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lunes, 29 de junio de 2026

León XIV: santos Pedro y Pablo, apóstoles y artífices de la unidad

En la misa de los apóstoles “pilares de la Iglesia”, el Papa reflexionó sobre la misión de Pedro y Pablo como “artífices de la unidad, servidores generosos de la verdad en la caridad”. En la ceremonia impuso el palio a 35 arzobispos metropolitanos.

En la Basílica vaticana el Papa León XIV celebró la misa de la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo, este lunes 29 de junio. Ceremonia en la que también bendijo e impuso los palios a los nuevos arzobispos. El Santo Padre reflexionó sobre la misión de los patronos de la ciudad y de la diócesis de Roma.

“Elegidos por Jesús, uno como pastor de su rebaño y el otro como apóstol de los gentiles. En ellos veneramos a dos pilares de la Iglesia”

Pedro, la comunión entre los hermanos

Recordando al apóstol Pedro, que como “custodio del Pueblo de Dios, aparece en numerosas ocasiones en el Nuevo Testamento comprometido con la preservación de la comunión entre los hermanos. Es él quien, en el lago de Galilea, tras una noche de trabajo aparentemente inútil, le dice al Maestro: «no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5)”.

Destaca la fidelidad del apóstol en su misión, pero “no significa que Pedro sea perfecto”, dijo el Papa. “Durante la Pasión, niega al Maestro, para luego derramar lágrimas sinceras de arrepentimiento (cf. Lc 22,54-62)”.

“No obstante, sabe reconocer sus propios errores y arrepentirse, sin desanimarse y sin dejar de cumplir con la misión de anunciar el Evangelio y reunir al rebaño de Cristo, hasta el martirio, que sufre precisamente aquí, en Roma, no muy lejos del lugar en el que nos encontramos”, afirma el Santo Padre.

Las llaves de la comunión

El Papa presenta esta fidelidad en el símbolo de las llaves que abren y cierran puertas, no las derriban: “del mismo modo, la comunión, en la Iglesia, no se construye endureciéndose en las propias posiciones, sino buscando, en los corazones de todos, los puntos de encuentro en la Verdad, a cuya única luz todos se convierten en instrumentos de crecimiento para los demás”, dijo.

Así la misión de Pedro la interpreta León XIV, “en beneficio de todo el Pueblo santo de Dios: escuchar, con su ayuda, las voces de cada uno; discernir las inspiraciones; guiar los caminos; corregir los errores; instruir, animar, exhortar y acompañar a los hermanos para que, dóciles a la acción del mismo Espíritu (cf. 1 Co 12,1-11), cooperen en la salvación unos de otros y de toda la humanidad”.

Pablo, anunciador de la Buena Nueva

Luego destaca también la enseñanza del apóstol Pablo, “incansable anunciador de la Buena Nueva. Él también tiene sus símbolos distintivos: el libro y la espada, estrechamente unidos entre sí. El autor de la Epístola a los Hebreos, lo explica bien cuando escribe que, «la palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo», capaz de penetrar «hasta el punto donde se dividen alma y espíritu» y de discernir «los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12)”.

“El Apóstol de los gentiles se dejó transformar por el poder de la Palabra de Dios, que lo alejó de la violencia para conducirlo por el camino del amor”, dijo.

León XIV cita el comentario de San Agustin sobre la conversión y misión de Pablo: “Hizo predicador de la paz al perseguidor de la Iglesia, perdonó todos sus pecados, lo puso en un puesto tal, que por medio de su persona quedasen perdonados los de los otros”

“Queridos hermanos, hoy es importante fijarnos en estos dos santos —Pedro y Pablo— para comprender cómo podemos ser, también nosotros como ellos, apóstoles y artífices de la unidad, servidores generosos de la verdad en la caridad”

El compromiso de todo pastor

Así el Papa refiere que con este espíritu con el que nos disponemos a celebrar el antiguo y evocador rito de la entrega de los palios a los arzobispos metropolitanos: “Esta banda de lana blanca adornada con cruces expresa el compromiso de todo pastor —pero también el de todo cristiano— de llevar sobre sus hombros a los hermanos y hermanas que le han sido confiados”.

