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martes, 8 de septiembre de 2026

Las impactantes cartas de María de Nápoles: la prostituta que se convirtió escribiendo a Radio María

La correspondencia revela la sorprendente evolución del alma de esta mujer herida. 

"Veo la paternidad misericordiosa de Dios hacia mí y creo verdaderamente en Él", llegó a escribir María.4


    Se hacía llamar María de Nápoles, era joven y vivía atrapada en la explotación sexual y en una profunda sensación de abandono. En medio de esa oscuridad, intentó quitarse la vida hasta en tres ocasiones. 

    Hasta que todo dio un giro inesperado cuando descubrió Radio María Italia. Aquel vacío que la consumía durante años empezó a disiparse, y María terminó encontrándose con Dios y recibiendo los sacramentos que transformaron su vida.

    Un tremendo despertar interior en el que desempeñó un papel decisivo el programa El Hermano de la emisora católica. María comenzó a enviar cartas que recibían respuesta, ya fuera desde el estudio o de parte de los propios oyentes. A través de un total de 15 cartas, se puede ver cómo evoluciona su alma.

    Dios estaba cerca de ella

    María era una mujer de gran personalidad y exquisita sensibilidad, que estuvo durante muchos años marcada por una vida de pecado. Un día escuchó al presentador Federico Quaglini y comenzó a enviarle cartas personales.

    En ellas, María cuenta el terrible esfuerzo que le suponía salir del sórdido mundo en el que estaba sumergida. Posteriormente, describía su terrible enfermedad y cómo asumía sus dolores. Escribía desde la conversión absoluta y la convicción de que Dios estaba cerca de ella y la amaba.

    Su última carta fue el 26 de septiembre de 1993. La escribió cuatro días antes de morir de cáncer. En ella contaba su encuentro con Dios a través del dolor y la terminaba con una bellísima frase: "Que la ternura de Jesús colme vuestros corazones". María moriría el 30 de septiembre de 1993. Tenía tan solo 35 años.

    Carta número 1, 13 de diciembre de 1992:

    "Mi experiencia de una vida negativa me ha llevado a encerrarme en una soledad tremenda y sin salida. Cuando apenas tenía quince años fui violada por mi padre de manera tan bestial que sólo el recuerdo me hace daño".

    "Mi padre, me repugna el solo pensamiento de llamarlo así, para evitar una denuncia por parte de mi madre, amenazó a mi madre delante de mis ojos. ¿Te puedes imaginar cuál fue mi reacción? Lo denuncié y ahora está cumpliendo la pena de cadena perpetua".

    "Espero que termine preso sus últimos días porque para mí ya no existe. Ahora vivo sola, encerrada en mí misma, con una desesperación infinita. Por fortuna trabajo como asistente social, lo que me permite vivir una vida autónoma e independiente".

    "Pero me falta una cosa esencial, la fe. Termino pidiéndote perdón por hacerte perder un tiempo tan precioso. Perdóname este desahogo, tenía tanta necesidad".

    Carta número 2, 17 de enero de 1993:

    "Te escribo de nuevo porque, créeme, tengo tanta necesidad de sentirme cerca de una persona que me pueda comprender y darme a la vez una mano amiga. Sabes que estoy completamente sola, y precisamente por esta tremenda soledad he comenzado un tipo de vida que no es digna de una persona humana. En pocas palabras, te confieso, te hablo como a un confesor que trabajo como prostituta".

    "No por necesidad, sino como escape, como acción desesperada. Créeme, cuando regreso a casa después de haber dado a los puercos —perdóname esta expresión— la posibilidad animal de desfogar sus instintos, me siento más sola aún, con un sabor amargo en la boca y lo que es peor, con unas ganas locas de suicidarme. Ayúdame a salir de esta tremenda situación y pide al Señor que me regale la fe, aquella fe que comencé a desear desde que escucho Radio María".

    "Tengo 35 años, pero me siento como si tuviera 90. Estoy agotada, lacerada bajo el peso de una existencia que no vale la pena vivir".

    Carta número 3, 27 de enero de 1993:

    "Me han hecho un lavado gástrico para remediar otro intento voluntario de suicidio que, por desgracia, no ha tenido éxito. Dentro de unos días me darán el alta. Evidentemente, el Señor, si es que existe, no quiere todavía mi vida".

    "Radio María me ha puesto en una crisis tremenda. Por casualidad encendí la radio. No conocía su existencia. Todo comenzó un sábado por la noche, en la transmisión del hermano, dirigida por ti. Ahora no puedo dejar de escucharte".

    "¿Cómo entender la atracción que experimento por el bien si el mal me arrastra? ¿Soy acaso distinta a los demás? ¡Oh! Es que el Señor se olvidó de mí por tantos errores cometidos. Lamentablemente, me faltan esos principios sagrados que forman a la persona, pues no he tenido la fortuna de conocerlos de pequeña. Debes saber que tengo 35 años y aún no he hecho la primera comunión ni la confirmación".

