujeción, los cielos y las cosas que hay en los cielos, la tierra y las cosas que hay en la tierra, el mar y las cosas que hay en el mar, fuego, aire, abismo, las cosas que hay en las alturas, las cosas que hay en lo profundo, las cosas que hay entre los dos. A éste les envió Dios.
¿Creerás, como supondrá todo hombre, que fue enviado para establecer su soberanía, para inspirar temor y terror? En modo alguno. Sino en mansedumbre y humildad fuae enviado. Como un rey podría enviar a su hijo que es rey (cf Mt 21,37); Él le envió como enviando a Dios; le envió a Él como, un hombre, a los hombres; le envió como Salvador, usando persuasión, no fuerza; porque la violencia no es atributo de Dios. (EDD)

Oración

Señor amado, tú conoces lo más íntimo de mi ser y sabes cómo me siento en este momento. Son muchas las emociones dentro de mí que me hacen sentir ansiosa/o y desesperada/o. ¡Necesito de ti, Padre! Necesito tu presencia y tu paz. Tu Palabra dice en 1 Pedro 5:7 que puedo depositar mi ansiedad en ti, porque tú cuidas de mí. Te entrego mi ansiedad en este momento, la pongo toda en tus poderosas manos, sabiendo que tú me amas y te interesas por lo que me sucede.

Yo no sé cuál es la solución para mis problemas. Lo que sí sé, es que necesito de tu ayuda para no perder la paz en medio de esta situación. Revélate a mi corazón de una forma especial, Padre amado. Ayúdame a ser sensible a tu voz y al mover del Espíritu Santo para superar este momento aferrado a ti. Calma mis emociones, por favor. Levanta esta carga de mis hombros. Te entrego todo lo que está causándome ansiedad, no quiero cargarlo más. Ahora abro mi corazón y mis oídos a tu voz, para recibir tus palabras de ánimo y esperanza. ¡Háblame, Señor! En el nombre de Jesús, amén.

"Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes." (1 Pedro 5:7)

(bibliaon.com)










sábado, 1 de febrero de 2025

Evangelio del día


 

Carta a los Hebreos 11,1-2.8-19.

Hermanos:
La fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven.
Por ella nuestros antepasados fueron considerados dignos de aprobación.
Por la fe, Abraham, obedeciendo al llamado de Dios, partió hacia el lugar que iba a recibir en herencia, sin saber a dónde iba.
Por la fe, vivió como extranjero en la Tierra prometida, habitando en carpas, lo mismo que Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa.
Porque Abraham esperaba aquella ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
También por la fe, Sara recibió el poder de concebir, a pesar de su edad avanzada, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.
Y por eso, de un solo hombre, y de un hombre ya cercano a la muerte, nació una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como la arena que está a la orilla del mar.
Todos ellos murieron en la fe, sin alcanzar el cumplimiento de las promesas: las vieron y las saludaron de lejos, reconociendo que eran extranjeros y peregrinos en la tierra.
Los que hablan así demuestran claramente que buscan una patria;
y si hubieran pensado en aquella de la que habían salido, habrían tenido oportunidad de regresar.
Pero aspiraban a una patria mejor, nada menos que la celestial. Por eso, Dios no se avergüenza de llamarse "su Dios" y, de hecho, les ha preparado una Ciudad.
Por la fe, Abraham, cuando fue puesto a prueba, presentó a Isaac como ofrenda: él ofrecía a su hijo único, al heredero de las promesas,
a aquel de quien se había anunciado: De Isaac nacerá la descendencia que llevará tu nombre.
Y lo ofreció, porque pensaba que Dios tenía poder, aun para resucitar a los muertos. Por eso recuperó a su hijo, y esto fue como un símbolo.

Evangelio según San Lucas 1,69-70.71-72.73-75.

Nos ha dado un poderoso Salvador
en la casa de David, su servidor,
como lo había anunciado mucho tiempo antes
por boca de sus santos profetas.

Para salvarnos de nuestros enemigos
y de las manos de todos los que nos odian.
Así tuvo misericordia de nuestros padres
y se acordó de su santa Alianza,

Se acordó del juramento que hizo a nuestro padre Abraham
de concedernos que, libres de temor,
arrancados de las manos de nuestros enemigos,
lo sirvamos en santidad y justicia
bajo su mirada, durante toda nuestra vida.

Evangelio según San Marcos 4,35-41.

Al atardecer de ese mismo día, les dijo: "Crucemos a la otra orilla".
Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua.
Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.
Lo despertaron y le dijeron: "¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?". Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: "¡Silencio! ¡Cállate!". El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.
Después les dijo: "¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?".
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Comentarios sobre los salmos, sl 54,10; CCL 39,664


«Increpó al viento y dijo al lago: '¡Silencio, cállate!»