También el Papa dirigió un saludo a los miembros de la Delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, “enviada por nuestro muy querido hermano Su Santidad Bartolomé y encabezada por Su Eminencia Emmanuel, metropolitano de Calcedonia”.

Concluyó el Papa pidiendo “a los santos Pedro y Pablo para que nos sostengan en el camino de la comunión, siguiendo las huellas del Salvador. Es el camino que Él nos ha marcado, aquello por lo que oró al Padre en la Última Cena (cf. Jn 17,21-23), la meta que nos ha enseñado a anhelar con esperanza confiada”

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

Evangelio del día - Solemnidad de San Pedro y San Pablo: Los católicos en el Perú vamos hoy a Misa


 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 12,1-11.

Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos.
Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan,
y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de "los panes Acimos".
Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua.
Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.
La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre dos soldados, atado con dos cadenas, y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión.
De pronto, apareció el Angel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Angel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: "¡Levántate rápido!". Entonces las cadenas se le cayeron de las manos.
El Angel le dijo: "Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias" y Pedro lo hizo. Después le dijo: "Cúbrete con el manto y sígueme".
Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Angel, sino que creía tener una visión.
Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Angel se alejó de él.
Pedro, volviendo en sí, dijo: "Ahora sé que realmente el Señor envió a su Angel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío".


Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9.

El Señor me libró de todos mis temores.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.

Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en El se refugian!


Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 4,6-8.17-18.

Querido hermano:
Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima:
he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe.
Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su Manifestación.
Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.


Evangelio según San Mateo 16,13-19.

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".
Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".
"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Bernardo (1091-1153)
monje cisterciense y doctor de la Iglesia
3 Sermón para la Fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo


«Yo soy el menor de los apóstoles; no es mérito mío, llevar este nombre» (1Co 15,19)

Es con razón, hermanos, que la Iglesia aplica a los apóstoles San Pedro y San Pablo estas palabras del sabio: "Son hombres de misericordia, cuyos beneficios no caen en el olvido; los bienes que dejaron a la posteridad siguen existiendo» (Sb 44,1-11). Sí, bien podemos llamarlos hombres de misericordia: porque han obtenido misericordia para ellos mismos, porque están llenos de misericordia, y porque es en su misericordia que Dios nos los ha dado.
Ved, en efecto, qué misericordia han obtenido. Si interrogáis a san Pablo sobre este punto..., él os dirá de sí mismo: "Yo empecé siendo un blasfemo, un perseguidor; pero he obtenido misericordia de Dios" (1Tm 1,13). En efecto, ¿quién no conoce todo el mal que hizo a los cristianos de Jerusalén...e incluso en toda Judea?... En lo que toca a san Pedro, tengo otra cosa que deciros, pero una cosa tan sublime, que es única. En efecto, si Pablo ha pecado, lo ha hecho sin saberlo, ya que no tenía la fe; Pedro, por el contrario, tenía los ojos bien abiertos en el momento de su caída (Mt 26, 69s). "Pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» (Rm 5,20)... Si san Pedro ha podido ascender a un grado tal de santidad después de haber sufrido una caída tan fuerte ¿quién podrá ahora desesperarse, por poco que quiera salir también de sus pecados? Observad lo que dice el Evangelio: «Salió y lloró amargamente» (v. 75)...
Habéis visto qué misericordia obtuvieron los apóstoles, y ahora ¿quién no será absuelto de sus faltas pasadas como lo fueron antes? ... Si has pecado, ¿Pablo no ha pecado antes? Si has tenido una caída, Pedro ¿no hizo una más profunda que tú? Sin embargo, uno y otro, haciendo penitencia, no sólo obtuvieron la salvación sino que han llegado a ser grandes santos, e incluso se han convertido en los ministros de la salvación, los maestros de la santidad. Haz tú del mismo modo, hermano, ya que es por ti que la escritura los llama "los hombres de misericordia».
(EDD)

