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martes, 19 de mayo de 2026

El mensaje de León XIV sobre la lucha contra las drogas

León XIV habló sobre la lucha contra el narcotráfico, la prevención, rehabilitación y reinserción a la sociedad de víctimas y traficantes. Además, animó a los representantes de 40 países a una "lucha seria y urgente contra el flagelo de las drogas ilícitas"

"La verdadera justicia no puede satisfacerse solo con el castigo", declaró León XIV a los parlamentarios reunidos en una cumbre sobre el narcotráfico, recibida en el Vaticano el 15 de mayo de 2026. Abogando por una "lucha seria y urgente contra el flagelo de las drogas ilícitas", rechazó tanto las "medidas puramente represivas" como las "soluciones permisivas".

I.Media, Aleteia

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domingo, 4 de agosto de 2024

Para que tu familia sea (más) feliz

Invitamos a los matrimonios y a personas interesadas en una familia feliz, a leer y asimilar pasajes de la Exhortación pontifical 'Amoris laetitia' del Papa Francisco.


 

Algunos desafíos: (Dis)Función Educativa, Drogadicción, Violencia Familiar

50. Las respuestas recibidas a las dos consultas efectuadas durante el camino sinodal, mencionaron las más diversas situaciones que plantean nuevos desafíos. Además de las ya indicadas, muchos se han referido a la función educativa, que se ve dificultada, entre otras causas, porque los padres llegan a su casa cansados y sin ganas de conversar, en muchas familias ya ni siquiera existe el hábito de comer juntos, y crece una gran variedad de ofertas de distracción además de la adicción a la televisión. Esto dificulta la transmisión de la fe de padres a hijos. Otros indicaron que las familias suelen estar enfermas por una enorme ansiedad. Parece haber más preocupación por prevenir problemas futuros que por compartir el presente. Esto, que es una cuestión cultural, se agrava debido a un futuro profesional incierto, a la inseguridad económica, o al temor por el porvenir de los hijos.

51. También se mencionó la drogodependencia como una de las plagas de nuestra época, que hace sufrir a muchas familias, y no pocas veces termina destruyéndolas. Algo semejante ocurre con el alcoholismo, el juego y otras adicciones. La familia podría ser el lugar de la prevención y de la contención, pero la sociedad y la política no terminan de percatarse de que una familia en riesgo «pierde la capacidad de reacción para ayudar a sus miembros [...] Notamos las graves consecuencias de esta ruptura en familias destrozadas, hijos desarraigados, ancianos abandonados, niños huérfanos de padres vivos, adolescentes y jóvenes desorientados y sin reglas»[38]. Como indicaron los Obispos de México, hay tristes situaciones de violencia familiar que son caldo de cultivo para nuevas formas de agresividad social, porque «las relaciones familiares también explican la predisposición a una personalidad violenta. Las familias que influyen para ello son las que tienen una comunicación deficiente; en las que predominan actitudes defensivas y sus miembros no se apoyan entre sí; en las que no hay actividades familiares que propicien la participación; en las que las relaciones de los padres suelen ser conflictivas y violentas, y en las que las relaciones paterno-filiales se caracterizan por actitudes hostiles. La violencia intrafamiliar es escuela de resentimiento y odio en las relaciones humanas básicas»[39].

De la Exhortación ‘Sobre el Amor en la Familia (Capítulo II:  REALIDAD Y DESAFÍOS DE LAS FAMILIAS )





domingo, 2 de octubre de 2022

Pornografía: algo muy sencillo que puede ayudarte a vencer la adicción

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Reconectarse con el cuerpo es la clave para combatir cualquier tipo de adicción. ¿Cómo empezar?

La comparación puede ser simple, pero funciona: la adicción tiene el mismo efecto en quienes la padecen que una espina en el costado. En otras palabras: es una distracción constante y, a la larga, duele mucho.

Al poner una pequeña piedra en tu bolsillo, introduces un nuevo mecanismo para ayudar a superar la adicción. Esta piedra, de hecho, es una herramienta para que vuelvas a conectarte contigo mismo.