    "Te lo pido, Federico, ayúdame a salir de esta tremenda crisis mediante tus oraciones y las oraciones de tus oyentes. Te confieso que cuando te acuerdas de mí en Radio María me siento menos sola y me parece recibir una serenidad distinta nunca antes probada".

    María tuvo que sufrir los abusos constantes de su padre.

    María tuvo que sufrir los abusos constantes de su padre.archivo

    Carta número 5, 16 de febrero de 1993:

    "¿Quién sabe cuánto tiempo hace que el Señor llamaba a mi puerta? Sentía siempre una fuerte llamada interior pero no la lograba entender dada mi terrible situación. El golpe de gracia fue Radio María".

    "Yo no tuve la fortuna de crecer en una familia sana salvo mi madre por lo que a menudo me pregunto hasta qué punto pueda yo ser responsable. La otra tarde experimenté fuertemente la necesidad de ir a la Iglesia. Mi deseo coincidió con la jornada mundial de los enfermos querida por el Papa".

    "Era el 11 de febrero, aniversario de las apariciones de Lourdes. Te aclaro que en mi ignorancia no sabía nada de esta jornada sólo lo que he aprendido a través de Radio María. Al volver a casa era ya tarde".

    "La ceremonia fue muy linda pero muy larga. Al llegar me encontré con algunas personas que me esperaban cerca de casa. De repente me empujaron brutalmente dentro de un automóvil".

    "Eran cuatro energúmenos por lo que mi reacción sirvió de poco. Estaba sola contra cuatro. Hicieron de mí cuanto quisieron después de haberme atado y amordazado".

    "Sería muy humillante para mí y doloroso para ti, que tienes la amabilidad de leerlo. Pero yo me pregunto ¿es posible que el mal se imponga al bien? ¿Es esta la ayuda de Dios?".

    "Sufro desde hace algún tiempo una grave anorexia por lo que al no alimentarme estoy débil y agotada. Te dejo por ahora porque no quiero cansarte. Te agradezco por todo y creo siempre en tu amistad".

    "Dentro de unos días comenzaré la catequesis de preparación para la admisión a la primera comunión. Me preparará un diácono. Un motivo adicional para orar".

    La audiencia contestaba a María

    Estas cartas tuvieron un fuerte impacto en la audiencia de Radio María. Una oyente, Rosa, escribió una carta de ánimo para María. De Rosa no se sabe nada excepto que conoció también ella lo terrible de esta vida.

    ​"Pienso en ti, rezo por ti, María. Tus cartas, tres bellísimas cartas, que dejan transparentar toda tu angustia, toda tu desesperación y al mismo tiempo el fuerte deseo de querer salir del abismo en que caíste. Ánimo, María, no llores, y lucha sin desmayo". 

    "La gracia de Dios te ha tocado, y por eso debes sentirte muy feliz. Sigue rezando, aun cuando sientas que la vida es vacía e inútil. Jesús y María Santísima te escuchan, ¿sabes?, y están muy cerca de ti, más de lo que te imaginas", escribe Rosa el 22 de febrero de 1993.

    Carta número 6, 1 de marzo de 1993:

    "En Cusato continuaré el curso de preparación para la admisión a la Eucaristía. Espero con ansia la hora de probar la ternura de la Eucaristía. Al regreso de Cusato haré una escapada a San Giovanni Rotondo, donde dejé mi corazón. Tienes razón de ser un enamorado del Padre Pío".

    Carta número 7, 21 de marzo de 1993:

    "Ayer regresé de San Giovanni Rotondo. Cuando llegué a San Giovanni, me esperaba mi confesor. Me acogió con los brazos abiertos, por lo que tuve la seguridad de ser abrazada también por el Señor. Me dio la sorpresa de regalarme la Biblia de Jerusalén. He comenzado a leerla con interés".

    "Desde el día bellísimo en el que tuve la fortuna de reconciliarme con Dios y perdonar a mi padre, he ido a misa todos los días. Mis familiares se burlaban de mí. Me hace sufrir verlos tan lejanos, sin la fe que nos pone en condiciones de vivir una existencia más serena".

    "Quisiera hacerles conocer mi extraordinaria experiencia y hacerles probar esa alegría única, pero he encontrado un muro de resistencia, por lo que no he podido hacer otra cosa que rezar. Para ellos llegará también el momento tan hermoso en que dejen de lado su escepticismo, estoy segura".

    "Ahora veo al Señor y creo en Él. Dejaos modelar por Él y encontraréis una alegría inmensa. El tiempo pasado fuera de Nápoles me ha ayudado mucho en el plano espiritual y en el físico, porque encontré la oportunidad de ir al santuario de Europa, un lugar situado muy cerca de donde vivo".

    "He orado mucho por todos, en especial por este magnífico instrumento tan pequeño, pero a la vez tan grande en su ayuda infinita, Radio María. Mi conversión la dejo sobre todo a esta radio".

    "El diablo me tienta a cada momento, haciéndome sentir nostalgia del pasado. Lamentablemente, es muy difícil olvidar veinte años, toda la juventud, basados en una situación tan tremenda que el solo recuerdo me inquieta".