Estás en el mar y llega la tempestad. No puedes hacer otra cosa que gritar: «¡Señor, sálvame!» (Mt 14,30). Que te extienda su mano el que camina sin temor sobre las olas, que saque de ti tu miedo, que ponga tu seguridad en él, que hable a tu corazón y te diga: «Piensa en lo que yo he soportado. ¿Tienes que sufrir de un mal hermano, de un enemigo de fuera de ti? ¿Es que yo no he tenido los míos? Por fuera los que rechinaban de dientes, por dentro ese discípulo que me traicionaba».
Es verdad, la tempestad hace estragos. Pero Cristo nos salva «de la estrechez de alma y de la tempestad» (Sl 54,9 LXX). ¿Está sacudido tu barco? Quizás sea porque en ti Cristo duerme. Un mar furioso sacudía la barca en la que navegaban los discípulos y, sin embargo Cristo dormía. Pero por fin llegó el momento en que los hombres se dieron cuenta que estaba con ellos el amo y creador de los vientos. Se acercaron a Cristo, le despertaron: Cristo increpó a los vientos y vino una gran calma.
Con razón tu corazón se turba si te has olvidado de aquel en quien has creído; y tu sufrimiento se te hace insoportable si el recuerdo de todo lo que Cristo ha sufrido por ti, está lejos de tu espíritu. Si no piensas en Cristo, él duerme. Despierta a Cristo, llama a tu fe. Porque Cristo duerme en ti si te has olvidado de su Pasión; y si te acuerdas de su Pasión, Cristo vela en ti. Cuando habrás reflexionado con todo tu corazón lo que Cristo ha sufrido, ¿no podrás soportar tus penas con firmeza cuando te lleguen? Y con gozo, quizás, a través del sufrimiento, te encontrarás un poco semejante a tu Rey. Sí, cuando estos pensamientos empezarán a consolarte, a producirte gozo, has de saber que es Cristo que se ha levantado y ha increpado a los vientos; de él vendrá la paz que has experimentado. «Yo esperaba, dice un salmo, al que me salvaría de la estrechez de alma y de la tempestad». (EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Ludolf Backhuysen, pintor holandés de origen alemán, fue uno de los principales paisajistas de finales del siglo XVII, que trabajó principalmente en Amsterdam. Para captar los mares en todo su dramatismo y detalle, a menudo se aventuraba en un barco, dibujando las olas de cerca en medio del tumulto de la naturaleza. Muchos de los dibujos que se conservan llevan las marcas de estas difíciles condiciones: papel arrugado, rasgado, con marcas de agua, burbujeante y erosionado por los elementos. Esta búsqueda incesante del realismo se refleja en su arte, donde los mares cobran vida con intensa autenticidad. En uno de esos cuadros, vemos a Jesús recién despertado, con la mano aún levantada cerca de la cara. San Pedro, con el brazo extendido, hace un gesto hacia el mar tempestuoso. El juego de la luz de la luna sobre las olas y el reflejo de la barca crean un espectáculo sorprendente, casi de otro mundo.

Las tormentas ponen a prueba nuestras vidas y revelan muchas cosas sobre nosotros mismos, nuestras relaciones y nuestra fe. A menudo surgen de repente. Una simple llamada telefónica o una visita al médico pueden transformar las aguas tranquilas en mares tempestuosos. La lectura del Evangelio de hoy ilustra maravillosamente tanto la humanidad como la divinidad de Jesús. En su humanidad, vemos su agotamiento después de un día de ministerio, tan profundo que duerme incluso durante la furiosa tormenta. En su divinidad, somos testigos de su supremo poder y autoridad cuando calma los vientos y las olas con una palabra.

Jesús reprende a sus discípulos por su falta de fe, recordándoles que su presencia debería haber bastado para sostener su confianza, incluso frente a la tormenta. El desafío que les lanza es también un desafío para nosotros: confiar en Él, nuestro Señor resucitado, incluso cuando las tormentas de la vida amenazan con desbordarnos. Si nos mantenemos centrados en Él durante esas pruebas, también nosotros podremos compartir su paz y su descanso, por muy fuertes que soplen los vientos.

by Padre Patrick van der Vorst

 





martes, 2 de julio de 2024

Evangelio del día

 



Libro de Amós 3,1-8.4,11-12.