Hay muchas razones por las que una persona puede caer en una adicción conductual, como la pornografía, la masturbación, etc. Por ejemplo, podemos enumerar: falta de motivación, baja autoestima, baja autoconfianza, falta de identidad, vergüenza, culpa, dificultad para controlar las emociones, un vínculo de apego insuficiente y traumas o abusos pasados.

Sin embargo, independientemente de la causa, existe una característica principal de la adicción: la desconexión del propio cuerpo.

La adicción y el cuerpo

Nunca es el propio cuerpo el que provoca los actos compulsivos, incluidos los relacionados con la sexualidad.

El único órgano responsable de esto es el cerebro, debido a pensamientos inadaptados y obsesivos, sobre los que perdemos el control y al que nos sometemos.

El cuerpo no es el enemigo. No nos pide nada excepto que lo cuidemos. En el proceso de recuperar el control sobre nosotros mismos, nuestro cuerpo es un aliado, un apoyo sólido.

Reconectarte con tu cuerpo significa conectarte a tierra en el aquí y ahora, y regresar a la realidad.

Esta práctica tiene varios efectos positivos: corta la anticipación malsana de la «recompensa» adictiva, desvía la atención de tus pensamientos, ayuda a que tu cerebro se apague y finalmente calma las funciones corporales que pueden verse abrumadas por las emociones y la excitación (corazón, respiración, estómago, parte inferior del abdomen).

Cómo practicar la reconexión corporal

Cada uno de nosotros puede practicar esta reconexión en nuestra vida diaria como medida preventiva o curativa. Para ello, necesitamos pensar en nuestra respiración (inhalar, exhalar) de manera más consciente, ser conscientes de nuestras sensaciones internas y, finalmente, debemos ponernos en estado de receptividad con uno de nuestros cinco sentidos.

Es precisamente este último el que practicamos cuando nos metemos un guijarro en el bolsillo. Cada vez que nos damos cuenta de su presencia, en cualquier lugar y en cualquier momento, podemos decidir centrar nuestra atención en este objeto.

Con nuestro sentido del tacto, en primer lugar: ¿cuál es su forma, su peso, su textura? Pero también con los otros sentidos.  

Por supuesto, este simple ejercicio por sí solo no es suficiente. Liberarse de una adicción requiere un trabajo profundo y a largo plazo en todas las dimensiones de la persona: mental, emocional, física, conductual y espiritual. Pero tener una piedra en el bolsillo te permite avanzar más fácilmente. ¡Después de todo, la libertad y el amor no esperarán para siempre!

¿Por qué nuestras oraciones deben ser cortas? San Benito lo explica

Tanguy Lafforgue. Terapeuta y coach especializado en el acompañamiento de la pornodependencia. Es autor del libro «Délivré! 10 étapes pour arrêter la pornographie».

Tanguy Lafforgue, Aleteia 

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miércoles, 6 de abril de 2022

Enfadada con Dios, bebía mucho, pero se hacía preguntas... y en la ducha Dios cambió su vida


 


Julissa Navarrete es peruana, una limeña de 27 años que todo lo hace con radicalidad, también lo referente a la vida espiritual, según confiesa entrevistada en Cambio de Agujas, el programa de testimonios de HM Televisión.

Aunque la bautizaron de niña, su familia nunca la llevó a misa. La única persona católica en su infancia era uno de sus abuelos, que sí iba a misa cada domingo.

Julissa hizo la primera comunión después de recibir una sola sesión de catequesis infantil ("recuerdo que cantamos, y a la semana siguiente ya era la ceremonia"). También recuerda que de niña le gustaba ver películas sobre Jesús en Semana Santa. Fuera de esto, no recibió formación religiosa.

Enfadada con Dios: "Aléjate de mi vida"

En su adolescencia, murió su abuela, que era un ancla importante en su vida, "era prácticamente mi mamá, la que me preguntaba por el colegio, qué tal el día..."