    Carta número 8, 28 de marzo de 1993:

    "Había un sacerdote que estaba disponible en el confesionario, un sacerdote que no conocía, pero que luego se me manifestaría como un gran hombre de Dios. Me arrodillé y, sin hablar, me faltaban las fuerzas. Comencé a llorar desesperadamente".

    "Este momento de emoción me duró un buen rato. El sacerdote me dejó llorar y luego, tomando mis manos en las suyas, exclamó: 'Hijita, ánimo. Siento que el Señor te ha perdonado mucho porque mucho has amado'. Me citó luego algunos pasajes del Evangelio, la Magdalena, el hijo pródigo. Cuando me calmé, comencé a vaciar mi fardo y poner al desnudo mi alma".

    "Me liberé de cadenas que me eran insoportables. Conocí finalmente el amor y experimenté la misericordia de Dios a través de este gran sacramento. Ahora me siento libre. Ya no soy prisionera de un mundo de pecado y de esclavitud. Cuando salí, tenía la sensación de volar".

    "Me parece que ya te dije que no he hecho la primera comunión. Para prepararme a ella, comencé un curso de admisión a este sacramento y, dado que tengo ya 35 años, una edad madura como puedes comprender, estoy dispuesta, con la preparación adecuada, a recibir también el sacramento de la confirmación. Después de esta preparación a los dos sacramentos, podré considerarme como una persona que ha vuelto a nacer".

    "El sacerdote me impuso como penitencia poner en práctica uno de los consejos evangélicos, visitar a los presos. Créeme que me costó mucho, pero lo logré. Este doloroso encuentro fue el comienzo triste, pero luego, como por encanto, se transformó en una serenidad inesperada".

    "La visita, excepcionalmente, se realizó en un estudio del director acompañado por el capellán. Vi a mi padre llorar como un niño y de rodillas me pidió perdón. Sustituyó en mí una profunda ternura".

    "Espontáneamente sentí el deseo de abrazarle y de besarlo con afecto. Tanto el director como el capellán permanecieron en silencio conmovidos. Hacía veinte años que no nos veíamos".

    "Al final, el capellán me llamó aparte y me dijo... 'Tu padre ya no es un monstruo, como tú lo definiste. Es un hombre nuevo, recuperado por la gracia redentora'. Sólo entonces entendí que, en el fondo, los dos estábamos sobre el mismo camino, y ese camino era el encuentro del pecador con el Dios misericordioso".

    Carta por la Pascua de 1993:

    "Es la primera Pascua que viviré con alegría y serenidad, como fruto de un alma en paz conmigo misma y con Dios. Pronto haré la primera comunión y la confirmación. Este tiempo de espera me parece ya interminable. Ya te conté que encontré una gran solidaridad en la comunidad parroquial".

    "He recibido del catequista que me prepara como regalo el Catecismo de la Iglesia Católica y me he propuesto leerlo y estudiarlo para incrementar mi escasa cultura religiosa. Ahora me doy cuenta de que puedo amar a todos con una óptica distinta. Me siento privilegiada por Dios y amada por los hombres de fe, con un amor verdadero y sincero".

    "Veo la paternidad misericordiosa de Dios hacia mí y creo verdaderamente en Él, que no me ha abandonado ni siquiera en los momentos en los que me encontraba en un profundo abismo. Todo lo que me está sucediendo me parece un sueño. Es tan bonito. Felices Pascuas".

    Carta del 9 de abril de 1993: 

    "Coincidiendo con la institución de la Sagrada Eucaristía, hice la primera comunión. Fue un día verdaderamente excepcional. Todavía estoy emocionada. Me pregunto cómo he podido vivir años y meses sin gustar esta ternura del amor misericordioso".

    "Mi experiencia de vida es un milagro. Quisiera gritar al mundo entero que no existe gloria más grande para una existencia que gastarse por aquel que la creó. Siento tan viva la presencia de Dios y de la Madrecita que ya no me siento preocupada por mí".

    "Ahora ya no tengo miedo de nada. Aunque tenga que sufrir todavía chantajes por algún desalmado, tengo fuerzas para combatir porque Dios está conmigo y Él ciertamente no permite tentaciones superiores a nuestras fuerzas. Me siento como una niña que da los primeros pasos y que está contenta porque, si tropieza, tiene la fuerza de volver a levantarse, acompañada y sostenida por la mano del único Padre que está en los cielos".

    "Ahora, en cada momento, puedo comenzar de nuevo a dar todo a Cristo y Él siempre está dispuesto a acogerme y a dar respuesta en profundidad a mi amor dándome todo de nuevo. No logro hacer una relación de los dones que Dios me ha dado en mi vida".

    "No existe alegría mayor que olvidar las propias penas para consolar la de los otros. ¿Qué quiere el Señor de mí? ¿Qué otra cosa me quiere regalar? Me dio todo y yo quiero corresponder plenamente a su gracia".

    "Sólo la fe puede permitirme entender la inmensidad del misterio de la cruz en la que estamos meditando durante esta Semana Santa. Ningún obstáculo que venga de fuera me va a afectar porque estoy en paz".