Reflexión sobre el cuadro

Hoy celebramos la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, dos gigantes de nuestra fe cristiana, dos pilares de la Iglesia primitiva cuyas misiones y temperamentos distintos contribuyeron a dar forma al cristianismo tal y como lo conocemos. La tradición de honrarlos juntos el 29 de junio se remonta al menos al año 258 d. C., dando testimonio de su martirio compartido en Roma y de su papel fundamental en el crecimiento de la Iglesia. Pedro representa la estabilidad, la tradición y la autoridad eclesial: la “roca” sobre la que Cristo edificó su Iglesia. Pablo, el antiguo perseguidor convertido en misionero, encarna el celo misionero y el valor evangélico de la Iglesia. Juntos revelan la plenitud del Evangelio: Pedro nos afianza en la unidad y la fidelidad a Cristo, y Pablo nos impulsa hacia fuera en la proclamación, la conversión y la misión. Como observó bellamente el papa Benedicto XVI: “La tradición cristiana siempre ha considerado a San Pedro y a San Pablo inseparables: de hecho, juntos representan todo el Evangelio de Cristo”. Por eso los celebramos juntos cada año.

El cuadro de El Greco, que actualmente se encuentra en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, retrata a los dos santos con una sencillez notable. Pedro aparece sosteniendo las llaves del Reino, mientras que Pablo empuña la espada de la Palabra de Dios y su martirio. Sin embargo, el detalle más revelador son sus manos: la mano de Pablo descansa suavemente sobre la de Pedro. Es un símbolo sutil pero poderoso de unidad. Aunque muy diferentes en carácter y vocación, no se les muestra como rivales, sino como hermanos, unidos en una misma misión. La Iglesia siempre necesita a ambos: la estabilidad de Pedro y el dinamismo de Pablo. El Greco nos recuerda que el Evangelio florece cuando estos dones trabajan juntos, codo con codo... ¡literalmente!

A la mayoría de los apóstoles y santos se les honra individualmente, pero la Iglesia celebra a Pedro y Pablo en una única fiesta solemne, no para restar importancia a su individualidad, sino para ensalzar su misión compartida. No existe una fiesta de San Pedro como tal; tampoco hay una fiesta de San Pablo (aparte de la celebración de su conversión). Los celebramos juntos, lo que nos dice mucho sobre cómo la Iglesia quiere que veamos a estos santos. Es una fiesta no solo de recuerdo, sino de unidad.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

¡Oh santos apóstoles Pedro y Pablo! Yo os elijo hoy y para siempre por mis especiales protectores y abogados; y me alegro humildemente tanto con Vos, san Pedro, príncipe de los Apóstoles, porque sois la piedra sobre la cual edificó Dios su Iglesia; como con Vos, san Pablo, escogido por Dios para vaso de elección y predicador de la verdad en todo el mundo. Alcanzadme, os suplico, una fe viva, una esperanza firme y una caridad perfecta; atención en el orar, pureza de corazón, recta intención en las obras, diligencia en el cumplimiento de las obligaciones de mi estado, constancia en los propósitos, resignación a la voluntad de Dios y perseverancia en la divina gracia hasta la muerte; para que mediante vuestra intercesión y vuestros méritos gloriosos, pueda vencer las tentaciones del mundo, del demonio y de la carne, me haga digno de presentarme ante el supremo y eterno pastor de almas Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos, para gozarle y amarle eternamente. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.  

(Devocionario.com)

domingo, 28 de junio de 2026

San Pedro y San Pablo: Dos hombres, una misma fe y una misión que sigue viva 2,000 años después

 

San Pedro y San Pablo

No compartían el mismo carácter, ni el mismo oficio, ni siquiera el mismo camino hasta encontrarse con Cristo. Uno era un pescador impulsivo de Galilea; el otro, un brillante intelectual que persiguió a los primeros cristianos. Sin embargo, ambos terminaron entregando su vida por el Evangelio y cambiando para siempre la historia del mundo. Cada 29 de junio, la Iglesia celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, los dos grandes apóstoles sobre los que se cimentó la expansión del cristianismo y cuya huella sigue viva dos mil años después.