Enfadada con Dios, recuerda haberle dicho en el hospital, al recibir la noticia: "Dios mío, me has quitado a mi abuela. No quiero saber nada más de ti, aléjate de mi vida".

Pasó a beber mucho y llevar una vida muy desordenada.

Y, sin embargo, casi cada noche, rezaba un Padrenuestro, un Avemaría y daba gracias (a nadie en especial) por el día. Era un hábito que a ella misma le asombraba pero que siempre mantuvo.

Pensamientos de muerte con la droga

Bebía mucho, pero no tomaba drogas debido a una experiencia que tuvo con la marihuana. La única vez que la probó, por insistencia de sus amigos, fue en un puerto. Alterada por la droga, miró el agua desde el malecón y pensó: "¿Qué pasaría si me aviento [me tiro, me arrojo] ahorita?" De inmediato le vino otro pensamiento: "Pues te mueres".

Dejó de mirar al agua y se fue a casa. Asustada, entendió que la droga era muy peligrosa y se mantuvo alejada de ella. Hoy cree que fue Dios quien la salvó en aquel momento.

Durante varios años estuvo cambiando de estudios, que iniciaba con pasión y con igual pasión abandonaba para dedicarse a otros. Sus amigos, compañeros de estudios y de trabajos, eran bebedores, completamente mundanos, volcados en la noche y sin ninguna relación con la fe.

Julissa en su época de fiesta y alcohol

Sólo una amiga suya, compañera de instituto, era católica.

- Estoy muy mal, mis padres no me entienden, todo es un asco -lloraba Julissa un día, bastante bebida, ante su amiga cristiana.

Un rato después, la amiga le envió un mensaje: "En mi casa, cuando alguien se siente triste, nosotros rezamos por esa persona."

Julissa leyó el mensaje y se mofó por dentro: "Ja, vete a rezarle a otra". Ella no quería oraciones, ella era fuerte, estaba bien... a ratos.

Confinada en la pandemia

Al poco de empezar la pandemia de coronavirus, Julissa, en su confinamiento, se volcaba en hacer ejercicio físico (más de dos horas al día) y mucha dieta.

Agotada tras sus ejercicios, se sentaba y pensaba. ¿Qué hacer con la vida, qué hacer con la libertad? ¿A qué dedicar esfuerzos? ¿Dónde está la felicidad? Estos pensamientos la asaltaron durante semanas. "Yo buscaba algo. Creo que sabía que era Dios pero me negaba a aceptarlo".

Un día retomó el contacto con su amiga católica y le planteó algunas de sus preguntas sobre el sentido de la vida.

- Yo tengo un PDF con pensamientos de la Madre Teresa de Calcuta. Si quieres te lo paso -dijo la amiga.

Pero pasaban los días y el PDF no llegaba. Julissa esperaba ansiosa pero no quería demostrar que estaba tan interesada. "Yo no soy religiosa ni católica", se decía.

Lágrimas en la ducha: el día que todo cambió

Un día, estaba duchándose cuando, de repente, como movida por un impulso, Julissa dijo, aún bajo el agua:

- Señor, aléjame de todos los que me alejan de ti, y acércame a todos los que me acercan a ti.

Y se puso a llorar. Al salir de la ducha, escuchó una notificación en el móvil.

"Supe que era el Señor. Me dije: 'Señor... ¿tan rápido?'", se ríe Julissa al recordarlo.

Era su amiga católica.

- Oye, no me mandaste el PDF - le recordó Julissa.
- ¿Cuál? Ah... mira, yo no pensaba enviarlo a alguien que, bueno, que no lo va a leer -dijo ella.
- Es que yo te lo pido...
- Vale, yo te lo paso.
- Y quiero leer la Biblia.
- Es un punto de inicio muy bueno -dijo su amiga, probablemente desconcertada.
- Ya. Pero es que no tengo Biblia...
- La puedes encontrar online.

La amiga le indicó unas páginas "y desde ese día ya nunca dejé de leer la Biblia", asegura

"Me levantaba, desayunaba, leía la Biblia en el celular, leía, leía, leía mañana, tarde y noche. Sólo salía para lo necesario", recuerda.