    "Ya mi odisea espiritual termina y no me queda otra cosa que caminar ágilmente por este camino de conversión y agarrarme cada vez más fuertemente al manto de la madrecita. Ah, no había escrito tanto en mi vida. Agradezco de corazón a toda la familia de Radio María y estamos siempre unidos en la alegría y en el dolor".

    Carta número 15, la última, 26 de septimebre de 1993:

    "Te escribo en un momento de gran postración y sufrimiento físico. No sé si cuando recibas mi carta estaré viva todavía. Te confieso que humanamente hablando no puedo más y deseo la muerte como una liberación. Sé que no es propio de los seguidores de Cristo librarse de los sufrimientos".

    "La vida está llena de fatigas y las alegrías son tan breves que no se logra ni siquiera saborearlas. Pido perdón por esta debilidad humana y pido perdón al Señor. La vida de todos modos es siempre un inmenso don y no obstante las pruebas es algo estupendo que vale la pena vivir con confianza y serenidad aun sabiendo que eso no es fácil".

    "No debo rechazar este don. Al contrario debo vivirlo con valor y amor porque a pesar de mis momentos tristes cada vez comprendo más que Dios está cerca de mí y me ama, me ama. En este lugar de dolor veo con alegría que los enfermos se ayudan entre ellos".

    "El gran secreto para no decaer nunca es pensar que el Señor me ama y que está cerca. Entonces le hablo en voz baja con amor filial y Él me llena de alegría. Cuando estoy en el límite de mis fuerzas y del sufrimiento no puedo hacer otra cosa que bendecir la mano de Aquel que me clava en la cruz y me da la posibilidad de purificarme".

    "En esta gran prueba doy gracias a Dios por haberme dado el don de una fe estupenda. Las fuerzas del mal pueden temporalmente subyugarla, pero al final vence siempre la fe. Solo Dios es capaz de darnos recursos interiores para afrontar las pruebas y las dificultades del momento presente".

    "Él no ofrece medios naturales ni nos quita nuestros sufrimientos. Nos ofrece un don. Os doy la paz y es la verdadera paz que supera toda comprensión humana".

    "Nunca como en este momento crítico he podido comprobar que cuando estoy en las tinieblas Dios es luz. En mi camino lleno de espinas, como un padre siempre amoroso, Él obra mi salvación a través del dolor. No obstante haber tocado de cerca en el pasado el fondo de mi debilidad, puedo exclamar con alegría Feliz culpa que mereció tanta gracia".

    "El encuentro con el Padre misericordioso se realiza cada día, momento tras momento, llenando mi alma de una alegría indescriptible. Cuán efímera es la alegría del mundo, cuán grande y duradera es la que proviene de Dios".

    "Hoy, domingo, día del Señor, estoy muy feliz. He recibido tres grandes sacramentos, la confesión, la unción de los enfermos y la Eucaristía. Ahora Él está mucho más presente en mí y no me faltan sus paternales caricias".

    "Tengo dolores continuos e inauditos, fiebres altas, insomnios. ¡Qué hermosos son los momentos de la Sagrada Comunión! Los dolores no son otra cosa que caricias, sorpresas amorosas de las que Jesús se sirve para estar siempre conmigo y para darme su dulzura".

    "¡Qué hermoso debe ser el paraíso si sólo con mirar el cielo y admirar su inmensidad nos invade una gran dulzura! ¿Qué será cuando vayamos a habitar en él, confiándome a Jesús, que es mi verdadero amigo? Pienso a menudo en sus divinas y consoladoras palabras. Mi yugo es suave y mi carga ligera. Entonces ninguna cruz es insoportable, porque todo es amor, alegría y dulzura".

    "Ciertamente no es fácil, ni es trabajo de un día, especialmente para una criatura como yo, hecha de debilidades. Hoy he estado continuamente con él en la cruz. ¡Qué hermoso es estar a solas con él! La enfermedad se agrava cada vez más, pero no me desaliento".

    "Tengo el pensamiento fijo en la muerte. Abrazo con alegría este dolor cuando y como él quiera, pero antes deseo fervientemente seguir sufriendo por amor a Él, porque para mí vivir es Cristo sufriente. Nada me asusta, ni la muerte, ni el dolor, ni la enfermedad, porque bella es la victoria, pero mucho más meritoria es la lucha".

    "No me cansaré nunca de agradecerle por su llamada al sufrimiento. Mi enfermedad es una gracia, más aún la considero como la mayor gracia después de mi conversión. Mi naturaleza lamentablemente a veces gime bajo el peso de la cruz, y por eso quisiera rebelarse deseando el fin, pero entiendo que él quiere mi adhesión a su paterna voluntad".

    "En esta tremenda y dolorosa situación mi única arma es la oración, sin la cual no existe salvación alguna. Decía un gran santo napolitano que quien ora se salva, quien no ora se daña. Es verdad, orar es entrar en coloquio con el Padre, por eso me acojo siempre a vuestras oraciones".