“La tradición cristiana siempre ha considerado a San Pedro y San Pablo como inseparables: juntos representan todo el Evangelio de Cristo”.

Hay pocas festividades en el calendario litúrgico que posean la fuerza histórica, espiritual y simbólica de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo. Cada 29 de junio, millones de católicos en todo el mundo vuelven la mirada hacia estos dos gigantes de la fe cristiana, tan distintos entre sí y, sin embargo, unidos para siempre por una misma misión: anunciar a Jesucristo hasta entregar la propia vida.  Pedro fue el pescador de Galilea al que Jesús confió las llaves del Reino. Pablo, el antiguo perseguidor de cristianos que se convirtió en el mayor evangelizador de la historia de la Iglesia. Uno representa la firmeza de la fe; el otro, el impulso misionero. Juntos son considerados las dos grandes columnas sobre las que se edificó la Iglesia naciente. ¡“La tradición cristiana siempre ha considerado a San Pedro y San Pablo como inseparables: juntos representan todo el Evangelio de Cristo”.


Dos caminos completamente distintos hacia la santidad

Simón Pedro era un humilde pescador del lago de Galilea cuando Jesús lo llamó para seguirle. Aquel encuentro cambió para siempre la historia del cristianismo. Cristo no sólo lo incorporó al grupo de los Doce, sino que le otorgó una misión única: ser la roca visible sobre la que edificaría su Iglesia. El propio Jesús cambió su nombre de Simón a Pedro —que significa precisamente “roca”— y le entregó las llaves del Reino de los Cielos.  Pedro conoció tanto la grandeza como la fragilidad. Caminó sobre las aguas, confesó que Jesús era el Mesías, pero también lo negó tres veces durante la Pasión. Sin embargo, después de la Resurrección recibió el perdón del Señor y se convirtió en el primer Papa de la historia.


Del perseguidor al apóstol de los gentiles

La historia de Pablo parece sacada de una novela. Nacido en Tarso con el nombre de Saulo, fue uno de los perseguidores más activos de los primeros cristianos. Convencido de que defendía la fe judía, participó en la represión de las nacientes comunidades cristianas. Todo cambió durante su viaje a Damasco. Allí tuvo un encuentro decisivo con Cristo resucitado que transformó radicalmente su vida.  A partir de ese momento dedicó todas sus energías a anunciar el Evangelio. Recorrió miles de kilómetros por el Mediterráneo, fundó comunidades cristianas, escribió algunas de las páginas más importantes del Nuevo Testamento y llevó el mensaje de Cristo a pueblos que jamás habían oído hablar de Él.  Su labor fue tan decisiva que la Iglesia lo conoce como el “Apóstol de los Gentiles”.


La sangre que cimentó la Iglesia

Aunque sus personalidades eran muy diferentes, Pedro y Pablo acabaron encontrándose en Roma. Allí desarrollaron los últimos años de su ministerio y allí también entregaron la vida durante la persecución desencadenada por el emperador Nerón tras el incendio de la ciudad en el año 64. La tradición sostiene que Pedro fue crucificado y que pidió morir cabeza abajo por no considerarse digno de hacerlo como Cristo. Pablo, al ser ciudadano romano, fue decapitado.  Sus martirios no ocurrieron necesariamente el mismo día, pero la Iglesia los recuerda juntos porque ambos dieron el testimonio supremo de la fe en la misma ciudad y en el mismo contexto histórico.  Su sangre derramada en Roma es considerada por la tradición cristiana como una de las raíces más profundas de la Iglesia universal.


¿Por qué la Iglesia los celebra juntos?

La celebración conjunta de San Pedro y San Pablo es una de las más antiguas del cristianismo.Existen testimonios que indican que ya en los primeros siglos los fieles de Roma recordaban a ambos apóstoles en una misma festividad. La tradición ha querido ver en ellos una imagen perfecta de la complementariedad dentro de la Iglesia: Pedro representa la unidad y el gobierno pastoral; Pablo, el dinamismo misionero y la expansión del Evangelio.