Su madre lo vio y se burló: "Qué loca", dijo. "Pero yo sabía que estaba haciendo algo muy bueno", recuerda ella. Se lo comentó a su padre y él sí la felicitó y animó.

"Yo tenía una gran sed por el Señor. Lo paralicé todo, el trabajo, los estudios..." Hizo unos cursos online sobre la fe, rapidísimos. Quería averiguar lo que Dios pedía, lo que Dios enseñaba.

Se puso a leer el Antiguo Testamento, autodidacta: si leía que se prohibía el cerdo, dejaba de comer cerdo. Si veía que ya no importaban los alimentos, cambiaba de dieta.

Volcada en este estudio, se cumplió lo que había pedido en la ducha: "aléjame de los que me alejan de ti". Dejó de verse con sus amigos bebedores y dejó de seguirles por Facebook: no le podían aportar nada sobre Dios. Se volcó en seguir páginas católicas en Internet.

Un sueño con la Virgen

Vio una web que decía: "Conságrate a Jesús por María", con una oración. Decidió hacerlo el 13 de mayo, la fecha más cercana, sin saber de su conexión con Fátima. A las 3 de la madrugada de ese 13 de mayo tuvo un sueño.

"Soñé que estaba con muchos jóvenes desconocidos. Sentí una presencia muy fuerte y una mirada. Miré hacia el Cielo. Estaba la Virgen, que me miraba y me sonrió. Yo grité: '¡es la Virgen, es la Virgen!' Pero nadie hacía caso. Pensé: 'haré una foto con el celular y se la enseñaré a todos'. Pero alguien me agarró las manos y entonces desperté".

Al despertar, sintió en ella un gran amor por la Virgen. Hizo su consagración "online", recibió un e-mail que la felicitaba. "Yo no tenía a nadie con quien hablar de la fe, sólo a Dios, y ahora a la Virgen", recuerda.

Más adelante vio fotos de la Virgen de Fátima: "Esa es la Virgen con la que yo soñé", se asombró al darse cuenta. Y aprendió, impactada, que el 13 de mayo es la fiesta de esta advocación.

Discernir la vocación

Ahora Julissa, aún impulsada por ese deseo de entregarse a Dios, está en España en un proceso de discernimiento con las Siervas del Hogar de la Madre. "Ahora tengo a Dios en mi vida, y es lo único que quiero", asegura.

P.J.G., ReL

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lunes, 25 de octubre de 2021

Fiesta, drogas, la espiritualidad falsa del reiki... hasta que una amiga la animó a rezar

El ejemplo de un joven que iba a misiones también tocó su mente y corazón


Tras una vida inquieta y en búsqueda de respuestas, encontró en Dios
 la paz, felicidad, y las respuestas que siempre había buscado.

Tras pasar gran parte de su vida alejada de la fe, Catarina cayó enferma mientras estudiaba la carrera de Trabajo Social. Desorientada, comenzó a explorar el Reiki y otras terapias buscando la sanación.

Una amiga le ayudó a descubrir las respuestas a grandes preguntas existenciales que la perseguían y a encontrar el verdadero sentido de su vida con un consejo poderoso: rezar.

Drogas, fiesta y sin fe: "No tenía paz ni tranquilidad"

Nacida en Oporto (Portugal), Catarina cuenta en el portal del Opus Dei que pasó una adolescencia “inquieta, metida en drogas y en las noches de fiesta. Fue un periodo en que no tenía ni paz ni tranquilidad”.

Buscando centrarse, se fue a vivir a las islas Azores. “Estuve dos meses trabajando, pero enfermé y tuve que regresar a Oporto”, explica.

La enfermedad le sirvió para “cambiar el rumbo de vida”, pero no en la dirección que necesitaba.

“Retomé mis estudios de Trabajo Social para trabajar en la profesión que hoy tengo –desde hace años, ayuda a personas sin recursos de las calles de Portugal– conocí a mi amiga Mariana y empecé a buscar un sentido a la vida en las terapias alternativas”.