    "Mi enfermedad ya hizo en mí metástasis, por lo que mi cuerpo es todo un sufrimiento, excluidas las manos con las que puedo por fortuna escribir. Ya termino, querido Federico y oyentes todos. La mano me tiembla y la debilidad se deja sentir también en la mente, por lo que me es muy difícil concentrarme".

    "Chao. Que la ternura de Jesús invada vuestros corazones. María".

    Juan Cadarso, ReL

    Vea también     Espiritualidad de la Conversión...    




    domingo, 7 de julio de 2019

    Abusada de pequeña, prostituta y alcohólica de mayor… aprendió a perdonar ante el Santísimo

    La conocen como la «Madre Teresa de las prostitutas» de Suecia

    Elise Lindqvist abraza a una mujer de la calle en Estocolmo
    Elise Lindqvist abraza a una mujer de la calle en Estocolmo
    ¿Es posible perdonar? En Suecia, cuando era niña, fue víctima de abusos y después de escapar de casa terminó en la prostitución, antes de volverse adicta al alcohol y a las píldoras. Pero hoy en día, miles de personas la llaman el “Ángel de las Prostitutas de Malmskillnadsgatan”, una de las calles del centro de Estocolmo; a veces también la “Madre Teresa de las prostitutas”. Esta es la historia de Elise Lindqvist, y del misterio del perdón que narra Charlotta Smeds, de la agencia de noticias de la Santa Sede Vatican News.
    La pregunta surge espontáneamente cuando la conoces. ¿Cómo es posible esto? ¿Cómo es posible que esta mujer, que ha vivido acontecimientos tan dramáticos desde su infancia en Suecia, tenga ojos que transmiten sólo una paz y alegría profundas?
    Quiero conocer al Papa
    Me encuentro con Elise Lindqvist a su llegada a Roma: vino a saludar al Papa al final de una audiencia, en el mes de mayo. Sólo tiene un deseo: “Quiero agradecer al Papa Francisco por su lucha contra la trata de seres humanos”.
    Elise Lindqvist tiene la misma edad que el Papa: ambos nacieron en 1936. También tiene su misma fuerza incansable, si bien reunida en un cuerpo de sólo 1,50 metros. Para lograr dar la mano a Francisco de la mejor manera, después de la audiencia Elisa sube un escalón sobre la valla. “He oído hablar de ti”, le dice el Papa, “¡haces un trabajo maravilloso!”. Él se refiere a las noches que Elise transcurrió apoyando y consolando a las mujeres de la calle en Estocolmo. Desde hace más de 20 años las busca para apoyarlas, hacerles de madre y recordarles que hay una vida más allá de la calle. Y ella sabe bien esto, porque ella era una de ellas.
    Elise Linsqvist saluda al Papa después de la audiencia en mayo
    Una infancia dramática
    Elise Lindqvist nació en un pequeño pueblo sueco, y a partir de los 5 años los abusos sexuales se convirtieron en parte de su vida cotidiana. Señala que no fue su padre quien abusó de ella, sino personas cercanas a su familia. Asustada, obedecía, convencida de que esto formaba parte de todo lo que los niños debían soportar. “Cuando me decían que fuera a comer a casa de ellos, sabía el precio que debía pagar. Después huía, con la amenaza de que me matarían si lo hubiera contado”. El dolor de Elise era causado por no poder confiar en ningún adulto: había sido abandonada por todos los que habrían tenido que defenderla. Incluso su madre miraba hacia otro lado mientras los hombres la llevaban a otra habitación.
    En la escuela, el maestro enviaba a los alumnos al patio para el recreo, mientras a ella le decía: “¡Elise, quédate aquí!”. Su padre era el único que a veces la tomaba en brazo y le decía: “Mi pequeña”. Por todos los demás, en cambio, era castigada por ser “fea y estúpida”. “Pienso que sin esas pequeñas manifestaciones de ternura de mi padre no habría sobrevivido”. Pero con la muerte de su padre, cuando Elise tenía 10 años, la vida se vuelve aún más difícil para ella. La nueva pareja de su madre abusa del alcohol y agrede constantemente a Elise. “Un día me apuntó el fusil, y yo, que tenía sólo diez años, le rogué que disparara, porque no quería vivir más”. Pero el rifle estaba descargado y el hombre disparó igualmente. “El Señor me quería viva, aunque aún no sabía de su existencia”.
    “Qué hermosa eres”
    A los catorce años, huyó de su casa y llegó a una ciudad donde una buena familia la cuidó. “Cuando la madre de la familia me quitó la ropa la primera noche, pensé con resignación que todo habría continuado allí. En cambio, sólo me quitó la ropa para lavarme, y lo hizo de un modo muy delicado”.
    Elise, llegada a este punto de la historia, se pone muy seria. “Lo que me sucede entonces es lo que les pasa a miles de chicas hoy en día. Los proxenetas reconocen a las víctimas perfectas y saben cómo atraparlas”. En el caso de Elise, se trató de una mujer que un día se le acercó y le dijo: “Qué hermosa eres...”.
