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martes, 15 de septiembre de 2026

En lugar de preguntar “¿cómo estás?”, prueba esto…

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En este mes de la prevención del suicidio, un pequeño cambio en la forma en que nos preocupamos por alguien podría abrir la puerta a una conversación que realmente importa


Desde pequeños nos han enseñado a responder a la pregunta "¿cómo estás?" con alguna variante de "¡bien, gracias!" o incluso "¡genial, gracias!", acompañada de una gran sonrisa. Aunque, pudiéramos no estar absolutamente de maravilla.

Por supuesto, la mayoría de las veces nadie está siendo deshonesto. "¿Cómo estás?" se ha convertido más en un ritual social que en una pregunta, algo así como decir "Me da gusto verte". Nadie espera que te detengas en el supermercado y des una evaluación honesta de tu matrimonio, tus finanzas y tu estado de ánimo actual antes de llegar al pasillo de los lácteos.

El problema es que podemos caer en el mismo hábito con las personas que amamos, preguntando "¿Cómo estás?" y aceptando un "¡Bien, gracias!" sin detenernos a preguntarnos si eso es realmente cierto.

Mes de la prevención del suicidio

GBALLGIGGSPHOTO | Shutterstock

Septiembre es el Mes Nacional de Prevención del Suicidio, una oportunidad anual para hablar más abiertamente sobre el suicidio, cómo reconocer cuándo alguien puede estar pasando por dificultades y dónde encontrar ayuda. Una parte de la prevención es algo considerablemente menos clínico: la conexión. El apoyo de la familia y los amigos, así como el sentirse conectado con los demás, son algunos de los factores que pueden ayudar a prevenir el suicidio.

Eso no significa que una buena conversación pueda, de alguna manera, prevenir todas las tragedias, ni que debamos empezar a tratar a cada amigo callado como una posible emergencia. El suicidio es un tema complejo y rara vez tiene una sola causa. Pero tal vez sí nos dé una razón para pensar en qué tan bien les damos espacio a las personas que nos rodean para que nos digan cuando la vida no está tan "bien" como dicen que está.

Pregunta algo que merezca una respuesta

A veces basta con volver a hacer la pregunta. Un rápido "¿Cómo estás?", seguido, un poco más tarde, de "No, pero ¿cómo estás de verdad?", le hace entender a la otra persona que la primera respuesta no fue solo una respuesta de cortesía.

Las preguntas específicas pueden ser aún mejores. Si un amigo acaba de perder a uno de sus padres, preguntarle: "¿Cómo te las estás arreglando ahora que todos se han ido a casa?" le da un punto de partida. A alguien que está pasando por dificultades en el trabajo le puede resultar más fácil responder a: "¿Sigue siendo el domingo por la noche lo peor?" que a una pregunta muy amplia sobre su salud mental. Con un adolescente: "¿Qué es lo que más te ha estado ocupando la mente últimamente?" podría llevarte más lejos que otro "¿Todo bien?" más.

No hay una fórmula mágica. Lo que importa es el mensaje detrás de la pregunta: Me di cuenta. Me acordé. No tienes que darme la respuesta fácil. Y luego, lo más importante, no tengas miedo de la respuesta difícil.

Es tentador, cuando alguien finalmente admite que las cosas van mal, apresurarse a ofrecerle tranquilidad. Le señalamos todo lo que tiene a su favor, le sugerimos soluciones o, instintivamente, le decimos que las cosas mejorarán. Todo eso suele venir del amor, pero a veces la respuesta más útil es resistirnos a "arreglar" nada durante cinco minutos y averiguar qué es lo que la persona realmente está tratando de decirnos.

Eso podría significar hacer otra pregunta, tolerar un silencio incómodo o simplemente decir: "Cuéntame más". Escuchar sin juzgar es uno de los pasos recomendados por el Instituto Nacional de Salud Mental a la hora de apoyar a alguien que tiene pensamientos suicidas, y el contacto constante también es importante. A veces, la conversación importante no es la primera, sino el mensaje que se envía dos días después y que dice: "He estado pensando en lo que me contaste. ¿Cómo te vas hoy?".

Cuando es hora de dejar de ser sutil

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Sin embargo, hay un momento importante en el que la delicadeza no ayuda. Si alguien habla de querer morir, de sentirse desesperanzado o atrapado, de ser una carga, o dice algo más que te haga preocuparte genuinamente por el suicidio, pregúntale directamente: "¿Estás pensando en suicidarte?"