El reiki no llenaba su vacío

“Tomaba diferentes medicamentos, practicaba terapias como el reiki e incluso iba a clubes nocturnos”, explica.

El reiki es una práctica pseudoespiritual que asegura hacer "fluir" una "energía espiritual" (indetectable e indemostrable) capaz de curar física y emocionalmente a las personas. A partir de ciertos niveles implica la invocación de entidades espirituales a los que llama "maestros ascendidos". Es incompatible con la espiritualidad cristiana: o es superstición (en los niveles bajos) o es trato con entidades demoníacas (en los niveles altos).  [Más sobre el reiki aquí en ReL] 

Pero Catarina cuenta que estas experiencias no le bastaban. A lo largo de su vida siempre estuvo buscando respuestas a las preguntas sobre el sentido profundo de su existencia.

“Sentía que faltaba algo, tenía un vacío y no podía obtener ni la paz ni las respuestas que buscaba”.  

Lo primero: rezar, misa, confesión

Hasta que un día habló con su amiga Mariana. 

"Un día fui a tomar café con Mariana y empecé a hablar con ella sobre mis preocupaciones. Y me habló sobre Dios y me preguntó si rezaba. Le dije que no. Y me aconsejó empezar a rezar. Me enseñó a rezar".

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Después de eso, "empecé a ir a la Misa. Me habló del Sacramento de la Reconciliación e hice la primera confesión desde que hice la primera comunión”.

“En ese momento, sentí que Dios tocó mi corazón y comenzó una nueva etapa en mi vida”, explica Catarina.

“Se inició un proceso de conversión, sentí realmente el amor de Dios y que solo a través de la fe podría encontrar todas las respuestas, la paz y alegría que durante tanto tiempo había buscado”.

Un desconocido le dijo "reza por mí"

Un día, en misa, un desconocido se acercó a su banco. “Reza por mí”, le pidió. Aquel joven iba a entrar al seminario… en China! “Me presentó a su madre y nos hicimos buenas amigas. Fue a través de ella como llegué al Opus Dei”.

Catarina considera que Dios le llamó por este camino. Le gustó la naturalidad con la que los miembros del Opus Dei vivían la amistad con Dios. 

Mientras pedía la admisión en la Obra y más adelante como supernumeraria –miembros del Opus Dei con vocación al matrimonio– Catarina comprendió que “Dios siempre había estado ahí”.

“Fue Él quien me guio por todas las circunstancias de mi vida y quien me ha llevado a ser la persona que soy ahora”.

Catarina, que ahora está casada y tiene una hija, es consciente de como su forma de vivir la fe le ha ayudado a dedicarse mejor a su familia y a sus obligaciones.

Trabajando con las personas sin hogar

Gracias a que terminó sus estudios de Trabajo Social, hoy puede ayudar a muchas personas sin hogar de Oporto, transmitiéndoles su visión cristiana. Junto a sus compañeros busca mejorar las condiciones de vida de estas personas y facilitarles la reinserción social a través del trabajo.

"En cada indigente puedo tener un encuentro con Dios, algo que me lleva a intentar superarme profesionalmente para servirles”.

ReL

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domingo, 24 de octubre de 2021

Una práctica diaria sencilla que puede ayudarte a vencer la adicción

 

MAN DEPRESSED WEB ADDICTED


Reconectarse con el cuerpo es la clave para combatir cualquier tipo de adicción. ¿Cómo empezar?

La comparación puede ser simple, pero funciona: la adicción tiene el mismo efecto en quienes la padecen que una espina en el costado. En otras palabras: es una distracción constante y, a la larga, duele mucho. Pero al poner una pequeña piedra en su bolsillo, introduce un nuevo mecanismo para ayudar a superar la adicción. Esta piedra, de hecho, es una herramienta para que vuelvas a conectarte contigo mismo.