    “Era una hermosa señora. Nadie me había dicho nunca antes ‘bella’, y en un momento caí totalmente en su poder. Habría hecho cualquier cosa por ella. La llamaba ‘mamá’ y ella me compraba ropa y maquillaje. Un día me dijo que habría tenido que trabajar para ella vendiendo mi cuerpo a sus clientes. Tenía 16 años y obedecí”.
    Elise no sabe exactamente cuántos años trabajó para esta señora. Sólo recuerda cómo dejó de hacerlo, después de haber sufrido una violencia particularmente fuerte por parte de un cliente. Volvió a lo de su patrona y le dijo que ya no podía seguir prostituyéndose.
    “Tuve suerte. Si hoy una chica se niega a seguir prostituyéndose, la matan y su cuerpo desaparece. Mi patrona abrió la puerta y me tiró por las escaleras: ‘No tienes nada más que hacer aquí’”.
    Llegada a este punto, Elise comienza a vivir como una mujer sin hogar, tomando comida de los botes de basura en la calle. “Sólo conocía relaciones destructivas, y terminaba con hombres violentos. Para consolarme mezclaba alcohol y pastillas, y caí en una adicción cada vez más desesperada”.
    Elise Lindqvist de niña
    La luz de Jesús
    La miro y veo un rostro que expresa sólo paz y alegría. No hay rastro de su historia dramática, ninguna amargura ni rencor.
    “En 1994, ingresé en un centro de recuperación. Todos me tenían miedo. Tan pronto como alguien se me acercaba, daba patadas, y si veía a un hombre, le escupía y gritaba con malas palabras. Conocía sólo la ira”.
    Elise cuenta cómo para ella, en este centro, las personas se comportaban de forma extraña. “Todos sonreían. Al principio me dije a mí misma que definitivamente había terminado en un manicomio. Esas sonrisas eran provocativas... Después de un tiempo, empecé a pensar que la razón de esas sonrisas se debía seguramente al uso de sustancias químicas fantásticas, y es por eso que empecé a pedir las ‘píldoras’ que tomaban ellos”.
    En cambio, en lugar de las píldoras, aquellas personas llevaron a Elise a una capilla y comenzaron a rezar por ella. Desconfiada y cerrada, Elise asistió, sin saber lo que hacían a su alrededor.
    “No sabía nada de Dios, ni de la oración: para mí la Iglesia era un lugar de muerte”.
    En un momento dado, sucede lo que ella describe como una “intervención sobrenatural”. “Tuve la sensación física de tomar una ducha, pero una ducha de luz y de paz. Jesús era el único que podía curarme: yo era un caso humano imposible. Y así fue. En ese momento, yo ‘nací’. Y cuando hoy me preguntan cuántos años tengo, les respondo ‘25’: hace 25 años Jesús me dio la vida y aprendí a caminar en su amor”.
    No hay curación sin perdón
    Unos meses más tarde, cuando se acostumbró a ver con nuevos ojos, a dar los primeros pasos de su camino de fe, el padre espiritual de Elisa le dijo que debía dar un paso más: ¡tenía que perdonar!
    “De nuevo, reaccioné con una fuerte ira. ¿Cómo podía pretender que yo perdonara el mal que tanta gente me había hecho?”. Elise, en este punto, cuenta que le explicaron que nunca podría curarse si no perdonaba. “Fue un proceso largo y doloroso, siempre en la capilla para rezar, nombre tras nombre. Finalmente, logré perdonar a mi madre, que no me quería y no me defendió. Comprendí que ella no era capaz, y que también ella, a su vez, era una víctima”.
    Elise Lindqvist a la edad de 80 años
    El ángel de las prostitutas
    Desde hace más de 20 años, Elise Lindqvist utilizada su experiencia dramática para ayudar a otras mujeres: “La primera vez que salí por la noche, por la famosa calle de las prostitutas de Estocolmo, Malmskillnadsgatan, me vi a mí misma, y me di cuenta de que éste era el lugar donde tenía que operar”.
    Su obra consiste en ser una presencia maternal y constante: una persona que escucha, abraza, lleva algo de beber y ofrece ropa para calentarse en las frías noches de invierno. “Cada vez que puedo salvar a una niña de la calle, ese es el mejor premio para mí, pero mi presencia sirve principalmente para darles consuelo y valor, para hacerles saber que existe quien las ama y que no están solas”, dice. “Me llaman ‘mamá’”.
    El 18 de octubre de 2016, con ocasión de la Jornada europea contra la trata de seres humanos, Elise fue invitada a intervenir en el Parlamento Europeo. En su discurso ante los parlamentarios, destacó las responsabilidades de las instituciones: adoptar resoluciones concretas que prohíban totalmente la trata de seres humanos, desde el momento en que todos los Estados Miembros son conscientes del problema. “Concluí diciendo que volveré cuando cumpla 90 años para ver si han cumplido con su compromiso”.
    Al cruzar la plaza al final de la audiencia, le pregunto por qué cojea, y ella responde de paso: “Hace algún tiempo me tiraron de una escalera mecánica. Para algunas personas, mi presencia cerca de las prostitutas es molesta”.