Escuchen esta palabra que el Señor pronuncia contra ustedes, israelitas, contra toda la familia que yo hice subir del país de Egipto:
Sólo a ustedes los elegí entre todas las familias de la tierra; por eso les haré rendir cuenta de todas sus iniquidades.
¿Van juntos dos hombres sin haberse puesto de acuerdo?
¿Ruge el león en la selva sin tener una presa? ¿Alza la voz el cachorro desde su guarida sin haber cazado nada?
¿Cae el pájaro a tierra sobre una trampa si no hay un cebo? ¿Salta la trampa del suelo sin haber atrapado nada?
¿Suena la trompeta en una ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Sucede una desgracia en la ciudad sin que el Señor la provoque?
Porque el Señor no hace nada sin revelar su secreto a sus servidores los profetas.
El león ha rugido: ¿quién no temerá? El Señor ha hablado: ¿quién no profetizará?
Yo les envié una catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, y ustedes fueron como un tizón salvado del incendio, ¡pero ustedes no han vuelto a mí! -oráculo del Señor-.
Por eso, mira cómo voy a tratarte, Israel; y ya que te voy a tratar así, prepárate a enfrentarte con tu Dios, Israel.


Salmo 5,5-6.7.8.

Tú no eres un Dios que ama la maldad;
ningún impío será tu huésped,
ni los orgullosos podrán resistir
delante de tu mirada.

Tu detestas a los que hacen el mal
y destruyes a los mentirosos.
¡Al hombre sanguinario y traicionero
lo abomina el Señor!

Pero yo, por tu inmensa bondad,
llego hasta tu Casa,
y me postro ante tu santo Templo
con profundo temor.


Evangelio según San Mateo 8,23-27.

Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron.
De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía.
Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: "¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!".
El les respondió: "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?". Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.
Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Carlos de Foucauld (1858-1916)
ermitaño y misionero en el Sahara
Meditación "Ocho días en Efrén", la tempestad apaciguada


¿Por qué tener miedo?

Hijos míos, pase lo que pase, recordad que yo estoy siempre con vosotros. Acordaros que, visible o invisible, despierto o dormido, vigilo siempre, estoy por todas partes, soy todopoderoso. No tengáis jamás ningún temor, ninguna inquietud: estoy ahí, vigilo, os amo, lo puedo todo... ¿Qué más hacer por vosotros?... Acordaros de estas tempestades, cuando erais tranquilizados con una palabra, haciendo suceder una gran calma. Tened confianza, fe, y coraje; acordaros sin inquietud por parte de vuestro cuerpo y vuestra alma, pues yo estoy ahí, todopoderoso y amándoos.
Pero que vuestra confianza no nazca de la dejadez, de la ignorancia de los peligros, ni de vuestra confianza o la de otras criaturas... Los peligros que corréis son inminentes; los demonios, enemigos fuertes y astutos, vuestra naturaleza pecadora y el mundo mismo os harán una guerra encarnizada. Y en esta vida, la tempestad es casi constante, y vuestra barca estás siempre cerca de zozobrar... Más no olvidéis, estoy ahí, contigo, ¡esta barca es insumergible! Desconfiad de todo, sobretodo de vosotros, pero tened una confianza total en mí que he desterrado toda inquietud.  (EDD)

Oración

"Quédate conmigo esta noche, Jesús; con todos los peligros de esta vida, Te necesito"

Quédate conmigo, oh Jesús,

porque el día empieza a morir y la vida pasa;

se acercan la muerte, el juicio y la Eternidad.

Es necesario que renueve mis fuerzas para no detenerme en el camino,

y para eso Te necesito a Ti.

Se hace tarde y se acerca la muerte,

y yo tengo miedo a la oscuridad.

Temo a las tentaciones, la sequedad, la cruz, los sufrimientos.

¡Oh, cuánto Te necesito, Jesús mío, en esta noche de exilio!

Quédate conmigo esta noche, Jesús; con todos los peligros de esta vida, Te necesito.

Permíteme reconocerte como lo hicieron Tus discípulos al partir el pan,

para que la Comunión sea luz que disperse las tinieblas,

la fuerza que me sostenga y el gozo de mi corazón.

Quédate conmigo, oh, Jesús, para que a la hora de mi muerte desee permanecer unido a Ti,

si no en la Comunión, al menos en gracia y amor.

Quédate conmigo, oh, Jesús; no Te pido consuelo divino, pues no lo merezco,

pero la gracia de Tu Presencia, oh, esa sí Te la pido.

Quédate conmigo, Jesús, porque solo a Ti, Te busco.

Tu Amor, Tu Gracia, Tu Corazón, Tu Espíritu,

porque Te amo y no pido más recompensa que la de amarte más y más.

Con un Amor firme Te amaré con todo mi corazón mientras viva

y seguiré amándote por toda la Eternidad.