Hay muchas razones por las que una persona puede caer en una adicción conductual, como la pornografía, la masturbación, etc. Por ejemplo, podemos enumerar: falta de motivación, baja autoestima, baja autoconfianza, falta de identidad, vergüenza, culpa, dificultad para controlar las emociones, un vínculo de apego insuficiente y traumas o abusos pasados. Sin embargo, independientemente de la causa, existe una característica principal de la adicción: la desconexión del propio cuerpo.

La adicción y el cuerpo

Nunca es el propio cuerpo el que provoca los actos compulsivos, incluidos los relacionados con la sexualidad. El único órgano responsable de esto es el cerebro, debido a pensamientos inadaptados y obsesivos, sobre los que perdemos el control y al que nos sometemos. El cuerpo no es el enemigo. No nos pide nada excepto que lo cuidemos. En el proceso de recuperar el control sobre nosotros mismos, nuestro cuerpo es un aliado, un apoyo sólido.

Reconectarte con tu cuerpo significa conectarte a tierra en el aquí y ahora, y regresar a la realidad. Esta práctica tiene varios efectos positivos: corta la anticipación malsana de la «recompensa» adictiva, desvía la atención de tus pensamientos, ayuda a que tu cerebro se apague y finalmente calma las funciones corporales que pueden verse abrumadas por las emociones y la excitación (corazón, respiración, estómago, parte inferior del abdomen).

Cómo practicar la reconexión corporal

Cada uno de nosotros puede practicar esta reconexión en nuestra vida diaria como medida preventiva o curativa. Para ello, necesitamos pensar en nuestra respiración (inhalar, exhalar) de manera más consciente, ser conscientes de nuestras sensaciones internas y, finalmente, debemos ponernos en estado de receptividad con uno de nuestros cinco sentidos.

Es precisamente este último el que practicamos cuando nos metemos un guijarro en el bolsillo. Cada vez que nos damos cuenta de su presencia, en cualquier lugar y en cualquier momento, podemos decidir centrar nuestra atención en este objeto. Con nuestro sentido del tacto, en primer lugar: ¿cuál es su forma, su peso, su textura? Pero también con los otros sentidos.  

Por supuesto, este simple ejercicio por sí solo no es suficiente. Liberarse de una adicción requiere un trabajo profundo y a largo plazo en todas las dimensiones de la persona: mental, emocional, física, conductual y espiritual. Pero tener una piedra en el bolsillo te permite avanzar más fácilmente. ¡Después de todo, la libertad y el amor no esperarán para siempre!

Tanguy Lafforgue. Terapeuta y coach especializado en el acompañamiento de la pornodependencia.

Aleteia


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domingo, 7 de julio de 2019

Abusada de pequeña, prostituta y alcohólica de mayor… aprendió a perdonar ante el Santísimo