    ReL









    viernes, 2 de diciembre de 2016

    Un cardenal español cuenta cómo entró en un club para rescatar a una prostituta

    "Entré vestido de sotana, pedí una cerveza y dije que no me iba hasta que me dieran a la chica y su pasaporte"


    Un cardenal español cuenta cómo entró en un club para rescatar a una prostituta


    La agencia de televisión Rome Reports ha publicado este jueves una videoentrevista con el cardenal Carlos Osoro en la que el prelado cuenta cómo rescató hace años a una mujer que estaba siendo obligada a prostituirse.

    “A la salida de un hospital una chica con acento latinoamericano me vio vestido con la sotana de obispo y me dice: ‘Padrecito atiéndame por favor’. Me cuenta que estaba trabajando en un club y que le tenían retenido el pasaporte”, explica monseñor Osoro durante la entrevista.
    “Dime el lugar. Yo aparezco por allí cuando termine de trabajar por la tarde y voy a buscarte. Ya te saco yo”, fue la contestación del obispo.
    Unas horas más tarde el prelado fue al prostíbulo. “Iba vestido” con la sotana de obispo. ·Así entré. Al inicio sentí un silencio absoluto y muy grande en el lugar, que no era precisamente un lugar de oración y pregunte por la chica”, recuerda.

    La joven estaba trabajando en ese momento. Entonces “pedí una cerveza y esperé a que bajase en un silencio que se cortaba”. Un tiempo después “bajó la chica y pedí que me diesen su pasaporte”, recuerda en la entrevista con Rome Reports. Osoro aseguró “que no haría ninguna denuncia” pero insistió en “que me dieran el pasaporte. Y al cabo de un tiempo me lo tiraron”.

    Actualmente, el recién nombrado cardenal sigue escribiéndose con esta señora, que “lleva una vida muy sana y una vida de familia extraordinaria”.

    Por José Calderero @jcalderero. Artículo originalmente publicado por Alfa y Omega



    jueves, 15 de octubre de 2015

    Una historiadora responde desde el feminismo a los grandes tópicos sobre una Iglesia «anti-mujer»

    Una historiadora responde desde el feminismo a los grandes tópicos sobre una Iglesia «anti-mujer»

    Además de doctora en Historia y joven investigadora y profesora en la Universidad de Florencia, Giulia Galeotti se ha especializado en una revisión histórica sobre el feminismo y el papel de la mujer en la sociedad antigua, moderna y contemporánea. Católica pero sin reparos para hablar de lo que considera una cierta "misoginia" en la Iglesia, la defiende sin embargo de la tópica falsedad de ser una enemiga de la mujer.

    Su contribución al volumen La Gran Prostituta. Tópicos sobre la Iglesia a lo largo de la historia (San Pablo) se titula precisamente "Opresores de las mujeres", una de las acusaciones más frecuentes contra la Iglesia. José Luis Rodríguez Zapatero la formuló con rotundidad anticristiana en los inicios de su mandato, en una entrevista concedida al Time Magazine el 19 de septiembre de 2004: "Lo que despierta mi vena rebelde son veinte siglos de un sexo dominando a otro". Veinte siglos, ni un minuto más ni un minuto menos: justo los que cumple el cristianismo.


    Lutero identificó a la Iglesia con la Gran Prostituta mencionada en el capítulo 17 del Apocalipsis. Desde entonces es una de las denominaciones preferidas de los anticristianos de todo signo.

    Pero es -y no resulta sorprendente- justo al contrario de lo que piensa Zapatero, y Galeotti ha llegado a esa conclusión tras años de "estudios e investigaciones de otras mujeres" además de los suyos propios, no sólo "sobre todo lo que las mujeres han dado a la Iglesia en el curso de los siglos", sino también sobre "todo lo que la Iglesia ha dado a las mujeres, ofreciéndoles posibilidades que la sociedad laica de su tiempo ni concebía siquiera".

    Testigos que nadie más valoraba
    Para empezar, recuerda el papel de la Santísima Virgen (una mujer) en la Redención, pues su "aceptación... tuvo la capacidad de cambiar el curso de la Historia", e incluso en la misma Sagrada Familia, donde, algo impensable en su tiempo y sin merma de la autoridad de San José, "en el centro hay una mujer".

    Y luego está el caso de María Magdalena: en una época y una cultura en donde la mujer "no tenía la capacidad (jurídica y en sentido lato) de atestiguar", Cristo la elige a ella comoprimer testigo de su Resurrección.


    Giulia Galeotti demuestra que históricamente la Iglesia ha contribuido más a la dignidad de la mujer que cualquier otra institución o personalidad.

    Naturalmente, para los defensores de la idea zapateril puede ser sencillo recurrir al tópico de que la Iglesia-institución traicionó luego el mensaje de Aquel a quien Giulia Galeotti denomina "el primer feminista de la Historia".

    Los poderes de la Consorzia
    No sucedió así, sin embargo. La autora de este trabajo incluido en La Gran Prostituta recuerda que la Iglesia introdujo en la sociedad "una revolucionaria concepción del vínculo matrimonial pidiendo a los cónyuges el mismo deber de fidelidad", igualándoles así desde el plano moral en algo en lo que la permisividad social ha sido, y es todavía, radicalmente discriminatoria: "Durante mucho tiempo, el derecho canónico ha sido el único que igualaba el adulterio masculino y el adulterio femenino".