San Agustín resumió magistralmente esta realidad al afirmar que ambos “eran una sola cosa”, aunque hubieran sufrido el martirio en momentos distintos.


La gran fiesta de Roma y de toda la Iglesia

La Solemnidad de San Pedro y San Pablo tiene una especial importancia para la Iglesia de Roma. Cada año el Papa preside una solemne celebración en la Basílica de San Pedro y entrega el palio a los nuevos arzobispos metropolitanos nombrados durante el año anterior. Esta prenda litúrgica simboliza la comunión especial de estos obispos con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal.  La jornada suele concluir también con actos de oración en la Basílica de San Pablo Extramuros, construida sobre el lugar donde la tradición sitúa la tumba del Apóstol de los Gentiles.  Además, esta fecha está vinculada tradicionalmente al Óbolo de San Pedro, la colecta destinada a sostener las obras caritativas y pastorales del Papa en todo el mundo.


Dos modelos para el cristiano de hoy

Dos mil años después, la vida de estos apóstoles sigue interpelando a millones de creyentes.

Pedro recuerda que Dios puede construir grandes obras incluso sobre personas frágiles y llenas de limitaciones. Pablo demuestra que nadie está tan lejos de Dios como para no poder cambiar radicalmente de vida. Ambos enseñan que la santidad no consiste en no equivocarse nunca, sino en responder con generosidad a la llamada de Cristo.  Su ejemplo continúa inspirando a cristianos de todas las culturas y generaciones, recordando que el Evangelio sigue teniendo la fuerza de transformar vidas y de cambiar el mundo.


Dos nombres inseparables

Cuando la Iglesia celebra a San Pedro y San Pablo no está recordando simplemente a dos figuras históricas. Está celebrando la fidelidad de quienes entregaron todo por Cristo, la valentía de quienes anunciaron el Evangelio en medio de persecuciones y la unidad de una Iglesia que sigue apoyándose sobre el testimonio de aquellos primeros apóstoles.  Pedro y Pablo fueron muy diferentes. Uno era pescador; el otro, intelectual. Uno conoció a Jesús desde el principio; el otro se encontró con Él después de la Resurrección. Uno recibió las llaves del Reino; el otro llevó el Evangelio hasta los confines del mundo conocido. Pero ambos comprendieron la misma verdad: que Cristo merecía ser anunciado hasta el final. “Sobre Pedro y Pablo descansa buena parte de la historia del cristianismo. Dos hombres distintos, una misma fe y una misión que sigue viva veinte siglos después”.


EWTN

Sucesor de San Pedro




domingo, 29 de junio de 2025

Solemnidad de San Pedro y San Pablo - ¿No sería muchísimo mejor escuchar con la familia el Evangelio proclamado en la Santa Misa presencial?

 


Libro de los Hechos de los Apóstoles 12,1-11.

Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos.
Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan,
y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de "los panes Acimos".
Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua.
Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él.
La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre dos soldados, atado con dos cadenas, y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión.
De pronto, apareció el Angel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Angel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: "¡Levántate rápido!". Entonces las cadenas se le cayeron de las manos.
El Angel le dijo: "Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias" y Pedro lo hizo. Después le dijo: "Cúbrete con el manto y sígueme".
Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Angel, sino que creía tener una visión.
Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Angel se alejó de él.
Pedro, volviendo en sí, dijo: "Ahora sé que realmente el Señor envió a su Angel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío".

Salmo 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.

Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en El se refugian!

Segunda Carta de San Pablo a Timoteo 4,6-8.17-18.

Querido hermano:
Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima:
he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe.
Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su Manifestación.
Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.
El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Evangelio según San Mateo 16,13-19.

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".
Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".
"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?".
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Pablo VI
papa 1963-1978
Exhortación sobre la alegría cristiana, l975


“Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.”