La conocen como la «Madre Teresa de las prostitutas» de Suecia

Elise Lindqvist abraza a una mujer de la calle en Estocolmo
Elise Lindqvist abraza a una mujer de la calle en Estocolmo
¿Es posible perdonar? En Suecia, cuando era niña, fue víctima de abusos y después de escapar de casa terminó en la prostitución, antes de volverse adicta al alcohol y a las píldoras. Pero hoy en día, miles de personas la llaman el “Ángel de las Prostitutas de Malmskillnadsgatan”, una de las calles del centro de Estocolmo; a veces también la “Madre Teresa de las prostitutas”. Esta es la historia de Elise Lindqvist, y del misterio del perdón que narra Charlotta Smeds, de la agencia de noticias de la Santa Sede Vatican News.
La pregunta surge espontáneamente cuando la conoces. ¿Cómo es posible esto? ¿Cómo es posible que esta mujer, que ha vivido acontecimientos tan dramáticos desde su infancia en Suecia, tenga ojos que transmiten sólo una paz y alegría profundas?
Quiero conocer al Papa
Me encuentro con Elise Lindqvist a su llegada a Roma: vino a saludar al Papa al final de una audiencia, en el mes de mayo. Sólo tiene un deseo: “Quiero agradecer al Papa Francisco por su lucha contra la trata de seres humanos”.
Elise Lindqvist tiene la misma edad que el Papa: ambos nacieron en 1936. También tiene su misma fuerza incansable, si bien reunida en un cuerpo de sólo 1,50 metros. Para lograr dar la mano a Francisco de la mejor manera, después de la audiencia Elisa sube un escalón sobre la valla. “He oído hablar de ti”, le dice el Papa, “¡haces un trabajo maravilloso!”. Él se refiere a las noches que Elise transcurrió apoyando y consolando a las mujeres de la calle en Estocolmo. Desde hace más de 20 años las busca para apoyarlas, hacerles de madre y recordarles que hay una vida más allá de la calle. Y ella sabe bien esto, porque ella era una de ellas.
Elise Linsqvist saluda al Papa después de la audiencia en mayo
Una infancia dramática
Elise Lindqvist nació en un pequeño pueblo sueco, y a partir de los 5 años los abusos sexuales se convirtieron en parte de su vida cotidiana. Señala que no fue su padre quien abusó de ella, sino personas cercanas a su familia. Asustada, obedecía, convencida de que esto formaba parte de todo lo que los niños debían soportar. “Cuando me decían que fuera a comer a casa de ellos, sabía el precio que debía pagar. Después huía, con la amenaza de que me matarían si lo hubiera contado”. El dolor de Elise era causado por no poder confiar en ningún adulto: había sido abandonada por todos los que habrían tenido que defenderla. Incluso su madre miraba hacia otro lado mientras los hombres la llevaban a otra habitación.
En la escuela, el maestro enviaba a los alumnos al patio para el recreo, mientras a ella le decía: “¡Elise, quédate aquí!”. Su padre era el único que a veces la tomaba en brazo y le decía: “Mi pequeña”. Por todos los demás, en cambio, era castigada por ser “fea y estúpida”. “Pienso que sin esas pequeñas manifestaciones de ternura de mi padre no habría sobrevivido”. Pero con la muerte de su padre, cuando Elise tenía 10 años, la vida se vuelve aún más difícil para ella. La nueva pareja de su madre abusa del alcohol y agrede constantemente a Elise. “Un día me apuntó el fusil, y yo, que tenía sólo diez años, le rogué que disparara, porque no quería vivir más”. Pero el rifle estaba descargado y el hombre disparó igualmente. “El Señor me quería viva, aunque aún no sabía de su existencia”.
“Qué hermosa eres”
A los catorce años, huyó de su casa y llegó a una ciudad donde una buena familia la cuidó. “Cuando la madre de la familia me quitó la ropa la primera noche, pensé con resignación que todo habría continuado allí. En cambio, sólo me quitó la ropa para lavarme, y lo hizo de un modo muy delicado”.
Elise, llegada a este punto de la historia, se pone muy seria. “Lo que me sucede entonces es lo que les pasa a miles de chicas hoy en día. Los proxenetas reconocen a las víctimas perfectas y saben cómo atraparlas”. En el caso de Elise, se trató de una mujer que un día se le acercó y le dijo: “Qué hermosa eres...”.
“Era una hermosa señora. Nadie me había dicho nunca antes ‘bella’, y en un momento caí totalmente en su poder. Habría hecho cualquier cosa por ella. La llamaba ‘mamá’ y ella me compraba ropa y maquillaje. Un día me dijo que habría tenido que trabajar para ella vendiendo mi cuerpo a sus clientes. Tenía 16 años y obedecí”.