    En cuanto al papel real de la mujer en la sociedad, durante la Edad Media, periodo esencialmente cristiano, abundan los casos de subordinación masculina al poder de una mujer incluso en el ámbito eclesiástico. Galeotti expone con detenimiento el caso de laConsorzia, una hermandad mariana que nació en el siglo XIII en torno a la catedral de Savona (Liguria, Italia), mixta, gestionada indistintamente durante siglos por un prior o una priora, pero que paulatinamente, entre 1529 y 1564, fue marginando a los hombres de la dirección: podían ser miembros, incluidos el obispo y los canónigos de la catedral, pero tanto la priora (noble) como la subpriora (plebeya) tenían que ser mujeres. No hace falta decir que en aquellos tiempos el poder político, económico y jurisdiccional de una hermandad de esa naturaleza excedía lo devocional, y en particular la Consorzia fue durante siglos, bajo la dirección femenina, un factor decisivo en el desarrollo de la ciudad y de la región.

    Giulia Galeotti destaca asimismo dos figuras cuyo carisma personal era reconocido con naturalidad -pese a las dificultades que encontraron, similares a las de otros profetas o reformadores varones- por los Papas de su tiempo, como Santa Catalina de Siena (1347-1380) y Santa Teresa de Jesús (1515-1582).

    Monjas empresarias
    Y más adelante en el tiempo, cuando a partir del siglo XVIII se inicia la secularización de las sociedades europeas, de forma intensa y agresiva a partir de la Revolución Francesa, surgen congregaciones femeninas que la Iglesia impulsa y demuestran la capacidad deiniciativa, creatividad y gestión de las mujeres para solventar de manera práctica y concreta necesidades sociales nuevas: educativas, sanitarias, asistenciales. 

    Por no hablar del impulso misionero del siglo XIX: las misioneras combonianas llegaron a zonas de Sudán aún desconocidas por aventureros y exploradores.

    Nace además una figura de facto, señala la profesora Galeotti: la "monja-empresaria". Cuando las primeras feministas de la sociedad burguesa empezaban a reivindicar algún papel para la mujer en el ámbito laboral urbano -en el campo nunca lo habían perdido-, las religiosas, tanto de vida activa como contemplativa, gestionaban con eficacia importantes patrimonios y actividades económicas al servicio de sus fines fundacionales o para subvenir las necesidades de unos monasterios que ya no podían vivir, como en siglos pasados, de las dotes recibidas o de patronazgos exclusivos.

    Del mismo modo, numerosos monasterios ofrecían a sus monjas una formación cultural a la que la mayor parte de sus contemporáneas no tenía acceso en la vida civil.



    O está el caso de Teresa Eustaquia Verzieri (1801-1852), quien fundó en 1831 las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús y peleó hasta conseguir que también las congregaciones femeninas pudiesen tener una superiora general. Lo consiguió del Papa Gregorio XVI para su instituto en 1841 (cuando en la sociedad civil las mujeres no podían ni votar), abriendo la puerta a un principio luego general.

    Las dos etapas anti-femeninas del feminismo
    Tras este sucinto pero clarificador repaso histórico, Galeotti reprocha, por contraste, la componente anti-femenina de las dos grandes etapas del feminismo contemporáneo. 

    La etapa de la "liberación sexual", porque ha intentado "borrar la fisonomía y la específica anatomía de las mujeres del discurso público y jurídico". El odio a la maternidad de ese feminismo presenta la especificidad femenina "como un handicap que hay que borrar". La "anatomía femenina", por el contrario, "es un valor, no una dolorosa carga construida históricamente sobre la injusticia y fundada en la prevaricación masculina".

    Y en su etapa actual, la de la "ideología de género", el feminismo es aún más anti-femenino, porque como, según esa ideología, las diferencias biológicas entre hombres y mujeres son "construcciones culturales inducidas de las que hay que liberarse para establecer una auténtica igualdad", lo que se intenta es "liberar a las mujeres liberándolas de su feminidad, limpiándolas de sus características naturales".

    La Iglesia, oponiéndose como lo ha hecho a ambas corrientes, "desarrolla cada vez más un importante papel de defensa de la especificidad de la mujer".

    Tópicos sin base, pero propagandísticamente eficaces
    Junto a este importante capítulo sobre la actitud de la Iglesia ante la mujer, La Gran Prostituta incluye otros sobre el celibato eclesiástico, la Inquisición, el antisemitismo, el odio al sexo o la enemistad hacia la ciencia, así como otros mitos inventados por la propaganda anticristiana cuya carencia de fundamento histórico queda al descubierto.Todos los estudios están a cargo de mujeres historiadoras coordinadas por Lucetta Scaraffia, ella misma atea y feminista radical hasta que la verdadera faz de ese feminismo, el estudio de la Historia y la figura de Santa Teresa de Jesús la impulsaron a convertirse.