    En este Año Santo nos os hemos invitado a cumplir, materialmente o en espíritu y por la intención, un peregrinaje a Roma, al corazón de la Iglesia católica. Con todo, es demasiado evidente que  Roma no constituye el término de nuestro peregrinaje en el tiempo. Ninguna ciudad santa de aquí abajo es nuestra meta. Ésta está oculta más allá de este mundo, en el corazón del misterio de Dios, todavía invisible para nosotros... Para los apóstoles Pedro y Pablo, Roma ha sido este término, donde los santos han derramado su sangre como último testimonio.
    La vocación de Roma estriba de los apóstoles; el ministerio que nos toca ejercer desde aquí es un servicio a favor de la Iglesia universal e incluso de toda la humanidad. Es un servicio irremplazable, ya que, según el beneplácito de su sabiduría, Dios colocó Roma, la ciudad de Pedro y de Pablo en el itinerario que conduce a la Ciudad Eterna, porque confió a Pedro las llaves del Reino de los cielos. Pedro unifica en su persona el colegio de todos los obispos. Lo que queda aquí en Roma, no por la voluntad del hombre, sino por una providencia libre y misericordiosa del Padre, del Hijo y del Espíritu, es la “solidez de Pedro”, como la define San León Magno: Pedro no cesa de ocupar su sede; conserva una participación plena en el ministerio de Cristo, Soberano Pontífice. La estabilidad propia de la piedra que él ha recibido de la piedra angular que es Cristo (1Cor 3,11), una vez establecido como Pedro-Piedra, (Mt 16,16) la transmite a todos sus sucesores.  (EDD)

Reflexión sobre el icono cretense

Hoy celebramos la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, dos gigantes de nuestra fe cristiana, dos pilares de la Iglesia primitiva, cuyas distintas misiones y temperamentos contribuyeron a configurar el cristianismo tal como lo conocemos. La tradición de honrarlos juntos el 29 de junio se remonta al menos al año 258 d.C., como testimonio de su martirio común en Roma y de su papel fundamental en el crecimiento de la Iglesia.

Nuestro icono del siglo XV, pintado en Creta, representa un abrazo profundamente simbólico entre los apóstoles Pedro y Pablo. Este tema fue poco frecuente en el arte bizantino hasta mediados del siglo XV, cuando empezaron a florecer las representaciones de los dos santos juntos. Es probable que este cambio artístico refleje las esperanzas ecuménicas del Concilio de Ferrara-Florencia (1438-1439), que pretendía sanar el cisma entre las Iglesias oriental y occidental. Estos iconos revelan cómo la imagen de Pedro y Pablo unidos se utilizó como un poderoso signo de reconciliación y unidad.

En nuestro icono, Pedro aparece a la izquierda y Pablo a la derecha. Pedro representa la estabilidad, la tradición y la autoridad eclesial: "la roca" sobre la que Cristo edificó su Iglesia. Pablo, el antiguo perseguidor convertido en misionero, encarna el celo misionero y la profundidad teológica de la Iglesia. Juntos, personifican la plenitud del Evangelio: Pedro, que nos fundamenta en la unidad y en una sólida fidelidad a Cristo, y Pablo, que nos impulsa hacia el anuncio, la valentía y la conversión. Como dijo tan bellamente el Papa Benedicto XVI "La tradición cristiana siempre ha considerado inseparables a San Pedro y San Pablo: juntos representan todo el Evangelio de Cristo.."

La mayoría de los apóstoles y santos son honrados individualmente, pero la Iglesia coloca a Pedro y Pablo en una única fiesta solemne, no para disminuir su individualidad, sino para magnificar su misión compartida. No hay una fiesta separada de San Pedro como tal; tampoco hay una fiesta de San Pablo (aparte de celebrar su conversión). Los celebramos juntos, lo que nos dice mucho sobre cómo la Iglesia quiere que veamos a estos santos. Es una fiesta no sólo de recuerdo, sino de unidad: unidad de doctrina y de misión, de fe y de obras, de autoridad y de carisma.

by Padre Patrick van der Vorst

Reflexión   ¿Quién es Jesús?