Elise no sabe exactamente cuántos años trabajó para esta señora. Sólo recuerda cómo dejó de hacerlo, después de haber sufrido una violencia particularmente fuerte por parte de un cliente. Volvió a lo de su patrona y le dijo que ya no podía seguir prostituyéndose.
“Tuve suerte. Si hoy una chica se niega a seguir prostituyéndose, la matan y su cuerpo desaparece. Mi patrona abrió la puerta y me tiró por las escaleras: ‘No tienes nada más que hacer aquí’”.
Llegada a este punto, Elise comienza a vivir como una mujer sin hogar, tomando comida de los botes de basura en la calle. “Sólo conocía relaciones destructivas, y terminaba con hombres violentos. Para consolarme mezclaba alcohol y pastillas, y caí en una adicción cada vez más desesperada”.
Elise Lindqvist de niña
La luz de Jesús
La miro y veo un rostro que expresa sólo paz y alegría. No hay rastro de su historia dramática, ninguna amargura ni rencor.
“En 1994, ingresé en un centro de recuperación. Todos me tenían miedo. Tan pronto como alguien se me acercaba, daba patadas, y si veía a un hombre, le escupía y gritaba con malas palabras. Conocía sólo la ira”.
Elise cuenta cómo para ella, en este centro, las personas se comportaban de forma extraña. “Todos sonreían. Al principio me dije a mí misma que definitivamente había terminado en un manicomio. Esas sonrisas eran provocativas... Después de un tiempo, empecé a pensar que la razón de esas sonrisas se debía seguramente al uso de sustancias químicas fantásticas, y es por eso que empecé a pedir las ‘píldoras’ que tomaban ellos”.
En cambio, en lugar de las píldoras, aquellas personas llevaron a Elise a una capilla y comenzaron a rezar por ella. Desconfiada y cerrada, Elise asistió, sin saber lo que hacían a su alrededor.
“No sabía nada de Dios, ni de la oración: para mí la Iglesia era un lugar de muerte”.
En un momento dado, sucede lo que ella describe como una “intervención sobrenatural”. “Tuve la sensación física de tomar una ducha, pero una ducha de luz y de paz. Jesús era el único que podía curarme: yo era un caso humano imposible. Y así fue. En ese momento, yo ‘nací’. Y cuando hoy me preguntan cuántos años tengo, les respondo ‘25’: hace 25 años Jesús me dio la vida y aprendí a caminar en su amor”.
No hay curación sin perdón
Unos meses más tarde, cuando se acostumbró a ver con nuevos ojos, a dar los primeros pasos de su camino de fe, el padre espiritual de Elisa le dijo que debía dar un paso más: ¡tenía que perdonar!
“De nuevo, reaccioné con una fuerte ira. ¿Cómo podía pretender que yo perdonara el mal que tanta gente me había hecho?”. Elise, en este punto, cuenta que le explicaron que nunca podría curarse si no perdonaba. “Fue un proceso largo y doloroso, siempre en la capilla para rezar, nombre tras nombre. Finalmente, logré perdonar a mi madre, que no me quería y no me defendió. Comprendí que ella no era capaz, y que también ella, a su vez, era una víctima”.
Elise Lindqvist a la edad de 80 años
El ángel de las prostitutas
Desde hace más de 20 años, Elise Lindqvist utilizada su experiencia dramática para ayudar a otras mujeres: “La primera vez que salí por la noche, por la famosa calle de las prostitutas de Estocolmo, Malmskillnadsgatan, me vi a mí misma, y me di cuenta de que éste era el lugar donde tenía que operar”.
Su obra consiste en ser una presencia maternal y constante: una persona que escucha, abraza, lleva algo de beber y ofrece ropa para calentarse en las frías noches de invierno. “Cada vez que puedo salvar a una niña de la calle, ese es el mejor premio para mí, pero mi presencia sirve principalmente para darles consuelo y valor, para hacerles saber que existe quien las ama y que no están solas”, dice. “Me llaman ‘mamá’”.
El 18 de octubre de 2016, con ocasión de la Jornada europea contra la trata de seres humanos, Elise fue invitada a intervenir en el Parlamento Europeo. En su discurso ante los parlamentarios, destacó las responsabilidades de las instituciones: adoptar resoluciones concretas que prohíban totalmente la trata de seres humanos, desde el momento en que todos los Estados Miembros son conscientes del problema. “Concluí diciendo que volveré cuando cumpla 90 años para ver si han cumplido con su compromiso”.
Al cruzar la plaza al final de la audiencia, le pregunto por qué cojea, y ella responde de paso: “Hace algún tiempo me tiraron de una escalera mecánica. Para algunas personas, mi presencia cerca de las prostitutas es molesta”.

ReL