Puede parecer aterradoramente directo, sobre todo cuando todos nuestros instintos nos dicen que no debemos meterle una idea tan terrible en la cabeza a alguien. Pero las investigaciones no respaldan ese temor. El NIMH afirma claramente que preguntarle a alguien sobre el suicidio no aumenta los pensamientos o comportamientos suicidas; por el contrario, la pregunta puede abrir una conversación y ayudar a identificar a alguien que necesita apoyo.

A partir de ahí, nuestra tarea no es convertirnos en el terapeuta de alguien. El NIMH recomienda ayudar a la persona a conectarse con el apoyo adecuado, lo cual podría incluir a un profesional de la salud mental, un familiar de confianza, un consejero espiritual o la línea de ayuda 988 para suicidios y crisis, y ayudarla a mantenerse a salvo si existe un peligro inmediato. También es importante dar seguimiento después.

Para los cristianos, nada de esto se siente totalmente separado del quehacer cotidiano de amar a nuestro prójimo. La atención es una de las formas más discretas que toma el amor. Es recordar que alguien tuvo una cita difícil el martes, darse cuenta cuando la persona que por lo general hace reír a todos se ha vuelto bastante callada, y de vez en cuando hacer una pregunta sin tener ya un ojo puesto en la siguiente tarea que hay que hacer.

Cerith Gardiner, Aleteia

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lunes, 11 de mayo de 2026

El cristianismo y la cultura Woke en el mundo moderno

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El libro "Woke, cristianismo y sentido común" de Daniel Arasa llega en un momento especialmente oportuno, cuando el debate cultural se ha tensado hasta extremos donde, con frecuencia, se confunden las ideas con las personas

Comenzando con una premisa clara del libro: hoy más que nunca es urgente recuperar el sentido común. Y eso pasa, en primer lugar, por algo tan básico como olvidado: combatir ideas sin atacar a las personas. Sin insultar, sin herir y, desde luego, sin incitar al odio.

La discrepancia entre la visión cristiana y otras cosmovisiones no es superficial; atraviesa todos los ámbitos de la vida. Por eso, reducir la fe al ámbito privado no es una opción inocente: es desactivarla.

Un refugio íntimo y seguro

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El cristianismo no es un refugio íntimo, sino una propuesta de vida que aspira a transformar la sociedad desde el adentro, desde cada alma.

En esa tarea, la familia ocupa un lugar central. No está llamada a ser espectadora ni a replegarse, sino a generar cultura, a influir, a construir. No basta con resistir: es necesario proponer.

Frente a esta visión, fenómenos como el transhumanismo pretenden superar las limitaciones humanas mediante la tecnología, sustituyendo el papel de Dios en la creación y en la salvación, debilitando así las raíces cristianas.

La cultura Woke

Por otro lado, la llamada cultura woke introduce con frecuencia una visión marcada por el relativismo moral, la mentalidad utilitarista y el hedonismo, junto a una cierta pérdida de esperanza. Se desplaza el foco de la persona al colectivo y, en ocasiones, se presentan como derechos lo que en realidad son deseos.

En el fondo, estamos ante concepciones antropológicas incompatibles. Para el cristianismo, el bien y el mal se comprenden a la luz de la ley natural,  la Revelación, y la salvación es un don de la gracia. En cambio, en la lógica woke, el bien y el mal se relativizan y la redención se identifica con la transformación social.

No se trata de una batalla superficial. Es exigente y, en gran medida, interior: una lucha contra uno mismo. De ahí la necesidad de formarse, porque nadie puede dar lo que no tiene. La coherencia personal se convierte así en el primer testimonio: un cristiano sigue hablando incluso cuando calla.

La caridad como puente

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Sin embargo, lo propio del cristiano no es levantar trincheras, sino tender puentes. Sin caridad, el coraje degenera en temeridad. La caridad es la forma más alta de todas las virtudes.

Y, precisamente por eso, resulta decisivo identificar los puntos de encuentro. A pesar de las diferencias, existen espacios comunes desde los que dialogar: la preocupación por los marginados, la crítica a las estructuras injustas, el reconocimiento del sufrimiento histórico, el énfasis en la compasión, la llamada al cambio y el deseo de un mundo más justo.

Ahí es donde se juega el verdadero diálogo. No en el ruido ni en la descalificación, sino en la capacidad de reconocer al otro como alguien digno de ser escuchado. Porque no es el enfrentamiento lo que transforma, sino la relación personal.

Mar Dorrio, Aleteia

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